Un centenario a oscura: llegó la luz eléctrica a Salinas

Por Sergio A. Rodríguez Sosa

A uno días de finalizar el año 2017 cabe recordar el centenario de un evento especial en la historia de Salinas: la llegada de la luz electrica en 1917.

Tras el paso del poderoso Huracán María el 20 de septiembre pasado todo Puerto Rico quedó sin energía eléctrica.  El ruido ensordecedor de las poderosas centrales eléctricas de Aguirre cesó. Todas las demás generadoras eléctricas del país se apagaron.  Un apagón general cubrió de oscuridad las noches borincanas seguido un de generalizado malestar por el lento y desacertado proceso de respuesta y reconstrucción de las autoridades gubernamentales.[1]

Después del huracán, las noches en los llanos y las guindas de Salinas estaban a oscura, sin alumbrado eléctrico.  Tal como era en septiembre de 1917, hace cien años.   Precisamente en aquel momento de 1917 se instalaba en la Salinas un sistema de energía eléctrica alimentado por la central hidroeléctrica de Carite.  Poco a poco los alrededores de la plaza y las calle del pueblo dejaron de alumbrase con faroles de gas, para dar paso a la iluminación eléctrica.

La electricidad siempre ha existido, es un fenómeno natural que el ser humano descubrió temprano en la historia pero que no supo utilizar durante miles de año.  Si examinamos la historia de la humanidad, nos damos cuentas que los grandes avances tecnológicos ocurren cuando se comienza a producir y distribuir energía eléctrica en gran escala.

La producción comercial de energía eléctrica en Puerto Rico comienza a finales del siglo 19. Aunque en 1893 un hacendado instaló en su finca en Villalba una planta eléctrica traída de España, no fue hasta 1897 que empresas privadas comenzaron a comercializar la energía eléctrica en Puerto Rico.

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El gobierno entró en el negocio de producir energía eléctrica luego de la creación del Servicio de Riego de la Costa Sur.  Para desarrollar un sistema de riego en la costa sur se construyeron embalses en Patillas, Guayama y Juana Díaz.   La construcción de represas dio paso a la idea de establecer en 1915 la primera planta hidroeléctrica del gobierno en el embalse de Carite.  Ese mismo año el gobierno inició un programa de electrificación de ciudades y pueblos comenzando con San Juan.

En 1915 el municipio de Salinas, encabezado por el alcalde Julio Benvenuti  y el Concejo Municipal, presidido por Epifanio Vázquez, decidió instalar un sistema de alumbrado eléctrico en la zona urbana de Salinas.  Como primer paso el alcalde envió una carta al jefe del riego de Guayama.  El Concejo Municipal, como consecuencia de la respuesta, comisionó al alcalde para que se trasladara a San Juan a presentar la propuesta y trae a consideración del Concejo los trámites que se deban realizar respecto a permisos, contratos y financiamiento del proyecto[2].

El 3 de junio de 1915 se acordó solicitar al Concejo Ejecutivo de Puerto Rico una franquicia para operar un sistema de distribución eléctrica derivado de la planta hidroeléctrica de Carite. En la solicitud el municipio se comprometió asumir todos los gastos derivados de dotar de alumbrado eléctrico a la población.   Para asumir esos gastos se acordó solicitar al Tesoro Insular un empréstito o anticipo de $4000.[3]   A lo largo del proceso el monto final del empréstito o anticipo solicitado fue de $6,000 y para la obra se aprobó un contrato con el contratista Joaquín Conesa de $7,300.[4]

En los meses subsiguiente de 1915 el municipio realizó gestiones encaminadas a instalar el alumbrado eléctrico.  El Concejo Municipal de Salinas fue informado de que se estaban confeccionando los planos para la distribución eléctrica en Guayama. El 30 de septiembre se solicita al Comisionado del Interior de Puerto Rico que ordenara al ingeniero encargado de ese trabajo que se ocupe también de diseñar los planos para la instalación de la planta eléctrica de Salinas, reiterando que los gastos originado son por la cuenta del municipio.[5]   En octubre de 1915 el Consejo Ejecutivo de Puerto Rico le concedió al municipio la franquicia para instalar y operar un sistema de energía eléctrica.[6]

Durante el año de 1916 las gestiones se centraron en obtener el financiamiento de la obra. Mientras tanto, la Comisión de Riego, la entidad encargada de la producción y distribución de energía eléctrica con la planta de Carite, daba los primeros pasos para levantar líneas de trasmisión eléctrica en Salinas.  El 24 de enero de 1916 el Concejo Municipal se enteró que el gobierno estatal le concedió un permiso a la Comisión de Riego para construir un pequeño desvío en el camino de Lapa, sitio Las Marías, para realizar en ese predio las obras necesarias relacionadas con la instalación de la luz eléctrica en la zona urbana de Salinas.[7]

En una ordenanza aprobada el 10 de agosto de 1916 se hace constar la concesión de la franquicia otorgada en 1915 para instalar y operar un sistema de energía eléctrica y se indica que los planos y el presupuesto de la obra están certificados y aprobados por el Departamento del Interior de Puerto Rico.  Se indica además que el total de la obra asciende a $7,500 de los cuales el municipio había asignado en el presupuesto vigente $1500.  La ordenanza establece que los restantes $6000 se obtendrían de un préstamo al American Colonial Bank  pagaderos en 4 plazos anuales terminando en el presupuesto de 1920-1921.

