In Memoriam: Víctor Carmona Lanauze

Víctor Carmona Lanauze, se destacó en las disciplinas de atletismo y volibol.  Sus hazañas deportivas comenzaron cuando era estudiante de la Escuela Superior de Salinas a fines de la década de 1950.  En esos años, un grupo de estudiante atletas salinenses proveniente de familias trabajadoras, sin equipo deportivo y con limitadas técnicas deportivas sorprendió al país  convirtiéndose en una generación de atletas elite a nivel nacional e internacional.   A ese grupo pertenecieron, entre otros, Víctor Carmona, Lulio Lleras, Rumildo Cruz, Rolando Cruz y Rubén Cruz. Las habilidades deportivas de todos ellos le merecieron el desarrollo atlético y la oportunidad de pertenecer al equipo nacional de Puerto Rico así como realizar estudios universitarios que le estaban vetados económicamente.

En  el atletismo Carmona se destacó en el Salto a la Alto.  En ese evento creo un estilo propio de realizar el salto que actualmente se conoce en inglés como “flocking” y además la modalidad de hacer uso de un zapato sí y otro no.  En el 1956 y 1962 representó a Puerto Rico en los Juegos Iberoamericanos en las ciudades de Chile y Jamaica. Su mejor marca en salto a lo alto fue de 6’7’’ durante los Juegos Iberoamericanos de Santiago de Chile en 1960.

En el volibol perteneció al equipo masculino de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.  Se retiró del atletismo competitivo luego de ser reclutado por el Ejercito de los Estados Unidos durante el conflicto de Vietnam.  Terminado el servicio militar se dedicó a la profesión de maestro de educación física en Ponce.  Fue un destacado entrenador atlético en la Escuela Vocacional de Ponce entre cuyos alumnos estuvo el prominente atleta Rey Quiñones, saltador de longitudes.

En 1998 fue exaltado a la Galería de los Inmortales del Deporte Ponceño.  Pertenece asimismo al Pabellón de la Fama del Deporte Pionero de la PUCPR y es parte de la lista de grandes atletas de la ciudad de Salinas.

El deporte nacional puertorriqueño está de luto con la anunciada partida del atleta Víctor Carmona Lanauze.  El destacado atleta nacido en Salinas un 22 de octubre de 1939, falleció en Ponce y sus restos mortales estarán expuesto desde hoy lunes en la Funeraria Jackie Oliver de la Perla del Sur.  Recibirá cristiana sepultura mañana martes, 5 de junio de 2018 a las 2:00 pm en el Cementerio La Piedad de Ponce.

 

Fuentes: Encuentro al Sur, Noticias de Ponce

 

Federico Legrand: pionero de la educación farmacéutica en la Universidad de Puerto Rico

por Sergio A. Rodríguez Sosa

A lo largo del tiempo más y más puertorriqueños se han incorporado a las profesiones de las ciencias naturales.  Estos se han desempeñado aquí y fuera del país en profesiones como médicos, farmacéuticos, biólogos, microbiólogos, matemáticos, físicos, químicos, entre otras. Algunos de estos profesionales se han destacado como expertos y líderes en su campo.

Uno de esos profesionales fue Federico Legrand Rodriguez, al que incluimos en estas pinceladas biográficas diseñadas para divulgar las aportaciones de los puertorriqueños al quehacer profesional y cultural de la sociedad.

Durante el siglo 19 decenas de ciudadanos franceses o sus descendientes nacidos en América emigraron a Puerto Rico atraídos por las oportunidades de riqueza que ofrecía la Isla. Una buena parte de esos ciudadanos franceses procedía de Córcega y otros de los territorios americanos usurpados por Francia. Algunos de ellos poseían capital, destrezas y relaciones comerciales que les ganaron una posición privilegiada entre la clase propietaria criolla y española.   Ya a  mediados del siglo 19 sobresalían en actividades económicas y alcanzaban influencia política por medios de alianzas comercial y nexos matrimoniales con las familias del país. Su presencia en pueblos como Salinas llegó a ser comercialmente notable al punto que el gobierno francés nombraba un agente consular en dicho pueblo.

Entre los franceses que arribaron a la isla favorecidos por la Cédula de Gracias estuvo Juan Bautista Legrand quien se estableció en Salinas en 1816 con un capital de 500 pesos[1]. Posteriormente procrea con María Luisa Filier[2] un varón llamado Adolfo Legrand Filier, que nace  en Filadelfia.[3]

Juan Federico Legrand Rodríguez, hijo de Adolfo Legrand-Fillien y Catalina Rodríguez Colón, natural de Juana Díaz, Puerto Rico[4] nació en Salinas el 20 de octubre de 1858[5], donde estaban residiendo sus progenitores.  Unos años después sus padres aparecen residiendo como propietarios en el barrio Río Abajo de Utuado con sus otros dos hijos Antonia y Guillermo.

Juan Federico se casa en San Juan en 1891[6] con Elvira García Ero a la que presumimos conoció cuando estudiaba su licenciatura en la Real Subdelegación de Farmacia de la ciudad capital de Puerto Rico.   Los recién casados luego se trasladan a Utuado donde el esposo ejercía de farmacéutico y donde en 1894 nació su hijo Adolfo Federico Legrand García.  Según el censo de 1910 Federico Legrand Rodríguez residía en Utuado y era dueño de una farmacia. Su padre había fallecido en 1903[7] y su madre Catalina residía en la casa de los Legrand-Garcia.

