Canción de la clase graduanda de anteriores generaciones en Salinas / Sergio A. Rodríguez Sosa

Canción-de-la-clase

Durante décadas esta létra fue utilizada como la Canción de la Clase en las graduaciones de las escuelas del Distrito Escolar de Salinas.  Desconocemos el autor de la letra de esta canción que utiliza la música del famoso vals criollo El sueño de una princesa del compositor hatillano José Antonio Monrouzeau.  Es posible que el autor de esta letra fuera uno de los maestros de música que laboraron en Salinas, como Clodomiro Rodríguez y Francisco Pujals Rivera, o tal vez, fue inspiración de alguna de las maestras o de los maestros, como Francisco Modesto Cintrón.

José Antonio Monrouzeau Lacomba nació en Hatillo el 30 de abril de 1900, de padre francés y madre puertorriqueña.  Siendo niño su familia se traslada a Arecibo donde a los 12 años comenzó a estudiar piano bajo la tutela de la maestra Trina Padilla de Sanz, la poeta que todos conocemos como La Hija del Caribe. Posteriormente  aprendió a tocar varios instrumentos de viento con el profesor de música Telesforo Varela.  Se calcula que compuso más de trescientas piezas musicales incluyendo danzas, valses, pasodobles y pasillos. Sus obras mas conocidas son el vals El sueño de una princesa, la danza Doña Inés y El vals de la Reina.  Don Lalo Monrouzeau murió en Arecibo el 13 de marzo de 1989.

El sueño de una princesa la compuso entre 1930-1933. Fue inspirada por una hermosa muchacha de Utuado que había sido nombrada princesa del distrito de Arecibo.  La canción ganó fama internacional interpretada por un grupo musical de Ecuador conocido Las Tres Guitarras, en el que hacia segunda voz el puertorriqueño Armando Valladolid.  Escuchen con atención la música y la letra en siguiente video.

Publicamos esta letra con el propósito de que los antiguos graduando la recuerden y para que las nuevas generaciones de estudiantes la conozcan.  Aún desconocemos quien fue el autor de esta letra, pero mientras tanto disfruten de una interpretación instrumental del vals El sueño de una princesa de Monrouzeau e intente cantar la letra de la canción de la clase graduanda de pasadas generaciones.

 

© Sergio A. Rodríguez Sosa

Fuente consultada: Batista, Gustavo. Entrevista a don José Antonio Monrouzeau Lacomba. Arecibo, P.R., 26 de diciembre de 1980.

Videos: YouTube

Comentando fotografías: Los sordos frente a la alcaldía

el mar y el cielo se ven igual de azules 
y en la distancia parecen que se unen 

Julito Rodríguez

En la década de 1940 proliferaron los tríos en la música popular latinoamericana. En 1944 dos mexicanos y un puertorriqueño unieron sus voces para crear la agrupación musical Los Panchos.  En poco tiempo revolucionaron el género de tríos, ganaron fama internacional con sus boleros románticos y contagiaron a muchos músicos con su estilo. En los más apartados rincones de nuestra América surgieron tríos tratando de reproducir en sus localidades el género que Los Panchos pusieron de moda.

En la foto que hoy presentamos figuran funcionarios municipales, un niño y tres músicos a los que curiosamente se les conocía como Los Sordos.  La foto fue tomada en la puerta principal de la Casa Alcaldía  En ese momento era alcalde de Salinas Francisco Sánchez, quien ocupó el puesto de enero de 1945 hasta enero de 1949, cuando se lo entregó a Victoria Mateo.

Pedro Juan Sánchez Guzmán, nieto de Armando Guzmán, gentilmente nos la hizo llegar a través de su prima la escritora María del Carmen Guzmán.  Además de Armando Sánchez Burgos figuran en la foto Francisco Sánchez, Luis Ayes, José Vásquez Vélez (Big Ball) con su hijo Qú y el grupo Los Sordos, aún sin identificar, como es el caso de la persona con sombrero recostada a la pared.

