Recordando a Doña Pancha / Roberto Quiñones Rivera

Un día como hoy, 17 de septiembre,  Doña Pancha estaría disfrutando de su cumpleaños 115 en esta dimensión pero el Ser Supremo  la reclamó para su jardín hace cinco años.  Hoy sería su vuelta al sol número 115 ya que al ser requerida contaba con 107 años y 10 meses de vida muy fructífera…

Toda su familia guarda para ella siempre pensamientos y recuerdos de sus casi 108 años de vida.   Entre nosotros vive el convencimiento de que seguimos recibiendo de ella protección y amor desde el ámbito que el Ser Supremo le asignó como nuestro Ángel Guardián.

por Roberto Quiñones Rivera

 

In Memoriam. Celso Martínez López, 1941-2018

 

Celso Martínez ha partido a morar con el Señor. Servidor público. Servidor de su gente y  de su pueblo. Sobre todo, servidor de Dios y de su parroquia, Nuestra Señora de la Monserrate.

Se pueden recordar anécdotas jocosas y muy buenas sobre ti.

Padre tierno.  Esposo amoroso. Trabajador incansable. Vecino y amigo dedicado. Como nos deleitaste con tu sonrisa y tu prontitud a la ayuda de quien fuera que te la pidiera. Contribuiste con todos sin esperar nada a cambio. Usaste tus talentos y los multiplicaste al 100%.

Y qué decir de tus platos exquisitos. Fuiste especial, buen anfitrión – querido compadre y segundo papa! ¡Te vamos a extrañar mucho, caray! ¡Todo fue tan rápido! ¡Te fuiste muy pronto!

Aprendimos de ti a ver la vida con miras a ayudar y a gozarnos – NO importando la prueba. Por Fe, sabemos que nos vamos a encontrar. ¿Cómo te habrán recibido nuestros seres queridos ya idos? ¡Qué lindo será ese reencuentro familiar y salinense!

Estarás gozándotelos y ellos a ti! Así hay que verlo, querido Celso. Somos simples pasajeros en esta tierra. La meta que nos espera, ya tú llegaste a ella.  Allá nos esperas y que clase fiesta vamos a formar! Pero, aquí quedamos haciendo lo que corresponde hacer. Ya tu cumpliste y estarás feliz y descansando en paz. ¡Celebramos tu vida!

por Eileen P. Santiago Soto y María del R. Ibarra Hernández

Entre la calle y el río / Beatriz Martell

Entre La Calle y el Rio

Poema de Beatriz Martell

Música de Juan Carlos Ramos

Cantado por Coco Ramos

 

Beatriz Martell, “Betty” o “Doña Betty” como cariñosamente la llamaban sus familiares y amigos, nació en Ponce, PR el 29 de agosto de 1924. Fueron sus padres Concepción Martell y Paula Ruiz.

Doña Betty, no tuvo la oportunidad (como les sucedía a muchos para aquel entonces) de completar ni siquiera la escuela elemental. Sin embargo, cuando me casé con su hija mayor, Helvetia y pasé a ser parte de la familia Martell, me fui percatando que la ausencia de estudios formales no fue necesaria ya que los mismos habían sido substituidos con esa experiencia única que otorga gratuitamente la Escuela de La Vida.

Desde el 1976 cuando me uní a Helvetia, hasta septiembre del 2009, fecha en que partió de este plano, fui conociendo a Doña Betty y entendiendo su filosofía de vida y su amor incondicional por todos sus hijos. Siempre recordaré con gran cariño los domingos en la tarde cuando hijos, otros familiares y yernos descendíamos en su casa de Guaynabo como aviones en busca de combustible a lo que llamábamos jocosamente “el aeropuerto”. El combustible desde luego eran los sendos platos típicos que en su famosa cocina confeccionaba con absoluta maestría. ¡Ah, que gratos recuerdos!

Al pasar del tiempo regresó a su querido Ponce. Los años habían comenzado a trazar huella en su salud. No obstante, mantenía su espíritu firme y luchador y continuaba recibiendo a todos, aunque un poco más limitado el cupo, en su apartamento ponceño.

Fue en una de esas tardes tranquilas del Ponce cálido y señorial que la observé buscando en un pequeño baúl algunos papeles, muchos de los cuales exhibían el paso del tiempo reflejando el “castigo” del doblar y desdoblar a través de los años.

Se detuvo a leer uno de estos papeles y comenzó a balbucear “Entre La Calle y El Rio”. Comencé a prestarle atención disimuladamente a su lectura ya que no quería interrumpir el soliloquio. Cuando terminó, me acerqué a ella y le pregunté: ¿Doña Betty, y quién escribió ese bello poema? Se percató entonces que la había estado escuchando, elevó su mirada y me dijo con esa gran humildad que siempre la caracterizó: “Ay Juan Carlos, es solo una tontería que le escribí a nuestro padre por su esfuerzo en brindar lo mejor a sus cinco hijas.”

Le dije entonces: “Doña Betty es un poema precioso y por ese “sabor” a campo que lo permea, creo que una música de seis, lo resaltaría.”  Me dijo entonces emocionada: “¡Quién lo iba a pensar que yo, me haría “famosa” por haber escrito algo!

Unos meses más tarde y quizás presintiendo el desenlace me dijo: “Juan Carlos, cuando me llegue mi día, me gustaría que mi poema con su música se interpretara en mi sepelio.” Bajé la vista y solo asentí con un moviendo del rostro.

Poco después le pasé la letra y la música a mi hermano Coco, quien al igual que yo es pianista profesional pero dotado de una voz que moldea con gran habilidad al género que interpreta.

