Coloniaje y corrupción: El sistema de irrigación del sureste de Puerto Rico, 1906-1914

Por Rafael Rodríguez Cruz

La visita de Roosevelt, 1906

El buque de guerra USS Louisiana ancló sin dificultades en el puerto de La Playa de Ponce, Puerto Rico, el 21 de noviembre de 1906. Las facilidades portuarias de esa ciudad eran las mejores de la isla. La llamada “perla del sur boricua” no tenía la mejor bahía natural; pero, su ancladero poseía la profundidad necesaria para acomodar la portentosa nave visitante. De todos modos, la mejor bahía natural de la isla, Jobos, estaba en su estado virgen. Aunque esta maravilla en la costa sur de Puerto Rico no se encontraba muy lejos de Ponce, únicamente la National Geographic y la Central Aguirre la tenían en la mirilla.

La nave USS Louisiana no era una embarcación castrense cualquiera. Formaba parte de la primera generación de barcos de guerra construidos de acero en Estadios Unidos. Con sus 16,000 toneladas de desplazamiento y sus cañones de 305 milímetros, era impresionante por los estándares militares de la época. Entre otras cualificaciones, tenía una tripulación de 900 marinos listos para cualquier invasión. Desde principios del siglo XX, Estados Unidos buscó ampliar su poder militar en los océanos del mundo, creando barcos ciclópeos con armas monumentales.

El control de las naciones caribeñas, por supuesto, era de vital importancia para esa nación. De hecho, apenas dos

Theodore Roosevelt llegando a Puerto Rico

meses antes de llegar a Ponce, el USS Louisiana estuvo en Cuba durante el evento que quedó bautizado como la «segunda invasión» de ese hermano país. El propio secretario de guerra de Estados Unidos, William H. Taft, se trasladó en la nave a La Habana el 16 de septiembre de 1906, para contener la insurrección en contra del gobierno del presidente Estrada Palma. Ahora, el 21 de noviembre de 1906, la nave llegaba al puerto de La Playa de Ponce con un tripulante todavía más acreditado en los círculos guerristas: el presidente Theodore Roosevelt. Este regresaba a Estados Unidos después de una «visita de inspección» a la zona del canal de Panamá.

De seguro que no faltó, en nuestra isla, quien le atribuyera un significado místico y hasta religioso a la visita de Roosevelt en 1906. Nunca antes, en toda la historia del imperio estadounidense, se había dado un viaje de un mandatario de la Casa Blanca al exterior. Panamá fue el primer país en recibir una visita de ese tipo, a principios de noviembre; Puerto Rico, el segundo. Además, el año 1906 había sido bien difícil para muchos países del océano Atlántico y del Caribe. Un total de 11 fenómenos atmosféricos, entre ellos seis huracanes y tres grandes ciclones, impactaron a lugares como Cuba, Florida y Mississippi. Entre el 8 de junio y el 9 de noviembre parecía que el mundo había llegado a su fin en la costa sureste de Estados Unidos, incluyendo los Cayos y las Carolinas. En Puerto Rico, sin embargo, la época de huracanes de 1906 fue inusualmente tranquila. Apenas se sintieron cambios en los patrones de vientos; es más, la caída de lluvia estuvo por debajo de lo normal, acentuando un patrón de sequía en las llanuras costeras de la isla, que había comenzado en 1904.

Quizás la única persona que experimentó alguna dificultad «natural» en Puerto Rico en 1906 fue el propio

Auto presidencial atascado en Adjuntas

presidente Roosevelt, cuando su chofer intentó cruzar un río de Adjuntas en el vehículo presidencial; y el Studebaker F-124, de último modelo, se atascó en el fango. Por suerte, un grupo de políticos puertorriqueños, que se había unido a la comitiva, prontamente se metió hasta las rodillas en el agua y lodo para empujar el carro. Roosevelt, vestido de un traje blanco de dos piezas, y gordinflón como era, dejó que los «nativos» resolvieran el problema. Ni él ni su escolta se bajaron del Studebaker. El asunto quedó consagrado en una fotografía que los ayudantes del presidente transformaron en tarjeta postal. En fin, Puerto Rico, «la isla bendita», supuestamente tenía en 1906 la suerte de una visita del mandatario estadounidense.

Demasiada suerte, sin embargo, a veces trae mala suerte, como decía Bertolt Brecht. Efectivamente la dura sequía de 1905-1906 tuvo el efecto de agudizar el conflicto entre los pequeños agricultores puertorriqueños y los grandes intereses azucareros, en su mayoría extranjeros. Como bien constató el chofer de Roosevelt, en la costa del sureste todo estaba seco; pero, en las montañas del centro, el agua sobraba. De hecho, luego de una breve estadía en San Juan, Roosevelt partió para Arecibo, con el objetivo de cruzar diagonalmente la Cordillera Central. Apenas comenzó a subir las mismas montañas majestuosas que el hidrólogo Herbert Wilson había descrito con elogio en la revista National Geographic de marzo de 1899, el presidente expresó que se sentía como en una «verdadera Suiza del trópico». Añadió que, en su opinión, San Juan tenía una bahía en estado deplorable, pero que la belleza y fertilidad de los campos del centro de Puerto Rico eran incomparables. El elogio habría de costarnos caro.

Creación del sistema de riego del sureste, 1907-1914

La caña de azúcar es una planta sedienta, y en Puerto Rico no abundan las llanuras húmedas. Respondiendo de manera directa a los grandes intereses azucareros extranjeros en el sureste de la isla, la legislatura colonial aprobó en 1907 la suma de $4,000 para estudiar la viabilidad de un sistema de irrigación en los terrenos llanos que van de Patillas a Salinas. El contrato de evaluación fue a parar, por medio de conexiones personales, a manos de un ingeniero de hidrología estadounidense, de nombre B.M. Hall, quien supuestamente ya dirigía proyectos de irrigación en Nuevo México y Texas. Hall llegó a Puerto Rico tan pronto se aprobó el dinero. Entre 1907 y 1908, él y sus ayudantes llevaron a cabo varios a estudios de medición de flujos de corrientes de agua e identificaron posible lugares para la construcción de represas en la ladera sur de la Cordillera Central.

En realidad, era muy poco lo que Hall y su gente tenían que hacer. Apenas una década antes, el ingeniero Herbert Wilson había llevado a cabo un estudio abarcador del drenaje de agua en toda la isla. Además, en 1866 un ingeniero inglés, de nombre E.W. Webb, había trazado planes preliminares para un sistema de riego en el sureste. Concretamente, Webb propuso en 1866 apresar las aguas de la cabecera del río La Plata y crear una reserva en el valle de Carite. Las aguas embalsadas serían entonces desviadas, por medio de un túnel entre las montañas de Carite y Guamaní, hasta los cañaverales del sureste. Todo el mundo sabía desde tiempo inmemorial acerca del valor del río la Plata, pues este es el cuerpo de agua más largo de Puerto Rico. Nace en los montes de Guayama, a 800 metros de altura, y fluye de sur a norte a través de varios municipios: Guayama, Cayey, Comerío, Naranjito, Toa Alta, Toa Baja y Dorado. Wilson mismo lo describió en detalle en sus estudios de 1898. Lo que Hall hizo fue, pues, meramente actualizar por encima lo que otros habían hecho. En 1908 se lo presentó a la legislatura colonial, junto a una petición de $25,000 adicionales, para extender sus «estudios hidrológicos» a Santa Isabel y Ponce. Qué conexiones tenía él con la administración colonial, no lo sabemos; pero, sí sabemos que en 1908 logró le aprobaron la segunda partida dinero sin objeciones.

El 18 de septiembre de 1908, la legislatura colonial aprobó a la carrera un presupuesto de $3,000,000 (equivalentes a $78,947,368 en 2018) para la construcción del sistema de riego del sureste de Puerto Rico. De acuerdo con la legislación, el proyecto habría de extenderse desde el río Patillas, hasta el río Jacaguas, en Juan Díaz. Potencialmente, se irrigarían 30,000 acres de terrenos ya sembrados de caña en la costa sureste. La longitud total del riego sería de 40 millas y la anchura de dos millas. Para financiar la obra, se aprobó también una emisión de bonos públicos por el costo del proyecto, así como un impuesto especial sobre las tierras a ser irrigadas. Únicamente los agricultores con concesiones previamente reconocidas por el gobierno invasor obtendrían un crédito al pagar el consumo de agua de riego. Finalmente, y esto es verdaderamente importante, la construcción del sistema de riego se haría mediante la contratación de una firma de ingeniería (léase B. M. Hall), bajo la supervisión «administrativa general» del Consejo Ejecutivo. Esto solo imponía en el contratista la obligación de informes trimestrales al gobernador de la colonia. El preámbulo de la legislación anunció que, gracias al sistema de riego, cerca de 30,000 acres de terrenos en el sureste de Puerto Rico «recibirían suficiente agua para convertirse en las tierras agrícolas más valiosas del país».

