El Sistema colonial estadounidense en Puerto Rico y la industria azucarera / por Rafael Rodríguez Cruz

Camino a la Central Aguirre

Robando bolas y palos de golf

Creo que fue para 1963 o 1964 que a mi primo Reuben le vino la idea de construir un campo de golf en el barrio «Hoyinglés» de Guayama. Si descabellada era la ocurrencia, más desmochado era el plan para lograrlo. Se trataba, según él, de robar bolas y palos de golf en las facilidades de atletismo de la Central Aguirre. El reto, naturalmente era cómo acceder al campo de juego de ese lugar; pues, membresía, lo que se dice membresía, no la teníamos ni la podíamos conseguir. Para superar el obstáculo, mi primo desarrolló un operativo que parecía sacado de las picardías del Lazarillo de Tormes: unirnos a la Liga Atlética Policíaca de Guayama, para así poder robar.

Efectivamente, los miembros de la mencionada organización policíaca, todos jovenzuelos como él y yo, gozaban de abundantes privilegios en Guayama. En primer lugar, entraban gratis a la matiné del Cine Calimano los domingos por la tarde. Claro, tenían que ir en uniforme de la Liga y no hacer las maldades acostumbradas, como comentar las películas y tirar trompetillas; pero, no tenían que pagar ni pasar por el trabajo de colarse. El segundo privilegio era el poder entrar a tomar agua de la fuente del cuartel de la policía, en la calle Ashford, sin que el guardia de turno les entrara a patadas. El tercero, y quizás más importante, era el poder ir a la Central Aguirre a los programas de la YMCA, incluyendo el nadar en la piscina. Para mí, que no sabía nada de natación, eso era un incentivo adicional. En menos de un minuto, me convencí de la infalibilidad del plan de mi primo, o sea, de hacernos «policías de embuste», para robar.

Fue así que un día de verano de 1963 o 1964 salimos en una guagua [bus] escolar para la Central Aguirre. En cuanto llegamos, sin embargo, comenzaron a surgir problemas con el plan de robo. Lo primero fue que acceso a la piscina del Club Aguirre, como tal, no tuvimos. Más bien, lo que hizo la YMCA fue habilitar una vagoneta de arrastre para que sirviera de alberca en el estacionamiento de uno de los edificios. El policía a cargo de la Liga Atlética, cuyo nombre no recuerdo, ya venía enfadado con nosotros desde que nos portamos mal durante la procesión de viernes Santo en Guayama. Ese día sagrado, y bajo el sol candente de mi pueblo, que licuaba el mazacote de brillantina Alka en nuestras cabezas, él había jurado, entre maldiciones y blasfemias, que algún día le habríamos de pagar el desplante. El momento del cobro de la deuda, creo yo, llegó con la visita a la piscina de la central. «Ahí está, tírense al agua, y no jodan más. El que no sepa nadar, mejor que aprenda o se ahoga en el vagón de mierda ese», dijo con una sinceridad que espantaba. Nadie murió, para contrariedad del jefe de la Liga Atlética Policíaca de Guayama. Y es que el menos atlético de los presentes era, precisamente yo y, al oír la advertencia del posible ahogamiento, me alejé lo más que pude del dronzote agua. Eso explica por qué hoy, aún ya viejo, no sé nadar. Las piscinas me dan un repelillo enorme y, si me meto en ellas, no paso de la cintura; especialmente si es un Viernes Santo, no vaya a ser que la maldición de ese policía endiablado brinque cinco décadas y venga a materializarse conmigo ahogado en una alberca, precisamente, un día de rezar. Brujo al fin, creo en las premoniciones.

De todos modos, yo tenía ese día otros riegos más grandes que confrontar en la Central Aguirre. Para robar las bolas de golf teníamos un plan que hoy me suena un poquito chiflado. Todo era asunto de esperar a que las bolas cayeran al suelo para recogerlas, sí, inmediatamente antes de que llegara el dueño. «Déjate llevar por el ruido del golpe del palo de golf, así sabrás adónde caerá la bola», me dijo mi primo en un tono que, al menos para mí, era más que convincente. Logramos con este método recoger diez o doce bolas, entre la gritería de varios jugadores que no querían tanto recuperar sus «golf balls», como matarnos. Uno que otro de ellos, de hecho, lo intentó, apuntando el tiro lejos del hoyo y en dirección a nosotros. De camino a Guayama, con los bolsillos llenos de bolas de golf, sentimos la satisfacción de haber logrado el plan. Pero fue entonces que nos acordamos del detalle que sin palos no se podía jugar golf.

Sea, como sea, en cuanto llegamos a la calle Duques, nos enfrascamos en la construcción del campo de golf de “Hoyinglés”. En nuestras mentes, el proyecto era mayor que en la vida real. Es un hecho inexplicable por qué los ojos de los niños lo amplifican todo, como si uno anduviera en la infancia con lupas. Ya de adultos, pues, nos quitan la lupas, y todo se achiquita; todo, menos los recuerdos. En fin, el patio de mi tía no era grande, pero eso no afectó el tamaño imaginario del campo de golf. En una esquina tenía su montañita con hoyo y bandera; en la otra, un terraplén para golpear la bola. De algún modo, y por medios extraños, cayó en nuestra posesión un fino palo de golf. Exactamente cómo, no lo sé. Será que es verdad eso de que Dios actúa por medios misteriosos, porque lo que fui yo nunca más volví a la central. Y así fue, como lo cuento, que el barrio ‘Hoyinglés’ tuvo su campo de golf mucho antes de que Chi Chi Rodríguez construyera el suyo a las afueras de Guayama.

Ahora, cincuenta años después del «gran robo» con mí primo, me toca volver a los predios de la antigua Central Aguirre para disfrutar de los eventos del Cuarto Libre Soberao, el 7 de abril. Es una gran fiesta cultural y de baile de bomba de los pobladores de El Coquí, el pueblito pequeño en que vivían los trabajadores de la caña y sus familias. Aunque me entusiasma la idea de volver a los predios de la central, también tengo sentimientos encontrados. De seguro, pienso yo, que todo se habrá achiquitado. Lo que hoy quede de aquellas casotas blancas y grandísimas de los administradores estadounidenses de la central, con sus balcones señoriales, y de aquellos grandes edificios de la molienda, me provocará la misma sensación que tengo cada vez que voy al sureste que me vio crecer. El mundo es más pequeño de lo que yo pensaba en mi niñez. Es como si la vida preparara a uno, poco a poco, y ajustándole la visión a uno para aceptar, algún día, que en realidad basta con un panteón pequeño para acomodar los huesos viejos hasta la eternidad.

Recuerdo, dicho sea de paso, que de niño mi abuelo solía llevarme por todo el litoral del sureste, central por central, buscando molasas frescas para beber con sangre de toro. Nunca probé la infusión. Pero sí vi a mi abuelo empinar un envase con sangre de buey y melao espeso, como si fuera la mejor miel. Me dijo que era cosa de la manera en que los negros, sus ancestros, cristalizaban el azúcar, con sangre fresca. La remembranza de la actividad en una central, justo en medio de la molienda, no es fácil de olvidar. El olor intenso del jugo de caña, el ruido de los vagones de tren, las grúas y cadenas chillando a toda voz, el ajetreo humano y los gestos de mi abuelo, con sus seis pies de negritud; todo eso , ni se olvida ni se achiquita en la mente. ¡Qué grande era todo aquello, ante mis ojos de niño! Un mundo alucinante de metal y gente. A escondidas, yo calmaba mi ansiedad, haciendo remolinos en los latones de melao fresco y chupándome los dedos ennegrecidos con el dulce elixir. Y luego, pues, llega la vida de adulto, y se le achiquita a uno el mundo real. Nada permanece grande, salvo en la memoria. En fin, ya la caña de azúcar no se cultiva en el sureste de mi país, ni en las centrales se exprime melao.

