Humanos como somos

por José Manuel Solá

Tal vez un poco tarde comprendemos que somos parte de todo, que cada célula, cada átomo que compone nuestro cuerpo existió desde el principio de los tiempos, desde la alborada primigenia del universo y que, por tanto, somos hijos y hermanos de las estrellas más lejanas. Repito, es algo que acaso comprendemos tal vez un poco tarde, pues aparentemente nacemos sin conciencia de ello.humanos

Así, humanos como somos, nos sentimos separados y actuamos y vivimos en consecuencia. Por las razones que sea rechazamos a quien no se nos parece y aún a quien es nuestro igual así en la tierra como en los cielos. Crecemos odiando, despreciando o ignorando nuestra unidad cósmica, es decir, nuestra identidad como partes del absoluto. A veces creemos que el prójimo no merece nuestra atención, que somos mejores, superiores, al otro; que sus defectos y errores no son los nuestros…

Por eso tropezamos, caemos, a duras penas nos levantamos y seguimos el camino de nuestra soledad, de nuestra individualidad, precariamente. Y cuando damos un paso seguro creemos que hemos alcanzado el Triunfo, la Verdad, la culminación de nuestro destino o de nuestros ideales… Solo para volver a tropezar, para volver a caer y seguir aferrados a nuestras locas ilusiones. Tal vez un poco tarde comprendemos esas verdades. Que nada nos separa, que somos nosotros mismos quienes viviendo el engaño de nuestra limitada percepción nos apartamos, nos separamos, huimos, nos escondemos de esa verdad que aún no comprendemos. Repito: tal vez un poco tarde. Tal vez.

A veces he pensado –no voy a negar esto- que he perdido amigos y cuando así creo el alma se me llena de lágrimas, pues duele, humanos como somos… por supuesto que duele. Pero luego comprendo que nada se pierde, que cada cual anda en búsqueda de la verdad, que cada uno camina intentando, a duras penas, encontrar una explicación a todo. Entonces, no hay que reprochar ni pensar que esas distancias son injustas o injustificadas. Solo hay que comprender que son etapas en el crecimiento de cada cual y que aunque estamos conformados por el mismo polvo de estrellas, cada uno avanza con pasos diferentes, unos más rápidos, otros con mayor lentitud. Pero un día –que aún no podemos vislumbrar- nos encontraremos en el mismo horizonte.

Nos sentimos felices cuando observamos un atardecer hermoso y sentimos cierta pesadumbre cuando ese crepúsculo es sustituido por la noche. ¡Pero ahí, en medio de la noche, están todas las estrellas! Siempre estuvieron. Luego, no hay que sentir congoja alguna; sabemos que el día volverá, que habrá un nuevo amanecer, una nueva luz.

¿Debo sentirme solo, abandonado, rechazado, dejado de lado por los amigos? Claro que no. Tan sólo necesito comprender. Saber que, realmente, yo nunca estuve solo. Así sea.  

 

José Manuel Solá

23 de diciembre de 2012

¿Quién soy? / María del Carmen Guzmán

Sé que existo,

aunque existir en la cárcel de mi cuerpo

no quisiera.

Sé que soy,

aunque el ser duele en gran manera.

Miro a la gente y me pregunto:

¿Hacia dónde vamos?

Vivo,

pero vivo  sin rumbo fijo

sin la esperanza de otrora.

Caminando cabizbaja

perdida en mi interior,

lejos del amado.

Sé que soy

porque si no,

no sentiría la dejadez y el desgano

de existir por existir,

de ser sin ser yo misma.

©María del Carmen Guzmán

El lienzo / Marinín Torregrosa Sánchez

No he nacido y ya me marcas con colores. Etiquetas mi existencia sin conocer de qué material me han fabricado, ni conoces mi procedencia. No tengo ideas, solo formas y un cuerpo que voy descubriendo sus reacciones de a poquito.

Soy como un lienzo en blanco donde tú pintaras el azul o rosa según mi sexo y condicionaras mi vida sin saber el color que llevo dentro. Vengo sin nombre y vacío, a llenarme del vino que hay en tu bodega de sueños añejos. Déjame ser quien dibuje mi vida, déjame seleccionar los accesorios de mi rutina. Me siento flor, me siento luz, me siento fuerza que mueve el eje de un mundo en cambio constante y a pasos gigantes. Me siento voz con eco en cuevas donde otros esconden sus miedos.

Enséñame  la honestidad, a elegir el compás de la música nunca en el destierro, sino luchar de frente y libre bajo tu cielo.  Ámame hasta en la decepción y recuerda al final de mi existencia que fui yo quien eligió ser pintura nudista en la iglesia del pueblo.

© Marinín Torregrosa Sánchez

24 Febrero 2010