En 1904 Federico Legrand se convierte en profesor de la recién fundada Universidad de Puerto Rico. Como profesor imparte a los normalistas clases de biología, botánica e historia natural.[8] Durante el año fiscal de 1904-1905 figura como contratado por el gobierno de Estados Unidos en Puerto Rico[9].

En 1913 al médico Luis Salivia, recién graduado de la Escuela de Medicina de la Universidad Estatal de Ohio, se le encargó establecer un programa de farmacia en la Universidad de Puerto Rico.   El 22 de septiembre de 1913 el doctor Salivia y los  profesores Juan Federico Legrand, Cornelio Duffy y Luis Hernández se constituyeron en la facultad pionera del Departamento de Farmacia de la UPR.  El primer profesor en ejercer la cátedra en el nuevo departamento fue Juan Federico Legrand[10].

En esa década surgieron las primeras manufactureras de medicamentos de Puerto Rico.  Una de ellas fue el Laboratorio Legrand  fundado por Juan Federico Legrand.   Su activismo profesional y sus investigaciones en el campo de la farmacia le merecieron ganar once medallas en exposiciones locales e  internacionales por colecciones botánicas y preparaciones farmacéuticas.  Entre sus publicaciones hay artículos en la Revista Farmacéutica y una importante obra titulada Estudio de la flora puertorriqueña en relación con la materia médica.[11]

El primer profesor de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Puerto Rico, Juan Federico Legrand Rodríguez falleció en Santurce, Puerto Rico el 6 de junio de 1928 a la edad de 70 años[12]. Su memoria y aportaciones a la farmacia puertorriqueña y al campo de las ciencias de la salud en Puerto Rico se hallan consignado a través de su colección de objetos farmacéuticos y memorables albergados en el Museo de Farmacia de la de la Universidad de Puerto Rico, así como, en la colección de sus escritos que posee el Centro de Documentación Histórica del Recinto de Río Piedras.

© Sergio A. Rodríguez Sosa

[1] Cifre de Loubriel, Estela.  “Catálogo de extranjeros residentes en Puerto Rico en el siglo XIX”. Río Piedras: Universidad de Puerto Rico, 1962. p. 61

[2] El apellido aparece escrito en los documentos consultados con las variantes Filier, Fillien, Telier, Tillier, Tilier usaremos en cada caso la variante que aparece en el documento referido.

[3] Ancestry.com. Puerto Rico Civil Registration, 1805-2001. Utuado, Defunciones, 1901-1903, núm 241, p 42, imagen 608. Juzgado Municipal de Utuado. Libro de defunciones 1901-1903, Acta de defunción de Adolfo Legrand Telier, folio 42.

[4] En el acta  de defunción de Adolfo Legrand Fillien el segundo apellido cambia a Telier y se indica que su esposa Catalina Rodríguez Colón es natural de Aibonito.

[5] Archivo de la Parroquia de la Monserrate de Salinas, Puerto Rico. Libro de bautismo 1-A, 1854-1867, pág. 158, partida 349.

[6]  Ancestry.com – 1910 United States Federal Census – Name: The Generations Network, Inc.; – http://www.ancestry.com – – United States of America, Bureau of the Census, Thirteenth Census of the United States, 1910, Washington, D.C.: National Archives and Records Administration, 1910 – Database online. Year: 1910; Census Place: Utuado, Puerto Rico; Roll: T624_1781; Page: 3B; Enumeration District: 220; Image: 9. – Record for Federico J Legránd y Rodríguez.

[7] Vid. nota 3

[8] “Historia de la Farmacia en Puerto Rico: parte 2,”  Video de YouTube, 14:46, Publicado por “BorikenTv”, 18 de marzo de 2013, https://www.youtube.com/watch?v=uaUZWmzp_yw

[9] Ancestry.com. U.S., Register of Civil, Military and Naval Services 1863-1959, 1905, vol. 2, p 1883, imagen 1897.

[10] Maldonado Dávila, Wanda T. “University of Puerto Rico – School of Pharmacy: One Hundred Years of History and Service.”   Puerto Rico Health Sciences Journal, v.  32, n 3; dec. 2013.  pags, 206-208.

[11] “Historia de la Farmacia en Puerto Rico: parte 2,”  Video de YouTube, 14:46, Publicado por “BorikenTv”, 18 de marzo de 2013, https://www.youtube.com/watch?v=uaUZWmzp_yw

[12] Vid. nota 3

In Memorian : Isabel Rivera Pérez, Chan

Un buen día un ángel descendió de los cielos con la encomienda de formar, cuidar y ser parte de una familia muy, muy especial.

Hoy ese ángel fue llamado a ascender nuevamente a los cielos para continuar cuidando y protegiendo a su familia, aunque ahora desde otro nivel más profundo y espiritual.

Acepto que te fuiste, más no que me abandones, aceptó no volver verte, pero ahora vives en mi corazón, en mi mente, en mis recuerdos.

Quiero darte las gracias porque me amabas infinitamente, siempre quisiste lo mejor para mí y me lo demostraste a lo largo de mi vida, y con el más profundo dolor debo aceptar tu partida. Nuestro clan familiar es único, somos de un todo un UNO y cuando físicamente falta un pilar nos reagrupamos para permanecer unidos.

Esta vez nos toca de nuevo estar FIRMES, apoyarnos, llorar y decir hasta luego. Nuestro lazo familiar es inquebrantable y ahí nos aferraremos para seguir viviendo a pesar del dolor y de las pérdidas.