Cumpliendo con el deseo de Doña Betty, alquilamos un vehículo equipado con esos altoparlantes que usan los comercios para publicidad, y durante el recorrido del cortejo fúnebre hasta el cementerio, alternamos el seis con la danza Beatriz, la cual le había compuesto y dedicado a esta gran ponceña un par de años antes.

¡Doña Betty, ahora es usted parte del Salón Virtual que comparten escritores, cuentistas, poetas, poetisas, músicos, y analistas políticos de este Blog!

¡Creo que ahora sí, ha dado el primer paso a la fama!

 

Juan Carlos Ramos

 

 

Pintura de Félix Cordero, detalle

Realizarán reconocimiento en memoria a la cantautora salinense Ivania Zayas Ortiz / por Víctor Alvarado Guzmán

Salinas, Puerto Rico – La Legislatura Municipal de Salinas aprobó por unanimidad una Resolución de la Legisladora Municipal del PIP, Litzy Alvarado Antonetty, con la coautoría de toda la delegación del PPD, para designar con el nombre de la cantautora salinense Ivania Zayas Ortiz el salón de banda y baile de la Escuela de Bellas Artes Santiago R. Palmer del Municipio salinense.

Alvarado Antonetty propuso este reconocimiento por lo que ésta y su familia representan para el pueblo de Salinas.

Ivania se inicio formalmente en la música a los 12 años en la Escuela Intermedia Urbana de Salinas, donde se desempeñó como primera y segunda trompeta en la Banda Escolar, con la cual representó al municipio de Salinas a nivel nacional. Su conocimiento sobre la guitarra lo adquirió de forma autodidacta.

Según la Legisladora Municipal, para Zayas Ortiz la música fue su mayor pasión e incursionó en varios géneros musicales.

“En 1995, junto a su amigo y guitarrista Danny Ruiz (q.e.p.d), obtuvieron el primer lugar en la categoría de interpretación en el VII Festival de la Canción en el Teatro Georgetti de San Juan, con la canción “Sueño sin final” escrita por Ivania. Luego se formó Ivania y los Seres de Plasticina, y grabó la producción musical “Seres”, que constó con diez temas de la autoría de Ivania, y un tema escrito e interpretado por su padre Ángel Luis Zayas. El amor por su Patria, a la libertad de su país y a luchar por las causas justas, la llevó a interpretar un selecto repertorio del cancionero latinoamericano, que los compartió en diversas actividades, como fue la inauguración de la Plaza Monumento a Albizu Campos en Salinas en el 2013”

En el 2008, Ivania fue parte del Taller de Cantautores del Instituto de Cultura Puertorriqueño (ICP) y en los últimos años de su vida, la cantautora realizó diversas presentaciones en Puerto Rico, junto a la profesora y trombonista de origen holandés, May Peters, bajo el exitoso concepto ‘De la bohemia a la rumba’.

Con respecto a su educación, Ivania se graduó de un bachillerato en Artes de Comunicación/Comunicación Audiovisual en la Universidad de Puerto Rico y obtuvo un grado de maestría en Gestión y Administración Cultural. Trabajó como videógrafa en EducArte Inc. del Municipio de San Juan, fue locutora y técnica de locución en Radio Universidad de Puerto Rico, editora en jefe y correctora de la Revista Noctámbulo de la corporación Mannon Group, asistente ejecutiva de la Feria Internacional del Libro de Puerto Rico y Coordinadora de Relaciones Pública y Apoyo del Departamento de Desarrollo del Museo de Arte de Puerto Rico.

“Habiendo sido tocada su familia por el cáncer, esto la motivó a participar de actividades con profundo interés humano, como la edición del 2002 del “Relevo por la vida”, auspiciado por la Sociedad Americana contra el Cáncer, evento de Ponce realizado en el Albergue Olímpico de Salinas. En el 2014, fue escogida como “Embajadora Artística” del primer evento de “Relevo por la vida” realizado por equipos del pueblo salinense. Además, participó de la actividad “Desnudas por Haití”, para comprar medicamentos para las mujeres en Haití.

En el salón que llevará el nombre de Ivania, se pintará un mural con su imagen, a realizarse por otro joven artista salinense José Luis Baerga, mejor conocido por Chema. El proyecto respaldado por la presidenta de la Legislatura Municipal, Jacqueline Vázquez Suárez, incluye realizar una sencilla actividad de pueblo, que junto a su familia y amistades, celebre la vida de Ivania Zayas Ortiz.

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Luis Méndez Forestier / Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

Muchas veces, los datos, sean de la índole que sean, parece que le hacen jugarretas al investigador, escondiéndose, permitiendo que se frustre y abandone la búsqueda para no terminar en un manicomio. Más cuando menos se espera, aparecen como de casualidad y pareciera que tienen vida propia. Esto me sucedió con la historia que voy a contar sobre mi abuelo paterno, Luis Méndez Forestier.

Niños en Carlisle

Con motivo del escándalo de las cárceles para niños hijos de inmigrantes en Estados Unidos, han aparecido en la red social Facebook unas historias sobre unas escuelas que los norteamericanos crearon a finales del siglo 19, con el propósito de que los niños indios y niños negros olvidaran sus raíces y su cultura y se asimilaran a la cultura norteamericana. Así surgieron Carlisle Indian Industrial School, Hampton Normal and Agricultural School y Tuskegee Normal and Industrial School, entre otras. Las mismas eran muy estrictas al estilo de las escuelas militares y muchos niños lograron salir adelante, pero otros fueron abusados, escaparon y murieron ya que no se acostumbraban a la vida sin sus familias. Una de las prácticas que acostumbraban las escuelas era dispersar a los alumnos que venían de una tribu o pueblo para que no pudieran hablar su  lenguaje y se vieran forzados a aprender el inglés.

