ANTONIO FERRER ATILANO

por Josué Santiago de la Cruz

Miraba con fiereza la alcaldía,
Enhiesta la cerviz, augusto, claro,
Denuncia la injusticia del avaro
Político opresor y compañía.

Sembrado en sus verdades, aquel faro,
Profeta que mi pueblo no entendía,
En medio del dolor que lo afligía
Hablaba con la fuerza de un disparo.

El tiempo continuó su raudo vuelo
Y un día aquel profeta enmudeció,
Dejando en sus amigos el consuelo

De cultivar aquello que él sembró:
La fibra tan mordaz de su escalpelo
Del lado de este pueblo que adoró.

JSC

El cuerpo en los tiempos de la cuarentena / Rima Brusi

Espero que esto sea el inicio de una serie de micro-crónicas. Me viene bien, escribir. 

Nuestros desastres, por cierto, son crónicos. Hace rato que,como “la crisis” dejaron de ser agudos. O tal vez “agudo” y “crónico” no son mutuamente exclusivos. No realmente. 

He notado que en mi cuerpo va creciendo un mapa nuevo. Una cartografía (¿o será quiromancia?) del miedo al contagio. 

Un nudillo en la mano derecha está dedicado a apretar los botones del ascensor. La muñeca derecha, habitualmente escondida bajo la manga del abrigo liviano que uso en estos días de sol ocasional y viento infrecuente: esa es para rascarme la nariz. 

El codo derecho es especial. En los días primeros, cuando todavía no hablábamos de distanciamiento social o cuarentenas, sirvió de sustituto para el abrazo. Pero ya no. Se ha convertido en la herramienta que uso para empujar puertas. 

La mano izquierda suele estar dentro del bolsillo izquierdo del abrigo. La tengo al servicio exclusivo de un pañuelo desechable para el ocasional estornudo. No es un síntoma del virus que salta de cuerpo en cuerpo, sino de alergia, pero igual me calma un poco, el pañuelo, y espero que también al prójimo. A veces mascullo “allergies”, para ir a la segura. A veces mascullo “allergies” aunque esté sola en el ascensor. Trato de reservar las yemas de los dedos para ajustarme los espejuelos. 

En estos días, me voy convirtiendo en una suerte de navaja suiza, dedicada al manejo del miedo al contagio. 

Tomado de Parpadeando.

Kafka y Monterroso


por Josué Santiago de la Cruz

En 1912 Franz Kafka escribe La Metamorfosis y la novela América. Ambas obras comienzan con un adverbio: Cuando.
Resulta interesante y curioso que ambos escritos, también, abren el marco narrativo con lo que podríamos llamar microrrelatos:

[Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama convertido en un insecto gigante. (La Metamorfosis)]

[Cuando Karl Rossmann —muchacho de diecisiete años a quien sus padres habían enviado a América porque le había seducido una sirvienta que luego tuvo de él un hijo— entraba en el puerto de Nueva York, a bordo de ese vapor que ya había aminorado su marcha, vio de pronto la estatua de la diosa de la Libertad, que desde hacía rato venía observando, como si ahora estuviese iluminada por un rayo de sol más intenso. Su brazo con la espada se irguió con un renovado movimiento, y en torno a su figura soplaron los aires libres. (América)]

Ambos textos traen, de entrada, el elemento fantástico […se encontró en la cama convertido en un insecto gigante. (La Metamorfosis), y Su brazo con la espada se irguió. (América)]

Es importante mencionar que mi observación parte de la traducción que de ambas obras se hizo al castellano, ya que estas fueron escritas en alemán, idioma, este, que desconozco en su totalidad.

Augusto MONTERROSO, en 1959, escribe El dinosaurio, considerado, por muchos, la quintaesencia de la literatura minimalista. [Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí. (El dinosaurio)] Podemos inferir que debido al enorme parecido estructural, especialmente entre el microrrelato que inicia La Metamorfosis y El dinosaurio, que el Maestro guatemalteco observa, en su narración, una marcada influencia kafkiana. Pero eso no es nada nuevo, puesto que pocos escritores, después de aquel, escapan a su influjo.

