Ascende equum (Súbete al caballo) / Gloria Gayoso Rodríguez

Ascende equum (Súbete al caballo)

_Oye, amigo!!¿Qué tal si dejamos de pastar?
_ ¿Con qué nos alimentaríamos?
_ ¡Sólo eleva el hocico y fíjate en esos verdes celestiales!
_¿Estás deprimido?
_ No, es que envidio a las nubes; aunque algunas toman nuestra forma
no tienen que soportar las ancas de los humanos por un puñado de hierbas…

©Gloria Gayoso
Foto de Eva Lewitus

La maestra de inglés, los extraterrestres y yo / Rafael Rodríguez Cruz

De momento, quedé asido a una pequeña rama en la pared de la montaña. Acababa de resbalar en el fango húmedo de la vereda que está al sur de la represa Guineo, y la mitad de mi cuerpo se balanceba en el aire. Abajo, hay un precipicio de 1,000 pies de altura. Lymari, la maestra de inglés que va en el grupo, me extiende la mano. «No mires para abajo. Confía en mí y dame tu mano», me dice con firmeza. Le extiendo con rapidez la única mano que tengo libre. Con la otra, evito mi caída al precipicio. Siento de sopetón que Lymari me agarra con firmeza. Ni trato de ayudarla en el rescate. Cualquier movimiento en falso y lo que comenzó como una visita ecológica a la termoeléctrica Toro Negro II habría acabado en velorio, mi velatorio precisamente. Georgie, el trabajador de la hidrogas de la AEE, cae de un brinco cerca de mí y ayuda a Lymari. Me levantan en el aire y me ponen a salvo.

Decido seguir con el recorrido, por una mezcla de curiosidad y orgullo herido. Vamos a llegar a la entrada del túnel que lleva agua de la represa Guineo a Toro Negro II. El grupo entero es de ocho personas. No todos se arriesgan a caminar en un tubo sobre un precipicio de 1,000 pies de altura. Se trata de una tubería de tres o cuatro pies de circunferencia y suspendida a 1,000 pies de altura sobre el río Toro Negro. Abajo, lo que hay es el vacío. «Esta es el área más peligrosa del trabajo que hacemos los de hidrogas», señala Georgie. Me acuerdo entonces del terror que le tengo a la altura. Me faltaban como treinta metros de recorrido sobre el tubo. Miro a Lymari y Carmen Enid, que se balancean tranquilas sobre el tubo. Pienso en Walenda.

Echo una mirada a la entrada del túnel. Todo esto lo hicieron en 1925. Un gigantesco túnel subterráneo que corta las montañas de la región para llevar agua a la termoeléctrica Toro negro II, desde la represa Guineo. En algunas partes, dicen, el túnel tiene 7 pies de ancho por siete de alto, y hasta más. Es una estructura subterránea de cemento. Fue fabricado a mano hace casi un siglo por trabajadores del área sur de la isla. Lo único que se sabe es que mucha gente murió en accidentes de trabajo. La mayoría trabajaba por comida, pues entre 1919 y 1926 fue la gran depresión de la agricultura en Puerto Rico. Peor que en la década de los treinta.

Carmen Enid saca unas fotos viejas de su bulto que muestran un tren elevado que pasaba de una montaña a otra, o sea, de pico a pico, llevando materiales para la construcción de la termoeléctrica Toro Negro II. Parece una montaña rusa de juguete. Le digo que no puede ser verídica. «Trenes elevados sobre la Cordillera Central de Puerto Rico, imposible», digo a risotadas. ¿Cómo diablos llegó un tren con vagones al tope de una montaña de 3,000 pies de altura sobre el mar? Propongo la única teoría que me parece factible: extraterrestres en Puerto Rico en 1925. Luis, el de Sierra Club, confirma que no es una mentira. Son fotos verdaderas. Sobre esto habrá que escribir, concluyo.

