Buscando la resiliencia de Puerto Rico

Por: Víctor Alvarado Guzmán

Es posiblemente el término de moda, el que más se repite y menciona en Puerto Rico después del embate del huracán María.

Sin 2017-11-11%2B09.19.45.jpgembargo, la palabra “resiliencia” tiene un significado, bagaje y trayectoria que se remonta al siglo pasado.
Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la expresión proviene del término inglés “resilience”, el que a su vez deriva del latín “resiliens”, que significa “saltar hacia atrás, rebotar” o “replegarse”.

La RAE, además, la define como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adverso. Una segunda definición establece que es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Desarrollo del concepto

El concepto “resiliencia” emana en parte de los proyectos de investigación de la doctora Emmy Elizabeth Werner.

Werner, quien nació en Alemania en el año 1929 y emigró a los Estados Unidos en 1952, fue profesora en el Departamento de Desarrollo Humano y Comunidad de la Universidad de California (UC Davis). Además fue miembro de la American Psychological Association (APA), de la Society for Research in Child Development (SRCD), del Institute of International Education (IIE) y de Psi Chi (Sociedad de Honor Internacional en Psicología).

En el año 1955, llevó a cabo un estudio en la isla hawaiana de Kauai, con una muestra de 700 niños recién nacidos que procedían de familias en situaciones desfavorables de pobreza, enfermedades mentales y alcoholismo, entre otros.

En su investigación titulada “Vulnerable but Invencible. A Longitudinal Study of Resilient Children and Youth” (Vulnerable, pero invencible. Un estudio longitudinal de niños y jóvenes resilientes), Werner intuía que a los 30 años de seguimiento confirmaría que estos niños desarrollarían patologías de múltiple índole.

Efectivamente, al tiempo parte de la muestra confirmó esa hipótesis. La sorpresa, sin embargo, la obtuvo cuando el 30 por ciento de los elegidos no desarrolló patología alguna e, incluso, llevaba una vida plena, con desarrollo sano y positivo.

Estos niños resilientes tenían algo en común: todos contaban con al menos una figura de apego (no necesariamente un familiar) que les aceptaba incondicionalmente, independientemente de sus características físicas, inteligencia o temperamento.

De manera que la doctora Werner concluyó: “la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo”.

Resiliencia comunitaria

El concepto de resiliencia experimentó más cambios a partir de la década de 1960. En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó no solo en factores individuales, sino familiares, comunitarios y, actualmente, culturales. De hecho, investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural.
En el caso de la resiliencia comunitaria, se trata de un concepto latinoamericano desarrollado teóricamente por el doctor Elbio Néstor Suárez Ojeda.

Con más de 15 años dedicados al tema, Suárez Ojeda es director del Centro Internacional de Investigación y Estudio de la Resiliencia en la Universidad Nacional de Lanús, Argentina: una entidad con sede en varios países que funciona por convenio entre una fundación holandesa y universidades nacionales situadas en áreas problemáticas de cada país.

Tras completar numerosos estudios, Suárez Ojeda observó que cada desastre o calamidad que produce dolor y pérdida de vidas y recursos, tiende a generar un efecto movilizador de las capacidades solidarias en las comunidades afectadas, lo que les facilita reparar los daños y seguir adelante.

Por lo tanto, la resiliencia comunitaria se refiere a la capacidad del sistema social y de sus instituciones para hacer frente a las adversidades y para reorganizarse posteriormente, de modo que mejoren sus funciones, su estructura e identidad.

La ONU y la resiliencia

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) redactó un manual para líderes de los gobiernos locales titulado: Cómo desarrollar ciudades más resilientes, como una contribución a la Campaña Mundial 2010-2015 Desarrollando ciudades resilientes – ¡Mi ciudad se está preparando!

Este manual proporciona a los alcaldes, gobernadores, concejales y otros un marco genérico para la reducción de riesgos e identifica buenas prácticas y herramientas que ya son utilizadas en diversas ciudades.

Responde a la necesidad de un mejor acceso a la información, conocimiento, capacidades y herramientas para abordar de manera eficaz el riesgo de desastres y los eventos climáticos extremos. Además, ofrece una descripción general de las estrategias y acciones necesarias para crear resiliencia ante los desastres, como parte de una estrategia global para alcanzar un desarrollo sostenible.

El mensaje que se desea transmitir es que la resiliencia y la reducción del riesgo de desastres deben formar parte del diseño y estrategias urbanas para lograr un desarrollo sostenible.

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La resiliencia en Puerto Rico

La dificultad que hemos tenido para reorganizarnos como país y mejorar nuestras funciones y estructuras tras el paso de los huracanes Irma y María, demuestra la necesidad de desarrollar comunidades y pueblos resilientes.

