Luis Méndez Forestier / Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

Muchas veces, los datos, sean de la índole que sean, parece que le hacen jugarretas al investigador, escondiéndose, permitiendo que se frustre y abandone la búsqueda para no terminar en un manicomio. Más cuando menos se espera, aparecen como de casualidad y pareciera que tienen vida propia. Esto me sucedió con la historia que voy a contar sobre mi abuelo paterno, Luis Méndez Forestier.

Niños en Carlisle

Con motivo del escándalo de las cárceles para niños hijos de inmigrantes en Estados Unidos, han aparecido en la red social Facebook unas historias sobre unas escuelas que los norteamericanos crearon a finales del siglo 19, con el propósito de que los niños indios y niños negros olvidaran sus raíces y su cultura y se asimilaran a la cultura norteamericana. Así surgieron Carlisle Indian Industrial School, Hampton Normal and Agricultural School y Tuskegee Normal and Industrial School, entre otras. Las mismas eran muy estrictas al estilo de las escuelas militares y muchos niños lograron salir adelante, pero otros fueron abusados, escaparon y murieron ya que no se acostumbraban a la vida sin sus familias. Una de las prácticas que acostumbraban las escuelas era dispersar a los alumnos que venían de una tribu o pueblo para que no pudieran hablar su  lenguaje y se vieran forzados a aprender el inglés.

El cambio de soberanía

La invasión norteamericana a Puerto Rico coincidió con la recién creación de estas escuelas y los funcionarios escolares estadounidenses destacados en Puerto Rico creyeron prudente incluir a los indios-negros puertorriqueños en su estrategia de asimilación. Así fueron seleccionados cientos de niños y jóvenes puertorriqueños, a quienes se les otorgaban becas y eran enviados a estudiar a estas escuelas. Durante la colonización española en Puerto Rico, las familias pudientes enviaban a sus hijos a estudiar a España, lo que era motivo de orgullo y prestigio. Supongo que, al surgir estas becas para ir a Estados Unidos, las familias típicas veían una oportunidad de que sus hijos se prepararan al igual que los hijos de las familias pudientes.

Cuando los norteamericanos invadieron a Puerto Rico, Luis Méndez Forestier tenía 15 años. Su padre Juan Andrés Méndez, era un trabajador administrativo de la Hacienda San José, luego Central Eureka en Hormigueros. A pesar de ser un empleado de la hacienda, su relación con los dueños era una estrecha, ya que fueron los padrinos de su matrimonio. La historia oral de mi familia cuenta que era muy amigo de los hijos de los dueños, Luis y Mateo Fajardo Cardona, éste último, colaborador y asesor del Ejército de Estados Unidos en su paso por el oeste puertorriqueño. Juan Andrés Méndez, no era una persona adinerada, pero gracias a su relación con la familia Fajardo, vivía en una casa amplia y cómoda con su esposa y sus ocho hijos. Es de suponer que esa misma relación facilitara la inclusión de Luis entre los becados para ir a los Estados Unidos.

Luis Méndez Forestier

Luis Méndez Forestier

La historia oral familiar dice que Luis estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Tuskegee, Alabama. Sin embargo, al momento de Luis ir a estudiar, el lugar se llamaba Tuskegee Normal and Industrial School Institute y era una escuela fundada por Booker T. Washington para proveer educación vocacional e industrial y encaminar a la población negra a empoderarse de los derechos civiles que les eran negados. A esta escuela asistieron, no solamente estudiantes puertorriqueños, sino que el gobierno estadounidense incluyó estudiantes de Cuba y otras antillas.

Luis aparece por primera vez como estudiante de la institución en su catálogo de 1901-1902. Tenía 17 años. El programa de estudios duraba 3 años e incluía las siguientes materias:

 

A pesar de que el programa duraba 3 años, Luis permaneció en Tuskegee hasta el 1904-1905. Nunca obtuvo su diploma porque  un accidente en un laboratorio  lo dejó ciego de un ojo y se deprimió de tal manera que regresó a Puerto Rico sin graduarse. No obstante, trabajó como instalador de alumbrado eléctrico en la carretera de Mayagüez a San Germán, en 1910 para la Central Eureka. Ese mismo año se casó con Gregoria Más Rodríguez, con quien procreó diez hijos.

