Lo que somos desde 1493

Opinión

por José Pepo Santiago

El 19 de noviembre de 1493 una flota al mando de Cristóbal Colón llegó a una isla llamada Boriquén, la  cual posteriormente invadieron, subyugando a sus habitantes mediante la fuerza y el engaño. Durante el proceso de dominación utilizaron la evangelización para esclavizar y las balas para someter a los indígenas de la isla. Violaron sus mujeres, robaron sus riquezas y se adueñaron de sus tierras. Convirtieron la hermosa isla en una colonia de España. En aquel entonces, el taíno temió a los invasores cual si fueran dioses hasta el ahogamiento de Diego de Salcedo. Convencidos de que eran tan mortales como ellos los combatieron, más cayeron derrotados frente la superioridad en armas y malicia del conquistador.

Cuatrocientos cinco años después un nuevo invasor arribó a las costas de la isla. Ya no llamada Boriquén, sino Puerto Rico, y sus nativos llamados puertorriqueños. A esos nuevos conquistadores no se les vio como enemigos. Los nativos vieron en ellos, cual si fueran dioses, la salvación. Conquistadores que los sacarían de la miseria y los abusos a los que eran sometidos por los españoles. No tardaron en darse cuenta de que los nuevos invasores se apoderaban y despojaban al país de sus riquezas, igual que los anteriores. Ante esta realidad, resurge la indignación en un sector de la población y con ello la resistencia, plasmada históricamente en el Partido Nacionalista.

Otro sector de la población, seducido por las dádivas y conveniencias, se somete como mansos corderos a las reglas y caprichos del nuevo invasor. Estos se agrupan en dos partidos que se alternan el poder desde 1900. En esa mendicidad llevan más de un siglo, con los desastrosos resultados que vemos en el país.

Con el régimen establecido por los norteamericanos no mejoró en la primera mitad del siglo 20 la calidad de vida del puertorriqueño, ni los derechos como país. Las nuevas imposiciones arancelarias a los productos importados, a los exportados y las leyes de cabotaje encarecieron e hicieron menos accesibles los productos de primera necesidad; aumentando la miseria en la población. Puerto Rico se convirtió en un buen negocio, tanto en el aspecto económico como en el militar. El establecimiento de industrias de capital norteamericano que explotaba al obrero puertorriqueño. Bases militares en Vieques, Culebra, Roosevelt Road en Ceiba, Buchanan en el área metropolitana, la Base Ramey en Aguadilla, Campamento Henry Barracks en Cayey, El Fuerte Allen en Juana Díaz, El Campamento Santiago en Salinas y la Base Aérea Muñiz entre otros, revistieron de importancia a nuestra isla desde la segunda guerra mundial hasta el final de la guerra fría. Ni aun con las ventajas de aquella época, el imperio se tomó la molestia de anexar a Puerto Rico como estado.

Al día de hoy sin las ventajas de otros tiempos, con un país en bancarrota por las malas gobernanzas y la política colonial restrictiva, ¿pensará seriamente algún congresista en los Estados Unidos en la posibilidad de que Puerto Rico pueda convertirse en el estado 51?

Congresistas y políticos norteamericanos, legisladores y políticos puertorriqueños son todos parte de una misma fauna. Individualistas, sus intereses personales o ambiciones van por encima de los intereses del país. Un ejemplo clásico es el del congresista por el primer distrito de Idaho y nacido en Puerto Rico, Raúl Rafael Labrador, quien ha tomado la iniciativa entre los republicanos para bloquear cualquier posible ayuda a la crisis en la isla, argumentando que por los malos manejos de los dineros del país y por los excesos y despilfarros de los gobernantes, ellos no van a brindar ayuda. Que, aunque nació en Puerto Rico no piensa en ayudar a los puertorriqueños y tampoco le preocupa como ellos piensen, pues él se debe a sus constituyentes del primer distrito de Idaho y allí la población de boricuas no llega al uno por ciento. Pretende, dentro de su pobre calidad humana, castigar a la población por los abusos cometidos por políticos de su misma honorabilidad.

Lo más penoso es que esa fauna política malévola, se perpetúan en el poder gracias al voto de electores individualistas, conformistas y sin visión de futuro. El descaro ha llegado a tal magnitud que ya no solo se perpetúan en las posiciones electivas, ahora son dueños de ellas y se las dejan en herencia a sus descendientes. ¿Ante este escenario existirá alguna posibilidad de salir de la crisis?

La política tradicional norteamericana ha recibido un duro revés con el estilo del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump. Tal vez no sea la persona más honesta, pero políticamente no hay otro más sincero, dice las cosas como las piensa no importa las consecuencias.

Quien piense que si Hillary Clinton gana la presidencia estará abriendo camino a la estadidad y si gana Donald Trump estará más cerca que nunca la independencia, se equivocan, por el momento ninguna de las dos alternativas de estatus tiene posibilidades. Si en el mejor momento de desarrollo de la isla no lo tomaron en cuenta para la estadidad después de tanto cabildeo, sumisión y mendicidad, ahora menos.  En lo referente a la independencia, los políticos locales y los del imperio por décadas adoctrinaron a la población de los males de esta. El cuco de la independencia está tan arraigado en la mente de la mayoría que, al primer indicio de soberanía, la generalidad del pueblo con libre acceso a la nación norteamericana, emigraría. Esto crearía un disloque en muchos estados con grandes concentraciones de puertorriqueños, lo que descarta que el americano lo avale.