Nos abandonas hoy y para mí esto es la “LA DEBACLE DEL SIGLO” como solías decir siempre que conversábamos por horas. Que mucho aprendí de ti. Me dejas con un gran legado, de fortaleza, tranquilidad, sabiduría, alegría, honestidad, bondad, valentía y sobre todo amor incondicional.  Solo me queda como consuelo esa frase que siempre decías una y otra vez y otra vez y otra vez
“TODO VA ESTAR BIEN, YA LO VERAS”

Te amare siempre, al infinito y más allá, sigue cuidándonos, siempre danos tu bendición.

Karylí Santiago Rodríguez

Comentando fotografias: La Orquesta Caribbean Kids de Santa Isabel / Ulises Ortiz

En esta foto parecen un grupo de músicos sureños entre los que se encuentra el maestro Demetrio Rodríguez, un santaisabelino que educó musicalmente varias generaciones de salinenses cuando se desempeñaba como director de la Banda Municipal de Salinas.

%%%

Rubén Rodríguez, un juanadino educado en la música, nos ofrece el relato que hace de esta foto su primo Ulises Ortiz, uno de los músicos de la Caribbean Kids.

Dice Ulises Ortiz:

La foto, de aproximadamente 1951, es de la Orquesta Caribbean Kids de Santa Isabel, la que fue muy famosa y popular en todo el litoral Sur de la Isla. ¿Sabes por qué? Porque indiscutiblemente en ese tiempo la mejor y más popular orquesta de Puerto Rico era la Orquesta de César Concepción y todos los músicos de la Caribbean Kids eran fervorosos fanáticos de dicha orquesta, sobre todo, Mario Ortiz.

Mario, con su oído musical perfecto (perfect pitch) se dio a la tarea de transcribir prácticamente todo el repertorio de la orquesta de César y lo convirtió en la mayoría de las piezas que interpretaba la Orquesta Caribbean Kids. A la gente le resultaba maravilloso escuchar a aquellos muchachitos tocar los números que César popularizó. Yo, personalmente, me sentía ser Lito Peña. Hasta tomé la postura de cómo Lito cogía el saxofón, cómo viraba la boquilla hacia la derecha y cómo se sentaba en la silla.

Los músicos son, de pie: Riset (cantante que imitaba a Panchito Riset de Cuba); Culebrón, bajista de Ponce; Demetrio Rodríguez, trombón y bombardino (si lo escucharas tocar las danzas Sara e Impromtu) Guillo Martinez, trombón y bajo-tuba; Cachola, timbales; Luigui Texidor, bongosero y luego cantante en las orquestas de Ponce; Julito Ortiz, trompetista; Mario, Manolín Alomar, cantante, hijo de mister Alomar. De cuclillas: Rafa Torres (Chen) trompetista; Efraín Bermúdez, alto; Ulises Otiz, alto; José Miguel Colón, tenor; Augusto, tenor; Rubén Torres (Chen) tenor.

El tiempo más feliz de mi vida.

Pulse sobre la foto para ampliar

Rebeldía y negritud en El Coquí de Salinas

Por Rafael Rodríguez Cruz

Plaza del poblado El CoquíAdemás de poseer una apreciable tradición de rebeldía social, El Coquí de Salinas es una comunidad orgullosa de su origen afroantillano. La historia de este poblado, con su gente negra y rebelde, está aún por escribirse. Habría que remontarse a las huelgas de los obreros de los cañaverales a principios del siglo XX, para comenzar a narrar la rica tradición de lucha proletaria de El Coquí. A mí me tocó conocer directamente un poco de ese espíritu de lucha en 1975, año en que los residentes del lugar eran parte de un conflicto huelguístico que marcó para siempre la lucha de los trabajadores y barriadas pobres en la comarca sur de Puerto Rico. Me refiero a la huelga de la General Electric, ocurrida apenas un año después de inaugurada la central termoeléctrica de Aguirre. Durante dos intensas semanas en 1975, la violencia patronal asumió formas extremas en contra de los trabajadores y sus aliados en Salinas y Guayama. Una huelga algo olvidada, pero que sigue viva en la memoria de los habitantes de El Coquí…

Nelson Santos Torres

Recuerdo que para los tiempos de la huelga en contra de la compañía General Electric conocí a un luchador y revolucionario del área de El Coquí, cuyas cualidades organizativas ya eran admirables: Nelson Santos Torres. Todavía trabaja y vive en El Coquí. Me honra con su amistad. Fui a verlo hace poco. Hoy, más de cuatro décadas después de nuestro primer encuentro, Nelson Santos sigue siendo un hijo noble de estas tierras semiáridas de la costa sur de Puerto Rico. Al igual que en sus años de su juventud, él sigue impactando, con su potente energía y dedicación, los sueños y esperanzas de los habitantes de toda la comarca que va desde Salinas hasta Guayama. Lo de él es soñar y repartir sueños.

