Microrrelatos

microrrelatos-iiInvitamos a los entusiastas del microrrelato y los minitextos a publicar aquí sus creaciones utilizando los bloques para comentarios. Incluya un título y seguidamente el texto. Al final indique el nombre del autor. Vea los primeros tres micros incluidos como ejemplos.

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279 pensamientos en “Microrrelatos

  1. Atrapasueños

    Me contaron que un mercenario puertorriqueño que murió en la batalla del Álamo tenía un padecimiento crónico de pesadillas. Todas las noches soñaba que lo habían capturado y enjaulado con los leones hambrientos.

    Y fue su fortuna que se enamoró de una india lipán, cazadora de búfalos y de sueños. En plena luna de miel, tuvo la pesadilla, y a gritos pidió auxilio y misericordia. La hermosa india no lo despertó, pero con un beso profundo, ahogó sus chillidos y se tragó el mal sueño, y así lo curó de espanto.

    Y viene al caso que yo tengo el mismo padecimiento. Pues tengo un sueño demencial que se repite mucho. Sueño que unos encapuchados me meten en un ring de boxeo para que pelee con una momia llena de pulgas.

    Cada vez que tengo esa pesadilla y grito pidiendo ayuda, mi negra me levanta con cuatro codazos al pecho, como si fuera lucha libre. Entonces pienso y hasta prefiero que se cumpla el sueño y fajarme con la momia, de lo contrario, la negra me va a matar.

    ©Roberto López

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  2. El Gavetero

    Se conocieron en una pizzería en el Bronx de Nueva York. Ella le preguntó al hombre, “como llegaste a esta parte del mundo?”. Él contestó, “llegué con aromas de cariño eterno para abrigarte en mi pecho”.

    Ha pasado una pila de años y ahora ella es dueña y señora del hogar. El juego de cuarto tiene 8 gavetas, y ninguna le pertenece al hombre que como un nómada guarda su ropa en bolsas plásticas.

    La vecina del frente tiró a la basura un viejo gavetero de buena madera y el hombre fue y lo rescató. Todo el fin de semana, sin reposo le dio lija, lo encoló, lo barnizó y hasta compró agarraderas nuevas para que hiciera juego con la cama y el tocador.

    El domingo por la tarde se lo echo en la espalda y lo cargó por veinte escalones hasta llegar al cuarto. Cogió un Descanso y se fue a tomar café. Y cuando regresó al cuarto, ya el gavetero estaba lleno con la ropa de invierno de ella.

    No tanto por miedo a que ella blandiera alguna manifestación satánica, más bien por amor, el poeta de pizzería guardó silencio.

    Pero en su mente bullía otra vez aquella pregunta “ cómo llegaste a esta parte del mundo?” Sacó un pañuelo de una bolsa plástica para secarse el sudor y despejar su mente. Para que dar otra vuelta a esa tuerca si ella está convencida que el hombre vino de Puerto Rico empujando el avión.

    ©Roberto López

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  3. El Fantoche

    Un grupo de fantasmas arrendó el teatro Ford para una fiesta de disfraces y contrataron a Rican Catering donde yo trabajaba como mesero.

    Todo iba bien hasta que llego uno disfrazado de Hitler que desde el mismísimo palco donde Booth limpió a Lincoln, ceñido a su infame papel, dijo así “Hay que hacer un Muro al borde de Méjico, exterminar los musulmanes y deportar los mejicanos violadores y adictos para que américa vuelva a su grandeza”

    Y todo se lo consentí hasta que le tocó las piernas a mi ayudante Mercedes, en un intento de manchar con sus deseos a una joven que camina este mundo con una pureza que no miente.

    A falta de agua bendita fui a la cocina y me armé con un frasco de ajo en polvo marca Goya. Y en la segunda escena del tercer acto le rocié la cara al fanfarrón que como un loco se tiró al vacío. Y se formó un salpafuera que para que les cuento. Unos cuantos se escabulleron tras bastidores pero la mayoría se esfumó por las paredes.

    Lo más espeluznante es que el cheque de depositó rebotó y los fantasmas andan desaparecidos. Demás está decir que me votaron.

    ©Roberto López

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  4. Hechos

    Hay cosas que nos incomodan y ponen a prueba nuestras creencias. Ahí iba yo con el perro, por un sendero del parque poco antes del amanecer, cuando un venado pasó a las millas del diablo.

    Miré hacia al lugar de donde salió el animal y a la orilla de un riachuelo vi un bulto indistinguible. Mandé a investigar a Lobo y cuando hocicó el bulto, de súbito emergió un fantástico cisne plateado que luego se perdió en la niebla.

    Regresamos a la casa y el perro se refugió en la falda de la negra. Ella inquirió “que diantres le pasa al perro que parece que ha visto un espíritu burlón”.

    “Para su propio infortunio, un venado le brincó encima” le contesté…y me fui a trabajar.

    En la tarde me dio la noticia que un señor encontró a una muerta en el parque y que arrestaron al sospechoso.

    “Diache!” “imagino el susto de madre al ver el rostro cadavérico” dije yo.

    “La encontraron dentro de en un saco?” pregunté.

    Sin esperar contestación, de manera vaga pero intensa, supuse que si menciono a las autoridades la metamorfosis del cadáver, o peor, si se lo digo a la negra que no es creyente, se pudiera dar el caso que todos ellos conspiren para internarme en el palacio de los lunáticos.

    ©Roberto López

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  5. La fiambrera vacía

    Después de cortar caña de sol a sol, Josué siempre regresaba al barrio con una alegría inconcebible. Una vez fui con Raúl para La Isidora a llevarle almuerzo. Allí había una mujer trabajadora de la zafra. Cuando se quitó el sombrero de paja para dejar que la brisa se colara en su hermosa cabellera, entendí que aquel bombón era la razón de su felicidad. Y como ella lo tenía tan envarbascado, ni cuenta se dio que le comimos el almuerzo.

    ©Roberto López

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  6. En la campaña

    El candidato incitó a la violencia y prometio pagar los gastos legales de aquel que lo apoyara con vehemencia. Entre los manifestantes de la oposición, Emiliano vio al hombre que le quitó la novia. Motivado por los celos, cambió de bando y aprovechó la ocasión para darle en el cogote con una pancarta. Lleva tres semanas preso y mañana tiene cita con el defensor público…

    ©Roberto Lopez

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  7. El Despertar

    Nos llamaron del asilo geriátrico porque al tío de la negra lo agolpearon en la sala de juegos. Dijeron que algún sentimiento amoroso lo impulsó a robarle un beso a una anciana y ella le dio un bastonazo.

    Al llegar al asilo lo encontramos en la cama en estado inconsciente y a punto de entregarse.

    La viejita que lo agolpeo vino a disculparse y cuando entró al cuarto sucedió un milagro. El tío despertó y sin disimular su alegría murmuró unas palabras dirigidas a la señora. Habló como un niño en dialecto extraño, que días después supe que era friulano, un lenguaje que él no hablaba desde los tres años.

    La señora insistió en que le tradujera las palabras del Viejo. Ella estaba pintadita y arreglada como fina muñeca de porcelana y aludiendo una viaje frase le dije “El tío dice que a la edad que usted transita, su belleza es una obra de arte”

    Ahora me echan la culpa, porque esos dos locos se quieren casar…

    ©Roberto López

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  8. “Drone”

    Estaba como algunos veinte pies de altura sobre el patio de mi casa. Miré a la cámara y con el dedo índice indiqué que no hiciera eso. Esa fue mi única advertencia y si le preguntan al perro, él dirá lo mismo.

    De la caja de recuerdos saqué una crayola de camuflaje, una honda y tres bolas de corote. Subí al ático, abrí una pequeña ventana y el aparato todavía estaba en la zona restringida. Lo derribé de un hondazo y los que vinieron a rescatarlo echaron hacia mi hogar una mirada pendenciera. Me pinté la cara mientras reflejaba en el conflicto de los turcos y rusos…

    ©Roberto López

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  9. LA DISTANCIA

    Las hojas del otoño, anunciaron que las gaviotas no regresarían. Esa mañana en la ventana, Macarena comprendería, que habían transcurrido cuatro años, desde la partida de Alejandro. Cuatro años, en los que su rostro angelical, se convirtió en un tempano de hielo. La distancia, había terminado con todas aquellas promesas, que se juraron tiempo atrás.

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  10. La Verbena

    Cada noviembre, Don Cheo decoraba su casa con adornos de cartón y lentejuelas y a la cena de acción de gracias invitaba a todos sus vecinos. Después del banquete, embelesados por el aroma del buen café, cantaban salmos y reían bajo las lucecitas de colores.

    Hasta que al barrio llegó, un hombre en un coche de alta gama para auspiciar una verbena de tres días que coincidía con la fiesta de don Cheo. No escatimó en los gastos, y los vecinos incautos disfrutaron los fuegos artificiales y se rompieron los hocicos para alcanzar los billetes de a cincuenta que el hombre tiró a la garúa.

    Y a Don Cheo, hasta el sacristán le falló.

    Al poco tiempo en el vecindario había mucho campanero, reinó la ley del silencio y los compinches del hombre empezaron a ajustar cuentas…

    Ahora como hijos pródigos se lamentan y extrañan el espíritu solidario de la fiesta de Cheo.

    Roberto López

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  11. El chichón

    Después de tantos años, todavía se puede palpar. Mi abuela Julia deformó la coronilla de mi cabeza por haber mentado al altísimo. Fue una tarde cuando Doña Ernestina la bolitera y Julia conversaban de la existencia de espíritus burlones en el viejo cementerio del Campito. Mientras afilaba la púa de mi trompo, escuché las espantosas historias de almas en pena que no encuentran el camino del más allá.

    Y era cosa común que los vecinos criaran un puerquito o una cabra en los terrenos del cementerio. Julia tenía una puerca amarada al pie de una tumba y a la puesta del sol me mandó a llevarle comida. Y dije “Yo no voy, aunque Dios baje del cielo”… Ella acomodó la sortija de indio de tal manera que cuando me dio el sopapo, dejó la marca de la corona de plumas.

    ©Roberto López

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  12. ¡Te gané!

    A pesar de haberse disculpado, el hombre que apenas pesaba 90 libras, recibió una furia golpes en su cara. Un puñetazo le había arrancado dos dientes, uno de los cuales se había incrustado en el puño del fornido agresor. Desde el suelo, severamente golpeado, al ver la sangre de sus encías alrededor del diente incrustado en la mano del agresor, le sonrió y dijo: ¡te gané la pelea abusador! ¡Tengo SIDA!

    ©Andrés Díaz Marrero

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  13. Kubla Khan

    El poeta en un viaje de opio escribió el famoso poema y el muchachito resiente tener que leerlo a sangre fría.

    Roberto López

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  14. Cuando Adán puso un pie fuera de Paraíso, vio un mundo similar al dejado atrás, con la excepción de que los árboles eran mucho más elevados, más profundos y borrascosos los cuerpos de agua, los caminos intransitables, hostiles los animales e impredecibles los cambios atmosféricos y el cielo tan elevado sobre los altos picos que no entendió cómo su creador tendría cuenta de todo cuanto él hiciera.

    A Eva le preocupaba solo una cosa: ¿Cómo le haremos para cubrir esta desnudez que ya no me causa ninguna gracia?

    JSC

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  15. Salió dando tumbos del cafetín, seguida de ayudantes, consejeros y guaruras, todos ellos desalmados.
    -Me encanta su sencillez -dijo uno de los que bebió a sus expensas y los perros, que a diferencia de los humanos no conocen la hipocresía, persiguieron la guagua negra a son de ladridos hasta que, zigzagueando, se la tragó la noche.

    JSC

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  16. Cuando colocaron el micrófono en la tarima, paso un instante y nadie se dio cuenta, y en ese instante estabas tu parada detrás del microfono, y nació la música.

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  17. El segundo grito.

    Un vendedor de viandas iba para Salinas a vender sus productos en la plaza del mercado. Detuvo su camión cuando del oscuro manto del cielo una hermosa estrella trazó su trayectoria hasta que lo arropó con su radiante luz y una dulce voz le reveló el destino del pueblo.

    “Se aproxima el grito contra la dominación colonial y el pueblo vencerá. Ve dile al gobernador que en lo que lo que el pueblo se desenvuelve será necesario sustentar las necesidades alimenticias básicas con arroz y habichuelas”

    El viandero así lo hizo y cuando iba rumbo a la fortaleza lo invadió la codicia y decidió añadir bacalao al pedido de la hermosa estrella porque donde hay bacalao abunda la vianda. Y no fue del agrado y favorecimiento de los astros.

    El gobernador que era un hombre bueno y justo le dio audiencia al vendedor de viandas y creyó en el mensaje de los astros del universo.
    Al día siguiente encomendó al contralor para que abasteciera los almacenes del pueblo con millones de toneladas de arroz, habichuelas y bacalao.

    Y el contralor era avaricioso y con la ayuda de sus primos, amigos de infancia, tíos y a la madre que lo parió, corrompió el proceso de compra y suministro. Eso levantó las sospechas del gobierno federal y los americanos se pusieron en alerta.

    Los primeros tres barcos de bacalao llegaron una mañana de Septiembre y fueron hundidos por tres misiles que hasta el día de hoy nadie sabe quién disparó a pesar que en las playas encontraron fragmentos que decían USA.

    Los federales Jugaron con la verdad y le atribuyeron los hechos a la comunidad árabe y los acosaron sin tregua hasta que arruinaron sus negocios de vender colchas y cortinas de casa en casa, de pueblo en pueblo. Y con mano dura, por aire, tierra y mar tomaron todo tipo de medidas para controlar todo lo que entraba y salía de la islita.

    Súbitamente la salud del gobernador deterioró y a la cañona lo suplantaron con el contralor.

    Entonces en el pueblo empezaron a consumir mucho hamburguers y a comprar las colchas en Wal-Mart y el viandero sueña despierto esperando el segundo grito.

    ©Roberto López

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  18. “Todo obra para bien…”
    Celosos porque era el preferido de su padre, le vendieron y dijeron a este:
    —Tu hijo fue devorado por los leones en el campo.
    Años después, comían a la mesa del rey junto a su hermano quien intentó ocultar una lágrima que rodó por su mejilla.

    ©María del C. Guzmán

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  19. La misa de hoy
    Un beato tripolar, después de haber hecho tantas barbaridades, le conmovió tanto el servicio que al salir de la iglesia trató de meterse por el roto de una aguja. Con mucho esfuerzo logró entrar la mitad superior de su cuerpo y vio una luz blanca al final de un túnel. La otra mitad quedó en el purgatorio, encima de una máquina de coser en reparación.

    ©Kaminero

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  20. Cannabis

    Encima de su cuerpo de cuneta se le durmieron las ramas de sus nervios, ahora parecían alas rotas o un celaje fatuo que no tenía salida. En ellas descubrió la rasgada de enemigos que tuvo desde 1970.

    —Dile que no se ponga las gafas estrujadas para ir al cine. Que no se espante frente a los espejos cuando este tripeando y se ría del dientudo que se lo quiere comer. Que no maldiga y pelee con su madre en las noches y si le dan los munchies que se coma todo el jamón de la nevera. Dile que no joda más, porque dentro de poco sus enemigos la van a legalizar.
    © Edwin Ferrer

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  21. ¡Ay bendito!

    “El trabajo es honra” decía mi abuelo y murió demasiado joven para ver la condición en la que se sumiría su patria.
    “El que no trabaje que no coma,” decía mi abuela, y se fue a descansar con el abuelo.
    ¡Ay bendito! ¿Qué será de nosotros?

    María del C. Guzmán

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  22. El secuestro del avión de Chegüi

    Los limpiabotas del pueblo le aseguraron que el avión del campeón regresaría a Nueva York antes del anochecer. Esa festiva mañana del año 1965 se fue sonriente para Las Jaguas a esperar la aeronave que lo llevaría a reconstruir su vida en la gran ciudad.

    En el pequeño aeropuerto de Salinas, el alcalde y su comitiva recibieron con alfombra roja al nuevo campeón de los pesos semicompletos. Luego iniciaron una caravana hacia el pueblo donde los aguardaba el vitoreo de los orgullosos compueblanos que celebraran aquella histórica hazaña.

    En la pista de aterrizaje solo quedó el piloto y el copiloto del avión. Cuando se descuidaron el muchachito salió del cañaveral, entró por la cola del avión y se escondió en la carga.

    En pocas horas aterrizaron en un campo de Cuba y entregaron la nave a las güerillas del Che. Allí lo conoció y en pos de sueños justicieros el muchachito reconstruyó su corta vida en Bolivia, bien lejos de la gran urbe.

    ©Roberto López

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  23. ¿Avisarías a los personajes de tu sueño?

    El discípulo se reunió con su mentor espiritual para indagar algunos aspectos de la Liberación y de aquellos que la alcanzan. Departieron durante horas. Por último, el discípulo le preguntó al maestro:
    -¿Cómo es posible que un ser humano liberado pueda permanecer tan sereno a pesar de las terribles tragedias que padece la humanidad?
    El mentor tomó entre las suyas las manos del perplejo discípulo y le explicó:
    -Tú estás durmiendo. Supóntelo. Sueñas que vas en un barco con otros muchos pasajeros. De repente, el barco encalla y comienza a hundirse. Angustiado, te despiertas. Y la pregunta que yo te hago es: ¿acaso te duermes rápidamente de nuevo para avisar a los personajes de tu sueño?

    Anónimo hindú

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  24. ¡De aquí, allí…!

    — ¡Juan, Juan!, dame una trillita!…
    —Pero no te voy a llevar a la plaza.
    —No Juan, si es de aquí…
    —Yo sé lo que vas a decir, allí! te dejo.
    —Pero Juan yo no te dije adónde iba.
    — Está bien. ¿Adónde quiere que te lleve?…
    —Pero no te enojas si te lo digo.
    — ¡No! No me enojo. ! Está bien!, te lo diré. Llévame de aquí…, ¡Perate, perate, ummm, pues, de aquí…, es que si te digo te vas a enojar.
    —Bendito Pedrito! Pedrito! me vas hacer llegar tarde!
    —¡Oh! ¿Y pa’ onde tu va?….
    —¿Yo? Yo voy pa’…
    —¡Ya se! Tu vas pa’ el mismo lugar que yo, ¿verdad?
    — ¡Sí! pero dilo bajito.
    Esta bien, tu vas pa’…
    — ¡Juan, Juan! ¡Dame una trillita!. ¡No!, porque tengo que llevar a Pedrito…
    —No digas adonde me vas a llevar.
    —Pues llevas primero a Pedrito y luego me llevas a mí.
    —¿Adónde muchachito tú quieres que te lleves?
    —Pues de aquí allí.
    —¡Ay bendito, lo dijo, ahora todos van a saber dónde estamos!…

    Autor no identificado

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  25. Besos Silvestres

    Paseaba con mi novia en un pueblo de zombis y enanos realengos cuando un gigante abusador nos salió al paso y se propasó con mi amada. Traté de defender su honor, pero el incircunciso gigantón de un manotazo me dejó maltrecho en la cuneta. Los miedosos enanos enmudecieron y los inútiles zombis no despertaron para darme la mano.

