La maestra de inglés, los extraterrestres y yo / Rafael Rodríguez Cruz

De momento, quedé asido a una pequeña rama en la pared de la montaña. Acababa de resbalar en el fango húmedo de la vereda que está al sur de la represa Guineo, y la mitad de mi cuerpo se balanceba en el aire. Abajo, hay un precipicio de 1,000 pies de altura. Lymari, la maestra de inglés que va en el grupo, me extiende la mano. «No mires para abajo. Confía en mí y dame tu mano», me dice con firmeza. Le extiendo con rapidez la única mano que tengo libre. Con la otra, evito mi caída al precipicio. Siento de sopetón que Lymari me agarra con firmeza. Ni trato de ayudarla en el rescate. Cualquier movimiento en falso y lo que comenzó como una visita ecológica a la termoeléctrica Toro Negro II habría acabado en velorio, mi velatorio precisamente. Georgie, el trabajador de la hidrogas de la AEE, cae de un brinco cerca de mí y ayuda a Lymari. Me levantan en el aire y me ponen a salvo.

Decido seguir con el recorrido, por una mezcla de curiosidad y orgullo herido. Vamos a llegar a la entrada del túnel que lleva agua de la represa Guineo a Toro Negro II. El grupo entero es de ocho personas. No todos se arriesgan a caminar en un tubo sobre un precipicio de 1,000 pies de altura. Se trata de una tubería de tres o cuatro pies de circunferencia y suspendida a 1,000 pies de altura sobre el río Toro Negro. Abajo, lo que hay es el vacío. «Esta es el área más peligrosa del trabajo que hacemos los de hidrogas», señala Georgie. Me acuerdo entonces del terror que le tengo a la altura. Me faltaban como treinta metros de recorrido sobre el tubo. Miro a Lymari y Carmen Enid, que se balancean tranquilas sobre el tubo. Pienso en Walenda.

Echo una mirada a la entrada del túnel. Todo esto lo hicieron en 1925. Un gigantesco túnel subterráneo que corta las montañas de la región para llevar agua a la termoeléctrica Toro negro II, desde la represa Guineo. En algunas partes, dicen, el túnel tiene 7 pies de ancho por siete de alto, y hasta más. Es una estructura subterránea de cemento. Fue fabricado a mano hace casi un siglo por trabajadores del área sur de la isla. Lo único que se sabe es que mucha gente murió en accidentes de trabajo. La mayoría trabajaba por comida, pues entre 1919 y 1926 fue la gran depresión de la agricultura en Puerto Rico. Peor que en la década de los treinta.

Carmen Enid saca unas fotos viejas de su bulto que muestran un tren elevado que pasaba de una montaña a otra, o sea, de pico a pico, llevando materiales para la construcción de la termoeléctrica Toro Negro II. Parece una montaña rusa de juguete. Le digo que no puede ser verídica. «Trenes elevados sobre la Cordillera Central de Puerto Rico, imposible», digo a risotadas. ¿Cómo diablos llegó un tren con vagones al tope de una montaña de 3,000 pies de altura sobre el mar? Propongo la única teoría que me parece factible: extraterrestres en Puerto Rico en 1925. Luis, el de Sierra Club, confirma que no es una mentira. Son fotos verdaderas. Sobre esto habrá que escribir, concluyo.

Son las 12 de la medianoche. No puedo dormir. Es ahora que me ha entrado la temblequera que no me dio cuando estaba a punto de caer por el precipicio. Es cierto lo que dicen: se vive solamente una vez. Pero, ¿por qué tengo que vivir mi vida arriesgándome tanto? Culpo a mi primo Reuben. Toda mi vida he seguido sus aventuras arriesgadas. La de hoy es la última, lo juro. Bueno, por lo menos en lo que llega la próxima…

El Amor y el Cosmos / por Juan Carlos Ramos

Si en la infinita pradera el trueno aguerrido trepida,

Si la profundidad del miedo se yergue solemne en la penumbra nocturna.

Mi corazón solitario espera el amanecer de un día que quizás nunca llegue…

Busca la tibieza para recibir el final del tiempo y busca la riqueza de un amor desconocido.