La seria formalidad de los que posan hace pesar que en aquellos años, contrario a lo que es usual hoy en día, sonreír al ser retratado no era la costumbre.  Pero a pesar de no sonreír, se dice que esta foto precedió una de muchas bohemias que Paco Sánchez con su séquito patrocinaba.

srs

 

Foto 1945 Alcaldia

LA BANDA ESCOLAR DE SALINAS: RECUERDOS Y NOTAS PARA SU HISTORIA

por Willhem Echevarría Navarro

En Agosto del 1983 los estudiantes que eventualmente nos graduamos de cuarto año de escuela superior en 1988, empezábamos el octavo grado de escuela intermedia. Varios estudiantes de ese grupo, entre ellos Ángel Miguel Martínez, Miguel Ángel “Mike” Cruz, Ernesto Aponte Rosario y José Arnaldo “Nano” Santiago, tomaban clases de teoría de la música y solfeo con el profesor Ángel Félix, para ese entonces maestro del currículo de música de la Escuela Intermedia Urbana (conocida también como la Román Baldorioty de Castro nueva).

Varios años antes, cuando yo cursaba el quinto grado y empezaba a interesarme por la música, mis viejos me apuntaron en las clases que por años ofrecía en el municipio el gran maestro Demetrio Rodríguez. Todavía, que yo sepa, no se ha escrito un recuento exhaustivo de las contribuciones de míster Demetrio no solo al desarrollo cultural de Salinas pero igualmente a la música en Puerto Rico.

Entre sus estudiantes se encuentran luminarias del pentagrama musical puertorriqueño como Eduardo “Papo Grey” Cruz Cardona y Félix Rodríguez (trompetas de la orquesta de Willie Rosario), Heriberto “Ayatolah” Santiago (trompeta de Willie Rosario y Sonora Ponceña), Carlos Carreras (director de la orquesta salinense El Rey Carlos y su Corte y hoy día maestro de la banda municipal de Salinas), Demetrio “Machito” Rodríguez (trompetista del Conjunto La Perla y de la orquesta Costa Brava), el excelente trombonista Antonio “Toñito” Vázquez Ponce, el conguero de El Gran Combo Miguel “Pollo” Torres; el saxofonista y director de la banda municipal de Juana Díaz Santiago “Chago” Martínez; y el trompetista, arreglista y director Mario Ortiz.

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Historias, cuentos y canciones de Sammy Morales Quinteto

Nota por Ricki Martínez

Ya está disponible en el mercado virtual  la producción musical titulada Historias, Cuentos y Canciones. El CD es una experiencia musical con vigor melódico, buenas armonías y excelente improvisación.  El Quinteto Sammy Morales es una agrupación musical de jazz contemporáneo con marcada influencia de  la música latinoamericana.    La combinación de elementos barrocos con música latina puede notarse en alguno de los temas incluidos en el CD. 

Historias, cuentos y canciones de SM Quinteto  puede adquirirse en la tienda web de música CD Baby, donde también se escuchan avances de los temas.    Detalles sobre esta producción musical  aparecen en una reseña escrita por Ricardo Pons recientemente publicada en 80 Grados.

De la cantidad de guisos que puede hacer un músico boricua: Contesta al retrato del músico colonizado / por Wilhem Echevarría Navarro

Este escrito es una respuesta a un ensayo escrito por mi amigo Ricardo Pons en la revista en línea 80 Grados. Para leer el artículo original pulse aquí. http://www.80grados.net/2011/12/retrato-musical-del-colonizado/

Ricardo Pons acaba de publicar un artículo, Retrato (musical) del Colonizado, en donde alude al asimilismo que permea el desarrollo de la música en Puerto Rico. Es una idea con la que he jugado de manera informal hace un tiempo ya  y que siempre ha sido recibida por mis compañeros músicos como una falta de respeto de mi parte. Personas que quiero y admiro mucho han hasta sugerido que padezco de mis facultades mentales por esbozar la idea de que parte del problema con los estilos musicales puertorriqueños tiene su origen en las taras (falta de identidad, desprecio a lo propio, valorar más lo de afuera que lo nuestro) que la situación colonial ha traído a Puerto Rico. El artículo de Pons me hace poner en  papel algunas de las ideas al respecto ya que, aunque en esencia comparto sus razonamientos creo que hay elementos que están ligados a la situación política de la isla sólo de manera tangencial y que no han sido tratados en la ecuación que propone Pons.

