Colonialismo, genocidio ambiental y luchas comunitarias en el sureste de Puerto Rico / Rafael Rodríguez Cruz

Dicen que mi generación fue de las pocas en disfrutar un poco de prosperidad en la comarca de Guayama y el sureste de Puerto Rico en el siglo XX. Algo de verdad quizás tiene la aseveración. Entre 1955 y 1972, Guayama y los pueblos del sur disfrutaron de una aparente primavera económica, resultante de la llegada del gran capital industrial moderno a Puerto Rico. Una de las industrias más importantes, para el desarrollo de mi generación, fue la Univis Corporation, que fabricaba lentes básicos en Guayama y los exportaba al mercado estadounidense. La fábrica Univis estaba en la salida hacia el pueblo costero de Salinas y, al menos hasta fines de la década de los sesenta, parecía inamovible. Al otro lado del pueblo, saliendo para Arroyo estaban las plantas textiles, incluyendo las fábricas conocidas como la Americana y Angela Corporation. La verdadera gran inversión de capital industrial, sin embargo, ocurrió en las afueras de Guayama, en el área de la laguna de Jobos y Pozuelo. Nos referimos a la llegada de la Phillips Corporation y el inicio de la fase de predominio de las industrias químicas y petroquímicas transnacionales en el sureste. El cultivo de caña vendría a ser un fenómeno del pasado, y pronto las centrales de la región dejarían de funcionar.

A pesar de la rápida transición de la agricultura a la gran industria, mi generación sintió que muy poco cambiaba en este pueblo en que, al decir de Luis Palés Matos, la gente se moría de hacer nada. La lentitud de la vida social era algo asfixiante. Guayama, con o sin la Phillips, seguía siendo Guayama. Al menos, así se sentía. Todo alrededor nuestro tendía hacia la inercia y nuestras vidas se consumían en una especie de maleficio que nos condenaba a movernos circularmente. De hecho, así era que la juventud efectuaba los recorridos de coqueteo en la plaza de recreo, durante las fiestas patronales; en un círculo perfecto en contra del reloj.

Algunos comentaristas leen apresuradamente a Palés, y le atribuyen la inercia cultural de Guayama solo a la hispanofilia de las clases dominantes. Nuestro poeta, sin embargo, era un mago de las imágenes líricas. Él sabía, por ejemplo, que la lentitud del tiempo en el sureste de Puerto Rico ya estaba allí mucho antes de la colonización. Por eso, no es recomendable leer el poema Pueblo, sin antes leer Topografía. Entre uno y otro hay una conexión de causalidad.

El sureste

Aceptemos, de entrada, que el sureste de Puerto Rico, toda esa región que va de Salinas a Patillas, es un área de contrastes extremos y magníficos. En la costa predomina la aridez y la marisma seca, al menos exteriormente. En las lomas, y de manera muy selectiva, hay zonas que parecen bosques tropicales. Este es el caso de la ladera sur de los montes de Carite, así como de las elevaciones de Guamaní y del curso del río Patillas, desde la poza de la curva hasta el lago.

En 1898, apenas ocurrida la invasión militar, el geólogo y explorador estadounidense Robert Hill visitó la región del sureste de Puerto Rico. Buscaba minerales para la explotación por las compañías de su país. A su alrededor, solo vio un paisaje de terrenos secos, árboles de cactus, arenas y pedregales. Dotado de un poder de observación sin par, no le tomó más de un minuto en rendir juicio sobre lo que vio: «Aquí no hay minerales, pero sobra el agua subterránea; bastaría con hundir un palo en la tierra para comprobarlo». Originario de Texas, y famoso por haber descubierto los grandes acuíferos del sur de Estados Unidos, Hill sintió una experiencia de deja-vu. Estaba, a su juicio, encima de un gran acuífero, con un potencial enorme para la agricultura. Efectivamente, en 1898 Hill detectó uno de los depósitos más importantes de lo que hoy se conoce hidrológicamente como la Gran Provincia de Sur. Parte integral de los valles de acuíferos de la costa de Puerto Rico, la Gran Provincia del Sur incluye los acuíferos aluviales de Salinas, Guayama y Patillas; en conjunto, una de las acumulaciones de agua subterránea más importantes y fantásticas del Caribe.

El geólogo imperialista Hill, sin embargo, estaba más interesado en la mineralogía que en la agricultura. Por eso, no hizo muchos comentarios sobre el potencial de cultivo de caña en la región. Para él, los terrenos del sureste, descritos por muchos como áridos y estériles, eran, ante todo, ricos en humedad subterránea. Cualquier uso agrícola, por lo tanto, era posible mediante la extracción de agua de los depósitos aluviales bajo tierra. La aridez superficial, aunque visible, no era un problema insalvable. ¿No era acaso eso lo que él había recomendado para las grandes fincas de cultivo y ganado en Texas, o sea, extraer agua del subsuelo? La cuestión se reducía, pues, a qué era más costoso: sacar el agua mediante pozos modernos o crear un sistema de riego, que captara el agua de los caudalosos ríos de las montañas. Lo primero implicaba una inversión significativa de capital en maquinaria y equipo; lo segundo, se podía obtener gratuitamente del gobierno colonial. El riego, entonces, no era un requisito absoluto para la agricultura en la zona sureste, ni siquiera para la caña.

A pesar del contraste entre los llanos áridos del sureste y las montañas lluviosas del centro de la isla, la existencia de grandes acuíferos en las llanuras fue el producto magnífico de una armonía hidrogeológica que tomó millones de años en constituirse. De hecho, el mismo Hill, uno de los precursores de la geología moderna en el Golfo de México y la Cuenca del Caribe, quedó infatuado con el caso de Puerto Rico. Para algunos científicos de la época, las Antillas Mayores, incluyendo nuestro país, representaban la Atlantis perdida de la mitología griega. Hill estudió la composición de las rocas en las distintas islas y dio base científica a sus teorías. Como un Da Vinci de la geología, sus descripciones del Caribe no están exentas de valor literario. Las Antillas Mayores, puntualizó en sus artículos para la revista National Geographic, semejaban una canoa invertida.

Puerto Rico, añadió Hill, aunque hija de la misma madre que tuvo Cuba, o sea, de las revoluciones volcánicas del Caribe, se destacaba entre las Antillas Mayores por su vegetación exuberante y la variedad de paisajes. De hecho, en su opinión, Cuba tenía un aspecto geológicamente continental maduro. Puerto Rico, no; aquí todo parecía nuevo y acabado de brotar del mar. La isla, en sus palabras, era un microcosmos utópico, que deleitaba al visitante por la armonía de contrastes extremos, como si fuera una pintura alocada. De un lado, estaban las costas, excepcionalmente lineales y faltas de cayos; del otro, el paisaje general de la isla, marcado por cadenas de elevadas montañas de semblantes dentados y categóricos. La discordancia mayor, por supuesto, la daba el clima: húmedo en el norte, seco en el sur. El agua, sin embargo, no escaseaba en ningún rincón de esta diminuta isla de 35 millas de ancho por 100 de largo. Las serradas montañas del centro de la isla, con sus suelos arcillosos, apenas lograban retener el agua de lluvia que recibían gracias a los vientos alisios. Sin embargo, las copiosas precipitaciones no tardaban en llegar, mediante un enjambre alucinador de ríos, a las costas y sus múltiples depósitos de calizas porosas absorbentes de humedad. Ahí se almacenaron por miles y miles de años. En realidad, se trataba de depósitos subterráneos geológicamente jóvenes, formados tan solo uno o dos millones de años atrás. Puerto Rico era, para Hill, expresión de la unión armoniosa de lo viejo y lo nuevo: montañas volcánicas y costas jóvenes. El agua que él notó tímidamente asomándose bajo la marisma seca del sureste se originaba efectivamente en las montañas. Los mismos terrenos esponjosos de la costa no eran sino el resultado de la acumulación milenaria de grava, piedras y otros materiales que habían llegado de las montañas por efecto de la erosión. Y si arriba no retenían el agua, abajo la acumulaban. Hacía falta una verdadera visión de conjunto, para comprender la perfecta armonía escondida tras los extremos de climas, paisajes, topografía y geología de la isla. Una armonía hidrogeológica de millones de años. Quizás sea ese, digo yo, el verdadero origen de la lentitud con que discurre el tiempo en el sureste de Puerto Rico.

Hoy, gracias a la ciencia moderna, sabemos que lo que Hill llamó “agua siempre accesible a un metro bajo la superficie” no era más que uno de los muchos valles de acuíferos del sureste de la isla. Debido a la armonía con la lluvia en los montes, el agua sobraba en ellos. Por miles y miles de años, la fuente de recarga principal de los depósitos de agua subterránea en el sureste había sido el agua montañosa que llegaba por la acción de los ríos y la fuerza de gravedad. No en balde no había lagos superficiales. La isla los llevaba por dentro en sus costas.