Pero nuevamente veo el miedo acercándose y la insondable oscuridad se torna en un torbellino de desilusión.

Una vez más mi corazón se transfigura en un faro buscando con su luz el amor perdido.

Las hojas trémulas se desploman víctima de la helada que cubre los senderos de tiempos pasados.

Finalmente, las voces del Cosmos se despiertan con el manar de la luz infinita.

Entonan un canto en maravillosa armonía y los cuerpos celestiales se esparcen.

La música asemeja la celeridad de la luz y la incongruencia de lo nuevo con lo vetusto disipa algunas estrellas.

A una distancia semejante a la de un diminuto punto en el infinito abismo, me veo.

Mi cuerpo ya esfumado… mi alma todavía a la espera.

Juan Carlos Ramos, Invierno del 1992

LECTURA DEL POEMA EN LA VOZ DE LUIS DE LEÓN

Legislatura Municipal de Guayama citará a la Junta de Calidad Ambiental por contaminación con cenizas

COMUNICADO DE PRENSA

16 de mayo de 2018

Resolución fue aprobada por unanimidad

Guayama, Puerto Rico – La Legislatura Municipal de Guayama aprobó por unanimidad una Resolución, sometida por el Legislador Municipal del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP), José De Jesús Peña, para exigir a la Junta de Calidad Ambiental (JCA) a tomar acciones inmediatas sobre la probable contaminación del acuífero, debido al depósito y uso de cenizas de carbón dentro de los límites territoriales del municipio de Guayama.

Recientemente, salió a la luz pública un estudio que reveló que indicios de radiactividad, además de rastros de arsénico, cromo, selenio y molibdeno han sido descubiertos en las aguas subterráneas de la planta de carbón de AES en Guayama.

Según De Jesús Peña, luego de la aprobación de la Resolución, se le encomendó a la Comisión de Salud que diera curso a las acciones pertinentes.

“La Comisión de Salud va a citar a la presidenta de la JCA, Tania Vázquez Rivera, para que brinde información y explique cuál es el plan de acción en el asunto comprobado de la contaminación de las aguas subterráneas en el área de la AES. Por otro lado, me preocupa mucho más que entre los años 2005 y 2011, la AES desparramó 1,021,010 toneladas de cenizas tóxicas a través de numerosos terrenos en Guayama, y eso puede tener un efecto adverso y permanente sobre los cuerpos de agua en nuestro pueblo. Esto es algo serio y peligroso”, aseveró.

El Legislador del PIP, quien a mediados de los 90 estuvo activo en la lucha para evitar la construcción de AES, dijo que hay que tomar acciones urgentes para evitar un impacto mayor por la contaminación.

“Entre las acciones exigidas a la JCA, es el establecimiento de un proceso de monitoreo de aguas subterráneas y remediación en las áreas impactadas por las cenizas de carbón. La JCA fue la agencia que permitió la construcción de la planta y el uso de las cenizas, comercializadas bajo el nombre de AGREMAX, bajo el falso argumento de que era un agregado y que no eran peligrosas. Ahora es su responsabilidad remediar las áreas contaminadas por las cenizas y proteger la salud y vida de los residentes guayameses. Esto tiene que ser un asunto de extrema prioridad”, aseguró De Jesús Peña.

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La protuberancia : un cuento de la calle / por José Santiago

Cumplidos sus siete años, Mercedes, fue removida del hogar de sus padres por una agencia de gobierno expertos en relaciones de familia. Vivió once años en diferentes hogares sustitutos sin conocer del paradero de sus dos hermanos, ni de sus padres.  Fueron tiempos difíciles fuera del calor familiar y sin nadie en quien confiar.

A su mayoría de edad se matriculó en un curso de enfermería, gracias a las gestiones de una institución sin fines de lucro. Completada la parte teórica, es asignada a una entidad hospitalaria a completar la práctica que le permitiría completar una certificación en enfermería.

