La visitante astral / por José Manuel Solá

Estás hecha de palabras y de pétalos;
vienes desde el silencio hecha de oraciones paganas y canciones,
con fragancias de olíbanos e incendios
y con la media luna tatuada en los ojos de magias orientales;
en la danza del tiempo te me acercas,
las alas deshilando la luz de medianoche,
los labios exhalando mariposas como un vino de estrellas
y los naipes del sueño cayendo de las manos,
cartas y profecías marcadas por vidas de otro tiempo,
vienes incandescente radiando otras auroras por las islas del cosmos,
nocturna, vienes desde el pecado y las incertidumbres;
vienes a redimirme, pienso ahora,
vienes a liberarme, tal vez a hacerme esclavo: vienes al sacrificio;
de todas las ternuras con que una vez me amaste, me quisiste,
con que te abandonaste entre mis brazos
cabalgando desnuda el horizonte,
habitada de magias te me entregas, con tus eternidades,
quemando como el véspero más alto,
perdida como el viento y el vuelo de los pájaros
y abandonas un beso entre mis labios
para luego marcharte, amada mía.
¡Hace ya tanto tiempo me habías señalado…!

 

(c) José Manuel Solá  /  13 de enero de 2016

 

Entre la calle y el río / Beatriz Martell

Entre La Calle y el Rio

Poema de Beatriz Martell

Música de Juan Carlos Ramos

Cantado por Coco Ramos

 

Beatriz Martell, “Betty” o “Doña Betty” como cariñosamente la llamaban sus familiares y amigos, nació en Ponce, PR el 29 de agosto de 1924. Fueron sus padres Concepción Martell y Paula Ruiz.

Doña Betty, no tuvo la oportunidad (como les sucedía a muchos para aquel entonces) de completar ni siquiera la escuela elemental. Sin embargo, cuando me casé con su hija mayor, Helvetia y pasé a ser parte de la familia Martell, me fui percatando que la ausencia de estudios formales no fue necesaria ya que los mismos habían sido substituidos con esa experiencia única que otorga gratuitamente la Escuela de La Vida.

Desde el 1976 cuando me uní a Helvetia, hasta septiembre del 2009, fecha en que partió de este plano, fui conociendo a Doña Betty y entendiendo su filosofía de vida y su amor incondicional por todos sus hijos. Siempre recordaré con gran cariño los domingos en la tarde cuando hijos, otros familiares y yernos descendíamos en su casa de Guaynabo como aviones en busca de combustible a lo que llamábamos jocosamente “el aeropuerto”. El combustible desde luego eran los sendos platos típicos que en su famosa cocina confeccionaba con absoluta maestría. ¡Ah, que gratos recuerdos!

Al pasar del tiempo regresó a su querido Ponce. Los años habían comenzado a trazar huella en su salud. No obstante, mantenía su espíritu firme y luchador y continuaba recibiendo a todos, aunque un poco más limitado el cupo, en su apartamento ponceño.

Fue en una de esas tardes tranquilas del Ponce cálido y señorial que la observé buscando en un pequeño baúl algunos papeles, muchos de los cuales exhibían el paso del tiempo reflejando el “castigo” del doblar y desdoblar a través de los años.

Se detuvo a leer uno de estos papeles y comenzó a balbucear “Entre La Calle y El Rio”. Comencé a prestarle atención disimuladamente a su lectura ya que no quería interrumpir el soliloquio. Cuando terminó, me acerqué a ella y le pregunté: ¿Doña Betty, y quién escribió ese bello poema? Se percató entonces que la había estado escuchando, elevó su mirada y me dijo con esa gran humildad que siempre la caracterizó: “Ay Juan Carlos, es solo una tontería que le escribí a nuestro padre por su esfuerzo en brindar lo mejor a sus cinco hijas.”

Le dije entonces: “Doña Betty es un poema precioso y por ese “sabor” a campo que lo permea, creo que una música de seis, lo resaltaría.”  Me dijo entonces emocionada: “¡Quién lo iba a pensar que yo, me haría “famosa” por haber escrito algo!

Unos meses más tarde y quizás presintiendo el desenlace me dijo: “Juan Carlos, cuando me llegue mi día, me gustaría que mi poema con su música se interpretara en mi sepelio.” Bajé la vista y solo asentí con un moviendo del rostro.

Poco después le pasé la letra y la música a mi hermano Coco, quien al igual que yo es pianista profesional pero dotado de una voz que moldea con gran habilidad al género que interpreta.

Cumpliendo con el deseo de Doña Betty, alquilamos un vehículo equipado con esos altoparlantes que usan los comercios para publicidad, y durante el recorrido del cortejo fúnebre hasta el cementerio, alternamos el seis con la danza Beatriz, la cual le había compuesto y dedicado a esta gran ponceña un par de años antes.

