Celebran Décima Convivencia Ambiental para jóvenes de las comunidades de Bahía de Jobos

Comunicado de prensa
1 de agosto de 2016

Bajo el lema de Solidaridad y Resiliencia

IMG-20160730-WA0012.jpgSalinas, Puerto Rico – El Comité Diálogo Ambiental realizó su décima Convivencia Ambiental José “Cheo Blanco” Ortiz Agront para jóvenes de las comunidades de la cuenca de la Bahía de Jobos de Salinas y Guayama. Bajo el lema de “Solidaridad y Resiliencia”, se realizó esta actividad en la comunidad de Aguirre del 18 al 22 de julio de 2016, la cual fue coordinada en conjunto con la Iniciativa de Eco Desarrollo de la Bahía de Jobos (IDEBAJO), la Reserva de Investigación Estuarina de la Bahía de Jobos, adscrita al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), y Casa Aguirre Bed & Breakfast.

Durante cinco días, jóvenes de las comunidades de Las Mareas, Aguirre, Brisas del Mar y el Pueblo de Salinas, y de Mosquito y sector el Pescao de Guayama, compartieron sus experiencias y participaron de distintas actividades en torno a la convivencia comunitaria y su entorno natural. L@s jóvenes participaron de distintos talleres (Resiliencia, artesanía, preparación de huertos comunitarios, conversatorio sobre Solidaridad, Arrancando Mitos de Raíz sobre la identidad racial, sexualidad, historia de Aguirre), visitas (Cayo Caribe, Proyecto HabitArte, Finca La Fruta) y otras actividades (caminatas, pintar camisetas, poesía). También, brindaron servicio voluntario a la Reserva y a la comunidad de Aguirre a través de colaboración con limpieza de áreas y caminos, y reparación de una verja. L@s jóvenes participantes realizaron un diálogo donde decidieron continuar los encuentros y actividades durante el año.

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Diálogo Ambiental, que durante el 2016 está celebrando sus 20 años de fundación, creó la Convivencia Ambiental para brindar oportunidad a jóvenes de comunidades excluidas de la cuenca de Bahía de Jobos a tener la experiencia de convivir y a la vez participar activamente de una educación ecológica, cultural, histórica y de servicio voluntario.

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Víctor Alvarado Guzmán

Fuente: El Patriota del Sur

¿En qué se diferencian la bomba del norte y la del sur? / por Aurora Rivera Arguinzoni

El Centro Cultural Cunyabe ofrecerá unos talleres de bomba en Salinas
Baile de bomba Centro Cunbaye 2016.jpg 2En el barrio Coquí de Salinas se vive un despertar sociocultural que, entre otras cosas, desarrolla una nueva generación de exponentes de la bomba tradicional que se tocaba y se bailaba en la costa sur de Puerto Rico.

¿Cómo se diferencian la bomba del norte y la del sur?

“Aquí en el sur la bomba se distingue por ser mucho más pausada, más sensual, es una bomba más suave, se baila con un poco más de elegancia. Tradicionalmente en la bomba del sur la mujer era la que cantaba. Se distingue también porque se bailaba mucho en pareja, como decir hoy un baile de salsa o merengue. Se conoce más por eso, por ser una bomba por tradición más elegante”, explica Edwin González, presidente del Centro Cultural Cunyabe (Cultura Nuestra y Artes Bellas), en el barrio Coquí.

Él es uno de los egresados de talleres de bomba que la institución comenzó a ofrecer en 2014 auspiciados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP). Los maestros fueron Rafael Maya y Sara Cristina Cruz Cepeda, de Carolina. Pero en agosto iniciará la primera ronda de talleres ofrecidos por maestros locales: la bailadora Ivette Negrón, del grupo Bomba Brava, y el propio González, director del grupo Bomba del Sur y quien enseñará percusión básica.

González indica que han ido rescatando la historia de la bomba sureña a través de las memorias contadas por exponentes de antaño que aun viven, como Miguel Flores, de 90 años y quien lleva sobre 75 bailando. “Aquí se bailaba (la bomba) desde Patillas hasta Ponce y él era uno de los que visitaban las áreas para bailar, y todavía baila”, apunta González.

