Entradas de Encuentro al Sur

“Desde el barrio”: nuevo proyecto de comunicación comunitaria en Salinas

por Víctor Alvarado Guzmán
“Desde el barrio”: nuevo proyecto de comunicación comunitaria en Salinas
Un espacio para hacer visible las voces de nuestra gente

Salinas, Puerto Rico – La Iniciativa de Ecodesarrollo de Bahía de Jobos (IDEBAJO) anunció el comienzo de un nuevo proyecto de comunicación comunitaria y formativa llamado “Desde el barrio”. Este programa será transmitido todos los sábados, de 3 a 4 de la tarde, por la emisora Radio WHOY 1210 AM.

IDEBAJO es un coalición de organizaciones ciudadanas y comunitarias, cuya misión es la transformación de las comunidades excluidas de la región centro sur este de Puerto Rico, a través de la defensa del acervo natural y cultural, y el desarrollo sostenible comunitario endógeno (que se origina desde la propia comunidad).

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“Comenzamos el proceso de gestionarnos una voz propia para hablar, contar, testimoniar, reflexionar y hacer visibles las necesidades, deseos y proyectos de nuestras comunidades. “Desde el barrio” es un espacio para que nuestras comunidades organizadas tengan la posibilidad de dialogar y compartir los deseos y acciones de transformación, para cambiar la realidad de injusticias y exclusión de nuestros barrios por una participación, voz propia y justicia para nuestra gente”, comentó Roberto Thomas, coordinador de IDEBAJO.

“Desde el barrio” contará con diversas secciones donde se presentará el trabajo comunitario que realizan las distintas organizaciones que componen IDEBAJO. “Redes de Esperanza” será una sección donde se conocerán los testimonios de la gente que se esfuerza diariamente por levantar y desarrollar sus comunidades de forma colectiva.

El programa contará como moderadores con el profesor Emilio Nieves Torres, líder educativo, el joven Hery Colón, de la comunidad de Aguirre, y Kiana Escobar, de la comunidad Mosquito, y podrá verse a través de la página de Facebook de IDEBAJO.

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Rebeldía y negritud en El Coquí de Salinas

Por Rafael Rodríguez Cruz

Plaza del poblado El CoquíAdemás de poseer una apreciable tradición de rebeldía social, El Coquí de Salinas es una comunidad orgullosa de su origen afroantillano. La historia de este poblado, con su gente negra y rebelde, está aún por escribirse. Habría que remontarse a las huelgas de los obreros de los cañaverales a principios del siglo XX, para comenzar a narrar la rica tradición de lucha proletaria de El Coquí. A mí me tocó conocer directamente un poco de ese espíritu de lucha en 1975, año en que los residentes del lugar eran parte de un conflicto huelguístico que marcó para siempre la lucha de los trabajadores y barriadas pobres en la comarca sur de Puerto Rico. Me refiero a la huelga de la General Electric, ocurrida apenas un año después de inaugurada la central termoeléctrica de Aguirre. Durante dos intensas semanas en 1975, la violencia patronal asumió formas extremas en contra de los trabajadores y sus aliados en Salinas y Guayama. Una huelga algo olvidada, pero que sigue viva en la memoria de los habitantes de El Coquí…

Nelson Santos Torres

Recuerdo que para los tiempos de la huelga en contra de la compañía General Electric conocí a un luchador y revolucionario del área de El Coquí, cuyas cualidades organizativas ya eran admirables: Nelson Santos Torres. Todavía trabaja y vive en El Coquí. Me honra con su amistad. Fui a verlo hace poco. Hoy, más de cuatro décadas después de nuestro primer encuentro, Nelson Santos sigue siendo un hijo noble de estas tierras semiáridas de la costa sur de Puerto Rico. Al igual que en sus años de su juventud, él sigue impactando, con su potente energía y dedicación, los sueños y esperanzas de los habitantes de toda la comarca que va desde Salinas hasta Guayama. Lo de él es soñar y repartir sueños.

La estirpe proletaria y afroboricua de Nelson es impresionante. Su familia, por el lado materno, estuvo siempre ligada al trabajo de la caña de azúcar en la Central Aguirre. Y no solo los hombres, sino también las mujeres. La mamá de Nelson, Zenaida Torres, trabajó desde los trece años como cocinera en la «casa de los americanos», la residencia de lujo de los administradores estadounidenses de la Central Aguirre, cuando ese molino era uno de los más importantes y modernos en El Caribe entero. Ella y su familia vivían en la casa de los sirvientes. La bisabuela de Nelson, Clotilde Antonetti, se desempeñó en la difícil labor del regadío de la caña. El abuelo de Nelson, Jerónimo Torres, fue picador de caña (además de trabajar en el regadío). Los tíos de Nelson, todos de ascendencia negra, eran trabajadores de la Central Aguirre, bien fuera picando caña o en labores de hojalatería. En ese sentido, Nelson es un verdadero «hijo del cañaveral».

Muy de joven, yo solía visitar el poblado El Coquí con familiares míos. Frente al vecindario estaba la gran Central Aguirre. El contraste entre un lugar y otro parecía sacado del sur de Estados Unidos. La central era una urbe en sí misma, con un hospital moderno, casas blancas amplias y de rejillas verdes, un campo de golf, un cine y una piscina. Todo, para el disfrute exclusivo de los administradores de la compañía azucarera, quienes vivían protegidos y socialmente aislados de los trabajadores negros y sus familias. Mirándolo bien, Aguirre era como un pedazo del sur racista incrustado artificialmente en El Caribe; el «intermedio del hombre blanco», con capacete y todo, de que nos hablaba Luis Palés Matos en sus versos. Exactamente al norte de la entrada de la carretera que llevaba a la central, quedó ubicada bien temprano la vibrante comunidad afroboricua de El Coquí.

Habría que estudiar el tema más a fondo, pero este poblado de Salinas quizás era, en las décadas de 1910-1930, una de las concentraciones más puras de proletarios agrícolas modernos en El Caribe entero. Se podía escribir entonces un tratado de economía política con meramente cruzar la carretera número 3. Y así como Aguirre era un pueblo ideal para los administradores y técnicos de la moderna central, El Coquí lo era para los trabajadores del litoral. El poblado tenía varias plazas de baile de bomba, no muy distintas de las «plazas de conga» en Nueva Orleáns, lo que ya de por sí apunta a la cuestión racial en el sur. En sus calles se podía respirar la solidaridad y chismorreo cultural de los habitantes de El Caribe. Apenas un jovenzuelo, y escapado de mis padres, llegué a ir al teatro de la comunidad, así como a las fiestas patronales de El Coquí. Hoy el teatro de la comunidad continúa activo. En su sala se efectúan eventos del Centro Cunyabe.

Recuerdo que para mucha gente de mi generación, El Coquí no era ni de Salinas ni de Guayama. Más allá de las fronteras administrativas entre los municipios del sureste de Puerto Rico, lo cierto es que todos estos poblados proletarios, con su fuerte ascendencia negra, vivían al compás del impulso centralizador de la gran central. Era la central la que centralizaba, valga la redundancia. El gran molino de azúcar de Aguirre, con su chimenea echando humo, al modo de un gigante fumando un tabaco frente al mar Caribe, era el verdadero corazón de la vida económica de la comarca que va de Salinas a Maunabo. Las centrales Machete, en Guayama, y Lafayette, en Arroyo, eran sus hermanitas menores, atadas a la mayor por las finanzas y las vías del tren. Además, si algo había entre El Coquí y los demás poblados negros de la región era continuidad cultural. Ya fuera El Coquí, Mosquito, Las Mareas, San Felipe, Puente de Jobos o El Puerto, aquí imperaba la negritud antillana. Y negritud antillana en el poblado de El Coquí, como todos los lugares de El Caribe, siempre ha sido sinónima de rebeldía frente a la opresión económica y racial.

En cuanto llegué a la plaza de El Coquí el 11 de diciembre de 2017, pregunté por Nelson. No nos habíamos dado un abrazo fraternal desde mediados de la década de los setenta. Todavía bajo el calor del fuerte apretón de manos, retomamos espontáneamente una conversación que dejamos inconclusa casi medio siglo atrás. El tiempo no había pasado. ¿De qué hablar sino del tema organizativo en los poblados negros y proletarios de la comarca? Lo escuché atentamente. Nelson conserva la manera de hablar calmada que hace sentir a gusto a quien lo escucha. «Horizontalidad, delegación y participación», son hoy sus principios de organización comunitaria. Estamos allí, en un día soleado, en el Centro Comunal El Coquí. No hay electricidad ni comodidades presuntuosas. Un grupo de mujeres y hombres mantienen un cuchicheo animado, mientras distribuyen botellas de agua, linternas de baterías y otras ayudas a la comunidad. La conversación que mantienen es como la de todo taller de trabajo, no le pertenece a nadie.