Los ‘pauperizados’ del cañaveral

El gran año para la producción de azúcar en el sureste de Puerto Rico fue el 1915. En ese momento se consolidó, realmente, la siembra y molienda de caña en toda la región. Sí, centrales como la de Aguirre contaban con maquinaria de la más avanzada, desde hacía más de una década. Sin embargo, un estudio del Departamento de Comercio de Estados Unidos en 1907 señalaba que el problema de la azúcar de la isla durante la primera década del siglo XX no era la molienda, sino el rendimiento de toneladas de caña por acre, o sea, las técnicas de cultivo.[1]  Ya para 1906 en Puerto Rico, gracias a la concentración de capital, el número de centrales se había reducido a cuarenta y seis y la tecnología era de primera. El desarrollo entre 1899 y 1906 fue verdaderamente sorprendente:

«La ocupación estadounidense trajo una completa transformación de los métodos de molienda. Los molinos impulsados por fuerza animal casi han desaparecido, y el ‘tren jamaiquino’, con su sistema de pailas abiertas, está siendo desplazado por novedosas técnicas de evaporación, de manera que hoy, además de las innovaciones de las centrales mejor equipadas, muchas de la pequeñas están instalando maquinaria moderna y expanden su capacidad para moler la caña de azúcar de las plantaciones aledañas. Los molinos de nueve rodillos se han hecho comunes en los distritos en que, antes, la extracción por la vía de una o dos prensadas era considerada suficiente, y se están recibiendo órdenes de molinos de hasta 12 rodillos, precedidos por una prensa. En el período de 1905-1906, se abrieron dos nuevas centrales modernas y hay al menos dos más planeadas para 1908. La más grande, la Central Guánica, tiene una capacidad de 2,500 toneladas de caña diarias, y algunas otras procesan hasta 500 toneladas por día. El costo de erigir una de estas fábricas oscila entre $350,000 y $350,000, y algunas cuestan un millón y más».[2] (Traducción libre)

La realidad es que, a pesar de la sentencia del Departamento de Comercio, tampoco hay que minimizar el avance de la siembra y cultivo de caña de azúcar entre 1900 y 1906. Para este último año, la cosecha se tradujo en 203,000 toneladas de azúcar. Esto, a pesar de que la inmensa mayoría de los terrenos de la isla no eran naturalmente favorables al cultivo de esa planta. Aquí no hay que sentir vergüenza alguna. Cuba es el lugar, por excelencia, para el cultivo de caña por medios naturales. El mismo Departamento del Comercio de Estados Unidos lo reconoció en varios estudios: «En Cuba, la caña de azúcar se cultiva casi en su totalidad por medios naturales durante la época normal de lluvia de cuatros meses de duración».[3]  Además, sus vastas llanuras de terrenos húmedos y fértiles eran la envidia de los agrónomos del mundo entero en 1906. En esto, Puerto Rico y su isla hermana se parecían muy poco. J. T. Crawley, quien dirigía los estudios de suelos para las compañías azucareras estadounidenses en ambos lugares, señaló la clave de la distinción: «En Cuba, no hay una clara diferenciación entre distritos agrícolas, como ocurre en Puerto Rico y, por lo tanto, en Cuba hay más uniformidad en los tipos de suelos».[4]  ¡Precisamente lo que se necesita para el cultivo natural de la caña de azúcar!

Decimos que no hay que sentir vergüenza alguna, porque lo que le falta a una isla, le sobra a la otra. En Puerto Rico, escasean las llanuras húmedos con terrenos fértiles propicios para el cultivo de la caña (salvo en zonas de no mucha extensión, como Arecibo, Fajardo y valles del oeste).[5] Pero tenemos un interior montañoso de una riqueza natural incomparable en el Caribe. Basta con visitar los montes cercanos al oriente de Cuba para ver la diferencia y hacer la comparación. La fertilidad natural de nuestras pendientes montañosas es simplemente mayor. En eso, quizás, somos más hermanos de Martinica que de Cuba. Muy posiblemente, entonces, ya en 1906 la siembra y cultivo de caña en Puerto Rico había alcanzado su mayor desarrollo posible, al menos sobre la base de nuestra particular geografía y dadas las variedades de caña en uso.[6]

El empeño de transformar a Puerto Rico en una isla productora y exportadora de azúcar a gran escala fue, pues, un capricho del gran capital estadounidense y sus aliados anexionistas. Muy poco tenía que ver ese antojo con las condiciones geográficas e hidrológicas de la isla. Más que nada fue una aberración, dictada no por la voluntad libre de nuestro pueblo, sino por el antojo de los monopolios extranjeros. Nada de eso tenía ni debía de suceder, incluso por las leyes normales de la producción capitalista.

Para desgracia nuestra, la primera década del siglo XX estuvo marcada por una revolución en la agricultura estadounidense, fundada en la modificación por medios artificiales del rendimiento de la tierra.[7] Fue la consumación de lo que Marx llamó la transformación de la agricultura en una esfera más de la gran industria. El campo devino una fábrica, en cuyo espacio se fabricaba la fertilidad del suelo como se confeccionaba cualquier otra mercancía, científicamente, y sin medir las consecuencias para el ambiente y la sobrevivencia humana a largo plazo.

¿En qué lugar del planeta Tierra existía un modelo a seguir para tan siniestro proyecto? O sea, ¿dónde había un cultivo de caña de azúcar por métodos científicos exactos, que se impusieran a contrapelo a la aridez de los terrenos del sureste de Puerto Rico? Pues, nada más y nada menos que en Hawái. Mejor habríamos salido con una erupción volcánica, como la del Mont Pelée 1902 en Martinica, que con la implantación del modelo anglohawaiano en nuestra agricultura, a partir de 1906.

Las cuatros islas de mayor cultivo de caña de azúcar en el archipiélago hawaiano en 1906 eran Kauai, Oahu, Maui y Hawái.[8]  Estas compartían con Puerto Rico una geología predominantemente escarpada, ríos en números abundantes y llanuras no muy extensas dominadas por la aridez. Resulta interesante que tanto en Hawái como en Puerto Rico no había lagos naturales en 1906. En ambos lugares, el agua fluía libre y constantemente, por cauces naturales, desde las montañas hasta las costas. Hidrológicamente, ambos archipiélagos son casi gemelos. La única diferencia es que en los suelos montañosos de Hawái no se pueden construir lagos, pues son muy porosos y chupan el agua enseguida. En Puerto Rico, la situación es distinta.

Con la inclusión de Hawái en la tarifa azucarera, el cultivo de la caña cobró un auge tremendo en ese archipiélago. Para resolver el problema, parecido al de Puerto Rico, de la escasez de llanuras húmedas, la burguesía anglohawaiana se embarcó entre 1900 y 1906 en un proyecto de irrigación sin precedentes a nivel de Estados Unidos, y quizás del mundo. Aunque financiado exclusivamente por el capital privado de las compañías monopolistas azucareras de Hawái, conocidas como las Cinco Grandes, el resultado fue la canalización de la totalidad de las corrientes de agua dulce en las montañas. De hecho, la construcción de sistemas de regadíos en ese archipiélago devino rápidamente una esfera separada de inversión para la clase capitalista anglohawaiana. El tamaño de la obra no es fácil de describir, pues incluyó, entre otros detalles, canales y ‘flumes’ de millas y millas de distancia, túneles sin fin a través de las rocas más gigantescas y sifones aparatosos que elevaban el agua a miles de pies de altura (para luego dejarla caer, creando de este modo una fuente de energía electrifica). Ni Leonardo da Vinci, en su sueño frustrado de fabricar un gran canal que permitiera la navegación entre Florencia y el mar Mediterráneo, llegó a diseñar un monstruo de la ingeniería hídrica de semejante tamaño. Su marca distintiva era el sistema de «fluming», o sea, canales de riego tan anchos y potentes que transportaban barcazas cargadas de caña de azúcar por el agua, desde las plantaciones más remotas hasta la boca de la central. Nada de trenes ni camiones. Todo ello construido sobre la espalda de decenas de miles de trabajadores japoneses traídos al archipiélago en condiciones de semiesclavitud, desde fines del siglo XIX.[9]

Según los estándares corporativos de 1906-1917, el sistema de cultivo de caña de azúcar en Hawái era el «más científico e intensivo de la época».[10]  En un extremo tecnológico estaba Cuba, con su agricultura de caña extensiva y sus métodos naturales; en el otro, Hawái con sus cultivos intensivos, basados en la irrigación y los fertilizantes. En lo que toca a Puerto Rico, un estudio comparativo realizado en 1906 ya había indicado que el rendimiento de azúcar cruda por acre en Puerto Rico no pasaba de 2 toneladas, mientras que en Hawái, gracias a la aplicación «científica» de fertilizantes y la irrigación, llegaba a veces hasta 15. Ni en Hawái ni en Puerto Rico quedaban tierras vírgenes en 1906-1917; pero en Cuba, apenas se habían cultivado los extraordinariamente fértiles suelos de Oriente.