González indica que han ido rescatando la historia de la bomba sureña a través de las memorias contadas por exponentes de antaño que aun viven, como Miguel Flores, de 90 años y quien lleva sobre 75 bailando. “Aquí se bailaba (la bomba) desde Patillas hasta Ponce y él era uno de los que visitaban las áreas para bailar, y todavía baila”, apunta González.

Edwin González

Edwin González

Cuenta que residentes de Salinas que en el 2012 comenzaron a planificar cómo rescatar las raíces culturales de la zona, se organizaron y en octubre de 2013 oficialmente crearon el Centro Cultural Cunyabe. Entre sus metas figura rescatar el Teatro Coquí, que ya han hecho su sede aun cuando no tiene servicios de agua ni luz. Allí ofrecen talleres como los de bomba, además de otros de plena y guitarra.

“La bomba en Salinas ha estado un poco durmiente y en el Centro Cultural nos hemos dado a la tarea de rescatarla. Hemos hecho varios eventos y en ellos enfatizamos mucho en la bomba. Hicimos un evento que se llama Bombazo, que por primera vez se celebró en la Plaza del Mercado de Salinas en 2014. Después dimos los talleres de bomba y de ahí se nos ocurre la idea de hacer un evento conmemorativo de la abolición de la esclavitud que llamamos Libre Soberao, que han tenido una acogida enorme. Coquí era uno de los baluartes de la bomba en el sur y había estado apagado, y eso creó un interés tremendo”, narra González.

El Centro Cultural Cunyabe espera hacer de Libre Soberao una tradición, pero mientras sigue formando exponentes de su bomba.

Los próximos talleres de bomba, plena y guitarra comenzarán en agosto y serán sábados a las 10:00 a.m. Más información en Facebook buscando la página de Centro Cunyabe.

Ffuente: El Nuevo Día, 27 de julio de 2016.

Héctor L. Bonilla: un escritor salinense con ideas quijotescas y enigmáticas

HéctorL. Bonilla Rodríguez

Héctor L. Bonilla Rodríguez

El escritor puertorriqueño Héctor Luis Bonilla Rodríguez incursiona una triple papeleta literaria con tonos religiosos, científicos y políticos. Héctor firma también sus escritos como el Ministro Ordenado Bo Rincano y como el escritor R. B. Aim. Rincano es el creador de la aplicación digital ‘Holy Humanity,’ http://goo.gl/mxfSPj y tiene su página religiosa en www.holyhumanity.org. Como Aim, Hector es el autor de Stolen Moon, también a encontrarse en el mismo sitio web. Como Bonilla. Héctor es miembro de la organización científica, The John Chappell Society. Junto con Chappell y unos cuantos científicos disidentes, Bonilla fue de los primeros miembros cuando por allá por el año 1996, la organización era conocida como The Natural Philosophy Alliance. El record científico de Bonilla está en http://goo.gl/iijJ96

Bonilla nació en Salinas, Puerto Rico el 6 de abril, 1949. Sus padres fueron los comerciantes Esteban Bonilla Pomales y Rosaura Rodríguez Brigantti, quienes administraron el bar-restaurante La Maricutana, que estuvo localizado frente a la Plaza de las Delicias de Salinas en los años 1950-60. Este lugar fue bien popular y estaba adjunto a una casa de madera que albergaba el cuartel de la policía. En Salinas, aún se recuerda la noche que el antiguo edificio de madera conocido como La Maricutana, propiedad de la familia Ferrer, terminó arropado por las llamas. Su padre era el segundo hijo de Genaro Bonilla y Angela Pomales, que al momento de su nacimiento en 1904 vivían en el barrio Quebrada Yeguas. Su madre, Rosaura (1921-2001), era hija de Santiago Rodríguez e Isabel Brigantti, quienes poseían una tienda de víveres en el sector Las Marías. Su padre Esteban, pocos meses después de quemarse La Maricutana, fue asesinado en el poblado Coquí, en junio de 1961.

