Imágenes del paso del huracán María en Salinas desde el ojo fotográfico de Norma Curet Ayala

Nos toco vivir en un universo dinámico, quizás caótico, alojados en un planeta con el cual apenas lidiamos armoniosamente, a pesar de nuestra ancestral voluntad por señorearlo.  Un planeta que guarda en sus entrañas y en su atmósfera toda la fuerza viva del universo.  Aquí estamos, incapaces de comprender nuestra fugaz existencia.   Torpes en el manejo de nuestro hábitat, al punto que amenazamos nuestra propia supervivencia.

En esta nuestra casa y nave espacial, limitada a recorrer inexorablemente por el mismo sendero estelar, ocurren eventos intensos propios de su naturaleza. A eso eventos los llamamos catástrofes naturales y como tales son inevitables, aunque somos cómplices de sus consecuencias.

Dos años atrás, el 20 de septiembre de 2017, Puerto Rico recibió el poderoso impacto  de una de esas catástrofes naturales: el huracán María.  Ese será un día que las generaciones presentes jamás podrán olvidar.  No solo por la estela de temor, destrucción y muerte que dejo a su paso, sino por la incapacidad, dejadez e irresponsabilidad que mostraron los altos ejecutivos del gobierno para atender la emergencia y administrar la recuperación del país. Ineptitud, conductas y actitudes por las que el pueblo les pasara factura a su debido tiempo.

Cientos son los testimonios e imágenes de la tragedia producidos que servirán para perpetuar la memoria histórica del paso del huracán María por Puerto Rico. De la experimentada fotógrafa Norma Curet Ayala presentamos una selección de imágenes que narran impresionantes destrozos y vivencias captadas por su ojo fotográfico en Salinas.

 

Las muchas y sobradas bendiciones de María / por Rafael Rodríguez Cruz

Llevo ya dos semanas en Puerto Rico. He visitado Villalba, Orocovis, Culebra y el Bajo de Patillas. Es este un país renovado, como debe ser después de un huracán caribeño. La maldición nuestra, el asentamiento del coloniaje en el Caribe, fue producto de dos siglos excepcionalmente libres de huracanes. Con la renovación de los grandes huracanes a fines del siglo 18, comenzaron los eventos libertarios en las Antillas Mayores. Estamos, quizás, presenciando el fin ese ciclo, pues como dijera José Martí, los pueblos que han sido esclavos por muchos siglos tardan otro siglo en liberarse.

Maravilla ver la voluntad de la naturaleza por renovarse en nuestra isla. De veras que es un país bello. Muy a pesar de la falta casi absoluta de conciencia ambiental de la gente, se tropieza uno por toda la isla con bolsillos naturales que deleitan la mirada e invitan a la humildad frente a lo natural. Esta vez he podido ver los lagartijos de mi infancia, los atardeceres llenos de aves en la Guardarraya de Patillas, las flores silvestres de Toro Negro, las lomas de Coamo, la vitalidad del mar Caribe en las playas de Culebra, las cascadas de los ríos de El Yunque, los acantilados de Mala Pascua y la belleza sinigual de nuestras mujeres en la costa sureste del país. Y, como si fuera un homenaje a todo lo vivido, una fuerte llovizna anuncia esta mañana que los huracanes siguen siendo la fuente última de la vitalidad social y cultural del entorno caribeño.

A esa naturaleza voluntariosa y prodigiosa que es Puerto Rico solo puede reprochársele el habernos hecho un pueblo con matices narcisistas. Es la paradoja que vivimos. Vemos aldea en donde deberíamos ver universalidad. Pero aquí y allá, en este viaje, he tenido también el gusto de tropezarme con espíritus amantes y protectores de lo natural. Quedé muy impresionado con Culebra, con su gente y sus hábitos genuinamente antillanos. Toro Negro está ahí, casi intacto, aunque rodeado de la fealdad de las viviendas de cemento en el campo. Mi amiga Carmen Enid se ha empeñado en proteger esos montes del centro de la isla. Mientras, Reuben corretea las lomas de su finca cuidando de caballos y ganado salvajes. El área costera que va de Yabucoa a Guayama es de una belleza singular, aunque es visible la falta de planificación y el culto narcisista al cemento. Mi primo Guiso conversa con los manatíes todas las mañanas, quizás como un recordatorio de que lo universal está presente hasta en los detalles más sencillos. El Yunque, el nuestro (pues hay otros en el Caribe), es asunto de usted y tenga, aunque sorprende la basura que la gente tira en sus ríos. Myrna Aponte es una de las protectoras de esa gran montaña definitoria de la personalidad rebelde de nuestro pueblo.

Ha parado de llover y afuera canta un coquí. Es la voluntad de la naturaleza hecha canto sublime. Con la lluvia tropical se renueva el Caribe. Y comienza otro día…

por Rafael

Filosofía caribeña y creación literaria en el sureste de Puerto Rico / por Rafael Rodríguez Cruz

La negritud es el polo definitorio de las relaciones raciales en el sureste de Puerto Rico.

Según Hegel, las cosas son susceptibles de muchas definiciones. Todo depende del aspecto que se destaque. La labor de la filosofía consiste precisamente en servir de guía a quienes trabajan en la formulación de distinciones sobre lo real. Es decir, a los historiadores, escritores y poetas.