Son las 12 de la medianoche. No puedo dormir. Es ahora que me ha entrado la temblequera que no me dio cuando estaba a punto de caer por el precipicio. Es cierto lo que dicen: se vive solamente una vez. Pero, ¿por qué tengo que vivir mi vida arriesgándome tanto? Culpo a mi primo Reuben. Toda mi vida he seguido sus aventuras arriesgadas. La de hoy es la última, lo juro. Bueno, por lo menos en lo que llega la próxima…

La protuberancia : un cuento de la calle / por José Santiago

Cumplidos sus siete años, Mercedes, fue removida del hogar de sus padres por una agencia de gobierno expertos en relaciones de familia. Vivió once años en diferentes hogares sustitutos sin conocer del paradero de sus dos hermanos, ni de sus padres.  Fueron tiempos difíciles fuera del calor familiar y sin nadie en quien confiar.

A su mayoría de edad se matriculó en un curso de enfermería, gracias a las gestiones de una institución sin fines de lucro. Completada la parte teórica, es asignada a una entidad hospitalaria a completar la práctica que le permitiría completar una certificación en enfermería.

Cada domingo, luego del culto religioso, Juan Antonio acompañaba a su abuelo a la panadería que ubicaba a varias cuadras. Aun cuando disfrutaba a plenitud aquellos suculentos emparedados, siempre tenía la misma molestia al salir. El mendigo hambriento, parado justamente a la salida del concurrido comercio con su mano extendida pidiendo dinero; su ropa raída, calzando tenis rotas y tan sucias como su cuerpo. Desaliñado, mugriento y de aspecto asqueante era una molestia para muchos parroquianos. Juan Antonio siempre evitó mirarlo al salir y contenía la respiración para evitar el pestilente olor, ignorando a su vez aquel pedido de ayuda para saciar el hambre.

El abuelo pasó a ser de un buen cristiano a un extremista; cambió su profunda fe cristiana por fanatismo religioso. El poco tiempo que dedicó a su nieto, no fue suficiente ante su necesidad de cariño. La falta de atención, la poca comunicación y sin dirección para mantenerse en el camino correcto lo fueron desviando.

Luego del divorcio de sus padres, su papá emigró a los Estados Unidos y su madre se unió a un malandro quien nunca aceptó a su hijo. Juan Antonio queda bajo la custodia de su abuelo, quien viejo y cansado trató de imponerle la religión para mantenerlo en el camino del bien. Cuando se trata de imponer en vez de convencer, los resultados son nefastos. La religión lo asqueó y con los amigos de la calle su futuro descarriló.

Libre como el viento, la calle le ofreció lo que a muchos jóvenes; una vida de lujos y comodidades sin mucho esfuerzo, a cambio de una corta existencia. Autos de lujo, dinero en abundancia, mujeres despampanantes y la envidia de otros jóvenes quienes con el tiempo los emularan.

Agonizando en una camilla de aquella institución hospitalaria, última oportunidad para personas en condiciones de salud crítica, Juan Antonio, comienza a divagar. Llegan a su memoria recuerdos de lo ocurrido, cuando fue emboscado por dos gatilleros que dos días antes habían tratado de liquidarlo. Su reacción inmediata fue correr tan rápido como sus piernas se lo permitieran. Sintió un leve ardor y un olor a carne quemada cuando aquella primera bala penetró su costado. Un segundo proyectil traspasó su muslo derecho dejándolo tendido en el pavimento, justo frente a la puerta de la panadería donde cada domingo comía suculentos emparedados. Se arrastró hasta la puerta tratando de encontrar acceso a su interior, mas esta había sido cerrada con llave. Las marcas de sus manos ensangrentadas sobre la puerta de cristal; la soledad que lo invadió, la sensación de abandono en la que se encontraba y luego sentirse arrastrado fueron sus últimos recuerdos.

