De los rincones / por Gloría Gayoso

Ella habita triste
en un rincón de la sala.
Anda en escoba
barriendo tiempos
que el reloj marca;
y sumida en recuerdos
se mira en el espejo,
que la retrata.
Tiene sobre una mesa
sueños de otras galaxias.
A veces una silla
inventa humanas formas
que sin boca la llaman…
La soledad habita
en las paredes enladrilladas
y nadie la acaricia,
y nadie la engalana.
Ella lo espera siempre
de noche y de mañana.
Y cuando cae la tarde
refúgiase en la lágrima.

©Gloria Gayoso
Derechos reservados

Foto: Eva Lewitus

Canto a Salinas

 

por José Norberto Quiñones

 

Salinas pueblo amado,

vengo a cantarte aquí,

decirte con frenesí,

lo que en el alma he guardado.

 

Amo tus suaves colinas,

y también amo tus valles,

tu plaza, tus lindas calles,

y tus playas diamantinas.

 

Hueles a poleo y caña,

a jueyes y mojo isleño,

llevas sabor en tu entraña,

y aromas que son ensueño.

 

El sol que quema enciende,

tus pastos y yerbazales,

que año a año trasciende

cual sahumerio de ocultos males.

 

De rosa, púrpura y oro

se tiñe tu atardecer,

cuando empieza a oscurecer,

los astros cantan a coro.

 

Los penachos de tus palmas

rasgan tu cielo antillano,

de la costa al fértil llano,

brindan paz al contemplarlas.

 

El mar Caribe es guardián

de las playas de Salinas,

y sus olas cristalinas

Grácil, vienen y van.

 

Cuando la Luna ilumina

con su luz tu bello entorno

ella te sirve de adorno,

¡Hay que noche tan divina!

 

Tu gente, amable, cordial,

humilde, tranquila, sencilla,

es esta la maravilla

de mi pueblito natal.

 

Tus mujeres saladitas,

dulzura en el corazón,

saben amar con pasión,

Todas, todas, son bonitas.

 

Salinas, nunca te olvido,

aunque me aleje de ti,

mi hogar siempre estará allí

a pesar de haber partido.

 

Difundido por: Circulo Literario Antonio Ferrer Atilano

Foto tomada de Internet, autor desconocido.

¿De qué quieres hablar? / Carlos Román Ramírez

Te pregunto ¿de qué quieres,

de tu vida, de la mía,

de tus sueños nacidos, de los perdidos,

de lo que fuimos un día?

¿De primaverales rosicleres, de soles

veraniegos, de matinal lluvia

profunda cuando mi conciencia

era tuya y aún lo desconocías?

¿Del fuego interior que nos unió

en el camino, de tus sentires vagos,

de los galopantes míos?

¿De lo que logramos, de lo que perdimos

en la inmensa corriente de la existencia?

¿De cosas sin mencionar lo nuestro,

de la patria o de alguna otra agonía,

de los hijos que se van más de lo que vuelven,

del mar, por ejemplo?

¿Sí, del mar?, pues hablemos de bogar

como una vez bajo luna plateada

en el idílico vaivén de las olas…. ¡ensueños!

y luego…. ¡miseria!,

un puerto de luces agónicas

mirando perderse un amor grande,

ya mediano, ya pequeño

como el navío que se aleja

en un adiós sin regreso.

 

Carlos Román Ramírez

Como te quiero Santa Isabel / Reinaldo Zayas

Que mucho te quiero Santa Isabel
y estoy tan lejos, que me desvelo
de solo pensar no volverte a ver.

Que mucho te quiero pueblo adorado
crecí en tus calles y entre sembrados
de caña dulce como la miel.

A veces me desespero, porque estoy lejos
y me hacen falta las caricias de tu azul cielo
la brisa suave que me hipnotiza, en el hermoso atardecer.

Cuanto adoro ese olor a tierra mojada
que provoca sueños, como de hadas
que se mesen en la enramada del cocotero
y allá en la playa, guardan tesoros de mi niñez.

cuanto te amo Santa Isabel
de día te añoro como ninguno
y en la noche, cuando no canta el coquí que me vio nacer…

pienso, Dios mío que el tiempo pasa
y me da miedo de fallecer,
sin ver tu rostro de recta línea desde mi calle,
Santa Isabel.

Reinaldo David Zayas Núñez.
Cartagena de Indias – Colombia
mayo 24 del 2019

 

Epitaphium / por Josúe Santiago de la Cruz

Habito en el umbral de la poesía,
Allí donde los güiros y tambores
Y un coro de inmortales ruiseñores
Entonan bellas notas noche y día.

Allí donde embriagados de alegría,
Las musas y los céfiros cantores,
Inspiran a los viejos trovadores
Sus versos en perfecta sincronía.

Allí donde se escuchan los violines
Surcar con su cadencia los confines
A vuelo de una marcha instrumental.

Yo vivo en el umbral de la poesía,
La última parada del tranvía,
Que cierra este camino vecinal.