¡Doña Betty, ahora es usted parte del Salón Virtual que comparten escritores, cuentistas, poetas, poetisas, músicos, y analistas políticos de este Blog!

¡Creo que ahora sí, ha dado el primer paso a la fama!

 

Juan Carlos Ramos

 

 

Pintura de Félix Cordero, detalle

Oración de un asceta / Aníbal Colón de la Vega

Oración de un asceta

Señor de la concordia y del amor,
no permitas que le cause mal a nadie,
ni siquiera a los minúsculos insectos.
Yo barro delante de mis pasos
con la vieja escobilla, para salvar
cualquier manifestación de la vida,
por ínfima que ésta parezca.
Ayuno y abstinencia marcan mis días,
y la carne no toca mi boca.
Beso las frutas y las plantas,
antes de que se sacrifiquen y pasen
a ser parte de mi propia carne.
Cuida tú mis miradas y palabras:
que no sean flechas venenosas
ni dardos siniestros que hieran al otro.
Y hasta los pensamientos y afectos guarda,
a fin de que se truequen
en lluvia bendita para quienes
me acompañan en la larga calzada.
Regálame tu paz secreta.
Y, si te place, hazme invisible
y déjame pasar inadvertido donde
se imponga y me venza la violencia.

Aníbal Colón de La Vega

A qué le temes… / por Carlos Román Ramírez

¿A qué le temes…

a la vida? De todas maneras

tienes que vivirla, camínala,

respírala, afróntala, si tu voluntad

es grande la vida cede.

¿Le temes al olvido?

¿A que te olviden?

¿Acaso no has llegado a comprender

que todo pasa?

El olvido es alivio, tú también

has olvidado antes de que te olviden.

¿Le temes al sufrimiento?

¿No sabes que al igual

que la dicha a todos toca,

hoy a tí, mañana a mi?

¿Temes extraviarte?

Todos nos perdemos a veces,

es parte de la aventura.

¿Temes equivocarte, a eso le temes?

Me ha pasado tantas veces

y, mírame, aún estoy aquí

platicando contigo, mirándome

en tus ojos nocturnales,

paladeando el momento,

la casa nos cobija mientras la lluvia

acompasada cae sobre el tejado…..

tranquila, confía, reclínate, abrázame,

soy tuyo, mi amor te proteje.

               junio 2018

               Carlos Román Ramírez

El retrato / por Marinín Torregrosa Sánchez

Aquí tienes mi retrato
para que guardes la imagen
de cómo te esperaba
sonreída, arreglada, sin reproche.

Aquí tienes mi retrato
para que lo conserves
como no supiste hacer conmigo,
con valentia y coraje,
con ternura y afirmación.
Quédate con la imagen
mas no con mi corazón.
Quédate con la imagen
no con mi “complicación”.
Quédate con la imagen,
los momentos los guardo yo.
Quédate con la imagen
ya yo empaqué mi canción.

Sere mía, me tomaré una y otra vez,
acariciada por la noche,
a mi gusto, a mi manera, a mi tiempo.
Amaré y asaltaré a mi cuerpo,
toda mi piel,
recorriendo los caminos
que dejaste a mitad de hacer.
Ensalivaré mis dedos,
como botones de rosa
los pezones brotarán
en jardines de emoción.
Enredaré en la sabana suave
mi pie pequeño,
en la almohada como garzas blancas
mis piernas firmes y flacas.

Mientras, otra mano baja impaciente
a pasear sus dedos entre muslos paralelos
frotando ansias por mis lugares.

Y gritaré y morderé… hasta explotar
de placer derramando en lluvia el ser.

Así pues, quédate con mi retrato,
pero con éste que te acabo de hacer.
Yo con la humedad en mis labios,
tú con la dureza de tu amanecer.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 24 de junio de 2018.

Aqui no hay dulces / por José Ernesto Delgado Hernández

Aquí no hay dulces
ni leche caliente antes de dormir
no hay besos sembrados en la frente
ni abrazos de buenas noches.

Aquí no está la mano de mamá para arroparme
ni el coraje de papá para pelear
contra los monstruos del ropero
que se quedan viéndome desde el otro lado de estas rejas.

No está esa voz alegre de los cuentos de hadas
porque también se la llevaron cuando a mamá
la metieron dentro de la boca de una patrulla
y la desaparecieron junto con mis hermanos mayores.

En este encierro no hay fiesta de cumpleaños
no hay pasteles ni duendes ni piñatas
no hay parques ni juguetes ni crayones
porque todo es gris en estos campos densos…

donde solo nos queda la sal de la lágrima
marcada en nuestras tristes caras
donde la amargura del espanto
grita desde estos vulnerables ojos.

Aquí solo estamos los sueños presos y nosotros
bandadas de pájaros enjaulados con las alas cercenadas
aquí lloramos el espacio roto de mamá y papá
que una mano atroz quebró al llegar a la frontera.

