La protuberancia : un cuento de la calle / por José Santiago

Cumplidos sus siete años, Mercedes, fue removida del hogar de sus padres por una agencia de gobierno expertos en relaciones de familia. Vivió once años en diferentes hogares sustitutos sin conocer del paradero de sus dos hermanos, ni de sus padres.  Fueron tiempos difíciles fuera del calor familiar y sin nadie en quien confiar.

A su mayoría de edad se matriculó en un curso de enfermería, gracias a las gestiones de una institución sin fines de lucro. Completada la parte teórica, es asignada a una entidad hospitalaria a completar la práctica que le permitiría completar una certificación en enfermería.

Cada domingo, luego del culto religioso, Juan Antonio acompañaba a su abuelo a la panadería que ubicaba a varias cuadras. Aun cuando disfrutaba a plenitud aquellos suculentos emparedados, siempre tenía la misma molestia al salir. El mendigo hambriento, parado justamente a la salida del concurrido comercio con su mano extendida pidiendo dinero; su ropa raída, calzando tenis rotas y tan sucias como su cuerpo. Desaliñado, mugriento y de aspecto asqueante era una molestia para muchos parroquianos. Juan Antonio siempre evitó mirarlo al salir y contenía la respiración para evitar el pestilente olor, ignorando a su vez aquel pedido de ayuda para saciar el hambre.

El abuelo pasó a ser de un buen cristiano a un extremista; cambió su profunda fe cristiana por fanatismo religioso. El poco tiempo que dedicó a su nieto, no fue suficiente ante su necesidad de cariño. La falta de atención, la poca comunicación y sin dirección para mantenerse en el camino correcto lo fueron desviando.

Luego del divorcio de sus padres, su papá emigró a los Estados Unidos y su madre se unió a un malandro quien nunca aceptó a su hijo. Juan Antonio queda bajo la custodia de su abuelo, quien viejo y cansado trató de imponerle la religión para mantenerlo en el camino del bien. Cuando se trata de imponer en vez de convencer, los resultados son nefastos. La religión lo asqueó y con los amigos de la calle su futuro descarriló.

Libre como el viento, la calle le ofreció lo que a muchos jóvenes; una vida de lujos y comodidades sin mucho esfuerzo, a cambio de una corta existencia. Autos de lujo, dinero en abundancia, mujeres despampanantes y la envidia de otros jóvenes quienes con el tiempo los emularan.

Agonizando en una camilla de aquella institución hospitalaria, última oportunidad para personas en condiciones de salud crítica, Juan Antonio, comienza a divagar. Llegan a su memoria recuerdos de lo ocurrido, cuando fue emboscado por dos gatilleros que dos días antes habían tratado de liquidarlo. Su reacción inmediata fue correr tan rápido como sus piernas se lo permitieran. Sintió un leve ardor y un olor a carne quemada cuando aquella primera bala penetró su costado. Un segundo proyectil traspasó su muslo derecho dejándolo tendido en el pavimento, justo frente a la puerta de la panadería donde cada domingo comía suculentos emparedados. Se arrastró hasta la puerta tratando de encontrar acceso a su interior, mas esta había sido cerrada con llave. Las marcas de sus manos ensangrentadas sobre la puerta de cristal; la soledad que lo invadió, la sensación de abandono en la que se encontraba y luego sentirse arrastrado fueron sus últimos recuerdos.

¿Dónde estaba; cómo llegó a ese lugar? ¿Quién era la joven vestida de blanco parada frente a él? No sentía su cuerpo, como si solo su cabeza estuviera en la camilla. Un miedo terrible lo invadió, lágrimas rodaron por sus mejillas. Desconocía si estaba vivo o luchando por su vida, por primera vez sintió la necesidad de Dios en su existencia, creer en Él y en sus promesas de sanación y salvación.

—Dios mío, si estoy vivo sana mis heridas, te lo suplico. Si estoy muerto, no permitas que arda en el infierno, condúceme a la tierra prometida, perdóname mi Dios. Luego de estas últimas palabras, sintió que se ahogaba, el aire no le llegaba, no podía respirar. En ese momento comprendió que estaba vivo y la expresión de terror reflejada en su rostro asustó de tal manera a la joven que lo acompañaba, quien en su desesperó cerró ambos puños y lo golpeó en el pecho. Los coágulos de sangre vomitados permitieron la entrada de aire a sus pulmones y el regreso a la vida. Entendió que Dios le había concedido una nueva oportunidad.