El empréstito con ese banco no se realizó y fue finalmente el Tesoro de Puerto Rico quien prestó el dinero para realizar la obra.  Ante la duda de si el Tesoro de Puerto Rico financiaría la obra se acudió a la banca privada.  Dado los compromisos asumidos el ayuntamiento acordó presentar ante la Comisión de Hacienda del Concejo Ejecutivo de Puerto Rico una petición para que se aprobara el préstamo solicitado poniendo de relieve ante ese cuerpo la difícil situación que se le habría de crear al municipio si un anticipo del Tesoro no fuera aprobado prontamente.[8]

Uno de los plano para electrificar a Salinas, 1916

Uno de los plano para electrificar a Salinas, preparado en 1916

Las gestiones encaminadas a  obtener el financiamiento del proyecto de energía eléctrica fueron dando frutos.  El 28 de septiembre se aprueba un presupuesto supletorio de 1916-1917 donde se incluyen tres partidas para el proyecto.[9]

Instalación del alumbrado eléctrico en la población   $1,500.00
Instalación eléctrica en los edificios públicos                   $150.00
Compra corriente eléctrica                                               $1,300.00

De igual forma, antes finalizar el 1916 se comunica que el préstamo para financiar la obra lo otorgará el Tesoro de Puerto Rico.  Para tramitar el financiamiento el Concejo Municipal adopta por unanimidad una ordenanza solicitando autorización del Concejo Ejecutivo para contratar un anticipo del Tesoro de Puerto Rico por la cantidad de $6000 pagaderos a cuatro años con intereses de 4.5% anual para dedicarlos mayormente a la  instalación del sistema de alumbrado eléctrico en Salinas.[10]

Para proceder  con el proyecto el Concejo Municipal, mediante ordenanza, aprobó los planos, presupuesto y otros documento confeccionados por el Departamento del Interior de Puerto Rico y autorizó al Comisionado del Interior para que procediera a anunciar y realizar la subasta del referido sistema de alumbrado eléctrico.  De igual manera, ordenó pagar la preparación de planos, presupuesto, etc. de la obra.[11]

Aunque se tenía previsto suspender el contrato del alumbrado público de gas que suplía el contratista Juan Lloréns en abril de 1917 fue prorrogarlo hasta junio debido a que no habían empezado los trabajos de instalación del alumbrado eléctrico.[12] Asimismo se ordenó pagar a los periódicos los anuncios de la subasta.

El 20 de agosto de 1917 el Concejo Municipal autoriza al Comisionado del Interior a extender por la calle Luis Muñoz Rivera la línea de trasmisión de la planta de Carite según propone el comisionado en una carta del 14 del mismo mes. En dicha carta se requiere al alcalde Julio Benvenuti que se traslade a San Juan y deje ultimado este asunto en la forma más ventajosa para el municipio.[13]

Mientras tanto,  el municipio continúa ultimando detalles y asignando fondos para el proyecto. El 27 de septiembre se aprueba un presupuesto supletorio que incluía partidas para continuar con los trabajos de la instalación del alumbrado eléctrico, la compra de materiales para ese fin y la electrificación de los edificios públicos.[14]

Anticipando que ese octubre se comenzaría a suministrar energía eléctrica para el público, en esa misma sesion el concejo Municipal aprobó dos ordenanzas destinadas a atender los requerimientos técnicos y comerciales del sistema.

La primera de ella fijando las tarifas y condiciones para la venta de energía eléctrica al público. Las tarifas aplicaban a residencia y comercio y con dos tipos de servicio: alumbrado solamente o alumbrado y energía eléctrica para mover motores y aparatos eléctricos. Se establecían precios sin contador y con contador.

La segunda ordenanza reglamentaba el modo y las condiciones del suministro de luz y energía eléctrica al público. El reglamento establecía entre otras cosas el costo de conectar una casa o negocio al sistema, los requisitos de la instalación eléctrica interior para conectar una estructura al sistema, el cumplimiento con los códigos de seguridad y el uso ilícito de la energía eléctrica.

A partir de ese momento comenzaban a alumbrarse poco a poco las calles, edificios y viviendas del pequeño poblado de Salinas.  Mediante contrato con el Departamento del Interior, la energía eléctrica la compraba el municipio al Sistema de Riego, la suministraba la planta hidroeléctrica de Carite y la distribuía y cobraba el municipio.[15]

En 1918 se continúa electrificando la población incluyendo dotar de un motor eléctrico al acueducto y la compra de materiales para completar las obras de instalación eléctrica en el hospital y en la casa alcaldía.