Naturalmente, el sureste no es el único lugar que muestra este tipo de formación hidrogeológica en Puerto Rico. Hay algunas en la costa del norte, y bien grandes. Sin embargo, aquí, en la tierra inhóspita de Palés, el asunto reviste un aspecto de magia. Debido a la altura y localización algo desplazada al sur de la Cordillera Central, el sureste de Puerto Rico está aislado del efecto humidificador de los Vientos Alisios, con sus ráfagas que soplan del noreste. En la ladera de la isla a barlovento, o sea, de cara a los vientos húmedos del noreste, ocurre lo que los geógrafos llaman lluvia orográfica: la humedad sube, se enfría y se condensa en los topes de las montañas. Por ello, abundan los aguaceros a barlovento. Con una diligencia insuperable, los vastos y anchos ríos del norte de Puerto Rico se encargan de distribuir el agua fresca de lluvia equitativamente por toda esa zona. Son un sistema de riego natural. Al sur, sin embargo, lo único que llega son vientos secos y calientes. Algunos se originan en el mar Caribe, siempre cargado de energía y calor; otros, resultan de las ráfagas del norte que remontan la Cordillera Central y, ya vacías de humedad, descienden por la ladera a sotavento, calentándose aún más. Calor si bogas, calor si no bogas. Todo por el asunto del sotavento.

Para que no falte dramatismo, los ríos del sur son cortos y pronunciados, debido a las pendientes extremas. En una dinámica hidrológica que la gente bautizó siglos atrás de «alocada», los cauces del sur se desbordan por la mañana y por la tarde se secan. Así, porque sí, sin más razón que aquella de que, como decía La Lupe, «lo que pasó, pasó». El agua baja de las montañas sin anunciarse y, en medio de todo el calor, se llevan en un santiamén lo mismo personas, animales o pueblos enteros. Por eso, hay en nuestra literatura del sur, imágenes de cauces sin ríos y de golpes de agua que ocurren en medio de un día seco y ardiente. Sea como sea, los acuíferos del sureste, con su material geológico poroso, absorben enseguida el agua que viene de los montes. Glup-Glup-Glup. Quiso la naturaleza, además, que, para preservar el agua, todo el manto de piedras, arenas y grava porosa, o sea, el cuerpo permeable del acuífero del sur, descansara sobre una cama de material geológico no poroso. Esponjosidad arriba, absorbiendo el agua; impermeabilidad por abajo, tapando el fondo. Los acuíferos del sureste de la isla no son sino esponjas de retención de agua dulce: Dadme una esponja / y tendré el agua dulce.

En la región sureste de Puerto Rico, contrario a los principios entrópicos de la física moderna, la naturaleza busca la armonía, huirle al desorden. Y ello, siempre en el contexto de extremos geográficos yuxtapuestos. Por eso, dicen los hidrólogos, que hay un fenómeno, no tanto visible como conceptualizable, que se llama el nivel freático de las aguas subterráneas del sureste. Es una medición del punto o nivel de saturación del material poroso, lo que no es sino el cuerpo mismo del acuífero. Si el nivel freático es elevado, hay agua suficiente; si es bajo, necesita recarga. Tomado en su forma más abstracta, el nivel freático es un índice de la relación del acuífero con la totalidad del medio ambiente geográfico que lo rodea, desde las montañas hasta el mar. Si el nivel freático sube, y el agua dulce rebasa la capacidad de retención del material poroso, el exceso del líquido fluye, por la ley de la gravedad, hacia las lagunas y pantanos cercanos al mar. Si por razones naturales o de actividad humana, el nivel freático baja, el agua dulce no puede prevenir la entrada del agua de mar, y se saliniza el acuífero. Es decir, toda ruptura de la armonía hidrológica trae consecuencias. En el primer caso, positivas; en el segundo, negativas. ¡Excéntricos que son nuestros acuíferos!

Resulta, entonces, que a diferencia del gran acuífero Oglalala en las llanuras de Estados Unidos, los del sureste de Puerto Rico no tienen un término final de vida. Son recargables, Su capacidad potencial de almacenaje no varía con los años. Eso, porque tanto la porosidad del material de aluvión, como su espesor, son factores constantes. Lo que puede variar es la recarga, como resultado de la entrada de agua dulce; o la descarga, por la actividad imprudente de extracción.

¡Ay, la ingratitud humana! Habría que rescribir toda la historia de Puerto Rico, para darle a los acuíferos del sureste el crédito que se merecen en la génesis de la dinámica social, cultural y económica de la región. Sin ellos, o sea, sin el agua dulce que estaba “a menos de un metro de profundidad”, no se habría dado ni la antigua producción de caña ni la gran cultura negra de la región. Pero en eso no se piensa. Excepción hecha de los acuíferos aluviales, no había en toda la región costera ni agua dulce ni potable, al menos de forma continuada. ¿Será, por eso, que algunas de las comunidades negras de Guayama y Salinas todavía tienen nombres asociados a la extracción de agua subterránea? ¿Qué otro origen puede haber tenido los nombres de barrios de esclavos, como Pozuelo y Pozo Hondo? La negritud de Guayama no es hija exclusiva del tambor.

Coloniaje y genocidio ambiental

La construcción del sistema de riego y represas del sureste, que comenzara en 1908, vino a alterar el equilibrio milenario entre los acuíferos de la región y las fuentes naturales de recarga. Ya para 1915 cinco grandes represas (Patillas, Carite, Coamo, Toa Vaca y Guayabal) suplían las necesidades de la industria del azúcar, mediante un sistema de 150 kilómetros de túneles y canales, que iban desde Juana Díaz hasta Patillas. El agua represada sería utilizada, además, para producir electricidad en varias plantas hidroeléctricas localizadas en las pendientes montañosas del sureste (Carite I, Carite II, Carite II, Toro Negro I y Toro Negro II). Solo después llegaba a las costas. El efecto inmediato del sistema de riego fue, pues, reducir las fuentes naturales y milenarias de recarga de los acuíferos de la zona sur. A lo sumo, estos se nutrían ahora de los remanentes del sistema de riego y, con suerte, de las infrecuentes crecidas de los ríos provocadas por una que otra tormenta severa. Pero ello, únicamente después de llenarse los lagos.

En la cuarta década del siglo XX comenzó el hincado de pozos profundos para la extracción de agua con propósitos agrícolas por todo el sureste de Puerto Rico. El efecto negativo de la actividad humana sobre el nivel freático de los acuíferos era ahora doble. Por un lado, se apresaban y canalizaban las aguas de los ríos; por el otro, se ponía en marcha un proceso de extracción desordenada de los arsenales subterráneos. La salinidad creciente del agua comenzó entonces a mostrar su fea cara.

Fue, no obstante, en las décadas de 1950-1970, o sea, durante los tiempos en que mi generación crecía ajena a todo (salvo a la exasperante inercia del pueblo) que comenzaron a llegar, a la región del sureste, fuerzas promotoras de un desajuste hidrológico quizás irreparable. No puedo decir que esto ocurrió calladamente. Todo lo contrario. Mi pueblo celebró en grande la llegada de cada planta industrial, de cada inversión de capital extranjero y de cada maquinaria moderna y ruidosa, por contaminante que fuera. De todas las criaturas malsanas, la que más alegría infundada provocó fue la Phillips Petroleum y su hermana la Fibers, que llegaron a mediados de la década de los sesenta. Después vinieron otras, como las farmacéuticas estadounidenses Pfizer, Elli-Lilly y Bayer. También Monsanto y Dow Chemicals. El sureste, finalmente había arribado a la modernidad. ¡Y de qué modo! Atrayendo canallas, ladrones y tahúres peores que los imaginados en el poema Pueblo de Palés.

Como era de esperarse, dada la condición colonial de Puerto Rico, las factorías químicas y farmacéuticas estadounidenses se establecieron precisamente en las zonas más sensitivas de la hidrología del sur; o sea, en los topes de los acuíferos y en las cercanías de los antiguos manglares y humedales. A primera vista, esto parece un contrasentido. El consumo de agua por estas operaciones industriales palidece en comparación con la demanda de las operaciones de la caña, ya desaparecidas. Sin embargo, con estas compañías no se trata tanto de lo que extraen, como de lo que inyectan: sustancias contaminantes y carcinógenas. En efecto, ya para 1986 porciones importantes de los acuíferos de Guayama quedaron enteramente arruinadas, debido a las concentraciones elevadas de sustancias químicas peligrosas. Y hoy, la región sureste de la isla es un foco de enfermedades terribles, en particular el cáncer, derivadas de las operaciones de estas industrias y de otras actividades industriales altamente contaminantes.

No es extraño, pues, que haya que remontarse a mi generación para hablar de un tiempo de aparente prosperidad en el sureste de Puerto Rico. La región entera sufre, en estos momentos, las consecuencias negativas de un desarrollo industrial que destruyó nuestros recursos naturales más valiosos, en particular de 1966 en adelante. Ello, en realidad, no fue sino un segundo golpe duro para la región, después de medio siglo de dominio de la producción cañera, que agotó la fertilidad natural de los suelos y trastocó la hidrología superficial. Con la caña, se trataba del uso imperialista de las aguas de los ríos para alimentar las ganancias de las grandes compañías azucareras estadounidenses en el sureste. Más recientemente, se ha tratado del uso de los acuíferos aluviales como vertederos para los desechos y contaminantes de las industrias químicas y farmacéuticas extranjeras. Entre ellas, y con un carácter híbrido aterrador, hay que mencionar a la Dow Growers, que ha convertido miles de acres de los antiguos cañaverales del sureste en campos de siembra de sus semillas química y genéticamente modificadas. No lejos de estos campos, una montaña gigantesca de residuos y cenizas de la quema de carbón por otra compañía estadounidense, la AES, contamina el aire, además de inyectar materiales tóxicos y radioactivos sobre el valle de los acuíferos del sureste. El resultado ha sido la transformación del sureste en lo que puede tildarse de un virtual corredor del cáncer.