¿Cuáles eran, pues, las alternativas que se presentaban para la clase política dirigente de Puerto Rico entre 1906-1917? ¿Rechazar el capricho de los monopolios extranjeros de convertir la isla en una gigantesca factoría de azúcar, por la vía de un cultivo intensivo en el sureste árido, y a contrapelo de nuestra geografía? ¿O promover el camino de la pequeña agricultura, incluso sobre bases capitalistas avanzadas, en las montañas fértiles de la Cordillera Central? ¿No era esto último lo que venía pasando en lugares como California, en que las granjas de menor extensión de terreno estaban a la cabeza del cambio tecnológico en la agricultura del imperio? El promedio de extensión de las granjas de avanzada en el noreste montañoso de Estados Unidos era de 64 acres; en Puerto Rico, predominaban numéricamente las granjas pequeñas de 50 acres. ¡Dónde manda el gran capital imperialista no manda el pequeño! La construcción del sistema de riego del sureste, una aberración de ingeniería que vendría a destruir la ecología de nuestros fértiles montes, comenzó en 1907 y se inauguró en 1914, condenándonos a la dependencia y a la gran agricultura de exportación de azúcar. Encima de eso, la canalización de los ríos se financió en Puerto Rico por la vía de la deuda pública. No le costó nada a los grandes monopolios del azúcar. Un regalo como pocos, en la historia agrícola moderna del imperio. Simultáneamente, la importación de fertilizantes para el cultivo local de caña de azúcar aumentó de 2,034 toneladas en 1906 a 24,290 en 1915, o sea, un incremento de 2,000 por ciento.[11]  Con ello, Puerto Rico hacía su debut en la modernidad.

¿Qué efecto tuvo la construcción del sistema público de regadío del sureste sobre la competitividad del azúcar producido en Puerto Rico? Entre 1915 y 1917 las ganancias de las compañías azucareras en la isla adquirieron niveles escandalosos, como resultado de los elevados precios de los alimentos durante la Primera Guerra Mundial. Respondiendo a los reclamos de los productores de azúcar en lugares como Louisiana, el Departamento del Comercio de Estados Unidos llevó a cabo un estudio detallado de los costos de la siembra, molienda y mercadeo del azúcar de Cuba, Puerto Rico y Hawái. La crema y nata de los empleados del sistema federal de censos visitó los tres lugares, obteniendo todo tipo de información, generalmente de los libros de contabilidad de las compañías. Fue publicado en 1917 con el título The Sugar Cane Industry, y contiene varios capítulos sobre Puerto Rico.[12]  Aquí, por supuesto, solo vamos a detenernos en la cuestión de la competitividad del azúcar boricua al llegar al mercado estadounidense.

De acuerdo con el citado estudio, en 1917 una libra de azúcar puertorriqueña entregada en el mercado de la metrópoli tenía un costo de 2,828 centavos; la de Hawái, 2,697 centavos y, la de Cuba, solo 1,719 centavos.[13]  La comparación entre Hawái y Puerto Rico no nos interesa, porque el mercado natural de los productores anglohawaianos era California, no Nueva York. Lo que nos interesa es la comparación entre Cuba y Puerto Rico. La diferencia del costo del azúcar proveniente de estas dos islas del Caribe era de 1,109 centavos por libra, al llegar a Estados Unidos. Obviamente, esta discrepancia reflejaba ante todo la extraordinaria fertilidad natural de la tierra llana de Cuba, en lo que concierne al cultivo de caña. ¿Cómo lograban los monopolios azucareros estadounidenses operando en Puerto Rico «competir» con el azúcar cubana? Pelo a pelo no podían. La clave era el aparato colonial, que subsidiaba agresivamente las operaciones de las centrales azucareras extranjeras, particularmente en el sureste de la isla.

Efectivamente, la producción de azúcar por los monopolios estadounidenses en la isla recibía tres beneficios inmediatos de la situación colonial. En primer lugar, y esto fue estudiado con profundidad por Pedro Albizu Campos,[14] estaba la bonificación arancelaria. En 1917, la libra de azúcar originada en Cuba estaba sujeta a un arancel punitivo de 1,0048 centavos. De entrada, esto elevaba su costo en el mercado estadounidense a 2,7238 centavos la unidad.

La construcción del sistema de irrigación público también operaba como un subsidio para las compañías estadounidenses en la isla. En Cuba, como sabemos, la irrigación era casi inexistente. Las pocas plantaciones pequeñas que irrigaban artificialmente los terrenos incurrían en un costo de $2,18 por acre o la cantidad de 8 centavos por tonelada de caña. Pero esto era una rareza. En Puerto Rico, dada la aridez de nuestros llanos del sureste, la irrigación era una técnica indispensable. El costo promedio de mantener un sistema privado de riego en la isla era de $50 el acre. La irrigación privada existía, pero no era la regla en el sureste. La central Aguirre y sus compinches en ese litoral gozaban desde 1914 de agua suministrada públicamente. ¿Cuánto le costaba este uso de un recurso natural perteneciente al pueblo de Puerto Rico? Teóricamente, el costo era de $2,50 el acre-pie entregado en el cañaveral. Pero esto era así únicamente en el caso de que no existieran concesiones otorgadas por el gobierno federal, que eximían a las compañías del pago de la tarifa. Las centrales del sureste, localizadas precisamente en la región más árida y monopolizada de Puerto Rico, aportaron en 1917 el 40% de toda la azúcar que se exportó al mercado estadounidense. Además, con el manipuleo de los contratos con los colonos, centrales como la Aguirre no incurrían en costo alguno por el agua. Y el azúcar es un producto que requiere mucha agua para el cultivo.

El subsidio mayor que recibían los monopolios azucareros operando en la isla en 1917, sin embargo, era la superexplotación de la fuerza de trabajo bajo el sistema colonial. Ya desde 1906, el gobierno federal reconoció que la destrucción de nuestra vibrante pequeña propiedad agraria (particularmente el café) era caldo de cultivo para una sobrepoblación relativa de trabajadores desesperados:

«Gran parte de la tierra cafetalera está revirtiendo a bosques, buena parte se vende para pagar impuestos, y, probablemente, mucha más tierra se venderá antes de que las condiciones mejoren. Muchos cultivadores continúan, sin mucha esperanza, trabajando en plantaciones que desde hace tiempo perdieron completamente su valor. Todas las partes competentes, interesadas en el bienestar de la isla y sus habitantes, lamentan la decadencia de esta otrora floreciente industria, que suplía un empleo relativamente fácil para los hombres, mujeres y niños, en la agradable y refrescante atmosfera del centro de la isla, impresionantemente libre de influencias negativas a la salud».[15] (Traducción libre)

Resulta penoso ver cómo, a veces, los propios investigadores del imperio muestran más empatía por la gente de la colonia, que los representantes políticos locales y los sindicatos corruptos. Así, mientras que algunos funcionarios federales se lamentaban de la condición de la industria cafetalera y de su impacto sobre las familias del campo, la Federación Libre de Trabajadores de Puerto Rico no escatimó esfuerzos para proporcionarle honras a Roosevelt durante su visita de 1906. Después de un pésame hipócrita a la Asociación de Caficultores, el presidente habló de su simpatía por la extensión de la ciudadanía estadounidense a los súbditos de la colonia y, allá en el Congreso, mencionó con agrado a la Federación.

Los datos, sin embargo, son tercos, como decía Marx. A pesar de las genuflexiones de la Federación Libre de Trabajadores, todavía en 1917 los salarios agrícolas y cañeros en Puerto Rico estaban muy por debajo de los de Cuba, Hawái y el sur de Estados Unidos. De acuerdo con el estudio del Departamento de Comercio, el salario promedio en los cañaverales de la isla, en 1917, era de 63 centavos por día para los cultivadores y, de 70 centavos por día para los cortadores. En Cuba, para la misma fecha, era de $1,26 por día para los cultivadores y, de $1,60 para los cortadores de caña. Incluso en Louisiana, con una fuerza de trabajo compuesta casi en su totalidad por negros en condiciones de opresión racial extrema, los sembradores varones recibían un promedio de 84 centavos diarios. En Hawái, el salario promedio era de 97 centavos al día para los sembradores, y de $1,04 para los cortadores. Además, dependiendo de las ventas, a los trabajadores de la caña en Hawái les pagaban un bono de fin de año.[16]

Naturalmente, la comparación de las tasas salariales únicamente nos da una imagen aproximada de las condiciones de vida de los trabajadores. Esto es así, en particular, en el caso de Puerto Rico, en que la dependencia de medios de vida caros provenientes de Estados Unidos imponían una carga extra sobre los pobres y los trabajadores. Durante la Primera Guerra Mundial el valor de las importaciones de medios de vida a la isla creció sin que aumentara, simultáneamente, la cantidad de productos.[17]  Era pura inflación.