Para lograr esto hay que promover la descentralización de la autoridad y de los recursos, impulsando la reducción de la vulnerabilidad y del riesgo de desastres a nivel municipal y regional.

Pero todo este proceso tiene que comenzar desde las comunidades, donde sus habitantes puedan evaluar colectivamente sus fortalezas y vulnerabilidades, para tomar acciones concretas al respecto. De esta forma, se convierte en un proceso de planificación comunitaria con la participación de residentes, organizaciones y diversos sectores (educación, salud, transporte, medio ambiente, académico, empresarial y comercial).

Es importante destacar que la resiliencia no significa resignación, es planificación. Es desarrollar nuestra capacidad para adaptarnos ante los eventos y mejorar nuestras funciones, estructuras e identidad comunitaria.

Por todo lo expuesto, conviene actuar y fomentar más altos niveles de resiliencia en Puerto Rico… antes de que venga el próximo huracán.

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por Víctor Alvarado Guzmán.

Una pequeña reflexión sobre el éxito y el fracaso

por José Manuel Solá

arboles caídoCuídate de los que siempre te dan la razón, de quienes te elogian todo el tiempo; esos serán los primeros en aplaudir cuando caigas del falso pedestal al que te elevaron; luego te dejarán solo y ya ni te reconocerán. Porque, créeme, así es la condición humana.

Personalmente, ni en mis pequeñas derrotas ni en mis pequeños triunfos he sido arrogante. Siempre he evitado ofender tan siquiera a quienes me provocan; si así lo hiciera, entonces eso sería una derrota de mi espíritu. Y mi corazón no es así.

Si alguno (o alguna, claro) buscase provocarme, procuro seguir mi camino y dejarlo (o dejarla) con un par de bendiciones. Y si por error yo pudiese ofender a alguien, entonces ofrezco mis disculpas, lo que realmente expresa mi corazón.

El que se cree más alto no siempre es el más grande pues la verdadera grandeza de un ser humano se mide de los hombros hacia arriba. Las posesiones materiales, por ejemplo, dinero, residencias suntuosas, vehículos ostentosos, no son índices de grandeza, usualmente esos son complementos de la mediocridad.

Debemos aprender a saludar la mano de quien extiende la suya con sinceridad y respeto, pues esa es la mano que nos ayudará a ponernos de pie cuando los demás nos den la espalda.

En los momentos de prosperidad y fama, en la fiesta, en el carnaval de máscaras, todos te llamarán amigo, amigo sabio, amigo grande, pero sólo hasta que llegue la resaca… ¿Y entonces?

josé manuel (así, con minúsculas)

2 de junio de 2013

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Yo no pienso… primer addedum de “Parafraseando a Gustavo Adolfo Bécquer” / por Dante A. Rodríguez Sosa

Sorprendido como estoy con los comentarios valiosísimos de mis amigos, me animo a presentarles unas instancias personales que nutren con hechos reales cómo es la mejor vida que se vive.

Hace como tres años  atrás,  mis hermanos Sergio y Edelmiro, en compañía de Félix Ortiz y varios amigos más, dialogábamos en espera de la llegada del nuevo año en la casa de mi hermana Lola. Manoseábamos el tema de la gente de Salinas que se había desaparecido del pueblo sin dejar rastro conocido, y pasaban ya los más o menos los veinte años sin saber arte ni parte de ellos. Mencionábamos casos como el de los hermanos Fleet, Víctor Cabrera, Víctor Espendez, Ramoncito Girán y muchísimos otros. Algunas veces el comentario obligado era: “tiene que haberse muerto porque de vivir, pasaría de los 80, 90 o tal vez 100.

Relevantemente mencioné un caso que, como en cuanto a otras personas, nadie siquiera se recordaba de quién era que estábamos hablando. Me refiero a Reinaldo Atilano, a quien cariñosamente le decíamos Topito; a ese no lo veía hacia más de treinta años. Era miembro de la conocida familia Atilano de Salinas. Había trabajado como maestro de artes industriales, pero como muchos boricuas, en busca de aventuras o de conocimientos se trasladó a los Estados Unidos. Tal fue también, en los años 20, el caso de mi abuelo materno, y creo que es el de Reinaldo.  Hay otros que se van porque no dan el grado para competir en la isla —pero ese es otro tema—  por cierto delicado, controversial y lo escuché por primera vez en el 1968, de un líder comunitario en New York, de nombre Gaspar Delgado, que era de San Lorenzo, quien profetizó el crecimiento político, artístico y mafioso de los puertorriqueños en New York.

Con la llegada del nuevo año, el tema se disolvió entre el paroxismo de la gran celebración, que culminó prácticamente en horas de la mañana.