Lucha comunitaria

No es posible tener un cuadro completo de la realidad del sureste de Puerto Rico, sin mencionar la tradición combativa de sus barrios de gente negra. Bastaría con mencionar las revueltas de esclavos negros en el siglo XIX; o las gigantescas movilizaciones de huelguistas de la industria de la caña en la década de los treinta del siglo XX. Traicionados por el sindicato reformista, las masas explotadas del sureste no tardaron en recabar la ayuda del Partido Nacionalista de Puerto Rico y, en particular, de su líder Pedro Albizu Campos. La respuesta del imperio fue implacable, reprimiendo tanto a los miles de huelguistas en la zona como al nacionalismo revolucionario. Pero, la combatividad de las comunidades del sureste de la isla nunca ha cesado. De hecho, es hoy más fuerte y prometedora que nunca.

Las comunidades negras y pobres del sureste de la isla enfrentaron una prueba mayor, como resultado del huracán María en septiembre de 2017. Por meses, los poblados costeros de Guayama y Salinas quedaron totalmente desprovistos de electricidad y agua potable. Ante eso, los diferentes grupos comunitarios y ambientalistas se unieron para garantizar, día a día, la distribución igualitaria de lámparas inalámbricas, agua embotellada y, en particular, comida. De ahí, surgió un impulso renovado para liberar a las comunidades de la dependencia en energía no renovable. Se trata, al menos inicialmente, de un proyecto comunitario, llamado Coquí Solar, que garantizaría energía limpia y gratis para una comunidad de 900 familias. Que esto ocurra, apenas a pocos kilómetros de las plantas contaminantes que producen electricidad con carbón y petróleo, es indicativo de la voluntad del pueblo de lograr la autosuficiencia energética, así como de proteger el ambiente. Y ello se viene logrando por la vía de la autogestión comunitaria.

El pasado 6 de abril de 2018 se celebró, en Salinas, el primer conversatorio titulado “Por un Posicionamiento Político, Social y Cultural Desde el Centro-Sureste”, dirigido a promover una visión militante de conjunto entre las organizaciones culturales, ambientales y de lucha del centro y sureste de Puerto Rico. Al evento, asistimos un nutrido grupo de compañeros y compañeras independentistas, así como miembros de las principales organizaciones de lucha y comunitarias. Entre estas últimas cabe mencionar: el Centro Cultural Cunyabe, el Comité Diálogo Ambiental, el Frente Afirmación el Sureste (FASE), El Comité Plaza Monumento Dr. Pedro Albizu Campos de Salinas, y el grupo Iniciativa de Ecodesarrollo de Bahía de Jobos (IDEBAJO). Al día siguiente, en la mejor tradición de la rebeldía afroantillana, se celebró la tradicional actividad conocida como Libre Soberao, en que, desde los tiempos de la esclavitud, los negros y negras de la zona se reúnen para tocar los tambores y bailar el ritmo de la bomba. Este pasado 7 de abril, significativamente, el Libre Soberao se efectuó en los terrenos de la antigua Central Aguirre. Lo más importante es que, desde abril para acá, las distintas organizaciones se han mantenido unidas por la agenda común de luchar por la autogestión, el mejoramiento de la calidad de vida y la protección del ambiente.

¿Por qué hablar del sureste, como una región diferenciada de la isla? Simplemente porque, a pesar de su tamaño reducido, Puerto Rico entero está conformado por zonas geográficas que muestran rasgos culturales, sociales y económicos muy particulares. Este fenómeno llamó mucho la atención de Estados Unidos en 1898, y ha sido utilizado a menudo en contra de nuestras luchas emancipadoras, para desunirnos aún más. La región del sureste, con su peculiar hidrogeología, comprende uno de los llanos más extensos de la isla, en el cual prevalecen condiciones muy uniformes. Culturalmente, es la región de mayor influencia y difusión del elemento afroantillano. Económicamente, es una zona que desde 1898 ha sido explotada con arreglo a un plan regional por el gran capital monopolista estadounidense. Además de sus recursos naturales valiosísimos, el sureste exhibe una proletarización generalizada. Socialmente, es una región de elevada combatividad de la clase trabajadora que la habita mayoritariamente. De lo que se trata ahora, para las organizaciones militantes, es de promover una respuesta organizativa regional a los problemas que históricamente han prevalecido.

El joven activista Roberto Thomas, portavoz del grupo IDEBAJO (Iniciativa de Ecodesarrollo de Bahía de Jobos) enumera, en un informe reciente, algunas de las áreas en que el sureste confronta los mayores retos: (1) aumento del costo de vida; (2) despoblamiento acelerado, debido a la rampante pobreza; (3) contaminación por la quema de carbón e infiltración de sustancias tóxicas en los acuíferos que suplen agua potable; (4) acaparamiento de miles de acres de terrenos por las semilleras Dow y Monsanto; (5) cierre discriminatorio de escuelas públicas; (6) corte de pensiones de los jubilados; (7) eliminación de derechos laborales y (8) desempleo y su secuela de bajos ingresos. Dada la naturaleza regionalmente aguda de estos problemas, la respuesta también tiene que ser abarcadora. Al respecto, nos dice Roberto en su informe:

«Después del huracán, y ante los problemas que todos y todas conocemos, hemos trabajado en el adelanto de la organización comunitaria de los barrios negros de toda la zona que va de Salinas a Guayama. Entre ellos, los poblados de El Coquí, Mosquito, Jobos, Las Mareas y San Felipe. Las comunidades mismas optaron por crear algo novedoso, que se ha venido a conocer como Oasis Comunitarios. Gracias a la naturaleza democrática y descentralizada de estos organismos, rápidamente pudimos fundar cocinas comunitarias, puntos de distribución de suministros, eventos de enriquecimiento cultural para los niños, así como días de limpieza de escombros. Todas eran necesidades urgentes después de la tormenta, y las comunidades se movilizaron para darles solución. Una idea en la que trabajamos ahora mismo es la creación de mesas de trabajo temáticas, que permitan capacitar, atender y responder a los problemas desde las propias comunidades. Se trata de mesas que ofrezcan nuevas ideas para adelantar en la solución de asuntos tales como la comida, vivienda, salud (física y mental), cultura y recreación. Queremos vigorizar el mecanismo de las asambleas comunitarias que hagan posible la participación más amplia de la gente de nuestras comunidades, particularmente los jóvenes, en el proceso de organizarse para atender y mejorar la calidad de vida». (Citado con permiso del autor)

La cuestión de la identidad

En el centro mismo de la posibilidad de un proceso emancipador en Puerto Rico está la cuestión de la identidad. La tormenta María golpeó brutalmente al sureste de la isla, afectando sobre todo a las comunidades pobres y negras. Estas siempre fueron un punto de apoyo para las luchas libertarias, al caracterizarse por la preservación del legado de sus orígenes afroantillanos. La combatividad de los poblados del sureste no tiene parangón en la historia de las luchas proletarias de Puerto Rico. Y esto, afirmando en todo momento las raíces caribeñas de sus habitantes. En el contexto de las comunidades del sureste de Puerto Rico, con su inherente influencia afroantillana, la idea de la no-identidad boricua es un lujo, un adorno.

El sureste, por su historia y misticismo, es parte integral del universo afroantillano. No somos, pues, extranjeros en este pedazo del Caribe que habitamos. El ancla, la raíz de esa pertenencia es la negritud, entendida no ya abstractamente, sino en función de las luchas concretas de las comunidades pobres por mejorar sus condiciones de vida y afirmar la personalidad boricua. O, como diría mi compueblano Luis Palés Matos: «No conozco un solo rasgo colectivo de nuestro pueblo que no ostente la huella de esa deliciosa mezcla de la cual arranca su tono verdadero el carácter antillano. Negarlo me parece gazmoñería. Esta es nuestra realidad y sobre ella debemos edificar una cultura autóctona y representativa con nobleza, con orgullo y con plena satisfacción de nosotros mismos».

Rafael Rodríguez Cruz

Realizan 12da Convivencia Ambiental para jóvenes en Salinas

Participantes elevan sus conocimientos sobre la sobrevivencia a eventos naturales

Salinas, Puerto Rico – Bajo el lema “Para sobrevivir hay que convivir en comunidad”, el Comité Diálogo Ambiental de Salinas realizó, en la comunidad de Las Mareas, la edición número 12 de la Convivencia Ambiental para jóvenes José “Cheo Blanco” Ortiz Agront.

Además de realizar diversas actividades educativas sobre la protección y conexión con el medio ambiente, sobre 25 jóvenes participaron en talleres sobre sus experiencias tras el paso del huracán María y cómo prepararse mejor para sobrevivir a otros eventos naturales.

A la joven Elizabeth Ortiz Ortiz, quien participó por quinto año consecutivo de la Convivencia, le pareció excelente los talleres de sobrevivencia.

“Me pareció excelente mecanismo, porque ahora mismo estamos comenzando la temporada de huracanes y eso nos va a ayudar en nuestra comunidad. Es lo que nos enseñó la convivencia, cómo ayudar a otras personas y a uno mismo, tanto en lo personal, como espiritual, ya que tomamos un taller sobre la parte espiritual. No es sólo lo físico”, explicó.

El taller al que hizo referencia Ortiz fue ofrecido por las estudiantes de la Universidad de Puerto Rico de Río Piedras, Alexandra Rodríguez y Alyssa López, de la organización Taller Social Comunitario.

También se dio un taller de primeros auxilios y práctica de filtración de agua, ofrecido por la Oficina de Manejo de Emergencias de Salinas, y uno de los propios jóvenes participantes se ofreció para enseñar a pescar con cañas.

