Enriqueta Méndez Fajardo, Henrietta Rubio Díaz o simplemente Queta : historias de mis antepasados

por Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

El personaje que nos atañe revistió toda su vida un aire de misterio, quizás porque aparecía y desaparecía a su antojo, delante de los ojos de los niños descendientes de los Méndez Forestier o porque, a juzgar por los datos hallados hasta ahora, ninguno de sus días fue parecido al otro.

Enriqueta Méndez Fajardo nació alrededor de 1882, un año antes que su hermano Luis Méndez Forestier. Sus padres fueron Gregoria Fajardo y mi bisabuelo Andrés Méndez; y aunque al momento desconocemos si fue fruto del matrimonio entre sus padres, sí sabemos que fue reconocida legalmente al momento de su nacimiento.

En 1903, a sus 21 años, contrajo matrimonio con Francisco Martínez, un militar natural de San Germán y vecino de San Juan, hijo ilegítimo de Luisa Martínez. La pareja estuvo casada hasta el 30 de junio de 1909, cuando solicitaron declarar el vínculo matrimonial como roto y disuelto ante las autoridades civiles.

Ya en el censo de población de 1910, Enriqueta es enumerada como esposa de Amado Carrión y San Juan, un vendedor ambulante de refrescos. Componían un matrimonio consensual y vivían en la calle Isabel Segunda, del barrio Marina, en el municipio de San Juan.

Y aquí empieza el relato oral de los niños de aquella época. Ya ninguno existe, pero su recuerdo de aquella tía andariega a quien llamaban Queta llegó hasta nosotros por lo peculiar del personaje.

Se cuenta que un buen día, Enriqueta decidió emigrar a Nueva York y establecer una banca de bolita que beneficiara a la diáspora boricua y de paso a su bolsillo. La bolita era el juego clandestino paralelo al juego legal de la lotería del Estado y era muy popular en la población quizás por ser los premios más jugosos que en el juego legal.

Aparentemente, el negocio prosperó, pues cada cierto tiempo se oía la algarabía de los pequeños al ver llegar a la Cuesta de las Piedras, hoy calle Post en Mayagüez, la amplia figura de Queta, cargada de bisutería de colores llamativos para regalar a los niños y adolescentes.

El aprecio a Queta era tal, que una foto suya adornaba una pared de la sala donde vivía la familia de su padre.

A principios de la década del 1930, en plena época de la gran depresión, Judith Méndez Más, hija mayor de Luis y Gregoria, mis abuelos paternos, fue enviada a Nueva York a buscar nuevos horizontes. Su padre había fallecido en 1929 y la carga familiar era numerosa por lo que necesitaban algunos miembros que pudieran trabajar y proveer para las necesidades de los menores, o al menos, no ser ellos carga para la frágil economía familiar. Así fue como Judith fue a dar a sus 22 años, a la casa de Enriqueta en el barrio de Brooklyn. Allá conocería a su futuro esposo, Juan Espinosa, con quien procreó una bonita familia. En 1935 se casaron y fueron a vivir a Richmond Hill, NY.

Mientras tanto, Queta vivía en el 239 de Sands St. en Brooklyn con un nuevo marido de apellidos Rubio Díaz. La muerte la sorprendió el 11 de febrero de 1940, en el Kings County Hospital, víctima de su presión arterial. Tenía unos 55 años. Da parte de su deceso, otro de sus sobrinos, Raúl Méndez Segarra, hijo de Andrés y Romana, quien vivió gran parte de su vida en la diáspora y a la sazón tenía 28 años. Raúl aparentemente vivía alojado en casa de la difunta.

Sus datos exactos de nacimiento en 1882, así como información sobre sus pretendientes y descendientes aún no han sido descubiertos.

©Lilia E. Méndez Vázquez

31 de agosto de 2019

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