Episodios históricos salinenses: La huelga agrícola de 1920 en Salinas

por Danilo Cruz Miranda

En el cementerio de Salinas existe un monumento funerario olvidado que da fe de la lucha desigual entre obreros hambrientos de justicia y las poderosas corporaciones extranjeras. Han transcurrido más de dos siglos de historia salinense y es prudente dar constancia de sucesos que enaltecen y dan contenido social al carácter y personalidad de este pueblo.

La historia de Salinas se desarrolla alrededor de una extensa zona agrícola que, a partir de la llegada de las tropas norteamericanas en 1898, hasta pasadas más de la mitad del siglo XX, se dedicó, casi exclusivamente, al cultivo de la caña de azúcar. Por lo tanto, puede decirse que la historia moderna de ese municipio estuvo inmersa en la zona ardiente del cañaveral. Como consecuencia en 1920 el movimiento obrero llegó a la mayoría de edad en la historia del sindicalismo en Salinas.

Este artículo es un bosquejo de ese periodo inicial del siglo XX, y en particular, la huelga agrícola de 1920 así como la trágica jornada obrera en las proximidades al río Niguas a la altura de la colonia Isidora propiedad entonces de la familia Sécola.

El 1898 marcó en comienzo de una transformación económica cuyas consecuencias llegan hasta nuestros días.  Desde entonces los grandes consorcios azucareros desplegaron su dominio por todo Puerto Rico creando un modelo económico desigual, divorciado de justicia social.

Por primera vez en la historia de Puerto Rico se formaba una clase trabajadora amplia que desarrolló intereses definidos. La aparición de esa clase obrera es el punto de arranque de una organización y lucha sindical y política intensa en el país. Una de las primeras páginas heroicas de ese movimiento es la huelga agrícola de 1920.

La existencia de ese proletariado y las penosas condiciones socioeconómicas de principio de siglo propiciaron la formación de un movimiento obrero militante.  Entre los líderes obreros salinenses de esas primeras décadas del siglo pasado cabe mencionar a Francisco Ortiz, Máximo Santiago, Miguel Ten, Eduardo Soto, Jesús Sánchez, Juan Alvarado, Jorge Gautier y Agustín de Jesús. Se menciona de manera espacial a Leopoldo Semidey, que en opinión de don Felipe Suárez, un trabajador de la antigua Central Caribe que, en entrevista realizada a mediados de la década de 1970, expresó que Semidey era reconocido como un indómito luchador comprometido con los derechos de los obreros.

Entre los objetivos de aquel liderato obrero se pueden señalar los siguientes:  acabar con el agrego, abolir los salarios de miseria, reducir la jornada de trabajo, terminar con los atropellos de Aguirre Sugar Co., la cual por intermedio de capataces y mayordomos ultrajaba a diario la dignidad de los obreros; y poner fin a la injusta explotación de que eran víctimas.

La huelga agrícola de 1920 reclamo de los trabajadores grandes sacrificios, inclusive vidas. La mañana del 18 de febrero de 1920, aproximadamente a las 9:00. Al final de la calle Monserrate, pasado el río Niguas se desató un incidente desafortunado entre policías y trabajadores que concluyó en tragedia. Dos obreros desarmados que defendían junto a sus compañeros el derecho a la huelga resultaron asesinados por la policía.

Pedro Márquez y Francisco Santiago, dos obreros del cañaveral se convirtieron en los primeros mártires de la lucha sindical.  Según informa el boletín Unión Obrera, fueron ultimados por Francisco Franceschi y Francisco Vélez, jefe y cabo de la policía de Salinas respectivamente.

La huelga de 1920 adquirió enormes proporciones. En todo el país ocurrían combativas manifestaciones en las centrales azucareras, y el gobierno aliado del capital, desató la represión contra los obreros en huelga.  Para reprimir a los huelguistas y proteger a los rompehuelgas se envió a la fuerza de choque de la policía, conocida entonces como “la jaula de los leones”; efectivos paramilitares que invadían los cañaverales con camiones abiertos llenos de policías. De esa manera reprimían el movimiento sindical en huelga y les aseguraban a los colonos y centralistas la tranquilidad y el poder para retardar el conflicto obrero-patronal en perjuicio de los trabajadores, ahogados en la miseria y el hambre.

