Todos podemos ser blanco del espionaje gubernamental

Snowden revela cómo la inteligencia británica espía todo en su móvil gracias a…’Los Pitufos’

Reuters

Edward Snowden, el ex asesor de la Agencia de Seguridad Nacional de EE.UU. (NSA), ha revelado en una entrevista concedida a la BBC que los servicios de inteligencia del Reino Unido han creado un conjunto de programas capaces de controlar cualquier teléfono móvil.

Edward Snowden, el ex analista de la NSA estadounidense que se encuentra en Rusia desde 2013, concedió recientemente su primera entrevista a la televisión británica. Snowden advirtió al equipo del programa de investigación ‘Panorama’ de BBC que el Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno, uno de los tres servicios de inteligencia del Reino Unido, más conocido como GCHQ, había desarrollado un conjunto de programas llamado ‘Smurf Suite’ (‘Suite Pitufo’) con el fin de poder tomar el control de cualquier ‘smartphone’.

Según Snowden la inteligencia británica es capaz de obtener acceso a cualquier teléfono móvil a través de un mensaje de texto que pasaría desapercibido para los usuarios de ‘smartphones’.

El conjunto de programas ‘Smurf Suite’ incluye diferentes herramientas para realizar diversas acciones, explicó Edward Snowden: El ‘Dreamy Smurf’ (‘Pitufo Soñador’) puede encender y apagar el ‘smartphone’ de un usuario sin que éste lo sepa; el ‘Tracker Smurf’ (‘Pitufo Rastreador’) es una herramienta de ubicación geográfica más precisa que el método empleado mediante triangulación de torres de telefonía;el programa ‘Nosey Smurf’ (‘Pitufo Chismoso’) es capaz de controlar el micrófono y escuchar las conversaciones de un usuario incluso si no hay una llamada activa y el ‘smartphone’ está apagado.

Snowden señaló que los agentes del GCHQ pueden saber todo sobre el usuario del teléfono móvil controlado: lo que escribe, ver su lista de contactos, las páginas web por las que navega. “Pueden hacer mucho más, incluso pueden hacerte fotos”, agregó el ex analista de la NSA.

El Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno del Reino Unido por el momento se ha negado a hacer declaraciones sobre las revelaciones de Edward Snowden.

​Reenviado de Letras de Fuego.​

Cuidado con lo que empeña o tira a la basura

 

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California. En este estado tienen la obsesión por el reciclaje. No se cansan de repetirlo en los medios. Las tres R —reciclar, reducir y reutilizar— son un mantra en la muy ecológica California. Esa obsesión ha hecho que un ordenador pieza de museo termine en un centro de reciclaje de Milpitas, al sur de Silicon Valley.

Era el año 1976 y el producto se vendía, casi de manera informal, en la tienda de Byte de Paul Terell. La apariencia exterior no desvelaba su valor; apenas una caja de madera, con un teclado rudimentario para tapar la placa base. Para un neófito era difícil desvelar que ese artilugio salió del garaje de 2066 Crist Drive en Los Altos, el lugar donde Steve Jobs y Steve Wozniak hicieron su primera computadora. En total solo se vendieron 200 unidades.

A fines de abril pasado una señora de alrededor de 70 años, dejó este Apple I —así se llamó oficialmente al ordenador que en su día se vendió por 666 dólares y que carecía de monitor— en el centro de reciclaje.

Victor Guichun, uno de los dueños de la empresa de reciclaje, busca desesperadamente a la anterior propietaria porque su negocio —sin fines de lucro— ha conseguido 200.000 dólares por el aparato y la computadora ahora ya está en manos de un coleccionista privado. El problema está en que, según sus propias normas, deben compartir la mitad con la anterior dueña. En Clean Bay Area, tal como se llama la organización, solo recuerdan que la enigmática señora llegó a finales de abril. Confesó ser viuda reciente y expresó su deseo de deshacerse de recuerdos de su marido. La tristeza y las prisas hicieron que se fuese sin recibo y ahí comenzó el entuerto. “Teníamos demasiado trabajo en ese momento, así que no insistimos”, explica el responsable.