La potestad para convertirnos en el estado 51 reside en la voluntad del congreso. Por el contrario, la decisión de convertirnos en un país independiente la tiene el pueblo puertorriqueño. Para la primera, el rechazo congresional es mayoritario, y para la segunda, con más de cien años de adoctrinamiento en contra de la independencia, difícil lograrla. Tendremos colonia para buen rato.  Superar la mentalidad colonial  no es fácil, pero tampoco imposible, se empieza tomando control real de los asuntos del país.

La historia no registra casos de imperios regalando o compartiendo sus riquezas. Es una falacia de que Estados Unidos nos da o regala, solo nos devuelve parte de lo que nos quita para mantener la hegemonía. El resto de lo que queda se lo reparten quienes han gobernado y sus allegados.

©José Santiago Rivera

La imagen de Panamá / Carlos Pérez Morales

Opinión

Con la divulgación de 11.5 millones de documentos del Estudio Legal Fosack-Fonseca, quedó al descubierto una enorme cantidad de información sobre las cuentas “Offshore” en la banca de Panamá. Este estudio legal internacional está dedicado a la apertura de este tipo de cuentas. Los depósitos se hacen desde países extranjeros. Una gran contribuciónόn que el mundo entero recibió por esta revelación fue el conocimiento con pruebas, de la gran corrupciónόn que existe entre la elite econόmica, política, deportiva, financieras y artística a nivel mundial.

Los documentos revelaron también la complicidad del Centro Internacional Bancario de Panamá. Este sistema utiliza el “secreto bancario” para ocultar millones de dόlares que se envían a Estados Unidos, y así colaboran con el manejo ilícito de dinero. El gran peligro que presenta este tipo de cuentas es que las mismas se prestan para el lavado de dinero procedente del narcotráfico y para financiar el terrorismo.

Como Panamá tiene fronteras con Colombia, mayor productor de drogas en Amėrica, es muy fácil que los narcotraficantes utilicen este país para lavar el dinero mal habido. Este fenόmeno, ha permitido en gran parte, el crecimiento econόmico que ha ocurrido en Panamá durante las últimas décadas. Uno de los renglones econόmicos donde se invierte esta riqueza es en la construcción.  Panamá es el único país latinoamericano con una gran cantidad de rascacielos. Los mismos permanecen cerrados durante casi todo el año.

Otro escándalo que alcanza proyecciόn internacional fue la inclusiόn de Panamá en la “Lista Clinton de Estados Unidos.” La misma representa que esta empresa no puede hacer ningún tipo de negocios en Estados Unidos y tampoco con sus ciudadanos de ese país. Esto se debiό principalmente a la acusaciones que fueron sometidas en Florida, contra algunos miembros de la poderosa familia Waked, dueños de múltiples empresas en Panamá. Estas acusaciones son por narcotráfico y lavado de dinero. Las empresas de la familia Waked son conocidas como grupo WISA, y están compuestas de cadena internacionales de tiendas lujosas en las zonas libre de impuestos, en los diferentes aeropuertos y fronteras, principalmente en Amėrica Latina. El Grupo WISA es el dueño de otras cadenas de tiendas de lujo, del lujoso Centro Comercial SOHO en Panamá, de bancos y de perfumerías.  A pesar de que se fundό en Colombia, sus principales negocios están en la República de Panamá.

La inclusión de la familia Waked en esta lista ha generado desasosiego en Panamá y otros mercados latinoamericanos.  Los más afectados por este asunto, además de la familia Waked ha sido la oligarquía de Panamá. La imagen de este país en el mundo se ha distorsionado, pero no aparenta haber causado mucho daño comercial a este país. Su Centro Bancario Internacional, sigue funcionando y los depósitos siguen llegando. El gobierno de Panamá ha desarrollado una costosa campaña internacional, para contrarrestar los posibles efectos que este asunto pueda tener. Con estas experiencias se ha fijado la imagen de Panamá, como una lavandería.

©Carlos Péres Morales

Puerto Rico: “la realidad detrás de la vitrina”

Opinión

Puerto Rico y Venezuela: para quien pregunte

por Marcos Reyes Dávila

Las perogrulladas pueden obviarse mientras están entre nuestras herramientas.

Cuando se desactivan, es perentorio rescatarlas.

El año en que Barack Obama se presentó por primera vez a la elección presidencial, estuvo en el Viejo San Juan, capital de Puerto Rico, para recoger donativos mientras prometía, como antes lo hicieron los demás candidatos, la estadidad o la incorporación de Puerto Rico en calidad de estado. Así mismo lo han hecho en otras ocasiones los candidatos a la presidencia. Pero este bailó “salsa” en las calles adoquinadas y conversó con el candidato a la gobernación de uno de los dos partidos coloniales en una panadería que tenía amplios ventanales hacia la calle, a la vista, pues, de los fotógrafos. No volvió jamás, como también suelen hacer los presidentes.