En de mayo de 1918 se presentó el proyecto de presupuesto para 1918-1919 en el que se estiman ingreso por cobro de electricidad de $800.00.  Igualmente se incluían partidas de los gastos relacionados con el servicio de energía eléctrica como los salarios del inspector eléctrico municipal  y el vigilante de alumbrado público.  Asimismo partidas para la compra de energía eléctrica y la adquisición de materiales para ampliar y mantener el sistema.[16]

A partir de entonces se inicia un lento proceso de electrificación en Salinas. A mediados de la década del 1940 el 88%  de la población rural de Puerto Rico carecía de energía eléctrica.  En Salinas únicamente el poblado fabril de la Central Aguirre contaba con electricidad. No es hasta principio de la década de 1950 que se logra electrificar la totalidad de los barrios de Salinas.

Cien años despues de la llegada de la electricidad a Salinas, conmemoramos este hecho histórico en medio del apagón más largo en la historia de Puerto Rico.  Cien días después del inicio del apagón de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 2017 la mayoría de los habitantes de Puerto Rico carecen del servicio eléctrico de la AEE.

[1] Véase  noticias y columnas en los periódicos nacionales de los días y meses siguientes al huracán.

[2] Archivo Municipal de Salinas. Concejo Municipal. Libros de actas, 1915-1919. Acta, 20 de mayo de 1915. p 50 (Se citará en lo sucesivo como AMS-CM)

[3] AMS-CM. Op.cit. Acta, 3 de junio de 1915. pp 52-55

[4] Vázquez Bernard de Rodríguez, Ligia.  Salinas de sal y azúcar: su historia 1508-1950.  p.169

[5] AMS-CM. Op.cit. Acta, 30 de septiembre de 1915. pp 84-85

[6] AMS-CM. Libros de minutas, 1915-1919. Minuta, 28 de octubre de 1915. p 33

[7] AMS-CM. Op.cit, Acta, 24 de enero de 1916. pp 100-106.

[8] AMS-CM. Op.cit, Acta, 10 de agosto de 1916. p 137.

[9] AMS-CM. Id. Acta, 28 de septiembre de 1916. p 147.

[10] AMS-CM. Id. Acta, 24 de octubre de 1916. p 150

[11] AMS-CM. Id. Acta, 8 de marzo de 1917. pp 156-157.

[12] AMS-CM. Id. Acta, 14 de abril de 1917. pp 160-161

[13] AMS-CM. Id. Acta, 20 de agosto de 1917. pp 175-176

[14] AMS-CM. Id. Acta, 27 de septiembre de 1917. pp 179-186

[15] AMS-CM. Op.cit, Acta, 11 de octubre de 1917. p 187

[16] AMS-CM. Id. Acta, 16 de mayo de 1918. pp 203-205

 

Bibliografia

Archivo Municipal de Salinas.  Consejo Municipal.  Libros de actas, 1915-1919.

Archivo Municipal de Salinas.  Consejo Municipal.  Libros de minutas, 1915-1919.

Autoridad de Energía Eléctrica.  Pinceladas de nuestra historia.  San Juan, Puerto Rico. Autoridad de Energía Eléctrica, 2016. Disponible en: https://www.aeepr.com/Aeees/historia.asp

Agosto Flores, Linda M.  Historia de la Autoridad de Energía Eléctrica, Parte 1. San Juan, P.R. Asociación de Jubilados de la Autoridad de Energía Eléctrica, 2017.  Disponible en: http://ajaee.org/2017/08/09/historia-de-la-autoridad-de-energia-electrica-parte-1/

Historia del desarrollo de la electricidad.  Caracas: Centro de Conocimientos.  Disponible  en: http://vicentelopez0.tripod.com/Electric.html

Vázquez Bernard de Rodriguez, Ligia.  Salinas de sal y azúcar: su historia, 1508-1950.  Hato Rey, P.R.:  Editorial Casa de Mayo #13,  2000.

Comentando fotografías: Honra a una cepa de líderes comunitarios del ayer

Se nos olvida que somos hijos del pasado y que el presente se disipa a cada bocanada de aire imperceptiblemente.  La memoria suele ser corta y desaparece tras cada muerto desconocido.  El oficio de historiar en el seno de la comunidad amortigua el olvido pero las muerte lo traicionan, cosa que el historiador  busca superar no siempre con éxito, porque antes que él debió existir un registrador.  Tras las huellas andadas va el historiador para recolectar pedazos de pasados y montar la narración que reconstruye el extinto acontecer

Esta foto, publicada por René Santos en Facebook es un registro de la vida comunitaria del poblado Coquí en particular y de Salinas en general.  Registros como este ayudan a mitigar la pérdida de memoria, que tanto empobrece la autoestima y debilita la identidad.  Porque esa imagen es un instante tras la cual hay historias de vida, luchas comunitarias y divergencias.

