Atrapasueños / Roberto López

Me contaron que un mercenario puertorriqueño que murió en la batalla del Álamo tenía un padecimiento crónico de pesadillas. Todas las noches soñaba que lo habían capturado y enjaulado con los leones hambrientos.

Y fue su fortuna que se enamoró de una india lipán, cazadora de búfalos y de sueños. En plena luna de miel, tuvo la pesadilla, y a gritos pidió auxilio y misericordia. La hermosa india no lo despertó, pero con un beso profundo, ahogó sus chillidos y se tragó el mal sueño, y así lo curó de espanto.

Y viene al caso que yo tengo el mismo padecimiento. Pues tengo un sueño demencial que se repite mucho. Sueño que unos encapuchados me meten en un ring de boxeo para que pelee con una momia llena de pulgas.

Cada vez que tengo esa pesadilla y grito pidiendo ayuda, mi negra me levanta con cuatro codazos al pecho, como si fuera lucha libre. Entonces pienso y hasta prefiero que se cumpla el sueño y fajarme con la momia, de lo contrario, la negra me va a matar.

©Roberto López

Poema innecesario para el olvido / José Manuel Sola

 

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Mejor es que me olvides,

que no sepas qué pienso ni qué canto…

será mejor que olvides cuánto te amaba,

cuántas noches azules, cuánta magia…

Mejor es que no pienses que te pienso

ni qué palabras caen de mis ojos

o qué manos buscan acariciarte

encendidas de lunas y de besos…

Mejor si nos perdemos en la aurora de otros horizontes,

en medio de otras voces de otras gentes anónimas

que acaso ni saben que existimos.

Que ni cartas, gorriones ni poemas

ni canciones perdidas a lo lejos

ni fotos de otros tiempos

ni páginas marcadas en los libros que

te digan “…aqui estuvo… es real…”

porque eso es amor.

Y es mejor el olvido.

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(c) José Manuel Solá / 5 de julio de 2017

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Elijo vivir / Gloria Gayoso

Yo detesto el ocaso,

prefiero la alborada;

si la vejez no es justa

ni tampoco la muerte.

Llevo un alma de niña

eterna enamorada,

que desdeña lo efímero

de la vida y la suerte.

No quiero el pelo cano,

ni la boca marchita.

todavía conservo

cristalina la risa,

un fulgor que reluce

en la chispa del ojo

y en los labios un fuego

de algún beso que añoro.

Adoro yo el aroma

de las flores tempranas,

el sol que me deslumbra

con su luz de mañana.

Y que no me convenzan

que el partir es sagrado,

que me mudo de traje,

que traspaso de plano.

Yo detesto el ocaso…

Resignada me ato

al decreto del cielo,

al sublime mandato,

pero conste que espero

sólo rosas de mayo.

                                   ©Gloria Gayoso

Presencia / Carlos Román Ramírez

Presencia

Estás en todas las cercanías
en el perenne abarloar
a mi anímico velero, en cada recodo
de mi íntima embriaguez
en el rítmico latido
de mi cotidiano palpitar
en cada parcela de mi anatomía.
Nada siento sin sentirte
ni pienso sin pensarte.
No hay más bella ocasión contigo
que la última, la primera, la cuarta,
la quinta, la seguna, la tercera
Cuando digo te quiero entorno
los ojos como teniéndote
sobre grama del alma.
Espuma de mar cubrí tu arena
y al segundo me absorbiste todo
eres eco en redoble de mis campanas
apuro lo que de tu boca y vino me toca
y entre boca y vino me emborracho.
Por el contorno de mis versos
viene tu hiedra creciendo
te adueñas de mis razones
mis sentidos y mi poesía
milagroso nudo gordiano
en mi cuerda lírica
por ti no me deshilacho.

Carlos Román Ramírez, enero 2017