Otras actividades realizadas durante la semana de convivencia fueron: caminatas en áreas naturales de la comunidad Las Mareas, talleres de artesanía y pintura de camisetas, limpieza de áreas en la comunidad, especialmente en el lugar dónde los jóvenes remozaron un mural que da la bienvenida a la comunidad Las Mareas, guiados por el artista salinense Nelson Sambolín.

También tuvieron la oportunidad de ver la excelente producción “Los delfines del parking”, producida y dirigida por el artista gráfico José Luis Baerga, conocido como Chema.

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Según la Coordinadora de la Convivencia, la joven de 19 años Mabette Colón Pérez, una de las actividades que más aceptación tuvo fue la experiencia de kajakear cercano a los cayos de Las Mareas.

“La experiencia fue muy buena. Los chicos tuvieron esas ganas de hacer las cosas, de participar. La mejor actividad fue la corrida de kajaks. Todo el mundo disfrutó, pudimos observar un manatí, luego llegamos a una playa, y allá nos bañamos”, expresó.

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La presencia de Tuque, el manatí, representó una oportunidad única para explicar lo importante de proteger este mamífero marino, que está en peligro de extinción, y su hábitat.

Por último, la agrónoma Yaminet Rodríguez, portavoz de Diálogo Ambiental, agradeció la colaboración de varias organizaciones y personas para la realización de la Convivencia.

“Hay que agradecer a la Iniciativa de Ecodesarrollo de Bahía de Jobos (IDEBAJO), de la cual Diálogo es miembro, al Sierra Club de Puerto Rico, a la Asociación de Pescadores Raúl Maldonado de la Playa de Salinas por el uso de los kajaks, a la Junta Comunitaria del Coquí por el uso de mesas y sillas, y a agricultores que donaron frutas, como Martex Farms. Resaltamos también la acogida e integración de la comunidad de Las Mareas con muchos jóvenes y varios adultos como Nydia Rosario, Edith Suarez, Ivis Colon y Lydia Rosario, que nos ayudaron en varias facetas de la convivencia”, expresó.

Para obtener mayor información sobre la Convivencia Ambiental, la organización informó que puede accesar su página en facebook Comité Diálogo Ambiental o buscar en youtube Convivencia Ambiental 2018.

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Legislatura Municipal de Guayama citará a la Junta de Calidad Ambiental por contaminación con cenizas

COMUNICADO DE PRENSA

16 de mayo de 2018

Resolución fue aprobada por unanimidad

Guayama, Puerto Rico – La Legislatura Municipal de Guayama aprobó por unanimidad una Resolución, sometida por el Legislador Municipal del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), José De Jesús Peña, para exigir a la Junta de Calidad Ambiental (JCA) a tomar acciones inmediatas sobre la probable contaminación del acuífero, debido al depósito y uso de cenizas de carbón dentro de los límites territoriales del municipio de Guayama.

Recientemente, salió a la luz pública un estudio que reveló que indicios de radiactividad, además de rastros de arsénico, cromo, selenio y molibdeno han sido descubiertos en las aguas subterráneas de la planta de carbón de AES en Guayama.

Según De Jesús Peña, luego de la aprobación de la Resolución, se le encomendó a la Comisión de Salud que diera curso a las acciones pertinentes.

“La Comisión de Salud va a citar a la presidenta de la JCA, Tania Vázquez Rivera, para que brinde información y explique cuál es el plan de acción en el asunto comprobado de la contaminación de las aguas subterráneas en el área de la AES. Por otro lado, me preocupa mucho más que entre los años 2005 y 2011, la AES desparramó 1,021,010 toneladas de cenizas tóxicas a través de numerosos terrenos en Guayama, y eso puede tener un efecto adverso y permanente sobre los cuerpos de agua en nuestro pueblo. Esto es algo serio y peligroso”, aseveró.

El Legislador del PIP, quien a mediados de los 90 estuvo activo en la lucha para evitar la construcción de AES, dijo que hay que tomar acciones urgentes para evitar un impacto mayor por la contaminación.

“Entre las acciones exigidas a la JCA, es el establecimiento de un proceso de monitoreo de aguas subterráneas y remediación en las áreas impactadas por las cenizas de carbón. La JCA fue la agencia que permitió la construcción de la planta y el uso de las cenizas, comercializadas bajo el nombre de AGREMAX, bajo el falso argumento de que era un agregado y que no eran peligrosas. Ahora es su responsabilidad remediar las áreas contaminadas por las cenizas y proteger la salud y vida de los residentes guayameses. Esto tiene que ser un asunto de extrema prioridad”, aseguró De Jesús Peña.

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Denuncian más delitos ambientales en Peñuelas

Comunidades de Peñuelas exigen investigar malos manejos en vertedero de Ecosystems

Someten resolución legislativa para ordenar acción a la JCA

Peñuelas, Puerto Rico – Líderes ambientales y comunitarios de Peñuelas exigieron que se investigue a la empresa Ecosystems, por malos manejos de lixiviados de los desperdicios sólidos, en el vertedero ubicado en el barrio Tallaboa Encarnación del municipio peñolano.

Según los vecinos, “Ecosystems” ha vaciado tanques de almacenaje de 25,000 galones de lixiviado hacia caminos y quebradas intermitentes, lo que representaría una violación a los planes de control de escorrentías y al plan de operación del vertedero.

“A través de fotos que nos hicieron llegar, pudimos constatar que estos tanques de lixiviados, que son los líquidos que resultan de la descomposición de la basura y son recolectados, están siendo manejados de forma incorrecta. Eso parece una pequeña quebrada de líquidos tóxicos corriendo por el vertedero, hacia otras áreas cercanas”, explicó Jimmy Borrero Costas, líder comunitario de Peñuelas.

Borrero Costas informó la radicación de querellas ante la Junta de Calidad Ambiental (JCA) y la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA en inglés).

“La semana pasada sometimos dos (2) querellas, una ante la JCA y otra ante la EPA, y esperamos que estas agencias, que tan irresponsables han sido con el problema del depósito de las cenizas tóxicas en los vertederos de Ecosystems y de EC Waste, esta vez cumplan con sus funciones. Si no lo hacen, desde ahora le decimos que la comunidad va a estar tocando a sus puertas hasta que detengan esta contaminación”, expresó.

Por su parte, José M. Díaz Pérez, portavoz del Comité Pro Salud, Desarrollo y Ambiente de Tallaboa, recordó que Ecosystems fue el primer vertedero donde se desparramaron miles de toneladas de cenizas tóxicas de carbón.

“La presidenta de la JCA, Tania Vázquez Rivera, ha sido negligente por su omisión en la función de sus deberes de supervisar los manejos en los vertederos de Peñuelas. No sólo en este caso del terrible manejo de los lixiviados por parte de Ecosystems, donde es obvia la violación a los planes de control y operación. También por la falta de investigación en las violaciones de EC Waste y Ecosystems en el depósito ilegal de sobre 15,000 toneladas de cenizas tóxicas de carbón depositadas el años pasado, y el efecto que el paso del huracán María tuvo sobre esa basura radiactiva. La JCA no ha cumplido con su deber ministerial”, comentó.

Por último, los líderes peñolanos informaron sobre la radicación de resoluciones conjuntas en el Senado y la Cámara de Representantes, para obligar a la JCA a investigar el asunto del riego de lixiviados.

“Se radicaron la RC del Senado 218 y la RC de la Cámara 300, del senador Juan Dalmau Ramírez y el representante Denis Márquez Lebrón, respectivamente, ordenándole a la JCA que investigue nuestras denuncias en cuanto al manejo inadecuado de los lixiviados, y se le está requiriendo que redacten un informe donde se incluya un análisis de todos los componentes de ese lixiviado. Queremos saber qué contiene ese líquido que están regando y si al igual que en Guayama, donde los elementos tóxicos de las cenizas de carbón de AES han contaminado el acuífero, hay que analizar si estos lixiviados también tienen esos elementos peligrosos”, terminó diciendo Díaz Pérez.

Enviado por Víctor Alvarado Guzmán

Diálogo Ambiental

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Grupos ambientalistas de Estados Unidos y Puerto Rico unen sus voces contra las peligrosas cenizas de carbón que genera AES

Solicitan a la EPA una audiencia pública en la isla.

Salinas, Puerto Rico – El Comité Diálogo Ambiental se unió formalmente al reclamo de 103 organizaciones de interés público de los Estados Unidos, que reclaman a la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA en inglés) tiempo y participación para debatir las radicales enmiendas propuestas al reglamento que regula el manejo de las cenizas de carbón en los estados y territorios.

El 1 de marzo, el administrador de la EPA, Scott Pruitt, propuso debilitar significativamente los estándares y restricciones que se exigen a las compañías eléctricas que producen y disponen cada año millones de toneladas de cenizas de carbón.

Pruitt anunció su plan justo un día antes de que sobre 400 centrales eléctricas que utilizan carbón como materia prima revelaran los resultados de sendos exámenes sobre la calidad de agua subterránea en sus predios. En la inmensa mayoría, los estudios evidenciaron abundante contaminación con tóxicos de las cenizas de carbón.

En una petición dirigida a Mary Jackson, de la División de Recuperación de Materiales y Manejo de Desechos, de la Oficina de Conservación y Recuperación de Recursos de la EPA (RCRA en inglés), el colectivo de organizaciones explicó que estos residuos de la combustión del carbón (RCC) figuran entre las variantes de “desperdicios tóxicos más grandes en los Estados Unidos”.