    Tanta calamidad encendió a mi novia que empezó a coquetear con el gigante hasta el punto que lo dejó derretido y vulnerable, y de un beso salvaje le arrancó la nariz.

    Al verlo mutilado y sin poder usurpar el aire de todos, los zombis despertaron, los enanos se engrandecieron y al sonsonete de “Alí Bumaye” lo sacaron del pueblo a palo limpio.

    Mientras el pueblo celebraba la caída del gigante, abrasé a mi adorada y nos besamos sin morder hasta que desperté sudoroso.

    ©Roberto López

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  26. HAY UNA AMISTOSA RIVALIDAD ENTRE CAYEY Y SALINAS POR EL DERECHO DE PROPIEDAD DE LAS TETAS. ESO ES
    FACIL DE RESOLVER: QUE LOS DE CAYEY MAMEN DE UNA Y LOS DE SALINAS DE LA OTRA.

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  27. Opciones de la rata

    Aníbal Colón de La Vega

    Aún era muy pequeño cuando penetró por un orificio oculto de la casa. El roedor creció imperceptiblemente en los rincones oscuros de la alacena. En lo profundo de la noche, se hacía dueño y señor de un espacio que ya le era familiar. Las huellas delataban su desagradable presencia, y no había manera de escaparse.

    Ahora su vida dependía completamente de la benevolencia ajena. Los anfitriones forzosos podrían montar una trampa inofensiva y librarlo luego lejos del patio, donde corriera a sus anchas. También podrían destruirlo en una ratonera mortal o envenenar sus vísceras con pastillas siniestras. La opción del envenenamiento le concedería la oportunidad de ser discreto en el trance final. Si lograba dar más de tres pasitos, se arrastraría hasta un lugar aislado donde encontrarían su cadáver gracias al hedor y a las moscas. Sus enemigos exclamarían, al pasar de largo con sus narices cubiertas: “Con sumo y loco deleite,/ se tragó su propia muerte”.

    Si hubiera sido un conejito simpático y divertido, lo hubieran tratado a cuerpo de príncipe. Pero sólo era una rata “asquerosa y dañina”. Obedeciendo al llamado de sus apetitos, se alojó en la morada de los humanos, a quienes les contaminó la existencia. Cautivo y sin derecho a apelación, fue sentenciado a muerte. Según las normas vigentes, mientras se moviera bajo tierra o en los nidos de las altas palmas, parecía casi invulnerable. (Siguiendo esta estrategia subterránea, los vietnamitas vencieron a los invasores chinos, franceses y norteamericanos.)

    Desde tiempo inmemorial, los antepasados de la rata habían percibido el peligro de merodear sobre superficies visibles. Deslumbrada por un bocadillo fácil y elaborado, quedó atapada en la caja de los pusilánimes mortales. ¿Descansará en paz? ¿Dormirán en paz sus verdugos?

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  28. Los jabones Navideños

    Don Rafa, un mecánico de radio y televisor, más de una vez perdió los estribos cuando se fundía un tubo transistor. En sus arrebatos bajaba los santos del cielo y arrojaba los dispositivos electrónicos que echaban chispas y se desparramaban por la calle Degetau. Luego en las navidades, para hacer la paz, compraba la edición navideña del jabón Camay, y se los regalaba a todas las señoras del vecindario.

    De una manera módica y personal quise honrar esa tradición navideña de Don Rafa. En Wal-Mart compré unos jaboncitos lo más bonitos para regalarlos a la gente del vecindario. Cuando regresé a casa encontré un mojón de perro en mi césped. Se me fundió la chola y echando chispas tiré los jabones pal carajo.

    ©Roberto López

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  29. La letra T apareció de improviso en la página en blanco.
    Joquim (Quim para los amigos) se pegó el susto de su vida.
    Había pasado más de una hora dando vueltas a ideas sueltas. Cómo empezar su historia. Era novato, pero muy empeñoso, se había propuesto no parar hasta escribir algo decente, al menos.
    -Tú qué haces acá- le dijo a la T.
    – Te doy una pista-.
    -¿Una pista?-
    -Claro. Te observo desde hace rato y decidí darte una mano.-
    – No. Gracias. Yo escojo mis letras-
    -Eso crees tú. Sin embargo, todo el tiempo que has estado en blanco, es porque la mayoría de nosotras no querían trabajar contigo-.
    -Explícate.
    -Nosotras también nos cansamos y cuando vemos a un novato, a veces, decidimos declararnos en huelga. Guardar nuestras energías y poderes para alguien que tenga una idea clara de lo que quiere escribir. Nos cansamos de estar con los ojos abiertos hasta que el escritor decida teclearnos. Es justo, ¿no te parece?
    -Pero cómo se te ocurre que voy a empezar con una T. Con la hache, podría empezar: “Había una vez… Pero con la T, ¿qué pondría?
    -Tonto, pues.

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  30. Soledad y desvelo

    Aníbal Colón Rosado

    Se despertó abruptamente en plena oscuridad, aunque presumía que se acercaba el alba. ¡Qué desilusión al enterarse de que apenas era medianoche! Un océano tenebroso lo separaba de las primeras luces aurorales. Se sentía solo y abandonado, y no sabía cómo dar las primeras brazadas hacia las lejanas playas. Le invadió una ola de terror.

    ¿A quién se encomendaría? ¿Cómo pasar ese trago en fría soledad? ¿A quién recurrir? Los libros, la radio y la pantalla lo aburrían, sin remediar su desconsuelo. Su mente entenebrecida se refugió en las plegarias infantiles y en la paciencia tanta veces probada. Los heraldos de la mañana le revelarían las exigencias de Morfeo y las razones para un buen dormir.

    Al amanecer, abrió las ventanas y acercó sus ojos a la humanidad doliente. Pudo ver, con crudo realismo, las plagas de la enfermedad, la locura, la ignorancia, la desnutrición, la violencia, la separación, la muerte… y un rosario de males que rayaban en la injusticia. Percibió también actos esporádicos de heroísmo, misericordia y benevolencia. Decidió restar importancia a su agonía particular y hacerse solidario con los que se desvelaban por el bien ajeno.

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  31. Destiempo

    De solo imaginar el hacha caer con la lentitud de su prosa reposada, lírica y detallista, el personaje murió de un infarto a mitad de cuento.

    JSC

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  32. Argumento

    Lo primero que hicieron al obtener la libertad fue mirarse a los ojos.
    —¿Qué hacemos ahora?
    —Caminar.
    —¿Y cuando llegue la noche?
    —Descansar.
    —¿Eso nada más?
    —No preguntes tanto y camina.

    JSC

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  33. ZEUS Y JÚPITER

    Diez años después de que el emperador romano Constantino prohibiera la persecución de los cristianos y permitiera que celebraran su culto libremente, los dioses del Olimpo y del Panteón Romano se reunieron en una cesión de emergencia. Zeus y Júpiter dirigían la reunión.

    Después de deliberar por espacio de siete días decidieron irse todos al carajo.

    Edelmiro J. Rodríguez Sosa
    7 de octubre de 2012

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  34. Máscara impersonal

    El pintor se desesperaba por darle el último toque al retrato del ser amado. El cuadro inconcluso yacía en un rincón de la sala. El artista se sentía insatisfecho por el realismo fotográfico y figurativo de la imagen plasmada en el lienzo. Hubiera preferido pintar un rostro partido por la mitad: de un lado, la parte triste y fracasada; del otro, la parte alegre y triunfal. Se identificó tanto con el objeto de su arte, que no le encontraba rasgos distintivos y propios.

    ¿No estaría, a fin de cuentas, configurando un autorretrato?

    Echaba de menos las pinceladas expresionistas, simbólicas, cubistas o de otras escuelas más penetrantes y menos sugerentes. Comenzó el retrato a duras penas, en perenne conflicto con su estilo y su drama humano. Arrastraba una crisis de autodefinición frente al sujeto también indefinido e incompleto. La ambivalencia propia no le permitía crear la obra, a no ser una máscara impersonal.

    Tenía muy cerca, o tal vez muy lejos, la faz ajena, que no era tan extraña. Le faltaba perspectiva, y apenas lograba captar su semblante inmaduro, volátil; y le dolía dicha indeterminación. Lo veía desde muy adentro, con mirada cálida. Le costaba traducirlo en icono estático, porque era como retratarse a sí mismo, con virtudes y defectos, en proceso evolutivo. Todavía llevaba la concepción en el vientre.

    Anibal Colón de La Vega

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  35. Popcorn

    Era digna de un óscar la escena cuando el dinosaurio abrió los ojos por vez primera. En su mirada inquieta se reflejaban los rayos del sol y un arpa celestial resonaba como maravillosas campanitas de cristal en un verde valle sembrado de arcoíris.

    Solo me resta por decir que en aquel preciso momento cerré los ojos y quise que se abrieran nuevos horizontes, llegar a la cumbre de un monte más allá del fin del mundo, lejos, bien lejos de aquellos chasquidos y sorbos vertiginosos que herían sin piedad la caja del tímpano.

    Jamás he vuelto a esos lugares oscuros y apestosos a mantequilla rancia.

    ©Roberto López

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  36. Trama de una vieja felina
    Luego de haber despedazado un ternerito,” la cougar” Se avergonzó de llevar el resto de la presa a sus cachorros. Desde ese dia cambio su dieta a “beef jerky”.
    © Edwin Ferrer

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  37. Un hombre caprichoso

    Un hombre caprichoso quiso montar un ensayo de su velorio. Dejó instrucciones precisas sobre la manera de organizar la fiesta de la despedida definitiva. Pidió que se sirvieran bebidas alcohólicas generosamente, antes de que la gente expresara con toda sinceridad su parecer sobre el difunto. Adquirió su ataúd en vísperas del jolgorio fúnebre, y le abrió unos orificios discretos para que circulara el aire. Conspiró con el médico, de tal modo que la caja permaneciera completamente cerrada y el cuerpo adormecido.
    Llegada la noche de la vigilia, comenzaron a desfilar terribles secretos contra el fingido cadáver. Hubo confesiones de infidelidades, calumnias, hipocresías, críticas al testamento ―inválido, por cierto―, y todos los pecados verdaderos e inventados. En fin, los deudos se desahogaron y celebraron el fallecimiento del hombre, a costa del presunto muerto. Tan hiriente y sarcástica fue la canallada, que el ensayo se convirtió en suceso muy real.
    Según lo acordado, el médico abriría el féretro cuando todos se hubieran dormido. Cuál no sería su sorpresa, al echar de menos los signos vitales en un actor que ya era verdadero cadáver.
    Aníbal Colón de La Vega

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  38. Caricias

    Se quedó dormido y esa no era su rutina. Ella en su aprensión se le acercó y le hincó las costillas. Suavemente le tomó el pulso y se inclinó sobre su cuerpo inerte para sentir su respiración. Reposó en su pecho y los vigorosos latidos llenos de vida y emoción la dejaron satisfecha. Y Si bien eran simples maniobras clínicas, para él fueron caricias que le llegaron al alma y en un sueño disipó todas sus rancias dudas.

    ©Roberto Lopez

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  39. De enamorarse
    __ ¿Por qué no te enamoras de mi?
    __ Porque no, respondió Luis con mirada tendida de soles y lunas sin salir.
    Meses de pasión arropadas de silentes diálogos de madrugada. Lola era místicamente feliz.
    Una noche encinta de madrugada, de regreso de su trabajo encontró a Luis tendido en el sofá. De su piel y su boca emanaba un olor a eucalipto combinado de vinillo de ventorrillo. Cuerpo fétido no deseado.
    ___ Entiendo ahora porque no te puedes enamorar de mi, suspiró mientras la luna se asomaba para acompañar su amarga madrugada.

    Nora Cruz

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  40. Ecos para subsanar el frio

    Soñé que me arropaba el sol de mi pueblo en un lago cerca de El Cerrillo. Estaba trepado en el pico de un tamarindo y el tibio viento sopló fuerte y turbó las perneras de mi calzoncillo. En un forzoso y efímero salto, lancé mi cuerpo semidesnudo al abrazo de sus quietas aguas. Luego emergí en una suave ola por El Arenal. En aquel edén los caracoles mágicos cantaban alegres y en mi osadía sustraje uno antes de volver a la realidad. Quería que me despertara el eco de Salinas en todo su esplendor.

    ©Roberto López

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  41. Cuando los motes hieren

    Esa mañana, en la Ciudad Perdida, el lechuguero loco y Don Miguel se enfrascaron a las pedradas. El lechuguero era un demonio y por eso nadie compraba sus yerbas. En cambio, Don Miguel era un hombre bueno que solía frecuentar los entierros.

    No sabía la causa de aquella disputa, pero la presencia del yerbatero me repugnó de manera que instigué a Don Miguel a que lo achocara… y se me zafó, “tírale a la chola Velorio”.
    Entonces Don Miguel, muy herido, dio la media vuelta, y tuve que correr para salvar mi vida.

    ©Roberto López

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  42. La cancelación

    En la tele, pasaban las imágenes de alguna periferia del mundo, donde un crucero le metió de soslayo a unas piedras y se hundió de costado. La mujer parece reflexionar ante las imágenes de tal calamidad y en minutos desarma la gran decisión y le pide que llame a la agencia y cancele todo. Entonces el hombre, despidiendo suspiros y mostrando una sonrisa amplia, nacida desde lo más hondo de su humanidad, dijo: Lo que tu quieras mi amor.

    ©Roberto López

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  43. Knock Out

    Era un guiso fácil. Mi gallo solo tenía que durar tres asaltos. Faltaba una hora para la contienda y decidí entrar a un café teatro a calmar los nervios con un trago. Entonces bajó el telón y la sensual cantante se acercó y con una caricia enderezó mi quijada. Quedé tieso y no pude moverme.

    Cuando recuperé los sentidos, ya lo había perdido todo. Y se burlaron de mí, porque al gallito lo noquearon en el primero, de un simple roce a la barbilla…

    ©Roberto López

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  44. Castrati

    El cuerpo de un hombre fue encontrado sin vida esta mañana en el interior de la residencia que compartía con sus dos niños. La oficial a cargo de la investigación informó que la mujer acusada de los hechos, cuya relación con el occiso resta por determinarse, confesó que primero drogó al occiso con un potente sedante. El hombre quedó sin control de su cuerpo pero lo suficientemente consciente como para experimentar dolor y vivir el terror de su muerte. Luego lo amarró con un cable eléctrico a una silla reclinable, procedió a castrarlo con un cuchillo de cocina y entonces le disparó dos veces en el pecho.
    Algún día los niños conocerán cómo se separaron físicamente de su padre.

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  45. Cambio de Vida

    Tenía ganas de hacer algo inusual. Algo que llamara la atención. Que lo pusiera, de súbito, en boca de todos. Salir desnudo del departamento, coger el elevador e ir derechito al área de recreo para tomar el fresco.

    Nada de lo anterior hizo. Así que caminó el trayecto, con un libro debajo del brazo, y se sentó a leer.

    A partir de entonces su vida fue diferente.

    JSC
    12/10/2011

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  46. Testigo de cargo

    Cuando las calles del pueblo bullían de vida, había una casa que tenía un jardín de amapolas y un altar de la virgen protegido por diez perros guardianes. Allí todas las tardes un viejito que llamaban Don Pancho, a la virgen rezaba y una gardenia dejaba al pie del altar.

    Una noche vi cuando un viejito de Las Marías, que era un zorro en busca del perfume del amor, les tiró un hueso a los perros y la gardenia se robó. Y lleno de esperanza, se metió en un lugar oscuro al cruzar la calle.

    Eran los tiempos que el trópico estaba lleno de saqueadores de flores y corazones. Para qué contarle al guardia?

    ©Roberto López

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  47. El último truco

    En una charla de bar, Pateco el sepulturero, me contó la misteriosa desaparición de un bolitero del pueblo…

    Gasparito “el mago” regresó a su pueblo natal, después una vida dedicada al arte del tocomocho en los escondrijos del mundo.
    Haciéndose el juey dormido y en busca de un gancho se hizo amigo del alcalde, el cura y el juez. En poco tiempo consiguió las piezas para consumar su próximo acto.

    Entonces una tarde, ahogado en su soledad, quiso reconectarse con la arena y el mar, allá por la boca del río, donde vivió en sus años de infancia. El mar caribe bañaba sus pies y un soplo de la maravillosa brisa tropical le quitó el peso que llevaba en la conciencia. En aquel hermoso lugar comulgó con la madre naturaleza y queriendo trascender al buen camino, alzo las manos como para alcanzar el cielo.

    Pero hay cosas que no se lleva el tiempo y desde la espesura del manglar, sediento de venganza, Luis “Pelao” lo tenía en la mira. Vivo en su memoria, aquel día navideño cuando su número salió y él se esfumó. De sudor y rencor ardían sus pupilas.

    Una inquietud lo puso tembloroso y tan sobrecogido de terror que hasta le pareció oír trompetas, serafines y heraldos. Los latidos del corazón sonaron como redoble de tambor… presuroso, apretó el gatillo y desmayó.

    El mago desapareció, nadie sabe por dónde.

    ©Roberto López

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  48. El Supremo

    A una pregunta de La Comay, Fortuño contestó:
    —Yo espero en Dios que esto se resuelva.
    Sonó el teléfono.
    “El Dr. Roselló”, oyó por el auricular la voz de la productora.
    — ¡ULTIMA HORA! —gritó, jubilosa— ¡Aló! Sí, buenas, soy yo La Comay.
    Al poco rato enganchó y mirando al gobernador, dijo:
    —Dice que no cuente con su ayuda.
    © Josué Santiago de la Cruz
    2 de julio de 2010

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  49. El aspirante

    Al aspirante político se le hacía imposible orinar.