La anécdota anterior es útil para poner en perspectiva la situación de Puerto Rico dentro del marco internacional y de sus implicaciones no sólo para Venezuela, sino para los países todos de la América nuestra. El elocuente hecho de que a principios de siglo, en Chile, en un encuentro de escritores latinoamericanos al que fui invitado, algunos de los colegas chilenos nos preguntaron con inquietud por qué renegábamos de ser parte de Estados Unidos, caí en las redes de una sorpresa de la que no me repongo. Pensé en primer lugar que quien preguntaba sabía que Puerto Rico era colonia estadounidense. Luego me percaté de que pensaba que éramos, no colonia, sino parte de Estados de Unidos. En muchos lugares suponen que lo es, y a veces incluso afirman que en Puerto Rico se habla inglés. Si recordamos que en último Congreso de la Lengua Española celebrado en San Juan, Víctor García de la Concha, de la Academia Española, expresó que era la primera vez que dicho congreso se celebraba fuera de Hispanoamérica, la desinformación sobre nuestra realidad salta a vista.

Tras la ocupación de 1898, Puerto Rico quedó definido para el Congreso como uno que “pertenece, pero no es parte de Estados Unidos”. Por eso han dicho y repetido en vistas congresionales, efectuadas en años recientes, que a Puerto Rico lo pueden “vender”, con absoluto desprecio por los puertorriqueños, que son de hecho, ciudadanos de Estados Unidos, de habla española, y que no votan ni en las elecciones presidenciales ni en las elecciones congresionales.

El despojo y el desmantelamiento de nuestra economía y riqueza han ido de la mano con el despojo y desmantelamiento de toda aspiración de soberanía, aunque no de nuestra identidad y lengua. Aun a costa de un exilio casi inverosímil, pues más de la mitad de los puertorriqueños viven en los estados continentales. La diferencia aumenta desde hace más de una década con la depresión inducida y cada vez mayor de nuestra economía.

Que no se piense que los puertorriqueños no han resistido y dado la batalla, de todas las formas posibles, incluso la armada. Pero frente a su enorme poder, ejercido sobre la población pequeña de una isla pequeña, con todos los recursos con que cuenta, incluidos los tribunales coloniales que aquí llaman “federales”, el control de todos los mecanismos económicos, la distribución de drogas, el control del 99% de los medios de comunicación, el asesinato de líderes y de sus familiares –en ocasiones frente a las cámaras de televisión–, y el uso de su fuerza militar, incluida la fuerza aérea, ¿cómo enfrentarlos exitosamente?

La política de bombardeo, la defensa extranacional, el intento de gobernar el planeta desde Washington, no debe pasar por alto las estrategias de dominación encubiertas, que según demuestra la experiencia, son más eficaces. Así como se ha pasado de la ocupación militar, de la imposición de dictaduras militares, de los golpes militares nacionales ordenados desde Washington, de la desestabilización económica y política, hasta la estrategia eficaz de los golpes parlamentarios, alegadamente “blandos”, el poder del imperio no ha pasado a pasado. Las bases militares siguen propagándose como una epidemia incontrolable, las guerras interminables por los cuatro costados y simultáneas, y tras de todo, el despojo planetario. Washington, en cuanto instrumento del gran capital, no ha perdido su hambre ni su aspiración a la hegemonía global: se incrementa. No teme efectuar a la luz pública crímenes a los derechos humanos, no teme a las protestas ni a la pobreza que aumente porque sabe que gran parte de la población del planeta es para ellos prescindible . Trump ha demostrado que por más que desprecie un hispano, posee la capacidad de convencerlo de votar por él.

Hace unos años, cuando con aire de triunfo se fundaba la CELAC, sentíamos en nuestro fuero interno el triunfo de Nuestra América sobre Estados Unidos. Ese aire de triunfo se ha desvanecido. Desde México a la Patagonia, incluyendo Brasil, en casi todas partes, derrota tras derrota, ha regresado a su lugar el poder financiero. Hoy día solo permanecen en pie Cuba, Bolivia, y la Venezuela que lucha.

Pero Cuba, y siempre –desde hace seis décadas– Cuba. ¿Por qué Cuba, ubicada en la frontera misma del poder financiero, se sostiene? Pues por no participar abiertamente con él. Lo cerrado de las instituciones cubanas le han servido para preservar su independencia a pesar de la intensa campaña en su contra. Allí no se celebran las insulsas y fraudulentas elecciones que acostumbramos. El día que Cuba se abra al alegado pluralismo democrático, ese día Cuba se habrá suicidado. Ese día las cortes de Nueva York le reclamarán las deudas habidas con las expropiaciones y con todos los intereses acumulados. La revolución cubana habrá sucumbido víctima del “capitalismo de choque”. De Estados Unidos, sean sus instituciones oficiales o sus innumerables agencias encubiertas –incluyendo CNN y otras–, no se puede pretender nada que no sea despojo. Macri lo sabe, Temer y Peña Nieto también. El actual coqueteo de Washington con La Habana solo obedece a la aproximada desaparición de los hermanos Castro. El Minotauro cree que esa será su oportunidad, y se atrinchera.