“Estos datos (exámenes) contienen información sobre muchos depósitos de cenizas que nunca se habían monitoreado y que evidencian la presencia de ciertos productos químicos peligrosos, como el radio, el cobalto y el litio, que nunca antes habían sido medidos. Estos datos revelan que la disposición de cenizas de carbón conlleva nuevas y significativas amenazas a la salud pública, y estas amenazas están muy ligadas a los cambios técnicos y legales que se proponen en las enmiendas al reglamento”, recalca la petición.

En Estados Unidos y Puerto Rico se producen 110 millones de toneladas de desechos industriales de cenizas de carbón al año. Estos residuos conllevan una mezcla de carcinógenos, neurotoxinas y venenos, entre los que resaltan el arsénico, boro, cromo hexavalente, plomo, radio, selenio y talio.

En su petición, las organizaciones solicitaron además que la EPA extienda de 45 a 90 días el período para someter comentarios y que se realicen cuatro audiencias públicas, una de ellas en Guayama, Puerto Rico, debido a que es “esencial realizar múltiples audiencias para que las comunidades impactadas expresen sus inquietudes”.

“Debido a que las cenizas de carbón afectan de manera desproporcionada a las comunidades minoritarias y de bajos ingresos, muchas personas impactadas no pueden recorrer largas distancias para asistir a una audiencia”, insisten los grupos en su misiva, tras la intención de la agencia federal de realizar sólo una audiencia en Washington D.C. el 24 de abril.

Una investigación de La Perla del Sur y el Centro de Periodismo Investigativo reveló días atrás que en las aguas subterráneas de la planta de carbón AES en Guayama ya existen indicios de radioactividad, además de rastros de arsénico, cromo, selenio y molibdeno.

“La montaña de desperdicios está liberando químicos peligrosos al agua subterránea y ya fluye fuera de la zona de la planta”, comentó a ambos medios Lisa Evans, abogada con más de 25 años de experiencia en litigios ambientales y asesora de Earthjustice, organización de derecho ambiental con larga trayectoria en Estados Unidos

Esta institución, además, es una de las 104 entidades que firmaron la petición a la EPA.

Enviado por Víctor Alvarado Guzmán

Foto La Perla del Sur

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Exigen remoción de todas las cenizas de carbón y el cierre de AES

COMUNICADO DE PRENSA

Amenazadas las aguas subterráneas de 14 pueblos por los residuos tóxicos que dañan la vida y las riquezas naturales del sur de Puerto Rico

San Juan, Puerto Rico – Ante la impactante evidencia científica sobre la contaminación de aguas subterráneas en Guayama con metales tóxicos y particulado radiactivo de las cenizas de carbón, diversas organizaciones y comunidades exigieron la remoción de todas las cenizas desparramadas por la isla, incluyendo la inmensa montaña de residuos acumulada en la planta de la empresa AES, y el cierre definitivo de sus instalaciones.

Un trabajo investigativo de La Perla del Sur y el Centro de Periodismo Investigativo reveló que indicios de radiactividad, además de rastros de arsénico, cromo, selenio y molibdeno han sido descubiertos en las aguas subterráneas de AES en Guayama. El estudio, pagado por AES y realizado entre agosto y noviembre pasado por orden de la Environmental Protection Agency (EPA), “evidencia que la montaña de cenizas está liberando cantidades elevadas de químicos al agua subterránea y que esa contaminación ya se desplaza del lugar, incluyendo en dirección al mar”.

La portavoz del Campamento contra las cenizas en Peñuelas, Yanina Moreno Febles, aseguró que los hallazgos de contaminación descubiertos en el informe pagado por la propia AES, desvela todas las mentiras que la empresa carbonera a esbozado durante años.

“Una vez más queda al descubierto la realidad sobre las cenizas de carbón: sí son tóxicas, permiten la lixiviación de sus elementos tóxicos y radioactivos hacia los acuíferos, y no son una piedra sólida e inocua como ha insistido AES, sino un polvillo que se degrada con el paso del agua, así como es transportada por el viento. AES ha contaminado nuestro aire, suelos y acuíferos. ¿Qué más hay que esperar? Hay que detener inmediatamente la generación de estas cenizas”, aseveró Moreno.

Por su parte, Víctor Alvarado Guzmán del Comité Diálogo Ambiental de Salinas, dijo que los acuíferos de catorce (14) pueblos podrían estar amenazados por la contaminación de los metales pesados y desechos radioactivos del carbón.

“Entre el 2004 y el 2017, la carbonera AES desparramó sobre 2.4 millones de toneladas de cenizas tóxicas en nuestra isla. Catorce (14) pueblos fueron impactados por el depósitos de cenizas tóxicas, cuyos acuíferos podrían estar ya contaminados. Estos pueblos son San Juan, Dorado, Toa Alta, Caguas, Ponce, Guayama, Salinas, Arroyo, Santa Isabel, Coamo, Peñuelas, Juncos, Mayagüez, y Humacao. Cerca de algunos de estos depósitos hay ríos y quebradas, por lo que la contaminación pudiera expandirse más allá de los terrenos y acuíferos impactados directamente. La Junta de Calidad Ambiental (JCA), la EPA y el Departamento de Salud deben establecer con urgencia un protocolo de emergencia en los pueblos en donde se han transportado, usado como relleno, y depositado cenizas en los últimos 14 años, y comenzar un proceso inmediato de monitoreo y remediación”, comentó Alvarado Guzmán.

Por otro lado, Timmy Boyle, portavoz de la Alianza Comunitaria y Ambiental del Sur Este (ACASE), exigió a las agencias estatales y federales a tomar acción inmediata.

“Desde el 2011, la EPA ya había manifestado su preocupación por la posible contaminación de los acuíferos y no hizo nada. El año pasado, ante el inminente paso de los huracanes Irma y María, la JCA ordenó a la carbonera AES a tapar la montaña de cenizas que tiene a la intemperie en su patio trasero y, no sólo la empresa se negó temerariamente a cumplir, sino que en pocos meses comienza la temporada de huracanes y las cenizas siguen al descubierto. Además, según el informe revelado, hubo un alza de 100 por ciento de arsénico en el agua luego del paso del huracán María. El incumplimiento de AES provocó más contaminación.”, manifestó.

Los líderes de Peñuelas, Salinas y Humacao exigieron que se clasifique las cenizas de carbón como desperdicio peligroso, se cambien las inadecuadas pruebas de Toxicity Characteristic Leaching Procedure (TCLP) y Synthetic Precipitation Leaching Procedure (SPLP) por el método Leaching Environmental Assessment Framework (LEAF), realizarle pruebas de radioactividad a los residuos de carbón, comenzar un proceso de monitoreo y remediación en los pueblos donde se ha depositado cenizas, remover todas las cenizas depositadas en Puerto Rico y cerrar definitivamente la planta de carbón.

También, José M. Díaz, portavoz del Comité Pro Salud, Desarrollo y Ambiente de Tallaboa, Inc., emplazó al presidente del Senado, Thomas Rivera Shatz, para que se enmiende la Ley 40-2017.

“Esto no pare más. Tras esta prueba irrefutable del peligro que constituye el depósito de cenizas en Puerto Rico, es necesario que se enmiende la Ley 40-2017. Emplazamos a los presidentes de Cámara y Senado para que aprueben el Proyecto del Senado 600, del senador Juan Dalmau, y el Proyecto de la Cámara 1160, del representante Denis Márquez, y establecer claramente la prohibición del depósito y uso de las cenizas en la isla. Aquellos legisladores y legisladoras que se arrepintieron de haber apoyado un proyecto defectuoso, tienen la oportunidad de enmendar su error. Emplazamos al presidente del Senado, Thomas Rivera Shatz, a que proteja y dé a respetar nuestras comunidades, y que informe al pueblo los resultados de la investigación sobre las enmiendas al contrato entre AES y la Autoridad de Energía Eléctrica”, comentó.

Por último, Aldwin Colón Burgos, del grupo “Comunidad guayamesa unida por tu salud” y vecino de la instalación de carbón, catalogó como una “tragedia” el efecto negativo que ha tenido sobre los vecinos la planta de AES.

“Hemos pagado un alto precio por culpa del gobierno que permitió la construcción de esa terrible planta de carbón. Es una tragedia ver cómo nos seguimos enfermando y muriendo, y la AES sigue contaminando el aire que respiramos y el agua que bebemos. Esto tiene que parar. Es hora que el gobierno piense en la vida de las personas y no en las ganancias de AES”, reafirmó Colón, quien es paciente de cáncer.

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Todos están mal menos AES

por Víctor Alvarado Guzmán

Comité Diálogo Ambiental, Salinas

Cada semana se repite. Cada vez es más obvio.

Quien no concuerda con las posturas empresariales de la carbonera AES es embestido con prepotencia y menosprecio por sus representantes en la isla, sin importar que quien difiera sea un ciudadano, un profesional, una agencia, un medio de comunicación o una organización no gubernamental.

Por ejemplo, en el verano del 2016 estudiantes y miembros de la facultad del Programa de Maestría en Bioestadística y Epidemiología de la Escuela Graduada de Salud Pública, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, comenzaron un estudio epidemiológico para determinar similitudes o diferencias en la incidencia de condiciones crónicas entre residentes de los barrios Puente Jobos y Miramar en Guayama, y sus pares en las comunidades Santa Isidra y Rafael Bermúdez de Fajardo.

