Comentando fotografías: Grupo escolar de la primera mitad del siglo 20 en Salinas

Esta foto la encontré entre las fotografías que guardaba Tilita Sosa.  A decir verdad, no hemos podido precisar el lugar y mucho menos la mayoría de las personas que captó el lente.  Tampoco tiene marca de fotógrafo como otras fotos de la época.

La foto tal vez se tomó frente al antiguo edificio de la Escuela Román Baldorioty de Castro ubicada en la calle Monserrate.  Pero no podemos afirmarlo contundentemente.    La única persona en la foto que se ha podido identificar es a la maestra Martina Zurita Mateo.  Desconocemos el año en que Mis Zurita comenzó a trabajar como maestra en Salinas.  Pero se presume que fue aproximadamente en 1930.  Siempre trabajo como maestra de segundo grado en la Escuela Santiago R. Palmer.  Después que terminó la Guerra de Corea en 1953 dicto clases nocturna a veteranos de dicha guerra en la escuela Baldorioty.  Con todo, esta foto parece ser de la decada de 1930.

En esta interesante foto aparece un nutrido grupo de estudiantes de diversas edades así como maestros. Entre ellos hay dos personas con guantes de boxeo. Decidimos publicarla a ver si alguien puede identificar alguna otra persona que figuran en la foto.

srs

Comentando fotografías: Maestros de pasadas generaciones de estudiantes de Salinas

La educación juega un papel vital en el crecimiento integral de las personas.  Ella no es un proceso perfecto, como todos los quehaceres humano, pero a falta de ella estaríamos más vulnerable a los peligros que provoca la ignorancia.

La educación no es un don privativo de los maestros pero son ellos el recurso humano que destinamos a idear, organizar y ejecutar el proceso educativo.  La escuela es la institución donde ocurre formalmente el proceso educativo de los individuos y el maestro el agente seleccionado para llevarlo a cabo.

En la primera mitad del siglo 20 ejercieron ese magisterio decenas de persona en Salinas.  Roberto Quiñones Rivera nos proporciona un retrato donde figuran algunos maestros y maestras que regenteaba las escuelas públicas de Salinas.  Los que fueron alumnos durante los años 1940 a 1950 recordarán los rostros.  Seguramente alguno que otro de estos maestro podrán ser identificados para recuerdo de las pasadas generaciones y conocimiento de las presentes.

Comente esta foto e indique en cuál de las tres filas y en qué posición de izquierda a derecha se encuentra el maestro y maestra que recuerde,

Maestras de Salinas siglo 20 (3)

El Regalo / María del Carmen Guzmán

Mudanzas

Sentado frente a su antigua maquinilla, con el lápiz en su mano suspendida, el papel sobre el escritorio y el cesto de??????????????????????????????????????? basura lleno de papeles arrugados, observa con detenimiento el regalo que acaba de recibir. Pregunta, más para sí que para los que le rodean:

—¿Y qué voy a hacer yo con esto?

El grupo de estudiantes se acercó y le rodearon. Le amaban y admiraban su trabajo. Una de las jóvenes posó su mano sobre el hombro de aquel ser especial. El que había dedicado toda una vida a la enseñanza de la literatura con mucho amor y celo por la lengua patria. Con un leve movimiento acarició el hombro encorvado de quien por muchos años había dejado una huella imborrable en las vidas de sus estudiantes. Con un gesto amoroso le dijo:

—En esta máquina puede escribir y guardar todo lo que su imaginación consienta.

—¡Gracias! —Les dijo y volvió a colocar aquel objeto extraño en su caja.

Cuando se hubo ido el último de los estudiantes acarició el lápiz que tenía entre los dedos de su mano derecha, tomó el papiro con su mano izquierda, lo colocó primero sobre su nariz aspirando su olor añejo, luego lo puso sobre su corazón,

— ¡Gracias!— Les dijo a ambos.

