El efecto Trump (Anécdota)

por Maria “Charito” Ibarra

Me encontraba, haciendo los recados[1] de la semana en la megatienda de mi pueblito. Eran las 3:00 de la tarde de uno de esos días en que la gente sale de compras pues llega el fin de semana. Apurando el paso pa’ terminar y evitar el tapón, me tropiezo con un gentío de mejicanos ¡Diablos, eran como mil!

Entraban en bandadas vestidos con camisetas de diversos colores con la intensión de arrasar la tienda.  Unos vestían camisetas rojas, otros amarillas. Por la otra puerta entraban los que vestían de marrón, y detrás aparecieron otros vestidos de azul y al fondo vi otros con camisetas purpura. Mi marido que estaba en el estacionamiento me llamó al celular y me dijo, “Vieja, avanza que van como 150 mejicanos pa’ la tienda”. Le conteste, “ya los veo venir, no me apures que esto no me la pierdo, así que espera tranquilo.”

Parecían escolares de una gira campestre. Unos a mi derecha, otros a mi izquierda.  La curiosidad me empieza a picar, “jum, serán manifestantes políticos, feligreses, inmigrantes o serán refugiados, Charo, ¿por favor?”

Me reía por dentro porque la escena se tornó llamativa y jocosa. Me dedique a observarlos mientras mi mente, influenciada por las tensiones post eleccionarios, maquinaba lo peor.

“Ay, mi madre, imagínate que entre el presidente-electo Trump por la puerta principal.”

De momento, se escucha un helicóptero sobrevolando el techo de la megatienda… y me dije a mi misma, “Ja, ahora sí que se jodió esto; inmigración al rescate de los hermanitos indocumentados, ¿what?”

Acelere mis recados temiendo que se formara un revolú. ¡Ay Dios! Mi estrés se disparó porque los mejicanos bloqueaban el área donde exhiben las cosas que pretendía comprar.  “¡Ahora, si me chavé!”

Apresuradamente llenaban sus carritos de harina para sus tortillas, crema agria, detergentes para laver ropa.  ¡OMG! Otra vez, trataba de controlarme y me decía, “Charo, por Dios, MIND YOUR BUSINESS.”

Decidí tranquilizarme.  Actuaban como hormiguitas, corriendo pa’ qui y pa’ lla. Me llamó la atención las expresiones de los blancos: unos miraban sorprendidos; otros se miraban unos a otros como diciendo, “Por eso me alegro que haya ganado Trump, es que se van to’s pa’… México.”  Jam, eso me provocó una carcajada. Pero, me controle. “¡Mi madre, no puedo!”   La verdad que aquella algarabía resultaba una tragicomedia.

Aunque terminé de hacer mis compas mi mente seguía centrada en la inesperada presencia de aquellos clientes.  Iba a dejarle saber a la cajera que se preparara porque venía un grupo grande, pero me aguante.

Camino de regreso a casa conversé con mi marido sobre la situación de los mexicanos en los Estados Unidos.  Indocumentados o no, los mexicanos son gente trabajadora que disfrutan la vida.  La mayoría se ganan la vida en trabajos duros y mal pagos.

Si Trump los deporta el mundo laboral se trastocaría por el tipo de trabajo que realizan muchos de ellos. ¿Quién recogerá los productos agrícolas que llegan a la mesa presidencial? o, ¿quién hará la limpieza en la Casa Blanca o en los negocios y hoteles de lujo de su propiedad? ¿Quiénes lavarán las toallas, y los baños e inodoros?

Los indocumentados, a pesar de las duras condiciones de trabajo que enfrentan, aportan tanto como cualquier otro grupo a la economía de esta nación.

Mientras a mi mente vino la canción….”I like to live in Americaaa…”

por Maria Charo Ibarra, Florida, 2016

Foto Associate Press

[1] Compras

Lo que Donald Trump significa / José Manuel Solá

trump 1Reflexionando en cuanto al proceso primarista de los E.U. del cual el empresario Donald Trump podría resultar (y por lo visto, no es descabellado pensarlo) ganador de la presidencia de esa nación, pienso que no se trata únicamente de las elecciones de 2016 -en las que, en el mejor de los casos no debería prevalecer-. Se trata de mucho más y esa es la preocupación.

Uno pensaría que los aparentes avances de la minoría afro-norteamericana resultados de las luchas por los derechos civiles, humanos, de la década de los ’60 y las posteriores se habían hecho sólidos. Las circunstancias actuales nos demuestran que no es así; bueno, no del todo. El reptil del racismo, la xenofobia, la intolerancia, no está muerto. Está latente, vivo, agazapado en la mentalidad del norteamericano promedio, en espera del momento oportuno para clavar sus colmillos… es sólo cuestión de tiempo.

