Caminos inversos / Gloria Gayoso Rodríguez

Alonso Quijano dialogaba con Sancho, subidos ambos en sus toscos rucios nobles. El de la Triste Figura insistía neciamente en buscar a Doña Benemérita Justicia, apelando a sus últimas neuronas enjutas para hallar el escondite y ponerla al servicio del contaminado mundo. Sancho, el del abultado vientre, mecíase las muelas de obesa contextura, organizando la andanada de ilusorias concepciones que su amo desplegaba a los céfiros.

La Mancha era más Mancha que nunca, llana, simple, sin volteretas ni curvas, un buey era siempre buey y una cornada siempre era fatal. El sol era un as de oro en el poniente ignoto.

El escudero, de pronto, sobresaltado en adivinar la coherencia de la sin razón resbaló por el silogismo escaso de su seso y pensó con pánico cuál sería su destino si a él mismo le aconteciere lo de a su señor, si perdiere el poco tino que creía poseer, si de pronto viere lo invisible, si las prostitutas le supieren a virgen fresca, si el mesón fuere Iglesia, si el color destiñere, híbrido de luz…

Mas de inmediato, como llamado ante un oráculo perdido, Quijote picó la espuela de la lengua y con una chispa maléfica y beatífica le estampó este remordiente consejo: -“No te preocupes Sancho, amigo y servidor mío, gobernador de tu futura ínsula, que siempre encontrarás en tu camino algún buen hombre que te baje de la nube y te despliegue desnudo el calendario en carne viva de la humanidad entera”.

©Gloria Gayoso Rodríguez
Todos los derechos reservados

Temores / Josué Santiago de la Cruz

a mi abuela Bienvenida “Venida” Rivera

A retozar yo me fui

Tempranito en la mañana,

Al sonido de la diana,

El callejón emprendí.

Recuerdo que, por allí,

A veces, me sorprendía

La garata que nacía

En mi cerebro infantil

Y era, entonces, un sufrir

El miedo que me invadía.

 

La guajana se movía

Cual anguilas en estanque

Y en mi interior, como un tanque

De guerra, sonido hacía.

La sombra me perseguía

Con ganas de rebasarme

Y empezaba el miedo a darme

Tantas ganas de gritar

Que me puse a tatarear

Un tonito, pa animarme.

 

Cantando me acompañaba

El viento con su canción,

Cambiando la entonación

A lo que yo tarareaba.

Un guaraguao que miraba

Desde el árbol de bellotas

Empezó a entonar sus notas

Y yo me puse a pensar:

¿Será que aquel animal

también el miedo alborota?

 

Busqué, pero no encontré

En el camino un peñón.

Que cosa, en el callejón

Ni una lajita se ve.

Pero bien que lo espanté

Con el grito aquel que di

Y recuerdo que lo vi,

Asustao coger el monte,

Y en el lejano horizonte

Poco a poco lo perdí.

 

La luna estaba apagada,

Todo, de pronto, clareó,

Y el miedo se disipó

Cambiándome la mirada.

Atrás dejé la cañada

Y el misterio en el camino

También dejé el matutino

Sereno perseguidor

Que me causaba terror

Cuando era niño anodino.

 

© Josué Santiago de la Cruz

Escritoras salinenses se destacan en certamen y publicación de El Post Antillano

Las escritoras salinenses María del Carmen Guzmán (Aguirre) y Lucía Margarita Cruz Rivera (La Plena) recibieron con mucha alegría sus distinciones en las convocatorias literarias de El Post Antillano.

El Post Antillano es un periódico digital cuya misión es “promover una comunidad de voces diversas y solidarias en el Caribe, mediante un sistema multimedia informativo, en el que los visitantes reconozcan respeten y aprecien las ideas, situaciones antillanas y la diáspora”.

Fundado en el año 2011, se ha distinguido por fomentar el pensamiento crítico en diversos saberes como la historia y la literatura.

Al comenzar la pandemia, su director, el profesor Daniel Nina, junto a su equipo de trabajo, presentaron una convocatoria para escribir sobre la pandemia de Covid 19. Se recibieron diversos manuscritos de distintas partes del país y uno de los relatos escogidos para formar parte de la antología Pandemia [de escritor@s] fue el de María del Carmen Guzmán.

La veterana escritora salinense María del Carmen Guzmán Rodríguez nació en Aguirre, Puerto Rico y fue parte de la diáspora puertorriqueña de los años 60, trasladándose al Bronx de New York, donde se graduó de la Escuela Superior Morris. Obtuvo su bachillerato en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Cayey, graduándose con honores. Ganó El Certamen Literario Miguel Meléndez Muñoz en el género de cuento durante sus años de estudiante. Estudio cursos de Literatura en Hunter College (CUNY) y fue especialista en manejo de emergencias por 24 años con cursos del Instituto de Manejo de Emergencias (EMI). Fue educadora de escuela elemental en Puerto Rico y a nivel superior en el Colegio Hostos del Bronx en New York.