En nuestra isla, la pobreza de los trabajadores se agudizaba por el fenómeno del «tiempo muerto», es decir, los siete meses del año en que no había corte y molienda. En Hawái, por el contrario, no se daba el fenómeno del tiempo muerto. El corte y la molienda se extendían de 208 a 306 días al año en ese archipiélago.[18] La clase obrera hawaiana, a pesar de su condición semifeudal, presionaba al patrono los doce meses del año. En Puerto Rico, el proletariado agrícola sufría una dolorosa transmutación conforme avanzaba el ciclo. Por cinco meses, conformaba propiamente un proletariado agrícola, empleado en el corte y molienda; el resto del tiempo, oscilaba entre las dos formas más penosas de existencia de lo que Marx llamó la sobrepoblación relativa: la estancada y la pauperizada.[19]  Bajo la primera, formaba un ejército de desempleados siempre disponible para las necesidades de cualquier empleo agrícola, donde fuera y con los salarios más bajos; bajo la segunda, los trabajadores caían en la mendicidad y completa marginación social, víctimas de la pobreza más extrema y las enfermedades, como la anemia. El fenómeno de los bajos salarios alimentaba la pobreza, y viceversa.

¿Cuál era, según el cinismo del informe del Departamento del Comercio, el principal obstáculo a una mayor competitividad de la industria azucarera de Puerto Rico en 1917? Pues, la supuesta «ineficiencia comparativa» de los trabajadores boricuas. ¡El estudio de 1917 le dedica una sección entera al tema, confiriéndoles una dudosa distinción a nuestros trabajadores de la caña: la de ser mendigos![20]  Y aunque falla en no destacar el vínculo entre la destrucción de la pequeña propiedad agrícola y la superexplotación en los cañaverales, el estudio sí muestra una cierta preocupación humanística con la desaparición física de la clase trabajadora del azúcar, «cuyo futuro es todo menos prometedor».[21]  A los bajos salarios se suma la mala alimentación. Por suerte, nos dice el informe, hay quienes se compadecen: «Algunas de las plantaciones más grandes informan que, con motivo de mejorar la condición física de sus trabajadores de campo y factoría, les dan carnes para que coman tan frecuentemente como dos veces a la semana».[22]

La tarifa azucarera, el sistema de riego del sureste y la superexplotación de la clase trabajadora puertorriqueña eran, pues, los tres pilares sobre los cuales descansaba la fortuna de la industria del azúcar en Puerto Rico. Ninguna de estos tres factores les costó nada a las grandes compañías extranjeras que se adueñaron de nuestro país. Mejor habríamos salido siendo independientes. 

Retorno al comienzo

Llegado este punto, el lector o lectora probablemente habrá olvidado que nuestra narración comenzó con la referencia a un hurto inocente por dos pilluelos. Y es que quizás el robo mayor en nuestra patria, del cual aún no nos hemos recuperado, ha sido de conciencia: borraron de nuestras mentes la historia real del despojo a que fuimos sometidos en el siglo XX. Como en el poema ‘El patito feo’, de Luis Lloréns Torres, cada día nos toca desleír la bruma de los mitos de nuestra incapacidad de ser libres. Y esto no se puede lograr sin una reflexión sobre el comienzo, el punto de partida del engaño: la llegada del invasor.

La industria azucarera del sureste de Puerto Rico, centrada alrededor de la otrora gigantesca Central Aguirre, fue, en realidad, una gran máquina de robarle los recursos naturales a un pueblo rico en belleza y potencial humano. Los tentáculos de esta factoría de azúcar se extendieron, por medio de las finanzas, a todo el litoral sur y, por medio del sistema de riego, a nuestro centro montañoso y fértil. Incluso llegaron a la costa norte, a la desembocadura del río La Plata. Como un tumor parasitario, la Central Aguirre se alojó en uno de los lugares más bellos del Caribe: la costa de Salinas.

La edición de marzo de 2018 de la revista National Geographic, curiosamente, fue dedicada a Puerto Rico y, con cierta particularidad, al sureste.[23]  El tema, por supuesto, es la devastación causada por el huracán María y la resiliencia de nuestra gente, ante lo que los editores bautizan como la interrupción de energía eléctrica más duradera en la historia de Estados Unidos. El cuadro que dibujan es conmovedor:

«La tormenta más fuerte en azotar a Puerto Rico en los últimos 80 años, los vientos de fuerza de tornado del huracán María golpearon con violencia a la isla. Las lluvias masivas trajeron inundaciones catastróficas, llevándose los puentes e inundando barrios enteros. La infraestructura de la isla, ya debilitada por años de inatención, quedó devastada».[24]

Quizás valdría la pena remontarnos aquí, por medio de los archivos de la revista National Geographic, al momento mismo del comienzo de la pesadilla colonial que vive Puerto Rico bajo Estados Unidos. Precisamente el mismo año del desembarco de las tropas estadounidenses, uno de los reporteros más prominentes de la mencionada publicación, el geólogo Robert Hill, escribió sobre el sur de la isla, expresando admiración por sus ciudades costeras, «que eran de considerable importancia como centros de comercio y agricultura».[25]

O, tal vez, podríamos ser más específicos y retomar la descripción que hizo para National Geographic el capitán Whitney, un espía militar estadounidense en la isla que, meses antes del desembarco de julio de 1898, informó a los altos mandos militares estadounidenses acerca de las riquezas de nuestro país. De particular valor e importancia le pareció a Whitney, precisamente, la bahía de Jobos en Salinas, así como toda la costa cercana, donde pronto se establecería la gran Central Aguirre. Nada extraño, ya que Whitney conocía el texto titulado ‘Hanbuch der Goegraphie’, publicado en Europa en 1868, que identificaba la bahía de Jobos como un lugar ideal para «establecer un puerto marítimo de gran importancia». Sin perder tiempo, el U.S. Coast and Geodesic Survey y su barco el Blake, visitaron en 1898 la costa entre Guayama y Salinas, para desarrollar mapas y guías de navegación. Sobre la bahía de Jobos y sus alrededores, la edición de junio de 1899 de la revista National Geographic expresó lo siguiente:

«La entrada occidental de la bahía está cerca de 25 millas al este de Ponce. La bahía, como tal, está formada por una hilera o línea de arrecife de coral con baja vegetación, entre el cual y la orilla de la tierra hay un paso de mar perfectamente resguardado con amplia profundidad para naves de calado moderado. Las embarcaciones de mayor calado pueden entrar por el acceso occidental, pero nuestro conocimiento actual nos deja con dudas acerca de la amplitud del canal en el interior, y no será hasta que acabe el trabajo de la nave Blake que aquilataremos toda la importancia de la bahía. Una segunda entrada, cuatro millas al este, lleva el nombre sugestivo de ‘Boca de infierno’, y carga 12 pies de agua. Desde esta entrada, la sonda se extiende por dos millas al norte y, por tres millas en dirección al este, formando una ensenada en la cual el agua es decididamente menos profunda que en la parte occidental».[26]

Es imposible no percibir una cierta circularidad en la temática del coloniaje estadounidense en Puerto Rico, no importa el nivel de concreción del análisis. Todo, absolutamente todo, parece remitirnos directamente al comienzo, al año funesto ese del 1898. Es decir, al momento en que un imperio avaricioso se encaprichó con nosotros y nos invadió la patria, interrumpiéndonos, porque sí, una existencia aldeana próspera, pero ajena al curso de la historia. ¡Y año también, con carga ominosa, de todo lo demás: de la respuesta cobarde de una burguesía local, pusilánime como pocas en todo el continente; de la llegada de una oleada de geólogos, hidrólogos, y hasta espías, que produjeron subrepticiamente una valoración exacta de nuestros recursos; de la previsión del capital azucarero estadounidense, que se ubicó estratégicamente en la región llana del sureste; de la exageración de la naturaleza boricua, que puso abundante agua dulce en nuestras fértiles montañas (¡ni sequía tuvimos en el 1898!); de la conducta ingenua de nuestro medio ambiente, que se mostró virgen y fructífero, ante el ojo invasor; de la muerte del padre de la patria, Ramón Emeterio Betances, y de las otras tantas ‘casualidades’ que se dieron cita ese 1898 en una coyuntura de fin de siglo, que no parecía tanto producto de las leyes de la historia, como de la puñetera mala suerte! Y ahora, en pleno siglo XXI, con una circularidad inclemente, se nos repite el tema del gran huracán, 119 años después.