El desprecio de Estados Unidos hacia los demás países del mundo es absoluto. Puerto Rico ha estado bajo su control y dominio desde el 1898. Desde el 1917 se le impuso a la población la ciudadanía estadounidense. El dominio económico y político ha sido absoluto, de manera que su progreso económico –prestado, no nuestro– tiene su origen en él, así como la enorme crisis fiscal que padece hoy el país. En la prensa han salido las noticias de la incapacidad del gobierno de cumplir con las demandas de los fondos buitres cuyas puertas abrió la política norteamericana. El gobierno queda rendido e inerme porque Estados Unidos se reserva TODOS los instrumentos que pueden permitirnos lidiar de alguna manera con el problema. Encima de todo, y para complacer las demandas de los fondos buitres, han sometido legislación congresional para crear una “Junta Fiscal” que anula la apariencia de soberanía limitada del gobierno que le ha permitido sacar a Puerto Rico de la lista de los países coloniales de la ONU. Y le entrega a dicha Junta, nombrada por Estados Unidos, todos los poderes sobre Puerto Rico necesarios para satisfacer las demandas de los buitres. Entre ellos, el de reducir el salario mínimo de $7.25 a $4.25. Despójese a quien se despoje, duélale quien le duela, la legislación no permite además que Estados Unidos provea a Puerto Rico ningún tipo de auxilio, ni material ni instrumental. Véanse en este espejo los países de Nuestra América.

La dificultad intrínseca de las revoluciones que pretenden hacerse bajo las normas de las constituciones burguesas es que al no anular los poderes reales del gran capital, lo mantienen operando y organizando el asalto. Dado el hecho de que nuestras revoluciones dependen en gran medida de un caudillo carismático, con solo socavar la tierra bajo sus pies las revoluciones se hacen sal y agua.

Venezuela se halla en una situación de verdadera guerra. No se le exija a Maduro la moderación de tiempos tranquilos, sin intervención. Ni se le exija un detente ante acontecimientos que puedan dar lugar, no al fin de su gobierno y mandato, sino al fin de un proyecto reivindicador, que es lo importante. ¿Dónde, en cuál país de América, se tolerarían las violentas “guarimbas”? La muerte de Chávez le ofreció a Washington la oportunidad de retomar Venezuela. Y eso hace al convertir criminales en presos políticos, y al emplear contra Venezuela los mismos mecanismos de desabastecimiento que empleó en Chile, y los de empecinamiento para inducir un golpe parlamentario como acaba de ocurrir en Brasil y antes en Paraguay y Honduras. Así como lo hace obsesivamente el diario español El País , así lo hacen infinidad de medios que pretenden ignorar los enormes triunfos del gobierno bolivariano.

Venezuela, y todos los países nuestros que aspiren a una verdadera segunda independencia y a una sociedad libre del gran capital, tienen que aprender esta verdad histórica: allí donde se le ofrece un espacio cualquiera al gran capital, este se restaurará como ocurrió hasta en la monumental Rusia soviética. La tendencia a la restauración es una constante. Solo la ruptura la detiene.

Eugenio María de Hostos, el puertorriqueño más grande de todos los tiempos, expresó en su momento lo siguiente: “Con hojas podridas se hace una isla”. Y añadió en otra ocasión el siguiente consuelo: “nunca dejará nuestra patria de ser nuestra”. En el porvenir se atrinchera eternamente la utopía.

* Marcos Reyes Dávila es Catedrático del Departamento de Español de la Universidad de Puerto Rico en Humacao

 

©© Marcos Reyes Dávila

Fuente: Letras de Fuego

 

El engaño de los políticos

Opinión

por José  Pepo Santiago

El país no puede seguir aceptando los engaños a los que nos someten los políticos. Mientras mayor es la propuesta para resolver los problemas de Puerto Rico, mayor es el engaño. Los candidatos políticos compiten por cuál de las mentiras que dicen tiene mayor poder de convencimiento en el pueblo. Los que se turnan para gobernar al país, que son quienes han creado el desastre que vivimos en la actualidad, no sufren de la crisis que afecta al país. Sus beneficios, muchos de ellos extravagantes, continúan inalterados.

El grupo elite que forma parte del equipo de trabajo de esos candidatos, no son personas sacrificadas con el mejor deseo de servirle bien a Puerto Rico. Son entes con intereses económicos dentro del gobierno. Obtienen y mantienen ostentosos contratos que no corresponde con la labor realizada, dicho de otra manera, mucho dinero para poca producción.

Las propuestas de los políticos, aunque ilusorias y engañosas, encuentran eco en la gente. Por ejemplo, yo propongo eliminar los problemas de transportación; mantenimiento de carreteras, pago de peaje y acortar significativamente la distancia entre los puntos de partida y el de llegada moviéndonos todo el tiempo en línea recta. A la vez que minimizamos los accidentes. También propongo disminuir en grande la desigualdad existente en viviendas y oportunidades de empleo. El libre acceso de toda la población a la costa marítimo-terrestre que bordea la isla de Puerto Rico. Estas propuestas son tan irreales como la de los políticos, pero si fueran propuestas de ellos muchos las creerían. Eso nos hace diferente a los políticos, darles credibilidad a las mentiras es un arte que solo ellos dominan a la perfección.

Los líderes del PPD como los del PNP no se diferencian en su sumisión y enñangotamiento ante el imperio norteamericano. Los PNP acusan a los PPD de ser un partido sin ideal que quiere vivir de las migajas que nos ofrece Washington. Desde principios del siglo pasado, bajo el liderato de Barbosa hasta la actualidad, los que promueven el ideal de estadidad han estado mendingando la anexión, tan indigno como la sumisión y el enñangotamiento PPD. Los partidarios de la anexión nunca aceptaran la realidad de que los Estados Unidos no nos quieren como estado de la unión.