Su recuperación tardó meses. Tiempo de reflexión, de lección de vida y de un nuevo comienzo. Mercedes, la joven enfermera, que salvó su vida cuando golpeó su pecho y quien lo acompañó en su larga estadía en el hospital es hoy su esposa. El mendigo de todos los domingos frente a la panadería, que tanto le asqueaba y a quien nunca le brindó ayuda para mitigar su hambre; fue quien lo arrastró a la calle. Allí obligó a una joven conductora a detenerse, lo subió ensangrentado al asiento trasero y lo condujeron a sala de emergencias. Aquella protuberancia que observó su esposa en el cuello, es el plomo de la tercera bala, de la cual no sabía ni había sentido cuando entró por su boca, destrozando parte de su dentadura y alojándose en la cervical tan cerca de la columna vertebral que imposibilitó su extracción. Quedó en su cuello como diario recordatorio de lo ocurrido el día que Dios cambió sus vidas.

 

© José Santiago, Sebastiopolo

Kafka Y Monterroso : notas para un análisis / por Josué Santiago de la Cruz

En 1912 Franz Kafka escribe La Metamorfosis y la novela América. Ambas obras comienzan con un adverbio: Cuando.
Resulta interesante y curioso que ambos escritos, también, abren el marco narrativo con lo que podríamos llamar microrrelatos:

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama convertido en un insecto gigante.” (La Metamorfosis)

“Cuando Karl Rossmann —muchacho de diecisiete años de edad a quien sus padres habían enviado a América porque le había seducido una sirvienta que luego tuvo de él un hijo— entraba en el puerto de Nueva York, a bordo de ese vapor que ya había aminorado su marcha, vio de pronto la estatua de la diosa de la Libertad, que desde hacía rato venía observando, como si ahora estuviese iluminada por un rayo de sol más intenso. Su brazo con la espada se irguió con un renovado movimiento, y en torno a su figura soplaron los aires libres.” (América)

Ambos textos traen, de entrada, el elemento fantástico «…se encontró en la cama convertido en un insecto gigante.» (La Metamorfosis), y «Su brazo con la espada se irguió.» (América)

Es importante mencionar que mi observación parte de la traducción que de ambas obras se hizo al castellano, ya que estas fueron escritas en alemán, idioma, este, que desconozco en su totalidad.

Augusto MONTERROSO, en 1959, escribe El dinosaurio, considerado, por muchos, la quintaesencia de la literatura minimalista. «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.» (El dinosaurio)] Podemos inferir que debido al enorme parecido estructural, especialmente entre el microrrelato que da inicio a La Metamorfosis y El dinosaurio, que el Maestro guatemalteco observa, en su narración, una marcada influencia kafkiana. Pero eso no es nada nuevo, puesto que pocos escritores, después de aquel, escapan a su influjo.

Así como podemos ver grandes similitudes en la trilogía de escritos presentados, podemos igualmente encontrar una gran diferencia. En La Metamorfosis, aquello que Gregorio Samsa con tanto asombro y pavor se vio convertido, una vez abrió los ojos, no estaba allí antes de haberlos cerrado. En otras palabras, igual pasa con el trozo sacado del comienzo de América, Franz Kafka va de una realidad “normal” a otra “paranormal” y eso, al parecer, es la razón de su desasosiego. El fenómeno de verse “convertido en un insecto gigante” es algo transitorio, una ilusión, en la vida de Samsa. Algo imaginado, sentido, pero irreal. Al igual que “El brazo con la espada [de la Estatua de la Libertad] se irguió” en Karl Rossmann [América].

Por el contrario, el dinosaurio en la narración de MONTERROSO, estuvo allí antes del personaje anónimo haber cerrado los ojos para acogerse al sueños y después de haberlos abierto a la realidad concreta, material, que representa su presencia en el cuento.

Los textos de Kafka parecen sostener que el pensamiento [principio fundamental del Idealismo filosófico] crea la materia [“El espíritu es el que produce la materia]: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama, convertido en un insecto gigante.”

