Félix M. Ortiz Vizcarrondo (1939-2016) : In Memoriam

Fallece un narrador de anécdotas salinenses.

Felix M. Ortiz Vizcarrondo, uno de los colaboradores de Encuentro Al Sur, falleció en la madrugada de ayer en un centro de salud privado a la edad de 77 años.  Ortiz Vizcarrondo fue un reconocido líder cívico y uno de los miembros originales de la Fraternidad Eta Epsilon Sigma fundada en 1958.

El autor, que se crio en la Central Aguirre y paso su adolescencia en la calle Monserrate, era egresado del recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico.  Le sobreviven tres hijos de su matrimonio de la también fallecida Gladys Ortiz Dávila.

A Félix lo recordamos como el hombre de la siempre desplegada bandera monoestrellada en lo alto del flamboyán de su casa, como el fotógrafo de los personajes populares de Salinas, como el disidente de las opiniones mayoritarias, como el luchador de causas puertorriqueñistas y como el padre de los hijos de Gladys Cheche, que era decir, “Usted y tenga.”

Parte de sus escritos están recogidos en este blog, aunque se sabe que elaboró un manuscrito sobre la historia del Caserío Francisco Modesto Cintrón que dio por perdido.

En su producción narrativa se destacan las anécdotas y cuentos en torno a personajes y sucesos recogidos de sus vivencias o de la tradición pueblerina.  La vida cotidiana es eje central de sus estampas sobre los lugares y parajes en los que sus personajes populares y comunes interactuaban.  Ejemplo de ellos son sus escritos sobre las áreas recreativa naturales, sobre los cines y sobre los lugares de baile al alcance de los habitantes de Salinas y sus barrios.

Títulos como los siguiente dan una idea de la variedad de temas en sus escritos: Recuerdos, El follón idiomático, Velocidad, buen ojo, y precisión, El gallo de Toño Guinea, El lagarto verde, La Jueyera, Teatros y cines pueblerinos, Salinas Stars. El Cructáceo y la locomotora núm. 8, entre otros que se pueden leer en Encuentro Al Sur.

Acompañamos este homenaje póstumo con una sensibles palabras del compueblano Josué Santiago de la Cruz en la que nos enseña como admirar la grandeza de un gigante mundial y la inmensidad de un amigo que nos acompaña en los tramos de la cotidianidad.

srs

HASTA QUE NOS VOLVAMOS A ENCONTRAR, AMIGO FÉLIX.

Hoy vestimos de ludo. No por la muerte de Fidel, que fue grande, sino por la muerte de Félix Ortiz Vizcarrondo, que fue inmenso.

Fidel nos enseñó a resistir y Félix a convivir. Aquel nos enseñó a caminar de pie y El nuestro a caminar a pie.

Hoy siento más la partida de mi amigo Félix, no porque lo tuve cerca y lo conocí en la cotidianidad, sino porque su humanidad y su limpieza de espíritu me tocó a carne viva las fibras más íntimas de mi ser. De él aprendí a ser independentista. Aprendí de su ejemplo a amar con fervorosa pasión el terruño que me vio nacer, porque no se puede ser independentista si en nosotros no aflora ese primer amor, grande y eterno, a la patria chica. Al Barrio. Al pueblo y su gente.

La muerte de Fidel lanzó un manto de angustia entre los amantes de la libertad y enemigos del imperialismo. Copó todos los titulares del mundo. Abrazó todas las emociones. Despertó al demonio y a Dios para enfrentarlos en esa cruzada que ha convertido al hombre y a la mujer en seres poco menos que despreciables. Pero la muerte de mi amigo Félix, para los que tuvimos el privilegio de conocerle, no despertó emociones encontradas. Su paso por la vida fue menos espectacular que el del Padre de la revolución cubana. Menos impresionista, pero sin duda más ejemplar en la pureza de su legado.

Hoy se viste de tristeza la alegría.

Vuela alto amigo Félix y prepáranos un rinconcito allí, junto a Gladys y Rosin y Julín y los viejos míos.

JSC

Foto tomada del facebook de Manolo Ortiz Ortiz