Documentos: Vicente Ortiz Colón en palabras de Stella Márquez

Para Stella Márquez la voluntad de superación que acompañó la vida de Vicente Ortiz Colón es un ejemplo para otros, especialmente los jóvenes. Así lo expresa en sus memorias publicadas al final de la década de 1970.  El documento que presentamos recoge esas expresiones e ilustra en Vicente las condiciones de carencia que rodeaba a la niñez puertorriqueña de la primera mitad del siglo 20.  Pone de manifiesto también el papel de las oportunidades educativas como elemento para enriquecer las experiencias de vida de los adultos jóvenes y dotarlos de herramientas para crecer en el trabajo.

Vicente Ortiz Colón se graduó de la escuela superior que fundara Stella Márquez, esa hija de hacendados que dedicó su vida a la educación. Tanto la maestra, como el alumno representan lo imprescindible que es para un país poner su presente y futuro en manos de la educación.

Hoy 28 de febrero, cuando las cenizas de un hijo ilustre de esta tierra se depositen en el camposanto que guarda la memoria ancestral de este pueblo, el recuerdo de todos nuestros antepasado aflora para que no olvidemos las lecciones de la historia.

Documento:

Vicente Ortiz Colón por Stella Marquez 001

***

Vicente Ortiz Colón por Stella Marquez 002

***

Vicente Ortiz Colón por Stella Marquez 003

***

Clemente Llovet : In memoriam

Clemente LlovetSe ha comunicado el sentido fallecimiento del educador y destacado líder magisterial puertorriqueño Clemente Llovet

En memoria de su vida al servicio de los maestros del País reproducimos a continuación una breve biografía de este distinguido salinense.

Clemente Llovet Martínez / Carmen Bobren Bisbal

Clemente Llovet Martínez nació en la hacienda La Isidora de Salinas.  En aquella época se utilizaban diversas estructuras como salones de clase.  En uno de esos salones, ubicado en la esquina de las calles Celso Barbosa y Román Baldorioty de Castro, detrás del edificio que ocupó la Tienda Valdelluly Segarra, estudió sus grados primarios.  Es egresado de la Escuela Superior Luis Muñoz Rivera de Salinas en la época que era superintendente escolar la venerable maestra Stella Márquez Morales.  Concentró sus estudios universitarios en el campo de la educación obteniendo su bachillerato en la Universidad de Puerto Rico.  Posteriormente cursó una maestría en la New York University.

Comenzó su magisterio en las escuelas rurales de Salinas.  Ejerció como maestro en la apartada escuela de la comunidad Monte Grande primero y luego en la Escuela de las Parcelas Vázquez, ambas del Barrio Lapa.  Su carrera magisterial como administrador se inició cuando fue nombrado director de la Escuela Woodrow Wilson del barrio Aguirre.   Posteriormente dirigió la Escuela Intermedia Román Baldorioty de Castro, así como también su Alma Mater, la Escuela Superior Luis Muñoz Rivera.

Buscando nuevos horizontes se traslada a la zona metropolitana de San Juan como director itinerante en Cataño.  Más adelante, fue designado superintendente de escuelas del distrito escolar de Carolina.

Su vida profesional estuvo íntimamente ligada a lograr mejores condiciones de trabajo para los maestros.  Como  parte de esas luchas, alcanzó al puesto de subdirector ejecutivo de la Asociación de Maestros de Puerto Rico, para entonces el único gremio de maestros existente en el país.    Uno de sus amores en la vida profesional era la Asociación de Maestros de Puerto Rico.

Fue servidor y amigo de todos sus compañeros de trabajo pero como es usual,  su círculo de amigos lo conformaban  condiscípulos  y coetáneos de su amado Salinas. Por nombrar algunos Vicente Ortiz, Julín Jiménez y Aníbal eran compañeros de bohemia que se juntaban a cantar sin que faltara corear “Yo no voy a Salinas, Yo no voy a Salinas, por no pasar por El Arenal.”