Varios días después, todavía en plena Navidad, me encontraba en la Plaza del Mercado de Salinas y adivinen qué. ¿Qué? Sí, el mismo en persona, no lo podía creer. Me quedé absorto, patidifuso, loco y sin ideas. Era el señor Reinaldo Atilano, vivito y coleando, todo un caballero sin afectaciones  de clase alguna, las cuales razonablemente podía haber adquirido por su larga ausencia por “lejanas tierras”.  Lo percibí, lleno de vida, colosal y portentosamente con gran energía y buena presencia.

Luego de la consabida rememoración de tantos y tantos buenos momentos, y de que cual Rip Van Winkle, expresara su sorpresa por los cambios físicos ocurridos en el pueblo, le hice la misma pregunta que siempre hago en estos casos:

— “Oye Rey, ven acá: ¿cuántos años tú tienes?”

—”Ochenta y tres.”

 Le pedí entonces que me dijera su secreto para conservarse tan jovial y en salud. Sin pensarlo dos veces, sin titubeos y con gran seguridad contestó lacónicamente:

—”YO NO PIENSO EN NÁ.”

Me quedé atónito, totalmente sorprendido por su respuesta, al recordar a otro amigo, ya fallecido hace un par de años. Me refiero a don Pedro García Rodríguez, natural de Coamo, pero que hizo su vida en Santa Isabel; comerciante talentoso que apenas sabía leer y escribir. Fui su abogado desde que comencé a ejercer la profesión en 19 de junio de 1967.

A los 77 años estableció una panadería en la calle Luis Muñoz Rivera de Salinas, muy cerca del Cuartel de la Policía y donde hoy ubica la Mueblería Martínez.

Pedro me contó que una joven empleada que reclutó, quiso, en aparente  previsión, guardar una cierta distancia de su persona, sin que él le diera motivos o razón alguna para ello. Fue así que sin contexto de referencia ni motivo alguno le expresó:

—”A mí no me gustan los viejos.”

Pedro, que era un as en atender los asuntos personalísimos, ni corto ni perezoso le ripostó:

—”A mí no me gustan las jóvenes como tú.”

¡Pa qué fue eso! Hay lenguajes sencillos y directos que impactan. La joven, por cierto muy bonita, buena moza, siguió trabajando en la panadería, pero cada día que pasaba era evidente para Pedro que ella, por alguna razón había cambiado de opinión en cuanto a él, al punto de que ella lo sedujo, e iniciaron una relación amorosa que con el correr del tiempo culminó en matrimonio.

Pedro le compró una casa en el barrio Coco Nuevo de Salinas, en donde vivieron por muchos años. Cuando Pedro cerró la panadería, desconocía por qué motivo ella se fue a vivir con una hermana a la Florida, aunque mantenía siempre una constante comunicación con su esposo.

Le celebré el cumpleaños 93 a Pedro en mi casa de la urbanización Salimar en Salinas, y ya tenía más de 10 años de casado con la joven. Después de eso, pasaron como dos meses y un buen día recibo una llamada de Pedro desde la Florida. Me  dice Pedro:

—”Tuve que venirme para acá a insistencias de la mujer. Tú sabes que a mí donde me gusta vivir es en Puerto Rico, pero ella quiere acá por la cuestión de los médicos y hospitales. Tendré que quedarme porque quiere comprar una casa. Te estoy llamando para preguntarte:

Me aprobaron el financiamiento de la casa para 30 años. ¿Hay algún problema con eso?”

No me costó otra cosa que echar una sonora carcajada y decirle que no bromeara conmigo, pues yo entendía de sobra que él sabía más que yo de eso. A fin de cuentas, se hizo de su casa. Un día mientras se bañaba  en la piscina, rayando los 100, se cortó un pie y como era diabético desde 1944, se le infectó. Determinó venirse para Puerto Rico y acá le cortaron la pierna; luego le cortaron la otra. Vivía en el barrio Coquí de Salinas y yo le llevaba a su hogar el médico, que era el  doctor Felipe Díaz Delgado. Estaba postrado, pero muy contento y feliz de la vida, por lo que cuando lo visitaba, mi sensación siempre fue de asombro, ante la ejemplaridad de su existencia.

En ocasión de mi última visita, cuando evidentemente el desenlace estaba cerca, hablábamos brincando de tema en tema: problemas sociales, sus hijos, religión, política. Ese era su tema favorito; recordaba todo con pasmosa lucidez: nombres, fechas, lugares, anécdotas, triunfos, derrotas y esperanzas.

Yo notaba que Pedro, mientras me hablaba se pasaba por el pelo un cepillo y se limpiaba la cara con un pañuelo, de forma muy insistente. No le di ninguna importancia ni significado a eso. Entonces le pregunté a Pedro cómo había logrado mantener su jovialidad, su espíritu de lucha, y sobre todo, llegar a los 100 no obstante a su problema de diabetes. Su contestación fue:

—”YO NO PIENSO EN NADA.”

