Los antepasados: ¿Quiénes vivían en Salinas en 1870? / por Sergio A. Rodríguez Sosa

En el Archivo General de Puerto Rico (AGPR) nos topamos con varios documentos sobre las cédulas de vecindad de Salinas. Dos de ellos tenían la lista de los vecinos a los que se les expidió ese documento de identidad, uno de tantos tipos de ID como lo son hoy el certificado de nacimiento, la licencia de guiar, la tarjeta electoral y el número de seguro social.   Los aficionados a la genealogía valoran este tipo de documento pues es un medio para rastrear los antepasados.

Crear registros de los habitantes de una localidad es una práctica implantada desde tiempos remotos.  Se formaban esas listas de nombres con la finalidad de mantener controlado a los moradores y acreditar la entrega de los tributos, en fin, para la seguridad y el financiamiento de los gobernantes

Los primeros sistemas de identificación personal se conocieron como salvoconductos y se expedían a mandatarios, clérigos, navegantes y mercaderes.   Existían distintas categorías de salvoconductos para facilitar viajar de un lugar a otro bajo la protección de una autoridad superior.

Las identificaciones personales surgen en el siglo 18 sustituyendo los salvoconductos interiores quedando como pasaporte para la movilidad entre naciones. En España las cédulas de identidad quedaron instituidas en 1854 en toda la península y sus colonias de ultramar. Se les conoció primero como Padrón de vecindad o cédulas de vecindad y a partir de 1874 pasaron a ser denominadas cédulas personales.

Las cédulas personales eran un documento obligatorio para toda persona de 15 años o más.  El registro se llevaba a cabo anualmente y recogía datos relativo a la persona como: nombre y apellidos, estado civil, trabajo, domicilio, lugar de nacimiento, provincia y el tipo de cédula y su costo. Los alcaldes y comisarios de barrio eran responsable de inscribir a todos los habitantes que determinaba el decreto real. Mediante la cédula se clasificaba la población según su nivel económico. Las cédulas las emitían los ayuntamiento o autoridades provinciales.  El costo de la cédula dependía del nivel económico del portador por lo que necesariamente había mucha gente que no la obtenía.  Sin embargo, este documento había que presentarlo obligatoriamente en todo tipo de tramite con el gobierno. No tenerlo afectaba grandemente a las clases excluidas. Como remedio a esa situación posteriormente se emitían gratuitamente, aunque usualmente no se registraba la totalidad de los individuos de una jurisdicción.

No se expedían cédulas a los menores de 14 años, ni tenían que pagar por las mismas los pobres de solemnidad, los peregrinos, los trabajadores que subsistían con el jornal diario y tampoco viudas y huérfanos con pensiones menores de 1.500 reales.

El documento que aquí presentamos es el registro de cédulas de vecindad del Municipio de Salinas correspondiente al año de 1870. El registro recoge datos de 862 personas que residían en Salinas en dicho año y que pagaron el costo de la cédula.  Hay que mencionar que en esa época en el territorio de Salinas vivían como menos tres veces la cantidad de personas a los que se le emitió cédulas personales. Cabe reiterar que se excluida del registro los menores de 14 años y que usualmente una buena cantidad de personas por diversas razones y extrema pobreza no se preocupaban por obtener la cédula personal.

El documento que hacemos disponible seguramente levantará la curiosidad de aquellos que consideren encontrar algún antepasado en la lista. Si usted piensa que su familia tiene raíces en tierras salinenses hace más de 130 años puede entretenerse hojeando las páginas de esta lista.  En mi caso, en la lista aparece mi tatarabuelo Francisco Ortiz al que se le expidió su cédula de vecindad el 20 de enero de 1870, cuando su certificado de defunción indicaba que tenía 49 años.

ver: Registro de cédulas de vecindad de Salinas, 1870

 

Sergio A. Rodríguez Sosa

Fuentes consultadas:

AGPR. Documentos municipales. Guayama. Caja 58b.

