La visitante astral / por José Manuel Solá

Estás hecha de palabras y de pétalos;
vienes desde el silencio hecha de oraciones paganas y canciones,
con fragancias de olíbanos e incendios
y con la media luna tatuada en los ojos de magias orientales;
en la danza del tiempo te me acercas,
las alas deshilando la luz de medianoche,
los labios exhalando mariposas como un vino de estrellas
y los naipes del sueño cayendo de las manos,
cartas y profecías marcadas por vidas de otro tiempo,
vienes incandescente radiando otras auroras por las islas del cosmos,
nocturna, vienes desde el pecado y las incertidumbres;
vienes a redimirme, pienso ahora,
vienes a liberarme, tal vez a hacerme esclavo: vienes al sacrificio;
de todas las ternuras con que una vez me amaste, me quisiste,
con que te abandonaste entre mis brazos
cabalgando desnuda el horizonte,
habitada de magias te me entregas, con tus eternidades,
quemando como el véspero más alto,
perdida como el viento y el vuelo de los pájaros
y abandonas un beso entre mis labios
para luego marcharte, amada mía.
¡Hace ya tanto tiempo me habías señalado…!

 

(c) José Manuel Solá  /  13 de enero de 2016

 

Oración de un asceta / Aníbal Colón de la Vega

Oración de un asceta

Señor de la concordia y del amor,
no permitas que le cause mal a nadie,
ni siquiera a los minúsculos insectos.
Yo barro delante de mis pasos
con la vieja escobilla, para salvar
cualquier manifestación de la vida,
por ínfima que ésta parezca.
Ayuno y abstinencia marcan mis días,
y la carne no toca mi boca.
Beso las frutas y las plantas,
antes de que se sacrifiquen y pasen
a ser parte de mi propia carne.
Cuida tú mis miradas y palabras:
que no sean flechas venenosas
ni dardos siniestros que hieran al otro.
Y hasta los pensamientos y afectos guarda,
a fin de que se truequen
en lluvia bendita para quienes
me acompañan en la larga calzada.
Regálame tu paz secreta.
Y, si te place, hazme invisible
y déjame pasar inadvertido donde
se imponga y me venza la violencia.

Aníbal Colón de La Vega

A qué le temes… / por Carlos Román Ramírez

¿A qué le temes…

a la vida? De todas maneras

tienes que vivirla, camínala,

respírala, afróntala, si tu voluntad

es grande la vida cede.

¿Le temes al olvido?

¿A que te olviden?

¿Acaso no has llegado a comprender

que todo pasa?

El olvido es alivio, tú también

has olvidado antes de que te olviden.

¿Le temes al sufrimiento?

¿No sabes que al igual

que la dicha a todos toca,

hoy a tí, mañana a mi?

¿Temes extraviarte?

Todos nos perdemos a veces,

es parte de la aventura.

¿Temes equivocarte, a eso le temes?

Me ha pasado tantas veces

y, mírame, aún estoy aquí

platicando contigo, mirándome

en tus ojos nocturnales,

paladeando el momento,

la casa nos cobija mientras la lluvia

acompasada cae sobre el tejado…..

tranquila, confía, reclínate, abrázame,

soy tuyo, mi amor te proteje.

               junio 2018

               Carlos Román Ramírez

Voy a cambiar tu vida / Carlos Román Ramírez

Voy a cambiar tu vida…..

 

lo juro…. y en fe de promesa

te entregaré mis horas tempraneras,

mis horas tibias, mis horas umbrías,

mis consideraciones, mis sonetos,

mis lluviosas ternuras otoñales,

todas mis locuras desparramadas

y luego….. mis conglomeradas armonías.

Mi presencia en la inmaterial hoguera

donde se cuecen sueños…..

lo prometo.

Voy a cambiar tu vida en un instante

si me convidas a ser tu amante,

abriré mi ventana tanto tiempo entornada

y un aire ecuatorial derretirá

los témpanos entre tu mano y la mía.

Yo, que nada he sido, seré pastor de ilusiones,

pintor de horizontes, hacedor de pensares,

constructor de locuras, por ti seré

más de un día cada día.

En el vasto silencioso muro plantaré

una hiedra de amarteladas frases

que arrope todo como una ola verde

y bogaré contigo en el vaivén de las horas

hasta donde la pasión se inflama

y la conciencia se pierde.

 

junio 2017

Carlos Román Ramírez

4,645 / por Marinín Torregrosa Sánchez

¡4,645! ¡Loteria!

¡Juégalo! ¡Busca la suerte!

¡4,645! 4,645… ¿4,645?

(Suena un cuatro… ¿el himno?)

 

Cuatro que engorroso llanto cantas

seis gaucho en dolorosa cadencia.

Cuatro del alma gimes…

cinco, sin colores la cruda ausencia.

Cuatro mil… violines contratados pa’l drama.

Seiscientos, seis… siento pero callas.

“Cuarenta, a mitad los derechos, elimino la 80

y cinco… sin cojones me tiene del país la venta”.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y alcanzamos a las estrellas de un brinco.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

Y no hay muralla pa’ estrellarse del brinco.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y en el mar ahogas el grito.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y no hay prócer que resucite del nicho.