El día de los sucesos en el Río Niguas fueron encarcelado injustamente veinticinco obreros.  Los locales de la Federación Libre de Trabajadores y del Partido Socialista fueron igualmente intervenidos sin ninguna justificación legal. A pesar de la represión policiaca, el pueblo, indignado por los asesinatos y atropellos, se lanzo a las calles para evidenciar su repudio y manifestar su total apoyo a la causa obrera. Aunque la protesta popular no evitó que los crímenes del gobierno quedaran impunes perdura como ejemplo de indignación, sentido humano y solidaridad ante el asesinato y la injusticia.

En el cementerio de Salinas se levanta un monumento funerario olvidado que da fe de la lucha desigual entre obreros hambriento de justicia y las poderosas corporaciones extranjeras. Esa tumba, abandonada a los estragos del tiempo, y los carcomidos periódicos de la época, son testimonios, junto con los descendientes de los obreros que vivieron los hechos, de la veracidad e importancia histórica de la Huelga Agrícola de 1920. Dan constante testimonio de un periodo escrito con sangre y lágrimas; pero con coraje y del valor de un pueblo que supo indignarse ante la injusticia.

©© Danilo Cruz Miranda. El autor es un salinense radicado en el área metropolitana vinculado al movimiento sindical de Puerto Rico.

Foto de Edwin Ferrer

Los Sindicatos y el Gobierno / José Santiago Rivera

OpiniónManifestacion

Durante siglos  los patronos abusaron contra los obreros explotándolos bajo condiciones de trabajo infrahumanas. Ante esto, gente con visión y valor se alzaron como líderes y organizaron a los trabajadores en la ardua lucha por condiciones de trabajo aceptables y unos beneficios que ayudaran a mejorar su calidad de vida. La lucha no solo fue difícil, costo muchas vidas. Al final los logros a favor del trabajador fueron significativos. Con el tiempo el liderato sindical fue evolucionando, ya las luchas no eran a favor de todos por igual. Empezaron a surgir los intereses particulares de muchos líderes sindicales y sus alianzas con el patrono. Los beneficios para el trabajador, el obrero que produce las riquezas del patrono no eran prioridad.

Los sindicatos se transformaron en entes con las mismas características de los patronos abusadores que forzaron su creación. Se extralimitaron en sus exigencias de derechos y beneficios disminuyendo considerablemente sus responsabilidades y con ello disminuyo su productividad y su eficiencia. Esto en parte los convierte en responsables del desmadre económico y social del país.

Los políticos en su afán desmedido de perpetuarse en el poder, acordaron alianzas con los líderes sindicales y utilizando los dineros del país concedieron beneficios, muchos de estos extravagantes a los sindicatos. Con esto solo consiguieron sangrar las finanzas del país (ya no queda dinero), pues mientras exigían beneficios, disminuían en calidad de trabajo. Hoy estos líderes sindicales sienten que están en control del poder político y amenazan con un paro general, que sería desastroso para el pueblo y que en nada afectaría al liderato político, pues los lideres político, rojos y azules seguirían turnándose en el poder.

Lo que no entienden los miembros de esos sindicatos, los que verdaderamente producen para el crecimiento económico del país,  es que ellos y sus familiares llevaran la peor parte ante la crisis actual y el desmadre que se avecina. Que se afectan menos sin unos beneficios marginales imposibles de mantener ante la crisis actual, que el quedarse sin empleo. Ante un paro general, habría que considerar si las consecuencias mayores serán en contra del pueblo trabajador y sus familiares.

