Buscando remediar una catástrofe deportiva

Las pequeñas ligas de Salinas poseen un historial glorioso como programa de formación y recreación juvenil. Durante su historia no solo han obteniendo varios campeonatos y subcampeonatos nacionales sino que han dotado a las ligas intermedias y mayores locales e internacionales de peloteros de gran calibre.

Las pequeñas ligas de Salinas, que son fundamentales para la formación de atletas y para el desarrollo del béisbol puertorriqueño, están enfrentando una situación que puede catalogarse de catástrofe deportiva.  Desastre innecesario causado por la falta de apoyo oficial, la desarticulación del trabajo realizado por los líderes recreativos municipales, los escollos a los voluntarios, el incumplimiento con las organizaciones de pequeñas ligas y el abandono de las instalaciones físicas. Por esa y otras razones este año no habrán torneos infantiles  y juveniles en Salinas.

La nueva alcaldesa de Salinas, Karilyn Bonilla, lamentó la situación y se comprometió públicamente a restablecer las pequeñas ligas de Salinas. Reconociendo la importancia del deporte en la formación de la juventud  expreso que no hay excusas para no revertir esta situación porque en Salinas existen los talentos, se cuenta con el apoyo de los padres y el municipio está dispuesto a cumplir con su parte.

Igualmente lamentó esta situación el estelar pelotero salinense Roberto Alomar: “es triste porque yo me hice aquí. Aquí yo jugué, y yo sé que tengo un compromiso con ellos. Sé que esto se va a arreglar y espero que para finales de este año ya tengamos equipos aquí en Pequeñas Ligas”. Las expresiones de Alomar ocurrieron durante una clínica de beisbol celebrada en el Parque Manuel González de Salinas que fue auspiciada por los Azulejos de Toronto y en la que participaron otros expeloteros boricuas.

El siguiente video de starprospectspr es una muestra de lo ocurrido durante la actividad deportiva.

Simplemente el mejor / Jossie Alvarado

Cuando un escucha del béisbol de Grandes Ligas buscaba un segunda base, este tenía que tener buen fildeo, buen pivote, un buen corrido de las bases, un brazo adecuado, un sólido bate y algo de poder, casi en ese orden.

La estatura no era algo primordial, y menos el alcance. La mayoría estaban entre los 5 pies 9 pulgadas o quizás hasta los 5 pies y 11 pulgadas de estatura.

Cuando Roberto Alomar llegó a las ligas mayores en el 1988 a la edad de 20 años, Ryne Sandberg, Steve Sax, Juan Samuel, Harold Reynolds, Julio Franco, Ron Gant, José Lind y Jose ‘Cheíto’ Oquendo, entre otros, dominaban la posición.

Sandberg tenía el guante y el poder, Sax la velocidad y el promedio de bateo. Samuel tenía poder y velocidad, Reynolds un buen guante y alcance, y Franco y Gant el bate puro con fuerza. Chico Lind manos seguras, alcance y brazo, y Oquendo quizás las manos más seguras de todos.

Todo esto constaba, hasta que llego Roberto Alomar. El ahora miembro del Salón de la Fama del béisbol combinó bateo, defensa, alcance, manos rápidas, brazo, rapidez y seguridad en todos los aspectos del juego.

Pero el menor de los Alomar Velázquez poseía algo que no todos tenían. Sus genes, un regalo de Dios complementado con lo que muchos llaman intangibles: instinto, dedicación, habilidad, confianza, voluntad, deseo, pasión, todo esto lo llevaron al nivel más alto que pueda alcanzar un atleta, ser una súperestrella.

Los que hemos seguido su carrera en Salinas disfrutamos sus espectaculares jugadas: el toque de bola que ejecutaba a la perfección, los engarces detrás de la almohadilla de segunda deteniendo al corredor que intentaba anotar desde segunda.