El estudio reveló que en Puente de Jobos y Miramar, zonas residenciales cercanas a la planta de carbón de AES en Guayama, los casos de asma severa en niños y niñas, los abortos espontáneos, las urticarias y casos de bronquitis crónica ocurren de 6 a 9 veces con más frecuencia que en las comunidades comparadas en Fajardo.

Pero en lugar de preocuparse por las personas afectadas y mostrar empatía por sus vecinos, tanto los ejecutivos como los asesores de AES optaron por repartir propaganda con expresiones del exsecretario del Departamento de Salud, Dr. Johnny Rullán, quien intentó poner en entredicho la metodología empleada y despectivamente catalogó el proyecto de investigación como una “encuesta”, sin justificación alguna.

Irónicamente, semanas más tarde el mismo estudio, la misma metodología, fue validada por la American Public Health Association (APHA), organización líder en la discusión de temas de salud pública en los Estados Unidos que, además, recomendó a nuestra Escuela de Salud Pública que profundizara en esta investigación científica.

Desdén ejecutivo

La misma actitud de indiferencia también ha hallado suelo fértil en la figura del presidente de AES Puerto Rico, el ingeniero Manuel Mata.

Aun cuando vecinos del barrio Puente Jobos en Guayama consideran que sus continuas alergias, ataques de asma, problemas en la piel e incidencia de cáncer están vinculadas a la presencia de partículas de carbón y cenizas en el aire que respiran, Mata ha insistido ante medios de la zona metropolitana que “las cenizas no son tóxicas, que su planta no emite polvos fugitivos y que cuenta con todos los mecanismos de seguridad para que las comunidades aledañas no se afecten”, tres asuntos que contrastan con la realidad diaria de los vecinos de la planta y con reportes de científicos en Puerto Rico, Estados Unidos y otros países.

Ni la EPA se salva

Pero eso no es todo. El 22 de diciembre de 2016, la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) determinó que la inmensa montaña de Residuos de la Combustión de Carbón (RCC) que está en el patio trasero de la planta, y que AES llama almacén de Agremax, “es un vertedero existente sujeto a todos los requisitos aplicables a los rellenos sanitarios”.

Incluso, el entonces director de la Oficina de Conservación y Recuperación de Recursos, Banes Johnson, estableció en su carta al ingeniero Mata que “la EPA no considera el Agremax que está en la pila de las facilidades de AES como un producto, sino más bien un desperdicio sólido”.

La carbonera, por su parte, ha negado reiteradamente el señalamiento de la EPA e, incluso, fue más lejos el pasado 31 de mayo, al solicitar formalmente a esa agencia federal que no le aplique la regla que define como vertedero el amontonamiento de cenizas en su planta. Eso los eximiría de realizar exámenes de suelo y agua en su propiedad para identificar contaminación con metales pesados.

Y como todos están mal menos AES, también le ha recalcado a la EPA que el Agremax es un producto, contrario a lo que claramente establece esa entidad reguladora.

Arremete contra medios de comunicación

Como si todo lo descrito no fuera suficiente, el pasado 26 de julio la alta gerencia de AES acusó a Wapa Televisión (Canal 4) de difundir información falsa y tergiversada, tras la transmisión de una entrevista realizada por Noticentro 4 a la directora regional de la EPA, Carmen Guerrero, en torno al tema de las cenizas de carbón.

Casi un mes más tarde, el 21 de agosto, AES volvió a atacar a Wapa y enfocó sus cañones hacia la periodista Sylvi Escoto, quien luego de realizar una visita a las inmediaciones de la planta en Guayama aseveró ante las cámaras de televisión que su vestido blanco reflejaba partículas producto de las cenizas de carbón.

Previamente, Escoto había compartido con vecinos de la planta, quienes mostraron cómo las cenizas y el polvo fugitivo del carbón han llegado hasta sus hogares: otro testimonio -espontáneo y no comprometido- que da al traste con las continuas alegaciones del presidente de AES.

Incluso, durante diversas ponencias ante la Legislatura de Puerto Rico, el ingeniero Mata ha intentado desacreditar la irrebatible serie especial publicada por el semanario La Perla del Sur y el Centro de Periodismo Investigativo, titulada “Bomba de tiempo, las cenizas de carbón”.

La serie, que el año pasado ganó el Premio Nacional de Periodismo de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico, investigó la contaminación por cenizas de carbón en Puerto Rico y la República Dominicana, y profundizó en sus peligrosas repercusiones para la salud y el ambiente.

El ingeniero Mata, sin embargo, no ha concedido entrevista al autor de la serie, el periodista Omar Alfonso, a pesar de que la ha solicitado por escrito desde el 5 de enero de 2016.

¿Fin de una luna de miel?

En fecha mucho más reciente,el 1 de septiembre de 2017, la Junta de Calidad Ambiental (JCA) ordenó que la AES debía tomar todas las medidas necesarias para enclaustrar y/o contener, cubrir y proteger del potencial paso del huracán Irma todo el material de residuos de combustión de carbón y/o Agremax que mantiene a la intemperie en sus instalaciones.

Según la agencia ambiental, la directriz se justificaba ante el “potencial levantamiento de polvo fugitivo” de las cenizas y/o Agremax, en “aras de salvaguardar la salud y seguridad de los residentes de las áreas circundantes a las instalaciones de AES”.

Pero al día siguiente, AES despachó la orden de la JCA tras calificarla como una mera “duda” de la presidenta Tania Vázquez Rivera, y declinó cumplir con lo exigido. Dos días más tarde, la JCA reiteró el incumplimiento de AES con la orden, y la empresa fue multada con $25,000, suma que aumentó a $70,000 el 12 de septiembre.

Aun así, como todos están mal menos AES, Manuel Mata insistió durante una entrevista radial en San Juan que la planta que preside “siempre cumple con la ley”.

Ataques y carpeteo

De igual modo, en una ponencia sometida ante la Comisión de Salud Ambiental y Recursos Naturales del Senado el pasado 28 de febrero, Mata acusó de “falta de validez científica” al profesor universitario y doctor en Química, Osvaldo Rosario López, y tildó de “titulares no fundamentados” su análisis pericial de las cenizas hidratadas que se dispusieron como relleno en la urbanización Parque Gabriela de Salinas.

En su informe, el doctor Rosario aseveró que: “De los resultados reportados de mayor preocupación son los metales y emisiones radioactivas. Entre los metales de mayor preocupación en las cenizas se encontraron Arsénico, Boro, Cadmio, Cromo, Cobalto, Plomo, Molibdeno, Níquel, Selenio, Talio y Vanadio. Todos son Tóxicos y/o cancerígenos a humanos”.

“Las concentraciones variaron entre unidades de mg/Kg hasta cientos de mg/Kg de ceniza. En docenas de sitios donde se han depositado cenizas de carbón sobre terrenos, según la misma EPA, se han contaminado acuíferos con metales a niveles que los hacen inservibles como fuente de agua”.

Llama la atención, sin embargo, que aunque el ingeniero Mata también ha intentado desacreditar al doctor Rosario, al presente no ha podido rebatir ninguno de los hallazgos presentados en el informe.

De igual forma, en una entrevista publicada el pasado 12 de septiembre, el ingeniero Mata acusó al presidente del Colegio de Médicos Cirujanos de Puerto Rico, Dr. Víctor Ramos, de decir “mentiras” por afirmar que el efecto adverso de las cenizas está demostrado.

En esa misma entrevista, Mata aseguró que han “identificado dónde viven” los residentes que se quejan por el efecto negativo que la planta de carbón tiene en su salud e incluso señaló que uno de esos vecinos vive lejos y que “tiene vecinos que trabajan en la planta”.

Este “carpeteo” de residentes y líderes activistas no solo denota la despreciable intensión de intimidar a personas humildes, trabajadoras y de reputación intachable en Guayama, sino que además es un acto vil que debe ser repudiado por todos los que habitamos esta isla.

Otro ejemplo de esto ocurrió el pasado 25 de agosto, cuando el publicista de AES, Julio Sainz de la Maza, alegó públicamente haber estado en las protestas nocturnas frente a la entrada de la planta de carbón en Guayama, y dijo haber “fotografiado a esa gente”.

En esas mismas declaraciones, Sainz de la Maza pronunció información incorrecta y formuló comentarios despectivos contra los activistas.

Una vez más, sus expresiones y las de ejecutivos que dirigen AES en Puerto Rico no sólo dejan al descubierto el inmensurable grado de soberbia que les distingue. Además patentizan su incesante antipatía y desdén contra aquellos que no estén de acuerdo con sus posturas.

Por eso, TODOS están mal, menos AES.

La cenizas dispersas en el aire envenena a quien las respira

Al descubierto la toxicidad de las cenizas de carbón
Entre la realidad y la reglamentación
Por: Víctor Alvarado Guzmán
Comité Diálogo Ambiental, Salinas

2017-08-22%2B10.14.35.jpgUna de las consecuencias imprevistas de la lucha que se libra en Peñuelas y Guayama contra el depósito de las cenizas de carbón de la empresa AES, es que casi a diario afloran pruebas que refuerzan la abundante evidencia disponible sobre la toxicidad de este desecho industrial.