Pocas regiones de Puerto Rico han sido objeto de tanto esfuerzo de definición como el sureste. No es para menos. Entre 1898 y 1932, la comarca vivió un gran drama. Podríamos definirlo como el drama de la producción de azúcar en gran escala. Tal definición, si bien va al punto, deja de lado aspectos cruciales de lo vivido en la zona durante esos años. En primer lugar, podemos mencionar el aspecto cultural, resultante de la interacción entre la negritud caribeña y el criollismo de ciudades como Guayama. Las élites de esa región, gente de ascendencia europea variada, se enfrentaron siempre a una negritud expresamente antillana, también de ascendencia isleña diversa. Sí, sobrevivieron ambas tradiciones, pero al final la negritud fue la de mayor energía cultural. Los ricos del sureste eran de origen español, francés, anglo y hasta canadiense. Pero los negros del litoral, además de sus raíces africanas, mantuvieron viva la gran espiritualidad afroantillana de lugares como Haití y Martinica. El negro, por su bagaje cultural y su visión de mundo, fue quien mejor se adaptó a nuestra geografía y clima. La negritud es el polo definitorio de las relaciones raciales en el sureste de Puerto Rico.

Igualmente importante fue el aspecto literario del drama regional de esos años. El sureste fue el epicentro de la gran poesía escrita de Puerto Rico durante la primera mitad del siglo XX, particularmente en las obras de Lloréns y Luis Palés Matos. Líricamente ciclópea, la obra de ambos fue temáticamente extensa. Esto fue importante, pues no hubo aspecto de nuestra identidad espiritual que el imperialismo no acorralara con intención genocida. Lloréns, primero, y Palés, después, cobijaron en sus versos y prosa los elementos básicos de nuestra identidad de pueblo antillano. ¿En qué consiste el ser boricua?; esa era la interrogante. En muchos sentidos, estos dos escritores fueron nuestros grandes filósofos de la primera mitad del siglo XX. La filosofía, por razones del imperialismo cultural anglosajón, se refugió en la literatura.

No se puede caer en la sordidez. La filosofía puertorriqueña, es decir, la interrogante acerca de quiénes somos espiritualmente, encontró en Lloréns y Palés dos intelectuales gigantes. No solo fueron pilares fundamentales de la creación literaria en el sureste, sino que dieron definición a la poesía nacional y a la temática de la identidad. El tema de la negritud, por ejemplo, está presente en la lírica y prosa de ambos. Con Llorens y Palés quedaron «puestos para el pensamiento» los momentos centrales de nuestro paradigma de pueblo antillano culturalmente enfrentado al imperialismo más poderoso del planeta. Estos autores hermanaron la literatura y la filosofía. Lloréns nos dio, en su metafísica, la idea de la puertorriqueñidad pura. Palés, en su visión dialéctica, nos legó la idea del Estar, como elemento de la identidad. Del criollismo crepuscular del juanadino, al Estar en boricua del guayamés, de la metafísica a la dialéctica.

Más recientemente el sureste se ha posicionado a la vanguardia del renacer cultural y literario de la isla. Me atrevo a incluir en este proceso tanto a las nuevas expresiones de la bomba de la región, con su contenido francoantillano, como el reciente libro de Marta Aponte, PR 3 Aguirre. De nuevo, todas las cosas, incluyendo las experiencias humanas, son susceptibles de múltiples definiciones. En PR 3 Aguirre, Aponte nos brinda una visión, literariamente engalanada, del diario vivir de los personajes que construyeron (y combatieron) la gran industria y sociedad del azúcar. El sustrato de lo que hemos llamado “el gran drama del sureste” es el azúcar, pero esto adquirió materialidad a través de la actividad pensada de seres humanos concretos.

Despojado de todo adorno social, es decir, en su expresión más básica, el drama del sureste implicaba la siempre mal comprendida geografía de la región. Nos referimos al capricho del capital monopolista estadounidense de transformar el litoral en una vulgar fábrica de azúcar para la exportación a gran escala. Ese proyecto chocó de inmediato con la topografía, hidrología y clima del sureste. Árida y seca en su exterior, la costa que va de Santa Isabel a Yabucoa es uno de los sistemas ecológicos más delicados del Caribe. Además, es parte integral de la cordillera de montañas que le quedan al norte, y de cuyas aguas se nutre gracias a las empinadas montañas. El gran drama del sureste fue, y sigue siendo, también el agua. Al fin y al cabo, para producir una libra de azúcar se requerían, en 1915, cuatrocientos galones de agua.

Tanto impresiona echar un vistazo al mar Caribe desde los elevados picos de la Cordillera Central, como observar la muralla de montes desde la costa. Llanos y montañas son aquí dos colindancias tajantes, sin miramientos y sin transiciones. El agua dulce las une. Poco se piensa en esto, o sea, en la geología y geografía del sureste. En la costa escasea el agua; en los montes, abunda. Por su configuración topográfica, los ríos de la región son secos y breves. Andan siempre con prisa. Tan pronto se crecen con una llovizna, como desaparecen en sus cauces llenos de piedras volcánicas. Derechito al mar se va el agua, con una prontitud que asusta. La sequedad, la aridez es lo que define el sureste; sí, pero no es una sequedad cualquiera. Es un truco de magia: «Basta un palmetazo de lluvia para que todo despierte a un mágico verdor. Es como una ilusión, como un espejismo vegetal y radiante que apenas dura un momento», al menos eso dicen en Guayama. El sureste es la región de la literatura mágica de Puerto Rico. Uno de los componentes esenciales es el agua; el otro, la dialéctica de raza.

En su novela Litoral, Palés Matos nos da su noción de que «pueblo es acomodación básica entre raza y paisaje». Durante siglos antes de la colonización no hubo en la región sureste otro elemento cultural que no fuera el susurro indígena de la «leyenda del Guamaní». Incluso el negro, traído por la fuerza bruta de los conquistadores después del exterminio de los taínos, se adaptó a la fingida infecundidad de los suelos. Allí, todavía abiertas las heridas de los latigazos del mayoral, el negro encontró una forma de desenvolverse como en su propia casa. El europeo, sin embargo, nunca dejó de ser un extraño en las jóvenes tierras: «En el proceso original de nuestra formación psicológica, nos encontramos con dos fuerzas cardinales en lucha: una, la actitud hispánica, huidiza, inconforme, inadaptable; otra, la actitud negroide, firme y resueltamente afincada en el ambiente nuevo».