    El médico le indicó que para tener un diagnóstico claro de su situación tendría que ir al laboratorio para chequearse la orina.

    El aspirante de inmediato visito el laboratorio y entro al baño.

    Tres días después, y con los mismos síntomas, acudió a su médico y le dijo

    — Ya orine en el laboratorio y ¿ahora qué hago?

    El médico solo le dijo…

    —Sigue con tus aspiraciones que ya se ve que vas por buen camino.

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  50. Amor a primera vista

    Cuando la vio en la tienda de curiosidades, quedó atrapado por sus encantos. Fue algo así como amor a primera vista, con lo crítico que siempre ha sido cuando se viene a asuntos de amores repentinos.

    Miró su rostro arrabalero y sensual y aquellos labios que presagiaban largas horas de placer…

    Apartó los ojos de los suyos y sintió su mirada quemándole la piel. Trató de no pensar, de ignorar su presencia, pero no le fue posible. Su imagen se le proyectaba a través de los espejos y respiraba su perfume en las cuatro coordenadas del establecimiento.

    Poco más o menos en horas de la medianoche la llevó al apartamento…
    Le hizo el amor con desenfreno y fue, entonces, cuando corroboró que su boca estaba hecha para lo que decía la etiqueta.

    JSC

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  51. Natividad

    Cuando en el segundo viaje Cristóbal Colón llegó a La Española (en el primero hizo levantar allí una colonia a la que llamó La Navidad, porque fue durante esa fecha sacra que encalló en sus aguas la Santa María), encontró muerte y desolación. La capilla, el campanario, la torre de observación: todo había sido reducido a escombros.

    Las osamentas de los colonos desparramadas por la playa … y algunos huesos pelados rutilaban al sol contra la herrumbre de las viejas armaduras.

    Sólo se movía, al compás de la marea, el cuerpo de un joven aborigen, tumbado boca arriba en la orilla, con una cruz rota atravesándole el pecho, mientras el zumbido de las moscas y los zancudos se hacía cada vez más enconado.

    JSC

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  52. Lo que pudo ser

    Yo estaba dispuesto a vencer el miedo y tirarme desde lo más alto del palo de pana en el lago de Valé.

    El amistoso capataz nos detuvo en el camino para enseñarnos lo que llevaba en un saco.

    – ¿Donde lo atrapó? – preguntó Caminero…

    Ese día se troncharon mis sueños de clavadista olímpico.

    ©Roberto López

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  53. GUAU

    While watching Catwoman in a family setting, my son’s fiancé asked me if I dare to date her.
    I looked at my wife of 40 years and she smiled.
    “Actually I might.”
    All of the sudden everybody cracked up.
    “What you do if she gets very close to you and whispers “Miau” in your ear?”
    “I go Guau.”
    After that I became the main character of the night and Halley Berry my supporting actress.

    JSC
    08/10/2011

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  54. CHIRIPIRITIFLAUTICAMENTE… (O la fauna política en Puerto Rico)

    A mi amigo Cédric Sáez

    “Boten pol mí que les prometo subil el Ibu, las contrivusiones a la propiedá, los selvisios de agua, lus y los peajes. Pero le voy a dal un aumento de 10 polsiento en el salario de los empleados púbicos.”

    Pasada las elecciones nadie se molestó en preguntar cuántos votos obtuvo su candidatura. Pero seis meses después, todas sus promesas de campaña se habían cumplido, menos una.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  55. Desvelo de amor

    Todos en este país celebran el domingo viendo fútbol americano. Yo sufriendo la ausencia y más patriótico que la madre que me parió, con una copa de algo fuerte y la música de Rafael Hernández hice el día más placentero. Y como la vida te putea en cuanto tenga ocasión, le advertí “no jodas conmigo”

    Preciosa, casi me puso a llorar, y cuando más meloso me encontraba, ella bajó el volumen porque no podía oír el juego.

    Sentí la llamarada y la voz de mis sentimientos se escuchó en el sótano cuando descuarticé al Santa Claus de tamaño real.

    ©Roberto López

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  56. Elegía a un amor imposible

    Realmente es una locura vivir obsesionado y apegado al recuerdo de lo sucedido hace cuarenta y tantos años. Peor cuando no es solo recordar sino vivir cada minuto perseguido por el recuerdo.

    Jerome y Alaixa dos seres que desde el primer momento vivieron un tórrido amor a sabiendas que el desenlace al final sería un amor imposible.

    Ella llegó un año tarde al escenario, radiante, bella y llena de amor. El, inexperto, con un compromiso establecido, sin saber realmente cual era su destino. Vivieron al margen del mundo convencional, creyendo él que en algún momento cambiaría su circunstancia.

    A pesar de todo, fue espectacular como se desarrollo la doble vida de estos dos seres, entregándose al amor en todo momento. Ella con una fe ciega en que vencería, él sin saber cual rumbo seguir, hasta el extremo de llegar al engaño.

    Cuarenta y pico de años y aún ella sola, con la idea de que el odio es el antídoto natural. El, pensando en un desenlace espectacular que pueda remediar su gran error y poder en algún momento honrar el compromiso prometido tantas veces. Ella aparenta haber logrado sobrevivir el episodio abrazada como puede al Creador. El disfrutando en sus recuerdos; los minutos dulces con ella. Solo pensando en su compromiso, aunque totalmente marchito. Con clausula de “hasta que la muerte los separe” para tratar de recuperar aquel amor que ella le brindo a cambio de nada.

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  57. El otro juey: anécdota*

    “Huye que pica el juey turnio”

    Hastiado de ver mermados sus ingresos decidió montar una estrecha vigilancia. De un tiempo a esta parte las trampas de capturar jueyes que tenía distribuidas por los manglares y humedales de los Poleos, la Boquita del río, y en la playa el Coco aparecían rotas y saqueadas. Se mantuvo en vela intentando sorprender al autor o los autores de tan dañina fechoría. Tamaña sorpresa se dio cuando descubrió que el autor de sus desgracias era un enorme juey de 50 libras que con sus palancas destrozaba las trampas y liberaba a sus hembras. Utilizando una tarraya logró capturarlo no sin antes tener que vencerlo por cansancio. Inmovilizado entre las sogas de la tarraya lo trasladó a su casa encerrándolo en una jaula grande construida para albergar el enorme crustáceo. En esa jueyera encerrado es usado como padrote. Solamente se le echan jueyas, con el propósito de crear un invernadero destinado a preservar la especie en peligro de extinción.

    ********
    Esta anécdota de un pescador de jueyes me la contó Berto Santiago una mañana fresca y cálida mientras conversábamos a la sombra del flamboyán de mi casa en compañía del compueblano Ramón Rodríguez Castaing. ¿Será acaso este juey descendiente del “crustaceus salinense”? Se sospecha ya que este fue capturado en el mismo litoral. Hagamos votos porque la empresa progrese y alivie el desempleo de la zona.

    Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  58. Fuga bovina

    Existe gran preocupación entre los ganaderos del área por la desaparición misteriosa de una gran cantidad de vacas y bueyes que viajan en manada.

    Según las autoridades rurales, el último rastro que dejaron fue en el bar de mala muerte “El Bistec Fresco” de Pucho, el carnicero.

    El caso fue asignado para su esclarecimiento a los agentes: José Toro, Luis Becerra y Pedro Lobo.

    La vaca lechera y el toro mellao ofrecen una recompensa de 100 pacas de heno y un barril lleno con 50 galones de miel.

    Pucho el carnicero ofrece un caballo de paso fino cojo.

    por Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  59. Explicaciones (Anécdota)

    —–Don Dante hoy es el Día de los Padres aquí en Santo Domingo.

    Mi mujer me invitó a comer pasteles al Restaurant de Amable para celebrarlo, pero resulta que ella está pelá.

    Entonces ella me mando donde usted para ver si le adelanta el dinerito para ella poder pagar esa cena del Día de los Padres.

    —-Asi es que me gusta Joaquin. Explicaciones claras e inequívocas.

    Dante A. Rodríguez Sosa

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  60. ¿Evolución?

    Tarzán estaba enojado porque era tarde y “Boy” no regresaba del bembé en la discoteca de la jungla.

    Chita observaba tranquilamente la televisión, cuando de pronto presentaron los cortos de la película “The Rise of the Planet of the Apes” y emocionada le pidió a Tarzán que la llevara a verla.

    —”Monkey see, Monkee do”, comentó Tarzán tras la petición.

    Chita lo miró a los ojos:

    —Entiendo la intención de esa aseveración porque ese refrán en español tiene unas connotaciones de cosas que yo no hago en público: “Si no hago lo que veo me cago y me meo”.

    Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  61. Inundación pueblerina

    “La sequia debería llamarse Agua-Cero” Salvador Tió

    Es tradición que los clanes familiares celebren un reencuentro familiar anual para festejar unidos. Como consecuencia de esos festejos anuales mi pueblo sufrió una gran inundación cuando las familias, Ríos, Lago, Arroyo, Laguna, Pozo, Del Mar y Fuentes celebraron por casualidad su reencuentro el mismo día a la misma hora.

    Ante el desacostumbrado hecho, los clanes Pared, Barreras, Canales, Puente, Terrón, Roca, Montes, Colina, Arenas, y Madera, se movilizaron y formaron un comité con la ayuda de “Cascajo” para contener el desbordamiento y aliviar la situación.

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  62. Amor perfecto

    Un hombre conversa con una mujer por Internet. Luego de diez minutos el dice que se encuentra locamente enamorado de ella. Poco después ella dice que no es ella sino él. Él dice qué hermoso, yo no soy él sino ella. Luego de quince minutos ellos siguen locamente enamorados y deciden enviarse sus respectivas fotos y verdaderos nombres. Él, que ahora es ella, se muestra más impaciente y dice que quiere escuchar su voz. Ella que ahora es él, dice que está de acuerdo. Se enamoran rápidamente de sus voces y luego de cinco minutos, cada uno apaga su computadora soñando con el amor perfecto, sin saber que cuatro horas más tarde dormirán juntos, agotados de tanto trabajo, luego de acostar a los niños.

    Microrrelato premiado en 2008 en La Guardia, España

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  63. Canecomanía

    Le pregunte a Rosa por las cuatro canecas para preparar pique boricua que me prometió Fernandito.
    —“No dejó ni las cuatro ni las cuarenta.”
    — ¿Cómo es eso?
    —Anoche se le metió el Diablo por dentro y arrancó a correr desnudo desde Las Marías por toda la calle de Cayey rumbo el centro del pueblo. Entre la policía y un grupo de borrachos, homosexuales y tecatos que trasnochan en la Plaza Delicias por las cercanías de la Alcaldía lograron atarrayarlo.
    — ¿Y qué le pasó?
    —Perdió la mente, lo tienen en el manicomio. Pal carajo… Se volvió loco
    —-Oye te pregunto. ¿Qué que le pasó?
    —Dejó de beber.

    Por Dante A. Rodríguez Sosa

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  64. El Calentamiento Global

    A Iris López

    James Hughes McAllister trabajaba para el WATER DEPARTMENT y en sus ratos de ocio le dio con leer todo lo concerniente al calentamiento global.

    Dejó de usar desodorantes de aerosol. Compró una bicicleta. No volvió a encender los bombillos ni los enceres eléctricos y para cocinar los alimentos inventó una especie de hornilla en cuya base había colocado 2 prismas para generar calor…

    Llegó a creer con tanta vehemencia que de todas las especies que habitan el planeta solo el hombre es responsable directo por su destrucción, que se acogió prematuramente a la jubilación y se volvió anacoreta.

    Al poco tiempo la muerte comenzó a rondar los hogares y restaurantes, el Mall, el teatro e incluso las aulas escolares y el ayuntamiento del pueblo, al punto que en cosa de días no quedó nadie vivo, a excepción de él, que sin muestras de dolor ni quebranto se alejó del lugar pedaleando con una mochila colgándole de los hombros.

    JSC, 21 de junio de 2011

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  65. El domador

    A Conchi Marmol Bris

    Sindicio hizo fama de domador y la Caretona de indomable.

    Al principio parecía que la estaba amansanda. Se la notaba resignada al peso que el habilidoso jinete le había puesto sobre el espinazo.

    Caminaba al paso cuando la llevaba al pueblo o la paseaba por los solitarios callejones de Borinquen.

    —Ese sí que sabe amansar potrancas —decían los hombres al verlos pasar.

    —Hum —era invariablemente el comentario ambiguo de don Flor, que llevaba tatuado en el rostro la razón de su escepticismo.

    Una noche se oyó un escándalo en las inmediaciones del grifo público y cuando todos acudieron al lugar, encontraron a Sindicio de nalgas sobre la plazoleta de cemento humedecido, con una cara de espanto que dio motivo a conjeturas.

    Al otro día, la Caretona volvió a la manada y a Sindicio no se le vio más por Borinquen.

    JSC, 27 de junio de 2011

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  66. Y van 2 (Seguimos con el maraton de Sancha)

    En Fortaleza el gobernador conversa con el presidente del Senado y el Superintendente de la policía.

    —Eso de las mochilas te quedó de manual —le dijo el senador al gobernador.

    —Lo importante ahora es confirmarlo —agregó el Súper.

    Ya anteriormente había sentido el filo cortante de aquellas miradas e intentó arreglar el argumento:

    —Quiero decir que debemos preparar un video para presentarlo al público.

    Hubo un breve silencio que interrumpió el legislador con el ruido que hizo al levantarse de la butaca.

    —A la verdad que hay que ser bien pendejo para decir una cosa como esa —dijo camino a la puerta.

    © Josué Santiago de la Cruz, 4 de julio de 2010

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  67. La boda de ella

    La noche previa al enlace tuvo pesadillas, a pesar de haber tomado una Ambien.

    La madre lo vio coger la calle temprano, como los locos, y cuando lo sintió llegar, horas después, le dijo, alarmada:

    —Avanza vístete, cristiano, que ya el cura debe de estar a punto de cerrar.

    Cuando arribó al Templo, en presencia de todos y al acorde de la marcha nupcial, saco una 45 reluciente y mató al sacerdote.

    —Por qué demonios hizo usted eso—, preguntó el magistrado.

    —Soñé que el padre que nos casó, una vez caí preso, se quiso con mi mujer.

    A instancias de su abogado, el tribunal accedió a proceder con el casamiento minutos antes de que partiera para una institución de máxima seguridad y cuando el Capellán preguntó a la mujer:

    —¿Quieres recibir a Fulano de tal, y prometes serle fiel en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad, y, así, amarle y respetarle todos los días de tu vida?

    Sin quitarle los ojos de encima al religioso, ella contestó:

    —Si quiero.

    Josué Santiago de la Cruz, 28 de junio de 2011

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  68. Pendejo (Hoy, más que ayer, este Cuento viene a cuento)

    Apostados en el hemiciclo, la Unidad de Operaciones Tácticas recibe instrucciones del legislador:

    —Desplacen a todos los manifestantes del edificio.

    —Esperamos órdenes del Gobernador.

    El Superintendente de la Policía no esperaba el baño de miradas que le congeló los huesos.

    —No seas pendejo —dijo el Presidente del Senado— ¿Quién carajos tú cree …

    por Josué Santiago de la Cruz, 02 de julio de 2011

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  69. Tras bastidores (The Sancha’s saga)

    En el Cuartel General, el Superintendente de la Policía mandó llamar al Comandante de la Unidad de Operaciones Tácticas.

    —El Presidente del Senado es un parejero —dijo, encolerizado— Verdaderamente se cree gobernador.

    El oficial lo mira sin reaccionar.

    —Es un pequeño Hitler —sus manerismos* advierten una profunda angustia existencial …

    Josué Santiago de la Cruz, 02 de julio de 2011

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  70. El apuntador

    Bajo estrictas medidas de seguridad, Mr. 666 arribó a Fortaleza. Casi de inmediato llegaron el Superintendente de la Policía y una tercera persona no identificada.

    —I called upon you guys to let you know that we played our cards very well last Wednesday at Capitol Hall, but we also made a few sensitive mistakes that we need to look at —dijo el Gobernador.

    Como atraídos por un resplandor, sus miradas se posaron en la frágil figura del Súper.

    El tercer hombre no identificado tomaba notas.

    © Josué Santiago de la Cruz

    A 5 de julio 2010

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  71. Desnuda la frase…

    Cada transformación tiene su frase descubierta.
    Es un secreto de la vida,
    Donde el dialecto de tu alma escribe
    Y flota muy dentro de sí mismo.

    En el momento de escurrí sus piezas descoloradas se transforman
    Y seducen a quien menos esperaban.
    El corazón es la energía eléctrica de tu cuerpo,
    Te obliga a descubrir los secretos
    Que nadie desea o se cohíbe ver.

    Pero en la oscuridad más maldita del camino,
    Te deslumbra las verdades
    Que humillan el sentido de la ignorancia humana.

    El destino tiene su origen
    Y el origen está plasmado en tu sangre.
    Son las venas cuando explota
    Desnuda el misterio de su horizonte
    Y la fantasía no descubierta
    A los ojos ciego de su ego.

    Por Maileen Torres Rodríguez
    21 de junio de 2011

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  72. EL GALLO DE LA ABUELA

    La abuela tenia un gallo antifeminista. Cuando una mujer entraba al patio se le abalanzaba a picotearla. La mujer corria desesperada clamando por ayuda,
    –!Comay ayudeme, el gallo! La abuela se asomaba por la ventana de la cocina y le gritaba, –!Comay no sea cobarde, la espuela del compay es mas larga y ujte no le juye!

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  73. El doctor le preguntó al paciente:
    —¿Cree que su corazón esté apto para el sexo?
    —El corazón no es el problema, doctor.
    DRS

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  74. Revelaciones

    Ellas lucían sus hermosos y ceñidos trajes de crepé, y a petición popular, el Indio Araucano cantaba y tamboreaba la danza de la lluvia.

    ©Roberto López

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  75. La novia / David Roche

    Sonriente, se miró en el espejo, una y otra vez, como si modelara un ajuar de Victoria’s Secret. Echó el velo hacia atrás y se retocó los labios por tercera ocasión.

    Tomó en sus manos el retrato del hombre en uniforme. Lo besó apasionadamente, pintando de rojo la dobladura que en forma de cicatriz partía y entorpecía el bello recuerdo.

    Bailó el Vals de las Mariposas.