El cambio de soberanía

La invasión norteamericana a Puerto Rico coincidió con la recién creación de estas escuelas y los funcionarios escolares estadounidenses destacados en Puerto Rico creyeron prudente incluir a los indios-negros puertorriqueños en su estrategia de asimilación. Así fueron seleccionados cientos de niños y jóvenes puertorriqueños, a quienes se les otorgaban becas y eran enviados a estudiar a estas escuelas. Durante la colonización española en Puerto Rico, las familias pudientes enviaban a sus hijos a estudiar a España, lo que era motivo de orgullo y prestigio. Supongo que, al surgir estas becas para ir a Estados Unidos, las familias típicas veían una oportunidad de que sus hijos se prepararan al igual que los hijos de las familias pudientes.

Cuando los norteamericanos invadieron a Puerto Rico, Luis Méndez Forestier tenía 15 años. Su padre Juan Andrés Méndez, era un trabajador administrativo de la Hacienda San José, luego Central Eureka en Hormigueros. A pesar de ser un empleado de la hacienda, su relación con los dueños era una estrecha, ya que fueron los padrinos de su matrimonio. La historia oral de mi familia cuenta que era muy amigo de los hijos de los dueños, Luis y Mateo Fajardo Cardona, éste último, colaborador y asesor del Ejército de Estados Unidos en su paso por el oeste puertorriqueño. Juan Andrés Méndez, no era una persona adinerada, pero gracias a su relación con la familia Fajardo, vivía en una casa amplia y cómoda con su esposa y sus ocho hijos. Es de suponer que esa misma relación facilitara la inclusión de Luis entre los becados para ir a los Estados Unidos.

Luis Méndez Forestier

Luis Méndez Forestier

La historia oral familiar dice que Luis estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Tuskegee, Alabama. Sin embargo, al momento de Luis ir a estudiar, el lugar se llamaba Tuskegee Normal and Industrial School Institute y era una escuela fundada por Booker T. Washington para proveer educación vocacional e industrial y encaminar a la población negra a empoderarse de los derechos civiles que les eran negados. A esta escuela asistieron, no solamente estudiantes puertorriqueños, sino que el gobierno estadounidense incluyó estudiantes de Cuba y otras antillas.

Luis aparece por primera vez como estudiante de la institución en su catálogo de 1901-1902. Tenía 17 años. El programa de estudios duraba 3 años e incluía las siguientes materias:

 

A pesar de que el programa duraba 3 años, Luis permaneció en Tuskegee hasta el 1904-1905. Nunca obtuvo su diploma porque  un accidente en un laboratorio  lo dejó ciego de un ojo y se deprimió de tal manera que regresó a Puerto Rico sin graduarse. No obstante, trabajó como instalador de alumbrado eléctrico en la carretera de Mayagüez a San Germán, en 1910 para la Central Eureka. Ese mismo año se casó con Gregoria Más Rodríguez, con quien procreó diez hijos.

Luis falleció víctima de la tuberculosis, el 20 de agosto de 1929, a la edad de 46 años.

Referencias

Brooks, F. Erik. Booker T. Washington in Encyclopedia of Alabama. [http://www.encyclopediaofalabama.org/article/h-1506]

Carlisle Indian School Digital Resource Center [http://carlisleindian.dickinson.edu/]

Catalogue of Tuskegee University (1903-1904): 73-74.

Commissioner of Education for Porto Rico. Annual Report. 1904 [https://babel.hathitrust.org/cgi/pt?id=miun.act0826.1904.001;view=1up;seq=1]

Landis, Barbara. Carlisle Indian Industrial School, (1879-1918).  [http://home.epix.net/~landis/index.html]

Navarro-Rivera, Pablo. Acculturation Under Duress:The Puerto Rican Experience at the Carlisle Indian Industrial School 1898-1918. [http://home.epix.net/~landis/navarro.html]

Rivero Ángel. Mateo Fajardo Cardona y la invasión de 1898. [https://horomicos.wordpress.com/2013/06/11/documento-mateo-fajardo-cardona-y-la-invasion-de-1898/

 

 

 

In Memoriam: Víctor Carmona Lanauze

Víctor Carmona Lanauze, se destacó en las disciplinas de atletismo y volibol.  Sus hazañas deportivas comenzaron cuando era estudiante de la Escuela Superior de Salinas a fines de la década de 1950.  En esos años, un grupo de estudiante atletas salinenses proveniente de familias trabajadoras, sin equipo deportivo y con limitadas técnicas deportivas sorprendió al país  convirtiéndose en una generación de atletas elite a nivel nacional e internacional.   A ese grupo pertenecieron, entre otros, Víctor Carmona, Lulio Lleras, Rumildo Cruz, Rolando Cruz y Rubén Cruz. Las habilidades deportivas de todos ellos le merecieron el desarrollo atlético y la oportunidad de pertenecer al equipo nacional de Puerto Rico así como realizar estudios universitarios que le estaban vetados económicamente.

En  el atletismo Carmona se destacó en el Salto a la Alto.  En ese evento creo un estilo propio de realizar el salto que actualmente se conoce en inglés como “flocking” y además la modalidad de hacer uso de un zapato sí y otro no.  En el 1956 y 1962 representó a Puerto Rico en los Juegos Iberoamericanos en las ciudades de Chile y Jamaica. Su mejor marca en salto a lo alto fue de 6’7’’ durante los Juegos Iberoamericanos de Santiago de Chile en 1960.