Me invade la nostalgia, y le hablo a Nelson de sus hazañas organizativas en la década de los setenta. Pero él es demasiado noble como para no destacar, sobre todo, a los compañeros tiroteados durante la huelga en contra de la GE en 1975. Viene a la mente de Nelson el recuerdo de una ocasión en que a él y a su esposa, Letty Ramos, les tocó socorrer, como asunto de vida o muerte, a un compañero herido de un balazo, en medio del conflicto huelguístico. La bala, que se incrustó en el estómago del herido, era en realidad para Nelson; pero, el sicario le disparó a la persona equivocada, un guayamés de nombre Arturo Rivera Jeremías.

Creo que he contagiado a Nelson del sentimiento perenne de melancolía que nos afecta a los hijos de la diáspora. Mas la conversación se torna ahora en un evento comunitario. Ismenia y Ada se acercan a la mesa. Lo mismo hacen otros miembros de la dirección del centro. Aquí nada parece pertenecer a nadie, ni las palabras ni las ideas. La visión de estos compañeros y compañeras es intercomunitaria. No hablan de El Coquí, sin hablar de Las Mareas o de Aguirre o de San Felipe; y por ahí siguen, poblado por poblado, hasta llegar a la orilla del mar.

Le comenté entonces a Nelson sobre mi viaje reciente al río Guamaní. Recalqué lo obvio: que sin la destrucción de ese maravilloso cuerpo de agua nunca habría existido la gran industria azucarera del sureste. La sección oriental del riego Guamaní (el llamado canal del este) suplía las necesidades de agua de todos los cañaverales desde Guayama a Patillas. La sección occidental, todas las de Aguirre y Salinas. En un principio, la Central Aguirre dependía de la extracción de agua subterránea. El sistema de riego del sureste se configuró en 1913, al modo de un cangrejo, cuya cabeza estaba en los montes de Carite. Tenía dos patas extendidas de este a oeste, de las cuales salían canales secundarios, que como arterias vivas suplían el vital líquido. Para producir una libra de azúcar en esa época, se requerían 4,000 libras de agua (500 galones). Además, las plantas hidroeléctricas Carite 1, 2 y 3, daban energía eléctrica a toda la comarca. El río Guamaní y el sistema de riego del sureste hicieron posible la tremenda explosión de cultura negra y proletaria en la comarca sur entre 1913 y 1930. Esa es la teoría que ronda en mi cabeza. ¿Tiene historia la negritud? ¿Cuáles son sus parámetros? El tambor retumba al calor de las luchas sociales concretas.

Entonces, como si estuviera en medio de una celada, Nelson me preguntó sobre la cultura de la región: ¿Crees que es un fenómeno que se puede reducir a que somos “los hijos del cañaveral”? Apenas logré amarrar algunas ideas superficiales, cuando él mismo entró en una reflexión interesante sobre el tema de la pesca en el mar Caribe y su conexión con los tiempos muertos del corte, transporte y molienda de caña. Me explicó que el llamado tiempo muerto de la caña era, para los trabajadores más pobres de la comarca, un período verdaderamente difícil, en que estos estaban obligados a sobrevivir de la pesca. «En un país en que nunca ha habido una industria pesquera», añadió con cierto resentimiento en los ojos. Los técnicos y administradores de la central no sufrían, pues tan pronto acababa el corte y la molienda emigraban a Tennessee. El patrón migratorio del tiempo muerto era un reflejo de la estructura de la industria azucarera y de la relación colonial entre Puerto Rico y Estados Unidos. Concluida la zafra, había que pescar; pero siempre sobre bases artesanales y restringidas por el imperio.

Resulta, pues, que lo que Palés llamó el «escocotamiento» del río Guamaní, el crimen ecológico que permitió la creación del sistema masivo de riego del sureste en 1913-1914, condenó a los habitantes de la región a sobrevivir en la miseria, sin acceso al agua dulce y al margen de la tierra acaparada por los latifundios. En el regadío, el agua se vende por pulgadas y minutos. La pesca de subsistencia era la única alternativa viable para las familias pobres del litoral. Ahí está una de las claves que explican el fenómeno de la cultura negra de la región sureste de Puerto Rico en el siglo XX, su persistencia y vitalidad en lugares como El Coquí, Las Mareas y Puente de Jobos. Ya desde bien temprano en la colonización, y más aún durante la invasión del 1898, el negro del Caribe chocó con la idea del gran latifundio cañero. Así pasó en Jamaica y en Cuba. Puerto Rico no fue la excepción.

Canales de riego

Canales de riego

Un joven sanjuanero que ayuda en el Centro Comunal de El Coquí nos mira con curiosidad. Nelson y yo tocamos temas que parecen de universitarios jóvenes. Carcajeo y le menciono al grupo que, de acuerdo con los informes de los gobernadores de la colonia entre 1911 y 1916, la creación del sistema de riego para suplir los cañaverales de la costa del sureste de Puerto Rico fue el evento financiero más importante de la segunda década del siglo XX. La burguesía azucarera hawaiana, todavía en pugna con la California Sugar Refining Company en 1911-1916, jamás habría cedido el financiamiento, control y diseño del sistema de riego del archipiélago de Hawái a intereses monopolistas extranjeros. Como lo dijo el alcalde Tortoise John en la película Rango, de Jonny Depp: «controlas el agua, y lo controlas todo».

Suena de repente el celular de Nelson. Este se excusa, pues tiene que ir a cumplir con veinte obligaciones. La comunidad necesita agua potable, comida y linternas. Medio Coquí está todavía sin energía eléctrica. Comencé así lo que no podía ser sino una despedida no deseada. En medio de ella, un abrazo apretado, una invitación al reencuentro, y palabras que sellan el interés común por la liberación de nuestro pueblo. En fin, una conversación aún inconclusa con un compañero, amigo y hermano…

El autor es un abogado, periodista y escritor guayamés nacido en New Jersey que se ha destacado en luchas sociales en los Estados Unidos. Es activista en las luchas reivindicatorias de los indígenas de Dakota del Sur. En 2014 ganó el primer premio del concurso literario ‘Una Especie en Peligro de Extinción’, en la Feria Internacional del Libro en La Habana, Cuba, con el ensayo El Coyote y su bol de polvo.

 

 

Crónica del paso del Huracán María por Guayama / por Alexis Tirado Rivera

El huracán María azota la ciudad de Guayama

24 de septiembre de 2017

Puerto Rico, ha sufrido una de las peores tragedias en su historia moderna.  Me refiero al azote directo del Huracán María entre la noche del 19 de septiembre y la madrugada y día del miércoles, 20 de septiembre de 2017.  Desde el sábado, 16 de septiembre, el Servicio Nacional de Meteorología en San Juan y el Centro Nacional de Huracanes con sede en Miami, emitieron la alerta de que Puerto Rico podría ser azotado directamente por el poderoso fenómeno atmosférico, y por lo tanto, tendrían  los puertorriqueños que prepararse para dicho evento.

Tanto el sábado en horas de la tarde, como el domingo y lunes previo al 19 de septiembre, el Gobierno Estatal y los municipios, comenzaron los preparativos con el propósito de esperar el inminente azote del huracán.  Hacía menos de una semana que el país había vivido otra experiencia ciclónica, el paso del huracán Irma; sin embargo, este fenómeno azotó de manera directa solamente la región nororiental de Puerto Rico, incluyendo las islas de Vieques y Culebra, provocando serios daños a la infraestructura, especialmente eléctrica.  Municipios como Loíza, Canóvanas, Río Grande, San Juan, entre otros, sufrieron daños graves; cientos de residentes perdieron los techos de sus hogares y con ello sus pertenencias.

El lunes, 18 y el martes, 19 durante las horas del día, los puertorriqueños realizaban sus preparativos con la esperanza de que el huracán María, que venía desde el Caribe oriental con vientos que superaban las 155 millas por hora ─ siendo catalogado como un huracán categoría cinco ─ disminuyera las fuerzas y desviara su ruta hacia el norte o al oeste  lo que evitara así  un impacto directo sobre Puerto Rico.  Esta esperanza no ocurrió.  La naturaleza es única.

El martes, 19 de septiembre de 2017, a las 6:00 p.m., los puertorriqueños debían estar resguardados en sus hogares o refugios habilitados por el estado.  En horas de la noche, diría que a eso de las 10:30, comenzaron a sentirse en Guayama los primeros vientos que acompañaban al fenómeno tropical.  Yo me quedé en la residencia de mis padres, también en Guayama.  Después de la media noche entre 1:00 y 3:00 de la madrugada del miércoles 20, comenzó a sentirse aún más fuerte el viento, y luego entre 3:00 y 6:30 de la madrugada, era imposible no preocuparse por lo que venía para la Isla.