En el terreno familiar su amada esposa, de la que siempre decía que sacó su nombre de un cofrecito de oro: “En un cofrecito de oro metí la mano y saqué el dulce nombre de Darcy que jamás olvidaré.”  De esa hermosa relación surgieron dos hijos, cuatro nietos, dos biznietas y muchos allegados a los que quiere y los que le respetan y admiran.

Clemente Llovet Martínez, como expresara una vez la inolvidable maestra Stella Márquez Morales,  junto a  nombres como Justo Luis Pérez Morell, Félix Luis Ortiz, Iván M. Márquez, Manuel Miranda, Vicente Ortiz Colón, Alfonso García Martínez, Lino Rodríguez, Carlos R. Rodríguez, Redención Santiago, Iris Colón Rodríguez, Micaela Lefevre, Hortensia Modesto, Joaquina Figueroa, Paula Mateo, Victoria Mateo,  Mercedes Modesto, Jorge E. Muñoz, Federico José Modesto, sobresale entre los destacados egresados de la Escuela Superior  de Salinas de las primeras dos décadas de existencia de la amada Alma Mater escolar.

Recordatorios

recordatorios de Clemente Llovet

LA BANDA ESCOLAR DE SALINAS: RECUERDOS Y NOTAS PARA SU HISTORIA

por Willhem Echevarría Navarro

En Agosto del 1983 los estudiantes que eventualmente nos graduamos de cuarto año de escuela superior en 1988, empezábamos el octavo grado de escuela intermedia. Varios estudiantes de ese grupo, entre ellos Ángel Miguel Martínez, Miguel Ángel “Mike” Cruz, Ernesto Aponte Rosario y José Arnaldo “Nano” Santiago, tomaban clases de teoría de la música y solfeo con el profesor Ángel Félix, para ese entonces maestro del currículo de música de la Escuela Intermedia Urbana (conocida también como la Román Baldorioty de Castro nueva).

Varios años antes, cuando yo cursaba el quinto grado y empezaba a interesarme por la música, mis viejos me apuntaron en las clases que por años ofrecía en el municipio el gran maestro Demetrio Rodríguez. Todavía, que yo sepa, no se ha escrito un recuento exhaustivo de las contribuciones de míster Demetrio no solo al desarrollo cultural de Salinas pero igualmente a la música en Puerto Rico.

Entre sus estudiantes se encuentran luminarias del pentagrama musical puertorriqueño como Eduardo “Papo Grey” Cruz Cardona y Félix Rodríguez (trompetas de la orquesta de Willie Rosario), Heriberto “Ayatolah” Santiago (trompeta de Willie Rosario y Sonora Ponceña), Carlos Carreras (director de la orquesta salinense El Rey Carlos y su Corte y hoy día maestro de la banda municipal de Salinas), Demetrio “Machito” Rodríguez (trompetista del Conjunto La Perla y de la orquesta Costa Brava), el excelente trombonista Antonio “Toñito” Vázquez Ponce, el conguero de El Gran Combo Miguel “Pollo” Torres; el saxofonista y director de la banda municipal de Juana Díaz Santiago “Chago” Martínez; y el trompetista, arreglista y director Mario Ortiz.

Leer mas

El arresto de Hernán, el Brinca charcos :cuento

Por Carlos López Dzur

 

    a Hernán Sagardía Párez, educador, y mi ex profesor de secundaria con cariño

 

Como maestro de escuela, educador de independentistas, organizador de faenas para el porvenir, Hernán solía dialogar con sus jóvenes alumnos, alentarles el estudio de la historia y provocarlos con su estampa loca. Flaco, bocón, excéntrico, irreverente, amanerado, él mismo se decía Mr. Brinca Charcos. . Entendía el significado de ser Titán, con patas largas y cortos calcetines rojos. Decía que a veces hay que ceder y encogerse como sus medias y pantalón de tirantes. Ser casi un payaso entre los pobres.

Poéticamente dicho, fue el más joven de los Titanes. No siempre lo decía de sí, sino del Cronos arquetípico, o de Saturno, el romano o del planeta entero. A veces los países viven sus Saturnalias locales, fiesta fuera de control, carnavaleros sin sentido para el dios romano del ego.