    Luego observó, con la sonrisa arrugada, la imagen con grafito de labios y se acostó desnuda.

    © David Roche Santiago

    21 de mayo de 2007

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  76. El cuento de siempre

    -Los duendes salen de noche a buscar el tesoro, el pirata lo había ocultado al final del arco iris en la mañana anterior. Torpes y atolondrados van dando tumbos por el jardín. El ratón sale de la cueva mientras el gato duerme a los pies de la abuela. El búho todo lo observa, aunque inmóvil. La luna se muestra a mitad en un suave reflejo sobre las aguas quietas del lago. Allí en la orilla, en el tronco hueco de un árbol vivía el “leprechaun”. Era una especie de duende encargado de velar y cuidar las monedas del botín. Llevaba un cinturón con muchas y enormes llaves que tintineaban como cascabeles su paso gracioso, dando brinquitos…

    -Abuelo, ¿en qué parte sale Fortuño y Rivera Schatz? Y… ¿cuál fue el duende que le regalo el carro a Chuchin?

    ©Marinín Torregrosa Sánchez, 1 de junio de 2011.

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  77. Cambio de óptica

    Gumersinda, dejó de reprocharle a su marido la dolida indigencia en que vivían.

    Abandonó el hábito quejoso de llamarle “haragán”; cuando un día descubrió en la cocina dos ratas grandes hincando los dientes sobre dos mendrugos de pan viejo.

    Se convenció a sí misma de que no eran más pobres que las ratas, y hasta quedó contenta, con una alegría absurda, que sorprendió al vecindario.

    ©Gloria Gayoso

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  78. BREAKING NEWS

    Forget About It

    “The blood of the holy warrior sheik, Osama Bin Laden, God bless him, is too precious to us and to all Muslims to go in vain”.

    —Who wrote this?

    —It’s classified.

    —Bullshit. That’s what it is.

    —What you mean?

    —“God bless him”? They don’t fucking talk like that!

    —Hey! Hey! What’s your point?

    —My point is that they don’t use that kind of language. That’s our shit! They say “Allah”, DAMN IT.

    —Forget about it, they’re morons anyhow.

    Ghostwriter

    ©JSC

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  79. Sarcófago

    Ambos dejaron que el río se llevara el cuerpo sin vida de su Hijo, porque ellos no tenían donde enterrarlo.

    por Yesenia Miranda Núñez

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  80. ¿Y tú?

    La fuerza de choque formaba una muralla humana. El pan de la enseñanza, el diálogo, el debate tan esencial para el crecimiento intelectual lo habían sometido a la obediencia…

    —¿Y tú? ¿Qué vas a ser cuando seas grande?, preguntó la maestra cesanteada al aspirante a político, un joven universitario.

    —¿De la mayoría silente?

    —Tal vez…

    ©Marinín Torregrosa Sánchez

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  81. Indiscreción

    Totalmente disgustado el juez condenó la indiscreción de ella y ordenó de inmediato disolver el Jurado.

    En los pasillos de la Legislatura se rumoraba que el Presidente del Senado no apoyaría el matrimonio entre personas del mismo sexo.

    En medio de la campaña juró y perjuro que sus principios estaban por encima de los lazos de amistad imputados.

    Dos días después de suspendida, su apartamento estalló en llamas. Entre los escombros se encontró una foto de ambos jugando a las caricias. El tribunal examinó la prueba.

    La prudencia violada golpeó la ignorancia. Como él, tampoco regreso al Senado.

    ©srs

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  82. Embriague

    Con la frente reposando sobre sus palmas, despeinada y contemplando las burbujas de la Alka Seltzer desaparecer, me confesó:

    —Después del quinto Orgasmo no recuerdo nada.

    —Te advertí que dos eran suficientes — atiné.

    © David Roche Santiago
    5 de febrero del 2011

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  83. El lenguaje de los ángeles
    A mi querida nieta Sara

    Los niños, tomados de la mano, bailan revoloteando como alegres mariposas y cantando con voces semejantes a trinos de pájaros. Los adultos se quejan por “el ruido” que hacen y las madres por que manchan y desgarran sus vestidos. El angel que los cuida les dice,
    –Ellos solo divierten a DIOS.
    Pero los adultos no escuchan por que hace tiempo que olvidaron el lenguaje de los ángeles.

    Jovino González, Abeyno
    .

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  84. ¿Un nuevo Pepito? / Roberto Quiñones

    Mi nieto Emanuel cumplirá los once años dentro de un par de meses y demuestra que usa su propio criterio para saber y analizar las diferentes situaciones del diario vivir. En esta época de navidad muchos, o la mayoría de los chicos de su generación, están disfrutando aún de la ilusión de que el día 24 de diciembre recibirán la visita del viejo gordo vestido de rojo y blanco, no en pese a que muchos de ellos son receptores de otras versiones por parte de sus compañeros de juegos.

    A mi nieto siempre se le creó la duda pero pensó en su propio método de comprobación y éste le fue muy efectivo. Llegado el momento clásico de que tenía que acostarse temprano, pues esa era la noche de la esperada visita. Él, como hijo obediente, cumplió el requisito de acostarse temprano, pero coger el sueño fueron otros veinte pesos. Cerca de las dos de la madrugada mi hija Lili con mucho sigilo emprendió la tarea de acomodar debajo del árbol de navidad los consabidos regalos, pero sin percatarse de que Emanuel estaba esperando este momento detrás del árbol. Emanuel guardó silencio para no asustarla y únicamente le comento al amanecer… “el viejo pipón vino pero con un pequeño cambio: su uniforme ahora son unas pijamas”…

    ©Roberto Quiñones

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  85. El Sueño

    Fui invitado a una actividad a celebrarse a las 5:30 de la madrugada. No quería perdérmela. Como no disponía de un reloj despertador confiaba que el reloj natural me ayudaría a llegar a tiempo. Mi reloj, que en otras ocasiones había sido muy certero, esta vez sonaba cada media hora y de nuevo tenía que intentar conciliar el sueño.

    Aturdido y soñoliento decidí levantarme faltando cerca de una hora para la actividad porque temí que el sueño me venciera. Así soñoliento me prepare para estar presente.

    Cuando llegué a la plaza busco estacionamiento y desde mi auto veo entrando al local a los hermanos Rodríguez Sosa junto a Edwin Ferrer y Roberto López. Faltaban aún unos veinte minutos para comenzar la actividad y cerré los ojos sin sospechar que Morfeo me perseguía. A las nueve y veinte de la mañana Money me despertó del sueño preguntándome: “Vas a brillar los zapatos”.

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  86. Cavilaciones

    Son las diez y dieciocho pasado el meridiano de una noche totalmente calmada. Donde hay bullicio es únicamente en la mente atribulada a causa de los enredos del día. Se trata de resolver lo que no se logro hacer, pero ya es tiempo pasado. Hay que empezar en cero o buscar otro escenario.

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  87. El pianista…mi pianista

    Soy callada…y las aguas quietas son profundas.

    Recuerdo muy bien esa noche.
    Fue una noche tempestuosa, con mucha lluvia, mucho viento, gritos, ahuyos.
    No estaba dormida. Estaba en esos días en que la mente se apodera de cosas.

    Tendida en un sofá tan larga era, en un cuarto al final del pasillo.
    Realizaba uno de mis grandes sueños…
    que alguien, tocara el piano para mí. Mi pianista estaba ahí.

    Había oscurecido sin apenas darme cuenta, los recuerdos de cosas deseadas
    afloraban en mi mente muy rápidamente.
    De pronto se oye el movimiento de una llave en la cerradura,

    Mi pianista seguía ahí…mi pianista seguía tocando con mucha fuerza.

    Del otro lado oigo el crujir de una puerta que se abre, mi pianista sigue tocando con mucha más fuerza aún.

    Se escuchan unos pasos fuertes por el corredor
    que lleva a la habitación donde está mi pianista y yo.
    Dos o tres segundos después se escuchan unas fuertes detonaciones.
    Quedé muda y desde entonces he decidido callar.

    21 de julio de 2010

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  88. El panel
    El panel de fiscales examinó en privado pruebas contundentes contra el funcionario corrupto. Una semana despué se desconocía si el Senado confirmaría los nominados.

    ©Por Sergio A. Rodríguez Sosa

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  89. El Profeta

    Sitio: Punta Salinas, promesa: contacto del tercer tipo, Hora: sobre la 1:30 de la madrugada, Resultado: negativo…. habíamos demasiados incrédulos en la muchedumbre….

    ©Roberto Quiñones

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  90. El estudiante: anécdota

    En mis años de escuela superior conocí a un estudiante que era supervenido y arrogante. Siempre quería tener lo mejor para demostrar su superioridad. Se llamaba Santiago y su tema diario era que iría a estudiar medicina en España en la Universidad de Santiago de Compostela. Como siempre pasa, en la mayoría de los casos, el amigo chocó de frente con la realidad al no tener el promedio necesario para ingresar a tan prestigiosa institución. De ahí en adelante sus compañeros de escuela le decían…”Compostela como puedas Santiago”….

    ©Roberto Quiñones

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  91. Inmadurez
    Todo en el mundo se acaba irremisiblemente, no es de extrañar que una noche, en su trajinar, Andrea se sintiera descontenta.
    Habían pasado treinta días cuando un instrumento filoso penetró su cuerpo disminuyendo su vientre.
    Solo pensaba en Raulito, quien dormía en la cuna de su conciencia.
    El padre nunca lo supo y desapareció sin rastro alguno. Cuando regreso de Nueva York se sentó en el último banco del malecón y la vio pasar abrazando un niño con las alitas doradas esfumándose en la niebla, camino al camposanto de la Isidora.
    ©Edwin Ferrer

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  92. “La colgada y el negro gordo”

    Estuvo colgada durante mucho tiempo sobre la figura del negro gordo. Se zafo del amarre, cayo sobre el gordo, y se rompio el hechizo. Se empato el partido…

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  93. Chuchazo

    El plan se urdió en la oficina del Presidente.

    “Investíguenlo a fondo y si encuentran alguna irregularidad, cualquiera, procedan según lo dispone la ley”.

    —Lo voy a aplastar —dijo, malhumorado.

    — Es un cáncer que debes extirpar —diagnosticó el Dr.

    No mucho tiempo después la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados denunció el hallazgo de un pozo de agua dulce en una de sus propiedades, en abierta violación a las regulaciones del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.

    © Josué Santiago de La Cruz
    A 15 de julio de 2010

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  94. El comercial

    “¿Va muchas veces al baño? Pues nosotros tenemos la solución. Nada que tomar y mucho menos inyectarse. Nada más envíe $30 a la dirección en pantalla y a vuelta de correo recibirá la solución a su problema”.

    Siete días más tarde recibió una escupidera y una nota:

    “Felices sueños”.

    © Josué Santiago de la Cruz
    A 12 de julio de 2010

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  95. Viejo verde… ¿o realista?

    El doctor Felo Díaz, mi médico de cabecera, siempre ha estado muy contento con la forma y manera como cuido mi salud.

    —Estoy como coco.

    —Te cuidas mejor que los jóvenes. Nuestra juventud no se preocupa por su salud. Para colmo los asesinan por docenas, la mayoría de ellos casados.

    Abrí los ojos y dije:

    — ¿Quien entonces se hará cargo de esas niñas en el futuro?…

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  96. El bailarín

    Tendría algunos doce años y aún era miembro del grupo de bailes de la profesora Moreno. El vestuario era blanco y llevaba una banda azul en la cintura.

    Antes de entrar al escenario la profesora se acerco y le dijo al oído…

    —El pantalón está muy pegado y ya necesitas usar pantaloncillos.

    Aún lo están esperando para la próxima presentación….

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  97. El relato
    A todos los hinchas del orbe que disfrutan del esperado festival futbolístico.

    La Copa Mundial de la FIFA en Sudáfrica, pueblo que se sacudió del odioso apartheid* tiene la audiencia deportiva del orbe cautiva desde antes comenzara a rodar la jabulani* en el juego inaugural. La alegría es contagiosa entre los naturales, los visitantes y los espectadores a la distancia.

    Mi primo Manpuele, que como todo revoltoso hincha está disfrutando el torneo, me contó lo siguiente:

    “El mudo Cherendulo se topó con el sordo Bundolo y le dijo entusiasmado: El ciego Khumalo, te vio anoche en un restaurante vegetariano comiéndote un rico y jugoso bistec de carne de mamut con domplines* acompañado de una botella de champaña de los pobres* importado de Puerto Rico, mientras disfrutabas del concierto sinfónico de las Vuvuzelas.

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

    Notas:
    Domplines: torta de harina frita, también arepa
    Champaña de los pobres: bebida fermentada preparada con la corteza del árbol maví o mabí
    Jabulani: balón diseñado por la compañía alemana Adidas
    Apartheid: régimen de discriminación y segregación racial implantado por blanco descendientes de holandeses en Sudáfrica.
    Vuvuzela: trompeta plástica o de metal que está de moda para animar los partidos de futbol en Sudáfrica. Sonadas al unísono se oyen como un panal de abejas revueltas.

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  98. Pendejo

    Apostados en el hemiciclo, la Unidad de Operaciones Tácticas recibe instrucciones del legislador:

    —Desplacen a todo el mundo fuera del edificio.

    —Esperamos órdenes del Gobernador.

    El Superintendente de la Policía no esperaba el baño de miradas
    que le congeló los huesos.

    —No seas pendejo —dijo el Presidente del Senado—
    ¿Quién carajo tú crees que está impartiendo las directrices?

    Lo demás se vio en televisión.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  99. En torno al microrrelato

    El microrrelato es un orgasmo que va más allá del éxtasis. Que le sobrevive al goce. Si no lo logra se convierte en sexo.

    © 2007 Josué Santiago de la Cruz

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  100. La K…

    El Senado norteamericano ratificó su nombramiento a la máxima judicatura del país y cuando la juramentaron, el pueblo comenzó a decir:

    “La Kagan en el Tribunal Supremo”

    © Josué Santiago de la Cruz
    A 2 de julio de 2010

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  101. Jugada atlética

    El Ayudante Especial le advierte al mandatario

    —Se acercan los Juegos y tenemos a una serie de atletas con algunas dificultades económicas. ¿Cómo los vamos a ayudar?

    El mandatario al momento y sin pensarlo dos veces dijo:

    ― Prepárale a cada uno una Proclama de felicitación, los cita a la plaza. Tú mismo se las entrega y con esto les llenamos el ego.

    Salió apresurado a proclamar la obra del Alcalde en pro del deporte.

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  102. Feliz Día del Padre

    Le pareció haber escuchado un alboroto proveniente del corral donde estaba el gallo que el marido trajo del pueblo, horas antes, y pensó que quizá extrañaba gallinero.

    La ciudad malacostumbra, hasta a los animales, pensó, y volteó el cuerpo para buscar el sueño, antes de que los ladridos del perro se lo impidieran.

    Cuando recién comenzaba a sentir el delicioso peso de la modorra en los párpados, oyó el ladrido y sintió que se abría la puerta. Miro el reloj y sin fuerzas, dijo:

    «Feliz Día de los Padre»

    © Josué Santiago de la Cruz

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  103. Los partidos

    En el hemiciclo, el presidente del Senado llamó “Pato” a otro legislador y éste le devolvió el saludo.

    La pronta intervención de ujieres y correligionarios evitaron que el incidente alcanzara niveles de trifulca.

    Esa noche, en conferencia de prensa, la Comunidad Gay los amonestó…

    © Josué Santiago de la Cruz

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  104. Tierra Santa

    La bolsa estaba sobre la mesa y el gato la tiró al piso. El perro la mordió varias veces y la mujer pasó la aspiradora. Al poco rato llegó el Reverendo.

    —¿Dónde está el incienso que traje de Tierra Santa? —preguntó a viva voz y el novio de su hija, que estaba ebrio, dijo:

    —En el Vacuum Cleaner, mano.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  105. Engaño, avaricia, y negación

    Llegó un extranjero a una hospedería del pueblo. Se hospedaría algunos días para resolver unos negocios, entre ellos un caso de herencia. Luego de un diálogo con el dueño del hospedaje acordaron que le pagaría al final de realizar las gestiones.

    El huésped pasó una semana disfrutando de manjares y bebidas en cantidades industriales, cargando todo a la cuenta, que firmaba con generosas propinas.

    De momento el huésped se desapareció sin dejar rastro. El dueño esperó dos semanas por el fugitivo y terminado el duelo por la deuda comentó: “Si cree que me cogió de tonto se fastidió, pues todo se lo facturé a sobre precio…”

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  106. El Armagedón

    ¿Donde es la reunión?
    ¿Hay reunión?
    ¿No lo sabes?
    ¡¡¡Miraaa, oyeee, hay una reunión!!!
    ¿De qué? ¿De qué?
    De los Síndicos.
    Foos.

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  107. El aventurero

    a mi suegro Ramón Torregrosa

    Anhelando la inmensidad, Moncho, caminó sesenta millas por las heladas tierras de Alaska. Estaba extenuado y casi ciego por el resplandor de la nieve. Desfallecido llegó a una aldea, le brindaron los cuidados necesarios y la tradicional hospitalidad esquimal.

    Se fue al desierto y caminó sesenta millas por las ardientes arenas. No sabía donde estaba. Hambriento y ya casi deshidratado llegó a un oasis. Las más bellas mujeres, con sus vestidos de fina seda en colores vivos, le dieron de beber y de comer. Hermosas odaliscas bailaron para él como dicta la milenaria hospitalidad árabe.

    Se enteró que la NASA estaba organizando una expedición tripulada a Venus, el planeta de las mujeres hermosas. Fue el primero en enlistarse.

    A sus noventa y ocho años y once meses, reclinado en su sillón de descanso, todavía sueña.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 17 de junio de 2010

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  108. ¿Lapsus Linguae?

    El Alcalde se reunió con su ayudante principal y le ordenó que preparara un inventario de las obras realizadas durante el año fiscal recién terminado.

    El ayudante raudamente reunió su equipo de trabajo y les comunicó las instrucciones diciéndoles:

    —El Alcalde desea que hagamos un inventOrio de labor realizada durante el año fiscal.

    «…Comencemos a trabajar….»

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  109. Politica faunística

    Estaban dialogando sobre estrategia política, el caballo, la leona, dos llagaretas y el mulo.

    Analizaban la posibilidad que tiene la pajara pinta de conquistar un bastión de la oposición debido al triunfo del cocodrilo.

    Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  110. Marcados

    La primera dama casi se desmaya. El honorable casi la estrangula. La doncella más bella del pueblo se hizo un tatuaje que mostraba amor hacia ellos; una rosa bajo sus nombres.

    Cuando las figuras públicas se fueron a dormir la señora tenía en la espalda un garabato de todos sus ex novios y él, un cuerpo extraño en tinta china.

    ©Edwin Ferrer

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  111. Conducta agresiva

    “La violencia nada engendra, sólo el amor es fecundo”, le dijo el Prof. Pulula al Honorable y éste le contestó: “No me vengas con sermones que te ajoto los perros”.

    ©Josué Santiago de la Cruz

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  112. Viaje de ida

    Este era un narcisista que tenía que viajar fuera de Puerto Rico pero no tenía pasaporte.

    Cuando decidió solicitarlo fue donde el fotógrafo y le exigió que le tomara una foto 2×2 de cuerpo entero.

    El fotógrafo se rascó la testa ante tal exigencia. Lo miró fijamente y le dijo:

    —Toma, este es un pasaje de ida para las Rocas de San Brandón , al nordeste de Mauricio, donde no se requiere pasaporte y te sentirías a gusto.

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  113. Lógica matemática

    Su actitud era siempre tan y tan negativa que si hubiese nacido en el sistema numérico, sería un número negativo.

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  114. Bromista vs bromista

    Un individuo entró a un negocio donde se venden zapatos. Escogió un estilo que le gustaba y pidió que le buscaran un par tamaño 80.
    Aunque sorprendido por tan extraña solicitud, el dependiente se dirigió al almacén y buscó dos fundas de almohadas y se las entregó al cliente diciéndole:
    — Tenga, póngase esas medias mientras localizo los zapatos de su tamaño.

    © Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  115. Chanchullo en La Carmen

    Salían con pena después de pagar 25 centavos por ver al niño que nació con cara de cerdo.

    Llegó mi turno y apenas llegué a la orilla de un charco, un tipo tosco con indicios de locura, indicaba con movimientos de cabeza y manos mil veces repetidos, que mirara hacia abajo.

    ©Roberto López

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  116. Lectura de viaje

    A Pepe Quesada

    Mientras esperaba mi vuelo en el aeropuerto de Washington, noté que una joven leía a Monterroso. Me le acerqué y le dije:
    —Disculpe usted, Srta. ¿Qué me puede decir de El dinosaurio?
    …Ella cerró el libro y me contestó:
    —En el Museo de Ciencias Naturales, no muy lejos de aquí, puede encontrar todo lo relacionado a ese tema.
    ©JSC

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  117. Amnesia

    Rostros, colores, frases, voces, fotos y más fotos. Queriendo unir trozos de vida miraba el álbum de la familia.
    — ¿Cómo se recupera el tiempo pasado?
    Hilvanando escenas en una memoria confusa, solo de nubes y recuerdos incompletos, pasaba horas buscando en las fotos una pista para su corazón roto.

    ©Marinín Torregrosa Sánchez

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  118. El alcalde médico

    Luego de la concurrida primaria del partido opositor rojo uno de sus militantes transitaba frente a la alcaldía cuando se topó con un político del partido azul.
    —No hay quien nos gane porque nuestra alcaldía huele a medicina
    —Si claro, a Kaopectate

    ©Félix Ortiz Vizcarrondo

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  119. ¿Patriotismo?

    Conversaban sobre patriotismo y apresuradamente quisieron señalar ejemplos.

    ─Hay personas que adoran tanto a su país que para demostrarlo, el himno nacional anuncia las llamadas recibidas en su teléfono celular.

    ─Hay jóvenes que aman tanto a su tierra que para demostrarlo andan en sus vehículos a 100 millas por hora por la carretera 3 buscando con ello abrasarse a ella lo más pronto posible…

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  120. El Patriota

    Félix Ortiz, mi querido amigo, ama tanto a su tierra que lo demuestra a la menor provocación. Sucede que alguien le ha programado su teléfono celular con un sonido tan peculiar que cada vez que suena, antes de poder contestar la llamada, tiene que levantar la enorme mole corporal que posee para honrar nuestra Borinqueña…

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  121. Post traumático

    Se fumó un cigarrillo y comenzó a dar comandos de guerra. Un pájaro de metal se le acercó y se escondió detrás del balcón.

    –¡Cúbranse, cúbranse!,gritaba

    –Su madre lo consoló y lo sentó sobre el sofá.

    Cuando volvió en si le dijo a la viejita,–te salve la vida.

    ©Edwin Ferrer

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  122. El exigente y el reloj de arena

    Era tan exigente y un día compró un reloj de arena.

    Al otro día, lo regresó a la tienda porque se atrasaba cinco granos de arena a cada hora.

    ©Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  123. El alemán ataca

    Uno de esos días que me levanté con un ánimo extraordinario de comprar y comprar decidí visitar la ciudad de Ponce. Desde que salí de mi hogar el ánimo fue decayendo al apoderarse de mí una especie de dolor muscular, especialmente en las piernas.

    A medida que fue pasando el día y debido a que anduve todo Home Depot, Office Max, y Plaza del Caribe, el dolor muscular se tornó insoportable. Decidí sentarme un rato a descansar mis adoloridos pies. Ya sin ánimo ninguno me percato de que mis zapatos estaban al revés.

    Lo único que se me vino a la mente fue decir “que dolor muscular ni que ocho cuartos”. ¿No será que me acecha un mal con nombre alemán…?

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  124. El actor

    Cuando se hizo millonario, el galán se fue al Congo, Etiopia y la India. Ayudaba a la gente pobre. Regresó a su hogar y fue recibido por un mariachi detrás de su inmenso patio.

    — ¡Déjenme tranquilo que estoy extenuado!— Dijo con una voz menos actoral y típica.

    En una lata vacía de café tenía unos centavos, abrió la ventana, los empuño, los arrojó a los cantores, se puso unos “headphones” y se fue a dormir. Frente a su computadora había unos recibos del viejo mundo y una planilla del “ income tax”.

    © Edwin Ferrer 03/20/2010

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  125. Fobia aérea

    Es tanta la fobia que mi esposa siente al tener que abordar un avión que le es necesario tomarse una de esas pastillitas que ayudan a controlar los nervios antes del vuelo. En nuestro último viaje ella, como siempre hace, calculó el tiempo necesario para el efecto de la pastilla, pero no contó con el atraso del vuelo ese día. En pleno vuelo le pedí a la sobrecargo si tenía algo que pudiera calmarle los nervios a mi esposa. Le trajo una Cuba Libre, la cual sirvió para calmarme los míos.

    ©Roberto Quiñones

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  126. La perra…

    El guardia lo detuvo por comerse una barquilla bajo el sol y en presencia de todos y el Juez le impuso una multa de $200.00 y 48 horas de servicio comunitario.

    —Las leyes hay que respetarlas —sentenció el magistrado— por inverosímiles que éstas parezcan.

    Esa noche, bajo la trémula luz de las estrellas y ante la indiferencia de los que lo vieron, el policía tuvo sexo con una joven prostituta, a cambio de su libertad, y el Juez, en la quietud de su hogar, fumaba un cigarro casero que él mismo se recetó para liberar el estrés.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  127. Doble ofensa

    A minutos de tomar la comunión se le acerca y le pregunta al oído,

    –¿Cual es el tamaño de tu cama?

    Un tanto sorprendida por el momento, la joven contesto…

    –“Queen”…

    –Así estás tu de ancha…

    El cuerpo de Cristo….

    Amen……

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  128. Déjà Vu

    Salieron de la polvareda a toda carrera. Era largo el tramo. Pero a medida que avanzaban se hacía más lento y tedioso. Más extenuante, por lo que algunos, desfallecidos, desaparecían en la bruma. Con el paso del tiempo fue menguando el grupo y la fatiga tomó, entonces, una dimensión avasallante. Fijó la mirada hacia el punto aquel donde un joven vigoroso, rebosante de vida y energías, tan semejante al que él había dejado atrás, esperaba su arribo con impaciencia…
    Arrastrando los pies y con el brazo extendido pasó el bastón y cayó envuelto en una nube de polvo, similar a la que había dejado al partir.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  129. Descubrimiento

    a Lilia E. Méndez

    Adán sintió una gran preocupación cuando Eva, al oído, le dijo:

    —Voy a tener un hijo tuyo.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  130. Extasis

    Apagó la luz de sol cuando aún no conquistó la mañana.

    Con sus labios color de rosas pensó vivir el ayer de sus fantasías. Era tarde; ya muy tarde cuando el mundo en su regazo se partía en dos manzanas desiguales; sin saber cuál era su árbol.

    Quedó desnuda sobre un desierto buscando aire, burlando el fuego, pensando en agua.

    Desprendida de su cuerpo continuó sus andanzas. Cuando regresó de su mundo color de rosas no encontró su cuerpo y quedo prisionera en sus cenizas.

    ©Edwin Ferrer 3/8/2010

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  131. La Doncella de Orléans

    El fuego le lamió los pies y entró en éxtasis.

    —Gracias, Señor, Gracias…

    Después de humedecerse los dedos con la lengua, la madre apagó la vela.

    —Tienes que dejar de jugar con candela, muchacha.

    Por enésima vez le había dicho lo mismo y ella, entonces, contestó:

    —Es el abrazo de Dios.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  132. El pacto

    Gumersinda era una bella joven del sector La Zanja de Salinas. Su especialidad… la brujería.
    Una noche desapareció del barrio sin dejar rastro. Varios días después, al oír sus gritos, fue encontrada en un campo de mayas hablando incoherencias… sólo se le entendía decir: “el pacto falló… el pacto falló… el pacto falló”
    Su melena color azabache se había convertido en una maranta de pelo blanco.
    Muchos años después aún repetía: “el pacto falló… el pacto falló… el pacto falló.”

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  133. Pelea de gallos.
    A lo largo de las nubes hay dos rabos de gallo que revolotean sobre el Abeyno. Las blancas se marchitaron porque se ha nublado. Los rayos del sol le afilaron las espuelas y a picos y patadas las plumas cayeron sobre La Plena.
    — ¡Doy diez a dos! — Grito Blasito.
    — ¡Pago! —Levantó la mano Don Paco Sécola
    El cielo se decoró con sangre porque al Camagüey le cogieron el buche. La valla quedo vacía. Cuando las nubes se disiparon, los apostadores se fueron a comer unas empanadillas y se tomaron una cerveza.
    © Edwin Ferrer 28/2/2010

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  134. Conversión

    Cuando entró a Palacio fue al “Salón de los espejos”. Vio
    su imagen reflejada en los cristales, rugiente, amenazadora…
    Indomable.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  135. Manumisión

    “Por los oscuras bóvedas del universo se desplaza una fuerza descomunal y terrible, inteligente, que trasciende lo inimaginable”, escribió en la pizarra.

    Sabe del hambre que nos devora y conoce los miedos que nos acosan.

    Luego se dirigió a la puerta, como si huyera de algo inescrutable.

    Atrás los alumnos luchaban por encontrar la salida.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  136. Por senderos misteriosos

    Dos semanas llevaba encerrado en su casa, aislado de todo y de todos, cuando sintió que tocaban a la puerta. Trató de ignorar el llamado. Pero la persona no se daba por vencida e insistía, como si tuviera algo verdaderamente importante que comunicar.

    —Que el Señor lo bendiga —le dijo la anciana al momento que le entregaba un tratado.

    En medio de su desigual lucha buscó solaz en la lectura del mensaje en el papel.

    La portada mostraba a Jesús sosteniendo una copa en sus manos y más abajo la frase: “Sigan haciendo esto en memoria de mi”.

    Sintió que se rompían las cadenas. Cruzó la calle. Entró al salón y al verlo, todos dijeron:
    —¡Amén!

    © Josué Santiago de la Cruz

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  137. Primitivismo

    El suceso hizo la primera plana de los diarios matutinos: “Predicador evangélico practica cirugía estética en presencia de feligreses”.

    Aquello provocó que la American College of Surgeons exigiera el encarcelamiento del evangelizador so pretexto de que ni era cirujano colegiado ni había seguido las precauciones de rigor en casos análogos.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  138. Del amor y el interés

    El predicador transformó el agua en vino y le dio a beber al puñado de fieles que apenas llenaban una porción del banco de primera fila.

    Una semana después era preciso ver la multitud que se arremolinaba en las gradas del templo cargando galones de agua y latones para que se los convirtieran en vino dizque para mostrárselos a los que todavía no creían en milagros.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  139. El pelícano

    Al mirar las nubes le parecían alas angelicales de algodón, deformes. Pidiéndole a Dios decidió volar hacia el ocaso entre las palmeras ascendiendo sin rumbo sobre los manglares, pero aún no llegaba. Su ruta era incierta y su buche desgarrado por las zambullidas en el Mar Caribe no lo dejaban pensar.

    Un día decidió posarse en las alas de un avión tratando de llegar al cielo. Y así fue. Llegando a lo más alto del Empire Estate Building se abalanzó sobre la acera y un hombre que vendía “pretzels “le dijo:

    – Regresa a tus cielos que la acera está muy dura.

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  140. El Implante

    La ciencia ha avanzado tanto que Dios le ha permitido el hacerle cambios a su mayor creación: el ser humano.

    Tengo un amigo que se sometió a una cirugía de corazón abierto donde había que reemplazarle una válvula. El médico le ofreció tres alternativas:

    -La quieres de metal, de cerdo o de vaca.

    El hombre, muy agradecido luego del implante le dijo al médico:

    -Muuuu… chas gracias.

    ©Roberto Quiñones

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  141. ¡Que pantalones!

    Además de ir sobre el límite de la velocidad, el conductor le hace un pase indebido a la propia patrulla de carreteras.
    Cuando logra el agente alcanzarlo, el conductor le pregunta.

    -Oficial, ¿tiene usted algún problema?

    -El que tiene problema es usted, pero siga su camino porque la cuota de locos la complete temprano en la mañana.

    ©Roberto Quiñones

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  142. El microcuentista

    El médico le preguntó:

    —¿Cuántas veces en la noche acude usted al baño?

    —Ninguna —contestó él.

    Su mujer lo miró, confusa.

    Llegada la noche, como de costumbre, puso la bacinilla debajo de la cama y se acostó.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  143. El Loco

    La imagen salió del espejo y se le abalanzó encima.
    Él no pudo contener el golpe y cayó al suelo inconsciente.
    -Ahora es el de antes-decían todos.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa,22/agt/2009

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  144. El Encuentro

    Huían a toda prisa.
    El perseguidor no les daba tregua.
    En la huída entraron a una iglesia.
    El perseguidor los esperaba en el sagrario.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa,22/agt/2009

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  145. Deterioro

    Abrió la puerta muy silenciosamente, sólo para percatarse de que todo estaba cubierto de un fino polvo. Tal parece que sus habitantes nunca se preocuparon por su mantenimiento.

    © Eileen Ferrer

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  146. Ya verás

    Aquella mañana se levantó decidido a ponerle punto final a su calvario. Se asomó por la ventana y lo vio merodeando por los alrededores, como si nada. Hijo de puta. Ya verás…

    —¿Qué lo motivó a hacer lo que hizo? —preguntó el
    magistrado.

    —Por ladrón —contestó él. Y luego añadió— A lo
    mejor ahora puedo dormir en paz.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  147. La Emperadora

    Se presentó en un “Talk Show” y como ella es así, medio satita, en su inglés de pacotilla le dijo a uno de los conductores:

    —Yu chingol?

    El interpelado la miró con extrañeza. Reinó el silencio.

    —Si me acompañas a mi apartamento después del programa te lo demuestro.

    Se fueron a comerciales en medio de un gran vocerío.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  148. Manco por vida

    Durante la huelga había unas manos invisibles detrás de muchas manos que aleteaban como palomas desenfrenadas frente al Capitolio. Los presentes pedían justicia mientras las manos de aquel hombre clamaban al instinto del necesitado.

    — ¡Por favor déjenme pasar!—Gritó con desespero.

    Parecía un árbol caído en una corriente cuando crece un rio y choca de lado a lado en las orillas. Sus pocas extremidades buscaban el cauce de la consigna, pero la huelga aumentaba. A empujones, logró pararse cerca de la tarima. En esos momentos el gobernador se alejó y comenzó la trifulca. Cayó en la posa de sus sueños pero casi se ahoga. El buen samaritano se dio cuenta de su condición y lo ayudó a levantarse. La aplicación para las prótesis que le ofrecieron no logró su objetivo entonces; se envolvió los codos con el periódico de las noticias del ayer y se marchó hacia la guagua escolar.

    © Edwin Ferrer 8/11/2009

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  149. La transustanciación

    Un teólogo católico explicaba a un agnóstico el modo de la presencia de Jesucristo en el pan y el vino consagrados. Le decía que por la acción del Espíritu Santo y las efectivas palabras del sacerdote, aquello que era pan y vino se transformaban misteriosamente en el cuerpo y la sangre de Cristo. Que los accidentes de pan y vino permanecían, pero ya no eran pan y vino. Que en la eucaristía estaba presente el cuerpo, alma y divinidad de Cristo resucitado. Aquel cuerpo que podía atravesar paredes, pero que también podía comer con los suyos.

    El agnóstico, dudando de toda la explicación, le pregunta al sacerdote: ¿Puedes probarme empíricamente que ese pan y ese vino son el cuerpo y la sangre de Cristo?

    El teólogo le contesta: pruébame lo contrario.

    © Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 20/oct/2009

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  150. Los hermanos

    Un judío y un árabe se encontraron en un café y comenzaron una discusión seria sobre el origen de sus razas. Recorrieron los caminos de la historia, el Corán y la Biblia. Tras el examen de los documentos descubrieron que eran hermanos.

    Desgraciadamente siguieron odiándose.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 20/oct/2009

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  151. Halloween

    Halloween es el único día del año en que puedo salir a la calle sin que me griten ¡Feo!

    Es más, cuando paso frente a un grupo no falta quien, al verme pasar, exclame: “WOW, that muddafuka looks good!”

    ¡Qué si me gusta Halloween!

    El año pasado una gringa me preguntó:

    “Were did you buy that costume?”

    Y yo le contesté:

    “En casa de tu madre”

    © Josué Santiago de la Cruz

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  152. Maldades infantiles

    Yo tendría cinco años cuando ocurrió este suceso.