MONTERROSO, que comienza con el mismo adverbio, [Cuando], llega al mismo lugar, partiendo del principio de que la materia existe a pesar de nosotros porque “El mundo existe fuera de nuestro pensamiento.” Por eso dije en un pensamiento que colgué un tiempo atrás que ni Marx ni Engels, plantearon con mejor claridad la base del pensamiento filosófico materialista como el autor de La oveja negra.

MONTERROSO, sin duda, leyó a Kafka, pero quién no. Cabe, entonces, preguntarnos ¿leería a Marx y a Engels y a Georges Politzer? A lo mejor nadie haya entre nosotros que lo pueda testificar, aunque a mí me parece que MONTERROSO leyó a los tres y más importante aún, los llevó al microrrelato.

©JSC

Micro relatos de temática bíblica de Josué Santiago de la Cruz

Sus progenitores eran lectores voraces de la Biblia, y desde esa tradición hogareña con su pincel literario traza nuevas lecturas bíblicas. Aquí una muestra.

GÉNESIS

En el principio el hombre vio que todo a su alrededor era bueno y armonioso y para tener en que entretenerse creó el caos y lo llamó Dios.

 

LOS HIJOS DE SIMÓN

Aconteció que Jesús dijo a sus discípulos que en Jerusalén sufriría grande aflicción y muerte y que al tercer día, de entre los muertos se alzaría, y Pedro lo atrajo hacia sí y le dijo:

-No acudas al llamado de la muerte.

-¡Apártate de mí, Satanás! -dijo Jesús a Pedro- Me eres piedra de tropiezo…

Y sobre esa roca, cuentan los hijos de Simón, que hasta aquí nada habían dicho, edificó su Iglesia el Cordero de Dios.

 

ÚLTIMO DESEO

La lectura de Apocalipsis 21.21* cambió, para siempre, su vida.

Desde entonces fue hombre piadoso, celoso de sus buenas obras y amor al prójimo.

Sólo pidió para sí, que al momento de su muerte, lo enterraran con un pico, una alforja y un

par de zapatillas.

 

© Josué Santiago de la Cruz

*Apo. 21.21. Las doce puertas eran doce perlas, y cada puerta estaba hecha de una sola perla. La calleprincipal de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente.

La Mujer Callada / Carlos Román Ramírez

Indescifrable, atrapante, absorbente

la mujer callada mientras sin reposo

ni sentido el salón se inunda de palabras

ella luciendo ausente…..

Fugitiva, piadosa, inclemente,

Inexpresiva o no siente,

rumbo cierto o nave a la deriva

viviendo su muerte o muriendo su vida,

tal vez odiando, tal vez amando,

recordando, padeciendo,

acaso olvidando, acaso naufragando

la mujer callada.

Indefinible rictus su boca,

Monalisa tal vez cercana,

tal vez de cuásares lejana

o sumergida en el vientre

de agua Alfonsina su mirada…..

o acaso en el viento desarropada,

pensarla me desordena el alma.

Qué bella, qué pálida, tal vez santa,

tal vez mundana, tal vez todo, tal vez nada,

indescifrable, atrapante, absorbente,

paloma o serpiente quisiera besarla

por saber si lo siente…..

Tal vez su frigidez sea de llama,

tal vez me congele o me calcine al tocarla,

mas no importaría si acaso me abraza

y me diluye en silencio

la mujer callada.

            Carlos Román Ramírez

Foto: Mi jardín, Eneida Rodriguez Delgado

Libros: PR 3 Aguirre de Marta Aponte Alsina

por Rafael Rodriguez Cruz

Este libro es de lo mejor que he leído en mucho tiempo por un autor o autora puertorriqueña. Marta Aponte nos obsequia con su libro PR 3 Aguirre una delicia literaria, un manjar dulce. Escrito con un dominio magistral de la literatura, este libro asombra por su sencillez y tratamiento minucioso de los hechos.

Las ruinas de la central Aguirre súbitamente cobran vida ante nuestros ojos, a través de la historia real de los personajes que una vez estuvieron ligados al poblado Aguirre. Así es que hay que rescribir nuestra historia, con nombres y apellidos. Al fin y al cabo, el que solo queden ruinas del imperio de la central Aguirre no quiere decir que olvidemos a los seres humanos que lo formaron ni a los que lucharon en su contra. Esta autora trata las historias personales con la pasión propia de una novela detectivesca. Quizás es el anuncio de un género nuevo, que mezcle la novela con la crónica en nuestro país.