Dos semanas después de la venta siguen sin dar con ella. A las pesquisas se ha sumado una pareja inesperada de voluntarios. Una es Patti VanderVelden, una investigadora de Wisconsin, que tras conocer el caso del ordenador por las noticias comenzó a rastrear los obituarios de la zona de la bahía. Ella rastrea a través de redes sociales y noticias de diarios.

No es que se arrepienta, pero Guichun empieza a estar algo cansado de la expectativa creada, de las llamadas preguntando cuánto podrían sacar por otros modelos y, sobre todo, lamenta no haber abierto la caja con la señora delante y haberse dado cuenta del tesoro que tenía ante sí. Tan solo espera que esta anécdota sirva para animar a usar sus servicios con más frecuencia. En Silicon Valley, hasta la basura puede ser valiosa.
[Fuente: El País]

Otro intento para  acabar con las inyecciones

inyecciónInvestigadores de la Universidad de Singapur han diseñado un dispositivo que promete acabar con el sistema de administrar medicamentes mediante el doloroso método de las inyecciones.

Un grupo científicos del departamento de Farmacia de dicha universidad encabezado por el doctor Kang Lifeng han desarrollado una técnica simple para encapsular medicamentos en un parche adhesivo con diminutas agujas que administra la substancia sin que cause  molestia al paciente.

Por el momento se cree que el parche transdérmico con microagujas servirá para administrar analgésicos de forma no invasiva.  Pero también tiene un potencial uso en la industria cosmética para administrar substancias como el colágeno. De igual manera se piensa que se podrá utilizar en la pediatría para que el proceso de vacunación sea prácticamente indoloro.

FUENTE | ABC Periódico Electrónico S.A.

26 Meteoritos más potente que la bomba de Hiroshima han caído sobre el Planeta Tierra

El choque de asteroides contra el Planeta Tierra es más común de lo que se cree. En los últimos 13 años se han registrado 26 explosiones atómicas causadas por impactos de asteroides que varían en potencia de 1 a 600 kilotones .  Así lo ha dado a conocer la Organización del Tratado de Prohibición de Pruebas Nucleares, que detecta mediante una red de sensores las detonaciones nucleares que ocurren en nuestro planeta.

Para que tengan una idea de la magnitud de esas explosiones causadas por asteroides en el entorno de la Tierra cabe recordar que la potencia de la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos sobre Hiroshima en 1945 fue de 15 kilotones.  Aunque la mayoría de estos 26 asteroides se desintegraron antes de impactar el suelo terrestre gracias al escudo protector de la atmósfera, no deja de preocupar su capacidad destructora.

El problema es que actualmente no existen sistemas capaces de detectar todos los asteroides peligrosos que podrían estar en camino de impactar nuestro planeta.

 La Fundación B612, un equipo de científicos y exastronautas de la NASA que estudia cómo proteger nuestro planeta de los impactos del espacio, propone construir un telescopio espacial infrarrojo para dar seguimiento tempranamente a los asteroides.  Su propuesta, llamada Misión Telescopio Espacial Sentinel, sostiene que se puede detestar y desviar un asteroide en ruta a la tierra cuando todavía está a millones de kilómetros de distancia.

Esta misión pretende levantar el primer mapa dinámico integral del sistema solar interior. En dicho mapa se  trazaran las trayectorias actuales y futuras de los asteroides que se cruzan con la Tierra. El telescopio Sentinel será capaz de detectar y realizar un seguimiento a más de 200.000 asteroides en tan solo el primer año de operación.

Fuente: ABC Periódico Electrónico S.A.