Volver al comienzo, para lograr un mejor avanzar; tal parece ser el camino obligado para comprender el maleficio de la dominación imperialista de nuestro país. Y he de llegar, así, a mi encuentro con la vieja Central Aguirre este abril de 2018: buscando claves para desleír la aparente fatalidad de un pueblo que nunca ha conocido la libertad. ¡Qué no nos subestime el rubio avaricioso del norte! Ya no somos mero «cisne de azul pluma y rojo pico», inermes en el nido del águila imperial, ni pilluelos inocentes que roban bolas y palos de golf.

El huracán María ha inyectado vida en nuestra espiritualidad antillana y rebelde. ¡En el sur, suenan de nuevo los tambores ancestrales, instrumentos mágicos que invitan al combate en la tierra de Palés! Y por todos los rincones de este sufrido y mágico litoral de mi infancia, la juventud despierta hoy a los versos que Luis Lloréns Torres escribiera, casi cien años atrás, en la ciudad sureña de Juana Díaz:

Alma de la patria mía,

cisne azul puertorriqueño,

si quieres vivir el sueño

de tu honor y tu hidalguía,

escucha la voz bravía

de tu independencia santa

cuando el cielo la levanta

el huracán del Caribe

que con rayos la escribe

y con sus truenos la canta.

© Rafael Rodríguez Cruz

Encuentro al Sur ha publicado este artículo con el permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

[1] U. S. Department of Commerce. (1907). Commercial Porto Rico in 1906. Washington: Government Printing Office, p. 18.

[2] Ibid., p. 19.

[3] U. S. Department of Commerce. (1917). The Sugar cane Industry: Agricultural, Manufacturing, and Marketing Costs in Hawaii, Porto Rico, Louisiana, and Cuba. Washington: Government Printing Office, p. 26.

[4] Ibid., p.

[5] Ibid., p. 29.

[6] Ibid., pp. 257-258.

[7] Hurt, R. D. (2002). American Agriculture: A brief History. Purdue: Purdue University Press, pp. 221-280.

[8] Wilcox, C. (1996). Sugar water: Hawaii’s Plantation Ditches. Honolulu: University of Hawai’i Press, p. 43.

[9] Kent, N. J. (1883). Hawaii: Islands under the Influence. New York: Monthly Review Press, pp. 69-94.

[10] U. S. Department of Commerce. (1917), p. 25.

[11] Ibid., p. 260.

[12] Ibid., pp. 11-24.

[13] Ibid., p. 27.

[14] Albizu Campos, P. (1975). Obras Escogidas, 1923-1936. Tomo I. San Juan: Editorial Jelofe, pp. 11-114.

[15] U. S. Department of Commerce. (1917), p. 20.

[16] U. S. Department of Commerce. (1917), p. 28.

[17] Annual Report of The governor of Porto Rico. (1918). Washington: Government Printing Office, p. 15.

[18] U.S. Department of Commerce. (1917), p. 28.

[19] Marx, K. (1887). Capital: A Critique of Political Economy. Volume 1, Section 4, online: https://www.marxists.org/archive/marx/works/1867-c1/ch25.htm#S4.

[20] U.S. Department of Commerce. (1917), p. 261.

[21] Ibidem.

[22] Ibidem.

[23] National Geographic. (March 2018). Puerto Rico Still Struggling in the Dark. Online: https://www.nationalgeographic.com/magazine/2018/03/puerto-rico-after-hurricane-maria-dispatches/.

[24] Ibid.

[25] Hill, R. T. (1899). Cuba and Porto Rico: With the Other islands of the West Indies. New York: The Century Co., pp. 179-180.

[26] National Geographic (June 1899). Jobos Harbor. Vol. X, No. 6, p. 206.

 

Fotos

Jobos Bay in Port Jobos, Salinas and Guayama Puerto Rico. (2018). Marinas.com. https://img.marinas.com/v2/390ef0bb8d99be147645204ba23e25ee01faf900cb941292def6031c79dec45b.jpg

David Jusino, Ricardo. (2011) Entrada Principal a Aguirre-Salinas.  GeoViews Puerto Rico. http://mw2.google.com/mw-panoramio/photos/medium/53465478.jpg

Fernández, Héctor. (2016). Current view at the Aguirre Golf Club. Puerto Rico Golf Association, Facebook.  https://www.facebook.com/prga1954/photos/a.208492142525033.52460.118234928217422/1387785171262385/?type=3&theater

 

 

El efecto Trump (Anécdota)

por Maria “Charito” Ibarra

Me encontraba, haciendo los recados[1] de la semana en la megatienda de mi pueblito. Eran las 3:00 de la tarde de uno de esos días en que la gente sale de compras pues llega el fin de semana. Apurando el paso pa’ terminar y evitar el tapón, me tropiezo con un gentío de mejicanos ¡Diablos, eran como mil!

Entraban en bandadas vestidos con camisetas de diversos colores con la intensión de arrasar la tienda.  Unos vestían camisetas rojas, otros amarillas. Por la otra puerta entraban los que vestían de marrón, y detrás aparecieron otros vestidos de azul y al fondo vi otros con camisetas purpura. Mi marido que estaba en el estacionamiento me llamó al celular y me dijo, “Vieja, avanza que van como 150 mejicanos pa’ la tienda”. Le conteste, “ya los veo venir, no me apures que esto no me la pierdo, así que espera tranquilo.”

Parecían escolares de una gira campestre. Unos a mi derecha, otros a mi izquierda.  La curiosidad me empieza a picar, “jum, serán manifestantes políticos, feligreses, inmigrantes o serán refugiados, Charo, ¿por favor?”

Me reía por dentro porque la escena se tornó llamativa y jocosa. Me dedique a observarlos mientras mi mente, influenciada por las tensiones post eleccionarios, maquinaba lo peor.

“Ay, mi madre, imagínate que entre el presidente-electo Trump por la puerta principal.”

De momento, se escucha un helicóptero sobrevolando el techo de la megatienda… y me dije a mi misma, “Ja, ahora sí que se jodió esto; inmigración al rescate de los hermanitos indocumentados, ¿what?”

Acelere mis recados temiendo que se formara un revolú. ¡Ay Dios! Mi estrés se disparó porque los mejicanos bloqueaban el área donde exhiben las cosas que pretendía comprar.  “¡Ahora, si me chavé!”

Apresuradamente llenaban sus carritos de harina para sus tortillas, crema agria, detergentes para laver ropa.  ¡OMG! Otra vez, trataba de controlarme y me decía, “Charo, por Dios, MIND YOUR BUSINESS.”

Decidí tranquilizarme.  Actuaban como hormiguitas, corriendo pa’ qui y pa’ lla. Me llamó la atención las expresiones de los blancos: unos miraban sorprendidos; otros se miraban unos a otros como diciendo, “Por eso me alegro que haya ganado Trump, es que se van to’s pa’… México.”  Jam, eso me provocó una carcajada. Pero, me controle. “¡Mi madre, no puedo!”   La verdad que aquella algarabía resultaba una tragicomedia.

Aunque terminé de hacer mis compas mi mente seguía centrada en la inesperada presencia de aquellos clientes.  Iba a dejarle saber a la cajera que se preparara porque venía un grupo grande, pero me aguante.

Camino de regreso a casa conversé con mi marido sobre la situación de los mexicanos en los Estados Unidos.  Indocumentados o no, los mexicanos son gente trabajadora que disfrutan la vida.  La mayoría se ganan la vida en trabajos duros y mal pagos.