Publicamos la foto con la intención de que los espectadores ayuden a describirla, a identificar las personas y a comentar lo que sepan en torno a ellas. Asimismo, donde y cuando se tomó la foto. La base para esa identificación son los nombres de Julio Famanía, Pedro Espada, Mister Colón y Arcilio Bahamonte. Es sencillo: indique la fila y la posición de izquierda a derecha que ocupa la persona en la foto.

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Comentando fotografías: Las graduaciones 14ta y 16ta de la Primera Escuela Superior de Salinas

En 1918, Stella Márquez Morales, una mujer de estatura diminuta, fue nombrada Superintendenta del Distrito Escolar Salinas-Santa Isabel.  Había nacido en Ponce y era bisnieta de un terrateniente español llamado  Nicolás Márquez.  Su bisabuelo se estableció inicialmente en Santa Isabel  y con el tiempo compró unas tierras en el barrio Río Jueyes de Salinas, creando una hacienda que llamó Isidora, enalteciendo así el nombre de su hija mayor.

Los comienzos de la labor de Stella Márquez como cabeza del distrito escolar fueron difíciles debido al estado de las escuelas y la educación en Salinas y Santa Isabel. La falta de profesionales naturales de la región, especialmente maestros, la motivó a luchar por el establecimiento de una escuela superior en Salinas.

Felizmente, convenció a las autoridades municipales a que financiaran totalmente la construcción y funcionamiento de la deseada escuela superior.  En 1924 se construyó el edificio que fue inaugurado en 1925 dedicado a la memoria de Luis Muñoz Rivera. La recién inaugurada escuela estaba dotada con los mejores mobiliarios e instalaciones de la época, al punto de no tener que envidiar ninguna otra escuela superior del país. Abrió contando con biblioteca, teatro y laboratorios.  Era financiada casi totalmente con fondos municipales y aunque no había la cantidad de estudiantes requerida para establecer una escuela superior, fue autoriza a funcionar como tal por el Comisionado de Instrucción de Puerto Rico.

Pero no solo logró Stella Márquez  crear una escuela superior y organizar el primer año, sino que se las ingenió para organizar el cuarto año con sólo siete estudiantes.  En un Puerto Rico que le negaba el derecho a la educación a las grandes mayorías y que estaba plagado de analfabetismo,  contra viento y marea en 1928 se realizó la primera graduación de la Escuela Superior de Salinas.  Josefa Monserrate, Julita Semidey, Nemesia Rivera, Rosaura Vázquez, Ada Martínez, Santiago Santiago y Enrique Renta, cinco chicas y dos chicos,  fueron los primeros graduados de la Escuela Superior de Salinas, hace 88 años.

En esta ocasión, Roberto Quiñones nos proporciona dos fotos sobre los graduados de las 14ta y 16ta graduaciones de la Primera Escuela Superior de Salinas. Estas fotos de las clases de 1942 y 1944 recogen los rostros de los compueblanos que en aquellos años lograban graduarse de cuarto año.  Entre ellos, quizás se encuentre el retrato de alguno de sus abuelos, padres y familiares, en el momento de graduarse de la Escuela Superior de Salinas, cuando su sede era el histórico edificio Luis Muñoz Rivera.  Nuestra Primera Escuela Superior, que ahora se llama Escuela Stella Márquez Morales, en honor a su fundadora, tiene una hermosa historia de 91 años educando compueblanos nuestros, entre los que se cuentan la mayoría de los que colaboramos en Encuentro… al Sur.

©Sergio A. Rodríguez Sosa
Bibliografía
Márquez Morales, Stella.  Memoria de mi vida profesional y la temática la historia de la Escuela Superior de Salinas. [San Juan, P.R., 1978]
 
Foto 1: Clase de 1942
Clase1942[1]
 Foto 2: Clase de 1944
 Clase 1944Fotos proporcionadas por Roberto Quiñones
Pulse dos veces sobre las fotos para ampliarlas.

Los Bonos de la Libertad y Manuel González

por Sergio A. Rodríguez Sosa

Buy war bondsLa fotocopia de una página del Puerto Rico Ilustrado encontrada entre los documentos del Centro de Documentación Obrera Santiago Iglesia Pantín revela un dato curioso del acaudalado terrateniente español  Manuel Gonzales Martínez relacionado con los Bonos de la Libertad emitidos por Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial.

El bono es una herramienta financiera que utilizan las jurisdicciones políticas para  obtener dinero prestado con la obligación de pagar el principal e intereses al finalizar un término determinado.  El dinero obtenido con la venta de bonos se justifica para el financiamiento de obras y programas gubernamentales que rebasan los recursos financieros regulares de un gobierno.  Como es sabido estos empréstitos utilizados irracionalmente y engordando actividades corruptas han endeudado a muchos países causándole graves crisis económicas.