Entre 1908 y 1910, el ingeniero Hall y su compañía hicieron muy poco para adelantar la construcción del sistema de riego. Decimos «muy poco», porque lo que sí lograron fue que $138,855 (el equivalente de $3, 654,070, en 2018) se desvanecieran sin que se pudieran corroborar los gastos. Fue así que en 1911, probablemente debido a la presión de los intereses azucareros del sureste, se canceló el contrato de construcción que tenía Hall. La legislatura colonial determinó, además, que el gobierno fuera en adelante el jefe directo de la obra y que todo el trabajo de construcción se hiciera «administrativamente por día de trabajo». Sí, se contrató a otro ingeniero principal (J. W. Beardsley), pero este no era un contratista autónomo, como Hall, sino un mero empleado. El asunto es que los años de 1907 a 1911 habían sido de sequías durante los cruciales meses del crecimiento de la caña, y el estado colonial tenía que responderle con prontitud al gran capital azucarero de la costa sur, en particular a la Central Aguirre.

Efectivamente, bajo la «reorganización administrativa» de 1911, comenzaron a llegar máquinas, personal técnico y equipos de excavación para trabajar en la construcción del riego. Además, se construyeron barracones y comedores gigantes para atraer a los trabajadores puertorriqueños de la caña desempleados durante el «tiempo muerto» en el sureste. Muchos trabajaban en la construcción del riego meramente por comida; en lo que es un capítulo de la clase obrera del sureste de Puerto Rico, que nunca se ha escrito. Entre 1911 y 1913, el gobierno colonial adoptó, pues, la forma organizativa propia de una gran empresa capitalista. El resultado fue un avance sustancial en la construcción del sistema de riego del sureste, gracias a la movilización, bajo un régimen de disciplina capitalista y colonial, de una masa gigantesca de trabajadores puertorriqueños.

El sistema de riego del sureste de Puerto Rico fue inaugurado el 1 de septiembre de 1914. Sus componentes principales eran tres. Primero, la reserva de Patillas, con su represa y sistema de distribución en el extremo oriental; segundo, la de Carite, con su represa, túnel y sistema de distribución y, tercero, la de Guayabal, con su túnel y sistema de distribución. La capacidad combinada de las tres reservas era de 33,264 acres-pie de agua, o sea, 11 millardos de galones de agua. Potencialmente, el sistema podía irrigar 30,000 acres de terreno; pero, en 1914 únicamente se activó para 24,000 acres, a razón de 4 acres-pie para todo el año. Sí se mantuvo la extensión original de 40 millas de largo y dos, de ancho. Además de las tres reservas principales, el sistema se inauguró con dos lagos menores de almacenamiento, Melanía y Coamo.

Tanto la reserva de Carite, como la de Guayabal, tenían desde el principio el potencial para generar electricidad. La primera, en particular, poseía una represa y túnel, cuya apertura estaba localizada en el lado sur. Esto resultaba en una caída abrupta del agua, con una fuerza equivalente a 2,000 caballos de fuerza de electricidad. En la reserva de Guayabal sucedía algo similar, pues el agua era desviada del lado norte de la cuenca a través de un túnel con caídas abruptas.

Por último, en 1914 se aprobó legislación que dejó al gobierno colonial como garante principal de la deuda, que al final fue de $4,000,000 (equivalente a $98,609,600, en 2018). Naturalmente, todo el asunto salió relativamente, barato porque la fuerza de trabajo se compró, literalmente, con comida. El pago por concepto de renta de la tierra (en este caso, en la forma de agua) fue muy poco o nada.

El fin de la prosperidad boricua

El año de 1915 también fue uno seco y caliente. Apenas llovió en Puerto Rico y las temperaturas en los litorales eran insostenibles. En los llanos del sureste de la isla, sin embargo, sobraba el agua. Todo gracias a las tres reservas y su sistema de distribución. De acuerdo con los datos del gobierno colonial, durante la zafra de 1914-1915 se vendieron en la zona 26,621.97 acres pie de agua, provenientes todos de las reservas de Carite, Patillas y Guayabal. En total, se irrigaron 23,619 acres de terrenos entre Patillas y Juana Díaz.

Los intereses azucareros del sureste, ahora bajo el control directo o indirecto de la central Aguirre, estaban eufóricos de regocijo. La abundancia de agua de riego en esa zona coincidió con un precio elevado del azúcar en el mercado mundial. Era el efecto de la Primera Guerra Mundial sobre los precios de los alimentos. El informe de 1915 del gobernador colonial, Arthur Yager, al secretario de guerra de Estados Unidos no pudo ser más encomiástico del sistema de riego:

«El evento más importante en la historia financiera de Puerto Rico, durante el pasado año fiscal, fue la culminación exitosa del proyecto de irrigación, que trajo vida y prosperidad a una región hasta entonces severamente afectada por la sequía. Los principales componentes de este proyecto entraron en operación, tan rápidamente como fueron acabados. El 1 de septiembre de 1914, el distrito provisional de irrigación quedó inaugurado; y los resultados obtenidos hasta ahora han sido sumamente beneficiosos para los sembradores de caña y la comunidad en general. Esta importante ayuda para el sembrador llegó en un momento muy oportuno, pues en ese año la lluvia estuvo por debajo de lo normal y las temperaturas en el distrito de irrigación se mantuvieron bastantes altas. De no haber sido por la irrigación pública, se habría producido muy poca caña de azúcar en el lado sur de la isla, y los agricultores habrían perdido la oportunidad de vender su azúcar a los precios inusualmente elevados que han prevalecido desde el comienzo de la guerra europea. Se estima que bastaría con el valor de la caña de azúcar adicional que se ha producido en el primer año de irrigación (sobre y por encima de la producción normal) para reponer una cuarta parte de la deuda total contraída en la conclusión del proyecto».

La última oración es una joya que merece repetirse: gracias al sistema de irrigación pública, la producción adicional

Estructura del sistema de riego del sur

de caña de azúcar en 1914-1915 en el distrito «provisional» de riego (26,000 acres) fue igual en valor a una cuarta parte de lo invertido entre 1908 y 1914 para construir todas las reservas, represas, túneles y canales del sureste. ¿Y qué hicieron las centrales de ese litoral, dominadas por la Aguirre, con ese ingreso adicional de $1,000,000 en concepto de ventas? ¿Lo abonaron al pago del principal del préstamo público de $4,000,000? No, se lo embolsillaron. Fue el pueblo de Puerto Rico, sin representación real en la legislatura colonial, el que se quedó con la deuda de 4 millones por 43 años.

Igualmente significativo es el hecho de que el gobernador de Puerto Rico no mencionó, en su informe de 1915, la dimensión colonial de la construcción del sistema de riego del sureste. El año de 1914 fue uno extremadamente seco. De hecho, ya desde 1912 los sembradores independientes de caña de azúcar, en particular los colonos y pequeños sembradores fuera del sureste, venían quejándose de la falta de agua para sus sembradíos. ¿Y qué recomendaciones recibieron estos del gobierno federal para aliviar los efectos de la sequía? Pues que se las arreglaran privadamente entre ellos, mediante la extracción de agua subterránea y la captación de las corrientes superficiales de los ríos en sus desembocaduras.

La alternativa de irrigación privada, costosísima para las granjas de mediano y pequeño tamaño, era la norma en Hawái, debido a las pocas pero gigantescas compañías azucareras de ese archipiélago. Allá, cada compañía azucarera era dueña sus propios canales y sistemas de distribución de agua, cuya construcción sufragaban por completo. En Puerto Rico, sin embargo, se brindó irrigación pública a las grandes centrales del sureste y se promovió la costosa vía hawaiana para los agricultores nativos más pequeños.

El gobernador Yager, ciertamente, no era un hombre inculto. Poseía una maestría de Georgetown College y un doctorado de John Hopkins University. Lo que él no tenía era interés alguno en hablar con claror de la dominación de los monopolios azucareros estadounidenses en Puerto Rico. Así, lo que el educado gobernador llamaba el «distrito de riego» no pasaba de 30,000 acres para irrigación. Si tomamos como base los datos de Herbert Wilson en 1898, encontramos que el tan celebrado «distrito» no era ni una tercera parte de toda la tierra que podía beneficiase teóricamente de la irrigación en la costa sur, o sea, 96,000 acres. Estos a su vez, eran una parte pequeñísima de toda la tierra cultivable en la isla.

De hecho, Wilson señaló enfáticamente en 1898 que «todos los productos que el suelo de Puerto Rico es capaz de producir se pueden cultivar en tres cuartas partes de la extensión de la isla, simplemente con la ayuda de la abundante lluvia».  ¿A qué productos se refería Wilson? Pues a todos, menos la caña de azúcar. Sí, había una cuarta parte de los terrenos, localizados ante todo en el sur, que podían servir para ese tipo de siembra, pero únicamente si se usaba la irrigación. Para él, como para otros científicos que estudiaron la hidrología local, las condiciones naturales más favorables para la agricultura en Puerto Rico no estaban en los llanos, sino en los montes y las pendientes bruscas.

Todavía en 1906, cuando la pequeña producción luchaba por sobrevivir, el Departamento de Comercio de Estados Unidos reconocía las particularidades de nuestra agricultura: «A primera vista, el carácter bruscamente montañoso de Puerto Rico parecería impedir la agricultura sobre la mayor parte de la isla. El hecho, sin embargo, es que algunas de las pendientes más inclinadas tienen las cosechas de mayor rendimiento». Entre ellas, por supuesto, el café y el tabaco; pero no la caña de azúcar, que requiere terrenos llanos, sol y humedad en abundancia. En eso, dicho sea de paso, Cuba y Puerto Rico no se parecen en lo absoluto. Allí abundan los llanos que no necesitan irrigación; aquí, escasean.

