Pepe el ciego
Las veces que Pepe el ciego
Por la Plaza caminó,
El mundo entero lo vio.
Cual si fuera un pordiosero.
Con su vestir, tan austero,
Y su lerdo caminar,
Pepe el ciego fue el altar
Donde el pueblo se veía,
El repique que se oía
Por todito el litoral.
 
Josué Santiago de la Cruz

 

Sucedió que siendo yo monaguillo en Iglesia Católica La Monserrate se suscitó una amarga controversia entre Pepe el Ciego y el entonces párroco P. José Torres Rodríguez, natural de San Sebastián.

La discrepancia tuvo como origen la competencia entre la gerencia del Teatro Monserrate y la del Teatro San José. El primero era propiedad de Jesús Chuíto Monserrate y el otro de su hermano José Pepe Monserrate. La pelea comercial entre los dos hermanos por ganarse el mayor patrocinio se llevó a efecto en las calles del pueblo de Salinas.  De un lado estaba Carlos Campos por el Teatro Monserrate y del otro Pepe el Ciego.

Ambos usaban unos vistosos megáfonos metálicos y recorrían las calles parándose en las esquinas desde donde anunciaban las películas que estaban en cartelera de ese día.  En la publicidad se usaba además una hojita que preparaba Tarso Vázquez en su imprenta, ubicada al lado del Garaje Monserrate y del Hospital Municipal.  También uno anuncios en tableros de cinc que pintaba Hilario Yayo González. Estos se colocaban estratégicamente por Chuíto en los postes de la luz en las esquinas de la plaza del mercado, en la calle Monserrate, frente al edificio de mamí, y enfrente del Salinas Lumber Yard.

Tanto Carlos Campos, como Pepe, el ciego poseían unos vozarrones operáticos súper sonoros. La contienda entre los voceadores era algo esperado por toda la población ávida de entretenimiento para matar el tiempo. Los limpiabotas de entonces comenzaron a molestar a Pepe el Ciego.  Cada vez que el anunciaba el Teatro San José le gritaban Monserrate. Pepe montaba en cólera y les gritaba unos improperios impublicables refiriéndose a las partes pudendas y costumbres amorosas de la madre de los limpiabotas que se escuchaban a la distancia.

Era un horroroso espectáculo, aunque para otros jocoso, que terminaba con un bastonazo en dirección al agitador. Escuche de voz del Padre Torres su malestar e inconformidad por este proceder de Pepe, el ciego, puesto que él era quien tocaba los repiques de campana.

Una mañana después de la misa de 7:00. el Padre Torres me sorprendió. Tenía una campanita en la mano y me pregunto si yo sabía tocar un repique de campanas.  Inmediatamente, sin pensarlo, le dije que sí. Me dio la campanilla. Introduje mi dedo índice y tocando el mazo empecé a dar toques alocados. El cura me dijo: eso es, tú sabes. 😳 Entonces, junto con Nono* planeamos como lograr imitar el repique de campanas de Pepe, el Ciego. Cosa que logramos tocando una de las dos campanas cada uno.  Fue un exito, al punto que Pepe se enojaba cuando  le decian que lo haciamos mejor que él.

Así fue como, junto a Nono, me convertí en sucesor de Pepe, el Ciego en la honrosa y comprometida tarea de repicar las campanas en la Parroquia de la Monserrate de Salinas. Aprendí y recibí el aprecio de la feligresía de entonces. Memorables repiques que guardó en mi alma fueron el del día del regreso del Padre Torres de su Peregrinación a Roma y los del día del Centenario de la Iglesia en 1954.

Un día, tocando un repique se safo una tuerca del mazo y milagrosamente no me despedazo la cabeza. Le conté lo sucedido a mi madre Tilita. Su respuesta fue contundente. No te quiero por allí ni de visita. Así terminó mi experiencia como monaguillo y sacristán de la Iglesia La Monserrate de Salinas, en 1955.

©©Dante A. Rodríguez Sosa

*Arq.  Luis A. Colón Rodríguez