El contrato probatorio de trabajo y los despidos sin causa justa

Lcdo. Eugenio Martínez Rodríguez

3despidoUn contrato probatorio de trabajo es un documento que establece que a determinada persona se le está contratando para trabajar por un tiempo en específico, y no sin tiempo determinado. Su propósito principal es eximir al patrono de tener que cumplir con las disposiciones de la Ley de indemnización por despido sin justa causa[1], entiendase de poder dar por terminado el contrato de trabajo sin causa[2], y y sin tener que indeminizar al empleado por ello[3].

El art. 8 de la Ley de indemnización por despido sin justa causa, establece los requisitos para que una contratación sea válida como contrato probatorio, los cuales son:

  1. Que el contrato se realice por escrito;
  2. Que se haga constar la fecha en que el empleado comienza a trabajar y la fecha en que terminará el periodo probatorio;
  3. Que el periodo probatorio no exceda el término de 3 meses;
  4. que el contrato se firme antes de que el empleado comience a prestar servicios para el patron.

No obstante lo anterior, el periodo probatorio podrá extenderse hasta un máximo de 6 meses con permiso escrito del Secretario del Trabajo y Recursos Humano, y cuando los empleados estén unionados, la estipulación sobre dicha extensión podrá efectuarse por medio del convenio colectivo o acuerdo escrito entre la Unión y el patrono, sin necesidad de permiso especial del Secretario.

La ley clara y tanjantemente aclara que el incumplimiento de los anteriores requisitos hará del contrato probatorio uno ilegal y nulo, teniendo, en consecuencia, el empleado estatus de empleado sin tiempo determinado, lo cual lo hará acreedor de la indemización por despido sin causa. Por ejemplo, si empleado comienza a trabajar un lunes, y no es hasta el martes que firma el contrato probatorio de trabajo, dicho contrato será ilegal y nulo, y el empleado tendrá estatus de empleado sin tiempo determinado con derecho a indeminizacin en caso de ser despedido sin causa.

[1] Ley Núm. 80 de 30 de mayo de 1976, según enmendada

[2] La Ley establece como causa para despido lo siguiente:

(a) Que el obrero siga un patrón de conducta impropia o desordenada.

(b) La actitud del empleado de no rendir su trabajo en forma eficiente o de hacerlo tardía y negligentemente o en violación de las normas de calidad del producto que se produce o maneja por el establecimiento.

(c) Violación reiterada por el empleado de las reglas y reglamentos razonables establecidas para el funcionamiento del establecimiento siempre que copia escrita de los mismos se haya suministrado oportunamente al empleado.

(d) Cierre total, temporero o parcial de las operaciones del establecimiento.

Disponiéndose que en aquellos casos en que la empresa posea más de una oficina, fábrica, sucursal o planta, el cierre total, temporero o parcial de las operaciones de cualquiera de estos establecimientos, constituirá justa causa para el despido a tenor con este Artículo.

(e) Los cambios tecnológicos o de reorganización, así como los de estilo, diseño o naturaleza del producto que se produce o maneja por el establecimiento y los cambios en los servicios rendidos al público.

(f) Reducciones en empleo que se hacen necesarias debido a una reducción en el volumen de producción, ventas o ganancias, anticipadas o que prevalecen al ocurrir el despido.

[3] De despedirse a un empleao sin causa para ello, la ley establece que deberá pagarse la siguiente indemnización:

(a)    el sueldo correspondiente a dos meses por concepto de indemnización, si el despido ocurre dentro de los primeros cinco (5) años de servicio; el sueldo correspondiente a tres (3) meses si el despido ocurre luego de los cinco (5) años hasta los quince (15) años de servicio; el sueldo correspondiente a seis (6) meses si el despido ocurre luego de los quince (15) años de servicio;

(b)  una indemnización progresiva adicional equivalente a una (1) semana por cada año de servicio, si el despido ocurre dentro de los primeros cinco (5) años de servicio; dos (2) semanas por cada año de servicio, si el despido ocurre luego de los cinco (5) años hasta los quince (15) años de servicio; tres (3) semanas por cada año de servicio, luego de haber completado quince (15) años o más de servicio.

 

Eugenio Martínez Rodríguez, 1913

Tomado de PopJuris

El apoyo (o la trayectoria del huevuño) / Josué Santiago de la Cruz

Apenas le quedaba lo suficiente para hacer una compra más o menos decente por lo que tendría que inventárselas para prolongar, con algunos cheques sin fondo, lo inevitable.