Es absurdo pensar que Wilson, un hidrólogo de ideas conservacionistas profundas, habría propuesto en 1908 desviar las abundantes aguas de los montes empinados de Puerto Rico, para suplir las necesidades estrechas del gran monopolio del azúcar en el sureste, en particular, de la central Aguirre. ¡En medio de una sequía espantosa! De hecho, en una observación característica de la genialidad de este hidrólogo estadounidense, Wilson afirmó que buena parte de los terrenos llanos y secos del sur de Puerto Rico eran ya aprovechados en 1898, sin mucha irrigación, para la siembra de habichuelas, lentejas, maíz, vegetales pequeños y frutas. ¡No en balde éramos entonces autosuficientes! Algo fatal intuía Wilson, probablemente, en toda la machacona insistencia del gobierno federal en evaluar la posible irrigación de la costa sureste para el cultivo de caña.

Estructura del sistema de riego del sur

Sin embargo, fue en el análisis del costo del proyecto de irrigación del sureste en que se reveló verdaderamente, y a toda luz, la actitud prepotente e imperialista del gobernador Yager. Los recursos invertidos en la construcción del sistema de riego, según él, eran meramente equivalentes a $4,000,000. ¿De veras? ¿Y qué de la destrucción de los drenajes naturales de la región montañosa de Puerto Rico? ¿Esto no fue acaso un costo? Sí, lo fue para la nación puertorriqueña y para nuestro pueblo, pues los patrones de flujo de agua dulce existentes en las montañas hasta 1906 habían sido la clave de la extraordinaria vitalidad de la pequeña agricultura puertorriqueña. En esto, se nos iba la vida.

Sorprendentemente, todavía a mediados de la primera década del siglo XX, según los estudios del propio gobierno estadounidense, el pequeño agricultor de Puerto Rico hacía esfuerzos sobrehumanos por sobrevivir en el área de la producción de alimentos. Esto, a pesar de la inclusión de la isla en el abusivo sistema tarifario de la nación imperial. Sin embargo, ya para esos días la isla estaba siendo inundada de productos alimenticios caros y de segunda clase provenientes de Estados Unidos. Se sentaban, así, las bases para nuestra completa dependencia, que aún hoy en el siglo XXI es agobiante.

El sistema de riego del sureste, pues, al trastocar en 1906-1914 la hidrología de los montes fértiles y húmedos de Puerto Rico, fue un puñal clavado en el corazón de nuestra nacionalidad. Su impacto fue tan severo como el cambio de moneda o la inclusión de la isla en la tarifa azucarera, o como otras tantas medidas dirigidas a convertirnos en parias en nuestro propio suelo. En ese sentido, fue un instrumento más del poder ocupante. Y no es para extrañarse, pues, como dijera don Pedro Albizu Campos: «El imperio político se impone para establecer el monopolio económico en la colonia. El invasor arrebata al nativo toda su riqueza. Se posesiona de sus tierras, de su comercio, de su industria y de todas las fuentes naturales de riqueza».

©Rafael Rodríguez Cruz

Con Jesús hacia la otra economía / José Antonio Pagola

Latinoamericana 2013

Adital

Por José Antonio Pagola

San Sebastián, Donosti, España

1. Caminando tras los pasos de Jesús

 Movidos por el Espíritu de Jesús.

El Espíritu de Dios empuja a Jesús hacia los últimos. Ellos han de ser los primeros en experimentar esa vida más digna y liberada que quiere Dios para sus hijos e hijas: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido. Me ha enviado a anunciar a los pobres la Buena Noticia, a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor» (Lucas 4, 16-22).

Estos cuatro grupos de personas, los «pobres», los «cautivos», los «ciegos» y los «oprimidos» son los que Jesús lleva más dentro de su corazón de Profeta del reino. En el mundo se habla de «democracia», «derechos humanos», «progreso», «bienestar»… Jesús piensa en los últimos y habla de trabajar por una vida liberada que emerja desde ellos. Desde el Espíritu de Jesús sólo podemos trabajar por una economía que sea «Buena Noticia» para los pobres, «liberación» para los esclavos, «luz» para los ciegos, «gracia» para los desgraciados.

 Con indignación y esperanza.

Jesús vive en medio de una sociedad donde no reina la justicia. Por una parte, el Imperio de Roma, Herodes Antipas y los poderosos terratenientes de Galilea explotan a los campesinos de las aldeas sin tener conciencia de estar arrebatando el pan a los pobres. Por otra parte, hace tiempo que los dirigentes religiosos se han desentendido del sufrimiento de las gentes. El imperio romano pretende que la pax romana es la paz plena y definitiva; la religión del Templo defiende que la Torá de Moisés es inmutable. Mientras tanto, los excluidos del imperio y los olvidados por la religión están condenados a vivir sin esperanza. Puede haber alguna mejora en la pax romana y se puede observar de manera más escrupulosa la Torá de Moisés, pero nada decisivo cambia para los pobres: el mundo no se hace más humano.

Jesús rompe este mundo cerrado anunciando la irrupción del reino de Dios. Esa situación sin alternativa y sin esperanza es falsa. El mundo querido por el Padre va más allá de los derechos del César y más allá de lo establecido por la religión del Templo. Hemos de seguir a Jesús abriendo caminos al reino de Dios desde dos actitudes básicas: la indignación profética que saca a la luz las causas que se ocultan bajo el sufrimiento de las víctimas y la esperanza en el Dios de los últimos, que sostiene los esfuerzos de quienes trabajan por su reino.

2. Abriendo caminos al Reino de Dios

• El reino de Dios está cerca (Marcos 1, 15).

Dios no quiere dejarnos solos ante nuestros sufrimientos, conflictos y desafíos. Dios es una Presencia buena y amistosa que busca abrirse camino entre nosotros para construir una vida más humana. Es posible un mundo diferente. No es verdad que la historia tenga que discurrir por los caminos de sufrimiento y muerte que trazan los poderosos. Es posible otra economía más humanizadora, fraterna y solidaria. Es posible un mundo alternativo más cercano al que Dios quiere para sus hijos e hijas.

 Convertíos (idem).

Dios pide nuestra colaboración. Hemos de despertar de la indiferencia y movilizar todas nuestras energías para cambiar nuestra manera de pensar y de actuar. Somos los seres humanos los que hemos de cambiar la trayectoria de la historia.

La ciencia no tiene conciencia; la economía carece de compasión; los dogmas del capitalismo neoliberal son inhumanos. Sólo acogiendo el reino de Dios caminaremos hacia una convivencia mundial más humana.

 Creed en esta Buena Noticia (Idem).

Hemos de tomar en serio la Buena Noticia de Dios y creer en la fuerza liberadora de su Proyecto. Hemos de introducir en el mundo la confianza. Dios sigue atrayendo al ser humano hacia una vida más digna. No estamos solos. Dios está sosteniendo también hoy el clamor de los que sufren y la indignación de los que reclaman justicia. Necesitamos profetas del reino, creyentes indignados, centinelas vigilantes para escribir con nuestra vida un relato nuevo de la historia humana, alentado por la esperanza de Dios.

 Buscad el reino de Dios y su justicia (Mateo 6, 33).

Esto ha de ser siempre lo primero. Lo demás es relativo. No podemos dejar el mundo en manos de quienes imponen cruelmente su injusticia. El sufrimiento de las víctimas ha de ser tomado en serio. No puede ser aceptado como algo normal pues es inaceptable para Dios. Hemos de buscar incansablemente la justicia de Dios que reclama la vida para quienes son asesinados por el hambre y exige dignidad para los pueblos excluidos de la convivencia mundial. Buscar la justicia de Dios exige: promover la conciencia crítica, reaccionar ante la manipulación informativa, luchar contra el escepticismo, denunciar los abusos, pensar el futuro desde la libertad de Dios que no tiene por qué seguir los caminos que le marcan los poderes financieros ni los mercados.

 Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo (Lucas 6, 36).

El Padre mira nuestro mundo con compasión. Es sensible al sufrimiento de sus hijos e hijas. Es su compasión maternal la que le mueve a buscar un mundo diferente donde sea posible el «buen vivir» de todos. Jesús nos llama a vivir como ese Padre: atentos al sufrimiento de tantos seres humanos, explotados sin piedad por los poderosos y olvidados por la indiferencia de las religiones. Hemos de introducir en el mundo la compasión activa y solidaria, reaccionando contra el pragmatismo político que se desentiende del sufrimiento y se vuelve cada vez más ciego, y contra la ilusión de inocencia que adormece a las religiones. La compasión lúcida, responsable y comprometida es la fuerza más decisiva para humanizar la vida y transformar la economía.

MinoMuralSaoFelix

 Los últimos serán los primeros (Marcos 10, 31).