Luis falleció víctima de la tuberculosis, el 20 de agosto de 1929, a la edad de 46 años.

Referencias

Brooks, F. Erik. Booker T. Washington in Encyclopedia of Alabama. [http://www.encyclopediaofalabama.org/article/h-1506]

Carlisle Indian School Digital Resource Center [http://carlisleindian.dickinson.edu/]

Catalogue of Tuskegee University (1903-1904): 73-74.

Commissioner of Education for Porto Rico. Annual Report. 1904 [https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=miun.act0826.1904.001;view=1up;seq=1]

Landis, Barbara. Carlisle Indian Industrial School, (1879-1918).  [http://home.epix.net/~landis/index.html]

Navarro-Rivera, Pablo. Acculturation Under Duress:The Puerto Rican Experience at the Carlisle Indian Industrial School 1898-1918. [http://home.epix.net/~landis/navarro.html]

Rivero Ángel. Mateo Fajardo Cardona y la invasión de 1898. [https://horomicos.wordpress.com/2013/06/11/documento-mateo-fajardo-cardona-y-la-invasion-de-1898/

 

 

 

Comentando fotografías: Grupo escolar de la primera mitad del siglo 20 en Salinas

Esta foto la encontré entre las fotografías que guardaba Tilita Sosa.  A decir verdad, no hemos podido precisar el lugar y mucho menos la mayoría de las personas que captó el lente.  Tampoco tiene marca de fotógrafo como otras fotos de la época.

La foto tal vez se tomó frente al antiguo edificio de la Escuela Román Baldorioty de Castro ubicada en la calle Monserrate.  Pero no podemos afirmarlo contundentemente.    La única persona en la foto que se ha podido identificar es a la maestra Martina Zurita Mateo.  Desconocemos el año en que Mis Zurita comenzó a trabajar como maestra en Salinas.  Pero se presume que fue aproximadamente en 1930.  Siempre trabajo como maestra de segundo grado en la Escuela Santiago R. Palmer.  Después que terminó la Guerra de Corea en 1953 dicto clases nocturna a veteranos de dicha guerra en la escuela Baldorioty.  Con todo, esta foto parece ser de la decada de 1930.

En esta interesante foto aparece un nutrido grupo de estudiantes de diversas edades así como maestros. Entre ellos hay dos personas con guantes de boxeo. Decidimos publicarla a ver si alguien puede identificar alguna otra persona que figuran en la foto.

srs

Comentando fotografías: Las graduaciones 14ta y 16ta de la Primera Escuela Superior de Salinas

En 1918, Stella Márquez Morales, una mujer de estatura diminuta, fue nombrada Superintendenta del Distrito Escolar Salinas-Santa Isabel.  Había nacido en Ponce y era bisnieta de un terrateniente español llamado  Nicolás Márquez.  Su bisabuelo se estableció inicialmente en Santa Isabel  y con el tiempo compró unas tierras en el barrio Río Jueyes de Salinas, creando una hacienda que llamó Isidora, enalteciendo así el nombre de su hija mayor.

Los comienzos de la labor de Stella Márquez como cabeza del distrito escolar fueron difíciles debido al estado de las escuelas y la educación en Salinas y Santa Isabel. La falta de profesionales naturales de la región, especialmente maestros, la motivó a luchar por el establecimiento de una escuela superior en Salinas.

Felizmente, convenció a las autoridades municipales a que financiaran totalmente la construcción y funcionamiento de la deseada escuela superior.  En 1924 se construyó el edificio que fue inaugurado en 1925 dedicado a la memoria de Luis Muñoz Rivera. La recién inaugurada escuela estaba dotada con los mejores mobiliarios e instalaciones de la época, al punto de no tener que envidiar ninguna otra escuela superior del país. Abrió contando con biblioteca, teatro y laboratorios.  Era financiada casi totalmente con fondos municipales y aunque no había la cantidad de estudiantes requerida para establecer una escuela superior, fue autoriza a funcionar como tal por el Comisionado de Instrucción de Puerto Rico.

