Oficial la delimitación de la Reserva Natural Planadas-Yeyesa

Comunicado de prensa

mapa Reserva Planada YeyesaSu designación y delimitación tomó en consideración los atributos geográficos, ecológicos biológicos y culturales del área

La Reserva Natural Planadas-Yeyesa, que sitúa entre Cayey y Salinas, cuenta al fin con una delimitación oficial tras la reciente aprobación del gobernador Alejandro García Padilla, que precisa sus límites como una de las áreas naturales protegidas más grandes de Puerto Rico y de gran importancia para los acuíferos del sur, las especies y los recursos culturales.

Así lo informaron hoy el presidente de la Junta de Planificación (JP), Luis García Pelatti; la secretaria del Departamento de Recursos Naturales Ambientales (DRNA), Carmen R. Guerrero Pérez; el director ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), Jorge Irizarry Vizcarrondo; y el portavoz del Comité en Defensa del Cerro Planadas y Áreas Adyacentes, Pablo Martínez, en representación de la comunidad que impulsó la protección de esa área.

La designación de esta reserva natural se estableció mediante la aprobación de la Ley número 192 de 2007 por sus atributos geográficos, ecológicos biológicos y culturales.  Sin embargo, no se habían definido hasta ahora la delimitación oficial y su plan sectorial, lo cual se hizo tras el trabajo conjunto de las agencias y la comunidad, detallaron.

La reserva natural se denominó Planadas y Yeyesa porque obedece a los nombres de los dos grandes cerros: Planadas y Yeyesa, ambos de una elevación aproximada de 780 metros sobre el nivel del mar.  La Reserva Natural Planadas-Yeyesa cuenta con un área superficial de 2,529.58 cuerdas aproximadamente, de las cuales 1,572.67 cuerdas ubican en los límites del municipio de Cayey y 916.92 cuerdas en el de Salinas.

Sus límites discurren de norte a noroeste en los barrios Pasto Viejo de Cayey, que colinda con los barrios Cuyón y Sierra del municipio de Aibonito.  En Cayey, la delimitación cubre los sectores Planadas y Joya Fría del barrio Pasto Viejo, el sector Cubana y Calambreñas del barrio Cercadillo y la parte suroeste del barrio Lapa. En el municipio de Salinas se incluye el sector Yeyesa y el sector inmediato a Las Piedras del Collao (Tetas del Cayey) del barrio Lapa, ya declaradas reserva natural en virtud de la Ley Número 283 del 2000.

Con una formación de origen volcánico, cuevas y densa cobertura forestal, la reserva tiene manantiales que los pobladores llamaban “pozos”, los cuales fueron utilizados para obtener agua potable y en la actualidad representan un valioso recurso de agua para la flora, la fauna silvestre y los visitantes de la reserva natural.

“La adopción del Límite y Plan Sectorial de la Reserva Natural Planadas-Yeyesa, ubicada entre los municipios de Cayey y Salinas, representa un logro sin precedentes para el pueblo de Puerto Rico por sus atributos ecológicos, históricos culturales y arqueológicos”, expresó el presidente de la JP.

García Pelatti también destacó que dentro de la delimitación del Plan Sectorial de la reserva se identificaron 100 terrazas de piedras que han servido como áreas de cultivo en algunas laderas, dos lugares ceremoniales y un “basurero o conchero utilizado por los indígenas con propósitos comerciales, según identificado por los arqueólogos.  Además, se pudo observar que su medio de transportación terrestre eran caminos reales que los conectan con la costa y la montaña, los cuales existen en la actualidad.  Planadas-Yeyesa conjuga elementos de muy alto valor arqueológico, agrícola, y ecológico en un contexto de singular belleza de paisaje”.

La titular del DRNA señaló que “la conservación del área ahora delimitada como la Reserva Natural Planadas-Yeyesa constituye una acción importante para proteger los tributarios del río Nigüa que abastecen al acuífero de Salinas”.

