La crucifixión de Puerto Rico / por Rafael Rodríguez Cruz

El ingeniero hidrólogo Herbert Wilson estuvo en este lugar en 1898, evaluando los recursos hidrológicos de Puerto Rico. Desde esta cima pueden verse, simultáneamente, las represas de Guayabal y Toa Vaca, que devienen parte del sistema ampliado (y combinado) de riego y electricidad entre 1924 y 1930.

He visto pocos lugares tan hermosos como este; quizás, la vista desde el Ávila en Caracas o la de las Bad Lands, en la reservación de Wounded Knee, se pueden comparar en belleza. Entre 1924 y 1930 esta área de Puerto Rico habría de estar sometida a un crimen ecológico sin igual en nuestra historia, consistente en alterar los patrones de flujo de agua dulce para el beneficio de las grandes centrales azucareras del sureste. De paso, destruyeron la agricultura de subsistencia.

Ciertamente, todo fue hecho con un arte de ingeniería magnífico, pero, no por ello carente de morbosidad. Hoy, el desangre de los fluidos dulces de nuestra isla sigue rampante. Allá, en el fondo de esta vista, a la izquierda, apenas se divisan los nuevos sembradíos de la Dow Growers y de Monsanto, que calladamente se posicionan para ser las beneficiaras de lo que, sin duda, será la próxima canallada de la burguesía de Puerto Rico: la privatización del agua.

Y es que en mi país andamos como decía José Martí del aldeano vanidoso: «dando por bien el orden universal, y sin saber de los gigantes que llevan siete leguas encima y nos pueden poner la bota encima». En realidad, la pregunta fundamental no es por qué quieren privatizar la AEE ahora, sino por qué la hicieron pública en 1924-1929. ¡JA! El Diablo vive en los detalles. La década de 1920-1930 es el periodo clave de la historia moderna de nuestro país, pues ahí mismo, en las cimas de estos montes, y en una ceremonia que hace pensar en la crucifixión de Cristo (o en la matanza de los taínos por los conquistadores), los abuelos de los gobernantes de hoy, los Roselló, los Barceló, los Carrión, los Ferré, los Muñoz, y toda una caterva de buscones codiciosos e indecorosos, entregaron el futuro de Puerto Rico a cambio de treinta monedas que nunca compartieron con el pueblo. Esa historia está por revelarse…

 

(Fotos por RRC)