Pero no solo logró Stella Márquez  crear una escuela superior y organizar el primer año, sino que se las ingenió para organizar el cuarto año con sólo siete estudiantes.  En un Puerto Rico que le negaba el derecho a la educación a las grandes mayorías y que estaba plagado de analfabetismo,  contra viento y marea en 1928 se realizó la primera graduación de la Escuela Superior de Salinas.  Josefa Monserrate, Julita Semidey, Nemesia Rivera, Rosaura Vázquez, Ada Martínez, Santiago Santiago y Enrique Renta, cinco chicas y dos chicos,  fueron los primeros graduados de la Escuela Superior de Salinas, hace 88 años.

En esta ocasión, Roberto Quiñones nos proporciona dos fotos sobre los graduados de las 14ta y 16ta graduaciones de la Primera Escuela Superior de Salinas. Estas fotos de las clases de 1942 y 1944 recogen los rostros de los compueblanos que en aquellos años lograban graduarse de cuarto año.  Entre ellos, quizás se encuentre el retrato de alguno de sus abuelos, padres y familiares, en el momento de graduarse de la Escuela Superior de Salinas, cuando su sede era el histórico edificio Luis Muñoz Rivera.  Nuestra Primera Escuela Superior, que ahora se llama Escuela Stella Márquez Morales, en honor a su fundadora, tiene una hermosa historia de 91 años educando compueblanos nuestros, entre los que se cuentan la mayoría de los que colaboramos en Encuentro… al Sur.

©Sergio A. Rodríguez Sosa
Bibliografía
Márquez Morales, Stella.  Memoria de mi vida profesional y la temática la historia de la Escuela Superior de Salinas. [San Juan, P.R., 1978]
 
Foto 1: Clase de 1942
Clase1942[1]
 Foto 2: Clase de 1944
 Clase 1944Fotos proporcionadas por Roberto Quiñones
Pulse dos veces sobre las fotos para ampliarlas.

Comentando fotografías : Grupo escolar de noveno grado 1954-1955

Esta foto fue tomada en Salinas entre 1954 y 1955.  Tal vez en el pasillo de la Escuela Román Baldorioty de Castro o quizás en la Escuela Luis Muñoz Rivera.  Los adolescentes captados por el lente fotográfico nacieron entre 1939 y 1941. Algunos ya no están entre nosotros pero permanecen en el recuerdo de sus familiares.

Nacieron en medio de la Segunda Guerra Mundial  y cuando Puerto Rico pujaba por transformarse en un país moderno. Fueron los precursores de los bebés de posguerra (baby-boomer),  así llamados tras la explosiva natalidad que provocó el regreso de los soldados a la vida cotidiana.  En cierto sentido, estos chicos, en su mayoría hijos de trabajadores, fueron privilegiados.  Se beneficiaron de la labor encomiable de unos maestros con escasos años de estudios, pero conscientes de la seria misión que les correspondía realizar.  Fueron los primeros beneficiaros de la política de apertura de la Universidad de Puerto Rico para los estudiantes procedentes de todas las regiones de Puerto Rico. Y sobre todo de los programas de bienestar de la niñez, implantados para reducir la alta mortalidad infantil que prevalecía en Puerto Rico.

Seguramente entre nuestros lectores habrá alguno de ellos, o familiares y amigos que puedan identificar el lugar y los chicos que figuran en esta sexagenaria foto.

srs

Grupo escolar de Salinas  1954 a 1955

¿Por dónde parte la soga? / Rima Brusi

¿Por dónde parte la soga? Por lo más fino.  Y en el caso de las crisis, las externas y las internas, de la Universidad de Puerto Rico, lo “más fino” son las/los estudiantes.