Como antídoto a la falta de conocimiento y la ausencia de cultivo de los productos culturales nacionales entre las nuevas generaciones boricuas, Pons propone la enseñanza de “nuestra historia […] nuestras artes”. Definitivamente existe en Puerto Rico un problema educativo. Si nos circunscribimos a lo cultural, es patente que el desconocimiento que de su propia historia tiene el estudiante promedio en Puerto Rico deja mucho que desear.  Aún así, y a pesar del bombardeo anti-nación al que Puerto Rico ha sido sometido desde la invasión norteamericana (vamos a obviar por ahora los problemas que teníamos con España antes del 1898) es admirable que todavía haya puertorriqueños  que se mantengan conectados con los productos culturales nacionales.

Es cierto que hemos sido satélite de la música cubana, y también es cierto que hemos asumido el papel musical de dominicanos y rockeros. Sin embargo, todavía hay y siguen surgiendo obreros de la cultura, como los llama Ricardo Pons. Si proveer más educación en las artes nacionales va a inclinar la balanza hacia el otro lado está por verse. Hay que tener cuidado con hacer de las artes populares el centro de una agenda educativa. Por un lado crea conciencia de los orígenes de la cultura nacional y, presumiblemente, ayudaría a fortalecer la identidad nacional. Pero hay que tomar en cuenta que uno de los resultados potenciales de una educación excelente y efectiva es el desarrollo de la individualidad y originalidad del estudiante. Esto, inevitablemente, traería como resultado el desarrollo de las formas y los estilos hacia derroteros lejanos a las formas originales.

Cuando se habla de cultivar los géneros nacionales se piensa en formas culturales definidas. Estudiantes dedicados en estudiar a fondo estos géneros van a moverse a hacer cosas diferentes con ellos. Es parte inherente del proceso creativo. Es algo que se da naturalmente en la historia de las artes. Tal vez no haya nada malo con acelerar esos procesos a través de la educación, pero es concebible que los productos finales sean totalmente diferentes a las formas que estamos pretendiendo defender. Tal y como ha sucedido con la música clásica y como está sucediendo con el jazz. Dicho de otra manera: las artes populares podrían dejar de serlo para convertirse en arte abstracto, académico. Artes que, dicho sea de paso, también son desconocidas y/o ignoradas por la mayoría. La preocupación aquí no es que los géneros evolucionen (algo que me parece que va a pasar de todas maneras) sino que, reinventándose (que es la palabra que usa Pons), sigan siendo arte de minorías. Terminaríamos otra vez con falta de popularidad.

No estoy proponiendo que los géneros se queden igual, anquilosados, anclados en el tiempo. La música, todas las artes, tienen en su código genético el impulso de moverse hacia adelante, no pocas veces cambiando de semblante y de señas de identidad. Lo contrario implicaría homogeneidad, que me parece es parte del problema actual. La urbanización y modernización de Puerto Rico ha impuesto una homogeneidad en los productos culturales que ha logrado echar a un lado todo aquello que muestra originalidad. Lo original no desaparece, no se condena al olvido o al ostracismo; pero no se le considera digno de pararse al lado, en igualdad de condiciones, de lo que es el mainstream.