En el volibol perteneció al equipo masculino de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.  Se retiró del atletismo competitivo luego de ser reclutado por el Ejercito de los Estados Unidos durante el conflicto de Vietnam.  Terminado el servicio militar se dedicó a la profesión de maestro de educación física en Ponce.  Fue un destacado entrenador atlético en la Escuela Vocacional de Ponce entre cuyos alumnos estuvo el prominente atleta Rey Quiñones, saltador de longitudes.

En 1998 fue exaltado a la Galería de los Inmortales del Deporte Ponceño.  Pertenece asimismo al Pabellón de la Fama del Deporte Pionero de la PUCPR y es parte de la lista de grandes atletas de la ciudad de Salinas.

El deporte nacional puertorriqueño está de luto con la anunciada partida del atleta Víctor Carmona Lanauze.  El destacado atleta nacido en Salinas un 22 de octubre de 1939, falleció en Ponce y sus restos mortales estarán expuesto desde hoy lunes en la Funeraria Jackie Oliver de la Perla del Sur.  Recibirá cristiana sepultura mañana martes, 5 de junio de 2018 a las 2:00 pm en el Cementerio La Piedad de Ponce.

 

Fuentes: Encuentro al Sur, Noticias de Ponce

 

Federico Legrand: pionero de la educación farmacéutica en la Universidad de Puerto Rico

por Sergio A. Rodríguez Sosa

A lo largo del tiempo más y más puertorriqueños se han incorporado a las profesiones de las ciencias naturales.  Estos se han desempeñado aquí y fuera del país en profesiones como médicos, farmacéuticos, biólogos, microbiólogos, matemáticos, físicos, químicos, entre otras. Algunos de estos profesionales se han destacado como expertos y líderes en su campo.

Uno de esos profesionales fue Federico Legrand Rodriguez, al que incluimos en estas pinceladas biográficas diseñadas para divulgar las aportaciones de los puertorriqueños al quehacer profesional y cultural de la sociedad.

Durante el siglo 19 decenas de ciudadanos franceses o sus descendientes nacidos en América emigraron a Puerto Rico atraídos por las oportunidades de riqueza que ofrecía la Isla. Una buena parte de esos ciudadanos franceses procedía de Córcega y otros de los territorios americanos usurpados por Francia. Algunos de ellos poseían capital, destrezas y relaciones comerciales que les ganaron una posición privilegiada entre la clase propietaria criolla y española.   Ya a  mediados del siglo 19 sobresalían en actividades económicas y alcanzaban influencia política por medios de alianzas comercial y nexos matrimoniales con las familias del país. Su presencia en pueblos como Salinas llegó a ser comercialmente notable al punto que el gobierno francés nombraba un agente consular en dicho pueblo.

Entre los franceses que arribaron a la isla favorecidos por la Cédula de Gracias estuvo Juan Bautista Legrand quien se estableció en Salinas en 1816 con un capital de 500 pesos[1]. Posteriormente procrea con María Luisa Filier[2] un varón llamado Adolfo Legrand Filier, que nace  en Filadelfia.[3]

Juan Federico Legrand Rodríguez, hijo de Adolfo Legrand-Fillien y Catalina Rodríguez Colón, natural de Juana Díaz, Puerto Rico[4] nació en Salinas el 20 de octubre de 1858[5], donde estaban residiendo sus progenitores.  Unos años después sus padres aparecen residiendo como propietarios en el barrio Río Abajo de Utuado con sus otros dos hijos Antonia y Guillermo.

Juan Federico se casa en San Juan en 1891[6] con Elvira García Ero a la que presumimos conoció cuando estudiaba su licenciatura en la Real Subdelegación de Farmacia de la ciudad capital de Puerto Rico.   Los recién casados luego se trasladan a Utuado donde el esposo ejercía de farmacéutico y donde en 1894 nació su hijo Adolfo Federico Legrand García.  Según el censo de 1910 Federico Legrand Rodríguez residía en Utuado y era dueño de una farmacia. Su padre había fallecido en 1903[7] y su madre Catalina residía en la casa de los Legrand-Garcia.

En 1904 Federico Legrand se convierte en profesor de la recién fundada Universidad de Puerto Rico. Como profesor imparte a los normalistas clases de biología, botánica e historia natural.[8] Durante el año fiscal de 1904-1905 figura como contratado por el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico[9].

En 1913 al médico Luis Salivia, recién graduado de la Escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Ohio, se le encargó establecer un programa de farmacia en la Universidad de Puerto Rico.   El 22 de septiembre de 1913 el doctor Salivia y los  profesores Juan Federico Legrand, Cornelio Duffy y Luis Hernández se constituyeron en la facultad pionera del Departamento de Farmacia de la UPR.  El primer profesor en ejercer la cátedra en el nuevo departamento fue Juan Federico Legrand[10].

En esa década surgieron las primeras manufactureras de medicamentos de Puerto Rico.  Una de ellas fue el Laboratorio Legrand  fundado por Juan Federico Legrand.   Su activismo profesional y sus investigaciones en el campo de la farmacia le merecieron ganar once medallas en exposiciones locales e  internacionales por colecciones botánicas y preparaciones farmacéuticas.  Entre sus publicaciones hay artículos en la Revista Farmacéutica y una importante obra titulada Estudio de la flora puertorriqueña en relación con la materia médica.[11]

El primer profesor de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Puerto Rico, Juan Federico Legrand Rodríguez falleció en Santurce, Puerto Rico el 6 de junio de 1928 a la edad de 70 años[12]. Su memoria y aportaciones a la farmacia puertorriqueña y al campo de las ciencias de la salud en Puerto Rico se hallan consignado a través de su colección de objetos farmacéuticos y memorables albergados en el Museo de Farmacia de la de la Universidad de Puerto Rico, así como, en la colección de sus escritos que posee el Centro de Documentación Histórica del Recinto de Río Piedras.