Tome los cambios recientes, a nivel federal, en la elegibilidad de la beca Pell, la beca diseñada para que los estudiantes de escasos recursos económicos puedan estudiar.  El tope es ahora seis años para un grado de bachillerato.   Si en efecto los estudiantes en la UPR tuvieran acceso todos los semestres a los cursos que necesitan para mantenterse al día en su currículo y poder así graduarse en cuatro años, no habría problema.  Pero el caso es que el proceso de matrícula NO es así.  Todos los semestres, los cursos requisito se llenan y miles de estudiantes se quedan en lista de espera.  Todos los semestres, estudiantes que estarían dispuestos a tomar quince o dieciocho créditos se quedan con doce, si tienen suerte.  A veces no llegan a doce, y se tienen que ir, porque necesitan doce para obtener la beca.  De doce en doce, nadie puede graduarse en cuatro años.  Y el encarecimiento de los cursos de verano hace más difícil la alternativa de completar los créditos necesarios de ese modo.

La soga parte por lo más fino.  Y lo más fino, en el caso del tope de seis años de la beca Pell, son los estudiantes que necesitan de la beca para estudiar, esos estudiantes que van, no por elección sino porque no hay espacios suficientes, avanzando en su currículo de doce en doce.

Pero bien dicen que las tragedias no vienen solas.  Al tope de seis años, una crisis externa causada por la legislación federal, se le añaden medidas internas a nivel de sistema y de recinto.  En el sistema, los estudiantes enfrentan una cuota de $800 que aunque muchos insistan en no creerlo, hace que mucha gente se tenga que ir.  Mire el caso de un joven que llamaré Javier.  Buenas notas, estudioso, trabajando part time para ayudarse y mantener a su hijita bebé.  Residente de un caserío cercano a uno de los recintos grandes. Hace algún tiempo se tuvo que ir a trabajar, porque no tenía dinero para pagar la cuota y alguien en la oficina de asistencia económica le negó la prórroga necesaria para poder pagarla a plazos. No es sólo una pérdida (de oportunidad educativa y de movilidad social) para Javier: Es una pérdida (de talento y recurso humano) para el país.

Pero al parecer, al país no le importa que la soga parta por lo más fino, y que lo más fino sean los estudiantes.

A esas dos tragedias se les suma una tercera, completamente autoimpuesta y típica de los colectivos que deciden atender sus desafíos apuntando el dedo acusador y la medida represiva hacia algún chivo expiatorio.  En el recinto de Mayagüez , Colegio, al que amo y al que pertenezco, han pasado por ejemplo medidas recientes para atender el problema de las bajas parciales.  El subtexto de las medidas es claro: las bajas son culpa de los estudiantes, y los estudiantes que se dan de baja deben ser castigados.   De ahora en adelante, ha anunciado el decanato de Asuntos Académicos, si un estudiante se da de baja de un curso, independientemente de su turno pierde la oportunidad de matricularse en el mismo durante los primeros días de matrícula.

Para los colegiales que han pasado por el proceso de matrícula, ya sea como estudiantes o como administradores, las implicaciones de esa regla están claras: Si usted se da de baja de un curso de alta demanda (matemáticas básicas, por ejemplo), a usted se le hará doblemente difícil conseguir ese curso y si lo consigue, será con el profesor que nadie quiere o en el salón dónde la voz del docente no se oye o la pizarra no se ve.

Todo esto en un mundo donde la educación universitaria se vuelve cada vez más crítica para obtener empleos y mover países hacia adelante, y en un país en donde la universidad pública al parecer ha decidido achicarse. Supongo que hemos decidido que nuestros estudiantes más pobres, y sus becas, deben irse a los institutos y universidades privadas.  Que la educación pública se reducirá en alcance y tamaño.  La “reforma universitaria” se hace a punta de tijera y puñal, y con la complicidad de los profesores y empleados que al parecer estamos más dispuestos a dar la batalla por el plan médico y los derechos adquiridos en el convenio que por los miles de estudiantes que se escapan por los agujeros de certificaciones punitivas, incompetencia administrativa, dejadez docente, y reducción de espacios y de ayudas financieras.

Recuerde el número fatídico que la Junta de Síndicos y el pasado presidente De la Torre usaron con tanta frecuencia en los medios: 50,000.  Todos sus cálculos estaban basados en una universidad con 50,000 estudiantes.  Y la universidad, a su llegada, tenía aproximadamente 65,000.  ¿Cuántos se han tenido que ir? No lo sé.  Y al parecer no preguntamos.  El conocimiento es poder, dice el refrán, pero estamos a oscuras.  ¿A dónde se han ido?  Tal vez a su casa.  Tal vez a chiripear en la calle, y digo chiripear, porque trabajo formal sabemos que no hay. Tal vez a una universidad privada, donde pagan más y se gradúan menos.