Los bonos de guerra lo utilizaron algunos países para financiar las operaciones militares durante conflictos bélicos.  En Estados Unidos a estos instrumentos financieros se les llamó Bonos de la Libertad durante la Primera Guerra Mundial.  Llamarlos así tenía la intención de enardecer el patriotismo de los estadounidenses y mover la opinión pública a favor de la intervención de sus tropas en la guerra europea y por ende, motivarlos a comprar los bonos.

Una intensa propaganda se llevó a cabo para instar a los ciudadanos a comprar bonos, la mayoría de los cuales desconocían el mundo de las inversiones financieras. Prontamente prevaleció la idea de que comprar bonos era un acto patriótico y de lealtad a los Estados Unidos, aunque el saldo financiero final no fue exitoso.[1]  El mensaje propagandístico era que cualquier ciudadano común y corriente podía comprar los bonos y redimirlos una vez pasada la guerra. A los que no se entusiasmaban con la idea se le miraba con recelo.

En 1913 el presidente Woodrow Wilson nombró gobernador de Puerto Rico a Arthur Yager, un condiscípulo suyo en la Johns Hopkins University.  Yager se desempeñaba como presidente del Georgetown College en Kentucky desde 1908.  El nuevo gobernador fue inaugurado el 20 de noviembre de 1913 y ocho meses después se desató la gran guerra europea.  Lo que se pensó sería una guerra corta se complicó al punto que otros países entraron al conflicto.  En abril de 1917 ante los avances del ejército alemán Estados Unidos entra en la guerra.

Consumado el ingreso de Estados Unidos a la guerra se aprobó una ley de emergencia que autorizó emitir bonos  de guerra por la cantidad de  $5,000 millones  a 3.5 de interés.  Prontamente los Bonos de la Libertad se estaban ofreciendo por todo Estados Unidos y sus colonias de ultramar para que lo recaudado pagara gastos bélicos.

La Oficina de Asuntos Insulares del Departamento de la Guerra envió a Puerto Rico la cuota de Bonos de la Libertad que le tocaba vender al gobierno de Arthur Yager.  El gobernador recibió bonos de distintas denominaciones por valor de $250,000, una respetable suma de dinero en aquellos años. Yager tenía que buscar compradores entre la clase adinerada de la empobrecida Isla al tiempo que implantaba el reclutamiento de jóvenes puertorriqueños para enviarlos a la guerra.

Se dice que Yager era un hombre indeciso que no tenía idea de cómo abordar a los adinerados del país para pedirle que compraran Bonos de la Libertad. Una buena parte de los ricos eran españoles y se dudaba de sus simpatías hacia los Estados Unidos.

En la página suelta del Puerto Rico Ilustrado[2] que llegó a nuestras manos, y cuya fecha aún desconocemos, se explica cómo logro Yager vender los Bonos de la Libertad que le encomendó el gobierno de los Estados Unidos.  En el artículo se escribió lo siguiente:

“Alguien sugirió a Yager, que quizás don Manuel González, el rico estanciero de Salinas, que era a la vez Jefe de la Colonia Española en la Isla, podría ayudarle a colocar parte de esos bonos. Yager aprovechó la insinuación y mandó a buscar a don Manuel y ¡cual no sería la sorpresa del Gobernador cuando don Manuel, al saber que se trataba de colocar $250,000 de Bonos de la Libertad, le dijo: “¡Yo me encargo de colocar toda esa cantidad entre mi gente! ¡Así podrá usted pedir otra cantidad y colocarla usted por su cuenta!”  Efectivamente la Colonia Española, por conducto de don Manuel González, compró el cuarto de millón de dólares en Bonos de la Libertad.”

Para Manuel González Martinez el favor hecho al gobernador Yager  era de mucho provecho personal y no representaba ninguna pérdida.  El astuto terrateniente asturiano radicado en Salinas mató dos pájaros de un tiro: aplacó la desconfianza  sobre la lealtad de la Comunidad Española en torno a los Estados Unidos y se aseguró de recuperar el dinero invertido, aunque con una ganancia monetaria ínfima.

© Sergio A. Rodríguez Sosa, 2016.

[1] Kang, S.W., & Rockoff, H. (2006). Capitalizing patriotism: the liberty loands of World War I.  Cambridge, MA: National Bureau of Economic Research.  Disponible en http://www.nber.org/papers/w11919.pdf

[2] CDOSIP. Fondo Santiago Iglesias Pantín. L 55, Caja 31-55, f 3-5

 

 

 

Documento histórico: La verdad sencilla sobre el status político / por Luis Muñoz Marín el 4 de julio de 1948

Javier R. Almeyda-Loucil publicó en la Biblioteca Virtual de Puerto Rico:

“En la víspera de la discusión en el Tribunal Supremo de Estados Unidos de dos caso en los cuales tendrá que definir la verdadera relación de status de Puerto Rico, este discurso de Muñoz Marín previo al Estado Libre Asociado resulta revelador. Las aspiraciones, la realidad del momento o la venta de un sueño de gobierno propio que tal vez nunca se cristalizó aún en el 1952 esta plasmado en ese folleto.