Un libros sobre la Internet

Internet: un viaje a las entrañas de la bestia

Este artículo de Andrés Hax publicado en Ñ comenta el libro “Tubos, un viaje hacía el centro de Internet” (Tubes, a journey to the center of the Internet) del periodista especializado en tecnología Andrew Blum. En el libro el autor se plantea la realidad física de Internet. Al percatarse de que por la fuerza de la costumbre había olvidado que Internet era un objeto físico: una cosa utilizada por millones de personas, busca indagar como cómo está construida y quiénes son los que mantienen funcionando esa enorme red de computadoras. Para Blum internet no es algo etéreo o intangible, sino algo real, físico y humano. Seguramente a usted también, el uso cotidiano de este sistema tecnológico le ha hecho olvidar, no únicamente su realidad física, sino el enorme impacto social y cultura de  la Red sobre la vida humana.

El cuento y la tecnología

Joe Sabia, utilizando un iPad narra la historia del inventor Lothar Meggendorfer. La contribución de Meggendorfer fue inventar el libro desplegable. Hecho que ocurrió el siglo pasado y que representó la aparición de una tecnología para la narración de cuentos.  Pero narrando la historia de aquel importante invento, Joe Sabia demuestra con su Ipad que la tecnología será siempre una aliada de los cuenteros.

El Uso de los Celulares y las redes sociales durante el 2011

Un informe titulado Global digital communications publicado por la empresa Pew Research Center analiza el uso de los teléfonos celulares y las redes sociales durante el 2011.

El estudio confirma que grandes sectores de la población mundial poseen teléfonos celulares pero que su uso se ha diversificado más allá de ser un aparato para realizar llamadas telefónicas.

En particular se ha popularizado a nivel mundial el envió de mensajes de texto.  En promedio el 75% de los poseedores de teléfonos móviles en los 21 países encuestados afirmaron que utilizan el celular para textear.    Enviar mensajes de texto figura como una actividad que realizan la mayoría de los usuarios de celulares tanto en los países ricos como en naciones en vías de desarrollo.  El estudio indica que en países pobres como Indonesia y Kenia el por ciento de dueños de  teléfonos móvil que textean es mayor.

Igualmente cada día más personas utilizan su celular para tomar fotos y videos.  La encuesta reveló que en promedio el 50% de los usuarios lo utilizan como cámara.  En Japón el 72% de los encuestados dijeron que utilizaban el teléfono celular para tomar fotos y videos, en México el 61%, en España el 59% y en Egipto el 58%.

Curiosamente pocos poseedores de celulares lo usan para acceder a la Internet.  Según el estudio únicamente 4 de cada 10 encuestados utilizan el celular como medio de acceder a la Internet en Israel (47%), Japón (47%) y Estados Unidos (43%)

El uso de las redes sociales sigue aumentado según la encuesta realizada por Pew Research.  Del informe se desprende que existe cierta correlación entre el uso de las redes sociales y las condiciones económicas de los países, así como entre la edad y el nivel educativo de los usuarios. Cuanto más rico el país y cuanto más jóvenes y educados son los usuarios, mayor es el uso de las redes sociales.

Pero como en todo hay excepciones, llama poderosamente la atención que en Japón, una de las grandes potencias económicas del mundo, únicamente el 41% de la población utiliza la Internet y solo el 25% de la población visita las redes sociales. Al parecer los avances tecnológicos no alteran tan fácilmente los valores culturales japoneses. Sayonara…

srs

Comentando fotografias: El complejo eléctrico de Aguirre

Un parte de prensa anuncia hoy que la Autoridad de Energía Eléctrica de Puerto Rico firmó un acuerdo con empresa tejana Excelerate Energy para el desarrollo de un terminal flotante que proveerá Gas Natural Licuado a la Central Eléctrica de Aguirre.

Según la noticia la terminal, bautizada como Aguirre GasPort, será localizada a cuatro millas de la costa Sur de Puerto Rico, entre los municipios de Salinas y Guayama, y se alimentará de barcazas de regasificación y almacenamiento flotante con capacidad de 150 mil metros cúbicos. Los buque no solo trasportan el gas desde su punto de origen en forma líquida sino que tiene la capacidad de reconvertirlo a su estado gaseoso.

Habilitado el puerto flotante, la empresa texana pondrá en operación la Unidad de Ciclo Combinado de 592 megavatios de Aguirre que ya ha sido habilitada en para generar electricidad con gas natural.