La planificadora señaló que esta reserva natural sirve también como laboratorio de investigación de ecología, arqueología, ciencias ambientales, etnografía, y arquitectura vernácula.  Tiene una gran diversidad de fauna tanto endémica como nativa, debido a la diversidad de ecosistemas terrestres y acuáticos.  Estudios han constatado la presencia de un total de 33 especies de aves al igual que especies de mamíferos y reptiles, como la boa puertorriqueña.  De las 17 especies de aves endémicas de Puerto Rico, 11 se encuentran en la Reserva Natural Planadas-Yeyesa; entre ellas se encuentra: el jilguero de Puerto Rico y la calandria, que fueron las últimas especies incluidas en la lista de especies de aves endémicas de Puerto Rico.  Un 59 por ciento de las especies de aves identificadas son nativas, el 37 por ciento son endémicas y solamente un 4 por ciento son especies exóticas.  Por su parte, en su flora se reconocen cerca de 200 especies de árboles, arbustos, herbáceas y enredaderas a través de bosques en distintas etapas de madurez y desarrollados sobre los rasgos de montaña que distinguen la zona.  Los rasgos topográficos incluyen cimas o “cuchillas”, laderas de variables pendientes, hondonadas, y valles de ríos; estos rasgos establecen la pauta fundamental que distingue al paisaje y a los patrones florísticos afines a cada rasgo. Entre su doble centenar de especies de flora, reconocemos 7 autóctonas o endémicas de Puerto Rico.   Todavía queda mucho por investigar en esta Reserva Natural, incluyendo el tipo de hábitat el cual prometería encontrarse el coquí dorado, especie que hoy día se presume extinta.

La secretaria destacó: “Hoy celebramos este espacio natural protegido que representa un banco de especies de fauna endémica importante para la preservación de especies de Puerto Rico.  A su vez, representa un extraordinario potencial para el desarrollo del ecoturismo y el turismo cultural a través de una extensa red de veredas que conectan nuestra Cordillera Central con la costa”.paisaje de la reserva (2)

En cuanto al valor arqueológico, se estima que durante casi 800 años, el área fue habitada por tres grupos culturales indígenas: igneri, pretaíno y el taíno.  Se han identificado más de 10 sitios asociados a los grupos indígenas que vivieron entre los años 400 DC. – 1,500 DC. hasta en el momento de contacto con los europeos.  Se han identificado aproximadamente 100 terrazas de piedra en algunas laderas, dos lugares ceremoniales, un camino real usado por los indígenas y un basurero o conchero, como denominan los arqueólogos a los lugares que usaban los indígenas para sus actividades comerciales con sus homólogos del litoral costero.

Numerosas viviendas de madera en ruinas y tormenteras evidencian la arquitectura campesina, así como las terrazas de cultivo, que no solían usarse en Puerto Rico y que son objeto de teorías que buscan desenmarañar el misterio de los muros de piedra y gravilla que al parecer se usaban para filtrar el agua.

El director ejecutivo del ICP manifestó sobre el lugar que “estos importantes yacimientos son documentación real de la forma de vida de las sociedades indígenas y campesinas que se asentaron en el área.  Con esta designación, protegemos este espacio de tanto valor arqueológico para futuras generaciones.  Nos alegra que el plan de comanejo incluya participación de la comunidad, así promovemos el sentido de orgullo y compromiso con nuestros reservas”.

Por su parte, Martínez recordó que “hace unos 20 años comencé junto a otras personas el mensaje de concienciación sobre el incalculable valor de este lugar por sus atractivos naturales y la necesidad de proteger la historia que guarda sobre nuestros orígenes en cada uno de sus caminos, petroglifos, casas campesinas, tormenteras, y las terrazas de cultivo.  Todo en esta reserva natural tiene algo que relatarnos de nosotros y de dónde venimos”.

 

Un Día Familiar en la Reserva Ecológica y Cultural de Planadas-Yeyesa / Wanda I. Rodríguez Rivera

Las primeras lluvias de mayo recibieron a un centenar de personas que acudieron solidariamente al Primer Día Familiar de Yeyesa, en una enorme finca ubicada en la montaña, en el barrio Lapa, sector la Yeyesa en el municipio de Salinas. Rodeados por el río y por una exuberante vegetación, flora y fauna endémica y nativa, el grupo comunitario local organizó con esmero la actividad.

