El cuerpo en los tiempos de la cuarentena / Rima Brusi

Espero que esto sea el inicio de una serie de micro-crónicas. Me viene bien, escribir. 

Nuestros desastres, por cierto, son crónicos. Hace rato que,como “la crisis” dejaron de ser agudos. O tal vez “agudo” y “crónico” no son mutuamente exclusivos. No realmente. 

He notado que en mi cuerpo va creciendo un mapa nuevo. Una cartografía (¿o será quiromancia?) del miedo al contagio. 

Un nudillo en la mano derecha está dedicado a apretar los botones del ascensor. La muñeca derecha, habitualmente escondida bajo la manga del abrigo liviano que uso en estos días de sol ocasional y viento infrecuente: esa es para rascarme la nariz. 

El codo derecho es especial. En los días primeros, cuando todavía no hablábamos de distanciamiento social o cuarentenas, sirvió de sustituto para el abrazo. Pero ya no. Se ha convertido en la herramienta que uso para empujar puertas. 

La mano izquierda suele estar dentro del bolsillo izquierdo del abrigo. La tengo al servicio exclusivo de un pañuelo desechable para el ocasional estornudo. No es un síntoma del virus que salta de cuerpo en cuerpo, sino de alergia, pero igual me calma un poco, el pañuelo, y espero que también al prójimo. A veces mascullo “allergies”, para ir a la segura. A veces mascullo “allergies” aunque esté sola en el ascensor. Trato de reservar las yemas de los dedos para ajustarme los espejuelos. 

En estos días, me voy convirtiendo en una suerte de navaja suiza, dedicada al manejo del miedo al contagio. 

Tomado de Parpadeando.

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