Si de verdad estuviéramos buscando soluciones, y no chivos expiatorios, a problemas como las bajas, estaríamos mirando como buenos ingenieros (no en balde, pensaría uno, que somos el recinto especializado en las ingenerías) el problema en su conjunto, identificando cursos requisito con alto volumen de bajas, e invirtiendo en esos cursos nuestros mejores profesores, nuestros mejores salones, y nuestras mejores tecnologías para maximizar el impacto de ambos.

En el Colegio, por cierto, hicimos un experimento así.  La combinación de una profesora efectiva, avalúo continuo mediado con tecnología de clickers, y sesiones adicionales de práctica, logró aumentar las buenas notas y reducir significativamente los fracasos y las bajas en un curso de pre-cálculo.  La inversión quedó más que compensada por los ahorros netos de las repeticiones evitadas.  A pesar de sus buenos resultados, aún no se ha implantado de manera más amplia.

Y es que el punto, al parecer, no es solucionar: preferimos buscar el chivo expiatorio, y dejar que la soga parta por lo más fino.  Y lo más fino, señores, son los estudiantes más pobres del país, que necesitan de la beca para estudiar y que mientras más pobres, más probablemente llegan con el tipo de necesidad académica que conduce a una baja en un curso “filtro” típico como las matemáticas.  Los profesores hablan con frecuencia de “aquel estudiante” que se daba de baja de todos los cursos que no le gustaban, irresponsablemente.  Ese estudiante existe, pero NO es la norma.  ¿Cómo es que no hablamos de los casos en dónde dos profesores distintos, con el mismo curso, y los mismos exámenes, obtienen resultados radicalmente distintos en términos de bajas y fracasos?  ¿Cómo es que no identificamos a los profesores exitosos y les damos el apoyo que necesitan para enseñarle a más estudiantes?  Y a los que presiden cursos con excesivas bajas y fracasos, ¿cómo es que no les proveemos desarrollo profesional para hacer un mejor trabajo en el salón de clases, o alternativas de enseñanza lidiando con estudiantes menos vulnerables, o con cursos más avanzados?

Evidentemente preferimos que la soga parta por lo más fino, aunque lo más fino sean los estudiantes.  Los cambios en legislación federal los atacan desde afuera. La cuota los ataca desde la administración central.  Las medidas punitivas y la dejadez de nosotros los empleados los atacan desde sus recintos.  El resultado de tanto ataque al estudiantado más vulnerable no será una mejor universidad, sino un peor país.

Tomado de Parpadeando

Comentando fotografías: Experiencias extra curriculares

La siguiente fotografía fue publicada por Jossie Alvarado en su página de Facebook. Capta a un grupo de escolares salinenses que pertenecen a los clubes de biblioteca y periodismo de la Escuela Félix Garay Ortiz ubicada en la Comunidad El Coco del Barrio Lapa de Salinas. La foto fue tomada al finalizar una conferencia sobre periodismo dictada al grupo por Jossie Alvarado en ocasión de la Semana de la Biblioteca 2012.

La formación personal y social de los individuos esta marcada de manera integral por todos los factores y experiencias que surgen a lo largo de su vida.  Actividades especiales como esa sirven de recordatorio de la importancia que reviste el derecho fundamental de todos a la educación igualitaria, no sectaria, democrática y gratuita.  Convertir la educación en un mero negocio en la era de la globalización es arriesgarnos a que suceda lo mismo que con otros servicios sociales fundamentales, que ahora están regidos por empresas internacionales cuyo único propósito es el lucro.  La dictadura educativa empresarial substituiría la dictadura educativa del estado y seguramente los maestro vivirán la mentira de ser llamados asociados.