Por ejemplo, en una sentencia emitida el pasado 4 de agosto, el juez Mariano Vidal Sáenz argumentó que la disposición que se realiza en el vertedero EC Waste de Peñuelas de las cenizas que AES llama “Agremax” no está prohibida por la recién aprobada Ley 40. Según estipuló el juez:

“No cabe duda de que el texto de la nueva Ley 40 dejó claro que la variante más tóxica y peligrosa de este desecho industrial -el “fly ash” o ceniza volante- no podría ser depositada en ningún sistema de relleno sanitario del país. (Énfasis Nuestro)”. (Comité Pro Salud, Desarrollo y Ambiente de Tallaboa, et al. v. Junta de Calidad Ambiental, et al., J PE2017-0289 (Sentencia del 4 de agosto de 2017)) Subrayado nuestro.

Por lo tanto, en su sentencia el juez reconoce que la ceniza volante o “fly ash” es, en efecto, “la variante más tóxica y peligrosa” de ese desperdicio industrial.

Aun así, llama la atención que Vidal Sáen olvidó añadir a su argumentación otro dato inequívoco: que según ha certificado la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, por siglas en inglés), el 80 por ciento del “Agremax” es constituido por cenizas volantes o “fly”ash” (Leaching Behavior of “AGREMAX” Collected from a Coal-Fired Power Plant in Puerto Rico, pág. 2) y, por lo tanto, el 80 por ciento del contenido del “Agremax” es altamente tóxico y peligroso.

Con semejante prueba, ya no es de extrañar que la Suprema Corte de Justicia de República Dominicana declarara en el año 2009 que el rockash, como también se le conoce al Agremax, es “una basura radioactiva o desecho industrial que degradó el medio ambiente de Samaná” y que por haber sido depositado en un sitio próximo al mar provocó “graves perjuicios para la fauna marina y el medio ambiente que le rodeaba”.

Reglamentación federal y estatal: fricción con la realidad

Contra esta realidad, ejecutivos y propagandistas de la carbonera AES argumentan que la EPA ya clasificó las cenizas como un desperdicio sólido no peligroso. Sin embargo, expresiones recientes de la directora de la EPA en el Caribe, Carmen Guerrero, demuestran que hasta en esa agencia federal reconocen lo que ya todos sabemos.

Según expresara Guerrero, desde octubre de 2015 la EPA clasifica a las cenizas de carbón y sus derivados como desperdicios sólidos no peligrosos, al amparo del “Coal Combustion Residuals Rule o CCR Rule”. Sin embargo, la propia reglamentación reconoce que las cenizas “tienen componentes tóxicos”, como mercurio, cadmio y arsénico.

¿Cómo algo que no es peligroso puede emitir semejantes tóxicos?

Diversos estudios en Puerto Rico y Estados Unidos demuestran que las cenizas contienen altos niveles de metales pesados, muchos de ellos cancerígenos, además de particulado radioactivo. Para ver los mismos le invitamos a acceder cenizaspr.org.

Más admisiones

También semanas atrás, el secretario del Departamento de Salud, doctor Rafael Rodríguez Mercado, declaró ante senadores que las cenizas de carbón no solo contienen elementos tóxicos, sino que su almacenamiento y disposición puede amenazar la salud humana.

Al compartir la data epidemiológica que tiene el Departamento de Salud, Rodríguez Mercado explicó que desde el punto de vista médico “existe abundante evidencia de los efectos causados por una exposición indiscriminada a los contaminantes del carbono. Está aceptado el hecho de que los residuos de la combustión del carbón en su forma de ceniza tienen efectos detrimentales para enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades respiratorias (asma, enfermedad obstructiva del pulmón) y accidentes cerebro-vasculares”.

El titular de Salud expresó claramente que las cenizas de carbón sí son tóxicas. “Por otro lado, los elementos tóxicos presentes en las cenizas volantes, además de entrar directamente por inhalación o infusión a través de la piel, pueden ser absorbidos por el cuerpo humano por procesos naturales”, manifestó Rodríguez Mercado.

Este contundente testimonio contradijo a la abogada Tania Vázquez Rivera, presidenta de la Junta de Calidad Ambiental (JCA), quien declaró que empleados de su agencia evalúan con mucha seriedad los resultados de dos métodos analíticos de lixiviación, Toxicity Characteristic Leaching Procedure (TCLP) y Synthetic Precipitation Leaching Procedure (SPLP), y que estos determinan que las cenizas no son peligrosas.

Sin embargo, el 16 de julio de 2012, el entonces Jefe de la Subdivisión de Cumplimiento del Resource Conservation and Recovery Act (RCRA) bajo la Región 2 de la EPA, George C. Meyer, escribió una carta a la JCA donde ponía en duda la efectividad de los “dos métodos analíticos de lixiviación” que defiende hoy Vázquez Rivera.

“EPA cree que el TCLP y SPLP pueden subestimar el potencial de lixiviación de componentes peligrosos de la reutilización de cenizas de carbón en comparación con el Leaching Environmental Assessment Framework (LEAF). Como ustedes saben, la EPA desarrolló los métodos LEAF en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Academia Nacional de Ciencias, el Consejo Asesor Científico de la EPA y otros sobre el uso de pruebas de pH de punto único como TCLP y SPLP para evaluar el potencial de lixiviación de los residuos de combustión de carbón”, señaló Meyer.

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Agencias federales y estatales reconocen que las cenizas contienen elementos tóxicos, pero tratan de ocultar la realidad tras unas pruebas no confiables, una reglamentación defectuosa y un vocabulario ambiguo.

La carbonera AES y el gobierno de Puerto Rico continúan poniendo en peligro la salud y la vida de miles de personas, familias y comunidades al exponerlos a las cenizas de carbón, ya sea en el aire que respiran o bajo el suelo del hogar que habitan. La evidencia científica es clara.

Ahora solo falta que la reglamentación y el gobierno también lo sean.

Suministrado pot El Patriota del Sur

Comunicado de prensa – Impactante manifestación contra las cenizas en Peñuelas

Impactante manifestación contra las cenizas en Peñuelas

Diversos sectores se unieron a la actividad

Peñuelas, Puerto Rico – Bajo un ardiente sol, aplacado por el pequeño bosque que cobija al Campamento contra las cenizas en Peñuelas, miles de personas acogieron el llamado de diversas organizaciones para participar de una impactante demostración respaldando el reclamo general de que se detenga el depósito de los desperdicios de carbón en Puerto Rico.

Con el lema “Todo Puerto Rico contra las cenizas”, la actividad comenzó con un acto ecuménico, dirigido por pastores y sacerdotes de distinta denominación. Entre estos el Pastor Eduardo García Soto, de la Iglesia Metodista de Puerto Rico, la Pastora Eunice Santana Melecio, de la Iglesia Cristiana Discípulos de Cristo en Puerto Rico, el Padre Pedro Del Valle, de la Iglesia Episcopal del Pueblo de Yauco y el Padre Pedro Ortiz, de la Iglesia Católica.

Los maestros de ceremonia, el actor Luis Enrique Romero y la profesora Raquela Delgado Valentín, estuvieron a cargo de dirigir los actos en la tarima.

La Sra. Jannette Albino, líder del campamento de resistencia, dio la bienvenida a todos los presentes a nombre de las comunidades peñolanas en lucha. “Como han escuchado, han sido muchas situaciones que hemos tenido que enfrentar y nuestra comunidad está cansada de que nos engañen, nos marginen y nos contaminen. Tenemos derecho a una vida digna, a un ambiente saludable y tenemos la responsabilidad de dejarle un futuro mejor a nuestros hijos y nietos. Hemos combatido el depósito de cenizas en Peñuelas y continuaremos luchando con la ayuda de ustedes hasta vencer. Tallaboa se resiste a desaparecer, Tallaboa no se rinde”, terminó reafirmando Albino emotivamente, con el aplauso solidario de todos los presentes.

El Dr. Carmelo García, catedrático del Departamento de Química de la Universidad de Puerto Rico en Humacao, habló brevemente sobre la real peligrosidad de las cenizas y los supuestos usos beneficiosos que ahora promete el gobierno.

“Ahora nos dicen que tienen la solución. No es en el piso que se debe tirar las cenizas, es en las paredes. Vamos a hacer bloques…mezclarlo con cemento. Lo que va a suceder es lo mismo que hacían los ingenieros cuando cogían el asbesto y lo mezclaban con yo no sé qué. Ellos tenían el permiso para el asbesto y le tenían un buen uso beneficioso. Lo usaban para construcción. La historia [del asbesto] todos la conocemos. ¿Uso beneficioso? Uso beneficioso lo tenía el plomo cuando se la echábamos a la gasolina y se la echábamos a la pintura. Era tan beneficioso que lo usábamos para pintar la cuna de los nenes. Hasta que los niños comenzaron a desarrollar trastornos neurológicos. Y ahora en recoger el asbesto y en recoger el plomo hemos gastado una billonada”, expuso el Dr. García, haciendo alusión a las alegaciones del gobierno y de la carbonera AES de que las cenizas de carbón tienen usos beneficiosos.

El momento culminante de la actividad fue la lectura de la Declaración de Peñuelas, a cargo del líder ambiental José Francisco Saéz de Guayanilla. Este hizo un recuento sobre la carbonera AES y el depósito de cenizas en Puerto Rico. Mencionó también varios estudios que demuestran la peligrosidad, toxicidad y radioactividad de las cenizas, tanto en Puerto Rico como en Estados Unidos.

La Declaración incluyó siete (7) reclamos, entre estos: el rechazo al uso y depósito de cenizas tóxicas y residuos de la combustión de carbón en cualquier parte de Puerto Rico, la exigencia al gobierno de adoptar como política pública la sustitución de la producción contaminante de energía a base de carbón por fuentes de energía limpia, renovable y sustentable, la exigencia a la Policía de Puerto Rico que detenga el uso de fondos públicos para proteger intereses de compañías privadas y de la misma forma la movilización de efectivos para violar los derechos civiles de los ciudadanos, y que se enmiende la Ley 40, para revertir los efectos de la enmiendas hechas al Proyecto del Senado 81.

