Así es AES: la misma carbonera de siempre

Por: Víctor Alvarado Guzmán

Portavoz Comité Diálogo Ambiental

Salinas, Puerto Rico – A menos de 24 horas de la sentencia emitida por el Tribunal Supremo de Puerto Rico, en la que se validó la Ordenanza Municipal de Peñuelas que prohíbe el depósito de cenizas de carbón en sus límites territoriales (incluyendo los vertederos allí establecidos), los propagandistas de la carbonera AES volvieron a salir de sus escondites para, una vez más, intentar confundir al país, levantar sombras sobre verdades inequívocas, y vociferar sin recato su diatriba contra el pueblo puertorriqueño. Así es AES: la misma carbonera de siempre.

Durante las vistas públicas que se realizaron al final de la década del 90, donde se discutió la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de la entonces propuesta construcción de la planta AES en Guayama, recuerdo vívidamente a los niños que asistieron a aquella audiencia, con sus uniformes de equipos de baloncesto y pelota, y letras AES en las espaldas. Veinte años después, Víctor Rodríguez Aguirre, uno de los líderes deportivos del sector Santa Ana en el barrio Jobos en Guayama, ha reconocido que el regar las cenizas de carbón por las calles de su comunidad no fue lo que AES había prometido a aquellos niños, ni a sus padres (Prometieron empleos… y trajeron cenizas, Omar Alfonso, CPI, 8marzo2016)

También los ejecutivos de la carbonera AES nos engañaron cuando garantizaron en declaraciones y por escrito que sacarían las cenizas fuera de Puerto Rico, y que nunca serían descartadas en nuestros vertederos. En su lugar, desparramaron sus cenizas tóxicas en pueblos del sur, norte, este y oeste del país. Aún hoy permanecen bajo innumerables urbanizaciones de interés social y clase media; enterradas bajo centros comerciales, carreteras y hasta bajo el otrora “suelo virgen” que protege el acuífero del sur.

Como si no fuera suficiente, en los pasados dos años tuvieron el arrojo de descargar sobre 357 mil toneladas de cenizas tóxicas en los vertederos de Humacao y Peñuelas, sin permiso de la Junta de Calidad Ambiental (JCA) y en temeraria violación a los acuerdos establecidos con el gobierno de Puerto Rico en la década del 90.

AES incluso nos mintió cuando decía que sus cenizas, mercadeadas bajo el sofisticado nombre de AGREMAX, era un agregado útil para la construcción, pero resultó que el material SIEMPRE fue mera “basura”, como admitió recientemente ante el Senado de Puerto Rico el saliente presidente de la JCA, Weldín Ortiz Franco.

Mientras los “abogados de bufetes caros” que representan a AES dicen que las cenizas de carbón no son tóxicas, las consecuencias en la salud de nuestros hermanos y hermanas de Arroyo Barril en República Dominicana, un municipio que por cuatro años convivió con casi 30 mil toneladas de esas mismas cenizas, los desmienten.

La toxicidad, peligrosidad y radioactividad de las cenizas de carbón ha sido científicamente documentada en estudios hechos en Puerto Rico, Estados Unidos y otros países. Hasta la propia Agencia de Protección Ambiental federal (EPA) levantó serios cuestionamientos a la JCA en una carta del 7 de noviembre de 2011 por la forma en que se estaban disponiendo las cenizas de AES en Puerto Rico. Incluso, la EPA expresó preocupación por su potencial impacto en las aguas subterráneas y mencionó desde casos hasta demandas radicadas en Estados Unidos por la contaminación de acuíferos, provocada por elementos tóxicos de las cenizas de carbón.

Si las cenizas no son tóxicas, ¿por qué hasta la EPA teme que se contaminen nuestros acuíferos como ha ocurrido en los Estados Unidos?

Mientras tanto, los propagandistas de AES siguen diciendo que han utilizado sus cenizas beneficiosamente, aunque hasta la EPA los desmintiera hace tiempo. Así es AES: la misma carbonera de siempre

Y cuando en el 2010 se aprobaron en diversos pueblos las primeras ordenanzas municipales que prohíben las cenizas, ejecutivos de AES argumentaron que las mismas eran inválidas. En su terca avaricia, comenzaron y auspiciaron varios litigios, tratando de dar con alguien que invalidara las ordenanzas, pero las decisiones del Tribunal Federal y del Tribunal Supremo “trasquilaron” los argumentos de la carbonera y han revalidado las mismas.

Aun así, de forma temeraria, la carbonera insiste en que seguirá enviando las cenizas a los vertederos.

Simultáneamente, seguimos escuchando el mismo sonsonete de AES, ahora con el corillo de sus camioneros y la basurera EC Waste, quienes fabrican la hipótesis de que la oposición al depósito de cenizas es de un grupito con intereses políticos. Incluso, han llegado al colmo de aseverar que los independentistas se apoderarían del país.

Pero ninguno de ellos tiene la honestidad para reconocer que 55 asociaciones y organizaciones religiosas, sindicales, artísticas, políticas, ambientales, universitarias, profesionales y médicas endosaron un “Manifiesto Solidario Pro Salud y Ambiente de Puerto Rico”, en apoyo solidario, comunitario y científico a la lucha contra las cenizas.

Tampoco dicen nada sobre el hecho de que las 45 ordenanzas que prohíben las cenizas fueron aprobadas por legisladores municipales y alcaldes de todos los partidos políticos, o sobre la Resolución aprobada por la Asociación de Alcaldes (que hasta donde sé es integrada solo por populares) en la que se solicita se incluya a la agenda de una nueva sesión extraordinaria el Proyecto del Senado 340, sometido desde el año 2013 por la senadora María de Lourdes Santiago, que propone impedir el depósito de cenizas de carbón en Puerto Rico.

Mientras todo esto ocurre, la empresa AES nos exprime económicamente al cobrarnos $900 mil diarios por 450 megavatios de elecricidad y, a cambio, nos regala los químicos tóxicos que libera al aire a través de su chimenea, sus tóxicas cenizas, nos lleva a los tribunales cuando los alcaldes y agencias no obedecen a sus reclamos, y también pretenden que le paguemos por deshacernos de ellos.

Si fuera por AES aún nos estarían tirando su basura tóxica en los patios de nuestros hogares, sobre nuestros acuíferos y hasta en nuestros jardines. Si fuera por AES, ellos nombrarían a los jueces en Puerto Rico o, incluso, al próximo presidente de la JCA.

Ahora, en un insulto más a la inteligencia y dignidad del pueblo puertorriqueño, la carbonera recurre a “migajas” económicas para lavar su cara y dar la impresión de buen vecino, al ofrecer dádivas a escuelas y festivales en Guayama.

Coincidentalmente, su “generosidad” se reactivó justo cuando las comunidades de Peñuelas se plantaron frente a los camiones y detuvieron el transporte de cenizas de carbón a los vertederos cercanos a sus hogares.

Lo que pueda repartir AES para realzar su espejismo de “empresa magnánime”, nunca equivaldrá a su responsabilidad económica por daños al aire, suelos y la salud de los habitantes de Guayama, Salinas, Santa Isabel, Arroyo, Peñuelas y Humacao.

Pero así es su propaganda… y así es AES: la misma carbonera de siempre.

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