© Sergio A. Rodríguez Sosa

[1] Cifre de Loubriel, Estela.  “Catálogo de extranjeros residentes en Puerto Rico en el siglo XIX”. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1962. p. 61

[2] El apellido aparece escrito en los documentos consultados con las variantes Filier, Fillien, Telier, Tillier, Tilier usaremos en cada caso la variante que aparece en el documento referido.

[3] Ancestry.com. Puerto Rico Civil Registration, 1805-2001. Utuado, Defunciones, 1901-1903, núm 241, p 42, imagen 608. Juzgado Municipal de Utuado. Libro de defunciones 1901-1903, Acta de defunción de Adolfo Legrand Telier, folio 42.

[4] En el acta  de defunción de Adolfo Legrand Fillien el segundo apellido cambia a Telier y se indica que su esposa Catalina Rodríguez Colón es natural de Aibonito.

[5] Archivo de la Parroquia de la Monserrate de Salinas, Puerto Rico. Libro de bautismo 1-A, 1854-1867, pág. 158, partida 349.

[6]  Ancestry.com – 1910 United States Federal Census – Name: The Generations Network, Inc.; – http://www.ancestry.com – – United States of America, Bureau of the Census, Thirteenth Census of the United States, 1910, Washington, D.C.: National Archives and Records Administration, 1910 – Database online. Year: 1910; Census Place: Utuado, Puerto Rico; Roll: T624_1781; Page: 3B; Enumeration District: 220; Image: 9. – Record for Federico J Legránd y Rodríguez.

[7] Vid. nota 3

[8] “Historia de la Farmacia en Puerto Rico: parte 2,”  Video de YouTube, 14:46, Publicado por “BorikenTv”, 18 de marzo de 2013, https://www.youtube.com/watch?v=uaUZWmzp_yw

[9] Ancestry.com. U.S., Register of Civil, Military and Naval Services 1863-1959, 1905, vol. 2, p 1883, imagen 1897.

[10] Maldonado Dávila, Wanda T. “University of Puerto Rico – School of Pharmacy: One Hundred Years of History and Service.”   Puerto Rico Health Sciences Journal, v.  32, n 3; dec. 2013.  pags, 206-208.

[11] “Historia de la Farmacia en Puerto Rico: parte 2,”  Video de YouTube, 14:46, Publicado por “BorikenTv”, 18 de marzo de 2013, https://www.youtube.com/watch?v=uaUZWmzp_yw

[12] Vid. nota 3

In Memorian : Isabel Rivera Pérez, Chan

Un buen día un ángel descendió de los cielos con la encomienda de formar, cuidar y ser parte de una familia muy, muy especial.

Hoy ese ángel fue llamado a ascender nuevamente a los cielos para continuar cuidando y protegiendo a su familia, aunque ahora desde otro nivel más profundo y espiritual.

Acepto que te fuiste, más no que me abandones, aceptó no volver verte, pero ahora vives en mi corazón, en mi mente, en mis recuerdos.

Quiero darte las gracias porque me amabas infinitamente, siempre quisiste lo mejor para mí y me lo demostraste a lo largo de mi vida, y con el más profundo dolor debo aceptar tu partida. Nuestro clan familiar es único, somos de un todo un UNO y cuando físicamente falta un pilar nos reagrupamos para permanecer unidos.

Esta vez nos toca de nuevo estar FIRMES, apoyarnos, llorar y decir hasta luego. Nuestro lazo familiar es inquebrantable y ahí nos aferraremos para seguir viviendo a pesar del dolor y de las pérdidas.

Nos abandonas hoy y para mí esto es la “LA DEBACLE DEL SIGLO” como solías decir siempre que conversábamos por horas. Que mucho aprendí de ti. Me dejas con un gran legado, de fortaleza, tranquilidad, sabiduría, alegría, honestidad, bondad, valentía y sobre todo amor incondicional.  Solo me queda como consuelo esa frase que siempre decías una y otra vez y otra vez y otra vez
“TODO VA ESTAR BIEN, YA LO VERAS”

Te amare siempre, al infinito y más allá, sigue cuidándonos, siempre danos tu bendición.

Karylí Santiago Rodríguez

Comentando fotografias: La Orquesta Caribbean Kids de Santa Isabel / Ulises Ortiz

En esta foto parecen un grupo de músicos sureños entre los que se encuentra el maestro Demetrio Rodríguez, un santaisabelino que educó musicalmente varias generaciones de salinenses cuando se desempeñaba como director de la Banda Municipal de Salinas.

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Rubén Rodríguez, un juanadino educado en la música, nos ofrece el relato que hace de esta foto su primo Ulises Ortiz, uno de los músicos de la Caribbean Kids.

Dice Ulises Ortiz:

La foto, de aproximadamente 1951, es de la Orquesta Caribbean Kids de Santa Isabel, la que fue muy famosa y popular en todo el litoral Sur de la Isla. ¿Sabes por qué? Porque indiscutiblemente en ese tiempo la mejor y más popular orquesta de Puerto Rico era la Orquesta de César Concepción y todos los músicos de la Caribbean Kids eran fervorosos fanáticos de dicha orquesta, sobre todo, Mario Ortiz.