Durante la mañana, el grupo coordinador liderado por Luis Santiago lograba con tesón y paciencia resolver cada detalle para que la ceremonia festiva, convocada domingo en la mañana, tuviera los resultados esperados. Poco a poco y con la esperanza de que la madre naturaleza despertara al sol, los invitados y participantes se acomodaron en sus respectivos puestos. Los  artesanos/as, talleristas, músicos y comerciantes eran oriundos de la región. Niños y niñas, jóvenes, madres, padres, abuelas y abuelos disfrutaban al aire libre de los exquisitos olores criollos que inundaban el lugar. La madre naturaleza parecía llorar de alegría porque se reunía su gente para rescatar, compartir y celebrar en familia, la historia de aquel sagrado lugar.

Casi a la una de la tarde, Pablo Martínez, ex residente de la comunidad y portavoz del Comité Ciudadanos en Defensa del Cerro Planadas y Áreas

Adyacentes Inc. junto al Arquitecto Jorge Ortíz Colom, del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP) ofrecieron un recorrido histórico por el camino que conecta la Yeyesa en Salinas con el sector Planadas en Cayey. Todos corrían para no quedarse atrás. Vecinos aledaños y otros invitados pudieron observar el paisaje natural y parte de las ruinas de la casa dónde vivía el mayordomo criollo que solía custodiar el lugar.

¿Cómo era la vida en Yeyesa?

Entre los vecinos que acudieron al lugar se encontraba Alfredo Cartagena Rosario, hijo de aquel mayordomo que vivió por largos años en la Yeyesa. Alfredo, quien reside hace 25 años en Parcelas Vázquez narró que su padre trabajó para Don Cesario Echevarría, el dueño de la finca, quien era oriundo del pueblo de Cayey. Indicó que contrataban unas 15 a 20 personas por un año para talar la finca. “Salían de la caña y se venían para acá”, señaló Cartagena Rosario. “Para ese tiempo se ganaba $2.40 el día, $12.00 la semana [5 días] y cuando se acababa el trabajo acá [en la montaña] regresaban a la costa para trabajar en la zafra”, rememoraba Cartagena Rosario en su relato. Cuando terminaba el trabajo en la montaña, su madre, quien criaba ovejos y cabros mataba uno y hacía una fiesta. “Son valores que se han estado perdiendo”, dijo.  “En las mañanas ordeñábamos de 10 a 15 vacas diarias. Mientras se ordeñaba, mi madre preparaba un caldero grande de harina de maíz. Venía gente a comer y a buscar leche”, indicó.

Don Alfredo emocionado recreaba su vivencia. “Comíamos corazones y guanábanas que encontrábamos en los árboles, hasta por la tarde”, apuntó. Su madre preparaba arroz con habichuelas con sofrito que olía a campo, señaló. “Si había mestura, lo comíamos con gallina o cabro del país,”  dijo.

Alfredo, aunque señalaba con nostalgia que el lugar no será igual a como lo recuerda, dijo confiar que esta actividad familiar  fuera importante para la comunidad y estaba motivado con colaborar con la reconstrucción de lo que fue la casa de su infancia, como parte de los proyectos propuestos en la llamada Reserva Ecológica y Cultural Planadas/Yeyesa. Cartagena narró, además, que su padre vivió en la finca hasta el 1963, cuando la vendieron. Su padre no se fue lejos, se mudó a la comunidad de Parcelas Vázquez.

Luego de la caminata, el grupo de jóvenes de Diálogo Ambiental de Salinas ofreció un taller a los participantes sobre una de las frutas más importantes de la temporada: el mangó.  El llamado el rey de las frutas capturó la atención de muchos que terminaron aprendiendo sobre su importancia nutricional y ecológica y degustando su rico jugo.

Rosa Iris Casiano Colón, residente de la comunidad de Parcelas Vázquez, fue invitada a la Yeyesa  para ofrecer a los participantes su arte culinario. Pasteles, ayacas, empanadillas y arroz con dulce fueron parte de su oferta. Rosa, a quien le acompañaban su esposo y su hija, expresó no haber visto grandes cambios en el lugar. Ella subía a llevar almuerzo a sus tíos que trabajaban desyerbando los montes en la Yeyesa. “Desde mis quince años de edad no había venido a este lugar. Ahora tengo 64 años” expresó con emoción.