Los vientos huracanados se sintieron en Guayama con una fuerza extraordinaria.  Pienso que el viento superó más de 150 millas por hora con ráfagas que podrían oscilar entre las 175 y 180 millas por hora.  La fuerza del viento era capaz de provocar ─ como provocó ─ daños catastróficos en Guayama y en el resto de la Isla.  Pensamos que el viento abría de dañar la puerta principal de entrada a la residencia, ya que era tanto la fuerza del mismo, que era posible que cediera.  Afortunadamente, no ocurrió de esa manera.

La fuerza del viento hacía un susurro espantoso, ensordecedor, era como si mucha gente estuviera llamando a la puerta para que les abriera la misma.  Sonidos, gritos y hasta a veces alguien llorando, era lo que se sentía en la puerta, tratando de que alguien les diera albergue.  Alguien diría que son las “ánimas del purgatorio” buscando refugio.

Fueron horas espantosas.  Se esperaba que el ojo del huracán tocara tierra en algún punto entre Arroyo y Guayama; sin embargo, a las 7:30 de la mañana del día 20, tocó tierra por Yabucoa, en el extremo más suroriental de Puerto Rico.

Todos los que hemos experimentado la fuerza de un huracán, conocemos la terminología en torno a su estructura.  Que si el ojo, que si los vientos huracanados, que si los vientos con fuerza de tormenta tropical, que si la marejada ciclónica, entre otros que se utilizan en estos eventos de la naturaleza, se hicieron presentes ante su paso.  A mi entender, en la ciudad de Guayama se sintió la llamada calma del huracán, que es el punto por donde el ojo está pasando.  Y eso fue así, ya que entre 8:00 y 8:20 de la mañana, hubo una tensa calma tras la cual arreciaron los vientos en dirección contraria.  Aunque no he visto los reportes oficiales de este evento atmosférico ─ al momento de escribir esta nota ─ pienso que la presión barométrica en Guayama tuvo que haber sido una de las más baja registrado al paso de este evento atmosférico por la Isla.  Igual sucedió en los huracanes San Ciriaco de 1899 y San Felipe de 1928, que hago referencia en mi libro Historia de una ciudad: Guayama, 1898- 1930.

Entre las 10:00 de la mañana y 2:00 de la tarde, los vientos comenzaron a disminuir, muestra de que el fenómeno atmosférico se estaba alejando de la región.  Ya a eso de las 4:00 de la tarde, todo indicaba que había salido de la Isla.  Al parecer, el ojo, que había entrado por Yabucoa, había salido entre Arecibo y Barceloneta, según escuché en un reporte a eso de las tres de la tarde.  Al bajar la intensidad de los vientos, entonces se quedó por un par de horas adicionales la lluvia con más intensidad.  De hecho, todo el episodio de vientos huracanados estuvo acompañado de una intensa lluvia.  En cuanto a la lluvia, al parecer cayeron en todo Puerto Rico aproximadamente 30 pulgadas.  Es un evento sin precedentes.

Sobre el paso del huracán María por la Isla, cabe destacar un elemento que no se puede dejar pasar por alto, y es la desorganización del Gobierno Estatal para enfrentar la emergencia.  Le comentaba a mi padre en medio de la emergencia, que extrañaba los informes sobre el huracán que, en otros tiempos, se escuchaba a través de la radio.  Recuerdo que bajo la gobernación de Rafael Hernández Colón, durante el año 1989, cuando pasó por la Isla el huracán Hugo, el Gobernador estuvo todo el tiempo en comunicación con los habitantes, utilizando los medios de la radio.  Es más, en aquella ocasión los radioaficionados jugaron un papel fundamental en reportar eventos desde distintos lugares de Puerto Rico.  De esa manera, se tomaban acciones de alertas de emergencia.  Los radioaficionados, en la emergencia provocada por el huracán Hugo en 1989, salvaron vidas y estuvieron constantemente reportando incidencias a los centros de mandos del Gobierno en San Juan.  Es más, luego de pasada la emergencia, se sabía con exactitud las condiciones en que habían quedado caminos, carreteras, puentes, servicio eléctrico y de acueductos.  Eso no ocurrió en este evento de atmosférico de 2017.  Por lo que he escuchado, de muchos municipios a 12 horas de culminar el evento, no se sabía absolutamente nada.  En momentos en que escribo, de los municipios del interior de la Isla, se sabe muy poco.

En el evento del huracán María, todos los sistemas de comunicaciones de la Isla se cortaron.  Desde teléfonos celulares, líneas residenciales, y más preocupante aún, las radiodifusoras puertorriqueñas, que es el medio por excelencia que acompaña a la gente en estas emergencias, también dejaron de trasmitir.  Cayeron todos sus sistemas, desde antenas de satélites y retransmisores.   El miércoles en la mañana, en el instante en que cruzaba por la Isla el fenómeno atmosférico, las únicas emisoras que se mantenían al aire- y que captaba su señal en Guayama- era la WAPA Radio 680 AM San Juan, y a veces la WPAB 550 AM Ponce; la WEXS 610 AM Patillas que, al parecer operaba de manera automática, y además, la emisora Radio Victoria 840 AM de Yabucoa.  Todas las que dicen ser “las primeras con la noticia”, y aquellas que dicen estar y que “en el lugar de la acción”, y aquella que cuenta con un señor que dice “y que habla y saca la cara por el pueblo de Puerto Rico y hace las preguntas – y que – por el pueblo de Puerto Rico”, salieron del aire por completo.  Esas emisoras radiales que se jactan de ser los primeros en todos, fueron cayendo como un juego de dominó, una a una.  Las que mencioné arriba son las que estuvieron en el aire en toda o en gran parte de la emergencia.  Y según he escuchado, Radio Isla 1320 AM, con estudios en San Juan, se mantuvo al aire, pero de forma limitada.  La radioemisora líder en la emergencia cuando el huracán Hugo fue la WKAQ 580 AM San Juan.  Fue muy raro escuchar por la radio los alertas del “Emergency Broadcast Sistem” (EBS) o ahora le llaman el “Alert Emergency Sistem” (AES).

 

Al fallar el sistema de radiocomunicaciones, el país, pero más preocupante, el Gobierno Central, al parecer no sabía lo que había estaba ocurriendo en lugares tan distantes como: Utuado, Jayuya, Adjuntas, Rincón, Mayagüez, Ponce, Vieques y Culebra.  A 24 horas de pasar el evento, no se tenía noticias tampoco del Gobierno Central, ni mucho menos de sus dirigentes.  Ni un solo jefe de agencia, ni el Gobernador de la Isla, se había dirigidos a la gente por la única estación radial que había quedado en pie, WAPA 680 AM en San Juan.  (Luego de un llamado urgente del periodista Luis Penchi, el Gobernador hizo su aparición a los predios de la emisora).

A más de 18 horas de haber salido el ojo del huracán de la Isla, pudo verse el sol.  Y con ello, los puertorriqueños pudimos hacer las primeras inspecciones.  Yo, por supuesto, en la ciudad de Guayama.  Al salir de mi urbanización y ver los destrozos ocasionados por el huracán María al centro histórico de Guayama, mi primera palabra fue ‘devastador’.  El huracán destruyó casas antiguas en la Zona Histórica, la Plaza de Recreo Cristóbal Colón de Guayama, lo único que queda es el recuerdo de lo que fue hasta el 19 de septiembre, una plaza hermosa, con árboles frondosos (aunque sigue siendo).  Pienso que por lo menos una generación, no podrá disfrutar la plaza como lo hemos disfrutado la actual generación.  Vi destrozos en el comercio.  Gran parte de la infraestructura eléctrica, está en el suelo.  Postes que aguantan el tendido eléctrico, partido por la mitad, tanto de los de cemento y ni se diga los de maderas.  Puentes caídos y carreteras inservibles, es parte de la tragedia.  He visto muchas casas de madera que se les voló su techo de zinc; estructuras públicas como canchas y parques quedaron por completo destruidas.  Una deforestación total, que tardará muchos años en reponerse.  Hasta la icónica torre de comunicaciones de la antigua Puerto Rico Telephone Company  (hoy Claro) fue derribada por los vientos inmisericorde del huracán.  El aspecto de la ciudad es distinto.  Sin embargo, la cuadrícula[1], se mantiene en pie y vigente, como aquellos que la planificaron hace más de 150 años.  Está ahí.