Mario, con su oído musical perfecto (perfect pitch) se dio a la tarea de transcribir prácticamente todo el repertorio de la orquesta de César y lo convirtió en la mayoría de las piezas que interpretaba la Orquesta Caribbean Kids. A la gente le resultaba maravilloso escuchar a aquellos muchachitos tocar los números que César popularizó. Yo, personalmente, me sentía ser Lito Peña. Hasta tomé la postura de cómo Lito cogía el saxofón, cómo viraba la boquilla hacia la derecha y cómo se sentaba en la silla.

Los músicos son, de pie: Riset (cantante que imitaba a Panchito Riset de Cuba); Culebrón, bajista de Ponce; Demetrio Rodríguez, trombón y bombardino (si lo escucharas tocar las danzas Sara e Impromtu) Guillo Martinez, trombón y bajo-tuba; Cachola, timbales; Luigui Texidor, bongosero y luego cantante en las orquestas de Ponce; Julito Ortiz, trompetista; Mario, Manolín Alomar, cantante, hijo de mister Alomar. De cuclillas: Rafa Torres (Chen) trompetista; Efraín Bermúdez, alto; Ulises Otiz, alto; José Miguel Colón, tenor; Augusto, tenor; Rubén Torres (Chen) tenor.

El tiempo más feliz de mi vida.

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Rebeldía y negritud en El Coquí de Salinas

Por Rafael Rodríguez Cruz

Plaza del poblado El CoquíAdemás de poseer una apreciable tradición de rebeldía social, El Coquí de Salinas es una comunidad orgullosa de su origen afroantillano. La historia de este poblado, con su gente negra y rebelde, está aún por escribirse. Habría que remontarse a las huelgas de los obreros de los cañaverales a principios del siglo XX, para comenzar a narrar la rica tradición de lucha proletaria de El Coquí. A mí me tocó conocer directamente un poco de ese espíritu de lucha en 1975, año en que los residentes del lugar eran parte de un conflicto huelguístico que marcó para siempre la lucha de los trabajadores y barriadas pobres en la comarca sur de Puerto Rico. Me refiero a la huelga de la General Electric, ocurrida apenas un año después de inaugurada la central termoeléctrica de Aguirre. Durante dos intensas semanas en 1975, la violencia patronal asumió formas extremas en contra de los trabajadores y sus aliados en Salinas y Guayama. Una huelga algo olvidada, pero que sigue viva en la memoria de los habitantes de El Coquí…

Nelson Santos Torres

Recuerdo que para los tiempos de la huelga en contra de la compañía General Electric conocí a un luchador y revolucionario del área de El Coquí, cuyas cualidades organizativas ya eran admirables: Nelson Santos Torres. Todavía trabaja y vive en El Coquí. Me honra con su amistad. Fui a verlo hace poco. Hoy, más de cuatro décadas después de nuestro primer encuentro, Nelson Santos sigue siendo un hijo noble de estas tierras semiáridas de la costa sur de Puerto Rico. Al igual que en sus años de su juventud, él sigue impactando, con su potente energía y dedicación, los sueños y esperanzas de los habitantes de toda la comarca que va desde Salinas hasta Guayama. Lo de él es soñar y repartir sueños.

La estirpe proletaria y afroboricua de Nelson es impresionante. Su familia, por el lado materno, estuvo siempre ligada al trabajo de la caña de azúcar en la Central Aguirre. Y no solo los hombres, sino también las mujeres. La mamá de Nelson, Zenaida Torres, trabajó desde los trece años como cocinera en la «casa de los americanos», la residencia de lujo de los administradores estadounidenses de la Central Aguirre, cuando ese molino era uno de los más importantes y modernos en El Caribe entero. Ella y su familia vivían en la casa de los sirvientes. La bisabuela de Nelson, Clotilde Antonetti, se desempeñó en la difícil labor del regadío de la caña. El abuelo de Nelson, Jerónimo Torres, fue picador de caña (además de trabajar en el regadío). Los tíos de Nelson, todos de ascendencia negra, eran trabajadores de la Central Aguirre, bien fuera picando caña o en labores de hojalatería. En ese sentido, Nelson es un verdadero «hijo del cañaveral».

Muy de joven, yo solía visitar el poblado El Coquí con familiares míos. Frente al vecindario estaba la gran Central Aguirre. El contraste entre un lugar y otro parecía sacado del sur de Estados Unidos. La central era una urbe en sí misma, con un hospital moderno, casas blancas amplias y de rejillas verdes, un campo de golf, un cine y una piscina. Todo, para el disfrute exclusivo de los administradores de la compañía azucarera, quienes vivían protegidos y socialmente aislados de los trabajadores negros y sus familias. Mirándolo bien, Aguirre era como un pedazo del sur racista incrustado artificialmente en El Caribe; el «intermedio del hombre blanco», con capacete y todo, de que nos hablaba Luis Palés Matos en sus versos. Exactamente al norte de la entrada de la carretera que llevaba a la central, quedó ubicada bien temprano la vibrante comunidad afroboricua de El Coquí.

Habría que estudiar el tema más a fondo, pero este poblado de Salinas quizás era, en las décadas de 1910-1930, una de las concentraciones más puras de proletarios agrícolas modernos en El Caribe entero. Se podía escribir entonces un tratado de economía política con meramente cruzar la carretera número 3. Y así como Aguirre era un pueblo ideal para los administradores y técnicos de la moderna central, El Coquí lo era para los trabajadores del litoral. El poblado tenía varias plazas de baile de bomba, no muy distintas de las «plazas de conga» en Nueva Orleáns, lo que ya de por sí apunta a la cuestión racial en el sur. En sus calles se podía respirar la solidaridad y chismorreo cultural de los habitantes de El Caribe. Apenas un jovenzuelo, y escapado de mis padres, llegué a ir al teatro de la comunidad, así como a las fiestas patronales de El Coquí. Hoy el teatro de la comunidad continúa activo. En su sala se efectúan eventos del Centro Cunyabe.