 

© José Santiago Rivera

Defendamos el proyecto universitario / por Mariana Iriarte

Opinión 
Hace unos días un compañero me decía que el golpe siempre viene de donde una menos lo espera, pero que del Estado siempre hay que esperarlo. Tenía razón. Después de 46 días de huelga no puede ser una sorpresa que la administración universitaria esté apostando al desgaste físico y moral del movimiento estudiantil. Prueba de lo anterior es la entrada en escena de la cuota especial de mil cien dólares para garantizar el préstamo que supuestamente la UPR necesita.

 Recientemente tuve la oportunidad de leer un ensayo que analiza y problematiza la huelga de la Telefónica de 1998 y la estrategia del todo o nada. Mientras lo leía pude aclarar varias cosas. La primera es que tenemos que pensar que el gobierno de Fortuño tienen un plan de reestructuración de la Universidad, ante eso debemos pensar cuál será nuestra estrategia si finalmente ese plan de restructuración se da. ¿Qué hacer como movimiento estudiantil si el fin de este gobierno es clausurar la Universidad como el espacio de quehacer académico intelectual y el motor principal del pensamiento libre y crítico?

 Es momento de medir las fuerzas y pensar, como aconsejó Catalá durante la huelga de la Telefónica, cuán decidida está la administración universitaria a mantener la Universidad cerrada y cuán fuerte está el movimiento estudiantil para resistir ese plan. Si realmente el gobierno está decidido a establecer nuevos arreglos para la Universidad, el movimiento estudiantil que salga de esta huelga, debe salir victorioso y fuerte para poder hacerle frente a eso que viene. A modo de ejemplo, no olvidemos que hubo un primer intento de venta de la Telefónica que no prosperó debido a la ausencia de ciertas condiciones pero que el segundo intento sí fue exitoso: se vendió la Telefónica y no se obtuvo ninguna conquista apostando a la estrategia del todo o nada. El movimiento estudiantil no puede ni debe darse el lujo de salir debilitado de este proceso que tanto nos ha costado y tanto ha conseguido.

 La asamblea general de estudiantes del 13 de abril decretó un paro de 48 horas con la posibilidad de una huelga indefinida si la administración se negaba a negociar. Efectivamente la administración no reconoció como legítimo al Comité Negociador y se inició el proceso huelgario. En este punto debemos aclarar que, al igual que en el 48 y en el 70, la administración decretó un cierre de la institución y fue ésta quién apostó al cierre como primera alternativa cancelando así todo espacio de diálogo o negociación.

 Las negociaciones finalmente comenzaron, sin embargo, nunca parecen haber estado destinadas a la reapertura de la Universidad. Por un lado, la administración se sienta con el Comité Negociador mientras que por el otro desarrolla campañas publicitarias, anuncia la imposición de una cuota especial ridículamente alta y empiezan a llover en el Capitolio proyectos de ley destinados a enmendar la ley de la Universidad.

Ante este escenario, es preciso que empecemos a reflexionar en qué momento comenzamos a permitir que fuera la administración quien dictara cómo y cuándo íbamos a desarrollar nuestra huelga. Que nos preguntemos si la dilación de los procesos no está, maliciosamente, destinada a mantenernos en una huelga que parece no tener fin. Que pensemos si no estamos dando vueltas como el perro que intenta, infructuosamente, de morderse la cola.

Hay quienes sostienen que en estos 46 días de huelga no hemos logrado mucho. A diferencia de éstos, soy de los que piensan que sí hemos logrado muchísimo. Más allá de los reclamos específicos, este movimiento estudiantil logró, por primera vez, unificarse y consolidarse a nivel sistema; logró desenmascarar los planes de una administración que pretende, sin temor a equivocarme, no sólo desmantelar la Universidad como institución, sino más bien aniquilar el proyecto universitario; logró que todos los sectores que componen la comunidad universitaria y el pueblo en general asumieran postura y se expresaran a favor de los estudiantes pero sobre todo que se reconociera a la Universidad como la institución fundamental que es en el desarrollo de un proyecto de país.