    Mi abuela Maximina solía narrarnos cuentos en las primeras horas de la noche antes de enviarnos a la cama.

    Aunque sospecho que para esa época no existía la noche de las brujas, el cuento de aquella noche fue tan espeluznante y misterioso que se me fue helando la sangre y tuve que adelantar el viaje de rutina al baño antes de acostarme.

    Al regresar a mi cama, de momento sentí un ruido espantoso de algo volando sobre mí y ahí termine la parte que no logre hacer en la letrina. A mis ensordecedores gritos llegaron a mi cuarto toda la familia excepto Coco, mi hermano mayor, quien se desternillaba de la risa en el balcón, celebrando cuán lejos voló la bomba* que había inflado…

    ©Roberto Quiñones
    *Bomba: globo inflable

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  153. Hombre de pocas palabras

    A mi padre Edelmiro Rodríguez Rivera que está en el cielo

    Tomó el carro público en Río Piedras. Se dirigía a Mayagüez. Durante todo el trayecto los otros pasajeros hablaban animadamente de diferentes temas. Él permanecía callado como era su costumbre.

    Al pasar por los fértiles campos del valle de Salinas, ya arados y listos para recibir la semilla, dijo maravillado: ¡Esa tierra está buena!

    Al llegar a Mayagüez concluyó: ¡Para sembrar plátanos!

    29/oct/2009
    © Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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  154. Transmutación

    Vio unos muslos robustos. Apetitosos. Sintió ansias de llevárselos a la boca…
    Todo lo había perdido en los caminos: la vergüenza, el orgullo, la autoestima… menos el respeto, el hambre y los bostezos.

    ©.Josue Santiago de ka Cruz
    10/24/09

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  155. Coincidencia

    A Roberto Muñoz Polanco

    Dos amigos iban en bicicleta de Salinas hacia el poblado de Aguirre.
    A la altura del sector Caribe, cerca del chucho había un frondoso árbol de tamarindo.
    Dícele un amigo al otro,
    — detengámonos aquí, a la sombra, para descansar.
    —No sigamos— dice el otro.
    Finalmente se detienen.
    En el mismo instante pasa un camión lleno de caña y diez metros más allá se vuelca hacia el lado por donde iban los amigos.

    Dios desde una nube, mirándolos, dibuja una sonrisa.

    © Edelmiro J. Rodriguez Sosa, 20/oct/2009

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  156. Cebos

    Mientras pesca con los píes colgando muy cerca del agua, inventa chirigotas con forma de lombriz.
    Con su botín se adentra al puesto del hombre, que más manchadas tiene sus manos de pescado.

    – ¿Qué me traes?
    – Éste ha picado, los demás, parece que llevan retraso.

    Cebos oscuros de piel, bordeaban el puerto. Goma, parecía llamarse la embarcación; cebos de supervivencia, con forma de pantalla plana.

    Ana Belio

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  157. El tablero

    Una mirada vacía miraba al tablero, mientras decidía qué ficha mover.

    El silencio, un gran juez de conciencias, subrayaba la respuesta e ignoraba sentimientos.

    Al otro lado, un nuevo jugador a la espera de recibir la verdad, o quizás la mentira; con ella era perderlo todo, con la verdad sería tener algo más de dinero en el bolsillo, aunque para ello se hiciera daño a los actores secundarios.

    El silencio esperaba el siguiente movimiento, y ganó la verdad.

    El tablero llamado vida, se quedó en blanco, el silencio que deseó llamarse respeto, desapareció una vez más en el inmenso plató.

    Entre aplausos volvieron a oscurecerse los sentimientos de la humanidad.

    Durante unos meses volvieron los vicios… Volvió el silencio, la partida comenzó de nuevo.

    Ana Belio

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  158. La Corona de Marla

    Marla participaba en un certamen de belleza, donde a cada concursante se le otorgaba un premio. Preparaba su vestido de la noche final, cuando recibió una llamada de la dueña del certamen.
    —Hola, Con Marla por favor.
    —Una servidora habla.
    —Marla, me apena decirte que no hemos encontrado un premio para ti; te lo digo con antelación para que estés preparada.
    —No se preocupe, continuaré preparándome.
    Se escuchaban los aplausos para cada concursante premiada al entregársele una flor y un trofeo. El público notó que Marla, no recibió ningún premio y lucia más radiante y contenta que todas las concursantes. La curiosidad fue tan grande, que el jurado decidió preguntarle cómo se sentía.
    —Me siento muy feliz con el premio que me otorga la vida, la de mejor perdedora.
    Se escuchó un prolongado aplauso. Todas las chicas le regalaron sus flores y se sintió Reina.

    © Antonio Rafael Ledée

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  159. De colores…

    En asamblea general los tres primarios debatían acaloradamente.
    —Sin mí, no habrían carpetas denunciando terroristas, dijo el Azul arrogante.
    — Yo acabé con los piojos, las pulgas y garrapatas, presumía el Rojo sacudiendo su corbata.
    —Sin mí el pueblo seguiría viviendo como si “aquí no ha pasado nada— dijo quedamente el Verde.
    De repente, irrumpió la Ausencia de Color en la sala, vestido de guayabera, pantalón y sombrero blanco. Tomó el micrófono en sus manos callosas y dijo con voz agotada:
    —Sin mi ninguno de ustedes tendría un Mercedes Benz, una casa de verano y una cuenta de banco abultada.
    Ante la algarabía el pueblo abrió los ojos, apagó el televisor y se volteo del otro lado de la cama.

    ©María del C. Guzmán

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  160. Reencuentros

    Llegó y solo dijo hasta luego.

    Al pasar los años, la brisa que acaricia su frente al recorrer el parque, lo envuelve en recuerdos.

    Cierra los ojos y escucha un hola detrás de él.
    Se vuelve y sin mediar palabras se funden en un solo cuerpo.

    Al mirarse, lo único que se escuchó fue: Solo vine a decirte adios.

    © Javier Ramos

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  161. El aseo diario

    El es el hombre que al asearse lo hace de forma completa y cuidadosa. Al bañarse ya es un rito el introducir unos “QTips” en sus oídos para que estos recojan la humedad que entra a sus orejas. Luego de la afeitada vinieron las famosas gaznatadas con el Aqua Velva. Aún están tratando reconstruir el tímpano de uno de sus oídos…

    © Roberto Quiñones

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  162. La última cena

    Estaban dos teólogos, uno católico y otro protestante, dialogando después de cenar sobre el tema de la eucaristía.

    Dejaron sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿Que quiso significar Jesús cuando reunió a sus discípulos en la cena de despedida y les dio a comer pan y a beber vino, diciéndoles que eran su cuerpo y su sangre y encomendándoles que celebraran aquello como memorial suyo?

    Curiosamente los dos teólogos jamás cenaron juntos.

    © Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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  163. Cuando la fantasía se convierte en verdad

    Se separaron sin advertirse el amor. Cada cual lo sabía.
    Uno más que el otro, se quedo soñando. Un día basto
    Para entender la realidad. La traición tuvo una fecha.

    – Hola, no puedo creer que estés aquí.- Le dijo él.

    – ¿Por qué te sorprendes?- Preguntó ella.

    -Por la fecha, la misma de pagar mi “storage.”- Le contesto.

    Con una mueca que delató su rostro, lo miro y le dijo:

    -No es como tú piensas.

    © Maribel Rivera

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  164. El Marchante

    El negocio acababa de abrir. Para atender a los parroquianos que de inmediato llenaron la tienda estaban solo el papá y el hijo. En el clímax del día cuando los clientes ya van por la novena o décima bebida, aparece un marchante al cual el papá tuvo que atender.
    En la conversación de rigor el marchante pregunta también por la salud del padre del papá a lo que de inmediato el papá contesta, —todo muy bien con el viejo.
    Tan pronto se va el marchante, el hijo un tanto preocupado le pregunta a su papá
    — ¿Tu oíste bien por quien te preguntaron?
    El ripostó de inmediato.
    —Claro que si… lo que pasa es que si le hubiera dicho que había muerto tendría que explicarle cuando y de que, si estuvo enfermo, si murió en la casa… Con decirle que todo estaba bien pude venir a ayudarte a bregar con nuestra clientela.
    —¡¡¡Dame un round Angelito!!!
    © Roberto Quiñones

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  165. La actriz

    Cansada de representar a la hermosa, buena y sufrida heroína en cada una de sus caracterizaciones, Noelia le pidió audiencia al productor y cuando le tuvo de frente le dijo lo que por más de dos semanas
    había ensayado:

    —Si no me da otro papel me niego a figurar en el elenco.

    Cuando llegó al estudio y se propuso leer los parlamentos notó que su personaje encontraba la muerte a pocos minutos de comenzar la obra y
    que sólo una voz, que en nada se le parecía a la suya, se escuchaba ocasionalmente.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  166. Ironía

    Don Lorenzo era un hombre muy humilde y muy
    querido en el pueblo. En las obras de caridad era
    el primero en decir presente. Lorenzo, padecía de
    una enfermedad incurable. Finalmente, murió y el
    pueblo se extremeció. Muchas familias pensaron
    que era mejor decir presente en vez de llevar flores,
    porque no iban a caber en la funeraria. Llegó el
    momento de decir adios. Se cerro su ataúd. Y solo,
    la bella flor de su esposa, lo acompañó hasta su
    última morada.

    © Antonio Rafael Ledée

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  167. Ya verás

    Aquella mañana se levantó decidido a ponerle punto final a su calvario. Se asomó por la ventana y lo vio merodeando por los alrededores, como si nada. Hijo de puta. Ya verás…
    —¿Qué lo motivó a hacer lo que hizo? —preguntó el magistrado.
    —Por ladrón —contestó él. Y luego añadió— A lo mejor ahora puedo dormir en paz.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  168. Retratando niños

    Retrato número 1: Juan Carlos

    -Titi, ¿de donde son Las Tetas?
    -Son de Salinas, antes se las atribuían a Cayey pero se descubrió hace poco que están dentro de los límites de la comarca del Abey.
    -¿Y quién es el Abey?
    -Cuando en Puerto Rico solo habitaban indios cada región tenía un cacique, era el jefe. Puerto Rico se llamaba Borinquen y cada aldea llevaba el nombre de su cacique. Salinas se conocía como Abeyno porque lo dirigía su cacique Abey.
    -¿Entonces, ahora vivimos en Fortuñorico?
    -¡Mira, mejor seguimos con lo de Las tetas!

    Retrato numero 2: Adriana 3 años

    -Mama voy a saludar a Mari.
    Entró al estudio con paso firme a darme “un amor”.
    -¡Adriana!¿Con quién andas?
    -Con mama.- señalando hacia las cajas registradoras. ¿Quieres chocolates? No te preocupes, mamá compra más.
    Se sienta y comparte conmigo sus dulces, me examina las uñas, mi pelo, me pide prestado el lipstick y me cambia sus sandalias por mis tacos.
    -¿Y tu marido?
    -Pues no se, ¿y el tuyo?- le conteste turbada.
    -Allá en casa pintando.

    © Marinin Torregrosa Sánchez

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  169. Dolor de muelas
    A Charango

    Salía todas las tardes con su carretilla a recoger sobras de comidas para cerdos por el pueblo. El vidrio y el cascajo de las carreteras le habían comido sus huellas dejando sus talones endurecidos como la arcilla, moldeándolos a su antojo. Sus uñas apuntaban al cielo mientras un par de zapatos lo acechaban desde el balcón de la alcaldía municipal.
    —Se ve enojado que le sucederá?— Preguntó el zapato izquierdo con la lengüeta por fuera.
    —Ayer paso por aquí quejándose de un dolor de muelas.— Contestó el derecho con un cabete suelto.
    —Creo que no lo atendieron porque no presentó identificación, es huérfano, nunca aprendió a leer ni a escribir y nunca se registró para votar —
    Como si quisiera compadecerse, el honorable se amarró los zapatos y le preguntó a su directiva. ¿Quien dejó una muela amarrada de un cordel de pesca en la tranca de la puerta de atrás?

    © Edwin Ferrer 09/23/2009

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  170. La catedrática

    Preocupado porque no tuvo tiempo de ver los peces antes de partir hacia el trabajo, llamó a su mujer que aún no salía para el suyo:
    —Cariño, ¿Cómo están los peces?
    —Nadando en la pecera —contestó ella y salió a toda carrera en dirección a la UPI.
    ______________
    UPI – Manera como la mayoría de los puertorriqueños denominamos a la Universidad de Puerto Rico

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  171. El aseo.

    Arnoldo tenía una manía muy pulcra, se bañaba varias veces al día, y acumulaba pilas de ropa para lavar, lo que le provocaba grandes discusiones con su esposa, condenada al lavarropas como atada a un cepo. Era muy bajo de estatura, casi mínimo, quizás un complejo de inferioridad lo empujaba al agua constante, para que nadie reparara en su medida y quedaran prendados de su aseo sin mancha.

    Silvosa tenía un extraño presentimiento, ella no era tan afecta al jabón, más bien le huía, por eso en lo profundo de su alma temía que tanta agua y enjabonada le erosionase el cuerpo de su hombre como las olas lo hacen con las rocas de la playa.

    Sus secretos temores se cumplieron como por arte de brujería, un día nefasto, entró al baño con la muda reluciente y encontró en el escurridero de la tina un par de bigotes y una barba atascada. Nada más.

    Arnoldo desapareció tras el aguacero intermitente. Desde ese día, la viuda luce de negro aunque no lleva vestido alguno…

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  172. El burro que quiso ser caballo
    A Luis Fortuño

    Había una vez un burro que quiso ser caballo. Se operó las orejas, se hizo un facial y perdió peso. Nada pudo hacer con su estatura, pero como no todos los equinos son como Secretariat, no le prestó importancia al detalle. Cuando estuvo convencido del milagro, una lechuza que por allí transitaba le preguntó no sé qué cosa que lo sumió de nuevo en la incertidumbre.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  173. Combatiendo los open sofware / Iris M. Torres Menéndez

    Apenas terminó de leer la invitación a un congreso sobre productos educativos de Microsoft la bibliotecaria suspiró profundo.
    — Interesante cómo se preocupa la compañía por la educación… muy interesante. ¡Libre de costo… ujum… sí claro!
    La tendencia en el uso de recursos gratuitos y los open sofware en Internet tenía temblando a los CEO.
    Al poco tiempo solo podía usarlos través de una sofisticada y lucrativa red.

    © Iris M. Torres Menéndez

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  174. El último deseo

    La lectura de Apocalipsis 21.21 transformó, para siempre, su vida.

    Desde entonces fue un hombre piadoso, celoso de sus buenas obras y su amor infatigable hacia el prójimo. Sólo pidió para sí que,al momento de su muerte, lo enterraran con un pico, una alforja y un par de zapatillas.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  175. El guevero

    Nada más había que seguir el libreto, sin dramatismo, para que pareciera la cosa más natural del mundo.

    —Te paras frente al micrófono. Sonríes, sin parecer contento. Comienzas el argumento y pides agua. Miras a los que te escuchan. Vuelves a sonreír. Te pasas la mano por el cabello. Diriges la vista al horizonte y sueltas el mensaje esperanzador.

    Pero no se produjeron aplausos y un guevo le robó el Show.

    ©Josué Santiago de la Cruz

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  176. Camarones en inglés

    Una vez estando en la Ciudad de Nueva York fui a comprar uno camarones. Pedi en inglés con mi acento boricua,

    – Please five pounds of shrimp- y no me entendieron

    Luego de repetir varias veces el pedido logre que me despacharan cuando les dije:

    – Please five pounds of baby lobster.

    Félix M. Ortiz Vizcarrondo

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  177. Escogida

    Cansada del camino se acostó sobre la arena humedecida.
    La mano de Dios mismo acarició su sien marchita.
    Escuchó su voz, como un susurro en la brisa.
    – Ven- le dijo y la tomó.
    Cerró sus ojos y soñó que descansaba en sus brazos.

    ©María del C. Guzmán

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  178. Estigma

    Aun sentía frio dentro del vientre.

    —Parece que me pateó, dijo la mujer.

    El quedó pensativo antes de salir a su rutina diaria a su maligna distribución. Luego, al tocarle la barriga eufórico gritó.

    — ¡Qué tripeo!

    –Este va a salir a mí, ella respondió,

    — ¡Tengo dolor ayúdame!

    — ¡Respira hondo!

    Tenían razón, al ver la luz por primera vez, el bebé se rascó la nariz tres veces y sonrió.

    © Edwin Ferrer

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  179. El Traidor / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

    Compró un traje de mil dólares en una tienda exclusiva.
    Llegó a su casa.
    Se vistió y se sintió otro hombre.
    Besó a su esposa y salió a prisa.
    Fue al bar y conquistó una chica.
    De madrugada,
    los forenses tomaban muestras de sangre
    de una fina tela.

    © Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 22/agt/2009

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  180. Cambio de óptica

    Gumersinda, dejó de reprocharle a su marido la dolida indigencia en que vivían.

    Abandonó el hábito quejoso de llamarle “haragán”; cuando un día descubrió en la cocina dos ratas grandes hincando los dientes sobre dos mendrugos de pan viejo.

    Se convenció a sí misma de que no eran más pobres que las ratas, y hasta quedó contenta, con una alegría absurda, que sorprendió al vecindario.

    ©Gloria Gayoso

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  181. Félix Iván

    A: Niurka, Ivancito y Gabriel Iván

    Estaba leyendo el periódico en la marquesina cuando mi hijo Félix Iván paso corriendo, cruzó la cancha y se metió en la casa de Toya. Detrás de él venían corriendo tres muchachos de igual edad.

    Salí a la acera para observar que ocurría. Los tres chicos se detuvieron en actitud desafiante frente la casa que le servía de asilo. Esperaron hasta que se dieron por vencido. Al cabo de un rato el refugiado asomó la cabeza y al ver que no habían moros en la costa regresó a casa.

    – ¿Qué te pasó?

    – Tuve que pelear, eran tres y fue mejor correr.

    – ¿Por qué seguiste de rolo y entraste a la casa de Toya?

    – Si me vuelven a buscar, irán a la casa de Toya y no aquí.

    © Félix Ortiz Vizcarrondo

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  182. El hombre invisible

    “Ante Dios todos somos igualmente sabios como igualmente tontos” , Albert Einstein

    Durante las fiestas patronales, la Fraternidad Eta Epsilon Sigma acostumbraba a montar un kiosco para recaudar fondos.

