Caminando sobre mi historia

Por: Víctor Alvarado Guzmán

Ese domingo de octubre de 2013 estuve despierto desde las cinco de la mañana. Mi hijo, Víctor Daniel, se metió a mi cama huyéndole al frío y buscando el calorcito de sus padres. El se durmió de inmediato y yo no pude dormir más. De pronto recordé que llevaba mucho tiempo tratando de comenzar a hacer ejercicios. Hice varios esfuerzos mentales, hasta que tuve el suficiente ánimo para levantarme e irme a caminar. “Buenos días Papá Dios y bendición mami”, mis primeros dos pensamientos siempre que me levanto de la cama.

A pesar de que el sol aún no salía por el horizonte, la mañana no estaba tan fría como pensé que estaría. Calenté un poco antes de comenzar a caminar, encendí el mp3 y empecé la faena con la canción “Faithfully” del grupo Journey sonando en mis oídos. Salí de mi casa en puntillas, no por la gente que dormía, sino para no alertar a una jauría de perros que estaban cerca.

DSCN0859.JPGComencé a caminar alejándome de la Urb. Evelymar, en dirección del semáforo del delfín. El sol apenas se asomaba tras mis espaldas, cuando llegué hasta la Plaza Monumento a Don Pedro Albizu Campos, en la avenida que lleva su nombre. Imponente su figura con el puño levantado. “La Patria es valor y sacrificio”, una de sus frases que más grabadas tengo en mi alma. Y pensar que el 12 de enero de 2013 se hizo historia en Salinas, cuando se inauguró la Plaza Monumento a Don Pedro. Según el licenciado José Enrique “Quique” Ayoroa Santaliz, en Puerto Rico sólo hay tres pueblos que tienen una estatua de Don Pedro: Mayagüez, Ponce y ahora Salinas.

Doblé hacia la izquierda en el semáforo y comencé a acelerar el paso. Llegué hasta lo que conocemos los salinenses como el Callejón de la Playa. De inmediato vino a mi consciente la imagen de mi papá enseñándole a guiar a mi mamá en ese mismo callejón, en un Maverick verde con capota blanca. En ese tiempo aún el área era un cañaveral y las calles de tierra. Mi hermana Gloria y yo íbamos en la parte de atrás del carro, y mami llegó conduciendo justo hasta el cruce con el callejón. Al otro lado de la calle había un tractor estacionado. Mi mamá iba a doblar a la derecha (hacia La Playa), y tratando de alejarse del tractor, metió el carro en la zanja a la orilla de la calle. Tremendo susto nos llevamos.

Seguí mi caminata y me encontré con una parte importante de mi niñez: las ruinas de la fábrica Westinghouse, luego ABB (donde trabajó mi madre por 11 años), la Urb. La Margarita, el caserío Brisas del Mar (donde viví parte de mi niñez) y el área donde volaba chiringas cuando niño. Recuerdo mi chiringa marca Gayla, color negra, con grandes ojos y una larga cola amarilla. Qué mucho nos divertíamos en esa área. Lástima que fuera ocupada por una fábrica, pues les quitó el espacio a los niños y niñas de Brisas del Mar y La Margarita que volaban sus chiringas allí. Total, la fábrica está cerrada.

Detrás de ese espacio, hay una bomba de agua en un camino que lleva a otra fábrica. Durante mi adolescencia y juventud, venía en bicicleta con mis amigos desde la Urb. Las Mercedes y la Urb. Las Antillas, a abrir la bomba para darnos un chapuzón. Siempre pendientes a la policía o los bomberos, para salir corriendo a tiempo.

2013-12-09+06.43.47.jpgDejando atrás esa parte de mi niñez, venía caminando de regreso por la Albizu. A la orilla de la calle me encontré con un gato muerto. Pensé en la película Avatar, donde los nativos del planeta Pandora, cuando mataban un animal, oraban por ellos. Quizás necesitamos ser más sensible con nuestros animales. Y quizás los gatos deben ser más astutos y no lanzarse a la carretera en el momento que pasa un carro. Las complicaciones de invadir los hábitats naturales.

Ya el sol calentaba y los autos comenzaban a pasar con más frecuencia. Casi al llegar de vuelta al semáforo del delfín, miré con detenimiento la construcción del centro comercial. Donde está el Supermercado Selecto y otros negocios que se han construido en el área. Muchas personas piensan que este tipo de construcción son signos de desarrollo y progreso. Con el tiempo olvidamos los antiguos árboles que había frente al parque de pelota y a la Urb. La Arboleda, y que no hicimos nada por protegerlos. Sólo el amigo René Torres, residente de la Urb. La Margarita, tuvo la valentía de acercarse a cuestionar a los conductores de las palas mecánicas y en minutos apareció la policía. Por mucho tiempo lamenté no haber podido llegar al área y tratar de detener de alguna forma el asesinato de los árboles.

Para colmo, los terrenos donde aún se levantan más edificios y que consumirán nuestra agua, fueron rellenados con las tóxicas cenizas de carbón. Me contó uno de los amigos que trabajó en ese proyecto, que cuando se rellenó toda esa área en el 2007, la directora de la Escuela Superior Stella Márquez tuvo que ir varias veces donde ellos. Al verter las cenizas de carbón y regarlas en el lugar, se levantaba una nube de polvo de ceniza que llegaba hasta la escuela. Y pensar que los estudiantes y maestros de ese tiempo estaban respirando ese material que contiene metales tóxicos y partículas radioactivas. Muchas veces el desarrollo de los ricos, destruye la historia, la salud y la vida de los trabajadores y pobres.

El ladrido de unos perros me sacó de mis cavilaciones. La misma jauría de la cual había escapado de mi calle, ahora se paseaban por la Albizu. Yo que pensaba que esos perros eran exclusivos de mi urbanización. Aceleré el paso, mientras el sol ya calentaba bastante. Justo cuando llegué a mi casa, en mi mp3 sonaba la canción “A mí me gusta mi pueblo”, de Andrés Jiménez. Ese día le encontré otro sentido a una parte de la letra de esa melodía: “Te sigo queriendo, te sigo buscando…”.

La caminata de ese día, además de ser por mi salud, también fue por mi espíritu. Ese día no caminé sobre el asfalto, caminé sobre mi historia. Sigo queriendo y amando tantas cosas que han forjado mi ser, que ha ido construyendo la historia de mi pueblo de Salinas, pero aún sigo buscando la razón de ser de mi existencia. Por eso nunca dejo de luchar. “Si pretendemos vivir, tenemos que luchar”, dijo el hermano independentista Oscar López Rivera, preso aún por ser fiel a su ideal. Y ese día comprendí que me falta mucho por vivir, por lo que tengo mucho por lo cual luchar.

©Víctor Alvarado Guzmán. tomado de El Patriota del Sur el 12/18/2013 09:05:00 a.m.