Ahora bien, sería un error garrafal asumir dichos logros como evidencia de un poder infinito. El poder ha estado y permanece en manos del Estado. Los y las estudiantes, utilizando la huelga como un medio, hemos intentado subvertir el poder pero en este momento cabe preguntarse si la huelga se ha normalizado y, por tanto, ha dejado de ser subversiva. Debemos preguntarnos si no es hora ya de recoger lo que hemos conseguido, replegarnos y redefinir nuestras estrategias de lucha para enfrentar un plan mayor como lo puede ser la reestructuración de la Universidad.

Para enfrentar dicho plan es necesario un movimiento estudiantil fuerte, capaz de enfrentar la ofensiva gubernamental desde la unidad. Creer que podemos agotar todos nuestros reclamos en un único momento equivale a sobreestimar nuestra capacidad política lo cual redundaría en el resquebrajamiento de este movimiento estudiantil que tanto nos ha costado construir. No podemos permitir que la administración sea nuestra brújula y determine cuáles son nuestros reclamos. Este movimiento estudiantil conoce sus reclamos, el hilo conductor entre lo que nosotros queremos lograr y lo que hay en la mesa de negociación está determinado desde el 13 de abril, dar espacio para que nos impongan nuevos reclamos es contribuir en la estrategia “universidad cerrada”.

A esta altura es imprescindible retomar el contacto con el afuera, abandonar el microespacio que hemos construido y denunciar a la administración en sus intentos de cancelar el proyecto universitario. Para eso es necesario que se certifiquen los reclamos logrados, se negocien las sanciones disciplinarias, si alguna, y se deje claro que no vamos a negociar nada que no haya estado dentro de nuestros reclamos iniciales.

No permitamos que los árboles nos impidan ver el bosque. La Universidad está en una profunda crisis y tenemos la responsabilidad, junto a otros sectores, de luchar para impulsar una verdadera Reforma Universitaria. Ayer mantenerla cerrada constituyó una estrategia que adelantó nuestros reclamos. Sin embargo hoy es contribuir a su deterioro y eso equivaldría a rendirse. Los estudiantes no nos rendimos, por eso continuaremos construyendo la Universidad que hoy el gobierno nos niega.

Para lograr nuestros objetivos es imprescindible diferenciar las posturas moralistas de las ético-políticas. No podemos caer en la trampa del moralismo y encerrarnos a discutir si levantar la huelga constituye claudicar. Frente a esa posición, que tiene que ver con lo emocional y no con lo político, tenemos que pensar cómo abrir la Universidad adelanta –o no-, no sólo los reclamos estudiantiles, sino también la protección del proyecto universitario. En este sentido, pensar políticamente implica reflexionar sobre cómo determinada estrategia contribuye a crear mejores arreglos institucionales que, verdaderamente, nos conduzcan a la construcción de la Universidad que queremos. Mantener la Universidad cerrada, en este momento, dejó de ser instrumento de presión y se convirtió en la estrategia de la administración. No bailemos su baile, rescatemos a la Universidad.

 

Mariana Iriarte

 La autora nació en Caseros, Buenos Aires, Argentina. Estudió Ciencia Política y Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Tiene un B.A. en Artes con concentración en Ciencia Política de la Universidad de Puerto Rico, Recinto Río Piedras. Actualmente estudia Derecho en la misma institución.

 

Otra ley del movimiento / por José Manuel Maldonado Beltrán

                                             Al movimiento estudiantil del 21 de abril

Las revueltas

hay que amarlas

como los hombres

y las mujeres

se quieren

 

darles la vida

sin perderla

en el empeño

 

para que este mundo

no sea imposible.

 

José Manuel Maldonado Beltrán, 21 de mayo 2010

¿Por qué estoy aquí? : carta abierta / Carolina Mejías

12 de mayo de 2010.

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¿Por qué estoy aquí?

Cuando hablamos de huelga, navegamos a un mundo de Resistencia ante el poder. Un poder que está formado por el dinero, un dinero compuesto por papel verde. Cuando resistimos, es luchar en contra del dinero. Ese papel verde que trae odio, ante la humanidad. Que mata, que divide. ¿y quién puede luchar contra el poder? En algún momento de mi vida me pregunté eso. Porque ni Dios, discúlpeme si ofendo, con su muerte no pudo eliminar el odio que produce el poder.

