Imágenes del paso del huracán María en Salinas desde el ojo fotográfico de Norma Curet Ayala

Nos toco vivir en un universo dinámico, quizás caótico, alojados en un planeta con el cual apenas lidiamos armoniosamente, a pesar de nuestra ancestral voluntad por señorearlo.  Un planeta que guarda en sus entrañas y en su atmósfera toda la fuerza viva del universo.  Aquí estamos, incapaces de comprender nuestra fugaz existencia.   Torpes en el manejo de nuestro hábitat, al punto que amenazamos nuestra propia supervivencia.

En esta nuestra casa y nave espacial, limitada a recorrer inexorablemente por el mismo sendero estelar, ocurren eventos intensos propios de su naturaleza. A eso eventos los llamamos catástrofes naturales y como tales son inevitables, aunque somos cómplices de sus consecuencias.

Dos años atrás, el 20 de septiembre de 2017, Puerto Rico recibió el poderoso impacto  de una de esas catástrofes naturales: el huracán María.  Ese será un día que las generaciones presentes jamás podrán olvidar.  No solo por la estela de temor, destrucción y muerte que dejo a su paso, sino por la incapacidad, dejadez e irresponsabilidad que mostraron los altos ejecutivos del gobierno para atender la emergencia y administrar la recuperación del país. Ineptitud, conductas y actitudes por las que el pueblo les pasara factura a su debido tiempo.

Cientos son los testimonios e imágenes de la tragedia producidos que servirán para perpetuar la memoria histórica del paso del huracán María por Puerto Rico. De la experimentada fotógrafa Norma Curet Ayala presentamos una selección de imágenes que narran impresionantes destrozos y vivencias captadas por su ojo fotográfico en Salinas.

 

Enriqueta Méndez Fajardo, Henrietta Rubio Díaz o simplemente Queta : historias de mis antepasados

por Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

El personaje que nos atañe revistió toda su vida un aire de misterio, quizás porque aparecía y desaparecía a su antojo, delante de los ojos de los niños descendientes de los Méndez Forestier o porque, a juzgar por los datos hallados hasta ahora, ninguno de sus días fue parecido al otro.

Enriqueta Méndez Fajardo nació alrededor de 1882, un año antes que su hermano Luis Méndez Forestier. Sus padres fueron Gregoria Fajardo y mi bisabuelo Andrés Méndez; y aunque al momento desconocemos si fue fruto del matrimonio entre sus padres, sí sabemos que fue reconocida legalmente al momento de su nacimiento.

En 1903, a sus 21 años, contrajo matrimonio con Francisco Martínez, un militar natural de San Germán y vecino de San Juan, hijo ilegítimo de Luisa Martínez. La pareja estuvo casada hasta el 30 de junio de 1909, cuando solicitaron declarar el vínculo matrimonial como roto y disuelto ante las autoridades civiles.

Ya en el censo de población de 1910, Enriqueta es enumerada como esposa de Amado Carrión y San Juan, un vendedor ambulante de refrescos. Componían un matrimonio consensual y vivían en la calle Isabel Segunda, del barrio Marina, en el municipio de San Juan.

Y aquí empieza el relato oral de los niños de aquella época. Ya ninguno existe, pero su recuerdo de aquella tía andariega a quien llamaban Queta llegó hasta nosotros por lo peculiar del personaje.

Se cuenta que un buen día, Enriqueta decidió emigrar a Nueva York y establecer una banca de bolita que beneficiara a la diáspora boricua y de paso a su bolsillo. La bolita era el juego clandestino paralelo al juego legal de la lotería del Estado y era muy popular en la población quizás por ser los premios más jugosos que en el juego legal.

Aparentemente, el negocio prosperó, pues cada cierto tiempo se oía la algarabía de los pequeños al ver llegar a la Cuesta de las Piedras, hoy calle Post en Mayagüez, la amplia figura de Queta, cargada de bisutería de colores llamativos para regalar a los niños y adolescentes.

El aprecio a Queta era tal, que una foto suya adornaba una pared de la sala donde vivía la familia de su padre.

A principios de la década del 1930, en plena época de la gran depresión, Judith Méndez Más, hija mayor de Luis y Gregoria, mis abuelos paternos, fue enviada a Nueva York a buscar nuevos horizontes. Su padre había fallecido en 1929 y la carga familiar era numerosa por lo que necesitaban algunos miembros que pudieran trabajar y proveer para las necesidades de los menores, o al menos, no ser ellos carga para la frágil economía familiar. Así fue como Judith fue a dar a sus 22 años, a la casa de Enriqueta en el barrio de Brooklyn. Allá conocería a su futuro esposo, Juan Espinosa, con quien procreó una bonita familia. En 1935 se casaron y fueron a vivir a Richmond Hill, NY.