    En una ocasión montaron no uno, sino dos. Uno para vender frituras y el otro para bebidas.

    El kiosco de frituras no pudo funcionar y se mantuvo vacío y cerrado.

    Decidimos entonces hacer una prueba de perspicacia. Colocamos un letrero que decía: “Por $1.00 vea el hombre invisible, todo lo recaudado será para la viuda del soldado desconocido. Para boletos pregunte en el Kiosco”

    No todos iban a comprar bedidas.

    ©Félix Ortiz Vizcarrondo

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  183. Vacunado

    El guapetón de la escuela cuando tenía a su alcance al sángano le daba su burrunazo, y eso era a menudo.

    Cuando llegó la BCG, muchos padres creían mataría a su nene.

    El sángano se salvo, no así el guapetón que lloraba a lágrima tendida con su brazo derecho “inquiñao”.

    Terminó en el hospital, no porque la vacuna le hiciera daño, sino de la soberana pela que le dio el sángano oportunista.

    ©Roberto Quiñones Rivera

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  184. Consecuencias

    Después de la última copa, con una curda feroz, se levantó a la mina más voluptuosa del barrio. Nadie supo cómo lo logró. Hubo quien dijo que había sacado la lotería.
    Lo cierto es que la llevó a la cama con sus setenta y pico largos… Lo malo de la historia es que el gozo…¡continuó del otro lado!

    Gloria Gayoso

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  185. El boleto

    A los 70 año volaba por la carretera.

    -Perdone oficial, no sabía… -pero no le creyó.

    Tres kilometros más adelante lo miraban desde el aíre.

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  186. El boleto fatal

    A los 70 años aún lo apasionaba la velocidad.

    Pasada la curva el policia se acercó libreta en mano.

    – Ese aparato de seguro lo descontroló la lluvia.- Pero le entregó el boleto mirandolo con desprecio.

    Tres kilómetros más adelante esperaban al fiscal para levantar un cadáver atrapado entre los hierros retorcidos.

    ©SRS

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  187. El Héroe

    Ganó dos medallas púrpuras en Irak. Cuando se fue a dormir dejó sus piernas en una esquina del garaje y se fue a caminar con su imaginación.
    ©Edwin Ferrer

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  188. La trepadora

    Me conoció en el banco un día tres del mes.

    Me halagó mis canas y sus ojos me aseguraron que quería comer “biftec”.

    Me la llevé a lo que se imaginó sería su gran noche.

    Yo me harte, ella tuvo que conformarse con una “happy meals”.

    Para que aprenda a trepar palos…

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  189. La flor, la mama, y el cantante

    Llego el cantante y se prendió de la flor…

    -Solo un televisor “de color” necesito…

    En pocos minutos corto la flor…. y la mama pudo encender su televisor de carapacho color azul…..

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  190. Exorcismo

    El padre Jacobo pasaba las noches en el balcón de la casa parroquial, espiando con un telescopio a las parejas de enamorados que se entregaban a los placeres de la carne en plena plaza pública y con un sistema de altavoces, que hizo instalar allí, les ahuyentaba el demonio.

    Cada vez que su criada tenía que arrodillarse frente a los instrumentos expiatorios para estrujar las losetas pegajosas y amarillentas, se le oía exclamar:
    —¡Señor, ten piedad!

    © Josué Santiago de la Cruz, 2006

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  191. Noche de Bohemia

    a los Hijos del Cacique Abey

    Por los oscuros callejones de un pueblo sumido en el des-recuerdo, se escuchan sus pasos…

    Los ladridos de los perros delatan la presencia que estremece a los habitantes del barrio.

    Nadie recuerda sus caras y sus nombres son una vaga evocación de un pasado añejo.

    —Es noche de bohemia-, dijo un eco en Talas Viejas.

    Las tinieblas y el silencio resonaron por doquier al momento en que un coro de voces reconocibles colman de luz y misterio la noche.

    © María del C. Guzmán

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  192. Abuelazgos

    Romina había pasado por un sin número de uniones semi-matrimoniales. De una de éstas conservaba un niño adorable, sumamente despierto, que un día cuando la maestra intentaba enseñarles el armado del árbol genealógico familiar, los dejó a todos perplejos diciendo:
    -¡Señorita maestra, no me entran en el árbol mis veinte abuelos!!!!!!!!!!!

    ©Gloria Gayoso

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  193. El burro que quiso ser caballo

    (Fábula)

    Había una vez un burro que quiso ser caballo. Se operó las orejas, se hizo un facial y perdió peso. Nada pudo hacer con su estatura, pero como no todos los equinos son como Secretariat, no le prestó importancia al detalle. Cuando estuvo convencido del milagro, una lechuza que por allí transitaba le preguntó no sé qué cosa que lo sumió de nuevo en la incertidumbre.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  194. Tremol en Yeyesa

    Brincó la valla y se alejó del monumento al Jíbaro.

    Al borde del precipicio contempló en embeleso el sublime sosiego y la soledad de aquel rancho al pie de la montaña.
    Quería llegar al lugar.

    Al sentir la ráfaga de viento y la mano de un amigo, se dio cuenta que ese no era el camino.

    ©Roberto López

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  195. El Retratista

    Despues de los festejos, emprendieron viaje hacia la nueva residencia, regalo de los padres, donde se rumoraba que habitó un excentrico y oscuro pintor.
    Cuando abrieron la puerta, los recibió un enorme lienzo que atrajo
    la atención de ambos.
    -Que te parece?- pregunto él.
    -Muy apuesto el caballero- contesto ella.
    Ya era algo entrada la noche y camino a sus recamaras, un sonido
    los dirigio de regreso a la pequena sala para percatarse de la desaparición de la pintura.
    -Creo que tenemos visita- dijo el marido. -Esperame en el cuarto.
    Busco, sin exito, en cada rincon del inmueble y al abrir la puerta del aposento nupcial, el rostro de su mujer colgaba, junto a otras pinturas similares, de una de las paredes.

    ©Maribel Rivera

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  196. El Chancleteo

    No podía dormir y decidió salir a la calle. Un sonido le hizo dirigir la mirada hacia una sombra, que a su paso, emitía un plap, plap familiar.

    — A que vienes?

    –A ver si me llevan al hospital, le dijo.

    –Mujer!, llamó a su esposa. –Te llaman a la puerta.

    ©Maribel Rivera

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  197. La nueva modelo

    Tiró una piedra en una vitrina rompiendo su imagen externa porque no se sentía feliz.
    Un maniquí simpatizó con ella y luego recogió sus pedazos para
    reconstruirla.
    Cuando llegó a la cabeza la dejó en la acera y le puso la suya.

    © Edwin Ferrer 08/04/2009

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  198. Limpianíos

    Se metió en el gallinero que estaba en la trastienda y lo cogieron con las manos en los huevos.

    -¿Para qué los quieres?-

    -Don Funda son pa´ freír.-

    Desde entonces le llaman Limpianíos.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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  199. Estampas: 80 El Americano

    El norteamericano vino a Puerto Rico por primera vez para adiestrar a los empleados de FEMA y como tenía el fin de semana libre, quería ver todo lo que le fuese posible antes de regresar a su patria. Le preguntó a uno de los empleados:

    — ¿How do I get to Ponce?

    El empleado le dice:

    —Take Highway 52 and when you see the sign that says ” salida” take it.

    Estuvo dando vueltas en el mismo lugar todo el fin de semana.

    ©María del C. Guzmán

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  200. Cangrejadas

    Un cangrejo que escapó de una hoya con agua hirviendo, le dijo a sus amigos:

    -lo único que recuerdo de aquel infierno es que todos nos meamos.

    © José Alberto Santiago

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  201. La fría

    Momentos antes viví la misma escena. El día húmedo y El calor insoportable. Ella lo jodía y lo insultaba ante todos los visitantes del parque de diversiones. Luego le ofreció una cerveza bien fría y el viejo respondió – ¡No quiero un carajo!

    De un sorbo terminé la mía y me puse a pensar que al viejo le falta sal en la mollera.

    ©Roberto López

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  202. Metamorfosis

    A mi querida cuñada, Amalia

    Fue tanta la entrega con que se dio al microrrelato que se convirtió en un micromarido.

    © José Alberto Santiago

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  203. La huída

    Cuando papi murió no hubo maneras de dar con Toro.

    Nos dijeron que andaba por los terrenos de la antigua hacienda Isadora y hacia allá nos dirigimos.

    -Es muy peligroso-, le dije a una señora que vivía por aquellos lugares

    -¿Lo ha visto?

    -Precisamente-, me dijo, señalando

    – Ayer escuché un mugido por allá.

    – El no muge-, le contesté y retomamos la búsqueda.

    ©Maritza Ledée

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  204. Sacrificio

    -Comenzaré por ti, dijo desalentado al reflejo que tenía delante de sí.

    Tomó el arma y apuntó a la raíz.

    -No podrás vivir sin mí, fueron sus últimas palabras y tambaleándose cayó herido de muerte.

    Satisfecho, volvió a mirarse al espejo.

    -¡Próximo! Dijo mientras los otros trataban de esconderse.

    ©María del C. Guzmán

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  205. Al pasar de los años

    Caminaban por el parque en una tarde de verano, para tomar fresco.

    – Oye Adolfo, por ti no pasan los años -, escuchó una voz.

    Volteo su cabeza y se miraron.

    Entonces, el calor fue más intenso.

    ©Antonio Rafael Ledée

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  206. Fronteras

    La razón lo había convertido en un mendigo apedreado por su propia raza…
    Fue arrestado por guardianes de fronteras porque su identidad patriótica estaba anulada por el otro gobierno.
    Cuando cruzó el puente en cadenas se dio cuenta que estaba en el mismo lado.

    Edwin Ferrer 08/01/2009

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  207. Estampa 61. Virtud de mujer

    Vivía feliz entre la hojarasca y la hierba de la tierra patria que la vio nacer.

    En las vigilias de la noche, tejía sueños de mujer que luego bordaba de alegres colores durante los días de su radiante y perfecta belleza.

    Sobre el verde césped cubría su hogar de diminutas barreras silenciosas para protegerse. Construía redes invisibles para, cual chinchorros, luego tirarlos al mar del olvido.

    El hombre, ante su rechazo, se acercó queriendo tomarla y destruir su pureza.

    En perfecta armonía con la naturaleza quedó inerte envuelta en la seda de su propia existencia.

    No pudo escapar. Se detuvo el tiempo. Su virtud murió enredada entre dientes mohosos de hierro.

    ©María del C. Guzmán

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  208. El personaje

    -¡No quiere vivir! -se quejó, airado.
    -¿Para qué, si vas a someterme a tus caprichos?
    -Eres mi creación…
    Luego se le vio vagando sin rumbo por calles y avenidas sin rótulos.

    Josué Santiago de la Cruz

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  209. Estampa 62. El personaje

    —Este personaje no quiere cobrar vida, se quejó en voz alta.
    —Porque tú quieres hacer de mi lo que a ti te da la gana.
    — ¡Tú eres mi creación, tú me perteneces!
    Le encontró el ama de llaves estrujado y tirado en el cesto de basura, horas más tarde y no supo qué hacer.

    ©María del C. Guzmán

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  210. Desacato

    El honorable juez decía: -Al individuo Frau hay que señalarlo con el dedo índice.-

    Un día llevaron a Frau a su Tribunal y cuando el juez lo sentenció, Cacho, que pasaba por el lugar, gritó:

    -Tan cayó.-

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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  211. Pánico

    Por culpa de la peste y no por causa de un follón, me miras con recelo por encima de tu barbijo invisible, y me dejas con la mano extendida.

    ©Roberto López

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  212. El campeón mundial

    Subió al tinglado lleno de ilusiones. Ganó la faja en el undécimo round en una fiera batalla.
    — ¿Qué piensa hacer ahora con tanto dinero campeón?— Preguntó la prensa.
    —Después de comprarle una casa a mi mama compraré un Porche.—contestó.
    Y así fue. Al momento de pagar las cuentas se olvidó en que sitio estaba.

    ©Edwin Ferrer 07/16/2009

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  213. Alivio

    La pesadilla invadió su sueño y quiso despertar antes de tiempo.

    Le dijo: —Todo ha terminado.—

    El insomnio tomo el otro lado de cama, mientras dormía plácidamente.

    ©Maribel Rivera Rivera, julio 2009

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  214. Estampa 25. Arbolito
    a Israel Díaz Coll

    Pocos conocen su verdadero nombre. Le llaman Arbolito aunque no saben porque.
    Quizás porque casi alcanza los seis pies de estatura. Cuando me detengo a saludarlo no se si creer sus historias o no.
    Su mente comenzó a escapársele cuando era estudiante universitario.
    Un día al salir de la universidad fue a un comercio de autos.
    —Quiero comprar uno, dijo al dependiente.
    Le dieron un auto deportivo último modelo para que lo probara.
    Llegó hasta Salinas y dijo:
    —Miren lo que me regalaron.
    Hoy se le ve sentado en la plaza, desaliñado, como un niño que espera que alguien venga y le obsequie un dulce.
    En las noches regresa a la casa que un día fuera de su madre, una casa escondida entre escombros y matorrales, sin luz, sin agua potable.
    Nunca le he oído quejarse.

    ©María del C. Guzmán

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  215. El holgazán

    a Samy

    Entró fatigado después de una aparente jornada persiguiendo y espantando los venados que vienen al patio a alimentarse de las flores del jardín. Con un hambre pantagruélica, devoró en varios bocados la suculenta comida que su dueña le había servido. Luego de haber terminado eructó, y se alejó muy tranquilo dejando el plato allí junto con los utensilios.

    © Eileen Ferrer

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  216. Estampa 44: Por conveniencia

    Mi padre se casó con doña Tina creyendo que esta, tenía dinero.
    Ella, por su parte, pensó que el acaudalado era él.
    Tuvo que vender pasteles por todo el vecindario.
    Hasta que la muerte los separó.

    ©María del C. Guzmán

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  217. Cambio de vida

    Subió al altar después de haber dejado la sotana de cura para poder casarse.
    En el nuevo templo el sacerdote encargado le dio un abrazo y un beso en la mejilla. Un sudor frio le resbalaba por el rostro mientras su esposa comenzó a hablar en lenguas. Como era curioso, después de terminar la ceremonia se empeño en buscar en el diccionario las palabras que su mujer dijo. Cuando descifró el mensaje salió corriendo como alma que lleva el diablo hasta la casa de una espiritista.

    ©Edwin Ferrer 07/14/2009

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  218. El desaparecido

    Se levantó de la cama ajena,
    Se vistió a toda prisa,
    se descolgó por una ventana,
    salió corriendo veloz como una gacela
    y nunca más se supo de él.

    ©Edelmiro J. Rodríguez Sosa

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  219. Agradecimiento (Así era Tío)

    Se sentó en la mesa a comer guanimes con bacalao y domplines con
    habichuelas. Cuando terminó de bajar el último “pelao” que le quedaba, preguntó mi abuela.
    ¿Flor, quieres agua?—
    No gracias. Quiero conservar el sabor en la boca.
    — ¿Quieres más?—
    —No quiero más, pero me gusto gracias.
    — Entonces se acostó en la hamaca.

    © Edwin Ferrer 07/14/09

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  220. Las caras asesinas

    Esta es la historia de la niña que salió un día con un cuaderno de dibujo y un lápiz en busca del rostro de la persona que mató a su padre para llevarla a justicia. Al término de su recorrido por pueblos y campos, urbanizaciones y condominios había dibujado tantas caras en aquella libreta que medio siglo después los tribunales aún no alcanzan un veredicto acusatorio porque los semblantes por ella delineados se parecen a todos y a nadie.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  221. Estampas: 47. El gallo

    —Cien al gallo inglés, grito un fanático desde la gradería.
    — Todo lo que tengo al pinto, fue la respuesta del dueño del mismo, tan seguro estaba.
    Comienza la pelea con “tiros bolaos.” Luego picotazos y espuelas clavadas como puñaladas para herir de muerte.
    — ¡Pícalo gallo! gritan los espectadores a coro.
    De pronto, el gallo inglés queda tendido sobre la talanquera herido de muerte, no sin antes incapacitar a su oponente que yace a su lado sangrando.
    Al salir los concurrentes de la gallera, el gallo inglés abre sus ojos tirándole un guiño al pinto.
    Todavía se habla de la bravura de aquellos dos gallos mientras ellos, cada uno en su gallinero, alardean diciendo:
    “Quien pudiera tener la dicha que tiene el gallo…”

    ©María del C. Guzmán

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  222. El herido

    El eco amplificaba el nombre de mi cuerpo achicharrado por la fiebre.

    No sabía si venían a rescatarme o a devorarme.

    ©Sergio A. Rodríguez Sosa

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  223. Billy the Kid

    Dice la leyenda que Billy the Kid era el pistolero más rápido del Oeste. Tanto es así que antes de que sus víctimas pensaran en desenfundar sus revólveres, él les ponía una bala en la cabeza que los hacía desistir de semejante tontería.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  224. Los alegres tres

    El brindis del bohemio es un bello y triste poema.
    Hace muchos años, En el bar de Judy, en las cercanías del malecón, se encontraban Edwin, Sergio y Josué.
    Un hombre misterioso, estaba sentado en una mesa cercana a la vellonera. Cuando hubo un poco de silencio, el hombre con una voz gruesa súbitamente empezó a declamar el poema mencionado.
    Al terminar el poema, el hombre se fue por una puerta, mientras por otra puerta entraba el Rubio de Borinquen.
    Y Rubio dijo — pa eso beben—

    ©Roberto López

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  225. Estampa 36

    De niño me “emperraba” en comer lo que otros comían o simplemente lo que tan deliciosamente presentaban en televisión:
    —Quiero ir a “McDonalds”, gritaba a los cuatro vientos tirando una “pataleta.”
    Mi madre, mirándome de reojo, decía:
    —El que no trabaja, que no coma, y sonriendo me servía guanimes con habichuelas; domplines con bacalao o funche con caldo e’ pesca’o.
    Ayer, al salir de la oficina del médico, este me dijo, mientras me ofrecía cuatro hojas de papel:
    —Aquí tiene usted la dieta que la nutricionista le ha preparado.
    — ¿No cree que sería más económico un listado de alimentos que si puedo comer?
    Le dije y molesto salí del consultorio con todas las intenciones de ir a KFC.
    Entré a “La Llave de Oro” y mientras me servían un “sancocho prieto”, recordé la sonrisa de mi madre.