Y añadió:  “¡Cuando es a dormir es a dormir!”

 De otra parte, yo notaba que Pedro, no obstante estar en su hora suprema, me pedía que lo levantara. Subí el espaldar de la cama lo más recto que pude y le coloqué dos almohadas en la espalda. Así quedo prácticamente erecto. Continuamos el diálogo, cuando de momento tocan a la puerta y Pedro le dice con voz fuerte a su hija: “Están tocando a la puerta, abre.”

No le di ninguna importancia al asunto, más allá de notar que Pedro seguía insistentemente peinándose, lo que yo interpretaba como rascándose la cabeza.

En un santiamén, como por arte de magia, fui testigo de uno de los momentos más emotivos de mi vida. La joven esposa de Pedro hizo su tempestiva entrada al cuarto, y envuelta en lágrimas, llanto y dolor, se le fue encima, y gritando le repetía:  “¡te amo, te amo, tú sabes que te amo!”

Pedro, le decía: “¡mi amor, tú sabes que te quiero. No sabes la alegría que estoy sintiendo!”

Entonces entendí la insistencia de Pedro en lucir lo mejor posible: él la estaba esperando. Ella lo estaba buscando. Dos horas más tarde Pedro partió hacia la eternidad.

¡Dichoso aquel que en su hora final observa “NO PIENSO EN NADA” y su espíritu se anega de alegría y de amor!

Ha pasado mucho tiempo desde todos esos acontecimientos que hoy he recreado. He vuelto a reflexionar sobre los versos de Gustavo Adolfo Bécquer y me miro en el espejo consciente de lo que entrañan las ideas de Bécquer y las historias  reales de mis amigos. Francamente, antes de que ellos me contaran de sus formas de confrontar la existencia, yo ya contestaba la pregunta:

— “¿Cuál es la clave? Como lo que mata es el estrés, YO…”

—”¡NO PIENSO EN NADA!” 

©Dante A. Rodríguez Sosa

Noam Chomsky y las 10 Estrategias de Manipulación Mediática

Desde los tiempos remotos, algunos seres humanos descubrieron que para mantener los privilegios obtenidos por la fuerza o por la astucia, era necesario impedir que las actuaciones y opiniones de otras personas o grupos se manifestaran natural y libremente.

Para impedirlo se ha utilizado la fuerza ejercida como represión, persecución, censura, tortura y asesinato.  Uno de los ejemplos más conocidos del ejercicio de la fuerza para acallar unas ideas revolucionarias, es la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. 

Con la misma intención de acallar opiniones no deseadas y el descubrimiento de evidencias que ponen al desnudo las atrocidades de los gobiernos, en nuestros tiempos, todo el peso de la fuerza busca aplastar al fundador de Wikileaks Julian Assange.

Con idénticos propósitos, a lo largo de la historia se han desarrollado método para controlar sutilmente a las personas.  A uno de esos métodos de control sutil se le ha llamado manipulación. La manipulación actúa a niveles inconscientes y muy sofisticados. Únicamente puede ser descubierta e identificada, si se presta una atención especial a los mensajes y a las circunstancias que los rodean.

Afortunadamente, científicos sociales de todo el mundo se han dedicado a estudiar el fenómeno de la manipulación, creando alertas que ayudan a las personas a entender las intenciones de los mensajes difundidos a través de los medios.

Eso es lo que  hace precisamente Noam Chomsky en pro de la alfabetización mediática de las personas, cuando elaboró la lista de las 10 Estrategias de Manipulación a través de los medios. Léalas con atención y críticamente; seguramente le ayudarán a entender las sutilezas de la manipulación que nos amenaza seguidamente.

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“10 Estrategias de Manipulación” a través de los medios / Noam Chomsky 

1. La estrategia de la distracción Es el elemento primordial del control social. Consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las élites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. Se utiliza igualmente para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el proponente y defensor de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad y los derechos humanos. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas como el neoliberalismo fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado disminuido, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá evitarse. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.

5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantil. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestión, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso de lo emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido crítico de los individuos. Por otra parte, apelar a lo emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposible de alcanzar para las clases inferiores.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la culpa. Hacer creer al individuo que es culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, que si es el culpable, el individuo se desestima el mismo y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen. Los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídos y utilizados por las élites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

¡Adentro! / Miguel de Unamuno

In interiore hominis habitat veritas.

La verdad, habríame descorazonado tu carta, haciéndome temer por tu porvenir, que es todo tu tesoro, si no creyese firmemente que esos arrechuchos de desaliento suelen ser pasajeros, y no más que síntomas de la conciencia que de la propia nada radical se tiene, conciencia de que se cobra nuevas fuerzas para aspirar a serlo todo. No llegará muy lejos, de seguro, quien nunca sienta cansancio.

