La Esperanza no muere

Por: Víctor Alvarado Guzmán

El pasado 26 de noviembre de 2011, Dios reclamó a mi madre María Esperanza Guzmán Guzmán y a sus brazos misericordiosos voló su alma. Fue un proceso doloroso para la familia, pues en tan solo un mes y medio vimos el proceso de apagarse la luz de nuestra Esperanza. Su vida tuvo muchas enseñanzas y aún su muerte estuvo llena de bendiciones.

IMG_7518.JPGEsperanza fue costurera desde niña. Durante los últimos 10 años o más, muchas estudiantes de escuela pública y privada de Salinas y pueblos cercanos, modelaron sus uniformes hechos por Esperanza. Desde su primer uniforme hecho, hasta los últimos que hizo en el 2011, siempre cobró lo mismo: $20.00. Recuerdo que al principio “peleábamos” con mami porque ella planchaba los uniformes y no cobraba extra por hacerlo. Le decíamos que debía cobrar al menos 5 pesos más por plancharlos, pero nunca lo hizo. A veces venía una madre con su hija para tomarle las medidas. Luego de terminado el uniforme, la hija venía sola y pedía que fuera más corto. Y mami se lo hacía más corto. Cuando venía la madre a recogerlo, y la hija se lo probaba, entonces la madre decía que estaba muy corto. Entonces mami le quitaba el ruedo para hacerlo más largo. Nunca cobró más por esos cambios. Con el tiempo dejé de “pelearle” porque entendí que mi mamá no vendía uniformes, ella daba un servicio a la comunidad. Esas niñas, algunas de escasos recursos, si fueran a otros lugares a comprar sus uniformes, quizás le cobrarían 40, 50 o más dólares. Mami siempre les cobró 20. Y se de casos que hasta los regaló.

Todo esto sin contar las costuras que mami hizo para sacerdotes, diáconos, ministros o monaguillos, sin cobrar nada. Decía el Diácono Benjamín López, de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús del Coquí, que siempre se acordará de Esperanza, porque además de que ella era como una madre para él y su familia, sus estolas y vestimentas se las hizo ella. Una de las últimas costuras que hizo mami fue una vestimenta para una monaguilla de la parroquia. Mami insistía en no cobrarle y la joven insistía que quería pagarle algo. No se si al fin y al cabo logró que mami aceptará su pago. Si lo aceptó, lo más probable es que se lo diera a mi hijo Víctor Daniel para que lo echara en la ofrenda. Así era mami.
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Durante su velorio, fue reconfortante ver tantas expresiones de amor y cariño hacia mami. Y cada presencia y palabra de aliento fueron importantes para mi hermana Gloria, para mí y toda mi familia. Pero, una frase del Diacono Wenny Cruz se me grabó en mi corazón y la internalicé como parte de mi filosofía de vida: La Esperanza no muere. Por eso cada mañana o cada vez que voy a casa de mami, le sigo pidiendo la bendición. Ya no tengo que marcar su número en mi celular, ahora puedo hablar con ella todo el tiempo. Es difícil no poder escuchar su voz, pero es reconfortante seguir sintiendo su amor y presencia.

Pero, la Esperanza tampoco debe morir para nuestro pueblo. La sociedad está sumergida en una tristeza profunda. Tantas muertes por armas, enfermedades, violencia, etc., deja una estela de desesperanza, tristeza, soledad y desanimo en familiares y amistades. Esto se refleja en el desentendimiento que muchas personas tienen de las cosas que ocurren a su alrededor. Una forma de desarraigar las actitudes basadas en esa tristeza profunda, es aprender a acercarnos a los demás. Mientras más hablo de mi tristeza interna por la muerte de mami, más ayudo a amainar sus efectos negativos. Hay que ayudarnos como comunidad a liberar esa carga que se nos arreguinda del alma. Estoy convencido que la Misericordia de Dios es acción y nos debe llevar a nosotros a actuar, a acercarnos a los demás, además de orar.
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Una amiga del grupo de los Misioneros de la Misericordia, en el cual participaba junto a mi madre Esperanza y mi esposa, me dijo que ella había perdido a su madre un 1ero de diciembre hace 50 y pico de años. Eso me lo dijo con mucha tristeza. Yo le pregunté: ¿y eso no se olvida?. Y me contestó: Nunca. Comprendí que el resto de mi vida estará ese vacío, pero viviré feliz de que Dios me regalara una gran Esperanza…y esa Esperanza no muere.


Publicado por Víctor Alvarado Guzmán para El Patriota del Sur el 12/20/2011 10:01:00 AM

Los Papuchos: La revolución de los ciclos / David Arce

Cuando los dos moscardones amarillos revolotearon alrededor del sol, la luz se hizo sombra y no se veía nada, sólo el amarillo de los cuatro moscardones.

Yante tanto amor, el tiempo se detuvo en el cielo azul, sobre el mar azul.
El relámpago iluminó las tinieblas de la tierra durante varios siglos.

Y en el nuevo comienzo de los tiempos parecía que existía el caos.