A partir del 1898, y ante la perspectiva de enriquecimiento con la gran siembra de caña de azúcar para la exportación, lo que antes había sido una lucha contenida en los límites de un imperio decadente, devino una terrible tragedia. El sureste, con sus suelos áridos pero fértiles, sería en adelante tan solo un objeto, una cosa, una mercancía. Para el capital estadounidense, la naturaleza semidesértica del litoral no era más que otra oportunidad de doblegar las fuerzas del medio ambiente, de someterlas a la voluntad del hombre moderno y su ciencia objetiva. Había que traer agua a los llanos de la costa sur, por los medios que fuera.

Miradas con el corazón abierto y de frente, particularmente desde la bahía de Jobos, los topes de la Cordillera Central nos obsequian la imagen de un animal alargado en reposo. Lo que vemos es su espalda extendida, como ocurre al observar un caballo joven y fuerte reposando en el suelo. Entre 1900 y 1915, precisamente durante la época en que discurre el drama social de que nos habla Marta Aponte en su libro, el hombre blanco, con su tecnología y ciencia, perturbaría la paz milenaria de esos campos. Buscando el agua dulce, siempre necesaria para la producción de azúcar, los nuevos capitalistas invasores ascenderían el cauce del río Guamaní con la misma mentalidad violenta del antiguo conquistador español, sometiendo el majestuoso Carite a sus designios. No es que el agua no llegara nunca a la costa; es que la magia del río Guamaní no le encajaba a las necesidades regularizadas de la producción de azúcar.

Para hacer su voluntad, el nuevo invasor no tardó en revertir por la fuerza los cauces y riachuelos de toda la región montañosa de Guayama. Al río de la Plata, acostumbrado como estaba a desembocar en el norte, le puso un bozal en la boca y lo obligó a mirar al sur. Como si se tratara de domar a un joven alazán, le puso gríngolas, le amarró sus patas y su crin. No conforme con eso, apresó sus remolinos y creó lagos y represas en una región hasta entonces desprovista de aguas estancadas. Igual suerte correría, entre 1909 y 1929, toda la hidrología dulce en las altas montañas que van de Patillas a Villalba, casi una quinta parte del país. Había que mirar al sur, porque el sur ahora pertenecía al norte imperial.

La época de oro de la industria azucarera de Puerto Rico comprende los años 1915-1932. Durante ese periodo, las fuentes de agua dulce del sureste fueron expoliadas para alimentar las necesidades de las centrales estadounidenses. El proceso, en realidad, no tenía mucho de original. Algo análogo ocurrió en Estados Unidos, en las regiones semiáridas de las Grandes Llanuras. Eufemísticamente, se le bautizó con el término «reclamación» y se aprobaron leyes para reclamarle a la Madre Tierra los terrenos desprovistos naturalmente de humedad. ¡Casi como si la naturaleza hubiera incumplido un vulgar contrato! El agua es vida, decían los pobladores originales de las Grandes Llanuras, acostumbrados a sequías tan severas como las del sureste de Puerto Rico. Mas, de lo que se trataba a principios del siglo XX era de industrializar la agricultura sobre bases capitalistas. El campo habría de convertirse en una extensión de la fábrica urbana. Para ello, el capital contaba entre otras cosas con la máquina de vapor, invención que se aplicó tanto a los tractores de arado como a las operaciones de extracción de agua subterránea en las vastas extensiones de las Llanuras del Sur de Estados Unidos. En Puerto Rico, dada la configuración topográfica del sureste, con llanos contiguos a inclinadas pendientes de montes repletos de agua, se recurrió a la irrigación por gravedad.

El término irrigación por gravedad puede llevarnos a un error. Ciertamente, la irrigación no llegó al sureste de Puerto Rico con la invasión del 1898 y las compañías azucareras estadounidenses. Los españoles eran internacionalmente famosos por sus técnicas de diseño de riego y, como era de esperarse, en la isla se empleó la irrigación por canales desde principios del siglo XIX. Pero lo ocurrido entre 1906 y 1932 fue otro asunto, tanto en escala como en fundamento tecnológico. Aquí no se trataba ya de crear líneas de riego con métodos artesanales, bellamente diseñadas y respetando la tradición agrícola europea; sino de alterar la hidrología de una cuarta parte de la isla, o sea de su corazón montañoso, para suplir millones de galones de agua a los cultivos y modernas centrales azucareras estadounidenses. Esto solo se podía hacer sobre la base de la gran industria y con métodos industriales modernos.

Justamente entre 1909 y 1929 se utilizó en la isla la tecnología capitalista más avanzada para la remoción de tierra y creación de lagos y represas. En total se construyeron ocho grandes lagos artificiales, con sus lagunas secundarias, que vendrían a conformar el sistema de irrigación del sureste. A eso hay que añadir todo el sistema de canales, tuberías y túneles subterráneos para la conducción del agua. Realizar esa empresa gigantesca suponía el uso de las grandes máquinas de vapor de principios de siglo XX. Y así se hizo. En particular, el gran capital se las ingenió para subir, imaginamos que por la fuerza bruta, poderosas locomotoras de vapor a los picos de las montañas más elevadas de nuestra Cordillera Central. Conocidas como «dinkey trains», estas máquinas formidables transportaban la tierra extraída de los montes, para así hacer espacio a millones y millones de galones de agua represadas. Aún hoy, en pleno siglo XXI, estos montes solo son accesibles por carretas estrechas; de hecho, mal pavimentadas y a una altura de 3,000 pies sobre el mar. Miles y miles de trabajadores raquíticos y padeciendo de anemia fueron movilizados por contratistas estadounidenses y del patio que se subdividieron repartieron porciones específicas de las obras de construcción, incluyendo la transportación y abastecimiento de materiales de construcción. Dice la gente más supersticiosa del centro de la isla que los quejidos desgarradores de las mulas, arrastrando sus pesadas cargas por las empinadas montañas, aún pueden escucharse en las noches sin luna de Villalba.

