Es ahora / HLJorge

Dos sonrisas a pesar del infierno
de tanques y Kalashnikovs.
Mi piel se despereza con el sol,
sobrevuela tu cuerpo dormido;
tus ojos se abren cansados,
me refugian,
la muerte queda afuera.
Emerge la hierba pertinaz,
se impone,
saluda sorprendida,
cuánto cadáver inocente.
Hacer el amor sobre una tierra herida sin piedad,
entre tanta sangre y miembro mutilado,
bajo el gris mortal de la desesperanza.
No importa, mi amor,
es ahora,
mientras llega el proyectil que nos reservan.

Origen: Es ahora en Cosas

El Mono asesino / Alfredo Villanueva Collado

Demonic Males: Apes and the Origins of Human Violence.
Terror in the Name of God: Why Religious Militants Kill.

Se abre la cortina de pestañas.
Flota el tul de una telaraña,
confección de rocío y lágrimas.

Toda madrugada se torna en sombra;
a veces oscura, a veces, luminosa.
Cada noche se convierte en aurora.

¿Cómo se sale de un cuerpo primate?
Lo más necesario para quien crea
es desprenderse del mono asesino

que lo tortura desde los genes.
Herencia de violencia gratuita,
placer de aniquilar por gusto.

No existen ideologías ni creencias.
Sólo bestias que repiten secuencias.

AVC, San Juan, 20.09.2014

Pequeñas palabras para un niño palestino / José Manuel Solá

A esta hora
yo quisiera decirte hasta mañana,
pero no sé si habrá un amanecer.
Y quisiera invitarte a mirar las estrellas,
a escuchar el canto de los pájaros
y a contarte historias de mil y una noches.
El cielo de la noche está prohibido;
los pájaros, tus padres, tus hermanos, los niños de tu escuela,
ya no están al alcance de tu vida:
la historia ha sido mutilada.
A esta hora quisiera
cubrir con la cobija de un beso en la frente
tu inocencia cansada,
los sueños e ilusiones de tus ojos
con la tibieza de un mejor mañana…
Pero no sé qué hacer
para alumbrar tus manos
ni qué historias contarte;
cómo borro el terror, la muerte, el estampido
con que tiembla tu cuerpo y tu mirada…
ni a qué cielo llevar mis oraciones.
Aún así yo te quiero decir “…hasta mañana…”

(c) José Manuel Solá / 31 de julio de 2014 / Puerto Rico

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Exhumación de la última tumba

por Edwin Ferrer

Los niños se pusieron tristes cuando anunciaron que iban a trasladar los cadáveres del cementerio viejo del Campito al cementerio de La Isidora.

—No puede ser que destruyan mi escondite—Dijo Tatito temiendo que ya no podríamos jugar a las escondidas.

Se refugiaba en una tumba de ladrillos parecida a una cueva de osos hibernando, era profunda y se perdía en ella. Había cráneos, pelos largos y uñas crecidas regadas como el crisol, aunque no le importaba, se sentía seguro en aquel recoveco; hasta que Don Tibidabo lo sacaba a correazos.

—Pues yo soy el llanero solitario, alegó Papo Estefanía mientras cabalgaba entre las tumbas llenas de musgos.

Toda la muchachada, grandes y pequeños, se refugiaba en la gran muralla de ladrillos para planear quienes serían los indios, los vaqueros y por supuesto “el muchacho” de la película.

El cementerio viejo revivía el Día de Reyes. La noche antes, hasta los más pobres colocaban hierbas para los camellos debajo de la cama.

Ese día, los jóvenes de mi barrio exhibían los juguetes bélicos con los que jugábamos a matarnos; juego que se tornó realidad cuando tomé parte en la Guerra del Golfo Pérsico.

En Irak había tumbas diferentes. Los cuerpos empapados con sangre flotaban sobre pozos de petróleo tiñendo la arena de marrón obscuro.