Aquí es que creo que  la situación colonial se combina fatalmente con cierta actitud de glotonería económica que ha hecho que mucha producción cultural en el país sea homogénea. Tiende todo a parecerse porque el éxito y la excelencia se han equiparado con lo masivo, con lo que se pega. Y  para ser masivo, para que le guste a la mayor cantidad de gente posible, para que venda mucho, para que esté pegao, el producto tiene que contar con unas características definidas. La letra tiene que hablar de cosas universales, que las entienda todo el mundo. Las melodías tienen que se cantables, que todo el mundo las pueda cantar. La armonía lo más diáfana posible, que no haga uso de disonancias ni de texturas polivalentes. El ritmo tiene que bailarse fácilmente; de ahí que el merengue se convirtiera en su momento en el baile de cuanto Senior Prom se celebraba. La calidad del producto puede ser excelente (muchas veces lo es) como puede no serlo; ese no es el punto. El punto es que por la manera en que se da el proceso, el producto va a resultar homogéneo.

Si un artista logra esto, y lo puede repetir consistentemente, puede alcanzar mucha notoriedad y mucho dinero. El que utiliza la música-desde productores hasta compositores e instrumentistas-para pagar la renta tiene ahí una oportunidad de ser bien remunerado y reconocido. Y el atractivo de la carrera no está necesariamente en la creación y en la evolución sino en replicar el producto que pegue. Parte de esto explica por qué en Puerto Rico la producción de ofertas originales no es tan numerosa como la cantidad de músicos de fila que son capaces de interpretar, a diario y sin dificultades, música de mucha complejidad técnica. No sólo no se fomenta la creación original, esta tampoco paga. Mas la competencia para lograr “estar en el guiso” crea una disciplina de estudio que ha hecho de los puertorriqueños músicos de un calibre técnico realmente impresionante.

Parte primordial de “estar en el guiso” es sonar en la radio. La situación que presenta la radio es a la vez sencilla y compleja. Sencilla porque parece lógico concebir que la radio funcione como un medio que ofrezca oportunidad a productos nacionales. Se ponen en la radio el disco nuevo de Edwin Colon Zayas, se lo machaca mucho, y el público se va a acostumbrando a lo que es un producto cultural boricua genuino y le va cogiendo el gustito a la cosa. La realidad es que, para bien o para mal, somos mucho más complicados que eso. ¿Hacia qué lado la balanza se inclina más? ¿La radio controla lo que la gente oye?  ¿La radio pone lo que la gente pide? ¿O suceden ambas cosas?

Me parece que si nos referimos a música popular, los elementos más determinantes para la popularidad de ciertos estilos son el baile y las letras de las canciones. Generalmente la bomba, la plena, la danza y la música jibara ni se bailan masivamente ni se han cultivado desde el punto de vista del songwriting, visto el songwriting como una empresa que específicamente genera para el gusto de la mayor cantidad de personas posibles. Hay algo de círculo vicioso en todo esto. Ya sabemos que el nivel técnico de los músicos en Puerto Rico es bien alto, muy sofisticado. Ese alto desarrollo técnico se ha puesto al servicio de interpretar y reinterpretar lo que es de gusto popular. Y en Puerto Rico lo que ha dominado en el gusto popular, históricamente, han sido estilos extranjeros. Si los géneros folklóricos nacionales gozaran de mucha popularidad no solo los músicos harían fila para tocar esos estilos (siempre ha habido músicos de primera categoría trabajando con Plena Libre, para poner un ejemplo) pero habría mucha composición y creación, tanto instrumental como lirica.

El que la tendencia del público a apoyar géneros extranjeros y la de los músicos a tocarlos se deba a taras asimilistas o coloniales implica, creo, un problema que va mas allá de lo cultural-artístico; refleja un problema sicológico que afecta en realidad todos los aspectos de la sociedad puertorriqueña. Si educar a las nuevas generaciones en los estilos nacionales resuelve el problema del poco apoyo y la falta de popularidad de esos géneros, que para bien sea. Sin embargo, me parece que mientras hayan otras condiciones de carácter eminentemente económico (que no estoy seguro se eliminen cambiando el enfoque educativo de los músicos que vienen subiendo) el problema va a seguir presentándose. Más cantidad de músicos generando oferta sin demanda no va a mejorar el panorama. Puede que creando nuevos patrones el músico puertorriqueño adquiera una experiencia nueva, idealmente más conectada con la raíz, con lo autóctono. Pero la experiencia, esos hábitos y costumbres tan  enraizados ya que los tomamos como segunda naturaleza, es la que no nos deja cambiar. Más de cien años de experiencia y contando, valga la pena aclarar. La raíz de ese problema la compartimos todos los boricuas, no sólo los músicos.