Y si hago un análisis de mi vida, descubro que ese poder, el dinero, ha sido el mayor obstáculo de mi vida. Recuerdo haber visto a mi santa madre haber dejado de comer, por darnos un bocado de comida. Iba a la escuela para adquirir conocimiento. Obtenía buenas calificaciones, no para tener sabiduría, sino para tener una buena calidad de vida, y poder calificar para las becas, porque gracias a ellas podía ayudar a mi madre con los gastos del hogar. Vine de padres divorciados, donde mi madre fue padre y madre.

Entré a la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, no por tener dinero, sino, por tener la capacidad intelectual de sobrevivir en la misma. Por esa capacidad intelectual es que estoy aquí en la huelga, en pie de lucha, para que el único requisito que se pida para entrar sea esa capacidad, y no el dinero. Todos tenemos que pensar y analizar; por consiguiente tenemos la oportunidad de entrar a la misma.

En cuanto a las ayudas económicas “ofrecidas por el estado” le expreso, ¡no bastan!, si no tienes otros ingresos económicos, NO PUEDES ESTUDIAR. Por eso le expreso al señor gobernador que no ofrezca declaraciones al pueblo sobre los asuntos económicos de los estudiantes, mientras usted disfruta del sueldazo que le brinda el pueblo y las ayudas o regalías que le entregan sus amigos los millonarios. Gracias a eso, envía a sus hijos a estudiar a los Estados Unidos.

Por eso hoy yo estoy en huelga, para que me brinden una educación de primera. Todos los estudiantes que están en cada portón del Recinto, piden lo mismo, ya basta de decir que la Educación es un privilegio, mas sin embargo es un derecho, el privilegio es para el gobierno, y el que cree que con el papel verde puede gobernar un país, está equivocado.

La sabiduría une a un pueblo y en ella le ofrece libertad. Esa libertad que trae consigo el amor. Amor por tu PATRIA y por tu PUEBLO. Un pueblo que se levanta por sus derechos. Derechos que son adquiridos por la sabiduría del pobre. Pobre de papel, pero, ricos en bondad. Esta es la lucha de los ESTUDIANTES que no da ni un paso atrás.

Vinieron con macanas, con pepper, con insultos, y con desinformación al pueblo para desunirnos, pero no pudieron. Pues el pueblo está con nosotros. Un pueblo cansado de las humillaciones.

Si entras a la Universidad, verás la definición concreta de un verdadero pueblo democrático. Con diferentes comités o personal que rotan por oficio. Tenemos seguridad las 24 horas, comité de comida, de limpieza, reciclaje, comité de actividades, tenemos áreas para sembrar, horas de enseñanzas, en la cual discutimos temas de interés y los analizamos; en las asambleas y reuniones, todos tenemos voz y voto para las decisiones, entre otras. Creo y afirmo que le estamos dando cátedra de lo que es un país democrático. La Universidad de Puerto Rico es un PAÍS.

Mas allá de un país hemos formado una familia, y esto, constituye un peligro para el poder. Un país puede ser corrompido pero una familia no. Un país, puede llegar a odiar, pero, una familia perdona. Un país, puede llegar a rendirse, una familia no se cansa de luchar. Por eso ¡NOS TIENEN MIEDO PORQUE NO TENEMOS MIEDO!

Apelo al sentimiento de todas las personas que quieren un mejor futuro para su país, que se integren a la lucha de los estudiantes, que se informen y sepan por qué luchamos. Yo no pararé de luchar por que está en juego si pueda volver a estudiar el próximo año escolar. Soy una joven atleta que brinda su habilidad, para poder estudiar. ¡EL DEPORTE ES MI PASIÓN, POR FAVOR NO ME QUITES MI EXCENCIÓN!