Biblioteca Virtual de Puerto Rico

La verdad sencilla sobre el status político por Luis Muñoz Marín el 4 de julio de 1948

Digitalizado por Javier R. Almeyda-Loucil

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Ver documento en: http://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/la-verdad-sencilla-1948?e=16656678/31847859

La Negritud Boricua de los Siglos XX y XXI: Conferencia / Marie Ramos Rosado

Al mirar en los rincones de lo pasado, aflora el devenir de nuestra bella negritud.

Reproducimos la ponencia principal de la doctora Marie Ramos Rosado en el Primer Congreso de Afrodescendencia efectuado en la Universidad de Puerto Rico durante la semana del 9 al 12 de noviembre de 2015.  La ponente hace un recuento  de los estudios y publicaciones sobre la historia y las aportaciones culturales de los puertorriqueños negros.

 

Rebloguedo: Originalmente publicado en Biblioteca Virtual de Puerto Rico por el Prof Javier Almeyda Loucil

Nuestra Aventura Literaria pueblerina (extracto)

Reflexiones en torno al 2do. Aniversario del Circulo Literario Antonio Ferrer Atilano

Por Sergio A. Rodríguez Sosa 

La primera mitad del siglo 19 marca el inicio de la aventura literaria auténticamente puertorriqueña. Tras la llegada de la  imprenta en 1806 comienza a cuajarse una producción literaria en Puerto Rico ligada al incipiente periodismo isleño. Los periódicos eran el único medio de escritura pública disponible con suficiente frecuencia para la escasa población que sabía leer y escribir.

Desde la trinchera periodística, un grupo de escritores puertorriqueños, desafiando la censura de las autoridades españolas, manifiestan en sus escritos una vivencia y una conciencia de rasgos propiamente borincanos; es decir con identidad cultural y nacional propia.

Ese despertar de las letras nacionales quedó plasmado por escrito cuando los periódicos isleños en 1817 se atrevieron a publicar unas décimas anónimas distinguiendo como patria a Puerto Rico de España. Ese sentimiento de amor a la patria fue el rasgo que dio inicio a la hazaña literaria puertorriqueña.

No vamos aquí a recontar la historia de la literatura nacional. Basta repetir que se concretiza como cosa aparte en la década  de 1840 de mano de unos jóvenes estudiantes universitarios que publican en Cataluña el Aguinaldo puertorriqueño (1843) y el Álbum Puertorriqueño (1844).  De igual manera con la publicación de El Gíbaro de Manuel Alonso. La obra de Alonso sobresale de manera contundente como ícono de la afirmación cultural puertorriqueña puesto que hace hincapié en los rasgos distintivos de Puerto Rico frente a España.

Con esas y otras publicaciones surge el torrente literario que a partir del siglo 19 van a nutrir autores como Manuel Alonso, Alejandro Tapia y Rivera, José Gautier Benítez, Lola Rodríguez de Tió, Pachín Marín, Manuel Zeno Gandía, Eugenio María de Hostos, Antonio S. Pedreira, Enrique Laguerre, Luis Palés Matos, René Marqués, Julia de Burgos, Abelardo Díaz Alfaro, José Luis Gonzáles y Eduardo Lalo, por mencionar algunos. A partir del siglo 19 brota con fuerza inextinguible, innovadora y creativa una literatura que a través del cambiante devenir histórico borincano muestra la experiencia existencial de los puertorriqueños.

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Panel del @do Aniversario del CLAFAEs ampliamente conocido que hasta mediados del siglo 20 la mayoría de los habitantes de Puerto Rico eran analfabetas o personas que apenas podía firmar o leer unas cuantas notas.  La tasa de analfabetismo era más crítica en los pueblos pequeños del interior de la Isla.  Por causa de esa tragedia educativa muchas narraciones y poemas expresados oralmente se perdieron. Solo algunos de ellos (como los cuentos de Juan Bobo) fueron rescatados por escrito como ejemplos del folclor y la tradición oral puertorriqueña.

En el caso de Salinas, donde uno pocos disfrutaban de las riquezas de la educación, no se ha encontrado evidencia de la existencia de autores ni de escritos de carácter literario antes del siglo 20.

El panorama educativo comienza a cambiar en Salinas a partir de 1920 gracias a la tenaz labor educativa de Stella Márquez. Son los maestros los que en la escuela salinense comienzan a cultivar el deleite por las letras y el aprecio por las artes en general, aunque dentro del conflicto colonial que pretendía cambiar el idioma a los puertorriqueños y asimilar culturalmente al país.  De esas primeras etapas se tienen escasos conocimientos. Nombres como Francisco Modesto Cintrón, Diosdado Dones,  Antonio Ferrer Atilano, Panchito Meléndez, Ana María Losada, entre otros, se han ido rescatando para armar la historia literaria local.

