La práctica de la solidaridad según la doctrina social cristiana

por Carlos Pérez Morales

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (CDSI), ofrece un cuadro de conjunto de las líneas fundamentales del “corpus” doctrinal de la enseñanza social de la iglesia.

De acuerdo a la Doctrina Social de la Iglesia el principio de la solidaridad emana del conjunto de aspectos que relacionan o unen a las personas, la colaboración y ayuda mutua que ese conjunto de relaciones promueve y alienta.

Es una colaboración, interacción y servicio partiendo de los valores evangélicos y contribuye al crecimiento, progreso y desarrollo de todos los seres humanos.

La solidaridad tiene vínculos como el destino universal de los bienes, el bien común, la igualdad en la fraternidad de todos los hombres.  La solidaridad no se debe confundir con la filantropía por la cual se entregan dádivas a otros congéneres. La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una mirada cada vez más convencida.(Contreras, 2017).

Mediante el ejercicio de la solidaridad todos somos responsables de cada uno. La Iglesia camina junto a toda la humanidad por los senderos de la historia. Vive en el mundo y sin ser del mundo (cf. Jn 17,14-16), está llamada a servirlo siguiendo su propia e íntima vocación. (CDSI)

“La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida.”

La vertiginosa multiplicación de las vías y de los medios de comunicación en tiempo real, como las telecomunicaciones, los extraordinarios progresos de la informática, el aumento de los intercambios comerciales y de las informaciones, son testimonio de que por primera vez desde el inicio de la historia de la humanidad ahora es posible, al menos técnicamente, establecer relaciones aun entre “personas lejanas o desconocidas.”

El mensaje de la doctrina social acerca de la solidaridad pone en evidencia el hecho de que existen vínculos estrechos entre solidaridad y bien común, solidaridad y destino universal de los bienes, solidaridad e igualdad entre los hombres y los pueblos, solidaridad y paz en el mundo. El término  solidaridad, ampliamente empleado por el Magisterio, expresa en una síntesis la exigencia de reconocer en el conjunto de los vínculos que unen a los hombres y a los grupos sociales entre sí, el espacio ofrecido a la libertad humana para ocuparse del crecimiento común, compartido por todos.

El compromiso en esta dirección se traduce en la aportación positiva que nunca debe faltar a la causa común, en la búsqueda de los puntos de posible entendimiento incluso allí donde prevalece una lógica de separación y fragmentación, en la disposición para gastarse por el bien del otro, superando cualquier forma de individualismo y particularismo.

Hagamos pues de la solidaridad, un principio rector de nuestras vidas.

¿Qué pasaría…? / José Manuel Solá

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¿Qué pasaría?
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¿Qué pasaría si dejásemos de odiarnos?
Si por sólo una hora o un minuto acaso
mirásemos al otro hasta el fin de sus ojos….
Si abriésemos el pecho con intención de abrazo,
si tendiésemos la mano dando de nuestro pan,
dando de la alegría tibia, horneada en el alma…
¿Qué pasaría si camino a tu lado
y comparto mi lámpara?
Si cantásemos juntos hasta que la primavera
florezca en los poemas, en el canto…
Si nos sentamos frente a la misma hoguera
o si por un momento me llamases hermano,
si bendecimos juntos la lluvia
y a los niños que juegan la danza de los pájaros…
Te pregunto, dime, ¿qué pasaría
si abrimos las escuelas, las ventanas
y los amaneceres de los sábados?
Si yo seco las lágrimas de tu fiel enemigo
y le ofrezco mi agua y camino
junto a sus pies descalzos…
¿Qué pasaría, digo, si prohibimos las guerras,
-todas las guerras, digo-
si prohibimos los odios, las venganzas
y los cuartos oscuros y cerrados?
¿Qué pasaría si por solo un instante
comenzamos a amarnos?

(c) josé manuel solá, 16 de julio de 2014

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Salmo 13 y la madurez espiritual de Nelson Mandela

Salmo 13

 

¿Hasta cuándo, Dios, seguirás olvidándome? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?
¿Hasta cuándo sentiré angustia en mi alma y tristeza en mi corazón, día tras día?
¿Hasta cuándo mi enemigo triunfará a costa mía?
Dios mío, mírame y respóndeme!
Ilumina mis ojos para que no me duerma con los muertos,
y no diga mi enemigo que acabó conmigo,
ni mis adversarios se alegren al verme vacilar.
En cuanto a mí, confío en tu bondad;
conoceré la alegría de tu salvación
y cantaré al Dios que me ha tratado bien.

 

Los salmos bíblicos son ejemplos del egocentrismo que domina el contenido de las plegarias humanos a la divinidad.  El individualismo y el egoísmo de las súplicas cobra máxima expresión en el Salmo 13, que como indica el texto que presentamos a continuación ejemplariza un estado de pubertad espiritual. Por eso el autor, conocedor de la condición humana,  lo acoge como “…uno de  los salmos más humanos y que más se parece a nosotros”.

Pero el contraste esta planteado en el texto de Caraballo López en la figura del inmortal Nelson Mandela, que siguiendo las enseñanzas de Jesús,  hace de la hermandad y la solidaridad practica de vida.  La madurez espiritual implica, no solo reconocer los misterios de la voluntad divina, sino también la responsabilidad de los seres humanos frente a sus actos y aspiraciones.

Salmo 13: La “pubertad” espiritual

Por Samuel Caraballo López

De las lecturas para el 29 de junio de 2014, tercer domingo después de Pentecostés, seleccioné para la meditación el Salmo 13, un salmo espectacular porque tiene unas impresionantes características que quiero compartir contigo. Este salmo es corto, repetitivo, irracional, de mal humor, el salmista anda por la luna, suplicante, “corta vena”, desgarrador y perfecto. De hecho parece como si lo hubiese escrito un adolescente en medio de su crisis de la edad.