Así como podemos ver grandes similitudes en la trilogía de escritos presentados, podemos igualmente encontrar una gran diferencia. En La Metamorfosis, aquello que Gregorio Samsa con tanto asombro y pavor se vio convertido, una vez abrió los ojos, no estaba allí antes de haberlos cerrado. En otras palabras, igual pasa con el trozo sacado del comienzo de América, Franz Kafka va de una realidad “normal” a otra “paranormal” y eso, al parecer, es la razón de su desasosiego. El fenómeno de verse “convertido en un insecto gigante” es algo transitorio, una ilusión, en la vida de Samsa. Algo imaginado, sentido, pero irreal. Al igual que “El brazo con la espada [de la Estatua de la Libertad] se irguió” en [América].

Por el contrario, el dinosaurio en la narración de MONTERROSO estuvo allí antes del personaje anónimo haber cerrado los ojos para acogerse al sueño y después de haberlos abierto a la realidad concreta, material, que representa su presencia en el cuento.

Los textos de Kafka parecen sostener que el pensamiento [principio fundamental del Idealismo filosófico] crea la materia [“El espíritu es el que produce la materia]: “Cuando Gregorio Samsa despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama, convertido en un insecto gigante.”

MONTERROSO, que comienza con el mismo adverbio, [Cuando], llega al mismo lugar, partiendo del principio de que la materia existe a pesar de nosotros porque “El mundo existe fuera de nuestro pensamiento.” Por eso dije en un pensamiento que colgué un tiempo atrás que ni Marx ni Engels, plantearon con mejor claridad la base del pensamiento filosófico materialista como el autor de La oveja negra.
MONTERROSO, sin duda, leyó a Kafka, pero quién no. Cabe, entonces, preguntarnos ¿leería a Marx y a Engels y a Georges Politzer? A lo mejor nadie haya entre nosotros que lo pueda testificar, aunque a mí me parece que MONTERROSO leyó a los tres y más importante aún, los llevó al microrrelato.

©JSC

Un juego perfecto en mi memoria

Por Roberto Quiñones Rivera

El día 22 de julio de 1999, sucedió lo que es casi imposible en el juego del béisbol de las ligas mayores, el que un lanzador pueda lograr un juego perfecto.  Retirar a los contrarios sin que ninguno de ellos logre llegar a primera base en ninguna circunstancia del juego.  Son pocos los juegos que se han logrado de esta manera y para gloria de nuestra isla en este del día 22 de julio de 1999 participaron cuatro atletas puertorriqueños entre ellos un salinense cuya actuación fue una de mucha relevancia en el resultado final del juego.

     En relación con el juego en cuestión el mismo se celebró en el Estadio de los Yankees de Nueva York en contra de los Expos de Montreal y se esperaba un gran duelo entre los estelares lanzadores David Cone de Nueva York vs.  el puertorriqueño Javier Vázquez: de los Expos de Montreal.

    También participaron Bernie Williams y Ricky Ledée por los Yankees de Nueva York, y José Vidro, además de Vázquez, por los Expos de Montreal.

     Ese día los Yankees tenían, a manera de homenaje, dedicar este juego a una de las grandes estrellas del béisbol como fue Yogui Berra, quien tendría el honor de hacer el primer lanzamiento del juego y recibiría el mismo, otra estrella Yankees, el lanzador Don Larsen, quienes fueron la batería ganadora en el único juego perfecto lanzado en las Grandes Ligas, en su etapa de Serie Mundial.  Este evento fue en el 1956 cuando Larsen logró el juego perfecto contra el equipo Dodge de Brooklyn.

     En el desarrollo del juego el lanzador Cone dominó totalmente a los contrarios Expos logrando lanzar un juego perfecto siendo el puertorriqueño Javier Vázquez el lanzador perdedor.

     Las actuaciones de los boricuas, por parte de los Expos, Vázquez lanzó 7.2 entradas permitiendo 7 hits, 6 carreras, 2 bases por bolas, y ponchó a 3 contrarios.  Por su parte, el jugador de segunda base, José Vidro se fue de 4-0.