Hernán Brinca Charcos entendía el Arquetipo y encarnaba todos sus aspectos. Casi siempre, su Saturno / o dios Cronos / era uno que organiza la Historia del Mundo. Uno consciente del tiempo en el espacio mundano. La saturnalia es el plexo de responsabilidad y de historia. Decía, por los 50, que hay que acabar la embriaguez de muñocismo y escuchar el mensaje de Don Pedro Albizu. O al menos, los clamores de sustentabilidad real, que son la soberanía. Todo lo demás es carnaval. Saturnalería, mal karma en el ego. Cronos que devora a sus hijos.

Tampoco quiso otros 30 años bajo la dinámica elitista, clasista, de los caudillos de siempre, no en Roma. El siempre habla sobre San Sebastián del Pepino. De hecho, viene de una cepa de politicones como su hermano y su padre. Mas él es el irreverente. En la crónica local de Saturno y la superación de sí mismo, contrapuso sus símbolos, la Iglesia del Padre Aponte, su afán de tratar el pecador a palos; por otro lado, el dominio económico de los clanes Oronoz, Echeandía, los Méndez Cabreros y aún Sagardía Sánchez y Pin Méndez. Cierto es que, por sobre todas las cosas, objetó el gobierno caciquista de La Pava moviéndose a la derecha como epidemia entre romanos, a la que Lutacio Catulo hallaría su remedio, consolidando el templo al pie del Capitolio / Municipio.

En el Decenio de 1950 y, aún más en los ’60, el Cura del pueblo, la fiera que vela a las niñas malsentadas, con mirada de lince, aún temiéndolo, se armó del afán de castrarlo. Proscribió a Sagardía Brinca Charcos. Gustosos de sus liderazgos, el pueblo prefirió su carnaval y sus banquetes, pero no la inversión del estatus social ni el fin del coloniaje. Esto llevaría a Hernán a ser más muino y payaso. Fue cuando propuso la hora de los encogimientos. Menos carnaval y más trabajo; pero, las élites del pueblo antes que transar matarían a Icario, a Hernán, a sus símbolos. Se negaban a la dinámica de grupo, a la responsabilidad, al estudio de la historia que propuso como porvenir.

El Cura Aponte envió una carta venenosa al Superintendente, y no era tóxica somnolencia de la vid. Era un expreso memo contra Hernán Brinca Charcos para que fuese echado de la escuela y, después… con la revolución albizuísta, detenido y encarcelado, por tener los cuatro cabos blancos: comunista, ateo, independentista y albizuísta. «El emponzoña la juventud del Pueblo», concluía la carta.

Del libro de cuentos inéditos «Rayos por celo de tu cuerpo» de Carlos López Dzur

Comentando fotografías: los callados ejemplos de superación

Las historias de vidas van atadas a la historia colectiva. Manifiestan sistemas y estructuras y el devenir por el que transcurren. Cada ser humano es un valioso ejemplo para los demás, no importa el carácter de lo que su vida simbolice porque las ataduras de sus circunstancias explican las de todos los que conformamos la sociedad. Lo más valioso es cuando superamos esas circunstancias ante la asombrada mirada de los otros. Héroe no es solo el que realiza una hazaña extraordinaria o espectacular. La heroicidad vive en todos y se expresa admirablemente en los actos cotidianos. La foto es la imagen juvenil de un salinense que calladamente ha labrado con heroicidad el camino por donde trascurren los ciudadanos ejemplares. Más de uno de nuestros lectores pueden atestiguarlo.

**

Profesor Carlos Ortiz

El profesor / Edelmiro J. Rodríguez Sosa

al profesor Esteban Pérez

Agosto marcaba el comienzo de un nuevo curso escolar. La escuela superior Luis Muñoz Rivera recibía con gozo a los estudiantes que con alborozo se saludaban unos a otros. Los maestros organizaban los salones y apuntaban los nombres de los estudiantes. Resumían las materias que iban a cubrir y daban las primeras asignaciones.