De sus años en Salinas cuenta:

Nosotros vivíamos en Las Marías. Doña Isabel Brigantti, que era la dueña del negocio de doña Margot en Las Marías, fue la madre de mami. Mi madre fue también ama de casa. Tengo como 16 hermanos. Entre ellos María Bonilla que era detective de la policía de Ponce, y Simo, que vivía en San Felipe. Mi padre, mejor conocido como Don Bones era amigo íntimo del abogado Mario Nevares, del pueblo.  A Don Bones lo mato su propio compadre Bernardino en unas fiestas patronales del Coquí. No me acuerdo del nombre completo. En esos meses mi familia perdió mucho dinero. Entre mis amigos y amigas de esos años estaba Sonia Coll, que vivía cerca del garaje Texaco. También fui buen amigo de Pepito Melero, su familia tenía un negocio frente al garaje, y de Jack, quien soñaba con ser piloto, pero su otro nombre se me escapa. Otro que siempre recuerdo es Valentín Lorenzi, de los Poleos, fuimos muy buen amigos. Mi tío Carmelo guiaba carro público de Salinas a Guayama. Me crie con Carlitos Ledee y Toñito Ledee y Marvin, el hijo de Conrado. En Las Marías me decían Fuma, no que ese apodo se regó por todo Salinas. En Vietnam, en 1969, me encontré con Chante, el hijo de don Cheché, y con Cano el de Doña Petra, de Las Marías. Volé 52 veces en helicópteros de combate, tengo 2 Medallas de Aire ya que era de Infantería. Había que volar 25 veces de combatiente para ganarse una. Después de regresar de Vietnam, Matilde, la hija de Melquiades Porrata, prominente hombre de negocios de Guayama, y yo nos enamoramos. Pero antes de irme para Asia, sostuve relaciones amorosas con Filomena Rivera, del Coco, de lo cual nació mi hija María D’Lourdes Bonilla Rivera”.

Héctor L. Bonilla RodríguezBonilla es veterano militar del conflicto bélico de Viet Nam. Cursó un año de estudios en filosofía y sicología en la Universidad de Massachussets, Amherst, en 1974.  Está casado con Virginia Pérez, natural de Carolina, P. R., quien trabajó con el nombre de Blandí Lee como vedette bajo la dirección del famoso presentador de televisión, Luis Vigoreaux. La pareja tiene un hijo y viven en Dakota del Sur.

La misión plasmada en los escritos de Héctor Luis es de carácter global.  Como líder religioso,  aspira a unir a todas las religiones del planeta en una sola humanidad sagrada. Como líder político intenta unir a los diecinueve países de habla hispana del continente americano y crear un imperio capitalista a llamarse Las Patrias Unidas de América. Como escritor de ficción y no-ficción, y bajo la pluma R. B. Aim intenta abrir la mente humana para que logre entendimiento de su origen como humanos.

Bonilla es un escritor que puede ser catalogado de soñador y quijotesco.  Sus ideas y pensamientos están plasmado en sus sitios web y en su libro Espánia, una síntesis del cual estas disponible en la internet. En las redes sociales encontramos a Héctor Bonilla en: www.facebook.com/hlbonilladsalinas y www.twitter.com/partidopatrioti

 

Fuente: Héctor L. Bonilla

Coautor srs

Casas en el agua: La Parguera / por Rima Brusi

parguera casetas

El año,creo,era 1998, y yo estaba reunida con un casetero, a quien llamaré Leno, en la sala de su caseta, él enfrascado en el relato de la historia de su caseta, yo escuchando y a la vez un poco distraída con el mar, porque allí estaba el mar, tan cerquita, tan pleno, tan calmo y rebosante de pájaros blancos, allí mismo, a nuestro lado.Esa es la experiencia en una caseta. Cuando decimos que las casetas de La Parguera están en la “zona marítimo terrestre” estamos describiendo una realidad espacial y jurídica pero también literal y con algo de poesía: la entrada está en tierra, el balcón en el mar.