    ©María del C. Guzmán

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  226. Estampa 35

    — ¿Es eso un paralelismo, mami? Preguntó mi hijo luego de leer uno de mis cuentos.
    —No sé, le dije.
    Ante el asombro y desconcierto reflejados en su mirada, añadí:
    —Estudie todo eso en la universidad luego lo eché al olvido y comencé a escribir.

    ©María del C. Guzmán

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  227. Estampa: 38
    P-38
    No me dolió deshacerme de los uniformes, las botas, las “dog tags” y hasta las medallas.
    Le devolví todo al ejército, el día que regresé a casa después de la Guerra de Vietnam.
    Perdí el “discharge” honorable y tampoco sufrí.

    Hace apenas un año, al pasar por la aduana del aeropuerto Luis Muñoz Marín, me dijo un agente de seguridad:
    —Ese objeto que lleva en el cuello tiene que dejarlo.
    —Por favor, no me lo quite, me ha acompañado por cuarenta años.
    —Lo siento, me dijo un tanto arrogante, puede ser usando en un acto terrorista.
    Con lágrimas en los ojos me desprendí de mi P-38.

    ©María del C. Guzmán

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  228. Arbol sagrado

    El Yagrumo, ofendido le dijo al Sándalo:
    —¡Ahí te los dejo!
    Y se fue al monte a servirle al Cuatro puertorriqueño.

    ©María del C. Guzmán

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  229. American Muscle

    A la entrada de la funeraria El Ultimo Suspiro, dos hombres engabanados, uno maduro y el otro en sus 30, conversan:

    «So, you like American Muscle?»

    «Yea» Contestó el vejentón «Mustang, Camaro, Challenger…»

    «Not me» enfatizó el joven, «I rather die than drive an American car»

    El “Ave María” de Schubert impuso un silencio luctuoso entre ambos que sin mucha dilación ocuparon su lugar al volante de dos Lincoln negros que encabezaron la comitiva fúnebre..

    © Josué Santiago de la Cruz

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  230. Regresión

    A mi madre

    Abrió la puerta y caminó en dirección a la fuente. Bebió de su agua infectada de gusarapos y se acostó sobre una piedra, de cara al sol. Cerró los ojos y cuando los volvió a abrir la noche se los inundó de misterio. Donde antes estuvo la fuente había, ahora, una estructura irreconocible. No reconoció la roca que le sirvió de lecho y por más que miró y buscó no encontró la puerta por donde había salido.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  231. Retorno

    Después de 40 años escondido en La manzana Grande, Harry el
    mago regresó a Salinas. Quiso volver a respirar la brisa del mar y
    se fue a caminar por la boca del rio. Desde la espesura del manglar,
    Simeón lo tenía en la mira, mientras recordaba la efímera
    euforia de su padre, aquel día de navidad, cuando su número
    salió. Segundos más tarde, apretó el gatillo y el Mago
    desapareció, nadie sabe por dónde.

    ©Roberto López

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  232. Estampa 41: Filosofos

    —Descartes, Sócrates, Platón, Aristóteles… ¿acaso no hay una mujer en esta lista de filósofos que vamos a considerar durante el semestre? Dijo la estudiante a su profesor de filosofía.

    —Podemos comenzar por usted, le dijo el profesor seriamente, mirándola a los ojos.

    Desde entonces lo he considerado, inutilmente.

    ©María del C. Guzmán

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  233. La diana
    Marchó de su pueblo muy joven en pos de un futuro mejor. Consigo se llevó su amor al terruño que le vio nacer, sus costumbres sus tradiciones.

    ¡Cómo añoraba regresar para disfrutar de las fiestas patronales de su pueblo! Sobre todo soñaba despertar al son de la diana. Las famosas dianas amenizadas por la banda escolar. ¡Cómo recordaba esa banda interpretando su música en todas las esquinas del pueblo! Por nada del mundo se perdería ese acontecimiento.

    Por fin tuvo la oportunidad de regresar. Esa noche esperaba impacientemente por la diana de sus sueños.
    ¡Al fin logró escuchar la música a lo lejos! Salió a toda prisa para ir tras la banda.

    ¡Qué desilusión más grande! Una camioneta a toda prisa portando gigantescos altoparlantes tocaba ruidosamente la Plena a Salinas.

    © Gloria Dones

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  234. Ironía

    Poco antes de la medianoche le preguntaron si le conocía a lo que él contestó, no una ni dos sino, tres veces que no y cuando el cantó el gallo se convirtió en micrófono.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  235. Destino

    Despues de un dìa de camino, mirò hacia atràs, y al notar todo lo que habìa recorrido, se puso los zapatos al revès.

    ©Maribel Ribera

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  236. Estampa 34

    Un hombre honesto miró a su alrededor y vio al mundo tal cual es.

    Entonces tomó una decisión.

    Le encontraron muerto en su habitación.

    ©María del C. Guzmán

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  237. Thriller

    Le dio un beso y regresó al apartamento donde al cabo de una semana lo hallaron en avanzado estado de descomposición.

    Como la prometida no contestaba ninguna de las llamadas, los familiares del difunto dieron parte a la policía que, luego de lograr acceso al inmueble, se encontraron con una escena similar a la del novio en su departamento.

    Medicina Forense determinó que ambos habían muerto el mismo día y por la misma causal: estrangulamiento.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  238. El transformista

    Cansado de escribir libros que nada más los intelectuales entendían, mandó al carajo a los editores y comenzó a frecuentar las calles, donde encontró una mayor audiencia.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  239. ¡No despelleje!

    Se encontraba Kaminero caminando por las calles de Irak, cuando le pareció escuchar un “¡Guau, Guau!” familiar, parecido al del chingus callejerus maleconensis, y aguzó el oído.

    «¡Pamplinas!», gritó para sus adentros, «¿Dos semanas atrás me perseguía un tostón y ahora escucho el ladrido de un chingo salinense? Forget about it, Dawg. I aint fallin´ into that.»

    De pronto vio un sabueso iraquí saliendo de unos escombros con una mirada de miedo que daba pena. Traía un guavarucho en la frente, como si Ricky Ledée le hubiese metido un batazo, e imaginó que aquella era la marca de fábrica de los perros musulmanes, porque todos exhibían la misma llaga.

    Como quería averiguar de dónde venía aquel tufito a morcilla que lo levantó de la litera, como solía hacer aquel gallo búlico andariego que unas veces amanecía en Borinquen y otras Caño Verde o Sierra Brava, siguió su camino olfateando el olorcito que le tenía la boca echa un lapachero. Pero volvió a oír el guau, guau majadero, ahora procedente de una tienda de chulerías.

    «What the fu…», pero no acabó la oración porque unos empis se metieron, a la cañona, en el local y empezaron a salir perras flacas de los lugares más inimaginables y al poco rato salieron con un satus de la especie pervertís animalatus portoricensis del Tercer Milenio, agarrao por el jocico.

    Antes de que Kaminero dijera lo que pensó decir, éste le gritó, como pudo

    «¡No despelleje el bacalatus!»

    © Josué Santiago de la Cruz

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  240. Juramento

    Tras 20 años de presidio, donde fue sometido a inconfesables torturas, el escritor juró que jamás volvería a escribir un artículo incendiario. Después se dirigió al lavatorio, acompañado por una mujer que le bajó la cremallera, como quien monda un guineo.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  241. La mujer del marido de mi hija

    Al marido de mi madre que murió rodeado por los hijos de la mujer del hijo de su padre y al marido de mi mujer.

    A la mujer del marido de mi hija le nacieron cuatro hijos y una niña y ahora acabo de descubrir, porque me lo confesó la hermana de la mujer del hijo de mi mamá, que no son mis nietos los hijos de mi hija y su marido.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  242. El cuentista Kilométrico

    Se pasó las mil y una noche escribiendo cuentos en Arabia. Antes de llegar a la plaza de los cuenteros a presentarlos tuvo que meterlos en un baúl de tan largos y muchos que eran. Al leer “el dinosaurio” de Monterroso se montó en la alfombra y salió volando.

    Edwin Ferrer 06/23/2009

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  243. Estampas 21: Mujer

    Despreocupada, el atardecer la tomó por sorpresa. Meciéndose en la hamaca, con una sonrisa a flor de labios, se quedó dormida. Despidió el ayer, esperando el mañana.

    ©María del C. Guzmán

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  244. Feliz Día del Padre

    Le pareció haber escuchado un alboroto proveniente del coral donde estaba el gallo que el marido trajo del pueblo, horas antes, para que pisara las gallinas y pensó que quizá extrañaba gallinero, por ser aquella su primera noche en el campo.

    La ciudad malacostumbra, hasta a los animales, pensó, y volteó el cuerpo para buscar el sueño, antes de que los ladridos del perro se lo impidieran.

    Cuando apenas comenzaba a sentir el delicioso peso de la modorra sobre sus ojos, oyó el ladrido y sintió que se abría la puerta. Miro el reloj y sin fuerzas, dijo:

    «Feliz Día de los Padre»

    ©Josué Santiago de la Cruz

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  245. El agrio sabor de la manzana

    A la Prof. Carmen Amaralis Vega

    Lo colocó de espaldas al manzano y le dijo:

    — Arranca una y te la llevas a la cabeza.

    A Guillermito no le gustaban las manzanas, por lo que tomó una
    pequeña.

    Como traía los ojos vendados, no se percató de la expresión del
    padre al ver que apenas sobresalía de su abultada cabellera.

    — Si aciertas les perdono la vida —dijo el Rey, dándole un
    mordisco a la enorme fruta que había seleccionado para la ocasión.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  246. El religioso

    Apagó la tele y se fue a dormir. Pero no sin antes hacer sus oraciones:

    «Padre Celestial y Divino Maestro, Bendice a los desvalidos. Sana a los enfermos. Dale de comer a los que padecen hambre. A los que sufren persecusión a causa de tu nombre, derrama sobre ellos Tu fortaleza…»

    Luego se acostó, satisfecho de haber cunmplido con lo que exige la Iglesia y los ministros.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  247. La última Retreta.

    En un esfuerzo de recuperar la tradición y el patrimonio cultural de nuestro pueblo, la banda municipal y el municipio de Salinas invitaron al pueblo a un concierto al aire libre en la plaza pública. Don Carí, con un gabán color ladrillo y zapatos blancos, fue el único que se vistió para la ocasión. La banda lo deleitó con danzas y pasodobles. Y el eco de un solo aplauso resonó. Uno solo, porque él, fue el único que acudió.

    ©Roberto López

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  248. La Escolta

    Entro en la corte arrancándose el pelo y con los pantalones del uniforme color azul añil mojados, después de haber sido escoltado desde la correccional del oso blanco hasta la corte.

    Su mejor amigo, Pancho Pistolas le susurró al oído:

    —Psss, psss. Hazte el loco, hazte el loco.—

    En el periódico se diseminaron las noticias: “Esperan evaluación siquiátrica de acusado de triple crimen. Una evaluación siquiátrica será clave para resolver si Paco Pepe, alias Gatillo, será procesado por un suceso ocurrido el 20 de enero, en Tribeca, así como por el triple asesinato que se produjo recientemente en el barrio Vulturas”.

    Antes de empezar la vista judicial entró un panel de siquiatras calvos descamisados y un juez parecido a un Búho.

    ©Edwin Ferrer 5/27/2009

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  249. Entre amores confusos

    El sacerdote ofició misa:
    «Un nuevo Mandamiento os traigo», dijo, «Amaos los unos a los otros…»
    Cuando hubo terminado el ceremonial, colgó la sotana en el perchero y tiró el abrigo del sacristán al cesto de la basura.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  250. Crisis

    Los desempleados se reunieron en el mismo centro de la plaza para orar sus preces por la crisis económica.

    ¡El Padre Nuestro! gritaba Juan, el Ave María decía Crucita, ¡arrodillémonos¡ Vociferó Pedro.

    Todos cerraron los ojos y levantaron sus manos. ¡No busquen trabajo, invéntenlo! Exclamó Judas desde la alcaldía.

    Edwin Ferrer 2/10/2009

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  251. El Rescate / Maribel Rivera

    (A mi padre, QEPD)

    En las noches, aquel pasto daba miedo.
    Era como mirar a un vacio negro. Allí
    pastaban las vacas lecheras blancas y
    negras. Una noche, la familia se reunió
    en el patio y la niña se sentó en la piedra
    al frente de la parcela, a contar estrellas.

    Paaappiiiiiii! Grito despavorida.

    ¿Qué te pasa nena?

    ¡Paaappiiiiii! Búscame, hay un fantasma en el aire!

    ¿Qué le pasó a la nena?

    Se acaba de dar el susto de la vaca.

    ©Maribel Rivera

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  252. Dulces sueños

    Cuando nos acostamos ella me comentó al oído:

    —Ya vez, cariño, como tus sueños no siempre se concretizan.

    Yo no le contesté y ella, con el sarcasmo que siempre le caracterizó, rió y cerró los ojos.

    —Dulces sueños, querida —le dije. Pero ya se había dormido.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  253. Caballerosamente

    A Roli (el sepulturero)

    Conocía todos los rincones del último aposento.
    En sus manos, las incontables huellas por las veces que sirvieron a los que partieron. Y en su andar, al paso encontraba las moradas. Era un deber, un honor, saberse custodio.

    Guardó el mismo respeto al confinarse allí.

    ©Maribel Rivera Rivera, 2009

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  254. Compay

    A los dos les gustaba bailar en el Bocamar, la Guagüita, y la Concha. En varias ocasiones bailaron con José Luis Monero, Cesar Concepción y Pablo Elvira. El siempre le decía – Si yo muero antes no me guardes luto, cuando me muera, quiero que la gente vean realmente como tú eres.

    El tiempo pasó y el contrajo una enfermedad que acabó con su vida rápidamente. Lo que es prometido es deuda. El día del entierro detrás del ataúd ella bailaba Guaguancó con Eustaquio. Su mejor amigo.

    ©Edwin Ferrer 5/16/2009

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  255. El cuadrangular

    A los peloteros novatos

    Luego de batear el cuadrangular, sonrió. Mentalmente le añadió un cero a su salario. Soltó el bate y con ritmo acompasado, corrió las bases hasta el home.

    © Sergio A. Rodríguez Sosa

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  256. Catarsismo

    En homenaje al microrrelato Catarsis de Josué Santiago de la Cruz

    El Sumo Creador, apagó el computador luego de leer un relato titulado Catarsis que inexplicablemente apareció en su pantalla.
    Antes, releyó varias veces la última oración del relato:
    “Horas más tarde encontraron al afamado novelista tumbado en el piso de su estudio con una mueca de terror que le desfiguró el rostro.”
    La escena aguijonaba su omnipotencia.
    El semblante del Sumo Creador se tornó severo al advertir que de las nubes colgaban miles de fotos del novelista con su rostro. Mientras, del mundo de papel, escapaban sus personajes riendo a carcajadas.
    Entonces dijo por lo bajo,
    -Este Satanás se las trae.

    ©srs, 2009

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  257. El confinado

    Programó su vida para vivirla en la sombra de la penumbra de los sueños de nadie. Su primera presa fue una tórtola que se alimentaba cerca del rio dejándola sin cabeza. La segunda fue el gato de doña Panchita que achocó de un peñonaso en la sien. La tercera fue dentro de la regional de Bayamón… Aquella cucaracha no lo dejaba dormir.

    ©Edwin Ferrer, 2009

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  258. Hollywood

    El hombrecito verde se entretuvo mirando el televisor y luego regresó a la nave.
    —¿Está bien todo? —preguntó el comandante.
    —Totalmente —contestó él en los momentos en que desenfundaba el arma de rayos láser con la que le abrió un agujero en la frente.

    .
    © Josué Santiago de la Cruz

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  259. Colón

    Desde que hubo parado el huevo sobre la mesa, para explicar lo conveniente de ir hacia occidente ante la mirada azorada de la reina, las cabezas de las gentes de ambos continentes cobraban en su imaginación una rara estructura ovoide.

    Más adelante desde el Paraíso, al que arribara con mil dispensas papales, logró descubrir que era: “una pelota de fútbol”.

    © Gloria Gayoso

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  260. Inoculación

    A Pablo Cola

    Para el séptimo día ya había terminado todo lo que se propuso por lo que decidió tomar un descanso.
    Buscó un rinconcito y allí se echó a dormir…
    No se sabe cuánto tiempo estuvo en reposo. Pero sí que lo despertó un fuerte olor a manzana podrida.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  261. Cabeza de Vaca

    A Bulanche

    Cuando regresó a la costa, sólo alcanzó a ver las naves adentrándose más y más en el inmenso mar.

    Lloró por días su desventura.

    Quiso clamar al cielo. Pero recordó que aquellos lugares aún no habían sido descubiertos.

    © Josué Santiago de la Cruz

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  262. Sergio, me parece una idea sin limites esto del Tendedero de Microrrelatos. Primero, porque nos ofrece la oportunidad de expresarnos ampliamente en este menester sin temor a errar. Eso, porque sabemos que los comentarios sobre lo que presentemos, seran la fuente inspirativa para mejorar nuestro hacer. Especialmente para aquellos que no hemos tenido la preparacion necesaria para cultivar esta rama literarea. Segundo, ademas de aportar al desarrollo de la literatura salinense, da pie, al descubrimiento de talentos escondidos. Tercero y mas… nos invita a un viaje sin fin hacia lo creable. Cracias.

    Maribel

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  263. Confusión

    Doña Heroína machacaba la hierba para el guiso, cuando escuchó toques en la puerta y la voz de un mentecato que llamaba:
    — !Doña Mariguanaaaaaaaaa…!

    ©srs, 2009

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  264. Te felicito Sergio por tan valiosa iniciativa. Abres hoy una ventana al mundo, creas una plataforma, levantas un escenario para que la literatura mínima se exprese a sus anchas y sus cultivadores afinen su puntería.
    La microficción está tomando auge en el mundo porque es la literatura del futuro y al facilitar su dufusión te proyectas hacia el futuro.
    Josué

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  265. Invasión 1898

    Cuando se enteró del bombardeo a San Juan, escondió la Pecosa y decidió asistir al Te Deum

    ©SRS, 2009

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  266. Balbuceando

    Brindando se escapó la esencia.
    El discurso tomó otro rumbo…
    Todos entendieron.

    ©Maribel Rivera Rivera, 2009

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