El pueblo debe convencerse de que quienes menos opciones tienen para solucionar la crisis creada por los políticos son los dirigentes penepés. Estos suscriben como solución la anexión, lo cual saben nunca va a ocurrir y la prueba la vemos a diario. Son ellos los que menos creen en la capacidad del puertorriqueño para resolver sus asuntos.  La prédica de la anexión en realidad va encaminada a administrar de la forma que más les convenga, los dineros de la colonia.

Ambos partidos de mayoría han institucionalizado la corrupción como parte de la gobernanza del país y la ciudadanía lo acepta sin mayor reparo. Basta ya del fanatismo irracional a favor de los políticos de oficio que nos tienen en el fondo del precipicio. Seamos más diligentes y honestos con las futuras generaciones. No hay arma más poderosa que la del voto, empecemos saneando el gobierno de los corruptos y de los grandes intereses económicos que los subvencionan. Votemos por candidatos que no representan a los partidos políticos tradicionales. Es momento de exigirles a los candidatos como principal propuesta, la creación de una ley que encarcele por un tiempo mínimo de treinta años sin derecho a probatoria a todos los hallados culpables de corrupción, incluyendo a los empresarios que hacen negocios con el gobierno. Que restituyan al erario público tres veces la cantidad robada.  Pregúntense pueblo porque esa propuesta no está en los ofrecimientos de ninguno de estos honorables políticos.

Por último y no menos importante, la prensa, ese cuarto poder, sean más incisivos y no den foro a políticos sin escrúpulos para que le mientan descaradamente al pueblo. Investiguen las finanzas de los políticos que se hacen llamar sacrificados servidores públicos. Donde están y con cuanto lujo y comodidad viven los pocos convictos de corrupción. Infórmenselo al país.

José Santiago Rivera

Sebastiopolo

 

 

La relación entre EE.UU. y P.R.–fragmentos del Discurso del Juez Juan R. Torruella en John Jay College of Criminal Justice, en Nueva York, el 24 de abril de 2016.

por Samuel Caraballo

Incluyo algunos comentarios directos del discurso, que consta de 24 páginas (7,500 palabras) para aquellos lectores interesados en el tema.  Lo ideal sería leer todo el discurso y considerar la tesis principal del autor–“los problemas sociales y económicos que vive Puerto Rico en la actualidad se debe a su relación colonial con los Estados Unidos.”  Aunque declarar esto es como descubrir a América en pleno siglo XXI, escucharlo de un Juez Federal, que sirve y valida al colonizador, es quizas lo más notable.  Así que te invito a leer cada párrafo, con los énfasis hechos por mí, ya sea subrayados o en negritas, para tener un cuadro claro del por qué la propuesta  de una Junta de Supervisión fiscal  para dirigir el país.   Como siempre…Muchas bendiciones.

El estatus de Puerto Rico no ha cambiado ni un poquito en todo este tiempo, como tampoco el estatus de sus ciudadanos. Apenas cinco años después de que a los puertorriqueños se les otorgara la ciudadanía estadounidense en 1917, la Corte Suprema decretó –de manera bastante increíble– en Balzac v. Porto Rico, que lo único que significaba la concesión de la ciudadanía estadounidense para los puertorriqueños era que ellos se podían mudar a EE.UU. continental y allí ejercer sus derechos en pleno como ciudadanos, pero que no disfrutarían de la plenitud de sus derechos como ciudadanos de EE.UU. mientras residieran en Puerto Rico.

Ya que mi tiempo es limitado y ya que quisiera exponer ante este foro los hechos que demuestran, más allá de toda duda razonable, cómo se ha abusado de Puerto Rico al clásico estilo colonial, y cómo esto nos ha llevado a nuestra lamentable situación actual, permítanme presentarles la definición del término “colonia”, tomada del Diccionario de Ciencias Sociales de la Unesco. El término “colonia” allí se define como “un territorio, subordinado de varias maneras –política, cultural o económica– a un país más desarrollado [en el cual] el poder legislativo supremo y gran parte de la administración recae en el país dominante, que usualmente [es] de un grupo étnico distinto al de la colonia”. Uno tendría que sufrir de una disfunción grave en todo el sentido de la palabra para concluir que esta definición no le cae como anillo al dedo al aplicarse a la relación entre EE.UU. y P.R. 

A ello le siguió una consulta apresurada a las Naciones Unidas de parte de los Estados Unidos, para buscar una dispensación para Puerto Rico de parte de la ONU que reportara los requisitos impuestos a aquellos países que tienen territorios que no son autónomos. Esto se logró mediante muchas trampas y forcejeos de parte de los representantes de los Estados Unidos junto a algunos líderes políticos puertorriqueños, un logro que algunos describieron, muy correctamente en mi opinión, como un“engaño monumental“.  Pues, aunque estas acciones resultaron en la expulsión de Puerto Rico de la lista de colonias de la ONU, L.P. 600 fue, en el mejor de los casos, una medida estética. Los ciudadanos de Puerto Rico continuamos en desventaja nacionalmente, incapaces de votar por el Presidente o el Vicepresidente, de ser representados en el Congreso por representantes y senadores con voto, y sin tener voz ni voto en cuanto a las leyes que nos aplican.