La estirpe proletaria y afroboricua de Nelson es impresionante. Su familia, por el lado materno, estuvo siempre ligada al trabajo de la caña de azúcar en la Central Aguirre. Y no solo los hombres, sino también las mujeres. La mamá de Nelson, Zenaida Torres, trabajó desde los trece años como cocinera en la «casa de los americanos», la residencia de lujo de los administradores estadounidenses de la Central Aguirre, cuando ese molino era uno de los más importantes y modernos en El Caribe entero. Ella y su familia vivían en la casa de los sirvientes. La bisabuela de Nelson, Clotilde Antonetti, se desempeñó en la difícil labor del regadío de la caña. El abuelo de Nelson, Jerónimo Torres, fue picador de caña (además de trabajar en el regadío). Los tíos de Nelson, todos de ascendencia negra, eran trabajadores de la Central Aguirre, bien fuera picando caña o en labores de hojalatería. En ese sentido, Nelson es un verdadero «hijo del cañaveral».

Muy de joven, yo solía visitar el poblado El Coquí con familiares míos. Frente al vecindario estaba la gran Central Aguirre. El contraste entre un lugar y otro parecía sacado del sur de Estados Unidos. La central era una urbe en sí misma, con un hospital moderno, casas blancas amplias y de rejillas verdes, un campo de golf, un cine y una piscina. Todo, para el disfrute exclusivo de los administradores de la compañía azucarera, quienes vivían protegidos y socialmente aislados de los trabajadores negros y sus familias. Mirándolo bien, Aguirre era como un pedazo del sur racista incrustado artificialmente en El Caribe; el «intermedio del hombre blanco», con capacete y todo, de que nos hablaba Luis Palés Matos en sus versos. Exactamente al norte de la entrada de la carretera que llevaba a la central, quedó ubicada bien temprano la vibrante comunidad afroboricua de El Coquí.

Habría que estudiar el tema más a fondo, pero este poblado de Salinas quizás era, en las décadas de 1910-1930, una de las concentraciones más puras de proletarios agrícolas modernos en El Caribe entero. Se podía escribir entonces un tratado de economía política con meramente cruzar la carretera número 3. Y así como Aguirre era un pueblo ideal para los administradores y técnicos de la moderna central, El Coquí lo era para los trabajadores del litoral. El poblado tenía varias plazas de baile de bomba, no muy distintas de las «plazas de conga» en Nueva Orleáns, lo que ya de por sí apunta a la cuestión racial en el sur. En sus calles se podía respirar la solidaridad y chismorreo cultural de los habitantes de El Caribe. Apenas un jovenzuelo, y escapado de mis padres, llegué a ir al teatro de la comunidad, así como a las fiestas patronales de El Coquí. Hoy el teatro de la comunidad continúa activo. En su sala se efectúan eventos del Centro Cunyabe.

Recuerdo que para mucha gente de mi generación, El Coquí no era ni de Salinas ni de Guayama. Más allá de las fronteras administrativas entre los municipios del sureste de Puerto Rico, lo cierto es que todos estos poblados proletarios, con su fuerte ascendencia negra, vivían al compás del impulso centralizador de la gran central. Era la central la que centralizaba, valga la redundancia. El gran molino de azúcar de Aguirre, con su chimenea echando humo, al modo de un gigante fumando un tabaco frente al mar Caribe, era el verdadero corazón de la vida económica de la comarca que va de Salinas a Maunabo. Las centrales Machete, en Guayama, y Lafayette, en Arroyo, eran sus hermanitas menores, atadas a la mayor por las finanzas y las vías del tren. Además, si algo había entre El Coquí y los demás poblados negros de la región era continuidad cultural. Ya fuera El Coquí, Mosquito, Las Mareas, San Felipe, Puente de Jobos o El Puerto, aquí imperaba la negritud antillana. Y negritud antillana en el poblado de El Coquí, como todos los lugares de El Caribe, siempre ha sido sinónima de rebeldía frente a la opresión económica y racial.

En cuanto llegué a la plaza de El Coquí el 11 de diciembre de 2017, pregunté por Nelson. No nos habíamos dado un abrazo fraternal desde mediados de la década de los setenta. Todavía bajo el calor del fuerte apretón de manos, retomamos espontáneamente una conversación que dejamos inconclusa casi medio siglo atrás. El tiempo no había pasado. ¿De qué hablar sino del tema organizativo en los poblados negros y proletarios de la comarca? Lo escuché atentamente. Nelson conserva la manera de hablar calmada que hace sentir a gusto a quien lo escucha. «Horizontalidad, delegación y participación», son hoy sus principios de organización comunitaria. Estamos allí, en un día soleado, en el Centro Comunal El Coquí. No hay electricidad ni comodidades presuntuosas. Un grupo de mujeres y hombres mantienen un cuchicheo animado, mientras distribuyen botellas de agua, linternas de baterías y otras ayudas a la comunidad. La conversación que mantienen es como la de todo taller de trabajo, no le pertenece a nadie.

Me invade la nostalgia, y le hablo a Nelson de sus hazañas organizativas en la década de los setenta. Pero él es demasiado noble como para no destacar, sobre todo, a los compañeros tiroteados durante la huelga en contra de la GE en 1975. Viene a la mente de Nelson el recuerdo de una ocasión en que a él y a su esposa, Letty Ramos, les tocó socorrer, como asunto de vida o muerte, a un compañero herido de un balazo, en medio del conflicto huelguístico. La bala, que se incrustó en el estómago del herido, era en realidad para Nelson; pero, el sicario le disparó a la persona equivocada, un guayamés de nombre Arturo Rivera Jeremías.