La cartita de Cristina / María C. Guzmán

Honorable governator of Puerto Rico

I an writing to you in inglish because you want Puerto Rico to be a estate of the united estates, so you probly spik very good inglish. I am sorry my inglish is not good as your inglish but that is because I don’t have buuks to lern. My ticher tells me that I cant take my buk home to studi because she only has ileven buks for every bodi in the class and I cant rite on my wurkbuk because she oniy has ten and we have to share. I share my buuk with paola because shes my friend and she don’t fight with me fo the buuk.

I an also writing because you came to my school to celebrate via verde day. I have a picture of you riding the traincito with the major of my toun. I wonder why you don’t bring us buuks to scuul that day. you gave all the children of my scuul a bag ful of stuf. I got a ruler and a little story buuk. My story buuk is about animals of the united estates. Many many animals I don’t see every day.

My grand ma went to spik with the ticher because I don’t do my proyect because I don’t have a buuk. My ticher shou my grandma her buuk she use to tich. It is papers from an old buuk. My grandma want to buy buuk for me so she cal the editorial hous and they tell my grand ma they don’t make those buuks any more because thei are upsolite. What does that mean? Mr governator? My grandma tel me that that means thei don’t maik the buuk any more.

I want to learn inglish and social estudies and matematics and cience and I want to learn to rite Spanish but how can I learn if you don’t bring us buuks to school and you don’t give my ticher a good buuk to tich from.

Mr governator of Puerto Rico, I wonder if in the united estates schuuls children don’t have buuks?

My grandma tells me she was a ticher in the united estates and all her children had buuks to take home. They also have conputers and big librari ti studi. I want to knou Mr. governator of Puerto Rico why the secretary of public schuuls says he don’t have his children in public eschools. Is it because they don’t have any buuks?

Plise mr governator of Puerto Rico can you tell santa clus to bring all the kids in my eschool some books?

Thank you, we will all be veri very hapy this cristmas

Sincirly,

Cristina

3rd grade studint

from second unit eschool

Comentando fotografías: escolares del año de las guácaras

Díganos quiénes son esos bellos adolescentes y donde fueron retratados, vaya usted a saber por quien. Sabemos que será difícil, porque ha pasado tanto tiempo que seguramente ni ellos mismos se reconocen.  Pero a lo mejor algún nieto o biznieto los identifica y pueda revelarnos el secreto. Si usted adivina al menos dos, le publicaremos esa foto que guarda como un tesoro inexpugnable.

De izquierda a derecha de pies Roberto Quiñones Rivera, Nandí Rodríguez; sentadas Zulma Rodríguez, Niní Cintrón y chica no identificada. Lugar: Frente a la Alcaldía.

Comentando fotografías: las graduaciones escolares

Desde 1928 la Primera Escuela Superior de Salinas ha celebrado ochenta y tres graduaciones de cuarto año.

La primera etapa de de esas ceremonias de graduación ocurrieron cuando su sede era la Escuela Luis Muños Rivera y desde la década de 1970  en la actual Escuela Stella Márquez.

La primera graduación de la Primera Escuela Superior de Salinas la integraban siete graduandos. Ese año de 1928 se graduaron los estudiantes Enrique Rentas, Santiago Santiago, Josefa Monserrate, Julita Semidey, Nemesia Rivera, Ada Martínez y Rosaura Vázquez. Desde entonces cientos de salinenses obtuvieron su diploma de cuarto año de nuestra octogenaria escuela superior.

Como ejemplo de esas 83 graduaciones le presentamos dos fotografias que nos enviaron a traves del correo electrónico encuentroalsur@gmail.com.  Ambas recogen imágenes de  los actos de graduación de la clase de 1991 de la escuela Stella Márquez.

Mi primer amor / por David Arce

A mis cándidos quince años, recién llegado a Lima, una gran ciudad de enormes edificios, amplios jardines y con todas las calles asfaltadas, me pareció que yo era un algarrobo mal trasplantado: nada se podía comparar a mi pequeño pueblo de Chulucanas. Mis padres decidieron que necesitaba instrucción superior para triunfar en la vida. Sin embargo yo venía con mi maleta-alforja, llena de sueños e ilusiones y el mayor de ellos era encontrar al amor de mi vida.