JoseErnesto2018

 

Voy a cambiar tu vida / Carlos Román Ramírez

Voy a cambiar tu vida…..

 

lo juro…. y en fe de promesa

te entregaré mis horas tempraneras,

mis horas tibias, mis horas umbrías,

mis consideraciones, mis sonetos,

mis lluviosas ternuras otoñales,

todas mis locuras desparramadas

y luego….. mis conglomeradas armonías.

Mi presencia en la inmaterial hoguera

donde se cuecen sueños…..

lo prometo.

Voy a cambiar tu vida en un instante

si me convidas a ser tu amante,

abriré mi ventana tanto tiempo entornada

y un aire ecuatorial derretirá

los témpanos entre tu mano y la mía.

Yo, que nada he sido, seré pastor de ilusiones,

pintor de horizontes, hacedor de pensares,

constructor de locuras, por ti seré

más de un día cada día.

En el vasto silencioso muro plantaré

una hiedra de amarteladas frases

que arrope todo como una ola verde

y bogaré contigo en el vaivén de las horas

hasta donde la pasión se inflama

y la conciencia se pierde.

 

junio 2017

Carlos Román Ramírez

4,645 / por Marinín Torregrosa Sánchez

¡4,645! ¡Loteria!

¡Juégalo! ¡Busca la suerte!

¡4,645! 4,645… ¿4,645?

(Suena un cuatro… ¿el himno?)

 

Cuatro que engorroso llanto cantas

seis gaucho en dolorosa cadencia.

Cuatro del alma gimes…

cinco, sin colores la cruda ausencia.

Cuatro mil… violines contratados pa’l drama.

Seiscientos, seis… siento pero callas.

“Cuarenta, a mitad los derechos, elimino la 80

y cinco… sin cojones me tiene del país la venta”.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y alcanzamos a las estrellas de un brinco.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

Y no hay muralla pa’ estrellarse del brinco.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y en el mar ahogas el grito.

Cuatro mil seiscientos cuarenta y cinco

y no hay prócer que resucite del nicho.

Y si no sales de tu confort

nos lleva el diablo…

No more Puerto Ricans

ni en la luna, ¡coño!… Lord!

 

©Marinín Torregrosa Sánchez, 30 de mayo de 2018.

Foto en: Puerto Rico art news

El Amor y el Cosmos / por Juan Carlos Ramos

Si en la infinita pradera el trueno aguerrido trepida,

Si la profundidad del miedo se yergue solemne en la penumbra nocturna.

Mi corazón solitario espera el amanecer de un día que quizás nunca llegue…

Busca la tibieza para recibir el final del tiempo y busca la riqueza de un amor desconocido.

Pero nuevamente veo el miedo acercándose y la insondable oscuridad se torna en un torbellino de desilusión.

Una vez más mi corazón se transfigura en un faro buscando con su luz el amor perdido.

Las hojas trémulas se desploman víctima de la helada que cubre los senderos de tiempos pasados.

Finalmente, las voces del Cosmos se despiertan con el manar de la luz infinita.

Entonan un canto en maravillosa armonía y los cuerpos celestiales se esparcen.

La música asemeja la celeridad de la luz y la incongruencia de lo nuevo con lo vetusto disipa algunas estrellas.

A una distancia semejante a la de un diminuto punto en el infinito abismo, me veo.

Mi cuerpo ya esfumado… mi alma todavía a la espera.

Juan Carlos Ramos, Invierno del 1992

LECTURA DEL POEMA EN LA VOZ DE LUIS DE LEÓN

La Mujer Callada / Carlos Román Ramírez

Indescifrable, atrapante, absorbente

la mujer callada mientras sin reposo

ni sentido el salón se inunda de palabras

ella luciendo ausente…..

Fugitiva, piadosa, inclemente,

Inexpresiva o no siente,

rumbo cierto o nave a la deriva

viviendo su muerte o muriendo su vida,

tal vez odiando, tal vez amando,

recordando, padeciendo,

acaso olvidando, acaso naufragando

la mujer callada.

Indefinible rictus su boca,

Monalisa tal vez cercana,

tal vez de cuásares lejana

o sumergida en el vientre

de agua Alfonsina su mirada…..

o acaso en el viento desarropada,

pensarla me desordena el alma.

Qué bella, qué pálida, tal vez santa,

tal vez mundana, tal vez todo, tal vez nada,

indescifrable, atrapante, absorbente,

paloma o serpiente quisiera besarla

por saber si lo siente…..

Tal vez su frigidez sea de llama,

tal vez me congele o me calcine al tocarla,

mas no importaría si acaso me abraza

y me diluye en silencio

la mujer callada.

            Carlos Román Ramírez

Foto: Mi jardín, Eneida Rodriguez Delgado