Mientras tanto, Queta vivía en el 239 de Sands St. en Brooklyn con un nuevo marido de apellidos Rubio Díaz. La muerte la sorprendió el 11 de febrero de 1940, en el Kings County Hospital, víctima de su presión arterial. Tenía unos 55 años. Da parte de su deceso, otro de sus sobrinos, Raúl Méndez Segarra, hijo de Andrés y Romana, quien vivió gran parte de su vida en la diáspora y a la sazón tenía 28 años. Raúl aparentemente vivía alojado en casa de la difunta.

Sus datos exactos de nacimiento en 1882, así como información sobre sus pretendientes y descendientes aún no han sido descubiertos.

©Lilia E. Méndez Vázquez

31 de agosto de 2019

Canto a Salinas

 

por José Norberto Quiñones

 

Salinas pueblo amado,

vengo a cantarte aquí,

decirte con frenesí,

lo que en el alma he guardado.

 

Amo tus suaves colinas,

y también amo tus valles,

tu plaza, tus lindas calles,

y tus playas diamantinas.

 

Hueles a poleo y caña,

a jueyes y mojo isleño,

llevas sabor en tu entraña,

y aromas que son ensueño.

 

El sol que quema enciende,

tus pastos y yerbazales,

que año a año trasciende

cual sahumerio de ocultos males.

 

De rosa, púrpura y oro

se tiñe tu atardecer,

cuando empieza a oscurecer,

los astros cantan a coro.

 

Los penachos de tus palmas

rasgan tu cielo antillano,

de la costa al fértil llano,

brindan paz al contemplarlas.

 

El mar Caribe es guardián

de las playas de Salinas,

y sus olas cristalinas

Grácil, vienen y van.

 

Cuando la Luna ilumina

con su luz tu bello entorno

ella te sirve de adorno,

¡Hay que noche tan divina!

 

Tu gente, amable, cordial,

humilde, tranquila, sencilla,

es esta la maravilla

de mi pueblito natal.

 

Tus mujeres saladitas,

dulzura en el corazón,

saben amar con pasión,

Todas, todas, son bonitas.

 

Salinas, nunca te olvido,

aunque me aleje de ti,

mi hogar siempre estará allí

a pesar de haber partido.

 

Difundido por: Circulo Literario Antonio Ferrer Atilano

Foto tomada de Internet, autor desconocido.

Comentando fotografías: los iniciadores del Club Salinas

La asociación es instinto natural en casi todas las especies.  La primera finalidad de la asociación es la supervivencia.  El homo sapiens y todos los primates que el antecedieron eran seres gregarios, es decir, que sus individuos viven juntos y agrupados.   Por eso, tal realidad evoluciona hasta conjugar la afirmación de Aristóteles, de que el ser humano es un animal político. Que, por naturaleza, el individuo humano no puede pensarse fuera de una relación con el estado, con la poli.

Con el pasar del tiempo los clubes pasaron a ser una modalidad de asociación que agrupaba individuos con afinidades de diversas índoles dentro del macrosocial.  Los clubes son esencialmente asociaciones de recreo con una diversidad de finalidades que desembocan en actividades sociales de esparcimiento para sus miembros o la comunidad donde radican.  Los miembros pueden ser afines a actividades culturales, cívicas, deportivas, entre otras.

En le caso de Salinas los clubes locales tuvieron un auge en la década de 1960 y 1970. Se fundaron clubes de amigos en casi todas las comunidades. Entre los más renombrados estaban el Club Amigos del Coco, Club Panamericano de Aguirre, Club Abysmar, Club Cívico Salinense, Club Los Inseparables, Club Asayu, Club Black Dragons, Club Dinámico, Club Social del Coquí, Club Happy Brothers, Club Juventud Unida de la Playa, Club Social Recreativo de Vázquez, Club de Ajedrez de Salinas, Fraternidad Eta Epsilon Sigma, Fraternidad Phi Delta Rho, Sororidad Delta Chi Sigma, entre otros.

En esa época funcionaban también asociaciones recreativas, ligas y clubes deportivos de baloncesto, beisbol, boxeo, levantamiento de pesas, sóftbol, entre otros. Ya a fines del siglo 20 y principios del 21 proliferaron los clubes de dueños de vehículos de motor, ciclismo, etc.

Uno de los clubes más emblemáticos de la historia de las entidades cívicas de la “ciudad del mojo isleño” es el Club Salinas. Fundado en 1961 como consecuencia del campeonato obtenido por el Equipo de Sóftbol Estrellas de Tony. El grupo de sofbolista, encabezados por Antonio Santiago apoyaron la idea de crear una entidad.  El 13 de diciembre de 1961 se formaliza oficialmente el club bajo la presidencia de Ramón Navarro.

Las fotos que acompañamos, proporcionadas por Wilhem Echevarría, y publicadas en el primer anuario de la entidad, recoge la mayoría de los miembros iniciales del Club Salinas. La presentamos como ejemplo de los personajes y del quehacer cívico social que se ha generado en los pueblos y comunidades de Puerto Rico a lo largo de su historia.

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©por Sergio A. Rodríguez Sosa

Desconocemos quién fue el fotografo.