Un día, mientras el convoy en el que iba se movia por carreteras arenosas, estalló una bomba frente a nuestro vehículo. Cuando salté tras al bombazo, me parecía estar brincando las tumbas del Campito, saltando sobre los cadáveres exhumados que llevarían a La Isidora, entonces rehusé ser víctima del aceite encarnizado.

©Edwin Ferrer

guerra del golfo

El niño palestino (poema) / Marcos Reyes Dávila

El niño palestino

Réquiem
El niño es un capullo
ni%C3%B1o+palestino.jpgSu imagen me habita

No sé si sobre su frente
se abre un capullo de rosas
o se aprestan a salir los pájaros

Te miro y
se me alargan
los versículos de los lamentos
Y mi espíritu se reseca
sobre los olivos ciegos
Como aceitunas
corren mis ojos
sobre el piso de piedra
Huyo con sandalias de polvo
del muro de todos los lamentos
donde se estrellan
como un puño de arena
salmos que jamás serán oídos

El niño
palestino
es un capullo
Su imagen me habita
los resquicios del pecho
Su frente abre un capullo
de rojas rojas
por donde huyen
buscando cielos
los pájaros de sus sueños.

Marcos Reyes Dávila

www.lasletrasdelfuego.com

Los eremitas y la guerra / Aníbal Colón de la Vega

Se había desatado la guerra entre dos magníficos ejércitos.  La contienda tendría lugar en un valle rodeado de montañas.  En las grutas de los montes moraban pacíficos eremitas.  Llegada la hora de la gran batalla, los soldados se apostaron en sus respectivos frentes.  Un bando gritaba vehementemente: ¡Dios con nosotros!  Quienes servían a la otra bandera respondían con incontenibles redaños: ¡Dios lo quiere y nos protege!  Las consignas retumbaban a lo largo y a lo acho del valle, de tal manera que herían los oídos de los anacoretas.  El convencimiento y el entusiasmo de ambas partes presagiaban el encontronazo de dos divinidades furibundas e irreconciliables.

Y, en efecto, el topetazo de las tropas fue sangriento y devastador.  Al final del combate, los pocos supervivientes yacían en los predios de la agonía.  Bajaron los ermitaños a socorrer a los heridos y a enterrar los cadáveres.  Ante la carnicería causada por el enfrentamiento de los guerreros adversos que reclamaban la elección divina, uno de los ascetas comentó: “Los soldados de las respectivas huestes aseguraban que Dios estaba de su parte.  Presumían que el Señor estaba con ellos y contra los otros, pero no se preguntaban si ellos mismos estaban con Dios y con el prójimo.  Al aniquilarse mutuamente, han arrancado de cuajo muchas vidas y han comprometido temerariamente el nombre del Altísimo”.

Otro de los eremitas, algo deprimido e irritado, reaccionó: “Tienes razón, hermano, pero considera lo siguiente.  Nosotros nos hemos fugado del mundo —contemptus mundi— y luchamos en soledad contra legiones de demonios.  Mientras la gente siembra amarguras, ¿qué hemos hecho para evitar los conflictos fratricidas y cultivar las condiciones de la paz?  Oramos sin cesar, mas ¿nos acompaña el Dios de la justicia y la paz?”.  El interlocutor se sintió ofendido por el aguijón profético, y pronto estalló una controversia agria y sutil.  Al cabo de la misma, los místicos se entraron a golpes.  El intercambio de puñetazos fue breve, pues cayeron encima de un soldado herido que se quejó como pudo.  Los peleadores se levantaron y contemplaron la desolación en derredor.  Por acuerdo silencioso, volvieron a la tarea de recoger a los caídos.

©Anibal Colón de La Vega

El difícil camino hacia la paz

Se ha dicho mil veces que lo difícil no es hacer la guerra sino construir la paz.  Lo usual es fomentar la paz con mensajes hermosos, sosegados y positivos, como el del video que cuenta la historia de Emmanuel.