¿Qué es la Reserva Ecológica y Cultural de Planadas/Yeyesa?

La Yeyesa es parte de la Reserva Ecológica y Cultural de Planadas/Yeyesa. Ésta conforma  el   corredor ecológico que da continuidad e integridad a bosques que ya están protegidos, entre los que se encuentran el Bosque Estatal de Guavate/Carite, el Bosque Toro Negro, Las Tetas, el Bosque del Pueblo de Adjuntas, el Bosque La Olimpia, el Cerro Punta, el Monte del Estado, y otros bosques más pequeños. Se trata de una estrategia para reducir la fragmentación de los hábitats, evitar la degradación de los ecosistemas en el territorio montañoso del país y proteger la cuenca hidrográfica del Río Lapa.

El Río Lapa nace en la Cordillera Central en el Barrio Lapa de Cayey y corre hacia el Suroeste. A lo largo de su trayectoria, se unen a él importantes quebradas y manantiales hasta llegar al barrio Sábana Llana de Salinas. Allí se le une el Río la Maja o Jájome y juntos forman el Río Niguas que desemboca en el Mar Caribe, en las costas de Salinas. Esta cuenca suple de un manto de agua subterránea al acuífero del Sur. La cuenca hidrológica es parte fundamental en la preservación y la salud del acuífero. La importancia de la Yeyesa es tal que la consideran como estación relevo del acarreo intensivo de los bienes provenientes del litoral costero hacia los valles del interior.

Durante el Día Familiar de Yeyesa se llamaba a quien estuviera disponible para amenizar en la tarima. Jorge, Lola, Noel, Yaminette, Wandy, Adrian, y Rut respondieron al llamado. Anunciaron la  música, los talleres, la caminata, la rifa, el menú, y un mensaje de solidaridad con los vecinos adjunteños, quienes simultáneamente celebraban una marcha contra el gasoducto. Era el día de la defensa de la calidad de vida y nuestros recursos; eso era lo que movía a la gente a reunirse en la Yeyesa.

Al atardecer los artesanos/as, talleristas, músicos, comerciantes, niños/as, jóvenes, madres, padres, abuelas y abuelos esperaban atentos el sorteo de una modesta cerdita, que cuidaron con esmero los jóvenes durante todo el día familiar. La cerdita sería sorteada pro-fondos la Convivencia Ambiental de los jóvenes. El Arq. Jorge Ortíz Colom fue el agraciado de la rifa y compartiendo su gracia donó la cerdita a la comunidad de Parcelas Vázquez, de Salinas, que seguirá celebrando con esperanza la añoranza de volver juntarse en familia con más comunidades aledañas.

Wanda I. Rodríguez Rivera

Tomado de Prensa Comunitaria

Fotografias de Jorge Ortiz Colón y Ricardo Valle Pérez

Jóvenes ambientalistas exploran la Bahía de Jobos en Salinas / por Wanda I. Rodríguez Rivera

Como parte de los trabajos de seguimiento a un grupo de jóvenes participantes del proyecto Convivencia Ambiental, José “Cheo” Blanco Agront, coordinada por el  Comité de Diálogo Ambiental de Salinas, se realizó un viaje de campo por la costa del sector La Playa de Salinas. El viaje tenía como objetivo conocer importantes recursos de la zona, ver cómo se están afectando y descubrir cómo se pueden proteger. La costa, bordeada por agua y mangle, servía de escenario para re-descubrir un majestuoso ecosistema.

El sector de La Playa, ubicado dentro de los lindes que comprende la Bahía de Jobos  en Salinas, cuenta con importantes recursos naturales: playa, pozo de agua dulce, mangle, organismos costaneros, entre otros, que son fundamentales para el ambiente y la gente que allí habita.

Durante el recorrido nocturno, por el sector, bajo las estrellas y la luna nueva, se podían observar en el agua microorganismos vestidos de amarillos fluorescentes, que iluminaban sus cuerpecillos como cucubanos, mientras los jóvenes movían el agua de un lado a otro. Los dinoflagelados, también conocidos como candelillas, se encuentran en mares de todas partes del mundo y la Bahía de Jobos en Salinas no es la excepción.