De esa conciencia de tu poquedad recogerás arrestos para tender a serlo todo. Arranca como de principio de tu vida interior del reconocimiento, con pureza de intención, de tu pobreza cardinal de espíritu, de tu miseria, y aspira a lo absoluto si en lo relativo quieres progresar.

No temo por ti. Sé que te volverán los generosos arranques y las altas ambiciones y de ello me felicito y te felicito.

Me felicito y te felicito por ello, sí, porque una de las cosas que peor traer nos traen – en España sobre todo – es la sobra de codicia unida a la falta de ambición. ¡Si pusiéramos en subir más alto el ahínco que en no caer ponemos, y en adquirir más tanto mayor cuidado que en conservar el peculio que heramos! Por cavar en tierra y esconder en ella el solo talento que se nos dio, temerosos del Señor que donde no sembró siega y donde no esparció recoge, se nos quitará ese único nuestro talento, para dárselo al que recibió más y supo acrecentarlo, porque “al que tuviere le será dado y tendrá aún más, y al que no tuviere, hasta lo que tiene le será quitado” (Mat. XXV). No seas avaro, no dejes que la codicia ahogue a la ambición en ti; vale más que en tu ansia por perseguir a cien pájaros que vuelan te broten alas, que no el que estés en tierra con tu único pájaro en mano.

Pon en tu orden, muy alta tu mira, lo más alta que puedas, más alta aún donde tu vista no alcance, donde nuestras vidas paralelas van a encontrarse: apunta a lo inasequible. Piensa cuando escribas, ya que escribir es tu acción, en el público universal, no en el español tan sólo, y menos en el español de hoy. Si en aquél pensasen nuestros escritores, otros serían sus ímpetus, y por lo menos habrían de poner, hasta en cuanto al estilo, en lo íntimo de éste, en sus entrañas y redaños, en el ritmo del pensar, en lo traductible a cualquier humano lenguaje, el trabajo que hoy los más ponen en su cáscara y vestimenta, en lo que sólo al oído español halaga. Son escritores de cotarro, de los que aspiran a cabezas de ratón; la codicia de gloria ahoga en ellos a la ambición de ella; cavan en la tierra patria y en ella esconden su único talento. Pon tu mira muy alta, más alta aún, y sal de ahí, de esa Corte, cuanto antes. Si te dijesen que ese es tu centro, contéstales: ¡mi centro está en mí!

Ahí te consumes y disipas sin el debido provecho, ni para ti ni para los otros, aguantando alfilerazos que enervan a la larga. Tienes ahí que indignarte cada día por cosas que no lo merecen. ¿Crees que puede un león defenderse de una invasión de hormigas leones? ¿Vas a matar a zarpazos pulgas?

Sal pronto de ahí y aíslate por primera providencia; vete al campo, y en la soledad conversa con el universo si quieres, habla a la congregación de las cosas todas. ¿Qué se pierde tu voz? Más vale que se pierdan tus palabras en el cielo inmenso a no que resuenen entre las cuatro paredes de un corral de vecindad, sobre la cháchara de las comadres. Vale más ser ola pasajera en el océano, que charco muerto en la hondonada.

Hay en tu carta una cosa que no me gusta, y es ese empeño que muestras ahora por fijarte un camino y trazarte un plan de vida. ¡Nada de plan previo, que no eres edificio! No hace el plan a la vida, sino que ésta lo traza viviendo. No te empeñes en regular tu acción por tu pensamiento; deja más bien que aquélla te forme, informe, deforme y transforme éste. Vas saliendo de ti mismo, revelándote a ti propio; tu acabada personalidad está al fin y no al principio de tu vida; sólo con la muerte se te completa y corona. El hombre de hoy no es el de ayer ni el de mañana, y así como cambias, deja que cambie el ideal que de ti propio te forjas. Tu vida es ante tu propia conciencia la revelación continua, en el tiempo, de tu eternidad, el desarrollo de tu símbolo; vas descubriéndote conforme obras. Avanza, pues, en las honduras de tu espíritu, y descubrirás cada día nuevos horizontes, tierras vírgenes, ríos de inmaculada pureza, cielos antes no vistos, estrellas nuevas y nuevas constelaciones. Cuando la vida es honda, es poema de ritmo continuo y ondulante. No encadenes tu fondo eterno, que en el tiempo se desenvuelve, a fugitivos reflejos de él. Vive al día, en las olas del tiempo, pero asentado sobre tu roca viva, dentro del mar de la eternidad; al día en la eternidad, es como debes vivir.