Carolina Mejías.  La autora es una atleta ejemplar galardonada que estudia en el Recinto de Río Piedras de la UPR.

Los revoltosos / Claudia S. Delbrey

Recientemente recibí mi carta de aceptación de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, la cual me llenó mucha alegría. Es de gran orgullo para mí formar parte de la principal institución educativa de nuestro país desde 1903 y donde se han formado las figuras más importantes del mismo.

Entre éstos se encuentran poetas como José Antonio Dávila y Julia de Burgos, escritores como José Luis González, historiadores como Ricardo Alegría y Arturo Morales Carrión, médicos como Raúl García Rinaldi, actores como Raúl Juliá, y otros.  Además, ha contado con distinguidas personalidades en el área de la dirección y el profesorado, incluyendo presidentes como el Dr. Carlos Chardón y don Jaime Benítez, y profesores como Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura de 1956, y Nilita Vientós Gastón.

Sin embargo, la llegada de tan esperada carta vino acompañada de titulares de periódicos y noticiarios anunciando huelga y un paro en la UPR. Como bien sabemos, vivimos en un país en el cual la gente siempre tiene una opinión o un argumento, independientemente de su conocimiento sobre el asunto.

Las reacciones, por tanto, no se hicieron esperar. Inmediatamente, comencé a escuchar diversas objeciones y críticas a los eventos que ocurrían en mi futura alma máter. “¡Otra huelga más! Esos son unos vagos que buscan cualquier excusa pa’ no estudiar”, escuché a algunos decir. “Eso es que están aburridos y no tienen más na’ que hacer que andar alborotando”, decían otros. En el ambiente escolar también llovieron las opiniones.

Algunas compañeras recalcaban: “por eso yo no solicité a la upi, eso siempre es un revolú.” También supe de otras, cuyos padres celebraban que éstas no hubieran sido aceptadas en la UPR, ya que de todas maneras no querían que sus hijas estuvieran en medio de ese “desastre”.  Entre las cosas que dicen sobre estos estudiantes que llevan a cabo estas dichosas huelgas, he escuchado que son unos revoltosos. También he escuchado que son unos revoltosos y marxistas. Pero peor aún, ¡que son unos revoltosos, marxistas y “pelús”!

Esta lluvia de críticas, argumentos y opiniones engendró un poco de decepción dentro de mí y hasta empecé a cuestionarme si había tomado la decisión correcta. En medio de esta confusión, la palabra revoltosos retumbaba en mi mente, como una canción pegajosa. ¿Quiénes son estos revoltosos? ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Qué significa ser un revoltoso?  Con esto en mente, comencé una reflexión que me llevó a mirar hacia atrás y conocer un poco más sobre los revoltosos a través de la historia.

En mi recorrido por la historia en busca de los antecedentes de esta especie denominada como revoltosos, hallé tres excelentes ejemplos.

El primero de ellos se remonta a mediados de la década del cincuenta, cuando en los Estados Unidos cobró fuerza el movimiento a favor de los derechos civiles de los afroamericanos. Durante este tiempo miles de revoltosos negros boicoteaban los sistemas de autobuses, practicaban desobediencia civil, participaban en protestas y ocupaban establecimientos donde sólo los ciudadanos blancos eran admitidos. Una negra revoltosa llamada Rosa Parks violó la ley por negarse a dejar su asiento en un autobús a un hombre blanco. Hasta un reverendo llamado Martin Luther King revolcaba a las masas, dirigiendo marchas y diversas manifestaciones públicas y, para colmo, recibió el Premio Nobel de la Paz por ello.

El segundo ejemplo nos lleva un poco más atrás en la historia, a principios del siglo XX, cuando nuestras pioneras sufragistas abogaban por la extensión del derecho al voto a las mujeres puertorriqueñas. Se destacaron en esta lucha mujeres revoltosas como doña Felisa Rincón de Gautier, mejor conocida como Doña Fela, quién rompió esquemas machistas al convertirse en la primera alcaldesa de la ciudad capital de San Juan en el año 1946. Otra revoltosa destacada fue Luisa Capetillo, quien además de ser una ferviente sufragista, escandalizó a la sociedad de la época al vestir una pieza tan vulgar para una mujer como unos pantalones.