¿Dónde estaba; cómo llegó a ese lugar? ¿Quién era la joven vestida de blanco parada frente a él? No sentía su cuerpo, como si solo su cabeza estuviera en la camilla. Un miedo terrible lo invadió, lágrimas rodaron por sus mejillas. Desconocía si estaba vivo o luchando por su vida, por primera vez sintió la necesidad de Dios en su existencia, creer en Él y en sus promesas de sanación y salvación.

—Dios mío, si estoy vivo sana mis heridas, te lo suplico. Si estoy muerto, no permitas que arda en el infierno, condúceme a la tierra prometida, perdóname mi Dios. Luego de estas últimas palabras, sintió que se ahogaba, el aire no le llegaba, no podía respirar. En ese momento comprendió que estaba vivo y la expresión de terror reflejada en su rostro asustó de tal manera a la joven que lo acompañaba, quien en su desesperó cerró ambos puños y lo golpeó en el pecho. Los coágulos de sangre vomitados permitieron la entrada de aire a sus pulmones y el regreso a la vida. Entendió que Dios le había concedido una nueva oportunidad.

Su recuperación tardó meses. Tiempo de reflexión, de lección de vida y de un nuevo comienzo. Mercedes, la joven enfermera, que salvó su vida cuando golpeó su pecho y quien lo acompañó en su larga estadía en el hospital es hoy su esposa. El mendigo de todos los domingos frente a la panadería, que tanto le asqueaba y a quien nunca le brindó ayuda para mitigar su hambre; fue quien lo arrastró a la calle. Allí obligó a una joven conductora a detenerse, lo subió ensangrentado al asiento trasero y lo condujeron a sala de emergencias. Aquella protuberancia que observó su esposa en el cuello, es el plomo de la tercera bala, de la cual no sabía ni había sentido cuando entró por su boca, destrozando parte de su dentadura y alojándose en la cervical tan cerca de la columna vertebral que imposibilitó su extracción. Quedó en su cuello como diario recordatorio de lo ocurrido el día que Dios cambió sus vidas.

 

© José Santiago, Sebastiopolo

Micro relatos de temática bíblica de Josué Santiago de la Cruz

Sus progenitores eran lectores voraces de la Biblia, y desde esa tradición hogareña con su pincel literario traza nuevas lecturas bíblicas. Aquí una muestra.

GÉNESIS

En el principio el hombre vio que todo a su alrededor era bueno y armonioso y para tener en que entretenerse creó el caos y lo llamó Dios.

 

LOS HIJOS DE SIMÓN

Aconteció que Jesús dijo a sus discípulos que en Jerusalén sufriría grande aflicción y muerte y que al tercer día, de entre los muertos se alzaría, y Pedro lo atrajo hacia sí y le dijo:

-No acudas al llamado de la muerte.

-¡Apártate de mí, Satanás! -dijo Jesús a Pedro- Me eres piedra de tropiezo…

Y sobre esa roca, cuentan los hijos de Simón, que hasta aquí nada habían dicho, edificó su Iglesia el Cordero de Dios.

 

ÚLTIMO DESEO

La lectura de Apocalipsis 21.21* cambió, para siempre, su vida.

Desde entonces fue hombre piadoso, celoso de sus buenas obras y amor al prójimo.

Sólo pidió para sí, que al momento de su muerte, lo enterraran con un pico, una alforja y un

par de zapatillas.

 

© Josué Santiago de la Cruz

*Apo. 21.21. Las doce puertas eran doce perlas, y cada puerta estaba hecha de una sola perla. La calleprincipal de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.

El Lienzo / por Roberto López

Al anochecer la fiesta se dio por concluida.  Atrapada por la observadora curiosidad de los pintores, Claricia tenía la mirada fija en Manolo el mesero.

Le siguió los pasos al verlo salir de la casona con el excedente de carne asada, camino hacia la desolada playa, donde los perros cansados y flacos descansaban en la vieja glorieta.

Los perros rodearon a Manolo y él los alimentó con la generosidad y ternura de San Roque.