Excelerate Energy espera que Aguirre Gas Port esté en servicio durante el año 2014 ya que los estudios, la declaración de impacto ambiental, los permisos y la construcción toman entre tres y cinco años.

Según la noticia la empresa Excelerate posee seis instalaciones flotantes de importación de Gas Natural Licuado en Argentina, Kuwait, los Estados Unidos, Inglaterra y Brasil.

Al parece la AEE entró en razón y terminó aceptando como buena la recomendación de sus trabajadores de que las instalaciones flotantes de gas natural son la alternativa al peligroso gasoducto que cruzaría la isla de sur a norte.

Y si no es así, la voluntad de nuestro pueblo debe gritar: ¡No al gasoducto..!

srs

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Fotografía de Ricardo David Jusino

 

Famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, 2005

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestro comienzo en una de las mejores universidades del mundo. La verdad sea dicha, yo nunca me gradué.
A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria.

Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre “conectar los puntos”.

Dejé la Universidad de Reed tras los seis primeros meses, pero después seguí vagando por allí otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo del todo. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera.

Mi madre biológica era una estudiante joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer.

Solo que cuando yo nací decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña.

Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a medianoche preguntando:
“Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?”
“Por supuesto”, dijeron ellos.

Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día yo iría a la universidad.

Y 17 años más tarde fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres, de clase trabajadora, los estaba gastando en mi matrícula.

Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo.
Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien.

En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado.

En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban y comencé a meterme en las que parecían interesantes. No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del envase para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba.

Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante. Os daré un ejemplo.

En aquella época la Universidad de Reed ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los póster, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano.
Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía.

Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía.

Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante. Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, todo eso volvió a mí.

Y diseñamos el Mac con eso en su esencia. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni caracteres con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera ahora. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen.

Por supuesto, era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase, pero fue muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Lo diré otra vez: no puedes conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo, tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea.
Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados.

Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30.
Y me despidieron.
¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado?

Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a ser distinta y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria.

Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido y fue devastador.
Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores, que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de
HP] y Bob Noyce [Intel], e intenté disculparme por haberlo fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon
Valley].

Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.
No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado.

Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida. Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa.

Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, yo regresé a Apple y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes.

El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideréis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hagáis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando.
No os conforméis.

Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis.
No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.
Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

Porque prácticamente todo, las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante.

Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir tu corazón.
Hace casi un año me diagnosticaron cáncer.

Me hicieron un chequeo a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir: prepárate a morir.

Significa intentar decirle a tus hijos en unos pocos meses lo que ibas a decirles en diez años. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós. Viví todo un día con ese diagnóstico.

Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vio las células al microscopio el médico comenzó a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía.

Me operaron, y ahora estoy bien. Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más.

Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual: Nadie quiere morir.

Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo.

Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto. Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro.

No os dejéis atrapar por el dogma que es vivir según los resultados del pensamiento de otros.

No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior.

Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición.
De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la
Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Menlo Park y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google, era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos. Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número.

Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad.

En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si sois aventureros. Bajo ella estaban las palabras:
“Sigue hambriento. Sigue alocado”.

Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue alocado.
Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso a vosotros. Seguid hambrientos. Seguid alocados.
Muchísimas gracias a todos.

Más información, menos conocimiento: opinión de Mario Vargas Llosa sobre el libro de Nicholas Carr “Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes?”

La imparable robotización humana por Internet cambiará la vida cultural y hasta cómo opera nuestro cerebro. Cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos nosotros

Mario Vargas Llosa

Nicholas Carr estudió Literatura en Dartmouth College y en la Universidad de Harvard y todo indica que fue en su juventud un voraz lector de buenos libros. Luego, como le ocurrió a toda su generación, descubrió el ordenador, el Internet, los prodigios de la gran revolución informática de nuestro tiempo, y no sólo dedicó buena parte de su vida a valerse de todos los servicios online y a navegar mañana y tarde por la Red; además, se hizo un profesional y un experto en las nuevas tecnologías de la comunicación sobre las que ha escrito extensamente en prestigiosas publicaciones de Estados Unidos e Inglaterra.

