Marcha de los anónimos / Christian Torres

El avión había hecho el aterrizaje a las 8:30am, casi media hora antes de lo esperado. Nueva York, el corazón del capitalismo y el consumerismo, la ciudad cosmopolita por excelencia esperaba. Aquel conglomerado de culturas y lenguas que sirven para desenfocar, reorientar y repensar nuestra identidad. ¿A dónde pertenezco? Acaso allí donde pertenecen todos, ¿pertenece ninguno?

Comenzaba así la marcha de los anónimos.

La intención del viaje no fue nada menos que la visita de mi viejo amigo, quien comenzó hace poco a estudiar en dicha ciudad. Me pareció muy oportuna la posibilidad de ir, por lo que me tomó poco tiempo considerar comprar el vuelo. No sé qué prejuicios cargaba conmigo, pero ninguno perduró el fin de semana. A 40 minutos de dejar el avión y de haber tomado el airtrain, caminaba por las calles de Brooklyn.

Comentaba mi amigo que en los últimos años la población neoyorquina había cambiado. La gente de bajos recursos había sido desplazada poco a poco, y en su lugar entraban nuevos negocios. A primera impresión, muchos dirían que el barrio había tenido mejoras, sin embargo, yo no estaba tan seguro de ello.

Debo decir que todo me parecía caro, aunque de buena calidad. La cantidad de opciones que te presentaban las calles para comer cualquier tipo de cosas era exagerada. Cafés, cervezas, “Brunch”, lo orgánico. En fin, “consumerismo”, me recordaba a mí mismo. No obstante, se presentan innumerables oportunidades para que la gente pueda reunirse, conversar y relacionarse. Por ende no puedo evitar ver su aspecto positivo en esto. En las calles del barrio, por la Montrose, se veía la gente pasear a los perros, corriendo bicicletas, caminando, etc.

Todo montaba un escenario urbano que recogía los elementos más simples de la vida cotidiana. Aún así, no cuesta nada encontrarse sumergido en ese vago y extraño sentir de anonimato que proveen las ciudades. En este mar de gente nadie es capaz de hacer juicio ajeno; meramente juicio personal. ¿Acaso a esto le llamaremos reducirnos? Debo decir que, en todo caso, lo que hace es magnificarnos ante nuestros propios ojos; ponernos en escenario para que un grito sigiloso se efectúe entre la multidud. Nadie lo escucha. Reafirmamos nuestro ser en este valle de desconocidos.

Por Christian Torres

Christian Torres

Una noche para la historia / María del Carmen Guzmán

A José Luis González, que supo captar lo que viví personalmente en Nueva York cuando era una niña

El Charro de México acompañado de su famosa esposa presentaba su espectáculo ecuestre en el teatro  Puerto Rico de la  calle 138 cuando de repente ocurrió lo inesperado:  La ciudad que nunca duerme apagó las luces.  El caballo asustado por la oscuridad repentina se escapó.  A galope tendido recorrió la Tercera Avenida perdiéndose entre la multitud latinoamericana, como si  lo cabalgara el propio Simón Bolívar.

Los boricuas, a tientas o con velas, subieron hasta las azoteas de sus edificios residenciales.  Con la luz de la luna y las estrellas iluminando la velada, llenaron de palpitantes sonidos la noche de la urbe tocando alegremente sus congas, bongos,  guitarras, cuatro, maracas y  güiros. 

Desde lo alto de los rascacielos saludaron la llegada del opaco amanecer neoyorquino.  El apagón no impidió que fuesen como siempre han sido.

©María del Carmen Guzmán

Comentando fotografias: estampa de la Parada Puertorriqueña de Nueva York, 2011

Hay más puertorriqueños en los Estados Unidos que en la Isla. Allá como acá vivimos rodeados de mares, unas veces tranquilos, otras embravecidos. Los nacidos acá que viven allá, anhelan un rinconcito isleño donde acariciar el pasado y rencontrar el vínculo ancestral. Los nacidos allá, que apenas conocen la tierra de sus antepasados, pugnan por alcanzar un pedazo del sueño americano en medio de circunstancias poco favorables.

He creído siempre que el camino del emigrante es inevitablemente la inserción en la sociedad a la que llega. Del bagaje cultural del inmigrante camino a esa nueva enculturación quedan empotrados en su nueva realidad rasgos y elementos que cual huellas y fósiles cuentan del pasado.

Cada año, la ahora llamada National Puerto Rican Day Parade, es expresión de una cultura popular surgida al calor de la urbe niuyorquina que cobra carácter propio manteniendo fuertes vínculos con la puertorriqueñidad. Para los residentes en Nueva York nacidos acá representa un oasis para recobrar la Isla; para los nacidos allá es una expresión de identidad étnica en lucha por reconocimiento, participación e igualdad.

De esa, que antes era la Parada Puertorriqueña organizada por los boricuas de acá como Saturno Díaz, y que ahora es la National Puerto Rican Day Parade organizada por los boricuas de allá, le ofrecemos esta estampa de una salinense de acá acompañada de una descendiente de allá.