Por último, en mi recorrido por la historia hallé el mejor ejemplo de un revoltoso y “pelú”. Éste entró a un templo y volcó las mesas de aquellos que cambiaban monedas y expulsó a los que allí hacían negocios, retó a los doctores de la ley en múltiples ocasiones y fue condenado, entre otras, cosas por agitar al pueblo. Este revoltoso del que hablo es nada más y nada menos que Jesucristo.

Podríamos seguir mencionando y explorando otros ejemplos en la historia. Sin embargo, éstos bastan para comprender que todos los cambios y avances en la historia se han dado gracias a la intervención de individuos considerados en algún momento como revoltosos.

Una característica común en estos llamados revoltosos es el hecho que no buscan privilegios personales, sino derechos comunes. Desde este punto de vista, podemos ver que los reclamos de los revoltosos de la UPR son derechos comunes, e incluso beneficios que no necesariamente les afecten a ellos directamente, sino a aquellos que no los apoyan.

Uno de los argumentos más escuchado en torno a este tema, es que estos revoltosos no dejan estudiar a los que “verdaderamente” quieren estudiar.  Otro argumento es la preocupación de que los estudiantes podrían perder el semestre o retrasar su fecha de graduación. Aunque son argumentos serios y de mucha sensibilidad, no es menos cierto que como en toda lucha social, hay que estar dispuesto a pagar algún precio. No creo que nadie desee que esto ocurra, incluyendo a los revoltosos. No obstante, lo que está en juego es mucho más que un semestre académico.

La preocupación de estos estudiantes es que está en riesgo el acceso a la educación universitaria pública de la juventud de hoy y la de mañana. El padre del niño de cinco años, quien se siente lejano de esta controversia, ignora que estos revoltosos están defendiendo el derecho de su niñito a obtener una educación superior en el futuro. Estos revoltosos denuncian la intención de la autoridad universitaria de administrar la principal institución educativa del país como si se tratara de una empresa privada.

Como futura alumna, entiendo que el deber de la presidencia y la junta de síndicos no es acatar los recortes presupuestarios del ejecutivo, sino defender el presupuesto y las necesidades de tan importante institución para el presente y futuro de nuestro país.  Estos revoltosos reclaman un espacio como parte de la comunidad universitaria para contribuir en la búsqueda de soluciones. Además,  le piden el diálogo a las autoridades universitarias para obtener las respuestas a sus preocupaciones, las cuales aún no han sido satisfechas.

¿Quiénes son estos revoltosos? ¿Por qué hacen lo que hacen? ¿Qué significa ser un revoltoso?  Estos revoltosos lograron que se reconocieran los derechos civiles de los negros, consiguieron el sufragio de la mujer, liberaron pueblos, cambiaron el rumbo de la humanidad y continúan cada día siendo agentes de cambio y escribiendo nuevos capítulos en la historia.

Claudia S. Delbrey

La autora es una estudiante de cuarto año de escuela superior recientemente admitida a la UPR.

Primavera y democracia, parte dos / Rima Brusi

En “Ensayo sobre la Lucidez”, que no es un ensayo sino una novela, uno de mis autores favoritos describe un proceso electoral. Un proceso ficticio, pero a la vez real de una manera que lo “real” no llega a ser (como suele suceder con los buenos mitos).  En la historia-mito de Saramago, y bajo la lluvia incle­mente, los habitantes de una Ciudad (ninguna, todas, cualquiera) votan como nunca, votan más que nunca y votan todos…en blanco.  Así comienza la novela.

La vota­ción de hoy en el recinto tuvo también algo de novelesco.  Una premisa conflictiva: la pregunta y el proceso elegidos parecían inclinar la balanza en una dirección particular, una que favorecía al status quo.  Un periodo de suspenso: esperando por los votos, y su cuenta, mientras (como en la novela de Saramago) llovía.  Otras tramas y actores paralelos: estudiantes, emplea­dos, profesores, que hacían democracia de otros modos antes, durante y después de la vota­ción.  Y una “mayoría silente” que muchos actores vocales alega­ban conocer pero que al final del día, nos sorprendió a todos.