A propósito de mi libro / por Marta Aponte Alsina

Escribir descubre, nombra, funda. También excluye y tacha lo que no se quiere ver. Hay una fijeza engañosa en los libros. Hay borrones y vacíos en los libros y en las leyes.

Este libro se centra en el poblado de Aguirre y sus inmediaciones. Quise escribir las miradas que nos congelaron en tipos y decretos imperiales; quise escribir algunas miradas nuestras

Concebir para Aguirre un lugar propio en la historia de las comunidades planificadas corre el riesgo de idealizar una máquina pensada para la explotación de la tierra y sus habitantes. Sin embargo, nos toca a nosotras, a nosotros, descendientes de la miseria, concebir ese lugar que de otro modo no será.

¿Dejamos que se desplome, que se arruine, que siga siendo una capa de polvo más en los olvidos de un pueblo educado para el olvido, carroña de buitres? ¿O escribimos para trazar mapas, explorar afluentes, invadir archivos, robar saberes, canibalizar la literatura de los señores, arrebatar el privilegio de autoría a quien nos escribió a su manera, para tacharnos mejor?

La primera parte de PR 3 Aguirre contiene una galería de retratos de los comerciantes relacionados con Boston (quienes adquirieron los terrenos y establecieron un “company town”)[1] y de sus familias y círculos sociales. En algún caso la intención documental se ha desviado por parajes de ficción, deteniéndose en escenas y atmósferas. No censuré ni provoqué esas ficciones que los documentos sugieren. En general, la lectura de documentos no se centró en una transcripción literal y objetiva del contenido de las fuentes, aunque también hay pasajes muy cercanos al resumen o comentario marginal. El libro se mueve entre lo documental y lo imaginativo, e incluso lo testimonial, como no podría hacerlo una historia rigurosamente académica.

El contrapeso de los retratos de bostonianos en la primera sección se encuentra en las entrevistas con puertorriqueñas y puertorriqueños incluidas en la segunda parte del libro, que también contiene algunos fragmentos cortos, intrusiones de voces imaginarias, comentarios de la autora, como si hablaran no ya los documentos, sino la carencia de documentos.

Marta Aponte Alsina

[1] El poblados fabril o aldea de compañía es un concepto de la era industrial.  Son poblados propiedad de una empresa la cual provee casas y habitaciones a empleados diestros esenciales para la operación fabril ya fuesen con núcleo familiar o individuos solos.

 

Las palomas de Juaní / Josué Santiago de la Cruz

Miraba desde acá en la lejanía

Las ágiles palomas de Juaní,

Volando por allá y yo desde aquí

Inmerso entre el dolor y la agonía.

A veces Talas Viejas era así,

Un cántico de amor y de poesía,

Remanso donde nunca la porfía

Regó el amargo sumo de su ají…

De tarde regresaban a sus nidos,

Alegres, bulliciosas, parlanchinas,

Y a ritmo de la noche con sus ruidos

Las ramas afinaban sus sordinas…

Hermoso recordar los tiempos idos

De aquel bello rincón de mi Salinas.

JSC

17/1/2018

El Lienzo / por Roberto López

Al anochecer la fiesta se dio por concluida.  Atrapada por la observadora curiosidad de los pintores, Claricia tenía la mirada fija en Manolo el mesero.

Le siguió los pasos al verlo salir de la casona con el excedente de carne asada, camino hacia la desolada playa, donde los perros cansados y flacos descansaban en la vieja glorieta.

Los perros rodearon a Manolo y él los alimentó con la generosidad y ternura de San Roque.

Claricia quedó amelcochada y a toda prisa fue en busca de sus pinceles para dibujar aquella hermosa escena.

A su regreso ya las nubes habían cedido paso a luna llena y se tuvo que conformar con pintar el mundano paisaje de aquel humanoide velludo y con rabo bañándose en el mar.

Sin ningún desaliento, desde entonces y hasta el final de sus días alimentó y protegió a los perros desamparados.