     En el equipo ganador Bernie Williams se fue de 4-1, empujando una carrera.  El otro puertorriqueño participante de este partido fue el salinense Ricky Ledée quien tuvo una participación estelar en el triunfo Yankees al batear un cuadrangular con un compañero en base provocando la alegría de los fanáticos y añadiendo dos carreras para los Yankees.

     Hoy día nuestros representantes en aquel juegazo están retirados del deporte disfrutando con orgullo de haber sido participantes de un juego perfecto en las grandes ligas del béisbol organizado frente al estruendo de una multitud de 41,930 entusiastas fanáticos.

©© Roberto Quiñones Rivera

El Dia que se estrelló un avión del ejercito en Salinas: testimonios en Facebook

 

Luis A. Colón Rodriguez

12 de marzo 2020 a las 22:49 · 

Otro recuerdo Salinense: A ver, ¿Cuantos se acuerdan de los aviones a propulsión a chorro (jets), que se pasaban gran parte del día sobrevolando el pueblo para disparar a unos blancos en el campamento? A veces, cuando uno iba en carro hacia Ponce los aviones volaban sobre nosotros y sobre el Monte Raspaldo. ¿Y cuantos preparaban los trompos, sustituyendo sus puntas con balas de rifles que se recogían en el campamento?

William Martinez Figueroa Los recuerdo perfectamente haciendo sus maniobras para dar en el blanco. También recuerdo el que se estrelló en el mar frente a la playa.

Roberto Quiñones Rivera  Ese jet que se estrelló frente a un islote cerca de la pescadería de la playa no se hundió, sino que quedó espetado en la orilla del islote. El piloto se había tirado en paracaídas y lo recogieron en el área de las 80. Tuve la oportunidad de ver cuando el avión pasaba sobre la Ciudad Perdida a una altura tan baja que oí a Don Leo mi vecino gritar que este caería en tierra del pueblo. Los curiosos de las matemáticas del barrio creían que el avión llevaba una altura en ese momento de unos cientos cincuenta pies únicamente. Recuerdo que donde yo estaba situado, frente a la casa de mi tía Yia se veía la antena de la televisión de mi casa que tenía unos veinte pies de altura y para mí que el Jet pasó bastante cerca de las antenas que había en el área.

Edelmiro Rodríguez Roberto, el piloto descendió en la playa llamada El Coco. Yo estaba allí. Él estaba nervioso, se recostó en una palma y lo primero que pidió fue un cigarrillo. Al poco tiempo vinieron a recogerlo. Yo recuerdo la explosión del avión y la serie de paracaídas pequeños que él pudo tirar. Ese día sobrevolaron a Salinas, muchos aviones buscándolo.

 

Homero: historias de adolescencia

por Virgenmina Sosa (Tilita)

Cuando estaba en octavo grado conocí a Homero Castellón. Homero era hermano de Luz Divina Castellón. Los Castellón eran de Vieques. Cuando Luz Divina llegó a Salinas contratada como maestra, estaba casada con uno de los miembros de la famosa familia Palés, de Guayama. Presumo que el trabajo de su hermana en Salinas fue el motivo por el cual Homero viniera a ser alumno de nuestra escuela.

Nuestros corazones estudiantiles dieron un vuelco e inesperadamente vivimos un idilio mutuamente deseado. Para todos nuestros compañeros, éramos novios y así nos sentíamos. Nuestro noviazgo estudiantil fue bruscamente interrumpido por la partida de Homero hacia Caguas, lugar donde se había establecido su familia. La correspondencia fue entonces nuestro enlace, pero la distancia nuestro rival. Entonces, vino el anuncio de la tragedia en voz cargada de impiedad: Homero había muerto como consecuencia de un accidente de tránsito. En ese momento… se marchitaron todas las flores.

Curiosamente, años después conocí a una enfermera de Caguas y en la conversación mencioné la familia Castellón. Ella me relató lo sucedido: Homero perdió un brazo en el accidente y murió víctima de una infección en la herida.

Tomado de las memorias de Virgenmina Sosa tituladas Tejido solariego, 1999.  En 1977 fue escrito el texto siguiente relacionado con esta vivencia.

Homero

Tilita