Creo que he contagiado a Nelson del sentimiento perenne de melancolía que nos afecta a los hijos de la diáspora. Mas la conversación se torna ahora en un evento comunitario. Ismenia y Ada se acercan a la mesa. Lo mismo hacen otros miembros de la dirección del centro. Aquí nada parece pertenecer a nadie, ni las palabras ni las ideas. La visión de estos compañeros y compañeras es intercomunitaria. No hablan de El Coquí, sin hablar de Las Mareas o de Aguirre o de San Felipe; y por ahí siguen, poblado por poblado, hasta llegar a la orilla del mar.

Le comenté entonces a Nelson sobre mi viaje reciente al río Guamaní. Recalqué lo obvio: que sin la destrucción de ese maravilloso cuerpo de agua nunca habría existido la gran industria azucarera del sureste. La sección oriental del riego Guamaní (el llamado canal del este) suplía las necesidades de agua de todos los cañaverales desde Guayama a Patillas. La sección occidental, todas las de Aguirre y Salinas. En un principio, la Central Aguirre dependía de la extracción de agua subterránea. El sistema de riego del sureste se configuró en 1913, al modo de un cangrejo, cuya cabeza estaba en los montes de Carite. Tenía dos patas extendidas de este a oeste, de las cuales salían canales secundarios, que como arterias vivas suplían el vital líquido. Para producir una libra de azúcar en esa época, se requerían 4,000 libras de agua (500 galones). Además, las plantas hidroeléctricas Carite 1, 2 y 3, daban energía eléctrica a toda la comarca. El río Guamaní y el sistema de riego del sureste hicieron posible la tremenda explosión de cultura negra y proletaria en la comarca sur entre 1913 y 1930. Esa es la teoría que ronda en mi cabeza. ¿Tiene historia la negritud? ¿Cuáles son sus parámetros? El tambor retumba al calor de las luchas sociales concretas.

Entonces, como si estuviera en medio de una celada, Nelson me preguntó sobre la cultura de la región: ¿Crees que es un fenómeno que se puede reducir a que somos “los hijos del cañaveral”? Apenas logré amarrar algunas ideas superficiales, cuando él mismo entró en una reflexión interesante sobre el tema de la pesca en el mar Caribe y su conexión con los tiempos muertos del corte, transporte y molienda de caña. Me explicó que el llamado tiempo muerto de la caña era, para los trabajadores más pobres de la comarca, un período verdaderamente difícil, en que estos estaban obligados a sobrevivir de la pesca. «En un país en que nunca ha habido una industria pesquera», añadió con cierto resentimiento en los ojos. Los técnicos y administradores de la central no sufrían, pues tan pronto acababa el corte y la molienda emigraban a Tennessee. El patrón migratorio del tiempo muerto era un reflejo de la estructura de la industria azucarera y de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos. Concluida la zafra, había que pescar; pero siempre sobre bases artesanales y restringidas por el imperio.

Resulta, pues, que lo que Palés llamó el «escocotamiento» del río Guamaní, el crimen ecológico que permitió la creación del sistema masivo de riego del sureste en 1913-1914, condenó a los habitantes de la región a sobrevivir en la miseria, sin acceso al agua dulce y al margen de la tierra acaparada por los latifundios. En el regadío, el agua se vende por pulgadas y minutos. La pesca de subsistencia era la única alternativa viable para las familias pobres del litoral. Ahí está una de las claves que explican el fenómeno de la cultura negra de la región sureste de Puerto Rico en el siglo XX, su persistencia y vitalidad en lugares como El Coquí, Las Mareas y Puente de Jobos. Ya desde bien temprano en la colonización, y más aún durante la invasión del 1898, el negro del Caribe chocó con la idea del gran latifundio cañero. Así pasó en Jamaica y en Cuba. Puerto Rico no fue la excepción.

Canales de riego

Canales de riego

Un joven sanjuanero que ayuda en el Centro Comunal de El Coquí nos mira con curiosidad. Nelson y yo tocamos temas que parecen de universitarios jóvenes. Carcajeo y le menciono al grupo que, de acuerdo con los informes de los gobernadores de la colonia entre 1911 y 1916, la creación del sistema de riego para suplir los cañaverales de la costa del sureste de Puerto Rico fue el evento financiero más importante de la segunda década del siglo XX. La burguesía azucarera hawaiana, todavía en pugna con la California Sugar Refining Company en 1911-1916, jamás habría cedido el financiamiento, control y diseño del sistema de riego del archipiélago de Hawái a intereses monopolistas extranjeros. Como lo dijo el alcalde Tortoise John en la película Rango, de Jonny Depp: «controlas el agua, y lo controlas todo».

Suena de repente el celular de Nelson. Este se excusa, pues tiene que ir a cumplir con veinte obligaciones. La comunidad necesita agua potable, comida y linternas. Medio Coquí está todavía sin energía eléctrica. Comencé así lo que no podía ser sino una despedida no deseada. En medio de ella, un abrazo apretado, una invitación al reencuentro, y palabras que sellan el interés común por la liberación de nuestro pueblo. En fin, una conversación aún inconclusa con un compañero, amigo y hermano…

El autor es un abogado, periodista y escritor guayamés nacido en New Jersey que se ha destacado en luchas sociales en los Estados Unidos. Es activista en las luchas reivindicatorias de los indígenas de Dakota del Sur. En 2014 ganó el primer premio del concurso literario ‘Una Especie en Peligro de Extinción’, en la Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba, con el ensayo El Coyote y su bol de polvo.