En rigor, la edificación de la obra del riego del sureste se extendió por dos periodos, de 1909 a 1914 y de 1924 a 1929. Fue financiada mediante la emisión de bonos a nombre de la colonia, o sea, por el endeudamiento obligatorio de los súbditos del imperio, que quedaron empeñados por 46 años. El costo total, con intereses, no ha sido cuantificado, pero es probable que represente billones de dólares en precios actuales.

José Martí solía decir que «es ley que anuncia lo uno en lo alto, y lo eterno en lo análogo», que todo organismo que invente el ser humano, y avasalle o fecunde la tierra, esté dispuesto a semejanza de los seres humanos. Efectivamente, el sistema de riego creado entre 1906 y 1929 en el sureste de Puerto Rico es una copia o imagen muy cercana del sistema sanguíneo de un hombre o una mujer. Las arterias y venas naturales del flujo hidrológico de nuestras fértiles montañas fueron sustituidas por venas y arterias de concreto y metal, muchas de ellas subterráneas, otras suspendidas en el aire a 1,000 pies de altura; a través de las cuales se logró forzar a presión el agua para que moviera las poderosas turbinas de generar electricidad, uno de los componentes esenciales de los modernos sistemas de riego. Del lago El Guineo, por ejemplo, a 900 metros de altura sobre el mar, sale todavía una tubería de 36 pulgadas de ancho que desciende rápidamente por 200 metros de distancia, en un proceso de progresivo achicamiento, hasta no tener más de 18 pulgadas. Esa caída forzada de agua, genera 300 libras de presión y entra de cantazo en lo que se conoce como la planta hidroeléctrica Toro Negro II. Allí mueve los generadores de electricidad, que ya en 1937 producían 4,320 kilovatios. El azúcar era el principal consumidor de electricidad, tanto para el bombeo de agua a través de 40 millas de sembradíos, como para operaciones auxiliares en la central.

Más abajo, en lo que constituye una de las obras de ingeniería hidrológicas mejor pensadas en la historia de Puerto Rico, se encuentra lo que quizás sea la válvula más importante del sistema de irrigación del sureste. Se trata del splitter, o caja de separación, en la que convergen tres grandes arterias de tuberías de metal y canales, que recogen el agua de tres municipios de la región montañosa del centro de Puerto Rico: Ciales, Villalba y Orocovis. Por el lado occidental del splitter, o cámara de cemento, entran las corrientes de dos represas secundarias (Las Delicias y la Mina) localizadas a 750 metros de altura sobre el mar. La caída es de 100 metros por una tubería de 24 pulgadas, formando, pocos metros antes de entrar, la antigua represa Toro Negro. Por el lado oriental, ingresa, a modo de chorro ruidoso, el agua de la represa Matrullas. Aquí también hay una caída de 100 metros por una tubería de 24 pulgadas. A Matrullas se unen, por el camino, las corrientes de tres represas secundarias, conocidas como La Torre, Molina y Navaja.

Sin embargo, la verdadera carga de presión llega por el centro del splitter; mediante un orificio por el cual penetra el agua proveniente del lago El Guineo, una vez ha movido las turbinas de la planta Toro Negro II. En el interior de la caja de convergencia, las corrientes se juntan en un remolino potente que, por virtud de la ley de gravedad, no tiene otro remedio que escaparse por la entrada de un tubo 42 pulgadas, para caer ahora 500 metros más. La imponente tubería se achiquita progresivamente, de 42 pulgadas a 30, hasta llegar a la planta hidroeléctrica Toro Negro I. De allí, y solo después de mover las turbinas poderosas de Toro Negro I, con sus tres generadores de miles de kilovatios, la corriente va a parar a los lagos Toa Vaca y Guayabal en la cuenca del río Jacaguas. El agua de esos dos embalses suple el canal de Juana Díaz, el embalse de Coamo y todo el sistema de regadío de Santa Isabel, la parte occidental del sistema del sureste. Carite y Patillas, en el extremo oriental de la región, hacen lo suyo para suplir la costa que va de Salinas a Arroyo. Así, por este medio, se completa el sistema de riego del sureste. Gravedad, remolinos, válvulas y presión, ¿qué son estos sino los mismos principios del sistema circulatorio de los seres humanos? Todo el sistema parece la obra de un cirujano que ha implantado, con precisión, venas, arterias y hasta un corazón monumental y mecanizado en el cuerpo de la Cordillera Central de Puerto Rico.

El pensamiento formalista, insistía Hegel, se aferra a las categorías del pensamiento y las toma como fijas, carentes de movimiento. Así, la sociología en nuestro país, incluyendo la progresista, adoptó la visión equivocada de que la producción de azúcar en el sureste era una actividad esencialmente agrícola. Por eso, el análisis de la conexión interna del sistema de riego con la moderna acumulación de capital no se estableció nunca. La verdad es otra. Entre 1898 y 1930, el sureste de Puerto Rico fue convertido en una gran fábrica, comprensible únicamente por el enlace entre sus partes. Las labores de siembra y cosecha, conducidas por métodos capitalistas de fundamento manufacturero, suplían la caña que era molida en una fábrica de alta tecnología casi automatizada. En la base de toda esa actividad estaba la «producción» de agua para usos de la agroindustria. No es que crearan artificialmente el agua; es que por medio de un complejo sistema de riego automatizado (la energía de la gravedad es tan poderosa como el vapor) suplían una de las materias primas fundamentales que entran en la producción de azúcar: el agua. Tan avanzado, o por así decirlo tan industrial, fue el sistema de riego creado entre 1909 y 1929 que aún hoy, casi un siglo después, continúa funcionando, como si fuera un corazón artificial que bombea agua dulce y pura por todo el sureste. Un verdadero autómata.