Ya me había ilusionado con mi profesora de matemáticas, la señorita Juanita, y mis noches de insomnio solo habían sucumbido a la imagen fetichista de sus pies descalzos, entre mis sábanas tristes y mis manos agitadas. Y también me desilusioné de manera fulminante el día en que vi que ella recibía la visita de un chacarero, el viejo Ambrosio, durante el recreo, en el cuartito del tormento, donde la maestra decía que guardaba un esqueleto humano y que encerrarían allí a aquel alumno que se comportara mal. Nunca supe de alguien que sufriera tal castigo.

Mis padres me enviaron donde unos parientes nunca conocidos que, aunque me trataron bien, nunca me sentí cómodo con ellos. Vivía en Miraflores, un distrito de clase alta para esa época, con la mayoría de casas de un solo piso y jardines con muchas flores. Yo salía diariamente a las siete de la mañana para ir a la universidad. Y nunca supe cómo sucedió, pero un día me demoré quince minutos. Salí apurado y tomé el bus amarillo que me dejaba en Quilca, que era el último paradero. Desde allí caminaba hacia Colmena, donde quedaba el local de Ingeniería Industrial de la Villarreal, a cuadra y media de la Plaza Dos de Mayo.

Y desde allí empezó una serie de acontecimientos que parecían hechos a propósito. Me senté en el único asiento vacío junto a una jovencita que apenas me miró y siguió leyendo Siddharta, mi libro favorito, tantas veces leído que hasta podía citar de memoria muchos párrafos enteros. Yo saqué mi librito de Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Y me sentí contento por el placer de compartir lecturas distintas durante un viaje en bus con una muchacha desconocida y simpática.

Como era natural en mí, no me atreví a dirigirle la palabra. Ella se bajó en la avenida Tacna, antes de que el bus doblara por Quilca. Inicialmente quise bajarme detrás de ella pero mi excesiva timidez me lo impidió. Lo sorprendente fue que antes de entrar al local de la universidad me dieron unas ganas irresistibles de entrar a la capilla de la Inmaculada. Solamente entré para rezar un momento y fue que la vi junto al confesionario, que en ese momento se me antojó vacío. Esperé junto a la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca hasta que ella recogió sus libros y salió de la capilla. Observé que entró en la Facultad de Derecho y no tuve el coraje suficiente para ver en qué salón estaba.  Crucé la Colmena y me dirigí a mis clases.

Al día siguiente me demoré los quince minutos a propósito, tomé el bus amarillo y, para sorpresa de ambos, el único sitio libre estaba junto a ella, con la diferencia de que esta vez yo llevaba el Demian y ella Poemas humanos. Yo hice como que leía y notaba que me miraba de reojo y después de esperar que yo dijera algo, ella, sonriente, me preguntó: ¿Te gusta Hermann Hesse? Y yo le dije: por supuesto, ¡me encanta!, y desde allí hablamos como descosidos, nadie nos paraba, solamente el tiempo que cada día se hacía más corto.

En la casa de mis parientes me preguntaban que por qué comía menos, que por qué paraba como ensoñando, que me habían escuchado hablar dormido durante las noches. Lo que yo no sabía en ese entonces era que ya estaba completamente enamorado de una chica de quien no conocía ni su nombre ni su casa. Y aprendí a retrasarme quince minutos para vernos en el bus.

La siguiente vez ella me mostró sus poemas, mucho más hermosos de los que hasta entonces había leído, ni qué Neruda, ni qué Vallejo, ni ninguno de mis conocidos: ella era un ángel escribiendo. Los firmaba como Lilith Paradisso. Es así como supe su nombre. También me dio su dirección y me enseñó la puerta de madera color verde de su casa, con paredes de amarillo colonial. Cada día me sentía inmensamente feliz: definitivamente era la mujer ideal, la mujer de mi vida. Y lo sorprendente era que además recibía clases de piano y cantaba como un ruiseñor. Durante las tardes que bajábamos a la playa por el malecón Balta le pedía que me repitiera una canción que compuso para los dos, una canción de amor eterno.