Por la radio el alcalde anunciaba la visita del gobernador a Cerro Hondo: “Vamos a darle un gran recibimiento porque es merecedor de nuestro apoyo”

Sintió, entonces, la fetidez del mensaje en cada sílaba.

despidos11Recordó la frescura en el rostro del ahora gobernador cuando le aseguró a la Comay, durante la contienda electoral, que no habría despidos:

“En mi administración, a la única persona que vamos a botar es al actual gobernador…”

Al poco rato cantó el gallo y las gallinas empezaron a cacarear. La luz matinal se le metió en el lecho y como un chillido, la voz desarticulada de su mujer:

—¡Ya es hora de llevar los niños a la Escuela!

El noticiero anunciaba más despidos. Pero no aumentaremos el IVU.

Camino a la escuela optó por no escuchar las noticias. Prefirió recrearse en el panorama para olvidar que en poco tiempo tendría de levantarse más temprano porque tendría que tomar otra ruta y no mucho después, madrugar todavía más…

Los niños retozaban, ajenos al drama que vivía el padre.

Una muchedumbre se agolpaba a la entrada del plantel.

Era una manifestación de maestros en solidaridad con sus compañeros cesanteados.

Algunos padres se les habían unido y la principal hacía lo imposible por atemperar los ánimos de los protestantes.

—No sólo inflan los precios de la gasolina y todo sino que nos cierran los talleres de trabajo, poniendo en peligro la educación de nuestros niños —protestó uno de los manifestantes en confrontación con la administradora.

—¿Qué pasa, papi? —preguntó la niña y el nene, menor que ella, saludaba con la mano a un compañerito de clases que luchaba por zafarse del agarre de la madre en la línea de piquete.

—El pueblo cumpliendo con su responsabilidad, hija —dijo él en tono ácido.

Cuando vio que ya no hacía caso esperar porque los policías habían levantado una barricada humana entre los portones y los protestantes, dio media vuelta.

De regreso al hogar, con los niños celebrando la extensión del fin de semana, no pudo evadir el recuerdo amargo que lo llevó a aquel viernes de hace aproximadamente un mes.

Con el cheque le llegaron las malas nuevas.

—De verdad que lo siento, Aurelio —le dijo el supervisor.

El fue el primero en la oficina. Quizá porque desde la pasada administración había asumido unas posiciones que le ganaron el respeto y la admiración de sus compañeros  y un cambio de color en la boletería del cuerpo administrativo.

Luego los despidos se multiplicaron y el miedo minó la voluntad de lucha de los que  aún conservaban sus posiciones.

La crisis administrativa, más que la fiscal, marcaba la pauta y el derrotero.

Llegó abatido al hogar.

—¡Dios mío, qué bueno que están de regreso y salvos! Acabo de enterarme por la radio y pensé que ustedes estaban en el revolú. Hubo algunos heridos… —fueron las palabras de la mujer que al verlos los abrazos todavía temblando y llorosa.

Ni un solo gesto se le dibujó en el rostro. Caminó en dirección a la cocina y agarró la funda con el maíz picado que una hora antes había dejado sobre la mesa del comedor. Las gallinas al verlo, se alborozaron y volvió a recordar las paternalistas palabras del alcalde: “Es merecedor de nuestro apoyo”.

Tres o cuatro horas después, Aurelio se convertía en toda una celebridad. Pero contrario a los reclamos del primer mandatario del pueblo, el optó por apoyar a su familia y al pueblo, aún a expensas de su desayuno.

© Josué Santiago de la Cruz, 7 de oct., 2009

Mañana será otro día / Gloria Dones

Dos amigas se encontraron

Frente a la casa alcaldía

Una triste y agobiada

La otra feliz de la vida.

¿Qué te trae por estos lares

Acaso estás de visita?

No, vine por una ayuda

Todo, todo se complica.

ruleta

Fui cesanteada hace poco

No tengo ni pa comida.

Y dime… ¿Tu cómo estás?

Yo gozando noche y día.

Anoche me fui al casino

¡Eso si es vida, mi niña!

Perdí unos cuantos pesitos

Pero eso a quién le importa

Los recuperaré algún día.

Y yo para mis adentros

Decía–¿Es justa la vida?

Tanta gente deambulando

Sin hogar y sin cobija

Nadie le extiende la mano

Ni le brinda una sonrisa.

Pero yo tengo esperanza

Habrá un nuevo amanecer

Mañana será otro día.

© Gloria Dones, julio 2009