Bajando por la autopista
De luz se inundan mis ojos
Porque el alma, los abrojos,
Dejando atrás va en la pista.
No muy distante mi vista
Comienza a reconocer,
Con un inmenso placer,
Imágenes olvidadas,
Lelo limpiando las gradas
Del parque al amanecer.

El sol de luz el paisaje
Inunda en la lejanía,
Pintando en su serranía
Su exuberante follaje.
Se oye en la playa el oleaje
Lamer a gusto la orilla
Y el pescador, la barquilla,
Boyando en el horizonte
Mientras el hombre de monte
La bestia busca y la ensilla.

Agrupadas en mi mente
Las palomas del recuerdo
Dejando atrás van el lerdo
Caminar que el cuerpo siente.
Eleva el alma sonriente
Su voz sonora a los montes,
Como coro de sinsontes
Que inunda mi corazón
Salinas, cuánta pasión
Descubro en tus horizontes.

Parcelas Vázquez, bajando
El rumor siento del río,
Las voces del caserío
Que en sus orillas, cantando,
Alegres se oyen pescando.
Del mar Caribe su brisa
Va cortando a toda prisa
Mi corazón agitado.
Con tu pincel has pintado
En mis labios la sonrisa.

El buey, su rabo que azota
En el cruce de La Plena.
Salinas con su melena
Dorada en el cielo flota.
Como una linda gaviota
Sus alas en la llanura
Abre a todos con ternura
De madre consentidora.
Eres tú, lumbre gestora,
Del patrio amor que perdura.

Inmenso el valle se amplía
Bajo un manto diamantino
Su cielo limpio, opalino,
Resplandece en la bahía.
Del gallo anunciando el día
Escucho el canto sonoro
Y al cielo, humilde, le imploro,
Que no me vuelva a alejar
De este precioso lugar:
¡Salinas, cuánto te adoro!

JSC