La desigualdad discriminatoria en subsidios cuando comparamos a los ciudadanos americanos en Puerto Rico con sus contrapartes en el continente es una larga tradición y, desafortunadamente, es autorizada por ley. La Corte Suprema ha justificado el trato discriminante del Congreso en contra de los residentes estadounidenses en Puerto Rico en dos casos –Harris v. Rosario– concluyendo que “mejores beneficios podrían interrumpir gravemente la economía puertorriqueña”. Esta fue una conclusión que el juez Marshall lógicamente rechazó, pues lo interpretó como una aseveración similar a que el Congreso tenía la intención de ayudar a los más pobres menos y mantener a Puerto Rico en desventaja.

Tal y como se explicó anteriormente, en la actualidad e históricamente el problema básico y fundamental de la economía puertorriqueña siempre ha sido que esta es una economía que genera una cantidad significativa de riquezas, pero que se queda con muy poca, una circunstancia típicamente colonialista. Las industrias principales de Puerto rico –químicas, farmacéuticas, electrónicas y de manufactura de equipo científico– son todas dominadas e impulsadas por compañías multinacionales basadas en los EE.UU., cuyas ganancias netas de sus operaciones en Puerto Rico superaron los $14,000 millones solo en 1995. Es la misma historia cuando se habla de turismo, la segunda industria más grande en la Isla, la cual emplea al nueve por ciento de su fuerza laboral, con casi todos los hoteles pertenecientes o controlados por capital en los Estados Unidos. En conjunto, casi cuatro de cada diez dólares generados por trabajadores puertorriqueños terminan en las arcas de una firma estadounidense. 

Ha sido a propósito que no he discutido la contribución de la clase política de Puerto Rico al fiasco en que la Isla actualmente se encuentra, pues aunque indudablemente se lleva algo de la culpa porque, primero que todo, dicha incursión significaría una discusión sin algún final previsible o resultado productivo, y segundo porque al final, si es que en algún punto hallamos un final, todo lo que encontraríamos sería que la causa subyacente y principal de los problemas de Puerto Rico es su propia condición colonial. Aunque las entidades políticas de Puerto Rico han inevitablemente desempeñado un papel, el de ellas no solo ha sido uno limitado y parroquial, sino que, aún más importante en mi opinión, no ha sido uno decisivo. Cualquier distracción de esa verdad fundamental, de que nuestra condición colonial es la causa principal del desastre al que nos enfrentamos ahora, resta valor a cualquier esfuerzo de encontrar una solución.

Y así les dejo con un último pensamiento: esperemos que el Congreso y otros en posiciones importantes tomen nota yconsideren las consecuencias potencialmente explosivas de esa la propuesta sobre la Junta de Control Fiscal que el Congreso le hace a Puerto Rico y a su población de ciudadanos estadounidenses que, incluso en el contexto de una relación de explotación como la de Estados Unidos hacia Puerto Rico, es completamente escandalosa.

Fuente: La relación entre EE.UU. y P.R.–fragmentos del Discurso del Juez Juan R. Torruella en John Jay College of Criminal Justice, en Nueva York, el 24 de abril de 2016.

Lo que Donald Trump significa / José Manuel Solá

trump 1Reflexionando en cuanto al proceso primarista de los E.U. del cual el empresario Donald Trump podría resultar (y por lo visto, no es descabellado pensarlo) ganador de la presidencia de esa nación, pienso que no se trata únicamente de las elecciones de 2016 -en las que, en el mejor de los casos no debería prevalecer-. Se trata de mucho más y esa es la preocupación.

Uno pensaría que los aparentes avances de la minoría afro-norteamericana resultados de las luchas por los derechos civiles, humanos, de la década de los ’60 y las posteriores se habían hecho sólidos. Las circunstancias actuales nos demuestran que no es así; bueno, no del todo. El reptil del racismo, la xenofobia, la intolerancia, no está muerto. Está latente, vivo, agazapado en la mentalidad del norteamericano promedio, en espera del momento oportuno para clavar sus colmillos… es sólo cuestión de tiempo.

El discurso inflamatorio de Trump ha avivado al Voldemort de esa mentalidad, le ha insuflado un nuevo aire de odios. Por tanto (o eso pienso ahora que escribo con un solo dedo, directamente a la computadora, de forma imperfecta, sin borrador) no se trata solamente de las elecciones de noviembre; se trata de lo que, (gane o pierda el magnate la contienda electoral) sucederá después de noviembre. Trump le ha reconocido validez a los sentimientos de odio y atropello vivos en el corazón de la mayoría anglosajon de todos los estratos de la sociedad del Norte. Y pidiendo a Dios que pueda yo estar equivocado, pienso que ha abierto unas puertas que muchos creíamos nunca se abrirían. Una vez abiertas -me parece a mí- no habrá poder en la tierra que las cierre hasta que la “promised land” que alegadamente mana leche y miel se extinga por sus propias acciones y por su propia mano. Y esto, como el llamado efecto domino, tendrá repercusiones -funestas, en su mayoría- en muchas otras naciones.

Lamentablemente, todo este proceso divierte a la población de los E.U. que lo ven como algo folklórico, como un sarampión pasajero. Así mismo, los medios de comunicación que a diario celebran tener noticias que exacerban esos sentimientos y venden sus productos. Obviamente hay, sí, conciencia e inquietud en una minoría pensante que se resiste a la manipulación de los medios. Pero son sólo eso: una minoría.

Como dije, no se trata únicamente de las elecciones de noviembre de este año. Se trata de lo que uno puede observar más allá de esa línea del horizonte electoral, se trata del espectro de los odios a los que Trump ha dado validez y patente de corso para el futuro. Trump y sus acólitos han sembrado y regado la semilla.