Entre sus trabajos literarios se encuentran la novela La Nena; Las Ovejitas de Muchos Colores (Sheep of Many Colors), cuento infantil y libro de pintar en inglés y español; El cuento juvenil Un Verano en Casa de la abuela (prehistoria de Puerto Rico); un poemario titulado Flores de mi Jardín; una serie de narraciones cortas titulada Estampas de Pueblo y un romance histórico en inglés titulado In Love…all things are posible. Todos auto publicados en Amazon.com.

Algunos de sus escritos se han incluido en las siguientes antologías: Antología de Escritores Salinenses de Josué Santiago de La Cruz; Antología de La Casa de los Poetas Puertorriqueños por tres años consecutivos (2012-1014); In Focus, periódico de Philadelphia PA; Antología de Diversidad Literaria (Libripedia); Antología Biblioteca de Autores Latinoamericanos y La Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, número 11, 2019, así como en Encuentro al sur.

Además de la antología Pandemia [de escritor@s]El Post Antillano celebró su Tercer Certamen de Microliteratura. Lucía Margarita Cruz Rivera resultó la ganadora del certamen en la categoría de Micropoema. El escritor e investigador Carmelo Urso señala que “la microliteratura es una suma de géneros narrativos, poéticos, ensayísticos y sapienciales caracterizados por la brevedad. La extensión máxima de sus textos suele ser de una página. La mínima, como dijo cierto risueño poeta, no tiene límite”.

El micropoema ganador fue Esta lluvia, un poema breve que el jurado calificó como un “meta poema”, donde Lucía Margarita crea una voz poética amante de los días lluviosos y que encuentra poesía hasta en lo más simple. Idea que sin duda acompaña a la autora a la hora de crear:

“Esta lluvia

es un poema escrito

con las manos mojadas

en una servilleta azul”.

Lucía Margarita Cruz Rivera es una escritora puertorriqueña del barrio La Plena de Salinas, profesora universitaria y estudiante doctoral de literatura en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Posee un bachillerato en estudios hispánicos de la Universidad de Puerto Rico en Cayey y una maestría en literatura de Puerto Rico y el Caribe. Aunque cultivaba las letras desde niña, comenzó su sendero literario formalmente en el año 2005, cuando resultó ganadora del primer premio en el Certamen de Poesía de la Universidad de Puerto Rico en Cayey, con el poema Astronomía y desamor. En el año 2006, publicó su primer cuento Marbella, bajo la Editorial SM.

Su obra poética ha sido parte de diversas antologías como: Fronteras de lo imposible, de Editorial Casa de los Poetas; Antología del Centro de Estudios Poéticos, de Barcelona, España; Antología Universo XIII, de Las Azabache; Antología Siglema 575: Di lo que quieres decir, de la Editorial Scryba NYC (ediciones 2016 y 2017); Divertimento III, de Editorial Zayas; Ana Belén: Un poema entre dos alas, de Poetas en Marcha y en el Proyecto Hermanados por las Letras: Antología Latinoamericana I, III y IV de la Editorial Agencia Cultural del Caribe, en Cartagena de Indias, Colombia. Además, ha colaborado con varias revistas como: Revista Digital Caminos Convergentes, de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras; Revista Letras, de la Universidad Metropolitana; Revista Identidad, de la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla; Revista Escrivivientes, del Departamento de Español y Estudios Latinos de Montclair State University; revista Acceso Didasko , revista El Achiote y con Encuentro al sur. Además, recibió el Premio Luz a la Excelencia Literaria 2019 en el IV Festival Hermanados por las Letras en Cartagena de Indias, Colombia.

En junio de 2019 presentó su primer libro titulado Los que mecieron mi cuna de la Editorial EDP University. Este está disponible en Amazon.com.

Lucía Margarita y María del Carmen son solo una muestra del grandioso talento literario que existe en nuestro pueblo. Estamos seguros de que sus escritos seguirán rindiendo frutos en Puerto Rico y en el exterior.

Emigrar / por Gloria Gayoso

Una tarde cualquiera abandonar la casa,
llevar en la maleta un sueño no cumplido.
Amarrar a otro puerto esta vida que pasa;
navegar tristemente la nave del olvido.

En otro suelo fértil hundir duras raíces
y con voces ajenas mezclar la propia voz:
poner bálsamo al pecho lleno de cicatrices
y luchar con la pena cruel combate feroz.

Cantar con dulce acento ignotas melodías,
de nostalgia presente, de recuerdos, de amor…
mientras veloces pasan los laboriosos días.