La frase “mayoría silente” ha estado en muchas bocas protagóni­cas última­mente.  Administra­dores universita­rios, profesores, estudiantes, políti­cos.  Asumir la existencia de una mayoría silente que no se manifiesta pero que piensa de manera alineada con el poder de turno ha sido una estrategia discursiva utilizada durante mucho tiempo.  Nixon decía que había una mayoría silente que que­ría la guerra de Vietnam, y contrastaba esa gran masa silenciosa con el (según él) menor, peludo y gritón grupo de opositores a la guerra.  Cuarenta años más tarde, Fortuño, Rodríguez Ema, Figueroa Sancha y otros nos indican que los estudiantes que hablan de huelga en la UPR son un “grupúsculo” diminuto, siempre los mismos,  peludos y gritones.  En el mensaje de presupuesto los llama­ban el “minúsculo grupo que protesta” y lo contrasta­ban con la “inmensísima mayoría que quiere que las cla­ses continúen”.

Tal vez todos creía­mos en la mayoría silente.  Cuando supe que habría un referéndum con una pregunta tan simplona como “quiere usted huelga, sí o no”, pensé que la “mayoría silente” reacciona­ría diciendo que no.  Después de todo, así, en términos absolutos, nadie quiere “huelga”.  Las personas optan por la huelga como recurso porque quieren otra cosa, no como un fin en sí misma.

Pero resulta que más de la mitad de los votos fueron de SI a la huelga. La cacareada “mayoría silente” resultó no existir. A pesar de que la democracia, en su sentido más amplio, no estaba demasiado presente en el diseño del proceso, los estudiantes individuales participantes re-definieron las reglas del juego, convirtieron este voto en parte de otra cosa más amplia, más compleja, más democrática, más universitaria.

En la novela de Saramago, las autoridades optan por la mano dura como respuesta al voto en blanco, que interpretan como terrible­mente subversivo.  Los resulta­dos de esa mano dura, por supuesto, son desastro­sos para la democracia  (para la vida) en la Ciudad.  Y eso es cierto en la novela-y en la historia. Que en la UPR impere el diálogo, el uso del espacio universita­rio como plataforma para una conversa­ción nacional, la creatividad y el raciocinio.

Rima Brusi (Tomado de Parpadeando)

La autora es catedrática del Recinto Universitario de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico.

La UPR en estado de sitio: el estudiantado da la cátedra / Marcos Reyes Dávila

Mientras el gobierno intenta resolver el conflicto en la universidad con un cierre indefinido y, a la vez, con un interdicto para abrirla, y mientras se atrinchera la policía, y se arman como gladiadores medievales, y dan boletos a los que pasan apoyando a los estudiantes y boletos por estacionamiento; mientras el gobierno, en suma, coloca la universidad del libre pensamiento y la discusión de ideas en estado de sitio, los estudiantes dan cátedra diaria de organización, de voluntad de lucha, de sacrificio, de cooperación, solidaridad y consenso. La libertad discurre en ellos y entre ellos como el viento.

Los estudiantes no son enemigos del estado ni de la universidad. Pero la administración de Río Piedras la mira desde lo alto de la torre con la distancia, el extrañamiento, la misma falta de empatía, y el mismo miedo, con que Nerón miraba la “chusma” de la Roma ardiente. Los estudiantes son los hijos del pueblo de Puerto Rico y la fundamental razón de ser de la universidad.

La Facultad universitaria tiene mucho que aprender de los estudiantes.   Vamos a empezar a aprender con ellos hoy.

Marcos Reyes Dávila (Tomado de Las letras de fuego)

El autor es miembro de la facultad de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Es editor de la Revista Exégesis y mantiene el blog Las letras de fuego.