La compasión exige buscar la justicia de Dios, empezando por los últimos, los más indefensos y desvalidos. No los podemos abandonar en el abismo del olvido o la desesperación. Esto es lo que Jesús quiere dejar claro con el lenguaje provocativo de sus bienaventuranzas: «Dichosos los que no tenéis nada porque de vosotros es el reino de Dios. Dichosos los que tenéis hambre porque Dios os quiere ver comiendo. Dichosos los que lloráis porque Dios os quiere ver riendo». Cuando ya no se sabe cómo ni de dónde podría brotar una esperanza para un mundo que parece caminar hacia su destrucción, Jesús proclama rotundamente por dónde empezar.

Esas políticas que no admiten una crítica de fondo, esas religiones seguras de sí mismas que ni siquiera sospechan la interpelación de los pobres, no responden a la verdad de Dios. El camino hacia una vida más digna y dichosa para todos se comienza a construir desde los últimos. Ellos han de ser los primeros. Esta primacía es absoluta. La quiere Dios. No ha de ser relativizada por ninguna cultura, ninguna política, ninguna religión.

 Devolved al César lo que es del César, pero dad a Dios lo que es de Dios (Marcos 12, 17).

No se ha de dejar nunca en manos de ningún poder lo que solo pertenece a Dios. Y Jesús ha repetido con frecuencia: los pobres son de Dios; los pequeños son sus predilectos; el reino de Dios les pertenece. Va contra Dios seguir sacrificando a los pobres de la tierra a los «mercados » y poderes financieros. Es insoportable dejar a los pueblos más pobres y excluidos en manos de multinacionales apátridas a merced de un «libre comercio» perverso, que busca impunemente el máximo lucro de los poderosos, aún a costa de la vida y la dignidad de los últimos. La autoridad suprema en el mundo la han de tener las víctimas. Esta autoridad moral de los que sufren es exigible a todos. Ninguna ética digna de este nombre puede prescindir de ella, pues estaría al servicio de la destrucción de los más débiles.

 No podéis servir a Dios y al Dinero (Lucas 16, 13).

No es posible acumular riqueza de manera insaciable y, al mismo tiempo, servir a ese Dios que no puede ser Padre sin hacer justicia a quien nadie hace. Algo va mal entre los seguidores de Jesús si pretendemos vivir lo imposible. El Dinero se ha convertido en el gran «Ídolo» que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza cada vez más a quienes le rinden culto. Por eso llama Jesús «necio» al rico de la parábola, que construye graneros cada vez más grandes para almacenar su cosecha, pensando sólo en su bienestar cuando ni siquiera puede asegurar su vida mortal. Así es de insensata la lógica de los países de la abundancia: viven acumulando insaciablemente bienestar, pero lo hacen, generando por una parte, hambre, miseria y muerte en los países excluidos, y por otra, deshumanizándose ciegamente cada vez más.

 «Hoy ha llegado la salvación a esta casa» (Lucas 19,9).

La salvación llega a la casa del rico Zaqueo, cuando se compromete a devolver todo lo robado y a compartir sus bienes con los pobres. Ese es el camino.

Al mundo irá llegando la «salvación» cuando los países ricos promuevan políticas de restitución para compensar a los países empobrecidos por los saqueos cometidos por el colonialismo y por la imposición del sistema neoliberal. Llegará cuando se ponga límite al desarrollo insostenible y se impulsen políticas de cooperación real y solidaridad efectiva con los últimos. Los seguidores de Jesús hemos de mostrar con nuestra vida que «ha venido a salvar lo que estaba perdido» (Lucas 19, 10).

José Antonio Pagola

Ilustración: Mural de Mino Cerezo Barredo

El escándalo académico que llevó a la austeridad económica

¿Puede la economía de un gran número de países occidentales depender de una tabla de Excel malprotestas por recortes diseñada? Así comienza un parte noticioso que publica el periódico digital El Confidencial.

Al parecer las decisiones macroeconómicas de los países europeos han estado basadas en un estudio errado realizado en 2010 por los prestigiosos economistas de Harvard Carmen Reinhart y  Kenneth Rogoff, titulado Growth in a Time of Debt.

Un estudiante de 28 años que trabajaba para sus clases con el artículo de Reinhart y Rogoff, descubrió que los datos vaciados en una hoja de cálculo Excel por los investigadores, se utilizaron erróneamente, lo que puso en entredicho las conclusiones de los prestigiosos economistas.

El descubrimiento captó la atención en los círculos económicos al punto que la Comisión Europea tuvo que salir al paso y calificar como “ridículo” y “estúpido” que su estrategia macroeconómica haya estado basada únicamente en el estudio académico”. Y no es para menos, porque efectivamente fue el principal estudio utilizado para justificar los recortes en los presupuestos de los  países europeos, sin que se detectara que estaba plagado de errores que llevaron a conclusiones equivocadas.

En otras palabras, la política económica de reducción, aplicada en algunos países europeos con déficit 90% mayor que su producto bruto, se basó en un prestigioso estudio con datos incorrectos descubiertos por un estudiante de estudios doctorales del Amherst College en Massachusetts. Cosa seria en el mundo académico, los prestigiosos economistas de Harvard fallaron en corroborar sus cálculos.

Puerto Rico, una historia olvidada y una identidad despreciada / Víctor Sánchez Cardona

Puerto Rico es un rico puerto colonial desde donde se embarcan pagos hacia bancos y corporaciones multinacionales que superan los $72,000 millones todos los años. Sin embargo tal como lo propone su clase política el desafío económico fundamental de la relativamente pequeña isla de Puerto Rico consiste en viabilizar un Gobierno profundamente endeudado que intenta administrar una economía en colapso y que dice depender para sobrevivir de $18,000 millones en aportaciones provenientes del bolsillo de los contribuyentes de la metrópolis.

La clase política y el pueblo en general están convencidos que el planteamiento es correcto a pesar de que Puerto Rico tienen una de las economías más dinámicas del mundo emergente. Con solo 3.5 millones de habitantes y una fuerza laboral en la economía oficial de un poco más de 1 millón de trabajadores, tuvo una economía cuyo PIB ascendió en el 2010 a $96,000 millones y que aun a pesar de la crisis alcanzó un Producto Interno Bruto de $98,000 millones en el 2011.

En realidad el problema crucial es otro. El verdadero problema consiste en que la Isla cuenta con una cultura en hilachos, incapaz de generar un ambiente civil que provea una sociedad justa con altos objetivos sociales y morales. Es decir; una cultura que provea una calidad de vida razonable y una economía sustentable anclada en una cultura ajustada a sus idiosincrasias. La coyuntura que confrontamos nos plantea a los puertorriqueños si deseamos sobrevivir como país culto, o permanecer como gueto ultramarino de trabajadores-consumidores al servicio de inversionistas externos.

La creencia generalizada en nuestra Isla es que nuestra cultura se encuentra moribunda por lo que la asimilación a la cultura norteamericana se propone como una alternativa real para asegurarnos que no nos muramos de hambre y necesidad al garantizar la llegada a nuestras playas de miles de millones de dólares del bolsillo de los contribuyentes norteamericanos. Es difícil concebir como los puertorriqueños han sido convencidos de tal monstruosa falsa creencia cuando los $18,000 millones que se reciben es una cantidad minúscula ante los $72,000 millones que se envían a bancos y Corporaciones norteamericanas todos los años.

La Consecuencia de un Desarrollo Fiado

Que la economía esté a punto del colapso es fácil de entender a pesar de contar con un ingreso bruto de $135,000 millones sin contar el producto de la economía sumergida que se estima en $26,000 millones adicionales. Sin embargo como dijimos al principio la economía tiene una fuga bruta de pagos al exterior que ya sobrepasa $72,000 millones anuales. Nada más las ganancias que exportan las empresas manufactureras que operan exentas de pagos de impuestos se estiman en $34,000 millones anuales y a esa cifra se les suman las ganancias de la extensa red de mega-tiendas extranjeras radicadas en la Isla. Haciendo un sencillo ejercicio aritmético se evidencia que si el capital invertido en esas fábricas fuese en parte puertorriqueño, una fracción de esos $34,000 millones de ganancias anuales permanecerían en Puerto Rico para usarse para promover más desarrollo.

Pero eso no es todo, la fuga comprende también los pagos por una deuda pública externa que asciende a $64,000 millones invertidos en desarrollar infraestructura para apoyar la operación de la base industrial extranjera. Y no olvidemos los intereses de usura que pagamos por la deuda privada. Recordemos que por cada vivienda que se vende en la isla, y se venden miles cada año, un comprador se compromete a enviar a los Estados Unidos entre $6,000 a $40,000 todos los años durante 30 años. Por cada automóvil que se vende, el comprador se compromete a enviar a alguna casa financiera o banco en los Estados Unidos $2,400 a $15,000 todos los años durante 7 años (cada año se venden alrededor de 100,000 automóviles).

Los pagos de varios millones de tarjetas de crédito, así como los préstamos de miles de estudiantes universitarios también se añaden a ese flujo de pagos hacia el exterior. Pensamos que las viviendas y autos que compramos nos pertenecen. Eso es falso, mientras no hayamos saldado la cuenta, todas esas cosas pertenecen a bancos externos. Mucho de lo que reclamamos como nuestro, pertenece en realidad a algún Banco o Casa Financiera extranjera a los que debemos hacer pagos todos los meses. Como vemos el problema económico se debe a que se ha seguido un modelo de desarrollo basado en el consumo personal exagerado financiado por deuda extranjera y en la instalación de fabricas “prestadas” que no ven a Puerto Rico como un país sino como un gueto de trabajadores a ser explotados.