Ahora, con la nueva vista de la ciudad, se destaca vibrante, fuerte y con esperanzas de que vuelva a tener su encanto y su brillo, la cúpula del templo Católico.  Ese edificio, que se asemeja a los edificios eclesiásticos en Italia, se yergue majestuosa, es el que domina el paisaje urbano de la ciudad, como lo fue en antaño.  Es el edificio más alto del centro urbano guayamés, que ahora reclama su atención desde cualquier punto cardinal de la ciudad.

Ciertamente, y no por ser pesimista, la Isla tardará tiempo en levantarse y volver al día anterior al evento.  Aún no he llegado a Cayey, pero supongo que la devastación debe ser igual de catastrófica.

(Este escrito fue redactado en manuscrito el Domingo, 24 de septiembre de 2017, y completado a las 3:38 p.m.)

[1] Diseño urbano del centro de la ciudad

por el Dr. Alexis Tirado Rivera

El Lienzo / por Roberto López

Al anochecer la fiesta se dio por concluida.  Atrapada por la observadora curiosidad de los pintores, Claricia tenía la mirada fija en Manolo el mesero.

Le siguió los pasos al verlo salir de la casona con el excedente de carne asada, camino hacia la desolada playa, donde los perros cansados y flacos descansaban en la vieja glorieta.

Los perros rodearon a Manolo y él los alimentó con la generosidad y ternura de San Roque.

Claricia quedó amelcochada y a toda prisa fue en busca de sus pinceles para dibujar aquella hermosa escena.

A su regreso ya las nubes habían cedido paso a luna llena y se tuvo que conformar con pintar el mundano paisaje de aquel humanoide velludo y con rabo bañándose en el mar.

Sin ningún desaliento, desde entonces y hasta el final de sus días alimentó y protegió a los perros desamparados.

©Roberto López

Jerusalén, Jerusalén… ¿capital de quién?

Dada la situación provocada por el presidente de Estados Unidos respecto a la ciudad de Jerusalen, o al-Quds, este escrito del teólogo Samuel Caraballo López contribuye a formar un sano juicio sobre lo que se debe hacer con la administración de esta ciudad para el bien de toda la humanidad.

Por Samuel Caraballo-López

 

“¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: “BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEŇOR.” (Mateo 23: 37-39)

 

En los pasados días, el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, reconoció a Jerusalén como la capital del Estado de Israel, y declaró su intención de establecer en ella la Embajada de los Estados Unidos. Esta decisión del Presidente no es un invento suyo, sino que desde el 1995 existía una Ley del Congreso para reconocer a Jerusalén como la capital del Estado de Israel y pedía al gobierno que trasladara su embajada a ella.  Sin embargo, ninguno de los Presidentes anteriores (los Bush, Clinton y Obama) se atrevieron a ponerla en práctica.  La pregunta que esta acción nos provoca es la siguiente: ¿Es esta decisión de Trump correcta a la luz de la realidad histórica de la ciudad de Jerusalén y del Medio Oriente?

Según algunos arqueólogos el origen de Jerusalén se puede rastrear hasta el siglo XXIV a. C, y fue fundada por pueblos semíticos[1].  Sin embargo, podemos situar con mayor exactitud a Jerusalén, cuyo nombre hebreo es Yerushalayim y en árabe es al-Quds, como una ciudad que fue conquistada y desarrollada a principio del siglo XIII a. C., por los jebuseos que eran descendientes de los hijos de Canaán, hijo a su vez de Cam hijo de Noé (Génesis 10: 6, 15-16).  De hecho, el profeta Ezequiel declara que el origen y nacimiento de Jerusalén es cananeo:

“Así dice el Señor Dios a Jerusalén: Por tu origen y nacimiento eres de la tierra del cananeo, tu padre era amorreo y tu madre hitita.” (Ezequiel 16: 3)

La ciudad de Jerusalén se alzaba sobre una pequeña colina de 100 metros de altura, llamada Ofel, en el país de Canaán[2]. Los jebuseos toman la decisión de conquistar dicha ciudad y pasó a llamarse Urushalim, que significa “fundación de Shalim”, porque Shalem era el dios jebuseo del crepúsculo, al cual ellos le habían dedicado un santuario en lo alto de la colina.

Con el paso del tiempo los jebuseos se dieron cuenta de que era necesario proteger su ciudad con un muro de defensa, a fin de hacerla más segura frente a las constantes incursiones de los pueblos vecinos. Y así fue edificada una fuerte muralla alrededor del poblado, la cual se convirtió en la primera fortificación que tuvo Jerusalén en su historia, y la que la transformó en una verdadera ciudad.

Durante la conquista de Josué, la tribu de Judá, aunque parece haber obtenido algunas victorias sobre los jebuseos (Jueces 1: 8), no pudieron expulsarlos de su ciudad (Josué 15: 63), y de igual modo ocurrió con la tribu de Benjamín (Jueces 1:21), lo que presupone el establecimiento de pactos de convivencia entre ellos hasta el momento en que se redacta el texto de Josué y Jueces.   Es de vital importancia para nuestro escrito citar estos textos:

“Los descendientes de Judá no pudieron expulsar de la ciudad de Jerusalén a los jebuseos, así que hasta el día de hoy estos viven allí junto con los descendientes de Judá” (Josué 15: 63 NIV).

“En cambio, los de la tribu de Benjamín no lograron expulsar a los jebuseos, que vivían en Jerusalén. Por eso hasta el día de hoy los jebuseos viven con los benjaminitas en Jerusalén” (Jueces 1:21 NIV).

Según las Sagradas Escrituras Jerusalén, fue conquistada por el Rey David en el siglo XI a. C, y convertida en la capital del Reino de Israel (2 Samuel 5: 6-10), el texto de 1 Crónicas 11: 4-9, parece ser una construcción textual posterior.

Hay varias razones importantes para que David tomara la decisión de conquistar a Jerusalén, aun cuando parece haber existido un acuerdo de paz entre las tribus israelitas y los jebuseos que había durado decenas de años.

David llevaba ya cerca de 7 años (2 Samuel 5: 5) como rey de Israel, cuando posiblemente se percató de un problema interno en el país. La ciudad desde donde él reinaba era Hebrón, y se hallaba en la región sur del territorio, lo que provocaba cierto grado de desconfianza para las tribus asentadas en el norte.  De hecho, la realidad tribal de principios de la monarquía hacia que las tribus del norte no vieran con buenos ojos un monarca procedente del sur, y que a su vez gobernara desde el sur.  La posibilidad de una división estaba latente en Israel. De hecho, este temor se materializa posteriormente durante el reinado de Roboam, hijo de Salomón (1 Reyes 11: 28-40; 12: 8-20). Por lo tanto, era necesario encontrar una capital más al norte, que pudiera ser vista como neutral por todas las tribus israelitas.  El mejor lugar era Jerusalén.

Jerusalén geográficamente tenía unas ventajas, ya reconocida por los jebuseos.  Además, contaba con una fuente de agua aledaña, lo cual resultaba indispensable para la supervivencia en aquella calurosa región. También se hallaba rodeada de profundos valles lo cual le ofrecía una excelente protección en caso de un ataque militar enemigo. David se dio cuenta de que Jerusalén era la ciudad que necesitaba.

Jerusalén

Jerusalén se encontraba estratégicamente ubicada, tenía poderosas murallas, estaba justo a mitad de camino entre el norte y el sur. Y, lo más importante, se trataba de una ciudad perfectamente neutral, ya que nunca había pertenecido a ninguna tribu hebrea. Dada esta realidad, David, tomó la decisión de marchar contra Jerusalén y capturarla.

Si miramos los textos de 2 Samuel 5: 6-9, el ataque, lo realizó David “con sus hombres” (verso 6), es decir, con el pequeño ejército personal que él tenía, y no con el ejército regular formado por las tribus israelitas. De este modo, el triunfo se debería sólo a David, y no a las tribus hebreas, además que no quería comprometer a las tribus a violentar su pacto con los jebuseos.  Esta estrategia que parecía incorrecta militarmente era políticamente correcta.

No hay duda de que el ataque de David a la fortaleza jebusea tomó por sorpresa a los últimos, posiblemente por los pactos de no agresión existentes. Las expresiones enigmáticas que se dan por parte de los jebuseos antes de la batalla pueden dar la clave para entender esta toma de Jerusalén, que se narra en solamente 4 versos, y carente de detalles por parte del hagiógrafo: “No entrarás aquí; aun los ciegos y los cojos te rechazarán” (verso 6).  Según algunos comentaristas lo que realmente estaban haciendo los jebuseos era recurrir a maldiciones y maleficios sobre el Rey David, por haber violentado el pacto antiguo de no agresión entre las partes[3]

En efecto, actualmente los arqueólogos han descubierto que en muchos tratados y pactos antiguos solía recurrirse a la magia, maldiciones y maleficios, como una manera de obligar a cumplirlos y de amenazar a quien los rompiera. Y eso fue lo que, según el texto bíblico, hicieron los jebuseos con David y sus hombres: les recordaron que, en caso de atacar la ciudad, serían como ciegos y cojos, es decir, caerían sobre ellos el hechizo y las maldiciones que ambos habían pronunciado. Por eso el relato aclara: “Lo que querían decir era: No debe entrar David aquí” (verso 6 c).  Sin embargo, David conquista la ciudad de Jerusalén, utilizando las estrategias de dejarlos sin agua, hasta que se vieron obligados a rendirse (vea verso 8)[4].  De inmediato establece su fortaleza en ella y la llama su ciudad, reforzando sus murallas (verso 9).