Recuerdo que para mucha gente de mi generación, El Coquí no era ni de Salinas ni de Guayama. Más allá de las fronteras administrativas entre los municipios del sureste de Puerto Rico, lo cierto es que todos estos poblados proletarios, con su fuerte ascendencia negra, vivían al compás del impulso centralizador de la gran central. Era la central la que centralizaba, valga la redundancia. El gran molino de azúcar de Aguirre, con su chimenea echando humo, al modo de un gigante fumando un tabaco frente al mar Caribe, era el verdadero corazón de la vida económica de la comarca que va de Salinas a Maunabo. Las centrales Machete, en Guayama, y Lafayette, en Arroyo, eran sus hermanitas menores, atadas a la mayor por las finanzas y las vías del tren. Además, si algo había entre El Coquí y los demás poblados negros de la región era continuidad cultural. Ya fuera El Coquí, Mosquito, Las Mareas, San Felipe, Puente de Jobos o El Puerto, aquí imperaba la negritud antillana. Y negritud antillana en el poblado de El Coquí, como todos los lugares de El Caribe, siempre ha sido sinónima de rebeldía frente a la opresión económica y racial.

En cuanto llegué a la plaza de El Coquí el 11 de diciembre de 2017, pregunté por Nelson. No nos habíamos dado un abrazo fraternal desde mediados de la década de los setenta. Todavía bajo el calor del fuerte apretón de manos, retomamos espontáneamente una conversación que dejamos inconclusa casi medio siglo atrás. El tiempo no había pasado. ¿De qué hablar sino del tema organizativo en los poblados negros y proletarios de la comarca? Lo escuché atentamente. Nelson conserva la manera de hablar calmada que hace sentir a gusto a quien lo escucha. «Horizontalidad, delegación y participación», son hoy sus principios de organización comunitaria. Estamos allí, en un día soleado, en el Centro Comunal El Coquí. No hay electricidad ni comodidades presuntuosas. Un grupo de mujeres y hombres mantienen un cuchicheo animado, mientras distribuyen botellas de agua, linternas de baterías y otras ayudas a la comunidad. La conversación que mantienen es como la de todo taller de trabajo, no le pertenece a nadie.

Me invade la nostalgia, y le hablo a Nelson de sus hazañas organizativas en la década de los setenta. Pero él es demasiado noble como para no destacar, sobre todo, a los compañeros tiroteados durante la huelga en contra de la GE en 1975. Viene a la mente de Nelson el recuerdo de una ocasión en que a él y a su esposa, Letty Ramos, les tocó socorrer, como asunto de vida o muerte, a un compañero herido de un balazo, en medio del conflicto huelguístico. La bala, que se incrustó en el estómago del herido, era en realidad para Nelson; pero, el sicario le disparó a la persona equivocada, un guayamés de nombre Arturo Rivera Jeremías.

Creo que he contagiado a Nelson del sentimiento perenne de melancolía que nos afecta a los hijos de la diáspora. Mas la conversación se torna ahora en un evento comunitario. Ismenia y Ada se acercan a la mesa. Lo mismo hacen otros miembros de la dirección del centro. Aquí nada parece pertenecer a nadie, ni las palabras ni las ideas. La visión de estos compañeros y compañeras es intercomunitaria. No hablan de El Coquí, sin hablar de Las Mareas o de Aguirre o de San Felipe; y por ahí siguen, poblado por poblado, hasta llegar a la orilla del mar.

Le comenté entonces a Nelson sobre mi viaje reciente al río Guamaní. Recalqué lo obvio: que sin la destrucción de ese maravilloso cuerpo de agua nunca habría existido la gran industria azucarera del sureste. La sección oriental del riego Guamaní (el llamado canal del este) suplía las necesidades de agua de todos los cañaverales desde Guayama a Patillas. La sección occidental, todas las de Aguirre y Salinas. En un principio, la Central Aguirre dependía de la extracción de agua subterránea. El sistema de riego del sureste se configuró en 1913, al modo de un cangrejo, cuya cabeza estaba en los montes de Carite. Tenía dos patas extendidas de este a oeste, de las cuales salían canales secundarios, que como arterias vivas suplían el vital líquido. Para producir una libra de azúcar en esa época, se requerían 4,000 libras de agua (500 galones). Además, las plantas hidroeléctricas Carite 1, 2 y 3, daban energía eléctrica a toda la comarca. El río Guamaní y el sistema de riego del sureste hicieron posible la tremenda explosión de cultura negra y proletaria en la comarca sur entre 1913 y 1930. Esa es la teoría que ronda en mi cabeza. ¿Tiene historia la negritud? ¿Cuáles son sus parámetros? El tambor retumba al calor de las luchas sociales concretas.

Entonces, como si estuviera en medio de una celada, Nelson me preguntó sobre la cultura de la región: ¿Crees que es un fenómeno que se puede reducir a que somos “los hijos del cañaveral”? Apenas logré amarrar algunas ideas superficiales, cuando él mismo entró en una reflexión interesante sobre el tema de la pesca en el mar Caribe y su conexión con los tiempos muertos del corte, transporte y molienda de caña. Me explicó que el llamado tiempo muerto de la caña era, para los trabajadores más pobres de la comarca, un período verdaderamente difícil, en que estos estaban obligados a sobrevivir de la pesca. «En un país en que nunca ha habido una industria pesquera», añadió con cierto resentimiento en los ojos. Los técnicos y administradores de la central no sufrían, pues tan pronto acababa el corte y la molienda emigraban a Tennessee. El patrón migratorio del tiempo muerto era un reflejo de la estructura de la industria azucarera y de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos. Concluida la zafra, había que pescar; pero siempre sobre bases artesanales y restringidas por el imperio.