Y si no sales de tu confort

nos lleva el diablo…

No more Puerto Ricans

ni en la luna, ¡coño!… Lord!

 

©Marinín Torregrosa Sánchez, 30 de mayo de 2018.

Foto en: Puerto Rico art news

Las palomas de Juaní / Josué Santiago de la Cruz

Miraba desde acá en la lejanía

Las ágiles palomas de Juaní,

Volando por allá y yo desde aquí

Inmerso entre el dolor y la agonía.

A veces Talas Viejas era así,

Un cántico de amor y de poesía,

Remanso donde nunca la porfía

Regó el amargo sumo de su ají…

De tarde regresaban a sus nidos,

Alegres, bulliciosas, parlanchinas,

Y a ritmo de la noche con sus ruidos

Las ramas afinaban sus sordinas…

Hermoso recordar los tiempos idos

De aquel bello rincón de mi Salinas.

JSC

17/1/2018

Amor pasado / por Marinin Torregrosa Sánchez

A través del cristal quebrado
suele mirar aquel amor pasado
que bordó encajes de ensueño,
que le dedicó poemas robados
y perfumó de inocencia 
las cartas guardadas con celo.

Se pregunta si eran ciertas
las promesas que entre lineas
aquel corazón valiente
imprimiera con su tinta.

Se pregunta cómo seria
si en vez de enumerar las cartas
se sumaran sus dias
al dueño de aquellas palabras.

Se pregunta si
al encontrar su mirada
el sol se abochornaria
por solo prestar luz a la luna solitaria.

¡Se pregunta tantas cosas!
¡Hasta si el sabor del café
en sus labios cambiara!

Mientras, en el libro de la vida
marca con una flor ya marchita
la página de una novela
sin terminar ni publicar, pero vivida.

“Y los huesos ya duelen,
la piel se va arrugando,
la estatura va mermando
porque la espalda va encorvando,
pero al espíritu, el tiempo no doblega.”

©Marinín Torregrosa Sánchez, 12 de noviembre de 2017

Si fueras la paz / Carlos Román Ramírez

Si Fueras la Paz….

acumularía en las tardes todos mis volantines

de colores frente a tu ventana

con pancartas expresando mi sentir

y en la mañana el gorjeo

de los pájaros azules que fieles me siguen

desde que saben que podría amarte…..

si fueras la paz.

Traería a tu alcoba el cósmico resplandor

de esas lunas apagadas que se encienden

cuando mi pasión las llama

y al unísono iluminaran tu frente.

Poblaría tu jardín de camelias

y vendría todos los días a regarlas

con agua pura de mis lluviosas armonías.

Convocaría a todos los duendes

que conozco y festejaríamos el minuto

en que supe que existías…..

si fueras la paz.

Un sol ecuatorial entibiaría mis fríos,

pero ya ves, aún en mi trinchera

en la retaguardia estoy herido,

mas nada sería imposible para mis osadías

si me miraras con ojos de armisticio

pero en esa guerra interna, fatídica,

mortal entre tus hemisferios

no hay quien se salve.

por Carlos Román Ramírez

Yo te adoro Salinas / Josué Santiago de la Cruz

Bajando por la autopista
De luz se inundan mis ojos
Porque el alma, los abrojos,
Dejando atrás va en la pista.
No muy distante mi vista
Comienza a reconocer,
Con un inmenso placer,
Imágenes olvidadas,
Lelo limpiando las gradas
Del parque al amanecer.

El sol de luz el paisaje
Inunda en la lejanía,
Pintando en su serranía
Su exuberante follaje.
Se oye en la playa el oleaje
Lamer a gusto la orilla
Y el pescador, la barquilla,
Boyando en el horizonte
Mientras el hombre de monte
La bestia busca y la ensilla.

Agrupadas en mi mente
Las palomas del recuerdo
Dejando atrás van el lerdo
Caminar que el cuerpo siente.
Eleva el alma sonriente
Su voz sonora a los montes,
Como coro de sinsontes
Que inunda mi corazón
Salinas, cuánta pasión
Descubro en tus horizontes.

Parcelas Vázquez, bajando
El rumor siento del río,
Las voces del caserío
Que en sus orillas, cantando,
Alegres se oyen pescando.
Del mar Caribe su brisa
Va cortando a toda prisa
Mi corazón agitado.
Con tu pincel has pintado
En mis labios la sonrisa.

El buey, su rabo que azota
En el cruce de La Plena.
Salinas con su melena
Dorada en el cielo flota.
Como una linda gaviota
Sus alas en la llanura
Abre a todos con ternura
De madre consentidora.
Eres tú, lumbre gestora,
Del patrio amor que perdura.

Inmenso el valle se amplía
Bajo un manto diamantino
Su cielo limpio, opalino,
Resplandece en la bahía.
Del gallo anunciando el día
Escucho el canto sonoro
Y al cielo, humilde, le imploro,
Que no me vuelva a alejar
De este precioso lugar:
¡Salinas, cuánto te adoro!

JSC