Un buen día descubrió que había dejado de ser un buen lector, y, casi casi, un lector. Su concentración se disipaba luego de una o dos páginas de un libro, y, sobre todo si aquello que leía era complejo y demandaba mucha atención y reflexión, surgía en su mente algo así como un recóndito rechazo a continuar con aquel empeño intelectual. Así lo cuenta: “Pierdo el sosiego y el hilo, empiezo a pensar qué otra cosa hacer. Me siento como si estuviese siempre arrastrando mi cerebro descentrado de vuelta al texto. La lectura profunda que solía venir naturalmente se ha convertido en un esfuerzo”.

Preocupado, tomó una decisión radical. A finales de 2007, él y su esposa abandonaron sus ultramodernas instalaciones de Boston y se fueron a vivir a una cabaña de las montañas de Colorado, donde no había telefonía móvil y el Internet llegaba tarde, mal y nunca. Allí, a lo largo de dos años, escribió el polémico libro que lo ha hecho famoso. Se titula en inglés The Shallows: What the Internet is Doing to Our Brains y, en español, Superficiales: ¿Qué está haciendo Internet con nuestras mentes? (Taurus, 2011). Lo acabo de leer, de un tirón, y he quedado fascinado, asustado y entristecido.

Carr no es un renegado de la informática, no se ha vuelto un ludita contemporáneo que quisiera acabar con todas las computadoras, ni mucho menos. En su libro reconoce la extraordinaria aportación que servicios como el de Google, Twitter, Facebook o Skype prestan a la información y a la comunicación, el tiempo que ahorran, la facilidad con que una inmensa cantidad de seres humanos pueden compartir experiencias, los beneficios que todo esto acarrea a las empresas, a la investigación científica y al desarrollo económico de las naciones.

Pero todo esto tiene un precio y, en última instancia, significará una transformación tan grande en nuestra vida cultural y en la manera de operar del cerebro humano como lo fue el descubrimiento de la imprenta por Johannes Gutenberg en el siglo XV que generalizó la lectura de libros, hasta entonces confinada en una minoría insignificante de clérigos, intelectuales y aristócratas. El libro de Carr es una reivindicación de las teorías del ahora olvidado Marshall MacLuhan, a quien nadie hizo mucho caso cuando, hace más de medio siglo, aseguró que los medios no son nunca meros vehículos de un contenido, que ejercen una solapada influencia sobre éste, y que, a largo plazo, modifican nuestra manera de pensar y de actuar. MacLuhan se refería sobre todo a la televisión, pero la argumentación del libro de Carr, y los abundantes experimentos y testimonios que cita en su apoyo, indican que semejante tesis alcanza una extraordinaria actualidad relacionada con el mundo del Internet.

Los defensores recalcitrantes del software alegan que se trata de una herramienta y que está al servicio de quien la usa y, desde luego, hay abundantes experimentos que parecen corroborarlo, siempre y cuando estas pruebas se efectúen en el campo de acción en el que los beneficios de aquella tecnología son indiscutibles: ¿quién podría negar que es un avance casi milagroso que, ahora, en pocos segundos, haciendo un pequeño clic con el ratón, un internauta recabe una información que hace pocos años le exigía semanas o meses de consultas en bibliotecas y a especialistas? Pero también hay pruebas concluyentes de que, cuando la memoria de una persona deja de ejercitarse porque para ello cuenta con el archivo infinito que pone a su alcance un ordenador, se entumece y debilita como los músculos que dejan de usarse.