Esteban era profesor de español. Su meta siempre fue que sus estudiantes le tomaran amor a la buena literatura., que fueran lectores incansables y que escribieran correctamente. Tanto sus compañeros maestros como los estudiantes coincidían que era un maestro extraordinario. Todos lo apreciaban.

Sus tareas favoritas eran la lectura analítica de novelas y poesías. Decía que para disfrutar la literatura había que entender a los personajes, su filosofía y el ambiente en que se desenvolvían. Se entretenía urdiendo historias sobre el origen y desarrollo de la lengua española. Tenía una gran sensibilidad y hablaba con gran entusiasmo sobre el amor, la belleza y la profundidad de los sentimientos del ser humano.

En sus clases, cuando discutía los personajes de una novela lo hacía con tanto fervor que parecía que él era el propio personaje. Pero su entusiasmo chocó con la realidad.  El entusiasmo que ponía en sus clases no estaba rindiendo fruto. Los estudiantes estaban perdiendo interés en la lectura. Otros medios que capturaban la atención de los alumnos comenzaban a sustituir al libro.

Un día se ausentó del salón de clases, cosa poco usual en él. Los compañeros maestros y los estudiantes se preocuparon y acudieron a su hogar para ver que le sucedía. Él se negó a recibirlos. La esposa les informó que no se había levantado de la cama en varios días y que estaba sumido en sus pensamientos, que no quería hablar con nadie, ni siquiera con ella y que no quería ir al médico.

Una semana más tarde Estaban regresó a su salón de clases, pero parecía transformado. Ya no era jovial como siempre lo era. Estaba concentrado en sí mismo. Su mirada era etérea. Estaba hablando del Quijote, su personaje de ficción favorito, y mitad de la clase que dictaba salió del salón sin decirle nada a nadie y no regresó.

Vagó sin rumbo por las calles, caminos y trillos del pueblo. En su divagar se imaginaba las escenas y los personajes de todos los libros que había leído. A veces era don Quijote desfaciendo entuertos por los caminos de La Mancha, otras veces era Smerdiakov, uno de los hermanos Karamosov. Era Pablo el de Marianela de Benito Pérez Galdós. Se creía Edmundo Dantés sumergiéndose en las aguas de If en busca del tesoro revelado por su compañero de cárcel, otras eras veces era el Cid Campeador matando moros por la campiña española. Se creía Agamenón, Aquiles, Ulises, Príamo, Martín Fierro, Pedro Páramo y Aurelio Buendía. Era Pirulo, el de René Marqués, acostado boca arriba en vísperas de ser hombre. Era Peyo Merced y todos los personajes de Abelardo, incluyendo el Josco el toro boricua que no resistió ser reemplazado por un toro americano.

Todos esos personajes y muchos más se agolpaban en su cabeza que explotó sintiendo un gran dolor. Entonces se salió del mundo definitivamente.

En sus andanzas llegó a la orilla del mar y quiso ser algo más simple. Quiso ser pez y nadar libremente en sus aguas saladas. Se lanzó al mar y creyó encontrarse con Tetis y las demás ninfas, con las sirenas marinas y con Neptuno. Deseó que le salieran escamas, aletas y agallas para respirar bajo el agua y viajar a lugares ignotos. Su sueño fue interrumpido cuando casi se ahoga.

Salió del agua y entonces vio las livianas aves marinas cimbreándose graciosamente en el aire y quiso ser ave. Deseó que le brotaran alas y ser alcatraz, rabojunco, albatros y sobre todo gaviota para remontarse en el anchuroso cielo.

Ensimismado en esos pensamientos, a lo lejos divisó a Juan Salvador Gaviota que solitario volaba alto en el espacio sideral en busca de su sueño y quiso ser como él. Entonces se sintió liviano como una pluma y comenzó a elevarse más y más y más hasta que se perdió en el espacio infinito.

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa

18 de octubre de 2011