Y es, precisamente, la base industrial de nuestro sistema de riego lo que explica que compañías como Monsanto y Dow Growers lo hayan integrado a sus gigantescas operaciones agroindustriales en la isla en pleno siglo XXI. Apenas tuvieron que reparar las viejas compuertas y lagunas de retención. El sureste de Puerto Rico sigue siendo objeto de codicia del gran capital que produce alimentos para el imperio. Toda la región es una gran fábrica que concentra la población más pobre y proletarizada de Puerto Rico.

¡Acompáñenos, lector o lectora, al lado sur de la represa El Guineo, en las colindancias de Ciales, Villalba y Orocovis, los montes más elevados de la Cordillera Central de Puerto Rico! Allí, al sur del hermoso y gigantesco lago, está la placa de 1929 que conmemora el trabajo de los ingenieros directores de la magna obra. Pero ¿y qué de los trabajadores, de las miles de vidas proletarias que trabajaron en ella? ¿No fueron estos acaso los verdaderos héroes? ¿Y qué de las mujeres que subían los empinados montes para llevar comida y trabajar en la construcción? ¿Es que acaso no importan? Ya lo decía José Martí, al hablar de las manos proletarias que crean las grandes obras de la modernidad, aun bajo la esclavitud capitalista: «Oh trabajadores desconocidos, oh mártires hermosos, entrañas de la grandeza, cimiento de la fábrica eterna, gusanos de la gloria».

¿Qué filosofía y literatura podían surgir, entonces, en medio de tanta violencia económica y ecológica por parte del invasor en el sureste? ¿Qué podían hacer nuestros poetas y escritores sino producir una prosa y una poesía de amor al ser humano y a la naturaleza ultrajada? También, de identidad caribeña y afroantillana. Compungidos por el terrible drama que vivió la región en esos años, nuestros bardos fueron los filósofos de los montes y del mar Caribe. Sin la obra de Lloréns y, en particular, sin la obra gigantesca de Luis Palés Matos, no podríamos hablar en el siglo XXI de la lucha por nuestra identidad como pueblo antillano y subyugado por el imperio. Ambos poetas le cantaron al mar Caribe, desde una perspectiva universal. En ellos, el tema de la identidad boricua en el sureste era uno con la creación lírica y literaria nacional. ¡Filósofos fueron! ¡Y también poetas y prosistas!

© Rafael Rodriguez Cruz

Esperando a Irma: ansiedades de una boricua en Tampa / María Ibarra

Familia… gracias por las oraciones a favor de los que estamos por estos lares de la península Floridiana. Algunos están tranquilos: sabemos que esto es un acto de la naturaleza y nos preparamos lo mejor posible. Otros, están histéricos: que si me quedo aquí, o me voy pa’ otro estado, que si peleas en las gasolineras o en los supermercados, etc. Esto hay que tomarlo en serio, ¡por supuesto! Pero, también deberíamos calmarnos un poco, pensar y organizarnos. Por más que nos preparemos, siempre habrá algo que se nos olvide. Cuando la Madre Naturaleza viene con esta u otras vainas los resultados son impredecibles – pero, ¡estamos preparados!

Los retos atmosféricos llamados huracanes, tienen su propia conducta y personalidad – yo veo a Irma, como una mujer madura-así como de 50 y pico, quien todavía a su edad, no sabe lo que quiere en la vida…entonces, como que está en la pre-menopausia o ya le llego completa. Esta así como, rabiosa, frustrada porque trata de hacer las cosas a su manera, pero no le salen como ella quiere. Quiere pelea, quiere demostrar que puede. Ahora, viene pa’ la Florida, y le ha dao’ con que quiere venir pa’l área en que estamos nosotros. Bueno, pues, aquí estamos…esperándola. Le tengo café con leche y galletitas, pa’ ver si se calma. De lo contrario, le voy a meter esa clase bófeta – pa’ que se esté quieta y se enderece.

Con el huracán, José, los meteorólogos lo están siguiendo desde que comenzó todo esto con Irma. De ese, aún no me he percatado de su conducta y personalidad. Obviamente, estoy pendiente a Irmita. Cuando termine con ella, pues cogeré a José. Ahora, con José, tenemos una situación y un problema. Ya dijeron, que nuestro presidente Trump, dijo en conferencia de prensa, que donde José ataque – que NO…(REPITO)…NO esperen ayuda, porque dice Trump, que José es de origen Mejicano y NO va a ayudar a nadie, ni enviar dinero, ni nada de eso. Así que, prepárense lo mejor que puedan. Y díganle a José que se retire.

Analizando esto de las preparaciones y “evacuaciones, la situación es bien jodona! O sea, esto de buscar madera pa’ las ventanas y puertas, comprar alimentos perecederos, echar gasolina a los carros, refugios, medicinas, mascotas, baterías, velas – dianche – que dolor de cabeza, mi gente. Por eso es que entiendo a los que se quieren quedar en sus casas. Muchas personas procesan estas emergencias de diferente forma. Así que es mejor que después de esta, guardemos pa’ la próxima.