Claricia quedó amelcochada y a toda prisa fue en busca de sus pinceles para dibujar aquella hermosa escena.

A su regreso ya las nubes habían cedido paso a luna llena y se tuvo que conformar con pintar el mundano paisaje de aquel humanoide velludo y con rabo bañándose en el mar.

Sin ningún desaliento, desde entonces y hasta el final de sus días alimentó y protegió a los perros desamparados.

©Roberto López

Elif, Irma, y yo… / por Roberto Quiñones Rivera

Me acabo de dar cuenta que me he enviciado con el virus de las novelas turcas que se han apoderado de la televisión puertorriqueña.  El lado positivo de esta invasión es que han logrado en alguna manera controlar la entrada de las tramas que nos muestran las series colombianas y mexicanas sobre el trasiego de drogas y la lucha por controlar los mercados estadounidenses.

Entre las novelas turcas voy a tratar de comentar la producción de Green Yapim “Llegaste tú.” Título con que se conoce en nuestros lares la telenovela “Edif”, aludiendo al nombre de la niña, de algunos ocho años de edad que es el centro de atención de la novela.

Es difícil seguir el desarrollo de la trama de esta novela porque tiene una gran cantidad de personajes, aparentemente para darle trabajo a un grupo grande de actores, cuyos personajes aparecen en cualquier momento dentro del relato.   Pero veamos sin dentro de las circunstancias en que estoy en este momento,  puedo hacer una sinopsis de cuál es el problema principal con el cual quieren los productores envolver a los que siguen la trama;  En algún punto de Turquía, cuyo nombre no he podido descifrar, existe una poderosa familia de apellido Emiroglu cuya matriarca de nombre Aliyet tiene dominio absoluto sobre sus hijos, al extremo de que a su hijo mayor Kenan, le escogió esposa, llamada Arzu.

Esta familia vive en una finca con todas las comodidades y el consabido servicio doméstico a su orden. Pero hay un secreto aparentemente relacionado con cómo los Emiroglu adquieren en realidad su riqueza.

Entre los empleados del círculo de servicio hay una joven llamada Melik con quien Kenan, no obstante a estar casado, tuvo una relación amorosa de la que nació la niña Elif y esto causa que tanto Melik como su niña abandonan la finca de los Emiroglu.

Luego de algunos años la situación de Melik es de tal naturaleza que se ve obligada a entregar su hija a Ayse, una de las sirvientas de la finca.  Ayse hace parte de su familia a Edif la cual es tratada como una sirvienta más, siendo víctima  de maltrato y burla por parte Tugee, la otra hija de Kenan. Tugee, al igual que todos en la familia y personal de servicio, excepto Ayse, desconocen la verdadera identidad de Edif.

Cuando Arzu, la esposa de Kenan, se entera de que la niña es hija de su esposo guarda el secreto pero trata de sacar a la niña de la finca utilizando diferentes subterfugios, inclusive tratando de asesinarla empujándola por un acantilado, pero la producción de Green Yapim le salva la vida… Cosa que no ocurrió conmigo, puesto que al irse la luz por razón del paso del Huracán Irma, tuve que suspender el trabajo de madrugada… y como me quedé a oscura… una taza de té y a dormir se ha dicho.

©Roberto Quiñones Rivera

Habitación 2 / por Marinín Torregrosa Sánchez

El hombre marcó en el celular el número de la casa. Le contestó el hijo menor, más o menos de 12 años. Le dijo que su madre no había llegado del trabajo.

– Pues cuando llegue dile que me dejaron doblando el turno. Que tengo que visitar las otras plantas… la de Fajardo, Arecibo y Ponce… es una auditoria y me voy a quedar por acá.

– Entonces, ¡te vas a perder la transmisión del juego pai!

– Eso es lo que me encojona, pero dile a tu mai que mañana llego tempranito porque me van a tener que dejar ir antes porque… ¡esto ‘stá cabron!