No es verdad que el Internet sea sólo una herramienta. Es un utensilio que pasa a ser una prolongación de nuestro propio cuerpo, de nuestro propio cerebro, el que, también, de una manera discreta, se va adaptando poco a poco a ese nuevo sistema de informarse y de pensar, renunciando poco a poco a las funciones que este sistema hace por él y, a veces, mejor que él. No es una metáfora poética decir que la “inteligencia artificial” que está a su servicio, soborna y sensualiza a nuestros órganos pensantes, los que se van volviendo, de manera paulatina, dependientes de aquellas herramientas, y, por fin, en sus esclavos. ¿Para qué mantener fresca y activa la memoria si toda ella está almacenada en algo que un programador de sistemas ha llamado “la mejor y más grande biblioteca del mundo”? ¿Y para qué aguzar la atención si pulsando las teclas adecuadas los recuerdos que necesito vienen a mí, resucitados por esas diligentes máquinas?

No es extraño, por eso, que algunos fanáticos de la Web, como el profesor Joe O’Shea, filósofo de la Universidad de Florida, afirme: “Sentarse y leer un libro de cabo a rabo no tiene sentido. No es un buen uso de mi tiempo, ya que puedo tener toda la información que quiera con mayor rapidez a través de la Web. Cuando uno se vuelve un cazador experimentado en Internet, los libros son superfluos”. Lo atroz de esta frase no es la afirmación final, sino que el filósofo de marras crea que uno lee libros sólo para “informarse”. Es uno de los estragos que puede causar la adicción frenética a la pantallita. De ahí, la patética confesión de la doctora Katherine Hayles, profesora de Literatura de la Universidad de Duke: “Ya no puedo conseguir que mis alumnos lean libros enteros”.

Esos alumnos no tienen la culpa de ser ahora incapaces de leer Guerra y Paz o El Quijote. Acostumbrados a picotear información en sus computadoras, sin tener necesidad de hacer prolongados esfuerzos de concentración, han ido perdiendo el hábito y hasta la facultad de hacerlo, y han sido condicionados para contentarse con ese mariposeo cognitivo a que los acostumbra la Red, con sus infinitas conexiones y saltos hacia añadidos y complementos, de modo que han quedado en cierta forma vacunados contra el tipo de atención, reflexión, paciencia y prolongado abandono a aquello que se lee, y que es la única manera de leer, gozando, la gran literatura. Pero no creo que sea sólo la literatura a la que el Internet vuelve superflua: toda obra de creación gratuita, no subordinada a la utilización pragmática, queda fuera del tipo de conocimiento y cultura que propicia la Web. Sin duda que ésta almacenará con facilidad a Proust, Homero, Popper y Platón, pero difícilmente sus obras tendrán muchos lectores. ¿Para qué tomarse el trabajo de leerlas si en Google puedo encontrar síntesis sencillas, claras y amenas de lo que inventaron en esos farragosos librotes que leían los lectores prehistóricos?

La revolución de la información está lejos de haber concluido. Por el contrario, en este dominio cada día surgen nuevas posibilidades, logros, y lo imposible retrocede velozmente. ¿Debemos alegrarnos? Si el género de cultura que está reemplazando a la antigua nos parece un progreso, sin duda sí. Pero debemos inquietarnos si ese progreso significa aquello que un erudito estudioso de los efectos del Internet en nuestro cerebro y en nuestras costumbres, Van Nimwegen, dedujo luego de uno de sus experimentos: que confiar a los ordenadores la solución de todos los problemas cognitivos reduce “la capacidad de nuestros cerebros para construir estructuras estables de conocimientos”. En otras palabras: cuanto más inteligente sea nuestro ordenador, más tontos seremos.

Tal vez haya exageraciones en el libro de Nicholas Carr, como ocurre siempre con los argumentos que defienden tesis controvertidas. Yo carezco de los conocimientos neurológicos y de informática para juzgar hasta qué punto son confiables las pruebas y experimentos científicos que describe en su libro. Pero éste me da la impresión de ser riguroso y sensato, un llamado de atención que -para qué engañarnos- no será escuchado. Lo que significa, si él tiene razón, que la robotización de una humanidad organizada en función de la “inteligencia artificial” es imparable. A menos, claro, que un cataclismo nuclear, por obra de un accidente o una acción terrorista, nos regrese a las cavernas. Habría que empezar de nuevo, entonces, y a ver si esta segunda vez lo hacemos mejor.

Fuente: El País.com / 31/07/2011