En la década de 1960, más jóvenes puertorriqueños de escasos recursos económicos lograron acceso a los estudios universitarios.  Son precisamente los estudiantes universitarios los que vendrán a expresar inquietudes intelectuales y literarias años más tarde en Salinas.

En la década del 1970 un grupo de estudiantes universitarios se agruparon en una entidad a la que llamaron Movimiento Vanguardia al tiempo que asumieron el liderato en el Centro Cultural local. Su propósito era levantar la conciencia histórica, política y social entre la gente de Salinas. Su aportación fue crear condiciones favorables para el quehacer cultural y el rescate de las raíces históricas pueblerinas. Su gestión cultural logró desenterrar la figura del Cacique Abey, la historia fundacional del pueblo y la obra de autores como Antonio Ferrer Atilano. Asimismo, todo ese redescubrimiento cultural contribuyó a la consolidación de la identidad regional puertorriqueña de los salinenses, atesorada en los símbolos municipales (la bandera, el escudo y el himno) adoptados en 1974.

En 1999, un hecho de importancia para Salinas pasó inadvertido.  Una idea acariciada desde la década de 1970 por varios jóvenes salinenses se concretizó al unísono en Salinas y en Filadelfia. El 3 de julio de 1999 se presentó en Salinas el libro Tejido solariego, de Virgenmina Sosa (Tilita) al tiempo que en Filadelfia se publicaba Cuentos del Solar, de Josué Santiago de la Cruz, ambos bajo el sello de Ediciones Abeyno, un sello editorial ideado para fomentar la publicación de libros en la comarca sureña del Abeyno.

La aparición de estos dos libros y la labor realizada en la Internet por Josué Santiago de la Cruz, en el sitio Web Hijos del Cacique Abey y la creación del blog Encuentro Al Sur prendieron una mecha de expresiones literarias que continúa en ascenso.  La  oportuna aparición de la Antología de Escritores Salinense (2009), editada por Josué Santiago de la Cruz, finalmente desata la conciencia de una literatura local. A partir de ese año la publicación en las redes sociales, la autopublicación y la impresión de libros a bajos costos propiciada por la sociedad cibernética del siglo 21 favoreció identificar y agrupar a las personas que en Salinas deseaban manifestarse a través de la escritura.

Nombres como María del Carmen Guzmán, Edwin Ferrer, Josué Santiago de la Cruz, Marinín Torregrosa, Edelmiro Rodríguez, Maribel Rivera, Roberto López, Félix Ortiz Vizcarrondo, Roberto Quiñones, entre otros, comienzan a plasmar sus escritos en el blog Encuentro al Sur y en otros espacios de la Internet.

El afán de grafitear en las paredes cibernéticas sus vivencias, sentimientos, emociones y ficciones reunió a los escritores salinenses. El común interés motivo la creación de una entidad donde compartir sus experiencias y leer y difundir sus escritos.  Fue así como Edwin Ferrer, Marinín Torregrosa, José Santiago Rivera, José Alberto Santiago y María del Carmen Guzmán hacen un llamado para formar una entidad de escritores.

Reunidos frente a la Biblioteca Pública de Salinas organizaron el 12 de septiembre de 2013 el Círculo Literario Antonio Ferrer Atilano (CLAFA).  A ese llamado respondieron otros autores como Angel Isián, Melvin Rodríguez, Nixaliz López, Roberto Quiñones y amante de las artes como Raúl Colón, Lourdes Ramos, Madeline Rosario, entre otros.  Asimismo recibieron la solidaridad y apoyo de los escritores salinenses ausentes y de autores de toda la Isla.

Organizados en el CLAFA pusieron en ejecución sus objetivos principales: fomentar el aprecio y el quehacer literario en Salinas. Desde entonces su presencia en las actividades sociales y culturales se ha hecho notar. Los cuentos y poemas de los autores del CLAFA deleitan la lectura de muchos salinenses porque las vivencias, personajes y sentimientos les son cercanos, y hasta parte de sus propias experiencias personales.

Múltiples son los logros del CLAFA, al punto que sus miembros han publicado unos 17 libros, los cuales sumados a los de Josué Santiago de la Cruz y de otros autores salinenses suman dos docenas de libros, un hecho inaudito en la historia de Salinas.  Libros donde diversos géneros de poesía y narrativa juguetean con toda clase de ideas, aventuras personajes y sentimientos.

Las alianzas con otros grupos literarios y artísticos como el Centro Cultural Cunyabe, que dirige Edwin González y la Liga de Poetas del Sur, que lidera la apasionada escritora Nora Cruz; la inclusión en antologías y la participación en actividades literarias, ferias de libro y certámenes, dentro y fuera de Puerto Rico, figuran también entre los logros del Círculo.

El objetivo de fomentar el arte de escribir entre los jóvenes salinenses se hace realidad mediante un certamen literario de cuento y poesía. En las dos ediciones celebradas han participado con gran entusiasmo alumnos de las escuelas de Salinas.