– Esta bien pai. Que descanses.

– Te veo mañana mijo Dios te bendiga.

Dejo caer el celular y se acomodó de medio lado. Arropó con su mano derecha el seno completo de su acompañante. ¿Era María? ¿Sandra? ¿Lorena? No recordaba. Tendría que mirar nuevamente su directorio privado, sus contactos “comerciales”.

– Hay tiempo. De aquí a que termine… con decirle “mami” pasa.

Ella levantó su pierna hasta la cadera del hombre, sin dejar de besarlo. En un acto de acrobacia quedo arriba con sus cabellos ondulantes sueltos, libres al aire y en un movimiento desafiante quedan cara a cara. Ella le dice:

– Ay Robe…, Pedr…, Luis… ¡papi!

Fue necesario poner los celulares en silencio. Los contactos de ella se activaron y él no pudo superarlo.

© Marinín Torregrosa Sánchez, 2 de septiembre de 2017.

El Pan Nuestro de Todos los Días

por Josué Santiago de la Cruz

A Calixto se lo pintaron de lo más lindo:

—Allá se vive bien chévere, tío Caly —le dijo la sobrina camino al pueblo, acompañada de un sujeto parecido a los personajes de las películas de bandoleros, que tanto aborrecía.

Él imaginó que no podía vivirse del todo mal, porque parecía modelo, forrada en oro de arriba abajo. Pero no le preguntó quién era su pareja. No tuvo necesidad de hacerlo.

—Este es Raphy. Él también vino a visitar la familia.

Ya en la casa, empezó a desempacar y a contarles a las primas, que la miraban, embobadas, del carro de lujo que se compró:

—Es una chulería, si lo vieran. Lo compré custom made, con asientos de pure leather, pa joder a los haters. Me costó una maleta e chavos. How much, hony?, ochenta mil. Y lo pagué cash. I always pay cash…

Tampoco le preguntó cómo le hizo para conseguir tanto dinero, si ella, hasta donde él sabía, vive del WELFARE.

©JSC

Cuentame

a josué santiago
El cuentero invade el baúl del que brotan chizpazos deslumbrantes de vivencias y aspiraciones. Es el hacedor de historias, la palabra recreada decretada vida más allá del aire que respiramos.
 *
Nuestra vida, la vida de cada uno, es un cuento relatado por voces sin caras ocultas detrás las estrellas.  Voces que cuando callan, extinguen un cuento para iniciar otro.  Y asi, en infinitas dimensiones, en múltiples existencia, las voces cuentan y cuentan, mil y una noches, para que Dios, ría y llore, y no se duerma, porque si el cansancio invade sus pupilas, regresa el caos, anticipando la nada.
 
Sergio
junio 2006.
Dibujo Camila D, Rodriguez

Atrapasueños / Roberto López

Me contaron que un mercenario puertorriqueño que murió en la batalla del Álamo tenía un padecimiento crónico de pesadillas. Todas las noches soñaba que lo habían capturado y enjaulado con los leones hambrientos.

Y fue su fortuna que se enamoró de una india lipán, cazadora de búfalos y de sueños. En plena luna de miel, tuvo la pesadilla, y a gritos pidió auxilio y misericordia. La hermosa india no lo despertó, pero con un beso profundo, ahogó sus chillidos y se tragó el mal sueño, y así lo curó de espanto.

Y viene al caso que yo tengo el mismo padecimiento. Pues tengo un sueño demencial que se repite mucho. Sueño que unos encapuchados me meten en un ring de boxeo para que pelee con una momia llena de pulgas.

Cada vez que tengo esa pesadilla y grito pidiendo ayuda, mi negra me levanta con cuatro codazos al pecho, como si fuera lucha libre. Entonces pienso y hasta prefiero que se cumpla el sueño y fajarme con la momia, de lo contrario, la negra me va a matar.

©Roberto López