Si Trump los deporta el mundo laboral se trastocaría por el tipo de trabajo que realizan muchos de ellos. ¿Quién recogerá los productos agrícolas que llegan a la mesa presidencial? o, ¿quién hará la limpieza en la Casa Blanca o en los negocios y hoteles de lujo de su propiedad? ¿Quiénes lavarán las toallas, y los baños e inodoros?

Los indocumentados, a pesar de las duras condiciones de trabajo que enfrentan, aportan tanto como cualquier otro grupo a la economía de esta nación.

Mientras a mi mente vino la canción….”I like to live in Americaaa…”

por Maria Charo Ibarra, Florida, 2016

Foto Associate Press

[1] Compras

Lo que Donald Trump significa / José Manuel Solá

trump 1Reflexionando en cuanto al proceso primarista de los E.U. del cual el empresario Donald Trump podría resultar (y por lo visto, no es descabellado pensarlo) ganador de la presidencia de esa nación, pienso que no se trata únicamente de las elecciones de 2016 -en las que, en el mejor de los casos no debería prevalecer-. Se trata de mucho más y esa es la preocupación.

Uno pensaría que los aparentes avances de la minoría afro-norteamericana resultados de las luchas por los derechos civiles, humanos, de la década de los ’60 y las posteriores se habían hecho sólidos. Las circunstancias actuales nos demuestran que no es así; bueno, no del todo. El reptil del racismo, la xenofobia, la intolerancia, no está muerto. Está latente, vivo, agazapado en la mentalidad del norteamericano promedio, en espera del momento oportuno para clavar sus colmillos… es sólo cuestión de tiempo.

El discurso inflamatorio de Trump ha avivado al Voldemort de esa mentalidad, le ha insuflado un nuevo aire de odios. Por tanto (o eso pienso ahora que escribo con un solo dedo, directamente a la computadora, de forma imperfecta, sin borrador) no se trata solamente de las elecciones de noviembre; se trata de lo que, (gane o pierda el magnate la contienda electoral) sucederá después de noviembre. Trump le ha reconocido validez a los sentimientos de odio y atropello vivos en el corazón de la mayoría anglosajon de todos los estratos de la sociedad del Norte. Y pidiendo a Dios que pueda yo estar equivocado, pienso que ha abierto unas puertas que muchos creíamos nunca se abrirían. Una vez abiertas -me parece a mí- no habrá poder en la tierra que las cierre hasta que la “promised land” que alegadamente mana leche y miel se extinga por sus propias acciones y por su propia mano. Y esto, como el llamado efecto domino, tendrá repercusiones -funestas, en su mayoría- en muchas otras naciones.

Lamentablemente, todo este proceso divierte a la población de los E.U. que lo ven como algo folklórico, como un sarampión pasajero. Así mismo, los medios de comunicación que a diario celebran tener noticias que exacerban esos sentimientos y venden sus productos. Obviamente hay, sí, conciencia e inquietud en una minoría pensante que se resiste a la manipulación de los medios. Pero son sólo eso: una minoría.

Como dije, no se trata únicamente de las elecciones de noviembre de este año. Se trata de lo que uno puede observar más allá de esa línea del horizonte electoral, se trata del espectro de los odios a los que Trump ha dado validez y patente de corso para el futuro. Trump y sus acólitos han sembrado y regado la semilla.

José Manuel Solá / 13 de marzo de 2016

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Violencia y lenguaje : a raíz del caso de la Iglesia Metodista de Charleston

por Rafael Ayala Hernández

Las recientes muertes ocurridas en la Iglesia Metodista ¿Africana? en Charleston resalta tristemente el fenómeno de la exclusión de personas de raza negra -en este caso- alcanzando el odio su más insensible postura violenta en la sociedad norteamericana (EEUU): el acto nombrado asesinato.

Se trata de otro incidente violento más producto la exclusión por raza -racismo- tornado en en crimen mediante el asesinato por odio.  Ponerle nombre al acto plantea en si las problemática del lenguaje al pretender nombrar, señalar o indicar.  Aludo a las exclusiones e inclusiones producto de los referentes resultantes no apuntados por la palabra.

Un boricua negro llamado Isabelo Zenón Cruz (Narciso Descubre su Trasero…) señaló el racismo en Puerto Rico desde la perspectiva inicial; el lenguaje.  ¿Que razón para preferir decir ‘negro boricua‘ en lugar de ‘boricua negro‘?  No significa lo mismo aunque se escriba parecido.  Su sintaxis ordena la diferencia significativa de prejuicio racista.

Isabelo escoge a su poeta preferido Luis Palés Matos para reconocer su grandeza poética y a su vez mostrar el refajo racista solapado en su poesía (Tun tun de Pasa y Grifería).  Nos llamó la atención -Isabelo- al lenguaje como nido del prejuicio racial: ‘negro pero…’  Para que el ‘pero‘ decía Zenón. (Veáse artículo del que suscribe publicado, Racismo y las manifestaciones teogónicas africanas en Puerto Rico; Sinopsis de una postura: Isabelo Zenón Cruz, Revista Politechnê, Universidad Politécnica de Puerto Rico, pág 72 – Vol. 17 Nro1, 2015).

Aludiendo distintivamente a la ética de la lengua asumida por el judio alemán Rosenzweig entre otros, Derrida acude a cierta entrevista realizada -por Günter Gaus- a la pensadora judia alemana Hannah Arendt que se difundió en 1964 por la televisión alemana sobre los significantes de la lengua materna (“Qu’ est-ce qui reste? Reste la langue maternelle”).  Cuestionada Arendt sobre su preferencia por continuar utilizando su lengua materna que a su vez es la lengua del asesino opresor; el alemán, ésta responde: “Siempre me decía: ¿que hacer? ¡Pese a todo no es la lengua alemana la que se volvió loca!…

Arendt asume la posibilidad de la locura fuera de la lengua.  Es decir asume la existencia de la locura ajena al lenguaje, algo imposible según Derrida:  Es la lengua la única loca de la casa, según éste aclara.  No hay locura que exista sin los referentes y referidos contenidos en la lengua. (El Monolingüismo del otro o la prótesis del origen, ediciones Manantial 1997, págs. 91, 92, 93).

Al comienzo de este escrito señalamos a la Iglesia Metodista (¿Africana?) -en donde ocurren los asesinatos de seres humanos en la penitencia de la oración- en donde ponemos su apellido Africana entre signos interrogantes.  ¿Que razón tiene nombrarla Iglesia Metodista Africana en vez de Negra?   ¿No será acaso que la sustitución es el producto del contenido definitorio circunstancial del uso de la palabra que alude a la negritud; Negra?  ¿Para que negar la negritud sustituida por el término africano?  ¿Serán africanos o serán negros los que fundan esa Iglesia llena de historia de dolor y reivindicaciones?  ¿O será que los negros americanos prefieren ser llamados “african americans” evitando así utilizar la palabra negro o negra?.

Ante, estas muertes el presidente Barack Obama -sin mencionar para nada la negritud que porta- analiza de forma transversal el asunto de los asesinatos sugiriendo como causa de la violencia indicada a la falta de controles para la adquisición de armas de fuego. Sacó su trasero negro del asunto diría Isabelo Zenón Cruz. ¡He ahí la violencia del lenguaje!

Emigración: Los puertorriqueños en la Florida llegarán a un millón a finales de año

El boletín electrónico (recibido el 6/n/2014) del Centro de Estudios Puertorriqueños del Hunter College reseña datos ofrecidos por la American Community Survey que indican que la población de origen puertorriqueño en los Estados Unidos crece a un ritmo mayor que el resto de la población de esa nación y también más rápido que los diferentes grupos poblacionales, incluyendo los blanco de origen europeo.

us_population_2012-2013

Los datos revelan además cambios sustanciales en los núcleos poblacionales boricuas por estados.  El estado de la Florida es el destino preferido de  los puertorriqueños y se espera que al finalizar el 2014 la cantidad de puertorriqueños residiendo en ese estado alcance el  millón de personas.  Igualmente registran aumentos  las comunidades puertorriqueñas en Texas y Carolina del Norte.  El crecimiento de los boricua también ocurre en las zonas tradicionalmente vinculadas con la emigración isleña como Nueva York, Illinois y Connecticut.  Otos lugares donde el crecimiento de la población boricua excede el promedio nacional son Nueva Jersey y California.

pr_population_states_2012-2013

El crecimiento de la población puertorriqueña en los Estados Unidos contrasta con la disminución de de la población netamente boricua en el archipiélago borincano. Por primera vez en la historia  se registra una baja significativa de boricuas en Puerto Rico mientras ocurre una sustitución de la población nativa por población extranjera. Como ejemplo, esta substitución ocurre dramáticamente en el municipio de Culebra donde se estima que la población extranjera anglohablante supera a los hispanohablante.