En el centro del caos, Papucho, zumbando, no cesaba de hablar y de contarles a sus padres sobre el largo camino recorrido y las cosas hermosas y tristes que había visto, Mamita esto, Papito esto, hermanito tú ya sabes.

Después de mucho tiempo, al revés del tiempo, casi al término del séptimo día, el gran moscardón amarillo cayó sobre el mar azul, y al contacto con el agua se fue encogiendo hasta hacerse pequeñito, amarillo, azul, verde transparente.

El viento del sur sopló sobre el mar y las olas llevaron al zigoto verde a la playa y lo depositaron suavemente sobre la arena, donde el zumbido empezó a latir, a respirar y a dividirse.

Un niño de otra dimensión miró el zigoto verde traslúcido y lo llevó a su casa sin saber que se iniciaba un nuevo ciclo, por los ciclos de los ciclos.

© David Arce

Chomsky: Marchando hacia el precipicio

La conferencia de Durban sobre el clima es otro fracaso de la ya desprestigiada Organización de Naciones Unidas y un claro ejemplo de la estupidez humana. La humanidad está a punto del suicidio colectivo si no se detiene el deterioro ambiental y el calentamiento climático. Los isleños como nosotros seremos las primeras víctimas de esta insensatez cuando el mar comience a tragarse isla o a inundar sus terrenos costeros. Es momento de un cambio drástico si queremos salvar al Planeta. No podemos permitir que la ganancia y la especulación financiera destruyan el futuro de nuestros hijos y nietos. El precipicio está frente a nosotros. ¿Qué decides?

Leer: Chomsky: Marchando hacia el precipicio.

Tita la muda / por Edelmiro J. Rodríguez Sosa

A mi amigo doctor Felipe Díaz Delgado

Tita nació al comienzo de las festividades de los idus de marzo. A los tres años todavía no decía ni papá ni mamá.

Ante el silencio absoluto de Tita sus padres comenzaron el largo viaje hacia los consultorios médicos. Los especialistas le examinaron las cuerdas vocales, los oídos, la laringe, el esófago, la lengua, el cielo de la boca, las amígdalas, los dientes y hasta los dedos de sus manos para determinar si tenían alguna bacteria o parásito que le afectara el habla.

Los médicos especialistas no encontraron anormalidad alguna en Tita que impidiera que ella hablara. Estaban perplejos.

Cansados de ir de especialista en especialista sin tener resultados ni tratamiento alguno para conjurar su condición, llevaron a Tita al viejo médico del pueblo que sabía más por viejo que por médico.

El doctor Cardona, que así se llamaba el galeno, le hizo un examen completo. Concluido el examen le metió un cocotazo en el mismo centro del cerebro y Tita grito con fuerza y claridad “coooñooo”.

Desde entonces Tita no dejó de hablar, al extremo de que más de un compueblanos creía que al morir harían falta dos féretros.

©Edelmiro J. Rodríguez Sosa
24 de noviembre de 2011.

El Zorro y la Flor / Roberto López

Cuando las calles del pueblo bullían de vida, había una casa con un jardín de amapolas y un altar de la Virgen que era protegido por tres pastores alemanes. Allí todas las tardes Don Pancho le adoraba y tiernamente colocaba una gardenia al pie de su altar.

Una tarde vio cuando un zorro de Las Marías, les tiró un hueso a los perros y se robó la perfumada flor. Lleno de ilusiones, el perverso se metió en un oscuro bar al cruzar la calle. Allí una Rosa, en cinco minutos le partió el corazón.

Salió del bar muy maltrecho y volvió a cruzar la calle y sin tomar en cuenta a los cancerberos se tiró a los pies de la virgen… y a gritos el anatema pidió clemencia. Al otro lado de la calle el bar quedo incinerado tras una combustión espontánea.

©Roberto López

Angeles y demonios / Rima Brusi

Es difícil escribir parpadeos de lejos. Por definición, son usualmente narrativas en la primera persona que me permiten el participar, ver, o al menos estar territorialmente cerca del asunto. Pero hoy en el espacio entre mi isla y yo se asoman, hambrientos, sonrientes, los fantasmas del escritor ausente, los demonios pequeños, traviesos y mezquinos de la soberbia suave, el juicio mal disimulado, la crítica sin amor del pasajero de la guagua aérea que mira desde el otro lado de el enorme charco del Atlántico. Un charco que por supuesto, no es neutral.

Yo distraigo a mis demonios dejándolos tomar de mi café. A veces les doy chocolate. Cuando se pasan de la raya y tratan de treparse sobre el teclado, los miro mal y escribo sobre ellos, de ellos, desde ellos. No falla, la honestidad no les gusta. Se retiran decepcionados, fruncidos, como el Gollum de Tolkien. Juegan con mi pelo, desordenan mi escritorio, pero me dejan escribir.

Y hay tanto que escribir, y son tan fáciles, tan descubiertas, las metáforas, que casi casi se salen de la retórica e irrumpen, violentas, en el ámbito de la literalidad. Reconsidero ese “casi.” ¿Qué mejor metáfora para nuestra construcción tradicional de “la nación”, eternamente frágil, inocentona, vulnerable y estereotipada, que los estudiantes de una escuela elemental en Cayey vestidos todos de jibaritos y jibaritas?

