Poema innecesario para el olvido / José Manuel Sola

 

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Mejor es que me olvides,

que no sepas qué pienso ni qué canto…

será mejor que olvides cuánto te amaba,

cuántas noches azules, cuánta magia…

Mejor es que no pienses que te pienso

ni qué palabras caen de mis ojos

o qué manos buscan acariciarte

encendidas de lunas y de besos…

Mejor si nos perdemos en la aurora de otros horizontes,

en medio de otras voces de otras gentes anónimas

que acaso ni saben que existimos.

Que ni cartas, gorriones ni poemas

ni canciones perdidas a lo lejos

ni fotos de otros tiempos

ni páginas marcadas en los libros que

te digan “…aqui estuvo… es real…”

porque eso es amor.

Y es mejor el olvido.

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(c) José Manuel Solá / 5 de julio de 2017

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Elijo vivir / Gloria Gayoso

Yo detesto el ocaso,

prefiero la alborada;

si la vejez no es justa

ni tampoco la muerte.

Llevo un alma de niña

eterna enamorada,

que desdeña lo efímero

de la vida y la suerte.

No quiero el pelo cano,

ni la boca marchita.

todavía conservo

cristalina la risa,

un fulgor que reluce

en la chispa del ojo

y en los labios un fuego

de algún beso que añoro.

Adoro yo el aroma

de las flores tempranas,

el sol que me deslumbra

con su luz de mañana.

Y que no me convenzan

que el partir es sagrado,

que me mudo de traje,

que traspaso de plano.

Yo detesto el ocaso…

Resignada me ato

al decreto del cielo,

al sublime mandato,

pero conste que espero

sólo rosas de mayo.

                                   ©Gloria Gayoso

Sin sofrito / por Roberto López

Si en la alacena no hay sofrito,
soy pistolero desarmado.
Y si me quiere a su lado,
arranque pal colmadito

Voy a hacer arroz con pollo,
y en la casa no hay sazón,
avance mi corazón,
a la tienda de don Goyo.

Le advierto mi cielito,
no se me vaya a enojar,
Que una casa sin sofrito,
es hogar disfuncional.

Ya prendí la candela
apresúrese princesa.
Tráigame una cerveza,
para echarle a la cazuela.

Y si quiere algo dulzón,
que le acaricie el tuétano.
Cómprese un dulce plátano
Pa machacarlo al pilón.
©Roberto López

Permanece / María del Carmen Guzmán

Durante la tormenta bailan sus ramas

Azotadas por el
viento  recio e inclemente.

Desafiante,  ante la adversidad

Eleva su tronco y sus raíces empuñan la tierra.

Sus flores caen sobre el suelo mojado por

La lluvia incesante que bañó  su cuerpo desnudo.

Mas la tempestad no
pudo abatirlo;

El amor le mantuvo firme.

Erguido, mira hacia el horizonte,

Busca y espera  un
rayo de luz.

María del C. Guzmán

Antes de ser como todo lo demás / Josemanuel Maldonado Beltrán

 

Desde donde estoy perdido

he pensado que bueno 

que habría que escribirte 

al borde del precipicio 

con las alas de ilusión marchitas

y la tonta esperanza de tus brazos

para evitar la caída feroz

en el fondo sin fin

al que llegamos todos uno tras otro  

como las nubes empujadas

por el huracán desde las playas morenas 

de la esclavitud del corazón

y los muslos basales de ese cuerpo

y de esas mujeres que aun re-muestran

en las calles tristes de las ciudades

de sangre y acero

las ventajas del abrazo hirsuto

sobre la recatada elegancia 

 

y es que estoy seguro como

el curso del agua ignorada

que tu sabrás recuperar la memoria

serás capaz de impulsar el viento

a ese deseo ilógico de ser feliz

aunque sea contigo

aunque sea conmigo

antes de llegar a ser

como todo lo demás.

 

24 de agosto de 2010

Reencuentro / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

Ayer, que te paseabas

con tu cimbreante cuerpo

por las calles de Salinas

cual guajana azotada por el viento.

  

Ayer, que en tus años juveniles

despreciabas mi cariño

y me desechaste cual basura pestilente

arrojada al vertedero. 

 

Yo, en mi locura de amor, 

vi como tu primavera derrochabas

malgastando tus encantos

en los burdos placeres de la vida. 

 

Yo insistía porque estaba enamorado

aunque repetías los desprecios,

tu mirada flagelante

hería mis íntimos sentimientos

y ya no pude soportar tu menosprecio.

 

Me alejé,

partí a una ciudad desconocida

y aunque nunca te olvidé,

aliviaron mis angustias

el trabajo, la distancia,

y una buena mujer. 

 

De mi juventud,

solo queda el recuerdo lejano

 de la vida en mi pueblo chico,

los amigos de antaño,

la gente y las tertulias cotidianas,

los bailes, las historias pueblerinas

y tú, la hembra de mis sueños juveniles.

 

El tiempo transcurrió inexorablemente

y hoy cargado de años

regreso a mi nativo lar,

que atesoro en mis entrañas,

hoy vuelvo al Salinas

del que nunca partí completamente.

 

Reviviendo mis años mozos

recorro los lugares

que en mi adolescencia dejaron

huellas indelebles

alegrías y tristeza.

 

Te busco,

no con el ímpetu de entonces,

esta vez solo para verte.

 

Caminando por la calle Monserrate

pregunto a una anciana solitaria

por aquella que me despreció altaneramente,

ella me miró fijamente,

fue una mirada extraña y profunda,

su rostro se llenó de tristeza y de amargura,

no pronunció palabra,

me dio la espalda y encorvada

prosiguió su camino calle arriba.

 

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa, 19 de marzo de 2010