Hurgo en mis recuerdos y en las notas, que aún conservo, de la entrevista que le hice a Leno, porque estoy buscando inspiración para escribir aquí sobre el tema escabroso de las casetas en La Parguera, construidas sobre pilotes dentro del agua, que el PS 1621 busca legitimar con la designación de una “zona de planificación especial turística de las casetas y muelles sobre el agua y terrenos de dominio público en La Parguera”, y así resolver su “incertidumbre jurídica” y cobrar “cánones de uso”.

La “controversia” parece clara: de una parte, están la mayor parte de la comunidad científica, el departamento de recursos naturales, la mayor parte de la izquierda y los ambientalistas…De la otra, los dueños de las casetas y sus círculos, los alcaldes del área, la mayor parte de los senadores y representantes, y personajes variopintos que expresan públicamente su apoyo, como la ex-contralora Colón Carlo.

Se trata de un tema incómodo para mí. Y se me ocurre que las razones de mi incomodidad pueden ser las mismas detrás de la mentada “incertidumbre jurídica”, y permanencia de las casetas. Porque esa permanencia es, bien mirada, un hecho extraordinario: las casetas son, claramente, ilegales, porque están en la zona marítimo terrestre.Su uso es mayormente vacacional. Muchas son propiedades fantasma, que ni aparecen en el registro de propiedad. Y sus dueños no son “rescatistas” tradicionales en busca desesperada de vivienda. Los críticos tienden a pensar que su permanencia se debe a que tienen amigos poderosos, y creo que tienen razón, pero también que el asunto es más complicado, y más interesante, que sencillamente un caso de “influencias”.Nos toca entender cómo surge ese arraigo, cómo han logrado permanecer. Pero primero, dejemos mi conflicto establecido: Esa ley me parece un disparate y espero que el gobernador no la firme; pero, como tantos, he disfrutado visitas en casetas y cuento con amistades que, al leer esta columna, tal vez dejen de serlo, porque viven enamorados (¿quién no lo estaría?) de sus casetas.

Así, enamorado de su caseta, estaba Leno. Le advertí que no estaba de acuerdo con la construcción ilegal costera, pero él, generoso, continuó la conversa y contestó mis preguntas. Me contó que conoció La Parguera en los sesenta: “Mi hija vino aquí a las seis semanas de nacida, a la caseta donde nos quedábamos…La Parguera ha sido siempre parte de mi vida, la mejor parte. Porque yo vivo en [ciudad cercana], pero yo verdaderamente existo en La Parguera.” Eventualmente compró la caseta, y visitándola se criaron sus hijos. “La vida en el mar, eso es lo más sano para la familia”, me dijo otra casetera. Ese discurso de apego, pertenencia, familia sana, de vínculo histórico y existencial, es típico de los caseteros que hoy impulsan el P del S 1621. Algunos han colocado fotos de su caseta en los medios sociales y expresan sentimientos como el siguiente:“¡Aquí está nuestra caseta,llena de amor, de fiesta, de unión familiar, nuestro hogar…yo nací y me crié allí, por eso yo soy de La Parguera!”

El sentimiento de pertenencia suele ser genuino, y es también una estrategia que los caseteros han utilizado históricamente para construir y persistir. Las primeras casetas fueron comisionadas por familias que los viejos del barrio describieron como “pudientes”,en los años treinta del pasado siglo, y a su lado chapoteaban (el agua estaba más limpia entonces) tanto los niños “de pueblo” como los de “comunidad”. La “comunidad” por su parte, estaba constituida fundamentalmente por pescadores, pero creció y diversificó en los cuarenta y cincuenta cuando se repartieron las parcelas (que no están en la costa). Los caseteros usan estas historias para explicarle a sus interlocutores que ellos “son de allí”, que sacarlos “es una locura”.