Imagine la escena. Está en los periódicos. Los niños y sus maestras celebran el día de la puertorriqueñidad. (Whatever that means, murmura uno de mis demonios, y yo lo cito, para que se calle.) Las niñas con sus faldas blancas y sus cinturones rojos, con sus cabellos trenzados amorosamente por alguna madre, tía, o vecina. Los niños con los pantalones blancos y las pavas que representan el resultado de nuestra extraña negociación, en el siglo veinte (y todavía), con la historia violenta de centurias de complejidades raciales y de clase, una negociación que de algún modo redundó en el ensombrerado campesino, de blancas ropas e igualmente blanca tez, como símbolo nacional. Fuera quedaron la negritud, la costa, y el indigenismo. Pero me salgo del tema. El caso es que los niños estaban vestidos de jibarito y que, si le pongo a mis diablillos (que no son del todo malos, ojo, son mas bien malévolos) el pie en el cuello para que sepan que en mi teclado mandan, de momento, reacciones más positivas, puedo imaginarlos con ternura (a los niños, no a los diablillos) bailando y cantando, celebrando a la nación en su escuelita forrada de encantadores dibujos con mensajes como “alto a la violencia”, y “no tener miedo.” La escuelita pública, ese otro símbolo de la nación y sus aspiraciones.

Y entonces, frente a la escuela misma, frente a la metáfora de la nación frágil e infantil, frente al maltrecho templo a la niñez y sus posibilidades, de su capacidad para la aritmética, la lectura, y la convivencia, frente al deseo, tan básico, tan humano, tan razonable, de paz para la infancia, allí mismo, allí alfrente, un sicario mató al padre de dos de los jibaritos. 12 disparos, doce balas, en el cuerpo de Ángel González, que iba a recoger a sus niños en compañía de su esposa.

Mis diablillos ríen, traviesos, y se beben lo que queda de mi café. ¿Ángel, se llamaba? ¿En serio? En serio. Ángel murió asesinado frente a la escuela de sus dos jibaritos, a pocos metros de los carteles que leían “Alto a la violencia en Puerto Rico” y “Porque si tienes miedo, los criminales se van a apoderar de todos.

Tomado de Parpadeando

Fiestas Patronales de Aguirre / Velmarie Hernández

Salinas, Puerto Rico (Miércoles, 23 de noviembre de 2011) Tras experimentar una trasformación para convertirse en la primera Comunidad Verde del País, el Poblado de Aguirre celebra sus tradicionales Fiestas Patronales éste próximo fin de semana, en la antigua Plaza Kennedy al lado del Correo según lo anunció el alcalde de Salinas, el doctor Carlos Rodríguez Mateo:

“Durante los pasados siete años nos hemos dado a la tarea de apoyar eventos que promuevan el turismo y atraigan a la familia puertorriqueña a nuestro litoral. En esta ocasión le presentamos al pueblo las Fiestas Patronales de la comunidad histórica de Aguirre, que este año se enmarcan en la culminación del proyecto Aguirre Verde. Además de ofrecer un espectáculo artístico variado y de la más alta calidad, el público podrá disfrutar de los atractivos turísticos de esta insigne comunidad”.

Durante los días del 25 al 26 de noviembre de 2011, se presentarán en tarima artistas como, José Nogueras, Costa Brava, Banda Elemento, Arroyo All Star, Los Rufianes, N’ Klabe, Trovadores, Kachi Loco, Orquesta Fiesta y NG2. Además, el sábado se realizará un Torneo de Golf en las facilidades del Campo del Golf Municipal en Aguirre. Mientras que el Domingo, se celebrarán varios eventos simultáneos como el encuentro de los Aguirreños Ausentes en el Centro Comunal, el Torneo de Dominó y exhibición de carros antiguos en la Plaza Kennedy y la regata de botes de control remoto desde la Villa Pesquera.

La aldea corporativa Aguirre es un poblado construido en las primeras décadas del siglo 20 por la empresa que estableció la Central Azucarera en los predios de Hacienda Vieja. Todavía conserva estructuras que albergaron el ingenio azucarero más importante de esa época, sus oficinas y las residencias de ejecutivos y trabajadores diestros. En medio de impresionantes paisajes arquitectónicos, se realzan sus atractivos naturales ideales para realizar recorridos en bicicleta, kayaks, trolley o la Paseadora.

Fuego popular / Josué Santiago de la Cruz

Se le acusó de robarse el agua y la luz. Pero el gobernador no quiso dejarlo ir.

—Hay que darle tiempo para que se defienda.

Pasó el tiempo…

—¡Yo no me voy!

Esa noche su hogar fue siniestrado y en los escombros encontraron una nota de un grupo denominado FUEGO POPULAR, responsabilizándose por la acción.

JSA

10/23/2011

CUENTOS PARA PASAR EL MACHO