Luego de este breve recuento histórico de la Jerusalén antigua, analicemos varios aspectos a considerar para la evaluación de la decisión del Presidente Trump:

Primero, no es cierto que Jerusalén haya sido la capital milenaria de Israel, porque sus orígenes son mucho antes de la conquista de la tierra prometida por Josué (Inclusive vea Génesis 14: 18-20)[5].  Segundo, aún cuando las tribus de Judá y Benjamín trataron de conquistarla no lo lograron del todo, y se vieron obligados a convivir con los jebuseos, lo que parece indicar la existencia de pactos entre las partes.   El hecho de que David lo conquistará a inicios de su reinado, y lo parco de la narración de 1 Samuel 5, indica que no fue un evento en que la mano de Yahvé se manifestara como en otras conquistas. De hecho, da la impresión de que la conquista de David sobre Jerusalén, que tenía primariamente intenciones políticas, fue una violación de un pacto de convivencia antiguo.

Cuarto, el actual Estado de Israel como estado desde hace 69 años (1948).  Jerusalén primero fue una ciudad cananea (jebusea) antes de la conquista hebrea, y no fue hasta la monarquía davídica que es tomada y llamada ciudad de David.  Luego esa ciudad fue ocupada sucesivamente por diversos pueblos a lo largo de la historia: jebuseos (cananeos), judíos, romanos, palestinos, musulmanes, cristianos de occidente, turcos, británicos.

Quinto, Jerusalén es reconocida como ciudad sagrada por tres religiones, que tienen sus monumentos conmemorativos en ella: El muro de las Lamentaciones (Judaísmo), la Mezquita de la Roca (Islam), y el Santo Sepulcro (Cristianismo).

¿Cuál es la solución más sabia, frente al reclamo conflictivo que hacen las diferentes religiones sobre Jerusalén?

Jerusalén2

En anteriores artículos he repetido la siguiente propuesta: Dado que Jerusalén es ciudad santa para tres religiones y reclamada como capital política por palestinos e israelitas, la ciudad requiere de un concordato para ser administrada por la comunidad internacional como se acordó en la Resolución 181 del 1947.  Esta ciudad debe ser patrimonio de la humanidad, sin restricciones para los creyentes de dichas religiones en diversas partes del planeta tierra.

Ahora bien, hay una segunda opción que tiene un fundamento bíblico e histórico y es establecer pactos de convivencia entre los reclamantes de la ciudad, que podría convertir la parte occidental de Jerusalén Occidental en capital del Estado de Israel y la parte Oriental en la capital del Estado Palestino.  Me pregunto, ¿si los jebuseos y los israelitas pudieron establecer pactos de convivencia en Jerusalén previos a la conquista de David, porque en la actualidad no se pueden realizar los mismos?  Meditemos.  Muchas bendiciones.

Notas

[1] Esta es la teoría de la arqueóloga Dame Kathleen Mary Kenyon (1906 –1978), que fue una destacada arqueóloga inglesa, especialmente de la cultura del Neolítico en la Creciente fértil y en las excavaciones de Jericó entre 1952 y 1958.

[2] Vea, Álvarez Valdés, Ariel.   ¿Cómo fue la conquista de la ciudad de Jerusalén? Revista Didascalia, No. 531, año LIV, 2000.  Accesada el 20 de diciembre de 2017, en http://www.mercaba.org/FICHAS/Didascalia/0como_fue_conquistada_la_ciudad_d.htm

Samuel Caraballo López

Reproducido del blog Sin Miedo a Pensar

De huracanes y postes del tendido eléctrico / por Roberto Quiñones Rivera

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Tras el paso de los huracanes Irma y María por nuestro terruño se ha visto la triste realidad y conocido la verdadera crisis. Desde el azote estamos padeciendo lo que conlleva perder los servicios básicos que nos impone el progreso.  Los huracanes también dejaron expuesto el problema causado por unos postes de madera en la urbanización La Monserrate que son motivo de preocupación para la hilera de casas que colinda con el Río Salinas.

La urbanización, que fue construida a fines de la década del cincuenta, se compone de unas 83 viviendas y su bloque D colinda por el oeste con el Río, que aunque es un río tranquilo, ya que no tiene corrientes de agua vivas, cuando la naturaleza lo determina se vuelve peligroso causando inundaciones cuyas aguas han llegado hasta la Plaza Las Delicias de Salinas en varias ocasiones.

Temiendo que las las crecidas del río afectaran sus vidas y propiedades los vecinos residentes del bloque D solicitaron al alcalde de esa época, Társilo Godreau, iluminar la parte colindante con el río utilizando la línea de postes existentes detras de las casas desde los cuales se conecta el servicio de energía eléctrica en los bloques C y D.  La gestión del alcalde fue exitosa y la Autoridad instaló los focos que iluminarían la ribera del río.

Cerca de 15 años más tarde, la AEE sorprendió a los residentes con una comunicación que indicaba que tenían que pagar un retroactivo por el consumo de luz de dichos postes.  Alegaban que los postes cumplían un fin privado porque los focos alumbraban los patios de las residencias y no hacia el río.  Recuerdo vagamente que mi cuenta sobrepasaba los doscientos dólares y la amenaza de que si no pagaba se llevarían los focos instalados.  Por supuesto que varios vecinos se opusieron y se negaron a pagar  y  ademas se exigió que no removieran los focos.  De esto van cerca de 15 años ya y lo único que hizo la AEE fue que dejaron de dar servicio de mantenimiento a los postes: bombilla fundida, bombilla que nunca se han sustituido.  En  específico a uno de los postes situados en la colindancia con mi terreno,  hace más de 10 años, le pusieron una franja de metal de cuyo contenido me enteré recientemente. La marca advierte al personal de la AEE que el poste está podrido y que tenían que tener cuidado al trabajar en el mismo.

Por supuesto los huracanes Irma y María se han encargado de que los dos postes situados en mi terreno tendrán que ser sustituidos porque quedaron en muy mal estado y constituyen un grave peligro ya que con una brisa adicional caerán sobre la casa.

En diciembre, mientras me encontraba en los Estados Unidos restablecieron el servicio eléctrico en la urbanización.  Por no encontrarme en la isla no pude aplaudir ni gritar cuando llegó la luz.  Pero cuando regresé me esperaba una sorpresa.   La instalación que hizo la AEE me defraudo al punto de que si hubiera estado en la casa no hubiera permitido que instalarán la electricidad. Luego de invertir más de cien dólares en comprar materiales, que ellos mismos me recomendaron, no los utilizaron y la trenza que alimenta la casa la bajaron desde mismo poste podrido del que originalmente se conectaba la casa.  El problema es que este poste está a un soplo de viento de 30 millas para caer sobre la casa.  Usaron el mismo poste que desde hace más de 10 años está identificado por la propia  AEE  con un rótulo de metal que indica que está podrido y que advierte a los celadores que no lo suban porque puede partirse o caer. De modo que activaron la luz del sector utilizando los postes podridos a punto de caer sin considerar que es primera prioridad evitar riesgos a la vida.

©Roberto Quiñones

El apagón post Huracán María / foto de Eugenio Martínez Rodriguez

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Estampa del apagón post Huracán María

Mirando esta foto uno podría pensar que es la expresión poética del encuentro esplendoroso de un fotógrafo con un paisaje nocturno.  También especular sobre los estados de ánimo que motivan el vínculo entre el espectador y el paisaje.   Amor o desamor,  felicidad o congoja, tranquilidad o miedo.  Pero cuando se mira bien o se conoce el motivo del autor se descompone la sensación inicial que produce la imagen.

El sujeto y punto de enfoque se altera y el que era antes pasa a segundo plano.  Ahora no es necesariamente el contraste entre sombra y luz. La mirada entonces se enfoca en lo que apenas sale de la sombra, en lo que apenas alumbra la luz.  Y ahí, en el casi centro de la foto, se activa el verdadero estado de ánimo del fotógrafo, lo que quiere expresar.  Los postes, el foco y el alambrado eléctrico entretejidos entre la sombra y la luz natural nos sugieren sutilmente falta de luz eléctrica. La composición, tal ves intencionalmente, tal vez involuntariamente, trasmite el mensaje de que se está en medio de un apagón eléctrico.