Los dos o tres pasos para tomar impulso y saltar en el aire poniendo fuera al corredor en primera, el deslizamiento en abanico en el plato, en tercera base, y otras tantas más, las realizaba desde que era un niño en los parques de Salinas, Santa Isabel, Guayama y Ponce.

Nada nos sorprende cuando se trata de una atrapada detrás de la primera base en un juego de Serie Mundial, o una doble jugada junto a Omar Vízquel entregándole la pelota con la punta de sus zapatos.

Deslizándose de cabeza en la primera baseen una batazo en el cuadro, o ejecutando un relevo perfecto al plato recibido por su hermano Santitos con los Indios de Cleveland para dejar sin aire al corredor que trataba de anotar desde la intermedia.

Y con el madero también dejó su huella en el deporte.

Aquel batazo que cambio el rumbo de la Serie de Campeonato de Liga Americana frente al mejor taponero de esa época, Dennis Eckersley, un domingo de octubre de 1992 en la tarde.

El juego lo dominaban los Atléticos de Oakland 6-1 hasta la octava entrada, cuando Toronto reaccionó y puso el marcador 6-4. Eckersley entró a relevar en la alta de la octava, frenando la ofensiva de los Azulejos, y al dar el tercer out apuntó hacia el dugout de Toronto. El gesto en nada le gusto a los jugadores de Toronto.

Eckersley venía de tener una temporada de ensueño (ganó los premios Cy Young y el JMV de la Liga Americana), y el récord de los Atléticos cuando entraban a la novena entrada con la delantera era de 81-
1. En fin, el ‘closer’ más imponente de su era y uno de los mejores de todos los tiempos. Su elección al Salón de la Fama en el 2003 así lo indica.

En la parte alta de la novena entrada, con corredor en tercera base y en conteo de 2-2, Alomar conectó el batazo más grande en la historia de la franquicia de Toronto (hasta ese momento), empatando el juego 6-6. Los Azulejos ganaron el partido 7-6 en la entrada número 11, colocando la serie 3-1 a su favor rumbo a ganar la contienda y eventualmente la primera de sus dos series mundiales consecutivas.

Con un talento especial, y una manera única de expresarlo, es que se produce la chispa que crea el éxito. Eso es Roberto Alomar para el béisbol, un pelotero exitoso.

Fue único en su clase. Reinventó por completo como se jugaba la segunda base. Con su llegada los parámetros dejaron de ser los mismos, sellado su estilo en la posición y en la historia del deporte.

Simplemente hacía y tenía de todo en su arsenal como pelotero. Velocidad en las bases; saber interpretar el lenguaje corporal y los movimientos de los lanzadores; alcance para ambos manos; fildear pelotas en los predios del bosque derecho y central; presentar poder cuando la situación lo merecía.

Batear detrás del corredor; ser selectivo hasta conseguir la base por bolas; tomar el primer paso para sacar de out a corredores rápidos; anticipar las jugadas… en fin un verdadero genio del béisbol.

Cuando se habla de la segunda base en las Grandes Ligas hay que hablar antes y después de Alomar.

El salinense ahora se encuentra en el Salón de los Inmortales en Cooperstown, y allí será honrado por su pasión, amor, respeto, dedicación, entrega y por encima de todo, ser el segunda base más completo que ha dado la historia del béisbol de Grandes Ligas. El mejor segunda base.

©Jossie Alvarado

Mi homenaje a Roberto Alomar / Marinín Torregrosa Sánchez

En las entrañas del hogar

dedicación, disciplina y respeto

fueron las bases

para desarrollar su talento.

La familia Alomar en su seno

fue escuela de ejemplo

testimonio,

fuera y dentro del terreno.

El triunfo pregona cada esquina

recibiendo a su hijo Salinas

color e ideal unidos

con orgullo dan la bienvenida.

Hoy mi pueblo celebra y engalana

Desde su cuna del mojo isleño

Roberto llegó al Salón de la Fama.

 Marinín Torregrosa Sánchez

13 de enero de 2011.