Otra estrategia, muy relevante ahora, ha sido la forja obstinada de pequeñas señales de “legalidad”. En los treinta, obtenían el visto bueno gubernamental si publicaban primero un edicto y nadie se oponía a la construcción. Así surgieron las primeras y se fueron convirtiendo en parte del paisaje. En 1969, había ya cerca de cien casetas, y se les ordenó desalojar en un término de sesenta días: No pasó nada. En 1978, el gobernador firmó un acuerdo con la Junta de Planificación y el Cuerpo de Ingenieros que las obligaba a salir antes de 1985; pero en 1979, otorgó “permisos de uso” parecidos a los que propone el proyecto actual. Los caseteros continuaron construyendo al amparo de la noche, con la mano de obra de los carpinteros y chiriperos locales. En los ochenta, cuando un grupo de familias de escasos recursos obtuvo nuevas parcelas, los caseteros ofrecieron colaborar económicamente en la construcción de un alcantarillado para el uso de los rescatadores–y, por supuesto, las casetas.

En términos generales, no absolutos, los residentes de las parcelas son de clase trabajadora (algunos pescan, y muchos descienden de pescadores), y los caseteros tienden a ser profesionales. Cuando les preguntaba a los primeros sobre el tema, algunos se pronunciaban absolutamente a favor, y otros resueltamente en contra, pero la mayoría expresaba ambivalencia: “Esos son los ricos, los profesionales. No necesitan vivir allí,tienen sus casas. Nos limitan el acceso de los botes al agua. Pero también nos dan trabajito, limpiando, o de carpintería, cualquier chiripa que haga falta…” “Los caseteros, lo que pasa es que pagan bien, sobre todo cuando quieren hacer la caseta más grande, o arreglar el muelle, y entonces hay que construir y hasta pintar de noche, velar que no venga la gente de Recursos.” Los caseteros proveen algunas oportunidades de empleo a cambio de del acceso (físico y visual) al mar, que sigue siendo importante para algunos pescadores pero para muchos residentes no vale la pena discutir. El crecimiento histórico de las casetas ocurrió al mismo tiempo que el de las parcelas, de modo que ambos tipos de residente sienten que, en efecto, “son de allí”.

En 1996, armados con un aparato de abogados y relaciones públicas, los caseteros recibieron al entonces gobernador para un “tour” del área, al final del cual Roselló decretó, para la prensa, “Ahora soy yo el que dice que se quedan.” Ya para esa época eran doscientas, algunas pagaban impuestos al CRIM, otras habían obtenido “permisos de uso” del Cuerpo de Ingenieros, y casi todas tenían y pagaban servicios de agua y luz.

parguera aerea

Los que las apoyan las describen como parte esencial de un paisaje “hermoso” o “de revista”, utilizan adjetivos como “encantadoras” y frases como “Venecia de Puerto Rico” (esa, pintorescamente, se cuela hasta en el texto del proyecto de ley que hoy nos ocupa). Las plantean como parte del “atractivo turístico” de la zona, objeto de la mirada de los que “pasean en bote para ver las casitas de colores que son parte esencial de la imagen de La Parguera”, y “una cosa linda para los turistas, que vienen aquí buscando una villa pesquera.” El litoral será parte del “dominio público”, pero los caseteros lo han convertido en propiedad privada, pública sólo en tanto objeto de la mirada del otro y parte de la belleza y la salud económica del barrio.

Con esto de ser “de allí”, estampas de legitimidad, y alusiones al paisaje,las casetas han ido adquiriendo un aura que, combinada con las conexiones sociales y profesionales de muchos caseteros (no sé ahora, pero en 1998 veraneaba en ellas hasta un juez federal) sirve para complicar lo que debería ser un asunto simple: que el mar es de todos. Las casetas, igual que don Leno, son absolutamente encantadoras, pero están profundamente equivocadas.

El paso del proyecto por cámara y senado fue apresurado y nocturno, como la construcción de las casetas mismas. El momento histórico es importante: se nos viene encima la ley que crea una junta de control fiscal y relaja protecciones ambientales, se han creado incentivos para que se muden a la isla y compren propiedades algunos estadounidenses, se habla de agilizar la permisología.

Busco en internet los términos “casetas La Parguera” y veo, prominentemente, anuncios de alquiler y venta: “Casa acogedora en las aguas”, “hermosa cabaña frente al mar”. Fluctúan entre $250 y $500 por noche. Si usted desea poseer su propia caseta,las hay para la venta. Me llama la atención una de ellas. Tiene dos letreros que en mayúsculas advierten “MUELLE PRIVADO”. Piden por ella medio millón.