Estudios que analizan las consecuencias de los cambios demográficos de la población puertorriqueña tanto en Puerto Rico como en los Estados se recogen en el libro Puerto Ricans at the Dawn of the New Millennium, disponible vía el Centro Store.

Centro de Estudios Puertorriqueños, Hunter College, CUNY

 

El declive de la economía estadounidense

Para los interesados en poseer una idea abarcadora de la crisis económica que afecta a los Estados Unidos les recomendamos el siguiente artículo publicado en varios sitios web. El autor sostiene que a partir de la década de 1970 se entronizó en los Estados Unido una economía dependiente de las fortunas de los ricos. En ese tipo de economía, denominada Plutonomía, la acumulación de riqueza es la meta y el consumo de lujo el objetivo. A causa de esa orientación económica en los Estados Unidos el 1% posee los grandes capitales mientras que el 99% ve mermados sus ingresos. En consecuencia la política económica nacional esta dominada por el sector financiero al que solo le interesa asegurar la mayor ganancia en sus inversiones a nivel globalizado y contar con un estado poderoso que vele por sus intereses, aunque la crisis arrincone a la mayoría.

Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense

Noam Chomsky

El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.

La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.

Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.

Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.

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Cheney, Rumsfeld y el oscuro arte de la propaganda / por Amy Goodman

Por Amy Goodman

Cuando se miente, se debe mentir a lo grande y ser fiel a esa mentira”, escribió Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich alemán en 1941. El ex Vicepresidente Dick Cheney parece haber tomado el famoso consejo nazi en su nuevo libro: “En mi tiempo”. Cheney continúa siendo fiel a sus convicciones en temas que van desde la invasión a Irak hasta el uso de la tortura. Durante una entrevista en el programa Dateline de NBC News, dijo en referencia a las revelaciones del libro: “Harán rodar muchas cabezas en Washington”. Las memorias de Cheney siguen a las de su colega y amigo Donald Rumsfeld. Mientras ambos promueven su propia versión de la historia, hay gente que los desafía y enfrenta.

El título del libro de Rumsfeld, “Conocido y desconocido”, proviene de una tristemente célebre respuesta que dio durante una conferencia de prensa en el Pentágono cuando era ministro de Defensa. El 12 de febrero de 2002, cuando intentaba explicar la falta de evidencias que vincularan a Irak con armas de destrucción masiva, Rumsfeld dijo: “Hay conocidos que conocemos, hay cosas que sabemos que sabemos. También sabemos que hay conocidos a los que desconocemos, lo que quiere decir que sabemos que hay algunas cosas que no sabemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, aquello que no sabemos que no sabemos.”

La enigmática declaración de Rumsfeld se hizo famosa y emblemática de su desdén por los periodistas. Es considerada como un símbolo de las mentiras y manipulaciones que llevaron a Estados Unidos a la desastrosa invasión y ocupación de Irak.

Una persona que se convenció gracias a la retórica de Rumsfeld fue Jared August Hagemann.

Hagemann se enlistó en el ejército para servir a su país, para hacer frente a las amenazas que repetidamente mencionaba el Ministro de Defensa Rumsfeld. Cuando el soldado de comando del ejército de Estados Unidos recibió la citación para su más reciente despliegue (su esposa no recuerda si era el séptimo o el octavo), la presión fue demasiada. El 28 de junio de 2011, Jared Hagemann, de veinticinco años de edad, se disparó a sí mismo en la Base Conjunta Lewis-McChord, cerca de Seattle. El Pentágono indica que Hagemann murió a causa de una herida de bala “auto infligida”, pero aún así no lo llamó suicidio.

Jared había amenazado con suicidarse varias veces antes. No era el único. Según se informó, cinco soldados cometieron suicidio en Fort Lewis en julio. Se estima que más de trescientos mil soldados que volvieron de la guerra padecen trastornos de estrés post traumático o depresión.

La viuda de Hagemann, Ashley Joppa-Hagemann, se enteró de que Rumsfeld firmaría ejemplares de su libro en la base. El viernes 26 de agosto, Ashley entregó a Rumsfeld una copia del programa de los servicios fúnebres en memoria de su fallecido esposo. Ella me contó: “Le dije que quería que viera a mi esposo, y así conocería, así podría poner rostro a al menos uno de los soldados que han perdido sus vidas debido a sus mentiras en relación al 11/S.”

Le pregunté acerca de la respuesta de Rumsfeld: “Todo lo que recuerdo es a él diciendo ‘Ah sí, oí algo de eso.’ Y luego, todo lo que recuerdo es haber sido acosada por personal de seguridad, empujada hacia afuera y advertida de no regresar.” Desafortunadamente es el Sargento del Estado Mayor Hagemann el que nunca va a regresar a su esposa y a sus dos pequeños hijos.

En su entrevista para la NBC, Cheney afirmó haber desempeñado un rol en la renuncia del entonces Secretario de Estado Colin Powell. Consulté al respecto al ex jefe de despacho de Powell, el Coronel Lawrence Wilkerson, quien respondió: “Por los extractos que leí, vale decir que no he leído el libro completo, lo más penetrante que dice el vicepresidente en su libro es que tuvo algo que ver con el alejamiento de Colin Powell de su cargo en enero de 2005. Eso es un disparate total.” Más importante, sin embargo, resulta el decidido llamado de Wilkerson exhortando a que los involucrados en llevar al país a la guerra en Irak sean responsabilizados por sus actos, lo que implicaría castigo para él mismo. Un pilar central de la invasión a Irak fue el discurso de Powell del 5 de febrero de 2003 ante Naciones Unidas, en el que se expuso el caso de las armas de destrucción masiva. Wilkerson asume plena responsabilidad por la coordinación del discurso de Powell: “Desafortunadamente, y lo he reconocido muchas veces públicamente y en privado, fui la persona que preparó la presentación de Colin Powell ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas el 5 de febrero de 2003. Probablemente fue el mayor error de mi vida. Lo lamento hasta el día de hoy. Lamento no haber renunciado en ese momento.”

Pregunté al Coronel Wilkerson qué piensa de grupos como el Centro por los Derechos Constitucionales y el abogado y bloguero Glenn Greenwald que han pedido el juicio penal de Cheney, Rumsfeld y otros funcionarios del gobierno de Bush. Me respondió: “Estaría dispuesto a testificar, y estaría dispuesto a enfrentar cualquier castigo que merezca.”

El Coronel Wilkerson dijo sobre el libro de Cheney: “Es un libro escrito sin miedo. Sin miedo de que un día alguien haga de Dick Cheney un ‘Pinochet’”. El Coronel Wilkerson se refiere al caso del dictador chileno Augusto Pinochet, que fue arrestado en Inglaterra y detenido durante un año antes de ser liberado. Un juez español quería que lo extraditaran para juzgarlo por crímenes contra la humanidad.

A pocos días del décimo aniversario del 11 de Septiembre y mientras aumentan las víctimas en todos los bandos, los libros de Rumsfeld y Cheney nos recuerdan una vez más cuál es la primera víctima de la guerra: la verdad.

La guerra es un latrocinio: columna de Amy Goodman

Esta columna de Amy Goodman destapa varias verdades que los ciudadanos de los Estados Unidos deberían repudiar sin vacilar.

1. Las guerras de Estados Unidos son una estafa, un robo y un fraude perpetrado en contra de los intereses de la inmensa mayoría del pueblo estadounidense, es decir un negocio que beneficia a unos pocos.

Así lo evidencia el caso de Bunny Greenhouse, una empleada del Ejercito de los Estados Unidos que denunció la concesión por el Cuerpo de Ingeniero de un contrato ilegal de 7 mil millones a una compañía conocida como Kellog, Brown and Root, antes de que el pueblo estadounidense supiera que Estados Unidos invadiría Irak.  Lo más descarado es que dicha compañía pertenecía a la Empresa  Halliburton, cuyo presidente hasta el año 2000 fue nada menos que Dick Cheney, la persona que ocupaba entonces el cargo de Vicepresidente de la nación.