JSC

6 de feb. 2019.

Reconciliación / por Aníbal Colón de la Vega

Después de largas batallas
y mil faltas perdonadas,
regreso a la vieja casa ―
la de las memorias gratas―
donde me tragó la infancia.
Al ritmo de la calzada,
abrazos espera mi alma,
o tal vez descarga de armas.
Junto a la antigua morada
y la falda de la montaña,
ya la ceiba centenaria
cubre la huerta preñada.
Para alivio de mis canas,
flotan en todas la ramas
sendas banderitas blancas.

Anibal Colon de La Vega

La visitante astral / por José Manuel Solá

Estás hecha de palabras y de pétalos;
vienes desde el silencio hecha de oraciones paganas y canciones,
con fragancias de olíbanos e incendios
y con la media luna tatuada en los ojos de magias orientales;
en la danza del tiempo te me acercas,
las alas deshilando la luz de medianoche,
los labios exhalando mariposas como un vino de estrellas
y los naipes del sueño cayendo de las manos,
cartas y profecías marcadas por vidas de otro tiempo,
vienes incandescente radiando otras auroras por las islas del cosmos,
nocturna, vienes desde el pecado y las incertidumbres;
vienes a redimirme, pienso ahora,
vienes a liberarme, tal vez a hacerme esclavo: vienes al sacrificio;
de todas las ternuras con que una vez me amaste, me quisiste,
con que te abandonaste entre mis brazos
cabalgando desnuda el horizonte,
habitada de magias te me entregas, con tus eternidades,
quemando como el véspero más alto,
perdida como el viento y el vuelo de los pájaros
y abandonas un beso entre mis labios
para luego marcharte, amada mía.
¡Hace ya tanto tiempo me habías señalado…!

 

(c) José Manuel Solá  /  13 de enero de 2016

 

Oración de un asceta / Aníbal Colón de la Vega

Oración de un asceta

Señor de la concordia y del amor,
no permitas que le cause mal a nadie,
ni siquiera a los minúsculos insectos.
Yo barro delante de mis pasos
con la vieja escobilla, para salvar
cualquier manifestación de la vida,
por ínfima que ésta parezca.
Ayuno y abstinencia marcan mis días,
y la carne no toca mi boca.
Beso las frutas y las plantas,
antes de que se sacrifiquen y pasen
a ser parte de mi propia carne.
Cuida tú mis miradas y palabras:
que no sean flechas venenosas
ni dardos siniestros que hieran al otro.
Y hasta los pensamientos y afectos guarda,
a fin de que se truequen
en lluvia bendita para quienes
me acompañan en la larga calzada.
Regálame tu paz secreta.
Y, si te place, hazme invisible
y déjame pasar inadvertido donde
se imponga y me venza la violencia.

Aníbal Colón de La Vega

A qué le temes… / por Carlos Román Ramírez

¿A qué le temes…

a la vida? De todas maneras

tienes que vivirla, camínala,

respírala, afróntala, si tu voluntad

es grande la vida cede.

¿Le temes al olvido?

¿A que te olviden?

¿Acaso no has llegado a comprender

que todo pasa?

El olvido es alivio, tú también

has olvidado antes de que te olviden.

¿Le temes al sufrimiento?

¿No sabes que al igual

que la dicha a todos toca,

hoy a tí, mañana a mi?

¿Temes extraviarte?

Todos nos perdemos a veces,

es parte de la aventura.

¿Temes equivocarte, a eso le temes?

Me ha pasado tantas veces

y, mírame, aún estoy aquí

platicando contigo, mirándome

en tus ojos nocturnales,

paladeando el momento,

la casa nos cobija mientras la lluvia

acompasada cae sobre el tejado…..

tranquila, confía, reclínate, abrázame,

soy tuyo, mi amor te proteje.

               junio 2018

               Carlos Román Ramírez

Voy a cambiar tu vida / Carlos Román Ramírez

Voy a cambiar tu vida…..

 

lo juro…. y en fe de promesa

te entregaré mis horas tempraneras,

mis horas tibias, mis horas umbrías,

mis consideraciones, mis sonetos,

mis lluviosas ternuras otoñales,

todas mis locuras desparramadas

y luego….. mis conglomeradas armonías.

Mi presencia en la inmaterial hoguera

donde se cuecen sueños…..

lo prometo.

Voy a cambiar tu vida en un instante

si me convidas a ser tu amante,

abriré mi ventana tanto tiempo entornada

y un aire ecuatorial derretirá

los témpanos entre tu mano y la mía.

Yo, que nada he sido, seré pastor de ilusiones,

pintor de horizontes, hacedor de pensares,

constructor de locuras, por ti seré

más de un día cada día.

En el vasto silencioso muro plantaré

una hiedra de amarteladas frases

que arrope todo como una ola verde

y bogaré contigo en el vaivén de las horas

hasta donde la pasión se inflama

y la conciencia se pierde.

 

junio 2017

Carlos Román Ramírez