España. Cuerpo Nacional de Policía. La cédula de vecindad (1854). 18 dic. 2017. (Consultado en: http://cnpjefb.blogspot.com/2017/12/la-cedula-de-vecindad-1854.html)

Enriqueta Méndez Fajardo, Henrietta Rubio Díaz o simplemente Queta : historias de mis antepasados

por Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

El personaje que nos atañe revistió toda su vida un aire de misterio, quizás porque aparecía y desaparecía a su antojo, delante de los ojos de los niños descendientes de los Méndez Forestier o porque, a juzgar por los datos hallados hasta ahora, ninguno de sus días fue parecido al otro.

Enriqueta Méndez Fajardo nació alrededor de 1882, un año antes que su hermano Luis Méndez Forestier. Sus padres fueron Gregoria Fajardo y mi bisabuelo Andrés Méndez; y aunque al momento desconocemos si fue fruto del matrimonio entre sus padres, sí sabemos que fue reconocida legalmente al momento de su nacimiento.

En 1903, a sus 21 años, contrajo matrimonio con Francisco Martínez, un militar natural de San Germán y vecino de San Juan, hijo ilegítimo de Luisa Martínez. La pareja estuvo casada hasta el 30 de junio de 1909, cuando solicitaron declarar el vínculo matrimonial como roto y disuelto ante las autoridades civiles.

Ya en el censo de población de 1910, Enriqueta es enumerada como esposa de Amado Carrión y San Juan, un vendedor ambulante de refrescos. Componían un matrimonio consensual y vivían en la calle Isabel Segunda, del barrio Marina, en el municipio de San Juan.

Y aquí empieza el relato oral de los niños de aquella época. Ya ninguno existe, pero su recuerdo de aquella tía andariega a quien llamaban Queta llegó hasta nosotros por lo peculiar del personaje.

Se cuenta que un buen día, Enriqueta decidió emigrar a Nueva York y establecer una banca de bolita que beneficiara a la diáspora boricua y de paso a su bolsillo. La bolita era el juego clandestino paralelo al juego legal de la lotería del Estado y era muy popular en la población quizás por ser los premios más jugosos que en el juego legal.

Aparentemente, el negocio prosperó, pues cada cierto tiempo se oía la algarabía de los pequeños al ver llegar a la Cuesta de las Piedras, hoy calle Post en Mayagüez, la amplia figura de Queta, cargada de bisutería de colores llamativos para regalar a los niños y adolescentes.

El aprecio a Queta era tal, que una foto suya adornaba una pared de la sala donde vivía la familia de su padre.

A principios de la década del 1930, en plena época de la gran depresión, Judith Méndez Más, hija mayor de Luis y Gregoria, mis abuelos paternos, fue enviada a Nueva York a buscar nuevos horizontes. Su padre había fallecido en 1929 y la carga familiar era numerosa por lo que necesitaban algunos miembros que pudieran trabajar y proveer para las necesidades de los menores, o al menos, no ser ellos carga para la frágil economía familiar. Así fue como Judith fue a dar a sus 22 años, a la casa de Enriqueta en el barrio de Brooklyn. Allá conocería a su futuro esposo, Juan Espinosa, con quien procreó una bonita familia. En 1935 se casaron y fueron a vivir a Richmond Hill, NY.

Mientras tanto, Queta vivía en el 239 de Sands St. en Brooklyn con un nuevo marido de apellidos Rubio Díaz. La muerte la sorprendió el 11 de febrero de 1940, en el Kings County Hospital, víctima de su presión arterial. Tenía unos 55 años. Da parte de su deceso, otro de sus sobrinos, Raúl Méndez Segarra, hijo de Andrés y Romana, quien vivió gran parte de su vida en la diáspora y a la sazón tenía 28 años. Raúl aparentemente vivía alojado en casa de la difunta.

Sus datos exactos de nacimiento en 1882, así como información sobre sus pretendientes y descendientes aún no han sido descubiertos.

©Lilia E. Méndez Vázquez

31 de agosto de 2019