Lo peor de esta situación es que ha sido el resultado de una política pública que favorece las inversiones extranjeras sobre las inversiones de capital puertorriqueño, forzando a este último a emigrar. Esta emigración de capital ha tenido la nefasta consecuencia política de desligar los intereses de la clase empresarial-inversionista puertorriqueña de los intereses del pueblo en general.

No nos equivocamos si afirmamos que la fuga de $72,000 millones anuales del ingreso de nuestra economía hacia el exterior se encuentra entre los mayores del mundo. Afortunadamente una robusta Balanza comercial ($22,000 millones en el 2010) y aportaciones federales netas ($18,000 millones en el 2010) reducen el flujo neto (Balanza de pagos) hacia el exterior a unos $32,000 millones o sea aproximadamente un 32% del Producto Interno Bruto; o sea $9,140 per cápita.

El déficit porcentual de la Balanza de Pagos de nuestra economía es el mayor por mucho de todas las economías del mundo. Grecia y Portugal, países donde la crisis actual ha llegado a los extremos, nos siguen el paso… de lejos. Más importante aun, el déficit porcentual de la Balanza de Pagos de Puerto Rico respecto al PIB no sólo es el peor de todos, sino que es al menos ocho veces mayor que el promedio. Por dar un ejemplo, si Grecia tuviese un déficit en su balanza de pagos per cápita como el de Puerto Rico con un población de 10,000,000 su déficit en la balanza de pagos sobrepasaría los $100,000 millones; en otras palabras Grecia hubiera desaparecido hace muchos años embargada por los ricos del mundo.

¿Y Cómo Llegamos Aquí?

Fue en seis etapas; la colonia tradicional vuelta obsoleta al final de la Segunda Guerra Mundial se comenzó a transformar. Primero llegaron las fábricas a sustituir las antiguas centrales azucareras, tras ellas vinieron las hipotecas FHA para urbanizar la Isla, luego vinieron los préstamos para la compra de automóviles, seguidos por las tarjetas de crédito; finalmente, las grandes empresas de ventas al detalle aprovechan con intereses de usura la bonanza del amplio crédito disponible a los isleños.

Al presente nos encontramos en una sexta etapa donde comienzan a llegar empresas dedicadas a comercializar los servicios públicos. Las carreteras, el recogido de basura, la seguridad ciudadana, el cuido de salud, y la educación se convierten en productos rentables que añaden a la remisión de fondos que fluye hacia el exterior. No nos sorprendería que un día al levantarnos nos enteramos que se ha creado la Autoridad de Aire Puro, con su consabida Alianza Público Privada dedicada a mantener, con pingües ganancias el aire que respiramos.

¿Ha sido un éxito o un fracaso económico la relación actual con nuestros conciudadanos del Norte? No hay duda de que desde el punto de vista del sector privado estadounidense ha sido un gran éxito. Cuando hablamos de Dependencia, ¿de qué Dependencia es que hablamos? ¿De la Dependencia del sector privado estadounidense a las transferencias anuales de $72,000 millones desde Puerto Rico, o de una supuesta dependencia de la economía de la Isla en donaciones de $18,000 millones enviados a la Isla por los contribuyentes norteamericanos y que representan tan solo un 11% del ingreso de la misma. Si bien es cierto que recibimos miles de millones del arca federal la mayor parte son pagos de Seguro Social, Medicare, Desempleo y pensiones a veteranos por los cuales nuestros trabajadores han cotizado durante su vida laboral y de otra parte también incluye los gastos de mantenimiento de la burocracia norteamericanas en la Isla.

Los $72,000 millones son el cascabel del gato al que tenemos que prestarle atención. Es evidente que hablamos de una relación parasítica, que nos ha convertido en lo que los economistas llaman en su argot financiero, un extraordinario cash cow. Esta tiene que ser la mayor “debilidad estructural” de nuestra economía. Tenemos una Balanza de pagos deficitaria ascendente al 32% del PIB, lo que resulta en que los ingresos disponibles para consumo, ahorro y gasto gubernamental localmente sean una exigua y disminuyente fracción del PIB y del ingreso total de la economía.

Intereses en el exterior se lucran de una extraordinaria bonanza, mientras el gobierno local se ve forzado a eliminar de su nómina a 25,000 servidores públicos por falta de fondos y privar a los contribuyentes de los servicios que ellos prestan. Se sacrifican servicios públicos de toda clase mientras la Banca, compañías financieras, corporaciones manufactureras y empresas extranjeras de distribución de productos de consumo aumentan sus caudales con las alforjas de dinero que les llegan de nuestra Isla.

Estos son síntomas de una escandalosa explotación que señala a gritos que ha llegado el momento para que la incongruente economía puertorriqueña figure prominentemente en las discusiones sobre nuestra notoria relación colonial actual con los EEUU; el confusamente llamado Estado libre Asociado (que ni es Estado, ni Libre y ni Asociado) no es más que un muñeco de paja para distraernos del verdadero problema: la vergonzosa explotación del capital humano puertorriqueño y de sus recursos naturales y de infraestructura.

Nos parece estar viviendo una versión mejorada y más sofisticada de los antiguos Company Towns de triste recordación en nuestra historia de la primera parte del siglo XX. – o como dirían muchos de nuestros conciudadanos “a new and improved versión” de explotar la tierra y sus naturales mucho más rentable que los esquemas anteriores de colonización. El libreto para el desarrollo que se implantó después de la Segunda Guerra Mundial es en realidad un remix donde el rol de las compañías azucareras como la Aguirre Sugar, o la South Porto Rico Sugar y la Fajardo Sugar y sus company towns fue asumido por corporaciones multinacionales que no ven a nuestra Isla como un país sino como un enorme Company Town, que no es otra cosa que un gueto de trabajadores y consumidores agobiados por préstamos a intereses de usura.

Para nosotros nuestra relación con la metrópolis colonial es la culminación de un ciclo de explotación de nuestra isla que comenzó en el siglo XVI con las encomiendas de indígenas, más tarde con haciendas esclavistas, seguidas por los company towns de las centrales azucareras para culminar en la madre de los Company Towns que es el Estado Libre Asociado; vuelto ahora obsoleto, inculto y en quiebra.

La mayor de nuestras falsas creencias es que la Isla nos pertenece: que no somos más que una gente viviendo de “arrimados” en un gueto ultramarino norteamericano. La Constitución Norteamericana es clara: el dueño último de los terrenos de la Isla es el Congreso que cuenta con Fuerzas Armadas suficientes y el Derecho Internacional para respaldar su reclamo. Admitámoslo: desde el punto de vista de Derecho somos un pueblo sin tierra, como los Gitanos o los Kurdos.

Debemos reclamar que el Título de propiedad de la Isla de Puerto Rico sea traspasado del Congreso Federal, su actual dueño, al Pueblo de Puerto Rico su verdadero dueño histórico por medio de compra para que podamos construir un muro aislante (un barrera corta-fuego) que nos permita reconstruir las ruinas de nuestra cultura y economía en una tierra que nos pertenezca (¿qué sentido tiene desarrollar una isla que no nos pertenece?). El que el Pueblo de Puerto Rico le compre la isla al Gobierno federal dejaría sin vigencia la Clausula Territorial y todos los poderes del Congreso pasarían a manos de los nuevos dueños soberanos: los puertorriqueños. Sería una transacción puramente inmobiliaria que el Congreso está autorizado a realizar como así lo indica la Clausula Territorial de la Constitución Norteamericana.

La Soberanía conjuntamente con el altamente desarrollado capital humano con que contamos (que nos ha costado un ojo de la cara pero que ahora se ve forzado a abandonar la Isla porque no hay sitio para ellos) y sin las restricciones que nos imponen la legislación federal como las leyes de comercio interestatal y otras, facilitaría la diversificación de la economía. Esto ofrecería nuevas opciones de expansión a la industria ya establecida; además de facilitar el establecimiento de un polo financiero (como lo ha hecho Panamá) que muy fácilmente podría competir ventajosamente con otros polos similares en el Caribe y en el mundo. Es necesario integrar las farmacéuticas y otras empresas foráneas a la economía puertorriqueña aunque las últimas pertenezcan a intereses extranjeros. De la misma manera es necesario estimular la formación e inversión acelerada de capital autóctono en nuestra tierra. La Soberanía de la Isla en manos de los puertorriqueños no es un capricho o un atavismo nacionalista; estamos hablando de una necesidad imperiosa para intentar salir de la encerrona en que nos han metido más de cinco siglos de coloniaje.

Septiembre 2012.

Tomado de Adital

El declive de la economía estadounidense

Para los interesados en poseer una idea abarcadora de la crisis económica que afecta a los Estados Unidos les recomendamos el siguiente artículo publicado en varios sitios web. El autor sostiene que a partir de la década de 1970 se entronizó en los Estados Unido una economía dependiente de las fortunas de los ricos. En ese tipo de economía, denominada Plutonomía, la acumulación de riqueza es la meta y el consumo de lujo el objetivo. A causa de esa orientación económica en los Estados Unidos el 1% posee los grandes capitales mientras que el 99% ve mermados sus ingresos. En consecuencia la política económica nacional esta dominada por el sector financiero al que solo le interesa asegurar la mayor ganancia en sus inversiones a nivel globalizado y contar con un estado poderoso que vele por sus intereses, aunque la crisis arrincone a la mayoría.