Resulta, pues, que lo que Palés llamó el «escocotamiento» del río Guamaní, el crimen ecológico que permitió la creación del sistema masivo de riego del sureste en 1913-1914, condenó a los habitantes de la región a sobrevivir en la miseria, sin acceso al agua dulce y al margen de la tierra acaparada por los latifundios. En el regadío, el agua se vende por pulgadas y minutos. La pesca de subsistencia era la única alternativa viable para las familias pobres del litoral. Ahí está una de las claves que explican el fenómeno de la cultura negra de la región sureste de Puerto Rico en el siglo XX, su persistencia y vitalidad en lugares como El Coquí, Las Mareas y Puente de Jobos. Ya desde bien temprano en la colonización, y más aún durante la invasión del 1898, el negro del Caribe chocó con la idea del gran latifundio cañero. Así pasó en Jamaica y en Cuba. Puerto Rico no fue la excepción.

Canales de riego

Canales de riego

Un joven sanjuanero que ayuda en el Centro Comunal de El Coquí nos mira con curiosidad. Nelson y yo tocamos temas que parecen de universitarios jóvenes. Carcajeo y le menciono al grupo que, de acuerdo con los informes de los gobernadores de la colonia entre 1911 y 1916, la creación del sistema de riego para suplir los cañaverales de la costa del sureste de Puerto Rico fue el evento financiero más importante de la segunda década del siglo XX. La burguesía azucarera hawaiana, todavía en pugna con la California Sugar Refining Company en 1911-1916, jamás habría cedido el financiamiento, control y diseño del sistema de riego del archipiélago de Hawái a intereses monopolistas extranjeros. Como lo dijo el alcalde Tortoise John en la película Rango, de Jonny Depp: «controlas el agua, y lo controlas todo».

Suena de repente el celular de Nelson. Este se excusa, pues tiene que ir a cumplir con veinte obligaciones. La comunidad necesita agua potable, comida y linternas. Medio Coquí está todavía sin energía eléctrica. Comencé así lo que no podía ser sino una despedida no deseada. En medio de ella, un abrazo apretado, una invitación al reencuentro, y palabras que sellan el interés común por la liberación de nuestro pueblo. En fin, una conversación aún inconclusa con un compañero, amigo y hermano…

El autor es un abogado, periodista y escritor guayamés nacido en New Jersey que se ha destacado en luchas sociales en los Estados Unidos. Es activista en las luchas reivindicatorias de los indígenas de Dakota del Sur. En 2014 ganó el primer premio del concurso literario ‘Una Especie en Peligro de Extinción’, en la Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba, con el ensayo El Coyote y su bol de polvo.

 

 

In Memoriam : Héctor Vázquez Franco

Héctor Vázquez Franco comenzó desde su adolescencia, a identificarse con las causas justas en favor de los desvalidos. Líder estudiantil, comunitario, cultural, social y patriótico. Su entrega familiar fue incondicional. Además fue miembro fundador del Comité Comunal Playa/ Playita, del periódico Salinas Hoy, Arte Sur, Comité para el Desarrollo de Salinas (PUEDES) y del Comité para el Desarrollo Social y Cultural del Coquí. Además, fue un gran humanista y por ello, su espíritu anidará eternamente en los corazones de los que tuvimos el privilegio de compartir luchas y quehaceres con él. Descansa en paz compañero.

José Manuel Solá: In Memoriam

Jose Manuel ha partido, ahora mora en el parnaso nacional, ahora anda trazando versos entre las estrellas este noble boricua que hizo de Encuentro Al Sur uno de sus pizarrones poéticos.  Este poeta, narrador, periodista y educador puertorriqueño, nacido el 1º de agosto de 1944 en Caguas, Puerto Rico. fue premiado en numerosas ocasiones, entre otras, con el Primer Premio, género Narrativa: 7mo Certamen Nacional de Literatura, Federación de Maestros de Puerto Rico (2001); Segundo Premio, género Poesía: 7mo Certamen Nacional de Literatura, Federación de Maestros de Puerto Rico (2001); Premio “aBrace” de Literatura; Montevideo, Uruguay (2002); Fue declarado “Poeta de Excelencia”, por la Casa del Poeta Peruano durante las actividades del Encuentro Literario aBrace; Montevideo, Uruguay (2003); y se le tributa un homenaje en la Legislatura Municipal de Caguas, Puerto Rico (2004). A partir del 1997 y durante dos años publicó y distribuyó el boletín “Bodegón de los Poetas”, que circuló entre escritores y poetas de Latinoamérica y España. Sus trabajos han sido publicados en numerosas revistas literarias de Puerto Rico, México, Estados Unidos, España, Perú y Luxemburgo. Ha publicado en Poesía: Poemas (1994); Hay luz en esa casa que fue mía (1996); Los nombres en la piedra (2001); Incandescentes pájaros del alba y otros poemas en libertad (2004); Poemas para leer una tarde de octubre (2006); Poemas clasificados / y aquellas otras lunas misceláneas (2009). En narrativa: Ya vienen a buscarme (2001); Milagro bajo la estrella del Oriente (2001).

Che, como lo conocian sus compueblanos y amigos, fue un bardo que conquisto a sus lectores con versos cargados de empatía humana.