Estos microorganismos se distribuyen en función de la temperatura, salinidad y profundidad del agua. La estrechez de la boca, la poca profundidad, sus niveles adecuados de salinidad y la particularidad de que están rodeadas de mangle, hacen de las bahías lugares propicios para encontrar las candelillas. Según varios expertos, entre ellos el profesor de Ciencias Marinas del Recinto Universitario de Mayagüez, Juan González Lagoa, el factor de la temperatura del agua, que debe ser de 70 a 90 grados Fahrenheit, así como otras características relacionadas con la localización geográfica, topografía y clima, también proveen el ambiente para que las poblaciones de dinoflagelados puedan reproducirse de forma estable e iluminar la noche. La  agrónoma y bióloga Yaminnette Rodríguez, miembro del Comité de Diálogo Ambiental de Salinas, explicó que los dinoflagelados producen luz mediante un proceso químico en el que se unen dos sustancias orgánicas conocidas como luciferina y luciferaza. Cuando estas moléculas reaccionan, liberan energía en forma de luz. La mayoría de las especies son unicelulares y forman parte del plancton marino, pero también los hay de agua dulce y coloniales. Por ser productores primarios, constituyen una parte importante de la cadena alimenticia acuática.

El guía, Jorge Ortiz, mejor conocido como Yiyán, quien dirigió la expedición por el muelle y el pozo de agua dulce de la zona, contó que aún no existe documentación científica que valide que en ese lugar hay dinoflagelados comparables con los existentes en las bahías bioluminiscentes de Vieques, Fajardo y Lajas. Ortiz, aseguró que un interés por estudiar científicamente este escenario sería una gran aportación para sectores diversos como pescadores, residentes, ambientalistas, científicos, educadores y guías turísticos. Por otra parte, señaló que a pesar de que había luna nueva, era una pena que el área estuviera tan iluminada, ya que puede afectar la bioluminiscencia de los dinoflagelados. No obstante, recomendó el viaje por el área como una actividad eco-turística importante para aprender y disfrutar de la zona.

Para la mayoría de los jóvenes participantes era la primera vez que vivían una experiencia como esa. “Nunca había venido a este lugar”, expresó Adrian Alicea, quien reside en la comunidad de Mosquito en Guayama. Adrian con apenas 12 años, dijo con alegría y ojos luminosos que invitaría a sus amigos de la escuela, sus vecinos y a su familia a visitar de nuevo el lugar.

Para Adneris Hernández, madre de Joseph, otro de los jóvenes participantes, era la primera vez que conocía que en ese lugar que frecuentaba mientras trabajaba en un restaurant existieran los diminutos organismos que producían luz. “Me pareció muy buena la actividad porque son cosas que uno las puede ver, pero si uno no se acerca y las ve de verdad, no aprendemos lo que tiene la naturaleza. Nunca había visto dinoflagelados; parecían cachispitas en el agua”, expresó Morales.

Rut María Alverio Ramos, de 14 años, participante del proyecto y residente de Salinas, indicó que esta experiencia le sirvió para poner en práctica lo que había aprendido en su salón de clases. “Sólo había visto los dinoflagelados en libros y verlos de cerca y tocarlos me ha parecido una buena experiencia”. Señaló que no tenía idea de que podía encontrarlos tan cerca, en su pueblo de Salinas, e indicó además que si más jóvenes conocieran y vivieran esta experiencia se motivarían a cuidar nuestros recursos. Cree que habría que motivar fuertemente a sus compañeros de clase, quienes actualmente tienen otros intereses.

El grupo de jóvenes se reúne una vez al mes para acampar en diferentes áreas que componen la Bahía de Jobos y la región de la costa sur, para aprender sobre temas ambientales, fortalecer relaciones sociales y comunitarias, y desarrollar liderazgo. El objetivo es que desarrollen interés en proteger y defender los recursos ecológicos y sociales que habitan en su región.

Para obtener más información y colaborar con este grupo puede comunicarse a valvarados@gmail.com ó voluntariosprensagma@gmail.com.

Originalmente publicado en Prensa Comunitaria