Te repito, que no hace el plan a la vida, sino que ésta se lo traza a sí misma, viviendo. ¿Fijarte un camino? El espacio que recorras será tu camino; no te hagas, como planeta en su órbita, siervo de una trayectoria. Querer fijarse de antemano la vía redúcese en rigor a hacerse esclavo de la que nos señalen los demás, porque eso de ser hombre de meta y propósitos fijos no es más que ser como los demás nos imaginan, sujetar nuestra realidad a su apariencia en las ajenas mentes. No sigas, pues, los senderos que a cordel trazaron ellos; ve haciéndote el tuyo a campo traviesa, con tus propios pies, pisando sus sementeras si es preciso. Así es como mejor les sirves, aunque otra cosa crean ellos. Tales caminos, hechos así a la ventura, son los hilos cuya trama forma la vida social; si cada cual se hace el suyo, formarán con sus cruces y trenzados rica tela, y no calabrote.

¿Orientación segura te exigen? Cualquier punto de la rosa de los vientos que de meta te sirva te excluye a los demás. Y ¿sabes acaso lo que hay más allá del horizonte? Explóralo todo, en todos sentidos, sin orientación fija, que si llegas a conocer tu horizonte todo, puedes recogerte bien seguro en tu nido.

Que nunca tu pasado sea tirano de tu porvenir; no son esperanzas ajenas las que tienes que colmar. ¿Contaban contigo? ¡Que aprendan a no contar sino consigo mismos! ¿Qué así no vas a ninguna parte, te dicen? Adonde quiera que vallas a dar será tu todo, y no la parte que ellos te señalen. ¿Qué no te entienden? Pues que te estudien o que te dejen; no has de rebajar tu alma a sus entendederas. Y, sobre todo en amarnos, entendámonos o no, y no en entendernos sin amarnos, estriba la verdadera vida. Si alguna vez les apaga la sed el agua que de tu espíritu mana, ¿a qué ese empeño de tragarse el manantial? Si la fórmula de tu individualidad es complicada, no vallas a simplificarla para que entre en su álgebra; más te vale ser cantidad irracional que guarismo de su cuenta.

Tendrás que soportar mucho porque nada irrita al jacobino tanto como el que alguien se le escape de sus casillas; acaba por cobrar odio al que no se pliega a sus clasificaciones, disputándole de loco o de hipócrita. ¿Qué te dicen que te contradices? Sé sincero siempre, ten en paz tu corazón y no hagas caso, que si fueses sincero y de corazón apaciguado, es que la contradicción está en sus cabezas y no en ti.

¿Qué te hinchas? Pues que te hinches, que si nos hinchamos todos, crecerá el mundo. ¡Ambición, ambición, y no codicia!

Te repito que te prepares a soportar mucho, porque los cargos tácitos que con nuestra conducta hacemos al prójimo son los que más en lo vivo le duelen. Te atacan por lo que piensas; pero les hieres por lo que haces. Hiéreles por amor. Prepárate a todo, y para ello toma al tiempo de aliado. Morir como Icaro vale más que vivir sin haber intentado volar nunca, aunque fuese con alas de cera. Sube, pues, para que te broten alas, que deseando volar te brotarán. Sube; pero no quieras una vez arriba arrojarte desde lo más alto del templo para asombrar a los hombres, confiado en que los ángeles te lleven en sus manos, que no debe tentarse a Dios. Sube sin miedo y sin temeridad. ¡Ambición, y nada de codicia!

Y, entretanto, resignación, resignación activa, que no consiste en sufrir sin luchar, sino en no apesadumbrarse por lo pasado, ni acongojarse por lo irremediable; en mirar al porvenir siempre. Porque ten en cuenta que sólo el porvenir es reino de libertad; pues así que algo se vierte al tiempo, a su ceñidor queda sujeto. Ni lo pasado puede ser más que como fue, ni cabe que lo presente sea más que como es; el puede ser es siempre futuro. No sea tu pesar por lo que hiciste más que propósito de futuro mejoramiento; todo otro arrepentimiento es muerte, y nada más que muerte. Puede creerse en el pasado; fe sólo en el porvenir se tiene, sólo en la libertad. Y la libertad es ideal y nada más que ideal, y en serlo está precisamente su fuerza toda. Es ideal e interior, es la esencia misma de nuestro posesionamiento del mundo, al interiorizarlo. Deja a los que creen en Apocalipsis y milenarios que aguarden que el ideal les baje de las nubes y tome cuerpo a sus ojos y puedan palparlo. Tú, créelo verdadero ideal, siempre futuro y utópico siempre, utópico, esto es: de ningún lugar, y espera. Espera, que sólo el que espera vive; pero teme el día en que se te conviertan en recuerdos las esperanzas al dejar el futuro, y para evitarlo, haz de tus recuerdos esperanzas, pues porque has vivido vivirás.