 

 

In Memoriam : Héctor Vázquez Franco

Héctor Vázquez Franco comenzó desde su adolescencia, a identificarse con las causas justas en favor de los desvalidos. Líder estudiantil, comunitario, cultural, social y patriótico. Su entrega familiar fue incondicional. Además fue miembro fundador del Comité Comunal Playa/ Playita, del periódico Salinas Hoy, Arte Sur, Comité para el Desarrollo de Salinas (PUEDES) y del Comité para el Desarrollo Social y Cultural del Coquí. Además, fue un gran humanista y por ello, su espíritu anidará eternamente en los corazones de los que tuvimos el privilegio de compartir luchas y quehaceres con él. Descansa en paz compañero.

José Manuel Solá: In Memoriam

Jose Manuel ha partido, ahora mora en el parnaso nacional, ahora anda trazando versos entre las estrellas este noble boricua que hizo de Encuentro Al Sur uno de sus pizarrones poéticos.  Este poeta, narrador, periodista y educador puertorriqueño, nacido el 1º de agosto de 1944 en Caguas, Puerto Rico. fue premiado en numerosas ocasiones, entre otras, con el Primer Premio, género Narrativa: 7mo Certamen Nacional de Literatura, Federación de Maestros de Puerto Rico (2001); Segundo Premio, género Poesía: 7mo Certamen Nacional de Literatura, Federación de Maestros de Puerto Rico (2001); Premio “aBrace” de Literatura; Montevideo, Uruguay (2002); Fue declarado “Poeta de Excelencia”, por la Casa del Poeta Peruano durante las actividades del Encuentro Literario aBrace; Montevideo, Uruguay (2003); y se le tributa un homenaje en la Legislatura Municipal de Caguas, Puerto Rico (2004). A partir del 1997 y durante dos años publicó y distribuyó el boletín “Bodegón de los Poetas”, que circuló entre escritores y poetas de Latinoamérica y España. Sus trabajos han sido publicados en numerosas revistas literarias de Puerto Rico, México, Estados Unidos, España, Perú y Luxemburgo. Ha publicado en Poesía: Poemas (1994); Hay luz en esa casa que fue mía (1996); Los nombres en la piedra (2001); Incandescentes pájaros del alba y otros poemas en libertad (2004); Poemas para leer una tarde de octubre (2006); Poemas clasificados / y aquellas otras lunas misceláneas (2009). En narrativa: Ya vienen a buscarme (2001); Milagro bajo la estrella del Oriente (2001).

Che, como lo conocian sus compueblanos y amigos, fue un bardo que conquisto a sus lectores con versos cargados de empatía humana.

In Memoriam : Elizabeth Y. N. Márquez Famanía

Nuestra poeta Elizabeth Y. N. Márquez Famanía partió a escribir versos entre el sol y las estrellas, en otras galaxias… se fue a escribir los cuentos de terror que tanto le gustaban detras de la luna y de seguro se asomará de vez en cuando desde allá arriba a soplarnos una musa en el oído con la brisa / Marinin.
*
El Círculo Literario Antonio Ferrer Atilano se encuentra de luto. La joven escritora e integrante del Círculo, Elizabeth Y. N. Márquez Famanía, ha fallecido. Nuestras condolencias a su madre y también escritora Hilda Famania (Eyanore Azabache), y a todos los poetas. Descansa en paz. / CLAFA
 *
Hay luto en la Casa del Poeta. La joven poeta Elizabeth Márquez Famanía se fue a leerle poesías al Poeta Universal / Nora Cruz
*
Elizabeth: Tu partida repentina, como los versos que dulcemente te acorralaban a tan tierna edad, ha dibujado abismos sollozantes en los senderos que siempre le habían pertenecido a la alegría. Nunca olvidaré tu risa, cuando entre la seriedad de la poesía aprovechaba para narrarte algún chiste malo. Tampoco se borrará de mi memoria tu interés en publicar mis poemas y para siempre llevaré conmigo nuestra última conversación, tratando de cambiarle el nombre a los famosos “sorullitos de maíz”. Tu temprano viaje al lugar de las musas ha sido una sorpresa fría y lluviosa, pero yo me quedaré con lo que eras: una luminosa noche de cristales acurrucados en la aurora. / Lucia Cruz
 *
El Centro Cunyabe se une a la pena que embarga a la familia poeta de nuestra región con la perdida de nuestra amiga y colaboradora Elizabeth Marquéz (Eyanore Azabache)
Vuela Alto. Se unio a los Angeles escritores de Dios / Edwin González
 *
 Desde  los lugares  misteriosos en que la vida se una a la divina energía, sigue tejiendo versos para deleitar eternamente a las estrellas.

El escándalo del primer beso televisado en Puerto Rico

Esther Sandoval, nombre artístico de Esther María González, quien nació en Ponce, se crio en el poblado de la Central Aguirre y se graduó a los 16 años de la Escuela Superior de Salinas, protagonizó el primer beso en la boca en una telenovela puertorriqueña.

En 1954 se transmitió  Ante la ley, la primera telenovela boricua. Un melodrama estelarizado por Esther Sandoval y Mario Pabón. El realismo de una escena en que Mario Pabón besa en la boca a Esther Sandoval desató la condena moral de los sectores más conservadores del país. El escándalo provocado por los moralistas causó revuelo nacional pero no impidió  la ascendente carrera actoral de Sandoval.

Incluimos aquí la información biográfica sobre Esther Sandoval escrita por Javier Santiago y Dean Zayas publicada en Programa del Festival de Teatro Internacional de 2005 que organiza el Instituto de Cultura Puertorriqueña.