© Wilhem Echevarría Navarro

Maldito amor, bendito amor / Ricki Martínez; interpretado por La India y Tito Rojas

Para escuchar oprima audio

Esta producción discográfica de Tito Rojas tiene una importante presencia salinense en el talento de Ricki Martínez, Víctor Vázquez,Toñito Vázquez y Judimar Colón.  Por eso se convierte en un objeto de colección en la historia de la música de nuestro pueblo.

Banda Municipal de Salinas: Alerta

Leí con sorpresa y preocupación el siguiente mensaje enviado por el joven Edwin Figueroa Feliciano.

Edwin Figueroa Feliciano publicó en tu Muro de Facebook:

“Saludos, Carlos Carrera se retira y la Banda Municipal de Salinas desaparecerá. Nosotros los ex alumnos haremos algo para el carnaval de Salinas que es próximo domingo 1 de mayo, la cual será nuestra última presentación. Necesitamos a todos… los ex alumnos. Te puedes comunicar con algunos de los ex alumnos y conmigo para detalles del reconocimiento a Carlos y otras cosas más al 787 923-5734″

¿Cómo que la Banda Municipal de Salinas desaparecerá al jubilarse el profesor Carlos Carrera?

Es preciso que las autoridades del Departamento de Educación y las municipales aclaren prontamente esta situación. La Banda Municipal de Salinas no es una institución de reciente creación sino que es parte de una tradición musical que se remonta a principios del siglo veinte. Muchos de nuestros más destacados músicos y ciudadanos pertenecieron a la Banda en sus años escolares. Quedarnos sin la Banda sería despojar a los jóvenes salinense de una de las pocas instituciones de educación artística que al servicio de ellos posee Salinas.  Nos corresponde a todos defender su permanencia.

srs

Edwin Figueroa, Alcalde Carlos Rodríguez Mateo, Prof. Carlos Carrera

De música y política / Willhem Echevarría

Respondiendo a comentarios hechos por amistades y amantes de la música respecto a diversos videos con arreglos donde se combina la música clásica con formas de música popular, presento mis opiniones sobre la manera en que el elemento político conforma muchas veces nuestra interpretación y evaluación del discurso musical.

No es un secreto que la música se utiliza con fines políticos. No hablo aquí sólo de tocar plena en mítines o marchas de protesta, o de componer un jingle a la manera de “jalda arriba va cantando el popular”. Hablo del proceso consciente de crear un discurso político a través de la música. Por razones obvias, cuando la música contiene palabras a cantarse o recitarse, el mensaje es mucho más inmediato y directo. Esto es así incluso cuando el mensaje está redactado de manera compleja, como es el caso de algunas canciones de Silvio Rodríguez donde las imágenes y metáforas pueden resultar algo difíciles de entender para el no iniciado; o en canciones donde se dice algo queriendo decir otra cosa. Ejemplo de esto último pueden ser el bolero Escríbeme de Guillermo Castillo Bustamante o la canción Guillermo Tell de Carlos Varela.

Cuando el mensaje se expresa utilizando solamente sonidos, el resultado puede ser ambivalente. Por su naturaleza abstracta, el mensaje se puede interpretar de diferentes maneras, o con el tiempo se puede hasta olvidar la intención original. Esto sucede frecuentemente con la música clásica[1] en dónde hoy día escuchamos con gusto obras desconociendo la intención original de la obra. Hay instancias en las que el título nos puede sugerir la naturaleza política de la obra (Obertura 1812 de Tchaikovsky, Egmont de Beethoven, y muchas otras); pero hay otras ocasiones en que es necesario acompañarla de un programa. De ahí surge que en el siglo XIX se haya dado todo un movimiento de música instrumental que los musicólogos llaman música programática. Esto es, música que necesita de una especie de libreto explicativo de lo que los sonidos pretenden describir. Cuando no existe el programa explicativo y el título no hace referencia al mensaje, si no se conoce la historia detrás de la obra, la intención original se pierde por completo. La Sinfonía No. 3 de Beethoven y casi todas las sinfonías de  Dmitri Shostakovich son buenos ejemplos de esto.