Comentando fotografías: Pequeñas Ligas y Roberto Alomar

Cargando la grandeza de la gente buena de esta tierra borincana  llegó a Salinas el ídolo del beisbol puertorriqueño Roberto Alomar Velázquez.  No solo él se emocionó al pisar de nuevo la tierra donde se crió, sino que junto a él todo el pueblo de la comarca del Abeyno.

Porque Roberto respeta la memoria y recuerda sus años juveniles en las pequeñas ligas con agradecimiento a sus mentores presentamos esta hermosa foto.  Se trata de un equipo de Pequeñas Ligas donde participó. Con la S de Salinas y con Julio César Romero como patrocinador del Club Isoyno, esta foto proporcionada por Ruddyto Rodríguez, queda inmortalizada en la historia del beisbol mundial.  Figuran en la foto 14 niños, incluyendo a Robertito Alomar, es justo pedir que nuestro lectores identifiquen a los integrantes de este inovidable equipo de pequeñas ligas.

Una anécdota en torno a Robertito Alomar / Dante A. Rodríguez Sosa

Hace muchísimos lustros, le compré como regalo de los Reyes, una preciosa motora a mi hijo Dantito. La usó por varios meses. Un día se me apareció Dantito en compañía de Robertito y su padre Santos. Para mi asombro y sorpresa, Dantito me comunicó que había decidido venderle la motora a Robertito, quien le había manifestado su ilusión por tener una motora como aquella, pero que no la habían podido conseguir en ningún sitio. Ha sido uno de los actos de desprendimiento que más he valorado para apreciar la calidad de ser humano que revela y acredita a mi hijo.

Dantito me había trabajado el cerebro por largo tiempo para que yo accediera a su pedido y ahora, de la manera más sencilla, se desprendía de su apreciadísimo presente.

Dialogué con Santos sobre el asunto, pues me preocupaba, ya que conocía de las excepcionales habilidades que como jugador ya demostraba Robertito. Les hice las advertencias de rigor a Robertito y a Santos y le eché la bendición. Cuando se fueron, le pregunté a Dantito qué quería hacer con el dinero de la venta. Entonces me contestó que nada, que lo cogiera para mí. “¿Y pa’ qué vendiste?”  “Fue que Robertito me dijo que la quería, de una forma que no podía decirle que no.” Dejé el asunto ahí.

Con el correr de los años y darse la meteórica y brillante carrera de Robertito, volví a  confrontar a Dantito con el asunto, y entonces me dijo: “Yo presentí y atisbé que Robertito iba llegar muy lejos como ESTRELLA en el Beisbol y me pareció que complacer su ilusión era algo que me hacía verme bien ante mí mismo.” Dantito está en estos momentos de vacaciones en Estados Unidos. Cuando regrese le voy a preguntar de nuevo por este episodio de su vida. Anticipo su contestación.  “Papi, yo le “regalé” su primera motora a Robertito, HALL OF FAME MEMBER IN COOPERSTOWN. A las Estrellas hay que complacerlas y respetarlas en todo momento.”

Dante A. Rodríguez Sosa

El rigor que lleva al triunfo / Josué Santiago de la Cruz

Ocupar un nicho en el Pabellón de los Inmortales del mejor beisbol de mundo es el sueño de todo pelotero. Sueño que solamente un puñado de ellos alcanza a realizar porque la grandeza no es patrimonio universal ni se logra con tan solo desearla. Hay que trabajar duro, aferrarse a una disciplina espartana…. Hay que hacer grandes e inclasificables sacrificios a los que no todos estamos dispuestos a someternos, porque una cosa es llamar al diablo y otra totalmente distinta es verlo venir.

Para escalar esa cima en la que hoy se encuentra nuestro Roberto Alomar hay que hilar más fino que el hilo ochenta. Hay que sacrificar muchas cosas, echar a un lado muchos placeres y sobrevivir a las injusticias de un mundo perverso que da poco y quita mucho. Hay que cruzar inmensos océanos de ingratitudes, incomprensiones, intolerancias y despechos. Hay que pasearse, como dijera don Pedro, tranquila y serenamente por las sombras de la muerte porque solo así es posible alcanzar la inmortalidad.