No te metas entre los que en la arena del combate luchan disparándose a guisa de proyectiles afirmaciones redondas de lo parcial. Frente a su dogmatismo exclusivista, afírmalo todo, aunque te digan que es una manera de todo negarlo, porque aunque así fuera, sería la única negación fecunda, la que destruyendo crea y creando destruye. Déjales con lo que llaman sus ideas cuando en realidad son ellos de las ideas que llaman suyas. Tú mismo eres idea viva; no te sacrifiques a las muertas, a las que se aprenden en papeles. Y muertas son todas las enterradas en el sarcófago de las fórmulas. Las que tengas, tenlas como los huesos, dentro, y cubiertas y veladas con tu carne espiritual, sirviendo de palanca a los músculos de tu pensamiento, y no fuera y al descubierto y aprisionándote como las tienen las almas-cangrejos de los dogmáticos, abroqueladas contra la realidad que no cabe en dogmas. Tenlas dentro sin permitir que lleguen a ellas los jacobinos que, educados en la paleontología, nos toman de fósiles a todos, empeñándose en desarrollarnos y descuartizarnos para lograr sus clasificaciones conforme al esqueleto.

No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e insustituible; en serlo a conciencia, pon tu principal empeño.

Asoma en tu carta una queja que me parece mezquina. ¿Crees que no haces obra porque no la señalen tus cooperativos? Si das el oro de tu alma, correrá aunque se le borre el cuño. Mira bien si no es que llegas al alma e influyes en lo íntimo de aquellos ingenios que evitan más cuidadosamente tu nombre. El silencio que en son de queja me dices que te rodea, es un silencio solemne; sobre él resonarán más limpias tus palabras. Déjales que jueguen entre sí al eco y se devuelvan los saludos. Da, da, y nunca pidas, que en cuanto más des más rico serás en dádivas.

No te importe el número de los que te rodeen, que todo verdadero beneficio que hagas a un solo hombre, a todos se lo haces; se lo haces al Hombre. Ganará tu eficacia en intensidad lo que en extensión pierda. Las buenas obras jamás descansan; pasan de unos espíritus a otros, reposando un momento en cada uno de ellos para restaurarse y recobrar sus fuerzas. Haz cada día por merecer el sueño, y que sea el descanso de tu cerebro preparación para cuando tu corazón descanse; haz por merecer la muerte.

Busca sociedad; pero ten en cuenta que sólo lo que de la sociedad recibas será la sociedad en ti y para ti, así como sólo lo que a ella des será tu en la sociedad y para ella. Aspira a recibir de la sociedad todo, sin encadenarte a ella, y a darte a ella por entero. Pero ahora, por el pronto al menos, te lo repito, sal de ese cotarro y busca a la Naturaleza, que también es sociedad, tanto como es la sociedad Naturaleza. Tú mismo, en ti mismo, eres sociedad, como que, de serlo cada uno, brota la que así llamamos y que camina a personalizarse, porque nadie da lo que no tiene. Hasta carnalmente no provenimos de un solo ascendiente, sino de legión, y a legión vamos; somos un modo de la trama de las generaciones.

Todos tus amigos son a aconsejarte: “ve por aquí”, “ve por allí”, “no te desparrames”, “concentra tu acción”, “oriéntate”, “no te pierdas en la inconcreción”. No les hagas caso, y da de ti lo que más les moleste, que es lo más que les conviene. Ya te lo tengo dicho: no te aceptarán de grado lo tuyo; querrán tus ideas, que no son en realidad tuyas.

No quieras influir en eso que llaman la marcha de la cultura, ni en el ambiente social, ni en tu pueblo, ni en tu época, ni mucho menos en el progreso de ideas, que andan solas. No en el progreso de las ideas, no, sino en el crecimiento de las almas, en cada alma, en una sola alma y basta. Lo uno es para vivir en la Historia; para vivir en la eternidad, lo otro. Busca antes las bendiciones silenciosas de pobres almas esparcidas acá y allá, que veinte líneas en las historias de los siglos. O más bien, busca aquello y se te dará esto de añadidura. No quieras influir sobre el ambiente ni en eso que llaman señalar rumbos a la sociedad. Las necesidades de cada uno son las más universales, porque son las de todos. Coge a cada uno, si puedes, por separado y a solas en su camarín, e inquiétalo por dentro, porque quien no conoció la inquietud jamás conocerá el descanso. Sé un confesor más que un predicador. Comunícate con el alma de cada uno y no con la colectividad.

¡Que alegría, que entrañable alegría te mecerá el espíritu cuando vallas solo, solo entre todos, solo en tu compañía, contra el consejo de tus amigos, que quieren que hagas economía política o psicología fisiológica o crítica literaria! La cosa es que no des tu espíritu, que lo ahogues, porque les molestas con él. Has de darles tu inteligencia tan sólo, lo que no es tuyo, has de darles el escarchado del ambiente social sobre ti, sin ir a hurgarles el rinconcito de la inquietud eterna; no has de comulgar con tres o cuatro de tus hermanos, sino traspasar ideas coherentes y lógicas a trescientos o cuatrocientos, o treinta mil o cuarenta mil que no pueden, o no quieren o no saben afrontar el único problema. Esos consejos te señalan tu camino. Apártate de ellos. ¡Nada de influir en la colectividad! Busca tu mayor grandeza, la más honda, la más duradera, la menos ligada a tu país y a tu tiempo, la más universal y secular, y será como mejor servirás a tus compatriotas coetáneos.