Salinense compite para la Legislatura estatal de Nueva York

René Santo llegó a Nueva York en 1981. Se crió en el poblado Coquí  de Salinas, del que tuvo que partir en  busca de mejores condiciones de trabajo.  Desde joven comenzó a participar en organizaciones comunitarias.  Fue dirigente de los Niños Escuchas  y miembro fundador de varias organizaciones comunitarias como el Club Cívico y Cultural y el Club Deportivo en el Coquí.  En 1979 se convirtió en el presidente más joven en la historia del Comité Organizador de las Fiestas Populares del Coquí. Estudio tecnología química en la Universidad Interamericana de Puerto Rico.

A pesar de su preparación terminó trabajando en la Oficina regional de Guayama de la Administración de Parques y Recreos del Estado Libre Asociado de Puerto Rico.  Organizó además programas  de verano para jóvenes, como uno realizado en 1980 donde participaron voluntariamente más de 175 jóvenes.

Una vez radicado en el Bronx se integró a los movimientos comunitarios de su vecindario.  Junto a otros líderes recreativos fundó dos organizaciones de béisbol para jóvenes.  La primera de ellas fue San Simon Stock Little League creada en 2000 y ubicada en la calle # 182 y Avenida Valentine del Bronx.  Dicha liga era auspiciada por una parroquia de la Iglesia Católica. En ella participaron más de 1,800 jóvenes, labor que  contribuyó al desarrollar de estudiantes, peloteros y profesionales que hoy representan positivamente a la comunidad.

 En 2006 fundó la Grand Concourse Little League donde hasta ahora han participado más de 1,900 jóvenes del área del Bronx. En esta liga participan varias decenas de equipos con jóvenes desde 6 a 17 años. El béisbol femenino infantil también será atendido en estos programas.  El excelente trabajo de la liga ha logrado que una veintena de padre trabaje mano a mano como miembros de la directiva. Entre ellos figuran maestros, enfermeros, doctores en administración de empresa y amas de casa.

René Santos, que desde hace tres años trabaja como supervisor de suministros en la Junta Electoral de condado del Bronx en  Nueva York,  recibió una licencia especial al anunciar que participaría como precandidato del Partido Republicano estadounidense en la primaria para seleccionar el candidato de ese partido a la Asamblea Estatal por el distrito 86 del Bronx.

Su labor comunitaria ha sido reconocida en más de una ocasión. En 2003 la delegación de Salinas en el Desfile Puertorriqueño de Nueva York encabezada por  Haram Mansanet lo designó padrino, ocasión en que también fue reconocido por las autoridades municipales de Salinas.

Como precandidato cuenta con apoyo entre miembros de todos los grupos étnicos afiliados al Partido Republicano en su distrito. Las encuestas más reciente lo señalan como favorito, 5 puntos por encima de su rival. La primaria se llevará a cabo el próximo 2 de noviembre de 2010.

srs

Actividades del Club Hijos de Salinas de Nueva York en los años 60 del siglo 20.

La masiva emigración puertorriqueña a la ciudad de Nueva York marcó para siempre al pueblo puertorriqueño. Mientras ocurría la separación de la familia, cuajó en la Isla una nueva realidad que en apenas una década alteró usos y costumbres y modernizó al país. Los que estaban “allá afuera” se aferraron al instante dejado atrás, desconociendo que  en la isla ocurría un proceso de transculturación que inevitablemente transformaba el panorama social borincano.  Mientras, en el Barrio y en el Bronx, la mayoría de los puertorriqueños pujaban por sobrevivir en el paraíso prometido. Con escasos remedios para superar las condiciones económicas, no pocos sucumbieron ante la cultura del welfare, justificando como un acto de jaibería boricua lograr ser beneficiario de la asistencia social.

En medio de la maraña urbana, los boricuas se juntaban para afirmar su yo. Juntos equilibraban el asombro ante lo distinto del nuevo ambiente y lo dejado atrás. Los salinenses no fueron la excepción y en ese afán surgieron entidades como el Club Los Hijos de Salinas.  Hay detrás de esos juntes, historias que redescubrir, anécdotas que contar y hazañas que rescatar.

El álbum fotográfico que sigue estas notas intenta rescatar un pedacito de la historia de los salinenses “allá afuera”.  Son imágenes de nuestra gente en el lugar al cual llegaron un día, tras la partida del lar nativo.

Luego de la partida, es cierto que quedan atrás esencias inolvidables, pero la bendita memoria nos impide olvidar y cargamos con ella a donde quiera que vayamos.

srs

Comentando fotografías, 70: Los hijos de Salinas en los niuyores

Las fotografias que presentamos a continuación fueron proporcionadas a Roberto Quiñones por Társilo E. Godreau Torres, hijo de Elsa Torres.  Estas interesantes fotos que datan de la década de 1960 plasman imágenes de salinenses destacados en Nueva York.  Elsa Torres, que se encuentra delicada de salud, es hermana de Fanny y del “Gallo” Torres.  En la tercera foto Hilda Torres es la dama que acompaña a Rolando Cruz y Saturno Díaz y capta un momento de uno de las muchos actividades cívicas que éste último organizaba.    En las otras fotos figuran algunos miembros de famoso Club Hijos de Salinas de New York.  Posiblemente nuestros lectores puedan identificar algunos de ellos.  El hijo de Elsa lleba el nombre de su abuelo Társilo Godreau Ramos, un recordado alcalde de Salinas.  Su papá era Quique Godreau, quien falleciera hace unos cuantos años.  Nos complace presentarles a nuestros lectores estas fotos que cuentan la historia de nuestros compueblanos en los Estados Unidos.