2017_02_09_10_52_16_002-2

2017_02_09_10_52_16_003-22017_02_09_10_52_16_004-22017_02_09_10_52_16_005-2

2017_02_09_10_52_16_006-2

 

 

Comentando fotografías: El comité organizador del Carnaval Abey de 1996

El Carnaval Abey de 1996 se celebró en el fin de semana del 25 al 28 de abril.  En la foto figuran algunos de los  miembros que integraron el Comité Organizador de aquella edición,  Ese año el tradicional carnaval fue dedicado a Carlos Manuel Ortiz Rivera, Calín  y el actor Eddie Miró participó como el Gran Mariscal del desfile. La Reina juvenil fue Paris Guzmán Angleró y la infantil Julie Marie del Valle Ramos.    Las actividades artísticas incluyeron  la cantante Giselle, Caña Brava, Zafra Negra y Andy Montañez y su Orquesta. Aunque no están los 14 miembros que integraron el comité quizás nuestros lectores recuerden los nombres de los que figuran en la fotografía.

carnal-abey-1996-directiva-3

Félix M. Ortiz Vizcarrondo (1939-2016) : In Memoriam

Fallece un narrador de anécdotas salinenses.

Felix M. Ortiz Vizcarrondo, uno de los colaboradores de Encuentro Al Sur, falleció en la madrugada de ayer en un centro de salud privado a la edad de 77 años.  Ortiz Vizcarrondo fue un reconocido líder cívico y uno de los miembros originales de la Fraternidad Eta Epsilon Sigma fundada en 1958.

El autor, que se crio en la Central Aguirre y paso su adolescencia en la calle Monserrate, era egresado del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.  Le sobreviven tres hijos de su matrimonio de la también fallecida Gladys Ortiz Dávila.

A Félix lo recordamos como el hombre de la siempre desplegada bandera monoestrellada en lo alto del flamboyán de su casa, como el fotógrafo de los personajes populares de Salinas, como el disidente de las opiniones mayoritarias, como el luchador de causas puertorriqueñistas y como el padre de los hijos de Gladys Cheche, que era decir, “Usted y tenga.”

Parte de sus escritos están recogidos en este blog, aunque se sabe que elaboró un manuscrito sobre la historia del Caserío Francisco Modesto Cintrón que dio por perdido.

En su producción narrativa se destacan las anécdotas y cuentos en torno a personajes y sucesos recogidos de sus vivencias o de la tradición pueblerina.  La vida cotidiana es eje central de sus estampas sobre los lugares y parajes en los que sus personajes populares y comunes interactuaban.  Ejemplo de ellos son sus escritos sobre las áreas recreativa naturales, sobre los cines y sobre los lugares de baile al alcance de los habitantes de Salinas y sus barrios.

Títulos como los siguiente dan una idea de la variedad de temas en sus escritos: Recuerdos, El follón idiomático, Velocidad, buen ojo, y precisión, El gallo de Toño Guinea, El lagarto verde, La Jueyera, Teatros y cines pueblerinos, Salinas Stars. El Cructáceo y la locomotora núm. 8, entre otros que se pueden leer en Encuentro Al Sur.

Acompañamos este homenaje póstumo con una sensibles palabras del compueblano Josué Santiago de la Cruz en la que nos enseña como admirar la grandeza de un gigante mundial y la inmensidad de un amigo que nos acompaña en los tramos de la cotidianidad.

srs

HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR, AMIGO FÉLIX.

Hoy vestimos de ludo. No por la muerte de Fidel, que fue grande, sino por la muerte de Félix Ortiz Vizcarrondo, que fue inmenso.

Fidel nos enseñó a resistir y Félix a convivir. Aquel nos enseñó a caminar de pie y El nuestro a caminar a pie.

Hoy siento más la partida de mi amigo Félix, no porque lo tuve cerca y lo conocí en la cotidianidad, sino porque su humanidad y su limpieza de espíritu me tocó a carne viva las fibras más íntimas de mi ser. De él aprendí a ser independentista. Aprendí de su ejemplo a amar con fervorosa pasión el terruño que me vio nacer, porque no se puede ser independentista si en nosotros no aflora ese primer amor, grande y eterno, a la patria chica. Al Barrio. Al pueblo y su gente.

La muerte de Fidel lanzó un manto de angustia entre los amantes de la libertad y enemigos del imperialismo. Copó todos los titulares del mundo. Abrazó todas las emociones. Despertó al demonio y a Dios para enfrentarlos en esa cruzada que ha convertido al hombre y a la mujer en seres poco menos que despreciables. Pero la muerte de mi amigo Félix, para los que tuvimos el privilegio de conocerle, no despertó emociones encontradas. Su paso por la vida fue menos espectacular que el del Padre de la revolución cubana. Menos impresionista, pero sin duda más ejemplar en la pureza de su legado.

Hoy se viste de tristeza la alegría.

Vuela alto amigo Félix y prepáranos un rinconcito allí, junto a Gladys y Rosin y Julín y los viejos míos.

JSC

Foto tomada del facebook de Manolo Ortiz Ortiz

 

Rafael Alomar Conde : In Memoriam

 

Rafael Alomar Conde

Diciembre 11, 1933- Noviembre 15, 2016

Se ha notificado el sensible fallecimiento del destacado atleta y ex pelotero salinense Rafael Alomar Conde.