El discurso inflamatorio de Trump ha avivado al Voldemort de esa mentalidad, le ha insuflado un nuevo aire de odios. Por tanto (o eso pienso ahora que escribo con un solo dedo, directamente a la computadora, de forma imperfecta, sin borrador) no se trata solamente de las elecciones de noviembre; se trata de lo que, (gane o pierda el magnate la contienda electoral) sucederá después de noviembre. Trump le ha reconocido validez a los sentimientos de odio y atropello vivos en el corazón de la mayoría anglosajon de todos los estratos de la sociedad del Norte. Y pidiendo a Dios que pueda yo estar equivocado, pienso que ha abierto unas puertas que muchos creíamos nunca se abrirían. Una vez abiertas -me parece a mí- no habrá poder en la tierra que las cierre hasta que la “promised land” que alegadamente mana leche y miel se extinga por sus propias acciones y por su propia mano. Y esto, como el llamado efecto domino, tendrá repercusiones -funestas, en su mayoría- en muchas otras naciones.

Lamentablemente, todo este proceso divierte a la población de los E.U. que lo ven como algo folklórico, como un sarampión pasajero. Así mismo, los medios de comunicación que a diario celebran tener noticias que exacerban esos sentimientos y venden sus productos. Obviamente hay, sí, conciencia e inquietud en una minoría pensante que se resiste a la manipulación de los medios. Pero son sólo eso: una minoría.

Como dije, no se trata únicamente de las elecciones de noviembre de este año. Se trata de lo que uno puede observar más allá de esa línea del horizonte electoral, se trata del espectro de los odios a los que Trump ha dado validez y patente de corso para el futuro. Trump y sus acólitos han sembrado y regado la semilla.

José Manuel Solá / 13 de marzo de 2016

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La ley contra el discrimen por razón de orientación sexual favorece a todos.

¿Por qué tanto revuelo por la aprobación de una ley que prohíbe el discrimen en el empleo por orientación sexual?  ¿Acaso se nos olvida que todos tenemos una orientación sexual?

no discriminacion¿Quién asegura que solo la población “rara” puede ser discriminada por orientación sexual? ¿Acaso se nos olvida que por razón de orientación e identidad sexual, ya sea heterosexual, bisexual, homosexual y otros, miles de personas han sido esclavizadas, perseguidas, discriminadas, acosadas, violadas y asesinadas?

La tendencia a subordinar la razón a doctrinas, prejuicios e intereses conduce al derechocidio y a la injusticia.  La patética oposición de los sectores homofóbicos y religiosos recuerda las férreas y violentas  acciones contra la reivindicación de todos los derechos humanos a lo largo de la historia.

Los que se oponen recuerden que la historia los colocará en el bando repudiable de los violadores de derechos humanos.  En la misma dimensión de repudio en que se recuerda a los paganos que echaban a los leones a los primeros cristianos;  o a los cristianos que esclavizaban indígenas y africanos afirmando que poseían un alma inferior.  Baste mencionar, además, a los Gorge Wallace de la vida, que tanta violencia antisegregacionista generaron en el sur de los Estados Unidos y que le costó la vida a muchos afroestadounidenses y a Martin Luther King hijo.  En mi pueblo, recuerdo un anciano que hasta sus últimos días maldecía que se les hubiera otorgado a las mujeres el derecho al voto.

El derecho que prohíbe la discriminación en el empleo es un derecho para todos y no meras majaderías de sus proponentes. Sería ingenuo pensar que no se discrimina por identidad sexual, como se discrimina por apariencia física, color de piel y procedencia del título universitario.

Para ilustrarlo basta con imaginar si un supuesto homofóbico como Tommy Rivera Schätz escogería para un puesto de trabajo a una persona abiertamente homosexual aún cuando por sus méritos sobresalga frente a candidatos heterosexuales. Lo mismo puede pensarse de un empleador que por razones de preferencia sexual intencionalmente termine discriminado contra un heterosexual para favorecer a un candidato gay. Todos sabemos que en el mundo de los empleadores hay decenas de factores meramente preferenciales, si no de “palas”, que determinan la selección.  Por eso, es justo para todos que se eleve al plano legal el derecho a no ser discriminado por razón de orientación sexual.

Las principales consideraciones en torno al proyecto de ley para prohibir el discrimen por orientación sexual no son morales.  La moral no es equitativa, los derechos sí. La moral aún cuando es ampliamente aceptada por un grupo social puede no ser justa ni igualitaria, e infringirla, aún cuando lo hace toda clase de individuo, suele fomentar prejuicios contra grupos desfavorecidos.  En fin, despojemos este proyecto de prejuicios y de intentos de imponerles nuestra moral a otros.  Cuide de no violentar la moral quien la predica, pero luchemos por proteger los derechos de todos, aún de quienes los repudian. Sabio es el dicho sobre la protección legal de los derechos: “es mejor tenerlos y no necesitarlo, que no tenerlos y necesitarlos.

Sergio A. Rodríguez Sosa