Y el trabajo les nubla de canas la emoción.
Galicia vive lejos…¡Qué infinito temor!!
En la tierra de origen se quedó el corazón.

Gloria Gayoso Rodríguez
(c) Derechos reservados

La tercera invasión / por Marinín Torregrosa Sánchez

Un estallido me levantó de la cama. Gritos, ráfagas de explosiones que se sentían cada vez más cerca. Me asomé temerosa por la ventana de la sala y vi como los vecinos estaban todos afuera de sus casas, la muchachería de la barriada corría de un lado de la calle a otro. Una ola de humo se levantaba por encima de los techos de las casas frente a la mía. Se escuchaban gritos, incomprensibles, no podía entender lo que decían, ni de que se trataba aquel revolú. Decidida, agarré el machete que heredé de Moncho y me dispuse a salir con la osadía que el susto entre cuero y carne me impulsaba.

-¡Nos salvaron! Nos rescataron! ¡A la victoria! ¡Somos libres!

¡¿Libres!? ¡Salvos! Solté el machete, abrí el portón y corrí a unirme a la celebración. Me abracé a la vecina que no soporto, al viejo ligón, a la bochinchera bruja y al que me madruga con los ruidos del martillo y la máquina de podar la grama. Bailé con el nene jodón que tira piedras, jugué con cuanto perro sarnoso me ladraba y le besé las manos al que me había gritado hija de la gran puta… Por fin, ¡libres!

Del lado sur de la calle se acercaban camiones, una procesión de soldados y por altavoz un tipo con cabello anaranjado subido a una “tumba coco” gritaba: “EL que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente”.

Alcancé un rollo de papel toalla y me encerré en mi casa a llorar.

©Marinín Torregrosa Sánchez, 10 de agosto de 2020.

Nota aclaratoria: Esto es un cuento. Los hechos no son ciertos, lo único verídico es que poseo y heredé el machete. Lo que digo de mis vecinos es parte de la ficción. Mis respetos a todos.

In Memoriam: Conrada Morales Zayas (Conga)

por Eris Torres

Pensando estos días en cuanto querías a Papi[1]. Recordando las discusiones y disculpas entre ambos, el en la hamaca y tú a su lado en la silla perfecta para la ocasión. No todos se sentaban con él. Solo los preferidos y tú eras una de ellas.

¿De que hablaban? ¡De todo! Lotería, política, religión, eventos sociales, en fin, de todo un poco. ¡Y yo en el medio de aquellos dos seres que discutían hasta ganar los dos!

Aquellos días de agonía de papi, cuánto te llamó y tú llegaste y se despidieron. Recuerdo tus lágrimas al salir y dejarlo en su agonía. Al otro día ya él no estaba y siempre me decías cuánto lo extrañabas. Hoy ya no estás y no pude ir a tu despedida, pero creo que desde esa dimensión que estás me entiendes.

Días antes de tu evolución te envié un abrazo con Carmín. ¿Ya te encontraste con papi? ¡Mami debe estar cerca… dile que los amo! ¡Descansa en paz Conga! Esposa abnegada. Madre ejemplar. Amiga incondicional. Mujer virtuosa, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. Proverbios 31:10.

¡A los familiares nuestro abrazo y bendiciones! ❤️ Un fuerte aplauso a nuestra querida Conga.

[1] Víctor Torres Quirindongo

Hallazgos arqueológicos de principio del siglo 20 en Salinas, Puerto Rico / por Francisco Meléndez Santiago

Serie Testimonios

Salinas fue reino del cacique Agüeybaná, cacique indio principal de Borikén, cómo llamaban a Puerto Rico, tenía en los valles extensos de Salinas a su lugarteniente, él también cacique Abey.

Debemos recordar que el máximo jefe indio era Agüeybaná, fue hermano del caudillo de la primera sublevación de los indios contra los españoles en Puerto Rico y tan pronto como fue muerto fue sustituido por Gueybaná[1], siendo este joven y valiente, preparado para combatir a muerte a los conquistadores.

Salinas fue parte del cacicazgo de Borinquen conocida con el nombre indígena de Abeyno y bajo el gobierno del cacique Abey.  Es decir, en Salinas como en otros pueblos del país floreció la cultura india cuya religión consistía en rendir culto a la naturaleza o el totismo, adorando las plantas, los animales y pájaros.

Sin embargo, tenían la creencia en un dios superior llamándole Yucayú[2], el cual creían reinaba en los altos picachos y era el dios del bien.

Creían también en un espíritu del mal llamado Juracán[3], palabras adaptada al castellano para designar los ciclones antillanos. Creían en fantasmas y en que los espíritus de los muertos regresaban a la Tierra de cuando en cuando.