Nació en Salinas, Puerto Rico, el 11 de diciembre de 1933. Rafael es parte de una de las familias del béisbol más reconocidas de América Latina. Junto a sus hermanos Tony, Demetrio, Santos, y sus sobrinos Sandy y Roberto, así como sus primos Antonio “Guinea”, Gilberto, y Pedro, le han brindado a Puerto Rico muchos momentos de gloria. Su hijo Luis (Gui) Alomar jugó con los Lobos de Arecibo y los Leones de Ponce en los años 80.

Rafael es uno de los hijos de Demetrio Alomar y Rosa Conde que juntos a sus hermanos y hermanas Luz María, Víctor, Tony, Ana, Demetrio, Guilla y Santos, forman  una de las familias más respetadas de Salinas. En su matrimonio con Elsa Rivera, procrearon siete hijos; Enitza, Irma, Rafael, Víctor Luis, Odalys, Reinaldo, Keyla y doce nietos.

En el Beisbol AA jugó con Juncos, conformando con Antonio Alomar, Monchito Maldonado, Ticolo Soltero y Pekén Andino, el equipo de los mulos que participo en la serie semifinal  de 1951 contra Humacao, perdiendo en el juego decisivo celebrado en el parque neutral de Vega Baja.

Rafael Alomar comenzó en el Beisbol Profesional a los 20 años de edad en la temporada de 1954-1955 con Ponce y terminó su carrera con ese mismo equipo en el 1967, uniéndose a la lista peloteros que toda su carrera profesional la jugaron con Ponce:“Pancho” Coimbre, “Griffin” Tirado, “Planchardón” Quiñones, José Antonio Burgos, Carlos Lanauze, y “Foca” Valentín.

Una de las mejores temporadas con los Leones fue la de 1960-61, En esa temporada terminó segundo en bateo en la Liga con promedio de .314, segundo en hits con 66 el tercer mejor robador de bases con 6. Su hermano gemelo Tony de los Cangrejeros de Santurce fue el líder en triples con 3.

Finalizó con promedio de por vida de .267, y de las doce temporadas que jugó, en seis tuvo un promedio sobre .280 y dos sobre .300. En 1963-1964 jugó en su primera serie semifinal contra San Juan.

Sus mejores años fueron en 1955-56 (.306), 1959-60 (.291) y 1960-61 (.314). Se destacó en la defensiva como gran guardabosque. Tiene la distinción de ser el primero en dar un hit en la inauguración del Estadio Hiram Bithorn el 24 de octubre de 1962.

Rafael Alomar participó en las Ligas Menores desde 1955 hasta 1964:

  • 1955- 56- Firma con los Patirrojos de Cincinnati, equipo Douglas clase D y equipo Savannah clase A.
  • 1957- Enviado a los Piratas de Pittsburg al equipo Clinton
  • 1958-61- Con los Gigantes de San Francisco varias categorías donde en 1958 tuvo su mejor temporada (.281 promedio de bateo, 19hrs cuarto mejor, 80rbis noveno, líder en triples con 9). Con el equipo Danville. Además jugo en Springfield, Rio Grande Valley, Tacoma. En 1961 con el equipo Tacoma clasificación Triple A, fue el quinto mejor bateador de la Liga de la Costa del Pacifico con promedio de .313.
  • 1962- Jugo con los Gigantes y Los Ángeles, Tacoma, Hawaii, Tri-City.
  • 1964-65- Participó en México con varios equipos, Tabasco, Puebla y Campeche.

Tuvo promedio de bateo por vida en las Ligas Menores de .293.

En el Béisbol AA, fue dirigente en el Beisbol AA con los Potros de Santa Isabel y de los Brujos de Guayama.

EL LINAJE DE LOS ALOMAR CONDE

La presencia de la dinastía Alomar en el beisbol de Puerto Rico comienza en la década de 1940 con Antonio (Guinea) junto a  sus primos de Santa Isabel los hermanos Gilberto y Pedro. Guinea Alomar jugó hasta la década de 1950, luego Rafael  y Antonio (Tony) llegaron al beisbol a mediados de los 50’s. Demetrio debuta en el 1959, llevando el batón en el relevo generacional. Santos, padre les siguió en el 1961 y continuó jugando hasta su retiro en 1978, tras 15 años en las Grandes Ligas.

Los hijos de Rafael, Luis “Gui” Alomar jugó con los Lobos de Arecibo y el de Tony Alomar, Tony Hanza, jugó con los Senadores de San Juan y con los Vaqueros de Bayamón.

Por la vía materna el linaje los vincula con el legendario lanzador Ceferino “Cefo” Conde y Faría, con su hermano Juan Conde, primos de Doña Rosa, y en consecuencia con el formidable pelotero Ramón Luis “Wito” Conde hijo de Cefo, sobrino de Doña Rosa.

La parentela de los Alomar se extiende a la familia De León, por la vía de Juanita Alomar (prima de Don Demetrio, padre) madre de Luis “Biso” y Desiderio, miembros de la gran estirpe de lanzadores de donde proviene el destacado ex grandes ligas Luis “Mambo” De León, hijo de Biso. Junto a Luis Angelico (Pichi) infielder, Desiderio (Desi) lanzador, Jesús Antonio (Chu) lanzador y el menor Luis Antonio (Mambo). Además de Jorge de León, primo de Mambo.

por Jossie Alvarado

Fuente; Museo Pancho Coimbre (Sr. Héctor Ortiz)

15 de noviembre de 2016

rafael-alomar-leones-de-ponce-1-2