Todo lo anterior habla de la intención del creador. ¿Qué pasa cuando es el receptor el que interpreta y le adjudica un mensaje político a lo que escucha? ¿Y qué sucede cuando la intención, el propósito creativo mismo, se interpreta desde el punto de vista político?

Esto es lo que sucede con algunas de la reacciones hacia la fusión de elementos de la  música cubana (u otras músicas populares) con obras consideradas canónicas del mundo sinfónico. Tal vez el caso cause reacciones diferentes entre musicólogos, pero no oigo a mis amigos clasicones quejándose del flamenco en los ballets de Manuel de Falla o en las obras para guitarra de Joaquín Rodrigo. Sin embargo algunos consideran hasta irrespetuoso el piano montuneando acordes de la Quinta de Beethoven. Piensan que cada cosa tiene su lugar y es aquí donde las visiones políticas determinan las posturas e interpretaciones.

Categorizar qué música es de sala sinfónica y qué música se baila en el Club Salinas es una decisión de naturaleza política. Es eminentemente política porque la conforma una visión de mundo que determina, utilizando criterios culturales, sociales, económicos y de clase (y aquí se complica aún más el asunto cuando se analiza lo entrelazadas que están la visión de clase con la educación), qué es arte y qué es entretenimiento; dónde empieza una y termina el otro; y, más neurálgico aún, quién merece subsidio de gobierno y quién no. ¿En base a qué criterio cultural se determina que una orquesta sinfónica, dedicada a interpretar obras creadas mayormente por europeos, tiene que recibir toda una subvención económica de un gobierno culturalmente caribeño? ¿Por qué un músico cubano es criticado por tratar de hacer más digerible un mensaje musical que le es ajeno a gran parte del público general? ¿Por qué parte del público general piensa que el mensaje sinfónico es elitista e incomprensible? ¿Por qué hay músicos clásicos que piensan que la conga no pertenece en la sala de conciertos? ¿Por qué el conguero piensa que sí?

Dado que hay un elemento de baile en todo este asunto, tal vez ahí este la respuesta. Por lo general, la historia de la música ha demostrado que cuando un estilo deja de bailarse, es entonces cuando su transición hacia estilos clásicos es más duradera y causa menos ronchas. Sucedió con las Suites orquestales de Bach (donde hay rigodón, minuet, passepied, sarabande, gavotte, entre otras), sucedió con el vals y hasta con la habanera cubana y la danza puertorriqueña.

©Willhem Echevarría Navarro


[1] Las definiciones de música clásica y música popular, y las delimitaciones de dónde empieza una y dónde termina la otra son tema para otra reseña.

La plena

Este documental data de 1956 y además de su contenido sobre los orígenes de la Plena, sirve para que los más jóvenes observen en sus visuales las condiciones sociales prevalecientes en Puerto Rico durante la primera mitad del Siglo 20.  La plena es un género musical que se originó en el sur de Puerto Rico, específicamente en las comunidades negras y mulatas compuestas mayormente por trabajadores de la caña.  Las fiestas celebradas en las haciendas y en las barriadas pobres fueron el escenario donde se fue conformando este ritmo. Luego alcanzó formal expresión como género en la Jolla del Castillo en Ponce, donde  surgieron los primeros intérpretes nacionales.  Actualmente en Salinas cultiva con denodado entusiasmo este ritmo la agrupación Los Panderos de Salinas que dirige el músico y compositor Ricki Martínez.