Cada domingo, luego del culto religioso, Juan Antonio acompañaba a su abuelo a la panadería que ubicaba a varias cuadras. Aun cuando disfrutaba a plenitud aquellos suculentos emparedados, siempre tenía la misma molestia al salir. El mendigo hambriento, parado justamente a la salida del concurrido comercio con su mano extendida pidiendo dinero; su ropa raída, calzando tenis rotas y tan sucias como su cuerpo. Desaliñado, mugriento y de aspecto asqueante era una molestia para muchos parroquianos. Juan Antonio siempre evitó mirarlo al salir y contenía la respiración para evitar el pestilente olor, ignorando a su vez aquel pedido de ayuda para saciar el hambre.

El abuelo pasó a ser de un buen cristiano a un extremista; cambió su profunda fe cristiana por fanatismo religioso. El poco tiempo que dedicó a su nieto, no fue suficiente ante su necesidad de cariño. La falta de atención, la poca comunicación y sin dirección para mantenerse en el camino correcto lo fueron desviando.

Luego del divorcio de sus padres, su papá emigró a los Estados Unidos y su madre se unió a un malandro quien nunca aceptó a su hijo. Juan Antonio queda bajo la custodia de su abuelo, quien viejo y cansado trató de imponerle la religión para mantenerlo en el camino del bien. Cuando se trata de imponer en vez de convencer, los resultados son nefastos. La religión lo asqueó y con los amigos de la calle su futuro descarriló.

Libre como el viento, la calle le ofreció lo que a muchos jóvenes; una vida de lujos y comodidades sin mucho esfuerzo, a cambio de una corta existencia. Autos de lujo, dinero en abundancia, mujeres despampanantes y la envidia de otros jóvenes quienes con el tiempo los emularan.

Agonizando en una camilla de aquella institución hospitalaria, última oportunidad para personas en condiciones de salud crítica, Juan Antonio, comienza a divagar. Llegan a su memoria recuerdos de lo ocurrido, cuando fue emboscado por dos gatilleros que dos días antes habían tratado de liquidarlo. Su reacción inmediata fue correr tan rápido como sus piernas se lo permitieran. Sintió un leve ardor y un olor a carne quemada cuando aquella primera bala penetró su costado. Un segundo proyectil traspasó su muslo derecho dejándolo tendido en el pavimento, justo frente a la puerta de la panadería donde cada domingo comía suculentos emparedados. Se arrastró hasta la puerta tratando de encontrar acceso a su interior, mas esta había sido cerrada con llave. Las marcas de sus manos ensangrentadas sobre la puerta de cristal; la soledad que lo invadió, la sensación de abandono en la que se encontraba y luego sentirse arrastrado fueron sus últimos recuerdos.

¿Dónde estaba; cómo llegó a ese lugar? ¿Quién era la joven vestida de blanco parada frente a él? No sentía su cuerpo, como si solo su cabeza estuviera en la camilla. Un miedo terrible lo invadió, lágrimas rodaron por sus mejillas. Desconocía si estaba vivo o luchando por su vida, por primera vez sintió la necesidad de Dios en su existencia, creer en Él y en sus promesas de sanación y salvación.

—Dios mío, si estoy vivo sana mis heridas, te lo suplico. Si estoy muerto, no permitas que arda en el infierno, condúceme a la tierra prometida, perdóname mi Dios. Luego de estas últimas palabras, sintió que se ahogaba, el aire no le llegaba, no podía respirar. En ese momento comprendió que estaba vivo y la expresión de terror reflejada en su rostro asustó de tal manera a la joven que lo acompañaba, quien en su desesperó cerró ambos puños y lo golpeó en el pecho. Los coágulos de sangre vomitados permitieron la entrada de aire a sus pulmones y el regreso a la vida. Entendió que Dios le había concedido una nueva oportunidad.

Su recuperación tardó meses. Tiempo de reflexión, de lección de vida y de un nuevo comienzo. Mercedes, la joven enfermera, que salvó su vida cuando golpeó su pecho y quien lo acompañó en su larga estadía en el hospital es hoy su esposa. El mendigo de todos los domingos frente a la panadería, que tanto le asqueaba y a quien nunca le brindó ayuda para mitigar su hambre; fue quien lo arrastró a la calle. Allí obligó a una joven conductora a detenerse, lo subió ensangrentado al asiento trasero y lo condujeron a sala de emergencias. Aquella protuberancia que observó su esposa en el cuello, es el plomo de la tercera bala, de la cual no sabía ni había sentido cuando entró por su boca, destrozando parte de su dentadura y alojándose en la cervical tan cerca de la columna vertebral que imposibilitó su extracción. Quedó en su cuello como diario recordatorio de lo ocurrido el día que Dios cambió sus vidas.