Esta foto, tomada por el Lcdo. Eugenio Martínez Rodriguez, abrumado por tantos día sin luz y energía eléctrica es ciertamente un documento para recordar el apagón post huracán María visto desde La Playa de Salinas.

Texto: Sergio A. Rodriguez Sosa /  Foto: Eugenio Martínez Rodríguez

In Memoriam : Héctor Vázquez Franco

Héctor Vázquez Franco comenzó desde su adolescencia, a identificarse con las causas justas en favor de los desvalidos. Líder estudiantil, comunitario, cultural, social y patriótico. Su entrega familiar fue incondicional. Además fue miembro fundador del Comité Comunal Playa/ Playita, del periódico Salinas Hoy, Arte Sur, Comité para el Desarrollo de Salinas (PUEDES) y del Comité para el Desarrollo Social y Cultural del Coquí. Además, fue un gran humanista y por ello, su espíritu anidará eternamente en los corazones de los que tuvimos el privilegio de compartir luchas y quehaceres con él. Descansa en paz compañero.

Un centenario a oscura: llegó la luz eléctrica a Salinas

Por Sergio A. Rodríguez Sosa

A uno días de finalizar el año 2017 cabe recordar el centenario de un evento especial en la historia de Salinas: la llegada de la luz electrica en 1917.

Tras el paso del poderoso Huracán María el 20 de septiembre pasado todo Puerto Rico quedó sin energía eléctrica.  El ruido ensordecedor de las poderosas centrales eléctricas de Aguirre cesó. Todas las demás generadoras eléctricas del país se apagaron.  Un apagón general cubrió de oscuridad las noches borincanas seguido un de generalizado malestar por el lento y desacertado proceso de respuesta y reconstrucción de las autoridades gubernamentales.[1]

Después del huracán, las noches en los llanos y las guindas de Salinas estaban a oscura, sin alumbrado eléctrico.  Tal como era en septiembre de 1917, hace cien años.   Precisamente en aquel momento de 1917 se instalaba en la Salinas un sistema de energía eléctrica alimentado por la central hidroeléctrica de Carite.  Poco a poco los alrededores de la plaza y las calle del pueblo dejaron de alumbrase con faroles de gas, para dar paso a la iluminación eléctrica.

La electricidad siempre ha existido, es un fenómeno natural que el ser humano descubrió temprano en la historia pero que no supo utilizar durante miles de año.  Si examinamos la historia de la humanidad, nos damos cuentas que los grandes avances tecnológicos ocurren cuando se comienza a producir y distribuir energía eléctrica en gran escala.

La producción comercial de energía eléctrica en Puerto Rico comienza a finales del siglo 19. Aunque en 1893 un hacendado instaló en su finca en Villalba una planta eléctrica traída de España, no fue hasta 1897 que empresas privadas comenzaron a comercializar la energía eléctrica en Puerto Rico.

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El gobierno entró en el negocio de producir energía eléctrica luego de la creación del Servicio de Riego de la Costa Sur.  Para desarrollar un sistema de riego en la costa sur se construyeron embalses en Patillas, Guayama y Juana Díaz.   La construcción de represas dio paso a la idea de establecer en 1915 la primera planta hidroeléctrica del gobierno en el embalse de Carite.  Ese mismo año el gobierno inició un programa de electrificación de ciudades y pueblos comenzando con San Juan.

En 1915 el municipio de Salinas, encabezado por el alcalde Julio Benvenuti  y el Concejo Municipal, presidido por Epifanio Vázquez, decidió instalar un sistema de alumbrado eléctrico en la zona urbana de Salinas.  Como primer paso el alcalde envió una carta al jefe del riego de Guayama.  El Concejo Municipal, como consecuencia de la respuesta, comisionó al alcalde para que se trasladara a San Juan a presentar la propuesta y trae a consideración del Concejo los trámites que se deban realizar respecto a permisos, contratos y financiamiento del proyecto[2].

El 3 de junio de 1915 se acordó solicitar al Concejo Ejecutivo de Puerto Rico una franquicia para operar un sistema de distribución eléctrica derivado de la planta hidroeléctrica de Carite. En la solicitud el municipio se comprometió asumir todos los gastos derivados de dotar de alumbrado eléctrico a la población.   Para asumir esos gastos se acordó solicitar al Tesoro Insular un empréstito o anticipo de $4000.[3]   A lo largo del proceso el monto final del empréstito o anticipo solicitado fue de $6,000 y para la obra se aprobó un contrato con el contratista Joaquín Conesa de $7,300.[4]

En los meses subsiguiente de 1915 el municipio realizó gestiones encaminadas a instalar el alumbrado eléctrico.  El Concejo Municipal de Salinas fue informado de que se estaban confeccionando los planos para la distribución eléctrica en Guayama. El 30 de septiembre se solicita al Comisionado del Interior de Puerto Rico que ordenara al ingeniero encargado de ese trabajo que se ocupe también de diseñar los planos para la instalación de la planta eléctrica de Salinas, reiterando que los gastos originado son por la cuenta del municipio.[5]   En octubre de 1915 el Consejo Ejecutivo de Puerto Rico le concedió al municipio la franquicia para instalar y operar un sistema de energía eléctrica.[6]

Durante el año de 1916 las gestiones se centraron en obtener el financiamiento de la obra. Mientras tanto, la Comisión de Riego, la entidad encargada de la producción y distribución de energía eléctrica con la planta de Carite, daba los primeros pasos para levantar líneas de trasmisión eléctrica en Salinas.  El 24 de enero de 1916 el Concejo Municipal se enteró que el gobierno estatal le concedió un permiso a la Comisión de Riego para construir un pequeño desvío en el camino de Lapa, sitio Las Marías, para realizar en ese predio las obras necesarias relacionadas con la instalación de la luz eléctrica en la zona urbana de Salinas.[7]

En una ordenanza aprobada el 10 de agosto de 1916 se hace constar la concesión de la franquicia otorgada en 1915 para instalar y operar un sistema de energía eléctrica y se indica que los planos y el presupuesto de la obra están certificados y aprobados por el Departamento del Interior de Puerto Rico.  Se indica además que el total de la obra asciende a $7,500 de los cuales el municipio había asignado en el presupuesto vigente $1500.  La ordenanza establece que los restantes $6000 se obtendrían de un préstamo al American Colonial Bank  pagaderos en 4 plazos anuales terminando en el presupuesto de 1920-1921.

El empréstito con ese banco no se realizó y fue finalmente el Tesoro de Puerto Rico quien prestó el dinero para realizar la obra.  Ante la duda de si el Tesoro de Puerto Rico financiaría la obra se acudió a la banca privada.  Dado los compromisos asumidos el ayuntamiento acordó presentar ante la Comisión de Hacienda del Concejo Ejecutivo de Puerto Rico una petición para que se aprobara el préstamo solicitado poniendo de relieve ante ese cuerpo la difícil situación que se le habría de crear al municipio si un anticipo del Tesoro no fuera aprobado prontamente.[8]

Uno de los plano para electrificar a Salinas, 1916

Uno de los plano para electrificar a Salinas, preparado en 1916

Las gestiones encaminadas a  obtener el financiamiento del proyecto de energía eléctrica fueron dando frutos.  El 28 de septiembre se aprueba un presupuesto supletorio de 1916-1917 donde se incluyen tres partidas para el proyecto.[9]

Instalación del alumbrado eléctrico en la población   $1,500.00
Instalación eléctrica en los edificios públicos                   $150.00
Compra corriente eléctrica                                               $1,300.00

De igual forma, antes finalizar el 1916 se comunica que el préstamo para financiar la obra lo otorgará el Tesoro de Puerto Rico.  Para tramitar el financiamiento el Concejo Municipal adopta por unanimidad una ordenanza solicitando autorización del Concejo Ejecutivo para contratar un anticipo del Tesoro de Puerto Rico por la cantidad de $6000 pagaderos a cuatro años con intereses de 4.5% anual para dedicarlos mayormente a la  instalación del sistema de alumbrado eléctrico en Salinas.[10]

Para proceder  con el proyecto el Concejo Municipal, mediante ordenanza, aprobó los planos, presupuesto y otros documento confeccionados por el Departamento del Interior de Puerto Rico y autorizó al Comisionado del Interior para que procediera a anunciar y realizar la subasta del referido sistema de alumbrado eléctrico.  De igual manera, ordenó pagar la preparación de planos, presupuesto, etc. de la obra.[11]

Aunque se tenía previsto suspender el contrato del alumbrado público de gas que suplía el contratista Juan Lloréns en abril de 1917 fue prorrogarlo hasta junio debido a que no habían empezado los trabajos de instalación del alumbrado eléctrico.[12] Asimismo se ordenó pagar a los periódicos los anuncios de la subasta.