Plutonomía y precariado: el declive de la economía estadounidense

Noam Chomsky

El movimiento “Ocupemos” ha experimentado un desarrollo estimulante. Hasta donde mi memoria alcanza, no ha habido nunca nada parecido. Si consigue reforzar sus lazos y las asociaciones que se han creado en estos meses a lo largo del oscuro periodo que se avecina –no habrá victoria rápida– podría protagonizar un momento decisivo en la historia de los Estados Unidos.

La singularidad de este movimiento no debería sorprender. Después de todo, vivimos una época inédita, que arranca en 1970 y que ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la historia de los Estados Unidos. Durante siglos, desde sus inicios como país, fueron una sociedad en desarrollo. Que no lo fueran siempre en la dirección correcta es otra historia. Pero en términos generales, el progreso supuso riqueza, industrialización, desarrollo y esperanza. Existía una expectativa más o menos amplia de que esto seguiría siendo así. Y lo fue, incluso en los tiempos más oscuros.

Tengo edad suficiente para recordar la Gran Depresión. A mediados de los años 30, la situación era objetivamente más dura que la actual. El ánimo, sin embargo, era otro. Había una sensación generalizada de que saldríamos adelante. Incluso la gente sin empleo, entre los que se contaban algunos parientes míos, pensaba que las cosas mejorarían. Existía un movimiento sindical militante, especialmente en el ámbito del Congreso de Organizaciones Industriales. Y se comenzaban a producir huelgas con ocupación de fábricas que aterrorizaban al mundo empresarial –basta consultar la prensa de la época-. Una ocupación, de hecho, es el paso previo a la autogestión de las empresas. Un tema, dicho sea de paso, que está bastante presente en la agenda actual. También la legislación del New Deal comenzaba a ver la luz a resultas de la presión popular. A pesar de que los tiempos eran duros, había una sensación, como señalaba antes, de que se acabaría por “salir de la crisis”.

Hoy las cosas son diferentes. Entre buena parte de la población de los Estados Unidos reina una marcada falta de esperanza que a veces se convierte en desesperación. Diría que esta realidad es bastante nueva en la historia norteamericana. Y tiene, desde luego, una base objetiva.

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¿Como será el orden mundial en 2050?

Extracto de un artículo firmado por Stephen Hill que fuera publicado en The Foreign Policy en Español que afirma como urgencia la necesidad de rediseñar el actual orden capitalista mundial por un orden basado en un modelo de capitalismo social que posibilite ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantenerla e implementar las prácticas sostenibles.

Desde la Segunda Guerra Mundial, es fácil ver que se haproducido en todo el mundo una gran convergencia en torno a las instituciones y las prácticas de la democracia y la economía políticas. Unos países tras otros han seguido el ejemplo de Estados Unidos, que ofrecía al mundo un modelo de desarrollo basado en el ascenso de la clase media. Esta convergencia es parte de un avance constante, desde hace siglos, hacia los tipos de instituciones y políticas que mejor permiten alcanzar “la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” para las modernas sociedades de masas. Incluso China, a su manera, se ve arrastrada de forma inexorable a este torbellino convergente. Y no hay motivos para pensar que esa convergencia vaya a interrumpirse en el futuro.

Estados Unidos inventó la clase media, la atractiva idea de que la gran mayoría de la población puede –y debe—disfrutar de un nivel de vida aceptable y una calidad de vida elevada. Cada país ha tratado de incorporar este principio. Europa adoptó plenamente esa sociedad de clase media originada en EE UU y avanzó un paso más. El capitalismo social europeo dio a la clase media una base más sólida al crear una prosperidad más repartida y proporcionar más apoyo y seguridad a las familias y los trabajadores que el “capitalismo de Wall Street” estadounidense.

Hoy vemos que China, India, Brasil, Rusia y otros países de todo el mundo intentan construir sus propias versiones de este modelo de desarrollo basado en la clase media. Las economías de India y Brasil están en pleno desarrollo y siguen el camino conocido que conduce a la sociedad de clases medias. En este proceso, la eficacia del gobierno es un ingrediente esencial; en muchos aspectos, la condición indispensable que determina el éxito o el fracaso. Pero este proceso dura decenios y, en realidad, éstos se miden a posteriori, no en el mismo momento.
Por eso, la pregunta respecto a 2050 es: ¿conseguirán estos países promover el modelo de sociedad basada en las clases medias? ¿Y puede el entorno planetario soportar esa explosión que añadirá aproximadamente 5.000 millones de personas a la clase media?

Creo que la respuesta a la primera pregunta es un rotundo sí. El modo de vida de la clase media, en gran medida, responde a los impulsos más básicos del ser humano: la pasión por la vida, la libertad, las oportunidades y la búsqueda de la felicidad, incluidas las diversiones y los placeres. Es una afirmación que vale para todas las naciones.

El mundo necesita descubrir cómo pueden mantener las economías desarrolladas a sus ciudadanos sin recurrir a tasas de crecimiento muy elevadas, burbujas de activos ni un consumo desatado y cómo tener un avance que sea ecológicamente sostenible. (…) El proceso de rediseñar el capitalismo con arreglo al modelo de capitalismo social tardará muchos años, pero tengo un optimismo precavido al respecto y pienso que saldrá bien. Creo que los esfuerzos producirán resultado porque no hay más remedio. ¿Qué alternativas hay? Europa ya ha probado con siglos de guerras enconadas y destructivas, y no consiguió nada. No, la forma de avanzar es, en los países en vías de desarrollo, ampliar la clase media, y en los desarrollados, mantener esa clase media e implementar las prácticas sostenibles desde el punto de vista ecológico y económico. En la sociedad inteligente derivada de todo ello, el proceso de convergencia resultante de la globalización estimulará las mejores prácticas en materia de instituciones y políticas de apalancamiento.

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Lea el artículo completo aquí.

¿Se acerca el fin del sistema económico tal como lo conocemos?

Para los preocupados por la crisis económica mundial leer diversos puntos de vista puede ayudar a descubrir elementos fundamentales que están presentes en las actuales circunstancias y que necesariamente serán determinantes en el desenlace de esta etapa de la historia de la humanidad. Independientemente de cómo enfoquemos este momento, el artículo del teólogo Leonardo Boff contiene unas predicciones sobre el camino que lleva la humanidad que es preciso tomar en cuenta a la hora de enfrentar la crisis.

¿Crisis terminal del capitalismo?

Leonardo Boff, 24-Junio-2011

Vengo sosteniendo que la crisis actual del capitalismo es más que coyuntural y estructural. Es terminal. ¿Ha llegado el final del genio del capitalismo para adaptarse siempre a cualquier circunstancia? Soy consciente de que pocas personas sustentan esta tesis. Dos razones, sin embargo, me llevan a esta interpretación.

La primera es la siguiente: la crisis es terminal porque todos nosotros, pero particularmente el capitalismo, nos hemos saltado los límites de la Tierra. Hemos ocupado, depredando, todo el planeta, deshaciendo su sutil equilibrio y agotando sus bienes y servicios hasta el punto de que no consigue reponer por su cuenta lo que le han secuestrado. Ya a mediados del siglo XIX Karl Marx escribía proféticamente que la tendencia del capital iba en dirección a destruir sus dos fuentes de riqueza y de reproducción: la naturaleza y el trabajo. Es lo que está ocurriendo.

La naturaleza efectivamente se encuentra sometida a un gran estrés, como nunca antes lo estuvo, por lo menos en el último siglo, sin contar las 15 grandes diezmaciones que conoció a lo largo de su historia de más de cuatro mil millones de años. Los fenómenos extremos verificables en todas las regiones y los cambios climáticos, que tienden a un calentamiento global creciente, hablan a favor de la tesis de Marx. ¿Sin naturaleza cómo va a reproducirse el capitalismo? Ha dado con un límite insuperable.

Él capitalismo precariza o prescinde del trabajo. Existe gran desarrollo sin trabajo. El aparato productivo informatizado y robotizado produce más y mejor, con casi ningún trabajo. La consecuencia directa es el desempleo estructural.

Millones de personas no van a ingresar nunca jamás en el mundo del trabajo, ni siquiera como ejército de reserva. El trabajo, de depender del capital, ha pasado a prescindir de él. En España el desempleo alcanza al 20% de la población general, y al 40% de los jóvenes. En Portugal al 12% del país, y al 30% entre los jóvenes. Esto significa una grave crisis social, como la que asola en este momento a Grecia. Se sacrifica a toda la sociedad en nombre de una economía, hecha no para atender las demandas humanas sino para pagar la deuda con los bancos y con el sistema financiero. Marx tiene razón: el trabajo explotado ya no es fuente de riqueza. Lo es la máquina.