 

© José Santiago, Sebastiopolo

Kafka Y Monterroso : notas para un análisis / por Josué Santiago de la Cruz

En 1912 Franz Kafka escribe La Metamorfosis y la novela América. Ambas obras comienzan con un adverbio: Cuando.
Resulta interesante y curioso que ambos escritos, también, abren el marco narrativo con lo que podríamos llamar microrrelatos:

“Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama convertido en un insecto gigante.” (La Metamorfosis)

“Cuando Karl Rossmann —muchacho de diecisiete años de edad a quien sus padres habían enviado a América porque le había seducido una sirvienta que luego tuvo de él un hijo— entraba en el puerto de Nueva York, a bordo de ese vapor que ya había aminorado su marcha, vio de pronto la estatua de la diosa de la Libertad, que desde hacía rato venía observando, como si ahora estuviese iluminada por un rayo de sol más intenso. Su brazo con la espada se irguió con un renovado movimiento, y en torno a su figura soplaron los aires libres.” (América)

Ambos textos traen, de entrada, el elemento fantástico «…se encontró en la cama convertido en un insecto gigante.» (La Metamorfosis), y «Su brazo con la espada se irguió.» (América)

Es importante mencionar que mi observación parte de la traducción que de ambas obras se hizo al castellano, ya que estas fueron escritas en alemán, idioma, este, que desconozco en su totalidad.

Augusto MONTERROSO, en 1959, escribe El dinosaurio, considerado, por muchos, la quintaesencia de la literatura minimalista. «Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.» (El dinosaurio)] Podemos inferir que debido al enorme parecido estructural, especialmente entre el microrrelato que da inicio a La Metamorfosis y El dinosaurio, que el Maestro guatemalteco observa, en su narración, una marcada influencia kafkiana. Pero eso no es nada nuevo, puesto que pocos escritores, después de aquel, escapan a su influjo.

Así como podemos ver grandes similitudes en la trilogía de escritos presentados, podemos igualmente encontrar una gran diferencia. En La Metamorfosis, aquello que Gregorio Samsa con tanto asombro y pavor se vio convertido, una vez abrió los ojos, no estaba allí antes de haberlos cerrado. En otras palabras, igual pasa con el trozo sacado del comienzo de América, Franz Kafka va de una realidad “normal” a otra “paranormal” y eso, al parecer, es la razón de su desasosiego. El fenómeno de verse “convertido en un insecto gigante” es algo transitorio, una ilusión, en la vida de Samsa. Algo imaginado, sentido, pero irreal. Al igual que “El brazo con la espada [de la Estatua de la Libertad] se irguió” en Karl Rossmann [América].

Por el contrario, el dinosaurio en la narración de MONTERROSO, estuvo allí antes del personaje anónimo haber cerrado los ojos para acogerse al sueños y después de haberlos abierto a la realidad concreta, material, que representa su presencia en el cuento.

Los textos de Kafka parecen sostener que el pensamiento [principio fundamental del Idealismo filosófico] crea la materia [“El espíritu es el que produce la materia]: “Cuando Gregorio Samsa se despertó una mañana de su inquieto sueño, se encontró en la cama, convertido en un insecto gigante.”

MONTERROSO, que comienza con el mismo adverbio, [Cuando], llega al mismo lugar, partiendo del principio de que la materia existe a pesar de nosotros porque “El mundo existe fuera de nuestro pensamiento.” Por eso dije en un pensamiento que colgué un tiempo atrás que ni Marx ni Engels, plantearon con mejor claridad la base del pensamiento filosófico materialista como el autor de La oveja negra.

MONTERROSO, sin duda, leyó a Kafka, pero quién no. Cabe, entonces, preguntarnos ¿leería a Marx y a Engels y a Georges Politzer? A lo mejor nadie haya entre nosotros que lo pueda testificar, aunque a mí me parece que MONTERROSO leyó a los tres y más importante aún, los llevó al microrrelato.

©JSC