Roberto Alomar hizo rigurosamente eso y hoy, después de una larga, tediosa y turbulenta espera, emerge del torbellino, como el Ave Fénix, a reclamar su espacio en el Salón de la Fama del Beisbol Profesional.

Enhorabuena, ilustre hijo de mi pueblo. Disfrute este momento eterno que usted se lo ganó en buena lid.

Josué Santiago de la Cruz.

Roberto Alomar: una anécdota / Roberto Quiñones

Hace unas cuantas décadas, un niño de apenas cuatro años jugaba con otros, un poco mayores que él, frente a mi residencia en la Urb. La Monserrate de Salinas.  En mi casa se encontraba un vendedor de seguros en ese momento, cuando escuchamos el ruido de una bola chocar contra la ventanilla de cristal de un automóvil y hacerlo añicos.  Al mismo tiempo, se oyó el tropel de niños corriendo a esconderse en todas direcciones. 

Efectivamente, tal como lo habíamos presentido,  el automóvil era el del vendedor de seguros y la bola era una identificada con el equipo Yankees de Nueva York.  El coraje se apoderó del vendedor de inmediato, pero logré calmarlo un poco mientras el niño venía de la mano de su madre para asumir la responsabilidad del hecho.  Conociendo el linaje deportivo del  niño involucrado en el hecho, recuerdo haberle dicho al vendedor que tomara la bola y le pidiera al chiquitín que se la autografiara con un garabato.  Al vendedor hasta le molestó un poco mi pedido y todo quedó ahí, cuando la mamá del niño asumió la responsabilidad total. 

Hace algunos ocho años me encontré con el vendedor en Plaza del Caribe y le recordé el incidente y el pedido del autógrafo.  Le pregunté al vendedor si sabía quién era el niño aquel, y por supuesto lo desconocía.  Cuando le di el nombre de Robertito Alomar Velázquez, desde ese día aún se está halando los pelos de la cabeza por no aceptar mi sugerencia.

Roberto Quiñones

Cooperstown reafirma el dictamen del pueblo beisbolero admitiendo a Roberto Alomar en su Salón de la Fama

Desde hace tiempo la sabiduría de los seguidores del beisbol dictaminó que Roberto Alomar pertenecía al Salón de los Inmortales de ese deporte.  Al Salón de la Fama de Cooperstown,  no le quedó otro remedio que aceptar ese dictamen luego de la errática decisión del 2010 que dejó fuera al mejor segunda base de los tiempos modernos. Aquella decisión causó decepción entre los fanáticos.  Este año a Cooperstown no le quedó otro remedio que aceptar, que incluir al salinense en su galería de famosos: era justo y obligatorio.

Esta vez Alomar irremediablemente recibió el 90% de los votos. Su historial como pelotero en 17 temporadas incluyen hazañas beisboleras, tales como participar en 12 Juegos de  Estrellas,  conectar  2, 724 imparables, 210 jonrones, realizar 474 robo de bases, recibir 10 Guantes de Oro por su excelencia en la defensiva y acumular un promedio de bateo de por vida de .300.  Roberto Alomar es el tercer boricua exaltado al Salón de la Fama del Beisbol de Grandes Ligas de los Estados Unidos, además de los inmortales Roberto Clemente y Orlando Cepeda.

Encuentro… Al Sur felicita a Robertito y reconoce la labor de Doña María Velázquez, quien apoyada en la imagen e inspiración de su esposo Santos Alomar padre, crió dos excelentes peloteros.  Asimismo aplaude a los mentores de pequeñas ligas. Estos héroes,  aún en las condiciones más desfavorables en los rústicos parques de las barriadas de Salinas, dedicaron tiempo a niños y jóvenes, contribuyendo a forjar a este gigante del beisbol mundial.