Busca sociedad, sí, pero ahora, por de pronto, chapúzate en Naturaleza, que hace serio al hombre. Sé serio. Lleva seriedad, solemne seriedad a tu vida, aunque te digan los paganos que eso es ensombrecerla, que la haces sombría y deprimente. En el seno de eso que como lúgubres depresiones se aparecen al pagano, es donde se encuentran las más regaladas dulzuras. Toma la vida en serio sin dejarte emborrachar por ella; sé su dueño y no su esclavo, porque tu vida pasa y tú te quedarás. Y no hagas caso a los paganos que te digan que tú pasas y la vida queda… ¿La vida? ¿Qué es la vida? ¿Qué es una vida que no es mía, ni tuya, ni de otro cualquiera? ¡La vida! ¡Un ídolo pagano, al que quieren que sacrifiquemos cada uno nuestra vida! Chapúzate en el dolor para curarte de su maleficio; sé serio. Alegre también; pero seriamente alegre. La seriedad es la dicha de vivir tu vida asentada sobre la pena de vivirla y con esta pena cansada. Ante la seriedad que las funde y al fundirlas las fecunda, pierden tristeza y alegría su sentido.

Otra vez más: ahora corre al campo, y vuelve luego a sociedad para vivir en ella; pero de ella despegado, desmundanizado. El que huye del mundo sigue del mundo esclavo, porque lo lleva en sí; sé dueño de él, único modo de comulgar con tus hermanos en humanidad. Vive con los demás, sin singularizarte, porque toda singularización exterior en vez de preservar, ahoga a la interna. Vive como todos, siente como tú mismo, y así comulgarás con todos y ellos contigo. Haz lo que todos hagan, poniendo, al hacerlo, todo tu espíritu en ello, y será cuanto hagas original por muy común que sea.

Sólo en la sociedad te encontrarás a ti mismo; si te aíslas de ella no darás más que con un fantasma de tu verdadero sujeto propio. Sólo en la sociedad adquieres tu sentido todo, pero despegado de ella.

Me dices en tu carta que, si hasta ahora ha sido tu divisa, ¡adelante!, de hoy en más será, ¡arriba! Deja eso de adelante y atrás, arriba y abajo, a progresistas y retrógrados, ascendentes y descendentes, que se mueven en el espacio exterior tan sólo, y busca el otro, tu ámbito interior, el ideal, el de tu alma. Forcejea por meter en ella al universo entero, que es la mejor manera de derramarte en él. Considera que no hay dentro de Dios más que tú y el mundo y que si formas parte de éste porque te mantiene, forma también él parte de ti, porque en ti lo conoces. En vez de decir, pues, ¡adelante! o ¡arriba!, di: ¡adentro! Reconcéntrate para irradiar; deja llenarte para que rebases luego, conservando el manantial. Recógete en ti mismo para mejor darte a los demás todo entero e indiviso. –Doy cuanto tengo – dice el generoso; – doy cuanto valgo – dice el abnegado; – doy cuanto soy – dice el héroe; – me doy a mí mismo – dice el santo; y di tú con él, al darte: – Doy conmigo el universo entero -. Para ello tienes que hacerte universo, buscándolo dentro de ti. ¡Adentro!

Irak en mí

El cine puertorriqueño tambien tiene películas censuradas por los monopolios que controlan la difusión de cine.  Este es el caso de la película Irak en mí que se extrenará proximamente en el Ateneo Puertorriqueño.  Su crudo contenido político es causa suficiente para que no se exhiba en las salas de cine comerciales ni por los canales de televisión estadounidenses que operan en la Isla.  La publicidad que sobre la película ha sido distribuida resume su contenido de la siguiente manera:

“Iraq en mÍ –una película de Roberto Ramos-Perea y Julián Ramos-Trabal– relata la historia de dos soldados puertorriqueños, que tras su regreso de la Batalla de Fallujah en la Guerra de Iraq, luchan con sus conciencias por olvidar lo que pasaron allí. La angustia del soldado puertorriqueño insertado en las absurdas decisiones políticas de la guerra, la confrontación con el punto de vista iraquí sobre el genocidio provocado por la invasión y ocupación de Iraq, y el vacío doloroso que cada uno de los soldados trajo tras el regreso, son el espacio de conflicto en que se desarrolla en esta película, cuya trama revive escenas de guerra complejas de comprender.”