José Manuel Solá / 13 de marzo de 2016

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Documento histórico: La verdad sencilla sobre el status político / por Luis Muñoz Marín el 4 de julio de 1948

Javier R. Almeyda-Loucil publicó en la Biblioteca Virtual de Puerto Rico:

“En la víspera de la discusión en el Tribunal Supremo de Estados Unidos de dos caso en los cuales tendrá que definir la verdadera relación de status de Puerto Rico, este discurso de Muñoz Marín previo al Estado Libre Asociado resulta revelador. Las aspiraciones, la realidad del momento o la venta de un sueño de gobierno propio que tal vez nunca se cristalizó aún en el 1952 esta plasmado en ese folleto.

Biblioteca Virtual de Puerto Rico

La verdad sencilla sobre el status político por Luis Muñoz Marín el 4 de julio de 1948

Digitalizado por Javier R. Almeyda-Loucil

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Ver documento en: http://issuu.com/coleccionpuertorriquena/docs/la-verdad-sencilla-1948?e=16656678/31847859

Ambos a tres / por José Santiago

matarile-rile-ronOpinión

Las grandes corporaciones o instituciones, ya sean con o sin fines de lucro, se mantienen sólidas y exitosas mientras los intereses colectivos de la institución sean la prioridad de todos sus miembros. En tanto y en cuanto los intereses particulares de sus miembros son la prioridad, estas colapsan.

Pongamos como ejemplo a los dos partidos políticos de mayoría en Puerto Rico.  Sus miembros, políticos de oficio, defienden sin cortapisas los postulados del partido por encima de ninguna otra cosa. Esto lo manifiestan públicamente a diario, siendo esta una de las pocas veces en las que quizás actúan con verdadera honestidad.

Esa particularidad de defender los intereses del partido por encima de los intereses del país le ha dado continuidad y solides a estas dos instituciones políticas. Esto beneficia colateralmente a sus políticos de oficio y a los intereses privados que los patrocinan. Ellos viven sin limitaciones económicas ni sociales, mientras el bienestar de la ciudadanía, que no está entre sus prioridades, colapsa.

En lo referente al Partido Independentista Puertorriqueño, este se derrumbó desde su origen. Los intereses particulares de sus líderes, apegados al financiamiento del régimen, mató su razón de ser. Por ese conflicto ético no han logrado sacar al país de la tragedia del coloniaje y del engaño de que con la soberanía nos arroparía el hambre y la miseria.  ¿Qué miseria mayor que miseria moral y económica que vive la mayoría de la población actualmente?

©José Pepo Santiago

La fiabilidad del sondeo sobre la labor de la alcaldesa Karilyn Bonilla

portada regional 15 sept 2015Luego de dos años y medio de gestión administrativa la mayoría de los salinenses parecen estar satisfechos con la labor realizada  por  la alcaldesa Karilyn Bonilla. Así se desprende de un sondeo realizado por el periódico El Regional y divulgado en su edición 835.  Según el sondeo únicamente el 24% de las personas interrogadas en Salinas expresaron estar insatisfechas y catalogaron de pobre la labor realizada por la alcaldesa.

El 76% de aprobación se desglosa de la siguiente manera: el 57% dio una nota de “excelente” a la labor de Bonilla Colón, el 8% por ciento le dio nota de “muy bueno”, y el 11% “bueno”.  Por otro lado, un 7% catalogó el trabajo de la actual administración de Salinas como “insatisfactorio y un 17% como “pobre”.

También se le pregunto a los encuestados cuál seria su postura si la alcaldesa Bonilla decidiera postularse para un nuevo término en las elecciones del 2016.   De ser ese el caso el 67% opinó favorecer la reelección de la funcionaria frente a un 29% que dijo no y un 4% de indecisos.

El sondeo de El Regional estaba dirigido a obtener una idea de la opinión publica sobre la labor de los alcaldes y legisladores incumbentes de la zona donde se distribuye.   Fue realizado entre los meses de junio a septiembre de este año. En  el caso de los alcaldes se preguntaba a los encuestados su opinión sobre si el funcionario ha tenido suficiente tiempo para proyectar su obra, la calidad de la labor realizada y la posibilidad de reelección.

El sondeo se realizó entrevistando personas en la calle y a través de medios electrónicos que no se indican. Tampoco se indica el tamaño de la muestra y si tomaron en cuentan elementos para fortalecer la muestra como una representación satisfactoria de todos los electores de Salinas.

En ausencia de ese rigor  tenemos que tomar los resultados como parte de un ejercicio mediático dirigido para entretener al público sobre los procesos cotidianos faranduleros y políticos que los apasionan. Ejemplo de ello son los sondeos telefónicos en programas de radio y televisión donde se desconoce el perfil de los que emiten la opinión.