Pero algunas veces las recetas para lograr algún propósito deben expresarse de otras maneras.  Por eso, la receta que propongo para construir la paz dice así:

Salte de ahí, de cualquier grupo, organización, partido o religión que te lleve a creer escogido de Dios, santuario de la verdad y apóstol de la moralidad.  Salte de donde te inculquen odio al otro que no sigue tus preceptos y reglas; odio porque no piensan ni actúan como manda tu doctrina o tu ideología.  Sal corriendo de donde se hostiga, difama o insulta al que no piensa como tú.

Aléjate de los podios que te nublan el entendimiento y te crean aversión contra enemigos inexistentes.  Escapa de los pulpitos que desvían tus sanos pensamientos y con textos vestidos con ropajes sagrados te llevan a la idolatría; de los que idolatran al dinero y te llevan a idolatrarlo.

Rechaza a los que inculcan miedos dibujando dioses malignos, castigadores y crueles, a fin de manipular tus acciones, ideas y sentimientos. Apártate de los dirigentes que, para mantener el poder te conducen por la senda de la difamación, el entrampamiento, la destrucción de reputaciones y el fanatismo; de los que te inducen a persecuciones temerarias racistas, xenofóbicas, homofóbicas, políticas y religiosas.

Rechaza a los que estimulan en ti, formas de intimidación y presiones hostiles, para acallar posturas que representan desafíos permanentes a sus doctrinas, ideologías e intereses; a los que quieren que renuncies a tus derechos, a una sociedad justa y a practicar la verdadera democracia; a los que alimentan en ti posturas hipócritas, para malograr la solución de problemas o evitar situaciones que los benefician; a los que te inducen a actuar en asuntos de interés público irrespetuosamente y sin transparencia.

Evita a los que malogran el diálogo, la cooperación, el entendimiento, la solidaridad y la amistad. En fin, evita a los cultivadores de la intolerancia y fomentadores de la guerra.

por SRS

El coltán: otra fuente de violencia e injusticias igual que el narcotráfico

El teléfono celular es parte de la vida diaria de miles de millones de personas en el mundo. Aunque el aparatito está con nosotros todo el tiempo, pocos conocen en detalle cómo se fabrica y que hace que funcione.  Cada vez que utilizamos el celular formamos parte inconscientemente de toda la operación que hay detrás de su creación funcionamiento. Y la verdad que detrás  de la existencia de nuestro teléfono celular hay una historia espantosa desconocida por la mayoría de las personas. 

No somos conscientes de que el componente más importante para que aparatos y artefactos tecnológicos como el teléfono celular funciones es el mineral conocido como coltán.  El coltán se utiliza en la fabricación de teléfonos celulares, GPS, satélites artificiales, armas teledirigidas, televisores de plasma, videoconsolas, ordenadores portátiles, PDAs, MP3, MP4, cohetes espaciales, misiles, juguetes electrónicos, cámaras y otros. De ahí que se posesión genera las más bajas pasiones humanas y la avaricia de gobiernos y empresas multinacionales. 

La extracción del coltán es la causante de un conflicto bélico en África  que ha cobrado  la vida de cinco millones de personas desde 1996.  En el Congo, que posee el 80% de las reservas de ese  mineral, la guerra alimentada por las empresas multinacionales no solo ha provocado violencia, sino el desplazamiento de poblaciones y un régimen de trabajo semiesclavo realizado en su mayoría por niños.  A los trabajadores se les paga 10 dólares por un kilo de mineral que luego se vende en más de 500 dólares en el mercado cuyo control comercial se disputan las empresas de alta tecnología de los países desarrollados.  

Cada vez que disfrutamos del confort que proporcionan aparatos como el teléfono celular deberíamos, al menos, estar conscientes del entorno de violencia en el que se fragua la operación industrial y comercial que nos vende y cobra por la posesión y uso de esos artefactos electrónicos.

Los siguientes videos ofrecen información adicional sobre el tema. 

srs

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