La segunda razón está ligada a la crisis humanitaria que el capitalismo está generando. Antes estaba limitada a los países periféricos. Hoy es global y ha alcanzado a los países centrales. No se puede resolver la cuestión económica desmontando la sociedad. Las víctimas, entrelazas por nuevas avenidas de comunicación, resisten, se rebelan y amenazan el orden vigente. Cada vez más personas, especialmente jóvenes, no aceptan la lógica perversa de la economía política capitalista: la dictadura de las finanzas que, vía el mercado, somete los Estados a sus intereses, y el rentabilismo de los capitales especulativos que circulan de unas bolsas a otras obteniendo ganancias sin producir absolutamente nada a no ser más dinero para sus rentistas.

El propio aspecto del capital que creó el veneno es el que lo puede matar: al exigir a los trabajadores una formación técnica cada vez mejor para estar a la altura del crecimiento acelerado y de la mayor competitividad, creó involuntariamente personas que piensan. Éstas, lentamente van descubriendo la perversidad del sistema que despelleja a las personas en nombre de una acumulación meramente material, que se muestra sin corazón al exigir más y más eficiencia hasta el punto de llevar a los trabajadores a un estrés profundo, a la desesperación, y en algunos casos, al suicidio, como ocurre en varios países y también en Brasil.

Las calles de varios países europeos y árabes, los “indignados” que llenan las plazas de España y de Grecia son expresión de una rebelión contra el sistema político vigente a remolque del mercado y de la lógica del capital. Los jóvenes españoles gritan: «no es una crisis, es un robo». Los ladrones están afincados en Wall Street, en el FMI y en el Banco Central Europeo, es decir, son los sumos sacerdotes del capital globalizado y explotador.

Al agravarse la crisis crecerán en todo el mundo las multitudes que no aguanten más las consecuencias de la superexplotación de sus vidas y de la vida de la Tierra y se rebelen contra este sistema económico que ahora agoniza, no por envejecimiento, sino por la fuerza del veneno y de las contradicciones que ha creado, castigando a la Madre Tierra y afligiendo la vida de sus hijos e hijas.

Leonardo Boff es Teólogo / Filósofo y autor de Proteger a la Tierra-cuidar de la vida: como evitar el fin del mundo, Record 2010.

Fuente: Koinonia
[ Traducción de JMG]

Una nueva oportunidad para derogar la Ley de Cabotaje / por Lcdo. Rolando Emmanuelli Jiménez.

La Ley de Cabotaje establece que para que se pueda transportar una mercadería en un buque entre dos puertos norteamericanos, digamos entre San Juan y Nueva York, es indispensable utilizar barcos fabricados en los Estados Unidos, de matrícula norteamericana, cuyos dueños sean norteamericanos y que los marinos también sean norteamericanos.  Esta es una ley monopolística, ya que no permite la libre competencia de barcos con bandera extranjera que generalmente ofrecen tarifas más económicas.

El Senador federal republicano John Machain sometió un proyecto de ley para derogar la Ley de Cabotaje. El Senador denuncia el enorme costo de mantener esta ley. La coyuntura histórica actual es especial por el derrame de petróleo del Golfo de México. En esa emergencia tan grave los buques de países extranjeros que tienen el equipo necesario para ayudar a paliar el daño, no pueden intervenir, porque muchas de sus actividades de ayuda violan la Ley de Cabotaje.

Esto presenta una nueva oportunidad para luchar por el desarrollo de nuestra economía y particularmente, fomentar el desarrollo pleno del Puerto de las Américas.

El Senador expresó de manera contundente el impacto económico de la Ley al decir que conforme a varios estudios de la Comisión Americana de Comercio Internacional, eliminar la ley rebajará los costo de transportación en un 22%, por lo que ocurrirá un ahorro de $656 millones de dólares. Esto representa un ahorro entre los $3,000 y $4,000 en los bienes de consumo que compran los ciudadanos de Alaska y Hawaii.

 Es una regla básica de economía que si una empresa no tiene competencia, controla fácilmente el precio de sus productos en el mercado y si se trata de un producto esencial o de primera necesidad, los consumidores estamos obligados a adquirirlo al precio fijado. El sistema capitalista se basa en la premisa teórica de que la libre competencia permite innovación, agresividad empresarial, control de costos y motivación para penetrar nuevos mercados de consumidores mediante precios más bajos. El mercado ideal, que evidentemente no existe, es uno en que comerciantes compiten de igual a igual y están todo el tiempo buscando maneras de presentar su producto de la manera más barata al mercado, para que sea más atractivo al consumidor. Sin embargo, esa no es la realidad, porque en el mundo capitalista no todas las empresas tienen el mismo poderío e influencia. Además, existe legislación que protege monopolios o carteles empresariales que dominan el mercado, y por ende, establecen un precio que generalmente es mucho más alto para el consumidor.  Ese es el caso de la Ley de Cabotaje.

Las leyes de cabotaje protegen el dominio de la marina mercante norteamericana y el sistema empresarial que le apoya, y por ende, les confiere el poder de controlar el precio de la trasportación de los producto y mercaderías.  Los estudios comisionados en cuanto al costo para Puerto Rico de la Ley de Cabotaje concluyen, que dado el costo de la transportación marítima, cada producto que se importa a Puerto Rico desde Estados Unidos es de 25 a 30 por ciento más caro.  Como el 80% de los productos que recibimos del exterior provienen de Estados Unidos, el impacto inflacionario es devastador.

 La Ley de Cabotaje tiene como fundamento histórico la protección de la marina mercante norteamericana para tenerla disponible en caso de un conflicto bélico. La teoría es que teniendo una marina mercante saludable económicamente, en caso de una conflagración, se pueden utilizar los barcos para dar apoyo a la marina de guerra mediante el transporte de suministros, combustible y tropas. Durante la segunda guerra mundial se utilizaron cientos de buques civiles para abastecer los esfuerzos de guerra en Europa y el Pacífico. Sin embargo, en la guerra del Golfo de 1991, la participación de la marina mercante norteamericana fue mínima. Lo mismo ha ocurrido con la guerra de Irak. El poderío que ha desarrollado la marina de guerra hace innecesario la utilización de barcos civiles, por tanto esa justificación no tiene validez en el mundo contemporáneo.

Sin embargo, cerca de cien años de cabotaje han creado una madeja de intereses navieros, portuarios, laborales y políticos que luchan muy bien organizados por el sostenimiento de estas leyes, porque protegen sus negocios, empleos y poder político. Esto hace que la derogación o modificación requiera esfuerzos extraordinarios con una estrategia de envergadura nacional, agresiva y bien pensada.

 La Ley de Cabotaje no es un asunto político partidista.  Es un asunto de suma urgencia para nuestra economía y sociedad que ha levantado voces tan diversas como la Cámara de Comercio del Sur, la Alianza ProSur, el Hon. Salvador Casellas, juez de la Corte de Distrito Federal, el senador Pedro Roselló Gonzȧlez, el Gobernador Acevedo Vilá, el Hon. Francisco Zayas Seijo, Alcalde de Ponce y otros funcionarios importantes del gobierno.  Sin embargo, es poco lo que ha hecho en esa dirección. Es indispensable que la teoría se manifieste en acción concreta.  La eliminación de las leyes de cabotaje debe estar entre las prioridades de la agenda.

La lucha contra la Ley de Cabotaje exige unidad de todos los sectores.  Esta es una de las cadenas más duras de control económico y su eliminación es una de las maneras más efectivas de combatir la grave crisis económica que sufre Puerto Rico, ya que de abrirse los mercados a los barcos extranjeros, debe comenzar una disminución de los precios de la transportación marítima, y por tanto, de los productos que provienen de los Estados Unidos. 

Por otro lado, y de gran importancia para Ponce y el Sur de Puerto Rico, la derogación de esta nefasta ley permitirá que el Puerto de las Américas pueda desarrollar rutas comerciales desde Asia y Europa usando barcos de bandera extranjera que transborden en Ponce y partan hacia Estados Unidos, para duplicar así la rentabilidad del Puerto. Esto es lo que hemos llamado, el desarrollo pleno del Puerto.

El autor es abogado notario, Presidente del Bufete Emmanuelli en Ponce, Presidente de la  Alianza Pro Sur, Vicepresidente de DISUR, Inc., pasado presidente de la Cámara de Comercio del Sur de Puerto Rico y anfitrión del programa Debido Proceso de Ley, que se transmite todos los sábados a las 11:00 de la mañana por WPAB 550.  Para mayor información vea:www.debidoproceso.com

Desmembrar la Región Sur debilita a Guayama como polo de desarrollo

URGE DEFINIR LA REGIÓN SUR CONFORME A LOS 15 MUNICIPIOS QUE COMPONEN DISUR / por Lcdo. Rolando Emmanuelli Jiménez

Desde el 2006, la Región Sur se ha ido compenetrando en una corporación sin fines de lucro bajo la Ley de Municipios Autónomos conocida como DISUR, Inc.  El propósito de esta unión es establecer planes de desarrollo socioeconómico integrales que aprovechen nuestras ventajas competitivas a nivel global y el lograr que el gobierno nos delegue las competencias de planificación regional, turismo, fomento y desarrollo industrial, para implantar estrategias de desarrollo a tono con nuestras realidades. 
 
