Elijo vivir / Gloria Gayoso

Yo detesto el ocaso,

prefiero la alborada;

si la vejez no es justa

ni tampoco la muerte.

Llevo un alma de niña

eterna enamorada,

que desdeña lo efímero

de la vida y la suerte.

No quiero el pelo cano,

ni la boca marchita.

todavía conservo

cristalina la risa,

un fulgor que reluce

en la chispa del ojo

y en los labios un fuego

de algún beso que añoro.

Adoro yo el aroma

de las flores tempranas,

el sol que me deslumbra

con su luz de mañana.

Y que no me convenzan

que el partir es sagrado,

que me mudo de traje,

que traspaso de plano.

Yo detesto el ocaso…

Resignada me ato

al decreto del cielo,

al sublime mandato,

pero conste que espero

sólo rosas de mayo.

                                   ©Gloria Gayoso

La vida continúa

por José Manuel Solá

Puede el hombre fabricar las armas de destrucción, los aviones, los tanques de guerra, más terribles que pueda imaginar, disgregar el átomo, exterminar hasta la última mariposa, mutilar los árboles, contaminar la aurora, secar todos los ríos, aún pisar la canción en las gargantas, masacrar aldeas y naciones enteras, prohibir las miradas de amor, envenenar el trigo y el maíz, encadenar al hombre que tenga la osadía de pronunciar una oración y sin embargo… la vida continúa.

Nacerá el sol de un día nuevo y la naturaleza vencerá finalmente, florecerá triunfal entre los escombros. Porque la naturaleza, al igual que la oración, es más poderosa que quienes la destruyen.

Habrá niños nuevos que inventarán nuevas canciones y que descubrirán por si mismos, en libertad, al Dios de la creación, el Dios que sus antepasados desterraron de sus vidas. Y donde quedaron las cenizas y los desiertos áridos del hombre, la vida y las flores y los ríos, inevitablemente, renacerán cantando para esos niños y niñas que tal vez desconocerán el pasado de horrores que provocó la devastación, porque para ellos será un mundo nuevo. Y las miradas se llenarán de luz y las manos se llenarán de pájaros.

La vida no termina, no puede terminar; el hombre de estos tiempos probablemente sí. Pero la vida continúa y aunque nosotros no alcancemos a verlo, los montes se cubrirán con la gloria de Dios: un nuevo amanecer para una nueva historia. Para el amor.

(José Manuel Solá / 25 de junio de 2014)

 

Tempus Fugit / María del Carmen Guzmán

En el aeropuerto de la vida

Ante el carrusel de equipaje

Espera la multitud su maleta.

Todo cuanto poseen da vueltas, gira

Sobre una superficie de vinyl y metal cementado

Que ruge y da vueltas sin saber a dónde va

E irremediablemente vuelve al lugar de procedencia.

Pasajeros, forasteros que van y vienen

De estación en estación, de puerto en puerto

Trayendo consigo cuanto pueden arrastrar

eltiempovuela

O cargar sobre sus hombros encorvados

Por el peso de todo aquello que consideran

Importante, lo que no quieren dejar atrás.

Rencores corroídos, como el hierro oxidado,

Amores añejos

Pasiones atrapadas en telas de araña,

Promesas incumplidas

y sueños…

Sueños que al depositarlos en un espacio reducido, limitado

Son arrojados por manos desconocidas e inclementes

Sobre el lienzo gris que los arrastra como las olas arrastran la arena

Y, como las olas devuelven la arena a la orilla,

Así los sueños vuelven cual espectros en invierno,

Mientras espera la multitud su maleta

Ante el carrusel de equipaje

En el aeropuerto de la vida…

© María del Carmen Guzmán

La gran estocada / por Marinín Torregrosa Sánchez

Inmensamente triste y sin remedio.

Me duele la vida, cosas del alma.

Ronda noviembre, cerca el predio,

cierra el cielo la hendija al alba.

 

¿A dónde cantan las avecillas al vuelo?

¿Sobre qué terreno pisaré en el tiempo?

¿En qué astro posaré de mis ojos el iris

Cuando el río al fluir busque consuelo?

 

Se evapora la esencia en la brisa

Y las sombras ansiosas buscan

Rescatar el sueño de ebrias horas,

aromas a ninfas, desnudas las hojas.

 

¿A qué mar me lanzaré sin miedo?

¿En qué nido  soplaré mi beso?

Si la mano de la senda señalada

Presenció de la vida, certera estocada.

 

 ©Marinín Torregrosa Sánchez

 

ilustración de Cristina Godoy