Seguiremos por aquí, si Dios quiere. Ya veremos que más se nos ocurre pa’ reírnos un rato. Nuestro ambiente está súper tenso y ansioso. Deberíamos aprender de estas situaciones y reflexionar más sobre como simplificar nuestras vidas. Utilizar lo necesario. Y reírnos más, relajarnos más, buscar un propósito de vida. Ser más generosos con los menos afortunados. Y vivir cada día como si fuera el último. Bueno, ¡estamos a prueba!

por María Ibarra, 9 de septiembre de 2017

Oficial la delimitación de la Reserva Natural Planadas-Yeyesa

Comunicado de prensa

mapa Reserva Planada YeyesaSu designación y delimitación tomó en consideración los atributos geográficos, ecológicos biológicos y culturales del área

La Reserva Natural Planadas-Yeyesa, que sitúa entre Cayey y Salinas, cuenta al fin con una delimitación oficial tras la reciente aprobación del gobernador Alejandro García Padilla, que precisa sus límites como una de las áreas naturales protegidas más grandes de Puerto Rico y de gran importancia para los acuíferos del sur, las especies y los recursos culturales.

Así lo informaron hoy el presidente de la Junta de Planificación (JP), Luis García Pelatti; la secretaria del Departamento de Recursos Naturales Ambientales (DRNA), Carmen R. Guerrero Pérez; el director ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP), Jorge Irizarry Vizcarrondo; y el portavoz del Comité en Defensa del Cerro Planadas y Áreas Adyacentes, Pablo Martínez, en representación de la comunidad que impulsó la protección de esa área.

La designación de esta reserva natural se estableció mediante la aprobación de la Ley número 192 de 2007 por sus atributos geográficos, ecológicos biológicos y culturales.  Sin embargo, no se habían definido hasta ahora la delimitación oficial y su plan sectorial, lo cual se hizo tras el trabajo conjunto de las agencias y la comunidad, detallaron.

La reserva natural se denominó Planadas y Yeyesa porque obedece a los nombres de los dos grandes cerros: Planadas y Yeyesa, ambos de una elevación aproximada de 780 metros sobre el nivel del mar.  La Reserva Natural Planadas-Yeyesa cuenta con un área superficial de 2,529.58 cuerdas aproximadamente, de las cuales 1,572.67 cuerdas ubican en los límites del municipio de Cayey y 916.92 cuerdas en el de Salinas.

Sus límites discurren de norte a noroeste en los barrios Pasto Viejo de Cayey, que colinda con los barrios Cuyón y Sierra del municipio de Aibonito.  En Cayey, la delimitación cubre los sectores Planadas y Joya Fría del barrio Pasto Viejo, el sector Cubana y Calambreñas del barrio Cercadillo y la parte suroeste del barrio Lapa. En el municipio de Salinas se incluye el sector Yeyesa y el sector inmediato a Las Piedras del Collao (Tetas del Cayey) del barrio Lapa, ya declaradas reserva natural en virtud de la Ley Número 283 del 2000.

Con una formación de origen volcánico, cuevas y densa cobertura forestal, la reserva tiene manantiales que los pobladores llamaban “pozos”, los cuales fueron utilizados para obtener agua potable y en la actualidad representan un valioso recurso de agua para la flora, la fauna silvestre y los visitantes de la reserva natural.

“La adopción del Límite y Plan Sectorial de la Reserva Natural Planadas-Yeyesa, ubicada entre los municipios de Cayey y Salinas, representa un logro sin precedentes para el pueblo de Puerto Rico por sus atributos ecológicos, históricos culturales y arqueológicos”, expresó el presidente de la JP.

García Pelatti también destacó que dentro de la delimitación del Plan Sectorial de la reserva se identificaron 100 terrazas de piedras que han servido como áreas de cultivo en algunas laderas, dos lugares ceremoniales y un “basurero o conchero utilizado por los indígenas con propósitos comerciales, según identificado por los arqueólogos.  Además, se pudo observar que su medio de transportación terrestre eran caminos reales que los conectan con la costa y la montaña, los cuales existen en la actualidad.  Planadas-Yeyesa conjuga elementos de muy alto valor arqueológico, agrícola, y ecológico en un contexto de singular belleza de paisaje”.

La titular del DRNA señaló que “la conservación del área ahora delimitada como la Reserva Natural Planadas-Yeyesa constituye una acción importante para proteger los tributarios del río Nigüa que abastecen al acuífero de Salinas”.

La planificadora señaló que esta reserva natural sirve también como laboratorio de investigación de ecología, arqueología, ciencias ambientales, etnografía, y arquitectura vernácula.  Tiene una gran diversidad de fauna tanto endémica como nativa, debido a la diversidad de ecosistemas terrestres y acuáticos.  Estudios han constatado la presencia de un total de 33 especies de aves al igual que especies de mamíferos y reptiles, como la boa puertorriqueña.  De las 17 especies de aves endémicas de Puerto Rico, 11 se encuentran en la Reserva Natural Planadas-Yeyesa; entre ellas se encuentra: el jilguero de Puerto Rico y la calandria, que fueron las últimas especies incluidas en la lista de especies de aves endémicas de Puerto Rico.  Un 59 por ciento de las especies de aves identificadas son nativas, el 37 por ciento son endémicas y solamente un 4 por ciento son especies exóticas.  Por su parte, en su flora se reconocen cerca de 200 especies de árboles, arbustos, herbáceas y enredaderas a través de bosques en distintas etapas de madurez y desarrollados sobre los rasgos de montaña que distinguen la zona.  Los rasgos topográficos incluyen cimas o “cuchillas”, laderas de variables pendientes, hondonadas, y valles de ríos; estos rasgos establecen la pauta fundamental que distingue al paisaje y a los patrones florísticos afines a cada rasgo. Entre su doble centenar de especies de flora, reconocemos 7 autóctonas o endémicas de Puerto Rico.   Todavía queda mucho por investigar en esta Reserva Natural, incluyendo el tipo de hábitat el cual prometería encontrarse el coquí dorado, especie que hoy día se presume extinta.