Fue promesa de la administración del gobernador Fortuño establecer modelos de desarrollo y planificación regionales.  A esos fines, el Ing. Héctor Morales, Presidente de la Junta de Planificación, le expresó a este servidor a principios del 2009, que iba a implantar un plan agresivo para lograr la
regionalización.

Posteriormente, el Ing. Morales compareció a una presentación que le hizo DISUR y expresó; “No me imaginaba que DISUR estuviera tan adelantado en la regionalización”. 
 
DISUR está en el proceso de aprobar su plan de trabajo y cuenta con los activos, ventajas y esfuerzos concertados de los 15 municipios que van desde Patillas hasta Guánica, pasando por el centro por Coamo, Villalba, Adjuntas y Jayuya.  La integración de estos municipios en DISUR no es una mera casualidad, capricho o imposición gubernamental.  Esto responde a la voluntad de acción, colaboración y propósito común que se funda en una realidad territorial, geográfica, económica, social, empresarial, industrial, deportiva y educativa, que hace claro que componemos un conglomerado homogéneo y con gran potencial de desarrollo integral.
 
En el esfuerzo de llevar a cabo una definición territorial regional de Puerto Rico, y a fines de establecer los planes de uso de terreno, la Junta de Planificación encomendó a la Arquitecta Liz Meléndez la realización de un estudio exhaustivo para fijar los linderos territoriales de las regiones. La recomendación preliminar de este estudio fue presentada a DISUR recientemente y muestra un cuadro en que se fracciona de forma irreparable la Región Sur, pues se propone que los municipios de Guayama, Arroyo y Patillas se integren a la región central de Caguas. 
 
En la presentación, la Junta de Directores de DISUR agradeció el esfuerzo extraordinario de la Junta de Planificación, y particularmente de la arquitecta Liz Meléndez, para lograr una regionalización efectiva, pero le expresó detalladamente múltiples y válidas razones por las cuales no se debe fragmentar la región de 15 municipios de DISUR. El impacto negativo inmediato de esta fragmentación será en la capacidad de la Región Sur para competir a nivel global. La arquitecta Liz Meléndez acogió toda la información y planteamientos de manera muy receptiva y la va a analizar para hacer una recomendación final. 
 
Ante esta situación, la Junta de Directores pospuso la aprobación de su Plan de Acción y dirigirá sus esfuerzos para mantener la integridad de DISUR.
 
Si se fragmenta la Región Sur, pierde todo el Sur, pero particularmente, pierden Ponce y Guayama, porque son municipios que constituyen polos de desarrollo económico que mantienen sinergia, tienen industrias que van a utilizar el Puerto de las Américas y son ejes del Tren del Sur, que permitirá el desarrollo de zonas de valor añadido por toda la Región Sur. Las Honorables Alcaldesas Glorimari Jaime y María Meléndez Altieri deben dejar saber su opinión y luchar para que no se implante este cambio.
 
Es indispensable que la Junta de Planificación mantenga a Patillas, Arroyo y Guayama en la definición de la Región Sur.  La Región Sur debe estar vigilante para que no se materialicen cambios que afecten nuestra voluntad de unión y desarrollo integral sostenido y sustentable.

©Rolando Emmanuelli Jiménez, J.D.

El autor es abogado notario, Presidente del Bufete Emmanuelli, C.S.P., en Ponce, Presidente de la Alianza Pro Sur, Vicepresidente de DISUR, Inc., pasado presidente de la Cámara de Comercio del Sur de Puerto Rico y anfitrión del programa Debido Proceso de Ley, que se transmite todos los sábados a las 11:00 de la mañana por WPAB 550.

Notas para la historia económica de un municipio del sur de Puerto Rico: Salinas / Danilo A. Cruz Miranda

Una visión realista de la historia se hace cada día más imperativa en la medida que el tiempo transcurre. Es necesario ir fondeando la historia de Salinas con el interés de conocer y divulgar ese pasado desconocido.

Nuestra historia nace y se forma en las salinas, el hato y la tradicional hacienda de azúcar. Tenemos, obligatoriamente, que desempolvar la verdadera cara de la historia de Salinas alrededor de estos tres renglones económicos.

Tan pronto como 1517 vemos los primeros vestigios de actividad económica en la saca de sal (extracción de sal en las salinas de Las Mareas), cuyo excedente se exportaba hacia otros países y regiones, desde el puerto, cerca del río Abey, hoy río Nígua.

Esta incipiente actividad económica propició los primeros asentamientos en la Comarca de Abey y es esa coyuntura la que marca, con el correr de los años, la aparición del caserío de Las Salinas de la Villa de San Blás de Illesca de Coamo.

A principio del siglo XVIII y fines del XIX, Salinas dependía de una economía de enclave, dedicada a la agricultura. Una vez la extracción de sal pierde la hegemonía, comienza el desarrollo del hato. El cual será la punta de lanza de una nueva actividad mercantil.

La industria del hato la compone la crianza de ganado vacuno, caballar y mular, además del cultivo de yerba pangola para el sustento de ésta.

Este renglón económico fue lo suficiente productivo, capaz de generar el capital, para la estructuración y construcción de los primeros cimientos de la siembra y procesamiento de la caña de azúcar. De la renta del hato, hoy le llamamos ganancia, beneficio, utilidad o dividendo, de todas maneras da igual, es donde surge el capital para invertir en las tierras llanas y fértiles de la Comarca de Abey.

Es en ese momento donde surge la hacienda.

canaveralLas haciendas agrícolas están constituida de suficiente cuerdaje para la siembra, suficiente mano de obra, jornaleros o esclavos y la existencia de un trapiche o máquina de vapor para elaborar la caña. Es así como surge la época de las haciendas de caña de azúcar: la bendita caña de azúcar o la maldición del melao.

La hegemonía del azúcar en las tierras de Salinas duró casi dos siglos.

De esas haciendas que se establecieron en Salinas a principio de siglo XIX y en sus postrimerías, podemos mencionar las siguientes: Carmen, Margarita, Rosada, Aguirre, Providencia, Magdalena, Lanausse, Isidora, Teresa, Fortuna, Amadeo, Bejucal y otras.

Muchas de estas haciendas todavía existían al principio del Siglo XX.

Al surgir el cambio político, 1898, donde pasamos de la soberanía de España, a la colonia de Estados Unidos, también se trastoca el modo de producción económica. En nuestro caso en particular vemos la inserción de la corporación norteamericana en la economía de Salinas.

La Aguirre Sugar Company, Central Aguirre Syndicate, Luce & Company fueron las razones sociales en las cuales operaba la gran corporación de los inversionistas de Boston y la presencia de estos inversionistas cambia el modo de producción de nuestra economía local.

En el 1898 a 1899 es el periodo de formación de lo que se conocería como el Coloso del Sur. Las pequeñas haciendas resultaban un estorbo para el desarrollo del futuro monopolio del azúcar. Se inicia una campaña agresiva para comprar las tierras a los colonos, los que no vendían poco a poco fueron cayendo al hipotecar sus tierras con los nuevos centralistas; se inicia así el nuevo acaparamiento del valle costero de Salinas por parte de los inversionistas del norte.

La Aguirre Sugar Company, con sus nuevos molinos, en los cuales procesaban la caña, se convirtió en el mayor productor de azúcar en la región.

Los colonos – dueños de las haciendas que tenían cultivos de caña – estaban obligados a venderle su producto a la Aguirre Sugar & Co, al precio que imponían éstos últimos.

Fue ésta la condición, entre otros factores, que dio margen para la bancarrota de los colonos y, por ende, el enriquecimiento del nuevo monopolio.

Es bueno mencionar, para ubicarnos en la historia, la inserción de inmigrantes en la vida social en el primer cuarto de siglo XIX, en su mayoría de origen corso, que trajeron nuevas técnicas mercantiles, las cuales fortalecieron una floreciente economía salinense.

La Cédula de Gracia permitió la llegada de gentes con destrezas dando paso al florecimiento del comercio y el sector agrícola. Es a partir de este periodo donde Salinas adquiere unas características de ciudad pequeña.

La última mitad de siglo XIX fue una de prosperidad para la Comarca de Abey. Proliferaron las haciendas, el comercio, y los servicios se expandieron. Se incrementó la población.

El 22 de julio de 1841 se reúne la Junta de Vecinos del nuevo pueblo, convirtiéndose el antiguo barrio de Salinas de Coamo en municipio.

Ante esta relativa prosperidad, en el casco del pueblo empezaron a llegar ambiciosos de otros pueblos, de la montaña y de las Antillas Menores.

Todo esto contribuyó al proceso y desarrollo de Salinas. Es así como surge el contorno del casco del pueblo; la plaza Delicias, Casa Alcaldía –cabildo-, la parroquia, carnicería, cuartel civil, escuela, tahona, farmacia, corte, médico, sastres, carpinteros, pulperías y almacenes,…

Ese periodo bien se le podría denominar como la época dorada de Salinas.

 

 

 

El autor estudió economía en la UNAM. Aunque natural de Salinas, Puerto Rico, reside hace más de una década en la zona metropolitana de San Juan donde labora para un sindicato. Ha escrito artículos de temática social y política, muchos de ellos de corte satírico. Sus escritos aparecen en periódicos y revistas locales.