Los Cemís eran los dioses titulares de los indios, eran hechos de barro[4]. Nos mueve el anexar esto, ante recuerdos de Salinas, el haber leído recientemente el hallazgo del cemí, más grande encontrado en la región sur cerca de Salinas.

Eso me llegó a los años 20, siendo mi abuelo don José Maldonado, mayordomo de la Hacienda Margarita. Recibió una orden del superintendente de la Hacienda Carmen don Paco Colón, a ponerse a las órdenes brindando hombres y equipo para una tarea de exploración bajo el mando de un arqueólogo norteamericano[5] con permiso de la Central Aguirre.

Así se hizo y el arqueólogo eligió la zona detrás de la vieja escuela del Bo Playa, llegando al mar Caribe, donde antes existía una cadena de ancla de goleta amarrada en la orilla, se creía había pertenecido a un barco del pirata Cofresí, al atracar al litoral para enterrar un tesoro.

Extrajo el arqueólogo una especie de plano, ordenando a los obreros cavar en forma de un rectángulo. A una profundidad como de 15 pies ordenó la detención de los trabajos. En la Central Aguirre se había fabricado una caja rectangular, de acuerdo con las medidas ordenadas por el explorador.

Se trajo al sitio, se colocó sobre el terreno preparado para la tarea y con una plancha de hierro se viró con toda la tierra adentro, se clavó y se llevó a la Central Aguirre. De ahí en adelante, pudimos asegura se trataba de un tesoro indio ya que no se informó sobre el contenido de la caja. Lo afirmamos porque después de abandonado el sitio dejaron una escalera, por la cual acompañados de unos compañeros de juego, bajamos al fondo de la excavación y encontramos un reguero de cosas indias.

Salimos y regresamos con una caja de madera donde se traía el gas (kerosene) y lo llenamos de esas cosas.  La noticia se esparció y llegó a oídos del doctor Montalvo Guenard[6], médico en Salinas y arqueólogo, residiendo en la calle de Ponce, donde todavía se encuentra la escalera de su residencia destruida por un incendio. Al contemplar el doctor Montalvo, lo que el cajón contenía, quedó maravillado y nos ofreció unos dólares por ellos. En nuestra inocencia se los vendimos creyendo haber realizado el mejor negocio, y creemos fueron a ingresar más tarde al museo indio del doctor Montalvo Guenard, el mejor privado de Puerto Rico. Había Cemíes, dándonos cuenta de ello años después al leer sobre el particular.

Recordamos que en la hacienda Margarita vivía una señora (espiritista) [que] fue al sitio y cayó en trance obsesionada (según ella) por un jefe indio. ¿Sería acaso el cacique Abey?

Creemos, tal vez todavía puedan existir personas en Salinas (Bo Playa) de nuestra edad pudiendo recordar el evento histórico en la lejanía de las memorias y el tiempo.

A pesar de los años pasados (68) todavía si no se han construido hogares en el sitio, nos atrevemos a señalar el sitio de la excavación. No sabemos si existe allí todavía la vieja cadena de la vela de la goleta atribuida a Cofresí.

©©por Francisco Meléndez Santiago

Tomado del libro del autor Añoranzas de mi pueblo Salinas, ©1991.  Este texto fue escrito en la segunda mitad de la década de 1980.

Notas por Sergio A. Rodríguez Sosa.

 

[1] También conocido como Agüeybaná, el Bravo (1470-1511)

[2] Yúcahu es una de las deidades de la mitología taína, también llamado Yokahu Vahya Maorocoti e hijo de la diosa Atabey o Atabeira y que habitaba en el Yunque.

[3] Juracán en la mitología caribeña era una deidad femenina, la señora de los vientos, que era conocida como Guabancex. Era una diosa malvada que dominaba las tormentas y vivía en el país de Aumatex, cacique de los vientos.

[4] Los cemís también se hacían con textiles y labrados en madera, hueso y piedra.

[5] Probablemente se refieren a las búsquedas arqueológica de las primeras décadas del siglo 20 en Salinas realizadas por el joven Samuel K. Lothrop, hijo de uno de los dueños bostonianos de la Central Aguirre, inspirado quizás por el afamado arqueólogo estadounidense de esa época Jesse Walter Fewkes, autor de estudios sobre los aborígenes de Puerto Rico y de las Antillas frutos de sus excavaciones en el sur del país.

[6] José Leandro Montalvo Guenard (1885-1950) médico, arqueólogo e historiador que según el censo de 1920 vivía en la calle Unión #90 de Salinas (llamada también calle de Ponce) con su esposa Bertha Krider Gebhart y sus hijos Ethel, Carlos y Rafael. A partir del primero de noviembre de 1919 fue electo al Consejo administrativo de Salinas como comisionado de Sanidad y Benificencia. Su libro más conocido lleva el título “Rectificaciones histórica: el descubrimiento de Boriquén”