Durante la actividad se contó con diversos actos artísticos. Entre estos el joven cristiano conocido como El Hijo del Rey, Clara Luz Iranzo y Eduardo Maisonet, las Musas Descalzas, Grupo La Junta, Adriana Santoni acompañada por Esencia y sus amigos, José Pérez y Son Libre, Eduardo Villanueva, Poetas en Marcha, Diego Romero, el dúo Walter y Camila, Teresa Sepúlveda, el dúo Diego y Flora y el grupo Plena Libre, con quienes también participaron el Colectivo de Mujeres en Construcción.

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Declaración de Peñuelas 2017.docx.pdf

El gobierno juega con los efectos tóxicos de las cenizas de carbón / Víctor Alvarado Guzman

Comunicado de prensa

Se contradicen agencias del gobierno sobre toxicidad de las cenizas de carbón

Inapropiadas las pruebas de la Junta de Calidad Ambiental

En medio del controversial reinicio del depósito de cenizas de carbón en Peñuelas, a pesar de que existe una Ley que supuestamente lo prohíbe, dos agencias del gobierno entraron en contradicciones sobre la peligrosidad y toxicidad de estos desperdicios de la quema de carbón.

El pasado 23 de mayo de 2017, en la ponencia que presentara el secretario del Departamento de Salud, Dr. Rafael Rodríguez Mercado, ante la Comisión de Salud Ambiental del Senado que evaluaba en aquel entonces los proyectos para prohibir el depósito de las cenizas en Puerto Rico, este aseguró que las cenizas de carbón contienen elementos tóxicos y que el almacenamiento y disposición de los mismos puede amenazar la salud humana.

Al compartir la data epidemiológica que tiene el Departamento de Salud, el Dr. Rodríguez Mercado explicó que desde el punto de vista médico “existe abundante evidencia de los efectos causados por una exposición indiscriminada a los contaminantes del carbono. Está aceptado el hecho de que los residuos de la combustión del carbón en su forma de ceniza tienen efectos detrimentales para enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades respiratorias (asma, enfermedad obstructiva del pulmón) y accidentes cerebro-vasculares”.

El titular de Salud expresó claramente que las cenizas de carbón sí son tóxicas. “Por otro lado, los elementos tóxicos presentes en las cenizas volantes, además de entrar directamente por inhalación o infusión a través de la piel, pueden ser absorbidos por el cuerpo humano por procesos naturales”, manifestó Rodríguez Mercado.

Esta contundente evidencia contradice a la Lcda. Tania Vázquez Rivera, presidenta de la Junta de Calidad Ambiental (JCA), quien declaró a un medio de comunicación de la capital que empleados de su agencia evalúan con mucha seriedad los resultados de dos métodos analíticos de lixiviación y que estos determinan que las cenizas no son peligrosas.

“Estos científicos boricuas han concluido una y otra vez, estudio tras estudio, que estos residuos de la combustión de carbón no son peligrosos, y están dispuestos a explicar cada uno de los datos y conclusiones científicas en cualquier foro científico, con profesionales certificados y que tengan data científica empírica certificada,” comentó Vázquez Rivera.

El 16 de julio de 2012, el entonces Jefe de la Subdivisión de Cumplimiento del Resource Conservation and Recovery Act (RCRA), bajo la Región 2 de la EPA, George C. Meyer, le escribió una carta a la JCA donde ponía en duda la efectividad de los “dos métodos analíticos de lixiviación” que defiende ahora Tania Vázquez Rivera.

“EPA cree que el TCLP y SPLP pueden subestimar el potencial de lixiviación de componentes peligrosos de la reutilización de cenizas de carbón en comparación con el Leaching Environmental Assessment Framework (LEAF). Como ustedes saben, la EPA desarrolló los métodos LEAF en respuesta a las preocupaciones planteadas por la Academia Nacional de Ciencias, el Consejo Asesor Científico de la EPA y otros sobre el uso de pruebas de pH de punto único como TCLP y SPLP para evaluar el potencial de lixiviación del los residuos de combustión de carbón”, señaló Meyer.

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Las cenizas de carbón sí son tóxicas

Comunicado de prensa

¡Confirmado!…cenizas de carbón sí son tóxicas, afirma el secretario de Salud

Sin excusas para aprobación de proyectos contra las cenizas

San Juan, Puerto Rico – El secretario del Departamento de Salud, Dr. Rafael Rodríguez Mercado, aseguró que las cenizas de carbón contienen elementos tóxicos y que el almacenamiento y disposición de los mismos puede amenazar la salud humana.

Las expresiones del titular de Salud se presentaron en una vista pública de la Comisión de Salud Ambiental y Recursos Naturales del Senado, que evalúa tres proyectos que buscan prohibir el depósito de los residuos de la combustión de carbón en Puerto Rico.

En su ponencia, el Dr. Rodríguez Mercado dijo que, desde el punto de vista médico, existe abundante evidencia de los efectos causados por una exposición indiscriminada a los contaminantes del carbono. Añadió que los contaminantes producidos por la combustión del carbón actúan sobre el sistema respiratorio causando una variedad de efectos adversos sobre la salud.

“Está aceptado el hecho de que los residuos de la combustión del carbón en su forma de ceniza tienen efectos detrimentales para enfermedades cardíacas, cáncer, enfermedades respiratorias (asma, enfermedad obstructiva del pulmón) y accidentes cerebro-vasculares”, aseveró.

Este dato corrobora el testimonio del Dr. Gerson Jiménez Castañón, director médico del Hospital San Lucas de Guayama, quien en vista pública celebrada en febrero pasado, citó varios estudios científicos que establecen la alta incidencia de ciertas enfermedades entre los guayameses, y que están relacionadas con la contaminación con metales pesados.

“La incidencia de cáncer de próstata más alta de Puerto Rico está en Guayama”, afirmó entonces Jiménez Castañón, quien también puntualizó que en ese municipio, donde está establecida la carbonera AES, los niveles de cáncer se dispararon entre 2009 y 2011, y que los problemas respiratorios son comunes y severos.

La ponencia del departamento de Salud también concluye que los ciudadanos que habitan áreas aledañas a las empresas emisoras de ceniza volante y los que residen cerca de los vertederos donde se depositan, están potencialmente expuestas a productos químicos, como resultado de la inhalación del aire contaminado.

Un estudio realizado en el 2016 por Estudiantes del Programa de Maestría en Salud Pública de la Escuela Graduada de Salud Pública, del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, realizaron un estudio epidemiológico en las comunidades de Puente Jobos y Miramar de Guayama, cercanas a la carbonera de AES, el cual determinó que el asma severa en niñ@s, los abortos espontáneos, la urticaria y la bronquitis crónica tienen una incidencia de 6 a 9 veces mayor en estas comunidades.

También en el 2016, se realizó un estudio de aire llevado a cabo en la comunidad de Tallaboa-Encarnación de Peñuelas, comunidad cercana a los vertederos que recibieron cenizas de carbón, encomendado por la corporación sin fines de lucro Desarrollo Integral del Sur (DISUR), a través de su proyecto de justicia ambiental “Pulmones Saludables, ¡Ahora!”. Entre los hallazgos de mayor preocupación descubiertos en el estudio, realizado por Denny Larson, Director Ejecutivo del Community Science Institute – CSI for Toxic Crime Investigation, con sede en California, se encontró altas concentraciones de hierro y calcio, típicamente encontrados en las cenizas de carbón.

Para Manolo Díaz, portavoz del Comité Pro Salud, Desarrollo y Ambiente de Tallaboa, el secretario de salud se contradijo en su ponencia. “El secretario acepta que las cenizas son tóxicas y peligrosas, pero después dice que no se puede confirmar de forma científica o empírica que haya un riesgo directo a la salud. Lo que pasa es que el Departamento de Salud no puede ni confirmar ni descartar el riesgo porque ellos no han hecho ningún estudio al respecto. No es que no haga daño, es que ellos no han hecho su trabajo”, señaló Díaz.

Por último, Víctor Alvarado Guzmán, portavoz del Comité Diálogo Ambiental de Salinas, censuró las expresiones finales del senador Carlos Rodríguez Mateo, presidente de la Comisión de Salud Ambiental. “Al parecer Rodríguez Mateo no estaba pendiente, no entendió la ponencia o ya tenía un libreto escrito. ¿Cómo él va a decir que quedó establecido que las cenizas no hacen daño, cuando el secretario de Salud detalló la peligrosidad de las mismas?. Vergüenza le debe dar que por su irresponsabilidad, cuando fue alcalde de Salinas, cientos de familias salinenses fueron expuestas a los efectos nocivos de las cenizas, cuando permitió el depósito de miles de toneladas de esa basura radioactiva en nuestro pueblo”, expresó Alvarado.

“Ante la aceptación de que estas cenizas son tóxicas y peligrosas a la salud, se hace imprescindible, y el senador Rodríguez Mateo no tiene ninguna excusa, bajar inmediatamente a votación un proyecto de ley para prohibir estos residuos, y que el gobernador tome pasos concretos, aprobando una Orden Ejecutiva, para establecer firmemente la política pública de sacar fuera de nuestra isla ese desperdicio”, terminó diciendo el portavoz ambiental.

Victor Alvarado Guzmán

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