©Roberto López

Amor pasado / por Marinin Torregrosa Sánchez

A través del cristal quebrado
suele mirar aquel amor pasado
que bordó encajes de ensueño,
que le dedicó poemas robados
y perfumó de inocencia 
las cartas guardadas con celo.

Se pregunta si eran ciertas
las promesas que entre lineas
aquel corazón valiente
imprimiera con su tinta.

Se pregunta cómo seria
si en vez de enumerar las cartas
se sumaran sus dias
al dueño de aquellas palabras.

Se pregunta si
al encontrar su mirada
el sol se abochornaria
por solo prestar luz a la luna solitaria.

¡Se pregunta tantas cosas!
¡Hasta si el sabor del café
en sus labios cambiara!

Mientras, en el libro de la vida
marca con una flor ya marchita
la página de una novela
sin terminar ni publicar, pero vivida.

“Y los huesos ya duelen,
la piel se va arrugando,
la estatura va mermando
porque la espalda va encorvando,
pero al espíritu, el tiempo no doblega.”

©Marinín Torregrosa Sánchez, 12 de noviembre de 2017

Si fueras la paz / Carlos Román Ramírez

Si Fueras la Paz….

acumularía en las tardes todos mis volantines

de colores frente a tu ventana

con pancartas expresando mi sentir

y en la mañana el gorjeo

de los pájaros azules que fieles me siguen

desde que saben que podría amarte…..

si fueras la paz.

Traería a tu alcoba el cósmico resplandor

de esas lunas apagadas que se encienden

cuando mi pasión las llama

y al unísono iluminaran tu frente.

Poblaría tu jardín de camelias

y vendría todos los días a regarlas

con agua pura de mis lluviosas armonías.

Convocaría a todos los duendes

que conozco y festejaríamos el minuto

en que supe que existías…..

si fueras la paz.

Un sol ecuatorial entibiaría mis fríos,

pero ya ves, aún en mi trinchera

en la retaguardia estoy herido,

mas nada sería imposible para mis osadías

si me miraras con ojos de armisticio

pero en esa guerra interna, fatídica,

mortal entre tus hemisferios

no hay quien se salve.

por Carlos Román Ramírez

¿Qué es ser poeta? / José Manuel Solá

Yo no estoy seguro de lo que es un poeta. Sólo se me ocurre pensar que poeta debe ser aquel que anda procurando un encuentro con la belleza de las cosas, las trascendentales o las cotidianas. Y en las cosas cotidianas, en las sencillas, suele haber más belleza aun cuando puede ser una belleza triste. Puede tratarse, pienso ahora, de la llovizna en las alas de un pájaro que observa el nido roto. Puede tratarse de los ojos de un perro abandonado que se acerca a tu mano. ¡Qué sé yo! Es posible que la poesía (la belleza) se encuentre en el dulzor de una pomarrosa que te ofrece -y sólo porque sí- una niña descalza, algún niño. Poeta es el hombre que se indigna y canta los motivos, creo. El que denuncia, pienso. Y puede ser el varón incandescente que va a la marcha, como mi amigo Nicolás, del brazo de los pobres, de los desposeídos, de los que tienen por cobijo las estrellas del campo.

Puedo estar equivocado, ¡claro que sí! Poeta, me parece, puede ser aquel que encuentra una canción en la tibieza de una frazada, de los senos suaves de la mujer que se deja amar y también ama hasta la locura. A veces pienso que los ricos no pueden ser poetas o aquellos que una vez fueron pobres y lo olvidaron.

Poeta, quien con un par de tablas rústicas, un martillo, unos clavos, puede hacer una mesa y es su obra de arte, la viste con su mejor mantel e invita a todos a la hora de partir el pan recién horneado con el calor de sus manos y de su corazón. Digo, así es que yo lo pienso.  Poeta es el que piensa cuando a nadie le importa; el que abre la puerta de su casa de madrugada sólo por contemplar el milagro de la aurora por sobre las montañas. Y el que guarda la luna en el bolsillo roto.

¿Qué es un poeta? Bueno, yo no lo soy pero he conocido muchos en el camino de la vida. Eso le da esperanza a nuestro mundo.

(c) Josémanuel Solá  /  17 de octubre de 2016

🙏 Namaste.