Héroes proletarios del sureste : mártires de las huelgas cañeras del siglo 20

por Rafael Rodriguez Cruz

Pocas personas conocen el sureste de Puerto Rico, desde Salinas a Maunabo, como mi primo Reuben Rivera Cruz. Siempre lo consulto y siempre verifico los datos “oficiales” con él. Lo interesante es que es un conocimiento que le viene, en no poca medida, de su personalidad. Desde que éramos jovenzuelos inseparables en la región, visitando lugares permitidos y prohibidos, noté que Reuben que tenía un gran don para escuchar a la gente. Conozco pocas personas con esa cualidad, especialmente porque le brinda la misma atención al pobre que al rico, al loco que al cuerdo. El resultado es que mi primo guarda en su cabeza montones de historias, que recogen la vivencia de la gente del sureste tal y como se las narraron en primera persona. A eso se añade un poder de observación envidiable, acompañado de su curiosidad por los detalles. Con la edad, pienso yo, las cualidades que aquí describo se han refinado. De él he aprendido, por ejemplo, que de nada sirven los datos de la historia escrita si no hay referencias visibles en la cotidianidad.

Así fue como, el otro día, en su merodear incansable por la región de Guayama, se encontró con un punto de referencia muy interesante. Lo cito: “Caminante, como soy siempre, mientras buscaba la tumba de mamita Julia (nuestra bisabuela), me topé con este panteón totalmente abandonado. Me estuvo curioso que las placas fueran en bronce y opté por leer el contenido, enterándome del evento que conmemoraron en el año de nuestro nacimiento, 1953. Sería super buscar más información y rescatar el momento acontecido. Caminante”.

Dígame usted, a quién se le ocurren estas cosas, de irse por el cementerio de Guayama, bajo ese sol que le fríe el cerebro a cualquiera, en un día de semana en que no hay ni piragüero, a conducir investigaciones históricas. Pues, bien, y para no dilatar más el asunto, comprueba Reuben que estas son las tumbas de los héroes proletarios que Marta Aponte menciona en su libro sobre Aguirre. Lo recito, como si fuera mi relato, que es algo que vengo haciendo desde hace tiempo con las narraciones fantásticas de mi primo: “Hoy de regreso de Jacksonville, donde estuve visitando a nuestro hermano Papo, continúe con la lectura del Libro PR3 Aguirre, de Marta Aponte. En el capítulo 6, relata parte de la historia acontecida durante la huelga de la caña de azúcar, en que menciona dos personas asesinadas en la misma: un tal Justiniano Ortiz Aponte y un tal Delfín Alicea Sánchez. Ambos están enterrados en la fosa común del cementerio de Guayama”.

Hablamos de la idea de encontrar a los familiares de estos héroes proletarios de la región y de arreglar la tumba. Sería penoso, me dice, que se quede en el olvido. A ver si encontramos quien nos dé la mano. La nobleza obliga…

*