El 20 de agosto de 1917 el Concejo Municipal autoriza al Comisionado del Interior a extender por la calle Luis Muñoz Rivera la línea de trasmisión de la planta de Carite según propone el comisionado en una carta del 14 del mismo mes. En dicha carta se requiere al alcalde Julio Benvenuti que se traslade a San Juan y deje ultimado este asunto en la forma más ventajosa para el municipio.[13]

Mientras tanto,  el municipio continúa ultimando detalles y asignando fondos para el proyecto. El 27 de septiembre se aprueba un presupuesto supletorio que incluía partidas para continuar con los trabajos de la instalación del alumbrado eléctrico, la compra de materiales para ese fin y la electrificación de los edificios públicos.[14]

Anticipando que ese octubre se comenzaría a suministrar energía eléctrica para el público, en esa misma sesion el concejo Municipal aprobó dos ordenanzas destinadas a atender los requerimientos técnicos y comerciales del sistema.

La primera de ella fijando las tarifas y condiciones para la venta de energía eléctrica al público. Las tarifas aplicaban a residencia y comercio y con dos tipos de servicio: alumbrado solamente o alumbrado y energía eléctrica para mover motores y aparatos eléctricos. Se establecían precios sin contador y con contador.

La segunda ordenanza reglamentaba el modo y las condiciones del suministro de luz y energía eléctrica al público. El reglamento establecía entre otras cosas el costo de conectar una casa o negocio al sistema, los requisitos de la instalación eléctrica interior para conectar una estructura al sistema, el cumplimiento con los códigos de seguridad y el uso ilícito de la energía eléctrica.

A partir de ese momento comenzaban a alumbrarse poco a poco las calles, edificios y viviendas del pequeño poblado de Salinas.  Mediante contrato con el Departamento del Interior, la energía eléctrica la compraba el municipio al Sistema de Riego, la suministraba la planta hidroeléctrica de Carite y la distribuía y cobraba el municipio.[15]

En 1918 se continúa electrificando la población incluyendo dotar de un motor eléctrico al acueducto y la compra de materiales para completar las obras de instalación eléctrica en el hospital y en la casa alcaldía.

En de mayo de 1918 se presentó el proyecto de presupuesto para 1918-1919 en el que se estiman ingreso por cobro de electricidad de $800.00.  Igualmente se incluían partidas de los gastos relacionados con el servicio de energía eléctrica como los salarios del inspector eléctrico municipal  y el vigilante de alumbrado público.  Asimismo partidas para la compra de energía eléctrica y la adquisición de materiales para ampliar y mantener el sistema.[16]

A partir de entonces se inicia un lento proceso de electrificación en Salinas. A mediados de la década del 1940 el 88%  de la población rural de Puerto Rico carecía de energía eléctrica.  En Salinas únicamente el poblado fabril de la Central Aguirre contaba con electricidad. No es hasta principio de la década de 1950 que se logra electrificar la totalidad de los barrios de Salinas.

Cien años despues de la llegada de la electricidad a Salinas, conmemoramos este hecho histórico en medio del apagón más largo en la historia de Puerto Rico.  Cien días después del inicio del apagón de los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre de 2017 la mayoría de los habitantes de Puerto Rico carecen del servicio eléctrico de la AEE.

[1] Véase  noticias y columnas en los periódicos nacionales de los días y meses siguientes al huracán.

[2] Archivo Municipal de Salinas. Concejo Municipal. Libros de actas, 1915-1919. Acta, 20 de mayo de 1915. p 50 (Se citará en lo sucesivo como AMS-CM)

[3] AMS-CM. Op.cit. Acta, 3 de junio de 1915. pp 52-55

[4] Vázquez Bernard de Rodríguez, Ligia.  Salinas de sal y azúcar: su historia 1508-1950.  p.169

[5] AMS-CM. Op.cit. Acta, 30 de septiembre de 1915. pp 84-85

[6] AMS-CM. Libros de minutas, 1915-1919. Minuta, 28 de octubre de 1915. p 33

[7] AMS-CM. Op.cit, Acta, 24 de enero de 1916. pp 100-106.

[8] AMS-CM. Op.cit, Acta, 10 de agosto de 1916. p 137.

[9] AMS-CM. Id. Acta, 28 de septiembre de 1916. p 147.

[10] AMS-CM. Id. Acta, 24 de octubre de 1916. p 150

[11] AMS-CM. Id. Acta, 8 de marzo de 1917. pp 156-157.

[12] AMS-CM. Id. Acta, 14 de abril de 1917. pp 160-161

[13] AMS-CM. Id. Acta, 20 de agosto de 1917. pp 175-176

[14] AMS-CM. Id. Acta, 27 de septiembre de 1917. pp 179-186

[15] AMS-CM. Op.cit, Acta, 11 de octubre de 1917. p 187

[16] AMS-CM. Id. Acta, 16 de mayo de 1918. pp 203-205

 

Bibliografia

Archivo Municipal de Salinas.  Consejo Municipal.  Libros de actas, 1915-1919.

Archivo Municipal de Salinas.  Consejo Municipal.  Libros de minutas, 1915-1919.

Autoridad de Energía Eléctrica.  Pinceladas de nuestra historia.  San Juan, Puerto Rico. Autoridad de Energía Eléctrica, 2016. Disponible en: https://www.aeepr.com/Aeees/historia.asp

Agosto Flores, Linda M.  Historia de la Autoridad de Energía Eléctrica, Parte 1. San Juan, P.R. Asociación de Jubilados de la Autoridad de Energía Eléctrica, 2017.  Disponible en: http://ajaee.org/2017/08/09/historia-de-la-autoridad-de-energia-electrica-parte-1/

Historia del desarrollo de la electricidad.  Caracas: Centro de Conocimientos.  Disponible  en: http://vicentelopez0.tripod.com/Electric.html

Vázquez Bernard de Rodriguez, Ligia.  Salinas de sal y azúcar: su historia, 1508-1950.  Hato Rey, P.R.:  Editorial Casa de Mayo #13,  2000.

Parpadeando : recorrido / por Rima Brusi

Recorrido

Llevo ya algún tiempo viviendo acá (¿o allá?) en el país que hace más de un siglo se proclamó a sí mismo dueño del mío. Al principio y durante un par de años, trabajo en una ciudad que no me recibe ni mal ni bien, porque es una ciudad que verdaderamente no “recibe”, punto. Una ciudad en donde se amigan los adinerados y los poderosos. Donde pasan cosas y a la vez no pasa nada. Donde coexisten, sin llegar a convivir, los importantes y los invisibles, la velocidad y la lentitud.

Mi recorrido matutino comienza saliendo de la mano de mi hijo menor por la puerta de un gran edificio de apartamentos.

A nuestro alrededor, los empleados de empresas, ONG’s y gobierno caminan rápidamente. Son muchos, y suelen ser esbeltos y blancos. Llevan audífonos en las orejas. Visten los colores claros y brillantes del verano.

A nuestro alrededor hay también jardineros. Son muchos, y suelen ser salvadoreños o bolivianos. Llevan herramientas en las manos. Visten mamelucos pardos pero siembran flores en los colores claros y brillantes del verano.

Nos subimos al tren. Llevo meses viajando en tren, pero no se me pasa la sensación de novedad: el tren me encanta. Los vecinos se burlan cariñosamente de mi entusiasmo. El tren, me dicen, anda siempre atrasado, sus escaleras siempre están averiadas, está muy lleno, a veces apesta. Pero a mí me resulta liberador. Aún en el rush hour, aún con el codo de un desconocido en mis costillas, aún escuchando las protestas de mi pequeñín, que pregunta en voz chillona y en dos idiomas dónde nos hemos dejado la miniván, aún entonces, sonrío y me regodeo por un momento en mi nueva condición de peatona.

Nos bajamos en la estación de Foggy Bottom y caminamos media milla hasta el campamento de verano. Allí suelto a mi pequeño acompañante y emprendo el camino hacia el trabajo. Todas las mañanas le paso por el lado a unos ocho homeless. Así les llaman acá a las personas sin hogar, a las personas que en Puerto Rico llamamos deambulantes.

Son una presencia familiar en esta ciudad. Suelen ser negros y por lo general muy gruesos. Se mueven, cuando se mueven, con lentitud. Las más de las veces, están más bien estacionarios. Y tiene sentido que lo estén, porque llevan su vida a cuestas: en un carrito de compra, en un coche de bebé sin bebé, sobre sus mismos cuerpos abultados, llevan los sleeping bags, los bártulos varios, los mementos de la guerra, lo que les queda de la vida que se fue, de la vida que se va.