No obstante los sondeos pueden recoger la opinión momentánea sobre un hecho particular con una representación fiable de muchas personas de una población particular. El hecho correcto  es que la actual alcaldesa de Salinas ganó  las elecciones del 2012 con el respaldo del 51.2%; es decir 8% más que los votos que obtuvo el candidato de su partido en las elecciones de 2004.   Según el sondeo de El Regional  un 67% de los encuestados favorecen la reelección de la alcaldesa, un dato revelador que sostiene una tendencia: la figura política de Karilyn Bonilla no se ha deteriorado en los pasados dos años y medios.

por Sergio A. Rodríguez Sosa

EL Conflicto en la Frontera Venezuela-Colombia / Carlos Pérez Morales

Cuando se trata de información sobre países que Estados Unidos considera enemigos, se pone en función una matriz mediática que coloca siempre como malos de la película a esos países. De esa manera se desinforma y se demoniza a los enemigos por medio de información falsa o desvirtuada. Eso ocurrió recientemente con una situación en la frontera entre Colombia y Venezuela. Los medios estadounidenses y europeos hicieron creer que Venezuela abusaba de indocumentados e inmigrantes colombianos. Lo irónico es que la situación humanitaria con indocumentados atribuida a Venezuela es pan nuestro de cada día en las fronteras de Estados Unidos y de Europa. Incluimos aquí una columna sobre el tema con la intención de ofrecer una información más sosegada y veraz de la situación en la frontera colombovenezolana.

EL CONFLICTO EN LA FRONTERA DE VENEZUELA

La frontera entre Venezuela y Colombia cubre unos 2,219 Km. terrestres] (1,379-millas) más la zona del Golfo de Venezuela, la cual aún permanece en disputa.  Esta zona es muy rica en petróleo y otros hidrocarburos. Estos límites son considerados como una “frontera porosa” porque se presta para el cruce ilegal de personas de un país a otro. Esta frontera es muy difícil de vigilar y de aplicar políticas migratorias y de comercio.  Del lado colombiano, la misma se encuentra en estado de abandono, propiciando así la presencia de grupos armados paramilitares, los cuales se ha probado forman parte de bandas contrabandistas de productos venezolanos, subsidiados por el gobierno y propician la trata humana hacia Venezuela.

Estos emigrantes colombianos procuran servicios de salud y otras prestaciones que el gobierno de Venezuela ofrece a sus ciudadanos. La situación ha traído como consecuencia una emigración desordenada e indocumentada. Por otra parte, el transporte de productos venezolanos en forma de contrabando, incluyendo gasolina y otros productos derivados de hidrocarburos, produce grandes pérdidas al estado venezolano, creando continuos roces fronterizos entre ambos países bolivarianos. Como resultado de estos graves problemas, el gobierno de Nicolás Maduro, de la República Bolivariana de Venezuela, decidió cerrar la frontera de su país con Colombia. Este acontecimiento sucedió el pasado 19 de agosto, después que contrabandistas colombianos dispararon e hirieron a tres soldados y a un civil  venezolano. El cierre comenzó en el Puente Internacional Simón Bolívar en el estado de Táchira.

El Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, se vio obligado a enviar tropas a la frontera con Colombia como medida de precaución y para mantener el orden. También decidió repatriar a ciudadanos colombianos que estaban residiendo de forma ilegal en Venezuela. Estas medidas crearon una reacción por parte de Colombia, cuyo presidente condenó los hechos y comparó los mismos con las medidas tomadas en Europa por el nazismo.

El presidente colombiano Juan Manuel Santos, decidió internalizar la discusión de esta crisis, recurriendo a la Organización de Estados Americanos. En esta organización solicitó una reunión de Cancilleres para tratar el asunto. Colombia, recibió un duro revés en el organismo interamericano al no alcanzar los votos suficientes para convocar la reunión. Luego de su fracaso, el presidente Santos deploró la escasa reacción de los países de la región en este asunto. Como forma de escalar la discusión de la situación, Santos se reunió con el Secretario General de las Naciones Unidas. Por lo visto, el único ente regional con interés en esta discusión es la UNASUR, organismo internacional, a cuya reunión el presidente de Colombia no asistió. Esta organización suramericana, donde Venezuela tiene mucha influencia, recomendó una reunión entre los presidentes de los países concernidos para resolver la situación. Esta medida está aún por verse.

La prensa venezolana ha destacado que el “solo hecho de que tantos colombianos hayan emigrado en busca de mejores oportunidades a un país como Venezuela pone en evidencia una realidad desesperante en Colombia, que no va con la imagen de país próspero y pujante que el gobierno de Santos intenta proyectar al mundo.”

Desde el 2014, la revista inglesa The Economist, viene advirtiendo sobre el grave problema de contrabando e emigración ilegal de colombianos al estado de Táchira en Venezuela. Advierte que esta situación puede aumentar los graves problemas entre estas dos naciones suramericanas.

El pasado 25 de agosto se celebró una “Marcha Patriótica” en Colombia para recabar de su gobierno mejores condiciones en su frontera con Venezuela. Los miembros de este movimiento social pedían a su gobierno el combatir los verdaderos enemigos en la frontera: los contrabandistas, los paramilitares, los que promueven la trata humana y los que reciben beneficios del comercio ilícito con Venezuela.

La oposición venezolana argumentó que esta situación es sólo una “cortina de humo” diseñada por Maduro, para distraer la atención de los venezolanos de los verdaderos problemas del país.  El gobierno de Venezuela respondió que a su país se le debe condecorar por haber aceptado más de 5 millones de colombianos que huyeron de su nación debido a las graves situaciones políticas y económicas que padece Colombia. También aludieron que a estos inmigrantes se les ha resuelto su situación invistiéndole incluso, con la ciudadanía Venezolana.

De mi parte, considero que se trata de un grave conflicto que puede desembocar en situaciones peores. Pienso que sólo mediante la  diplomacia se puede resolver este grave problema.