La secretaria destacó: “Hoy celebramos este espacio natural protegido que representa un banco de especies de fauna endémica importante para la preservación de especies de Puerto Rico.  A su vez, representa un extraordinario potencial para el desarrollo del ecoturismo y el turismo cultural a través de una extensa red de veredas que conectan nuestra Cordillera Central con la costa”.paisaje de la reserva (2)

En cuanto al valor arqueológico, se estima que durante casi 800 años, el área fue habitada por tres grupos culturales indígenas: igneri, pretaíno y el taíno.  Se han identificado más de 10 sitios asociados a los grupos indígenas que vivieron entre los años 400 DC. – 1,500 DC. hasta en el momento de contacto con los europeos.  Se han identificado aproximadamente 100 terrazas de piedra en algunas laderas, dos lugares ceremoniales, un camino real usado por los indígenas y un basurero o conchero, como denominan los arqueólogos a los lugares que usaban los indígenas para sus actividades comerciales con sus homólogos del litoral costero.

Numerosas viviendas de madera en ruinas y tormenteras evidencian la arquitectura campesina, así como las terrazas de cultivo, que no solían usarse en Puerto Rico y que son objeto de teorías que buscan desenmarañar el misterio de los muros de piedra y gravilla que al parecer se usaban para filtrar el agua.

El director ejecutivo del ICP manifestó sobre el lugar que “estos importantes yacimientos son documentación real de la forma de vida de las sociedades indígenas y campesinas que se asentaron en el área.  Con esta designación, protegemos este espacio de tanto valor arqueológico para futuras generaciones.  Nos alegra que el plan de comanejo incluya participación de la comunidad, así promovemos el sentido de orgullo y compromiso con nuestros reservas”.

Por su parte, Martínez recordó que “hace unos 20 años comencé junto a otras personas el mensaje de concienciación sobre el incalculable valor de este lugar por sus atractivos naturales y la necesidad de proteger la historia que guarda sobre nuestros orígenes en cada uno de sus caminos, petroglifos, casas campesinas, tormenteras, y las terrazas de cultivo.  Todo en esta reserva natural tiene algo que relatarnos de nosotros y de dónde venimos”.

 

Quizas su dolor de cabeza hoy se debe a la tormenta solar

Esta noticia que recorre al mundo podría explicar el dolor de cabeza que sufre  en estos días:

“Una erupción de rayos X de clase X1,2, que es la clase más alta, quedó registrada este martes a las 18.32 GMT por lostormenta solar científicos del Instituto de Geofísica Aplicada de Hidrometeorología de Rusia, informa la agencia de noticias RIA Novosti.

Según los pronósticos, la masa coronal eyectada durante el fenómeno en unos dos días alcanzará la atmósfera de nuestro planeta, causando una fuerte perturbación magnética en la Tierra.

La fuente de la explosión fue uno de los grupos más grandes de manchas solares que fueron detectados en 1944. Según los científicos, el tamaño de la mancha principal del grupo es dos veces mayor que la Tierra.

De acuerdo con uno de los empleados del Instituto, este grupo de manchas solares, que unas horas antes de la citada explosión provocó una erupción menos potente, de clase M5,6, actualmente se encuentra en el meridiano central del Sol, por lo que estos brotes pueden causar tormentas magnéticas.

“Este grupo de manchas está localizado cerca del meridiano central. Probablemente no habrá un crecimiento adicional del flujo de protones. Aún no hay detalles específicos sobre las perturbaciones geomagnéticas, pero de acuerdo con la información preliminar, tendrán lugar en la atmósfera terrestre en un par de días”, comentó el científico.

Los destellos solares se dividen en cinco clases (A, B, C, M y X) en función de la potencia de la radiación de los rayos X. La clase más baja es A0,0, que corresponde a la potencia de radiación en la órbita de la Tierra de 10 nanovatios por metro cuadrado.

Cada clase tiene una potencia diez veces superior a la anterior.

Las explosiones suelen ir acompañadas de emisión de nubes de plasma solar, que al alcanzar la Tierra pueden desencadenar tormentas magnéticas”.

Enigmas para cuenteros: El viaje de los elefantes para dar su pésame

COSAS INSOLITAS Y CONMOVEDORAS DE NUESTRO MUNDO…

ALGO EN EL UNIVERS0 MUCHO MAYOR Y MÁS PROFUNDO QUE LA INTELIGENCIA HUMANA, PERMITIÓ HACE UN AÑO EL VIAJE DE UNOS ELEFANTES PARA DAR SU PÉSAME, PERO… ¿CÓMO SUPIERON QUE HABÍA MUERTO SU AMIGO Y DEFENSOR?

lawrence1Lawrence Anthony, una leyenda de Sudáfrica y autor de 3 libros, incluyendo el Best-Seller, “The Elephant Whisperer”, rescató valerosamente a animales salvajes y rehabilitó elefantes de todo el mundo de las atrocidades humanas incluyendo el valiente rescate de los animales del Zoológico de Bagdad durante la invasión norteamericana de 2003.

El 7 de marzo de 2012 Lawrence Anthony falleció. Vive en el recuerdo y lo extrañan su esposa, sus 2 hijos, 2 nietos y numerosos elefantes.

Dos días después de su deceso, los elefantes salvajes aparecieron en su casa, con dos enormes matriarcas a la cabeza.

Las manadas salvajes llegaron por separado para despedirse de su bien-amado amigo humano.