Les rodea y les sirve de contraste la masa ágil y atractiva de tantos otros seres, tan distintos, tan blancos, tan delgados, tan bien vestidos, tan livianos, tan veloces, seres que no tienen que llevar su vida a cuestas porque la ubican, la ordenan y la decoran en otras partes: en viajes, en apartamentos, en sus agendas, en sus teléfonos “inteligentes”, en el futuro.

Uno de los hombres sin hogar suele plantarse, obstinadamente, en un banco del parque. Lleva su vida en un carrito verde de supermercado, al cual protege del clima y las miradas curiosas con una manta decorada con el águila y la bandera americanas. Abandona su banco una o dos veces a la semana, expulsado del parque por un policía desganado y mustio que suele ubicarse en una esquina cercana y cuyo mantra puedo adivinar, y en cierto modo compadecer, desde mi caminar: I’m just doing my job.

Al principio me costaba reconocer a los deambulantes en Virginia y D.C. Tal vez porque realmente no “deambulan” mucho. Los homeless más visibles en Puerto Rico suelen ser muy distintos: flacos, móviles, cargados con pocas cosas, pidiendo dinero de carro en carro en las luces rojas. Las etiquetas que usamos para nombrar a unos y otros le hacen eco a esa diferencia: una implica movimiento, la otra desamparo. Puede ser que tome, además, cierto grado de familiaridad, esto de reconocer y asignarle el nombre culturalmente adecuado a la pobreza, o a cualquier otra cosa.

Voy llegando a la acera frente a la Casa Blanca. Una masa de hombres sonrientes que identifico, por su apariencia y lenguaje, como provenientes de algún país del este de Asia (primero pienso “chinos”, pero me corrijo rápidamente), surge de un lujoso autobús. El hormiguero en movimiento se bifurca y me rodea al enfrentar el inofensivo obstáculo que representa mi cuerpo, este cuerpo (¿exiliado/ migrante?) que a veces me pesa y otras flota. Me imagino una cámara filmando la escena desde arriba; ellos (turistas, muchos, cargando con mochilas y cámaras) caminando rápidamente en dirección norte, y yo (residente, sola, cargando con carpetas y nostalgias) caminando lentamente en dirección sur. Me sorprendo preguntándome si el tour bus será una suerte de diáspora artificial, pasajera, cómoda, densa. Si la escena será un agüero, o la metáfora torpe, escurridiza, de alguna cosa relativa a mi vida, a este extraño país, a la historia, o al mundo.

Y es que cuando una empieza con esto de la escritura distante (¿exiliada?¿migrante?), comienza también a atisbar significado en todas partes. Es una especie de paranoia tristona y gentil, la del escritor perseguido por todo lo que se asoma pero no se deja ver. Por una idea, por un recuerdo, por un dolor, por un color, por un olor. Por una isla, por un paisaje, por un amor, por un fantasma.

Buscando la resiliencia de Puerto Rico

Por: Víctor Alvarado Guzmán

Es posiblemente el término de moda, el que más se repite y menciona en Puerto Rico después del embate del huracán María.

Sin 2017-11-11%2B09.19.45.jpgembargo, la palabra “resiliencia” tiene un significado, bagaje y trayectoria que se remonta al siglo pasado.
Según la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la expresión proviene del término inglés “resilience”, el que a su vez deriva del latín “resiliens”, que significa “saltar hacia atrás, rebotar” o “replegarse”.

La RAE, además, la define como la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adverso. Una segunda definición establece que es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

Desarrollo del concepto

El concepto “resiliencia” emana en parte de los proyectos de investigación de la doctora Emmy Elizabeth Werner.

Werner, quien nació en Alemania en el año 1929 y emigró a los Estados Unidos en 1952, fue profesora en el Departamento de Desarrollo Humano y Comunidad de la Universidad de California (UC Davis). Además fue miembro de la American Psychological Association (APA), de la Society for Research in Child Development (SRCD), del Institute of International Education (IIE) y de Psi Chi (Sociedad de Honor Internacional en Psicología).

En el año 1955, llevó a cabo un estudio en la isla hawaiana de Kauai, con una muestra de 700 niños recién nacidos que procedían de familias en situaciones desfavorables de pobreza, enfermedades mentales y alcoholismo, entre otros.

En su investigación titulada “Vulnerable but Invencible. A Longitudinal Study of Resilient Children and Youth” (Vulnerable, pero invencible. Un estudio longitudinal de niños y jóvenes resilientes), Werner intuía que a los 30 años de seguimiento confirmaría que estos niños desarrollarían patologías de múltiple índole.

Efectivamente, al tiempo parte de la muestra confirmó esa hipótesis. La sorpresa, sin embargo, la obtuvo cuando el 30 por ciento de los elegidos no desarrolló patología alguna e, incluso, llevaba una vida plena, con desarrollo sano y positivo.

Estos niños resilientes tenían algo en común: todos contaban con al menos una figura de apego (no necesariamente un familiar) que les aceptaba incondicionalmente, independientemente de sus características físicas, inteligencia o temperamento.

De manera que la doctora Werner concluyó: “la influencia más positiva para ellos es una relación cariñosa y estrecha con un adulto significativo”.

Resiliencia comunitaria

El concepto de resiliencia experimentó más cambios a partir de la década de 1960. En un principio, se interpretó como una condición innata, luego se enfocó no solo en factores individuales, sino familiares, comunitarios y, actualmente, culturales. De hecho, investigadores del siglo XXI entienden la resiliencia como un proceso comunitario y cultural.
En el caso de la resiliencia comunitaria, se trata de un concepto latinoamericano desarrollado teóricamente por el doctor Elbio Néstor Suárez Ojeda.

Con más de 15 años dedicados al tema, Suárez Ojeda es director del Centro Internacional de Investigación y Estudio de la Resiliencia en la Universidad Nacional de Lanús, Argentina: una entidad con sede en varios países que funciona por convenio entre una fundación holandesa y universidades nacionales situadas en áreas problemáticas de cada país.

Tras completar numerosos estudios, Suárez Ojeda observó que cada desastre o calamidad que produce dolor y pérdida de vidas y recursos, tiende a generar un efecto movilizador de las capacidades solidarias en las comunidades afectadas, lo que les facilita reparar los daños y seguir adelante.

Por lo tanto, la resiliencia comunitaria se refiere a la capacidad del sistema social y de sus instituciones para hacer frente a las adversidades y para reorganizarse posteriormente, de modo que mejoren sus funciones, su estructura e identidad.

La ONU y la resiliencia

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) redactó un manual para líderes de los gobiernos locales titulado: Cómo desarrollar ciudades más resilientes, como una contribución a la Campaña Mundial 2010-2015 Desarrollando ciudades resilientes – ¡Mi ciudad se está preparando!

Este manual proporciona a los alcaldes, gobernadores, concejales y otros un marco genérico para la reducción de riesgos e identifica buenas prácticas y herramientas que ya son utilizadas en diversas ciudades.

Responde a la necesidad de un mejor acceso a la información, conocimiento, capacidades y herramientas para abordar de manera eficaz el riesgo de desastres y los eventos climáticos extremos. Además, ofrece una descripción general de las estrategias y acciones necesarias para crear resiliencia ante los desastres, como parte de una estrategia global para alcanzar un desarrollo sostenible.

El mensaje que se desea transmitir es que la resiliencia y la reducción del riesgo de desastres deben formar parte del diseño y estrategias urbanas para lograr un desarrollo sostenible.

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La resiliencia en Puerto Rico

La dificultad que hemos tenido para reorganizarnos como país y mejorar nuestras funciones y estructuras tras el paso de los huracanes Irma y María, demuestra la necesidad de desarrollar comunidades y pueblos resilientes.

Para lograr esto hay que promover la descentralización de la autoridad y de los recursos, impulsando la reducción de la vulnerabilidad y del riesgo de desastres a nivel municipal y regional.

Pero todo este proceso tiene que comenzar desde las comunidades, donde sus habitantes puedan evaluar colectivamente sus fortalezas y vulnerabilidades, para tomar acciones concretas al respecto. De esta forma, se convierte en un proceso de planificación comunitaria con la participación de residentes, organizaciones y diversos sectores (educación, salud, transporte, medio ambiente, académico, empresarial y comercial).

Es importante destacar que la resiliencia no significa resignación, es planificación. Es desarrollar nuestra capacidad para adaptarnos ante los eventos y mejorar nuestras funciones, estructuras e identidad comunitaria.

Por todo lo expuesto, conviene actuar y fomentar más altos niveles de resiliencia en Puerto Rico… antes de que venga el próximo huracán.

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por Víctor Alvarado Guzmán.