En fin, El Circulo Literario Antonio Ferrer Atilano es hoy una importante entidad cultural de la que todos los salinenses nos sentimos orgullosos.  Me honro en ser parte de este episodio de nuestra aventura literaria pueblerina; un legado que será apreciado y superado por las próximas generaciones de salinenses.

Hoy, en tierras de Salinas del Abeyno, la aventura cultural de su gente, está empotrada en la publicación artesanal y su divulgación llegó a un punto sin retorno.  Más bien le aguardan imaginables innovaciones en la forma y manera que trasmitir acervos culturales.  Los hacedores de cultura encontrarán mañana otras formas de expresión y utilizarán otros medios de divulgación.  Pero siempre existirá un hilo invisible de reencuentro entre el ayer, el hoy y el mañana; una memoria para despertar al desmemoriado y unos juegos conceptuales para retar el intelecto.

Acá, corresponde alentar el espíritu aventurero.

Sergio A. Rodríguez Sosa, 19 de septiembre 2015

Fotos:

Lilia E. Méndez

Marinín Torregrosa

Libros / Fernando Pico: Puerto Rico y la sequía de 1947

En 1840 el gobierno superior de Puerto Rico nombró a Agustín Colón Pacheco capitán poblador para erigir el nuevo pueblo de Salinas. Esa encomienda coincidió con un ciclo de escasas precipitaciones en el sur de la Isla que terminó afectando a todo el País en 1847. Los estragos causado a la economía agropecuaria de Salinas durante cinco años de sequía moderada y severa provocó que los vecinos propietarios solicitaran posponer la fundación del pueblo por hallarse muchos de ellos casi en la ruina y impedidos de contribuir al erario municipal. Vistas las dificultades por las autoridades gubernamentales e instigado por personas interesadas en controlar la distribución de las tierras baldías de la zona, el gobierno español decretó la anexión del territorio de Salinas a Guayama en el verano de 1847.

srs

Fernando Picó
En su publicación más reciente, Puerto Rico y la sequía de 1847, el historiador Fernando Picó hace un análisis detallado de algunos de los sucesos que provocaron y fueron provocados por la sequía de 1847 en Puerto Rico. Como es su costumbre, Picó utiliza una variedad de fuentes documentales: varios fondos del Archivo General de Puerto Rico — Municipios, Tribunales, de gobernadores españoles, y Diputación Provincial además de periódicos de la época y archivos parroquiales. Como en otros estudios, Picó estudia el fenómeno de la sequía desde su impacto en la cotidianidad de los puertorriqueños, particularmente agricultores, jornaleros, amas de casa y niños. Estudia la respuesta, o la ausencia de una, de las autoridades a las condiciones que provocan las sequías. Investiga su impacto en las tasas de mortandad, en las migraciones internas del país, en la producción agrícola y la repartición del recurso agua. Y, lo que es muy importante en la era de “globalización” y el cambio climático, coloca este proceso ambiental en un contexto global. Trae a colación las sequías en Europa durante esta misma época y sus implicaciones para poder entender por ejemplo las revoluciones de 1848. Incluye datos también de sequías simultáneas en América del Norte, el Caribe, América del Sur y Asia.
Fuente: Colección Jesús T. Piñeiro – UNE

Historia de una ciudad: Guayama (1898-1930)

Historia de una ciudad

Ediciones Bayoán: Arte y Cultura publicó recientemente el libro Historia de una ciudad: Guayama (1898-1930) del doctor Alexis O. Tirado Rivera. En opinión del doctor Félix R. Huertas González una de diversas obras publicadas en los recientes años en Puerto Rico que atienden el vacío de los estudios históricos sobre las municipalidades.

Según Huertas “… el libro del doctor Tirado es una valiosa aportación a la historiografía puertorriqueña y un excelente trabajo de microhistoria. Es un trabajo riguroso, preciso y profundo que se sostiene por una variedad de fuentes documentales. Es un excelente recurso de información para entender el Guayama de principios del siglo pasado y una mirada extraordinaria para entender nuestro presente. Con la publicación del libro Historia de una ciudad: Guayama (1898-1930) del doctor Tirado se llena un espacio desatendido y se logra ampliar y profundizar en la historia de un municipio emblemático para el devenir de nuestra Historia de Puerto Rico”.

El doctor Alexis O. Tirado Rivera, catedrático auxiliar del Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, obtuvo su Doctorado en Filosofía y Letras, concentración en Historia, en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Realizó su maestría en Artes con concentración en Historia en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en San Juan de Puerto Rico. Durante el año 2006 dirigió el Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en Cayey. Ha dictado ponencias y publicado escritos sobre temas históricos en periódicos locales y revistas académicas. También ha laborado en los recintos de Guayama y de Cupey de la Universidad Interamericana y en la Universidad del Turabo en Gurabo.

El Libros se presentará el próximo 9 de abril a partir de las 4:00 pm en la Casa del Rector de la Universidad de Puerto Rico en Cayey.

srs