Un día no la encontré en el bus, ni al siguiente. Después de una semana de desesperación, sin dormir ni comer bien, pensando en ella a cada instante, con la zozobra de alguna nefasta noticia, decidí ir a su casa. Rondé durante dos horas antes de decidirme a tocar medrosamente la puerta. Toqué despacio, esperé largo rato y nadie salía. Toqué un poco más fuerte y logré escuchar su caminar inconfundible.

Al verla quise lanzarme a abrazarla, pero algo me detuvo, quizás su mirada de desconcierto. Me miró de pies a cabeza y, con su voz única pero esta vez con tono áspero, me preguntó qué deseaba. Le dije que buscaba a Lilith Paradisso. Abrió los ojos desmesurados, miró a ambos lados de la calle y me dijo que entrara. Con voz suave, como la de Lilith, me susurró: espero que comprendas que no es fácil para mí decirte que no eres el primero a quien mi hermana engaña. Yo soy la verdadera Lilith. Mi pobre hermana se llama Eva y actualmente está en el manicomio; de vez en cuando le dan sus ataques de locura y con mucha pena tenemos que internarla, pero no por mucho tiempo.

No dije nada y salí desconsolado, caminando sin rumbo.

Al día siguiente volví a ver a Lilith, mejor dicho a Eva, sentada en el autobús amarillo, a la misma hora y esta vez con Las desventuras del joven Werther, sonriéndome como cualquier día luminoso, sin ningún indicio de enfermedad mental. Estuve en silencio largo rato y antes de bajarme le dije que el día anterior había estado en su casa y que su hermana me había contado todo.

—No sé qué te habrá contado mi hermanita, pobrecita. Estuvo mucho tiempo internada en un sanatorio y tuve que quedarme a cuidarla durante la semana que falté a la universidad. Somos mellizas.

©David Arce

Hyde? / por Rima Brusi

hyde?

…it was the best of times, it was the worst of times…empieza una gran novela de Dickens. Un poco así me sentí ayer, cuando ví, incrédula, las imágenes de una turba estudiantil atacando a la rectora de Rio Piedras.

Era una turba. No se trataba, me parece, del movimiento que he visto actuar en tantas otras ocasiones.  No sé si algunos de los actores eran los mismos. Tal vez sí, tal vez no.

Pero el movimiento es el que se reunió, una y otra vez, a conversar y debatir entre sí, a construir posturas concertadas, a hacer democracia desde abajo y hacia los lados, a exigir diálogo, a resistir pacíficamente, a inventar, escribir, comunicar, crear.  Ese es. Porque si algo ha aprendido el país de sus estudiantes, es la importancia que tiene pensar y discutir , en colectivo, para la democracia. Y de preservar los espacios para ello.

La turba es la que (frustrada) ataca y grita. La que le permite al oponente cínico asumir el high moral ground.  La que arroja objetos, la que ataca a su enemigo con las armas que lleva ya algún tiempo repudiando.  Con las que todos debemos evitar.

Con toda mi alma espero ver de nuevo al movimiento. Para turbas-ya tenemos a la legislatura.

Tomado de Parpadeando

Comentando fotografías: escolares de Lapa

La comunidad Vázquez surgió en la década de 1940 como consecuencia de la expulsión de las familias que tenían enclavadas sus viviendas en los terrenos que fueron expropiados para uso militar.  Miles de cuerdas de terrenos productivas se convirtieron en terrenos de tiro y prácticas militares.  Quedo arruinada una industria agropecuaria de la que obtenían su sostén cientos de familias de los barrios Río Jueyes y Lapa, que vivían en sectores como Cedro, Barrito, La Joya  y la Zanja. 

Como consecuencia de la expropiación se produjo el éxodo de esas familias para los repartos de parcela en el Coco y Vázquez.  Con ellos también fueron sacadas de esos terrenos dos escuelitas donde estudiaron muchos de los bisabuelos de las familias que formaron las nuevas comunidades. 

La foto que ofrecemos hoy presenta un grupo de la Escuela de Parcela Vázquez, algunos de ellos, nietos y bisnietos de las familias que siete décadas atrás iniciaron la historia de esa comunidad.