Un total de 31 elefantes había caminado pacientemente más de 20 kilómetros para llegar a su casa en Sudáfrica.lawrence-anthony-tribute

Testigos de este espectáculo, los humanos estaban asombrados no sólo por la suprema inteligencia y la precisión exacta de que estos elefantes sintieron sobre el deceso de Lawrence, sino también por los recuerdos y emociones profundos que estos amados animales evocaron de forma tan organizada:

Caminando lentamente – ¡durante días! – Abriéndose camino en una sola fila solemne desde su hábitat hasta su casa. La esposa de Lawrence, Françoise, se conmovió profundamente, sabiendo que los elefantes no habían estado en su casa antes de ese día desde más de ¡3 años! Sin embargo, ellos bien sabían a dónde iban.

Era obvio que los elefantes querían dar su más profundo pésame, honrando a su amigo que les había salvado la vida – tanto así que permanecieron durante 2 días con sus noches sin comer absolutamente nada… Luego, una mañana partieron, emprendiendo su largo viaje de regreso a casa… ¡Asombroso!

Publicado por Alma Alada

Detienen momentáneamente el abuso ecológico contra el acuífero del Sur / Wanda I. Rodríguez Rivera

“La crisis del agua en Salinas seguirá agudizándose por la sobre construcción de urbanizaciones”, advirtió Víctor Alvarado Guzmán, portavoz del Comité Diálogo Ambiental de Salinas.  “Aquí hay una moratoria del Depto. de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) que establece que en Salinas no se puede extraer más agua del acuífero, independientemente si el pozo es nuevo o viejo.  La Junta de Planificación (JP) y los desarrolladores violan esa moratoria y están poniendo en peligro el único abasto de agua que tenemos en Salinas, que es el acuífero.

El pasado 9 de febrero de 2011, la Legislatura Municipal de Salinas no aprobó la Ordenanza LM027, la cual habría permitido el desviar agua del acuífero desde el Pozo Buono del sector Godreau hacia las más de 1,400 nuevas casas propuestas a la entrada de las comunidades de Playa y Playita. 

Por eso es importante el rechazo de la Legislatura Municipal a la apertura del Pozo Buono, porque eso perjudicaría al pueblo”, explicó Alvarado Guzmán.  Este mencionó el apoyo de los legisladores Emilio Nieves Torres (PIP), José Luis Rivera Meléndez y Roberto Burgos Torres del PPD, y Gilberto Reyes Suárez e Ignacio del Valle Alvarado del PNP, quienes votaron en contra de la ordenanza, protegiendo las comunidades que representan.  En la votación hubo 5 legisladores en contra de la Ordenanza, 3 a favor, 2 abstenidos y 4 ausentes.  “Lo que no podemos entender cómo es posible que tres legisladores votaran a favor (Mildred Manzanet Navarro, José Luna Nazario e Iris Sanabria Rivera del PNP), a pesar de la información científica y legal presentada, donde se demuestra que el Pozo Buono no puede usarse y a pesar de las más de 400 firmas que entregamos el año pasado en contra de la apertura del Pozo Buono.  Si los desarrolladores construyeron casas sin tener agua disponible, debería ser problema de ellos, no del pueblo de Salinas.  El riesgo de quedarnos sin agua es real y el gobierno lo agudiza por dar permisos indiscriminadamente”, dijo el líder ambiental.

Grupo de ciudadanos que luchan por proteger los recursos de agua de Salinas

Durante meses, el alcalde Carlos Rodríguez Mateo, junto a desarrolladores de urbanizaciones, han intentado que la Legislatura Municipal aprobara la Ordenanza LM027 para permitir construir una tubería desde el Pozo Buono, para llevar agua a las nuevas construcciones.  El hidrólogo José Rodríguez, del Servicio Geológico de Estado Unidos (USGS, por sus siglas en inglés), había advertido a la legislatura que de abrirse el Pozo Buono y extraerse los 500 galones por minuto propuestos, afectaría los pozos en la costa, incluyendo el Pozo La Margarita que suple agua potable a miles de salinenses.

Por último, Alvarado dijo que las comunidades estarán pendientes de que el alcalde no vuelva a someter la Ordenanza.  “Le hago un llamado al alcalde de Salinas para que defienda los intereses de las comunidades salinenses y no los intereses económicos de los desarrolladores.  Aún está a tiempo para no pasar a la historia como el alcalde que destruyo el acuífero y nos dejó sin agua.  Pero, para eso, tiene que olvidarse del Pozo Buono, quitarle su endoso a las urbanizaciones propuestas y pedirle a la JP que detenga las construcciones que están en proceso hasta que no haya una fuente superficial de agua disponible”, terminó diciendo Alvarado Guzmán.

Terremoto de 5.8 en Puerto Rico

Confieso que me asaltó el temor.  Nunca antes sentí toda una casa moverse como una hamaca. Fue cosa de segundos lo que me permitió respirar más aliviado sin el susto mayor que pasó Eugenio en Chile.  El temblor ocurrió, según mi computadora, a la 1:16 de la madrugada de hoy.  Informes posteriores indican que su epicentro fue localizado a 113 km. de profundidad en el municipio occidental de Moca.  Se indicó además que ocasionó deslizamientos de tierra en la carretera 111 en jurisdicción de Utuado y daños a estructuras en los municipios de la zona.  Numerosas personas en Moca se atemorizaron y salieron de sus viviendas.  El sismo se sintió en toda la isla.  En la zona metropolitana de San Juan, los residentes de varios edificios multipisos salieron despavoridos hacia la calle.

Desde que tengo memoria, recuerdo haber sentido únicamente tres terremotos, y éste por ser originado en tierra lo considero el más fuerte de los tres.

Invito a nuestros lectores a compartir sus experiencias con éste y otros terremotos.  ¿Alguno de ustedes no lo sintió?