2. Que los gobernantes republicanos y demócratas esconden el hecho de que el actual déficit presupuestario de los Estados Unidos tiene como una de sus causas principales los enormes gastos militares de las guerras en Afganistán e Irak, y ahora en Libia

El economista ganador del Premio Nobel Joe Stiglitz dice que los costos de las guerras en Irak y Afganistán superarán los cinco mil millones de dólares. Por lo que resulta inexplicable que en el debate nacional sobre la deuda no se incluyen los gastos de la guerra.

Amy Goodman afirma “que mientras el Presidente Obama y el Congreso argumentan que la Salud Pública y la Seguridad Social son los dos factores que desestabilizan el presupuesto, el pueblo debería exigirles a ellos que dejen de gastar en la guerra”. 

Los políticos y los medios de comunicación estadounidenses han convencido al pueblo que el déficit presupuestario es causado por los gastos del plan de salud de Obama, las ayudas que se distribuyen en becas para los estudiantes y los subsidios a familias pobres. Inclusive dicen que se debe al Seguro Social, que es dinero que pagan todos los trabajadores. Nada más lejos de la verdad, el enorme gasto militar es razón principalísima en la debacle presupuestaria y la enorme deuda externa de los Estados Unidos. Todos sabemos que el incremento en los costos de los beneficios sociales no se debe a los beneficiarios sino a la avaricia de los proveedores resguardada por la dejadez del propio gobierno y por funcionarios corruptos.

Procede citar lo que escribe Amy Goodman: “El dos veces ganador de la Medalla de Honor del Congreso Mayor Smedley Butler tenía razón hace setenta y cinco años cuando dijo sobre la guerra: «Probablemente, es la estafa más vieja, de lejos, la que deja más ganancia y seguramente, la más despiadada. Es la única cuyas ganancias se cuentan en dólares y sus pérdidas en vidas y que se lleva a cabo para beneficio de unos pocos, a expensas de muchos».”

srs

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La guerra es un latrocinio.

El cierre del gobierno de Estados Unidos

En mayo de 2006 se formó un reperpero en Puerto Rico cuando el entonces gobernador Aníbal Acevedo Vilá anunció el cierre parcial del gobierno a causa de insuficiencia de fondos para pagar las operaciones gubernamentales.   El evento ocurrió en medio de un gobierno dividido en el que el Partido Nuevo Progresista controlaba el poder legislativo y el Partido Popular el poder ejecutivo.   La disputa culminó en el cierre del gobierno cuando los legisladores del partido contrario al gobernador no aprobaron la legislación requerida para que se le concediera al gobierno un préstamo de rescate.

En los Estados Unidos el posible cierre del gobierno le tiene los pelos de punta a mucha gente. Allá también los partidos demócrata y republicano comparten el poder gubernamental y están en  una pulseo partidista para resolver el desacuerdo en torno a como manejar el agotamiento de fondos para pagar la nómina de los empleados del gobierno federal.

Más de una voz sensata en los Estados Unidos ha señalado que la solución al déficit presupuestario de esa nación se resuelve recortando el desproporcionado gasto militar.

Si se reducen a la mitad los gastos militares y se utiliza ese dinero para financiar el gobierno y el desarrollo de empleos. sin lugar dudas que la situación fiscal de los Estados Unidos se arregla.

Ahora mismo Estados Unidos esta involucrado en costosas guerras en Irak, Afganistán y Libia que desangran su presupuesto nacional. Si esas guerras inútiles que jamás van a ganarse dejan de pelearse la Nación del Norte estabilizaría la crisis económica que la afecta. En ese escenario, se  beneficiaria a todos los sectores del país y no únicamente a los productores de armamentos y al aparato financiero liderado por la industria bancaria.

Los Estados Unidos, a pesar de ser la más grande economía del mundo, tiene una crisis doméstica cuyas consecuencias agravan todos los demás problemas nacionales: El deterioro de los problemas más sensitivos amenaza con provocar un estallido social de inimaginables consecuencias. Pero, como es de esperarse, la reducción de gastos bélicos, no estará entre las prioridades de sus gobernantes y por el contrario, los recortes o préstamos que se hagan serán a costa del bienestar de la mayoría de la población.

srs

The American dream / George Carlin

John Carlin (1937-2008) fue un comediante estadounidense radical en el uso del lenguaje y agudamente crítico en sus opiniones sobre temas  sociales, políticos y religiosos.  Muchos de sus monólogos cómicos se consideran no aptos para menores, como es el caso del mundialmente conocido “Seven Words You Can Never Say on Television”. Como muestra de la agudeza de pensamiento, el uso perspicaz del lenguaje y de las las habilidades artísticas de este laureado comediante le presentamos un fragmento del monologo cómico The American Dream.  

Fragmentos del discurso de investidura de Barack Obama

obamaA continuación brindamos fragmentos del discurso de investidura de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos.  Estas citas pueden brindar un perfil de lo que será la administración del nuevo presidente.  En ellas se pueden atisbar las ideas y actitudes que representan una esperanza de cambio, así como las que apuntan a más de lo mismo. Estemos atentos, a ver como se desarrolla en la práctica este ideario obamariano.

 

 

“…hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.

 

Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance.

 

Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era.

 

…y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.

 

Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras.

 

Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.

 

…el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado…

 

El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos.

 

Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.

 

La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo:…

 

Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos.

El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales.

 

…sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.

 

Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas.

Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.

Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta.

…a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo;…

Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra…

…Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.

Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto.

A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas.

Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.

Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo.”

Versiones en español del discurso completo pueden verse en:

http://www.cincodias.com/articulo/economia/Discurso-inaugural-presidente-Barack-Obama-espanol/20090120cdscdseco_20/cdseco/

http://www.elpais.com/articulo/internacional/Discurso/inaugural/presidente/Barack/Obama/espanol/elpepuint/20090120elpepuint_16/Tes

http://blogs.periodistadigital.com/cronicainternacional.php/2009/01/20/discurso-inaugural-del-presidente-barack

 

Lo que haría diferente a un Presidente de los Estados Unidos

 

 

Uno no puede pretender que los gobernantes estadounidenses se zafen de la cultura de poderío y dominio militar que ha prevalecido en ese país desde su fundación.  Nadie pretende que los países debiliten las medidas que sostiene su seguridad nacional.  Pero las decisiones en ese sentido de un presidente pueden darnos una pista de si verdaderamente hay un grado de cambio positivo en las actitudes del Coloso del Norte hacia el resto del Mundo.  En especial del presidente electo, que con su lema de campaña “Si podemos…” al prometer el cambio, cautivo a la mayoría de los electores estadounidenses.

 

barackobama_time_magBarack Obama, sin juramentar el cargo para el que fue electo, actúa como el presidente en propiedad de los Estados Unidos.  Algunas de decisiones que ha tomado revelan que los poderes permanentes relacionados con la seguridad nacional han influido sobre las ideas del recién electo presidente.  Citar algunas de sus expresiones  demuestra que sigue el libreto que les dictan a los presidentes los regentes del aparato de seguridad nacional  estadounidenses.  Veamos:

 

los viejos conflictos no se han resuelto y nuevas potencias que se afirman colocan más presión sobre el sistema internacional. La diseminación de las armas nucleares plantea el peligro de que la tecnología más letal del mundo caiga en manos peligrosas. Nuestra dependencia del petróleo extranjero fortalece a gobiernos autoritarios y pone en peligro a nuestro planeta.”.

 

“…nuestro poderío económico tiene que ser capaz de sostener nuestra fuerza militar, nuestra influencia diplomática y nuestro liderazgo global.”

 

“Renovaremos viejas alianzas y forjaremos asociaciones nuevas y duraderas… los valores de los Estados Unidos son lo más grande que este país puede exportar al mundo.”

 

“Para seguir adelante, continuaremos haciendo las inversiones necesarias para el fortalecimiento de nuestro ejército y el aumento de nuestras fuerzas terrestres, con el fin de derrotar las amenazas del siglo XXI.”

 

“… necesitamos unas Naciones Unidas más eficaces como órgano de acción colectiva contra el terrorismo y la proliferación, el cambio climático y el genocidio, la pobreza y las enfermedades.”

 ¿Le parece que esas expresiones son realmente de Obama?

por Sergio A. Rodríguez Sosa