Cuando leo este salmo me rio, lloro, “pataleteo” y me lleno de esperanza. Así que no lo leas en voz alta, porque pensarán que estás neurótico. Sin embargo, para mí es posiblemente uno de los salmos más humanos y que más se parece a nosotros.

Nelson Mandela en su autobiografía escribe sobre una experiencia que lo marcó en su lucha, y que yo deseo compartir contigo como una cita directa:

Aquella misma noche tuve una reunión con algunos ministros de la Iglesia que trabajaban en los “townships” de africanos de Ciudad de El Cabo. Menciono esto porque la oración con la que uno de ellos abrió el encuentro permanece en mi memoria y se convirtió en una fuente de energía en un momento difícil. En primer lugar agradeció al Señor Sus dones y Su bondad, Su misericordia y Su preocupación por todos los hombres. Más adelante, se tomó la libertad de recordarle al Señor que algunos de Sus súbditos estaban más sojuzgados que otros, y que en ocasiones daba la impresión de que El no les prestaba atención. Pasó a decir, a continuación, que si el Señor no mostraba un poco más de iniciativa para dirigir al hombre negro hacia la salvación, el hombre negro tendría que hacerse cargo él mismo de la empresa. ¡Amén!

(Tomado de la autobiografía de Nelson Mandela, El largo camino hacia la libertad, 2013, pág. 275).

Este relato de Mandela nos habla de cómo se sentían algunos creyentes en medio de la situación desesperada de Sur África en medio de la opresión del Apartheid. Era tal la persecución y la injusticia que se cuestiona la manifestación explícita de la justicia divina. Sin embargo, la historia de Mandela nos demuestra que aunque pareció tardar la justicia que reclamaba la mayoría de la comunidad negra, esta llegó. “Aunque parezca tardar, espérala; porque sin falta vendrá” (Habacuc 2: 3)

El salmista expresa cuatro preguntas, que también son las nuestras: ¿Hasta cuándo me estarás ignorando? ¿Hasta cuándo te esconderás de mí? ¿Hasta cuándo permitirás que esté angustiado y sin respuestas? ¿Hasta cuándo el enemigo me estará oprimiendo? ¿Quién de nosotros en nuestra “pubertad” espiritual no hemos cuestionado a Dios sobre estos asuntos? ¿Cuánto de nosotros nos molestamos y deprimimos con Dios porque no responde a nuestras “pataletas”? Es por esto que este salmo es maravilloso porque es un espejo para nosotros.

Pero eso no se queda ahí, el salmista hace una petición extraordinaria…mírame, respóndeme; ilumina mis ojos (verso 3). Esta última petición me fascina…el salmista solicita que Dios le permita entender lo que está pasando; que él pueda entender la realidad y ver el actuar de Dios, más allá de sus propios prejuicios.

Un cántico que se ha hecho ya parte del culto cristiano expresa de manera dramática lo que el salmista está pidiendo: “Abre mis ojos, Señor, los ojos de mi corazón…Yo quiero verte.” Solo cuando el Señor ilumina nuestros ojos, podemos entender la realidad tal cuál es.

Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación. ¡El Señor ha sido bueno conmigo! (Verso -5-6).

Nuestra petición en medio del “desasosiego” que nos provoca nuestra realidad, es “ilumina mis ojos Señor” para entender lo que realmente está pasando. Muchas bendiciones.

© Samuel Caraballo López

Necesidad del Ubuntu Africano en Nosotros

Un antropólogo propuso un juego a los niños de un pueblo africano. Puso una canasta llena de frutas al pie de un árbol y les dijo que aquel que llegara primero ganaría todas las frutas.

Cuando dio la señal para que corrieran, todos los niños se tomaron de las manos y corrieron juntos, después se sentaron juntos a disfrutar del premio.

Cuando les preguntó por qué habían corrido así, si uno solo podía ganar, le respondieron: UBUNTU ¿Cómo uno de nosotros podría estar feliz si todos los demás están tristes?

UBUNTU, en la cultura Xhosa significa: “Yo soy porque nosotros somos”.

Dice el sacerdote misionero franciscano argentino, padre Jorge Bender en su libro “Africa no me necesita: Yo necesito de Africa!”… (pág. 64) :

UBUNTU es un concepto que proviene del zulú y xhosa, dos idiomas africanos.

Ubuntu es visto como un concepto africano tradicional.

Si lo queremos traducir a nuestra lengua podríamos decir:

“Humanidad hacia otros”; “Soy porque Ustedes son”: “Una persona se hace humana a través de las otras personas”; “Una persona es persona en razón de las otras personas”.

Esta es una definición más larga y exacta: “Una persona con Ubuntu es abierta y está disponible para los demás, respalda a los demás, no se siente amenazada cuando otros son capaces y son buenos en algo, porque está segura de sí misma ya que sabe que pertenece a una “gran totalidad”, que se decrece cuando otras personas son humilladas o menospreciadas, cuando otros son torturados u oprimidos”, expresada por el arzobispo africano Desmond Tutu.

Hay un dicho popular: “Umuntu, nigumuntu, nagamuntu” que en zulú significa, “una persona es una persona a causa de los demás”.

En síntesis, el Ubuntu es un ser social. Y no es sino en relación a los demás. Ojalá que nos contagiemos un poco de este concepto de la ética africana y de este modo de pensar para superar el galopante individualismo en que vivimos.

Ojalá!

Tomado de: Bombelli-Mandala