¿No tiene medio millón? Hay otra por sólo $350,000. El realtor la anuncia así:

“LA PARGUERA, DE REVISTA!!! ´AREA EXCLUSIVA EN LA PARGUERA…SEA UNO DE LOS POCOS AFORTUNADOS EN TENER UNA CASA EN EL AGUA EN LA PARGUERA.”

Fuente: Parpadeando

Comentando fotografías: Maestros de pasadas generaciones de estudiantes de Salinas

La educación juega un papel vital en el crecimiento integral de las personas.  Ella no es un proceso perfecto, como todos los quehaceres humano, pero a falta de ella estaríamos más vulnerable a los peligros que provoca la ignorancia.

La educación no es un don privativo de los maestros pero son ellos el recurso humano que destinamos a idear, organizar y ejecutar el proceso educativo.  La escuela es la institución donde ocurre formalmente el proceso educativo de los individuos y el maestro el agente seleccionado para llevarlo a cabo.

En la primera mitad del siglo 20 ejercieron ese magisterio decenas de persona en Salinas.  Roberto Quiñones Rivera nos proporciona un retrato donde figuran algunos maestros y maestras que regenteaba las escuelas públicas de Salinas.  Los que fueron alumnos durante los años 1940 a 1950 recordarán los rostros.  Seguramente alguno que otro de estos maestro podrán ser identificados para recuerdo de las pasadas generaciones y conocimiento de las presentes.

Comente esta foto e indique en cuál de las tres filas y en qué posición de izquierda a derecha se encuentra el maestro y maestra que recuerde,

Maestras de Salinas siglo 20 (3)

Comentando fotografías: Clase graduada de la Primera Escuela Superior de Salinas, 1952

Uno de los momentos significativos de la vida, son las graduaciones.  Por un feliz instinto humano al cabo del tiempo de graduarse, los que compartieron ese instante de la vida, buscan reencontrarse, tal vez para repasar lo que ha sido de cada cual pasado los años.

Probablemente las chicas y chicos en esta foto celebraban el 32 aniversario de haberse graduado de la Primera Escuela Superior de Salinas, cuando su sede ubicaba en la nonagenaria Escuela Luis Muñoz Rivera. Los integrantes de este grupo deben haber nacido entre 1937 y 1939, es decir hace unos 77 o 79 años.

El reencuentro escolar se celebró en el edificio del Club Salinas en la calle de La Playa.  La foto fue proporcionada por Ricky Sánchez y forma parte  de los recuerdos de su familia.  En ella aparece su madre Lillian E. Rodríguez Ayes, hija de Don Pablo Rodríguez y Luz M. Ayes (doña Nena) y viuda del recordado Manolín (Angel M. Sanchez).

Aunque se escapan algunos nombre, los rostros son todos conocidos para los baby boomer que estudiaron en la Muñoz Rivera.  Pero no crea que Julín Jiménez González era uno de los graduados,  Llegó allí porque estaban invitadas las maestras de la clase, entre ellas Ms. Santos y  Ms. Polanco.

Quizás alguno de nuestros lectores recuerde el año en que se tomó la foto o pueda identificar a las personas captadas por el lente en dicha ocasión.

srs

Clase graduada 1952 de la Primera Escuela Superio de Salinas Luis Muñoz Rivera

Y mi abuela ¿dónde está? / Lilia E. Méndez Vázquez

Serie Genealogía

María Antonia Romagú Pellot

El hilo ancestral que me ata a Antonia Romagú Pellot proviene de una mujer llamada María Francisca Romagú, que vivió a principios del siglo 19 por los pueblos de Hormigueros y Mayagüez. Tuvo dos “hijos naturales”: una hembra llamada Felícita y un varón llamado Emilio. Felícita fue la madre de mi tatarabuela paterna llamada Fidela y su tío Emilio fue el abuelo de Antonia.

Cuatro meses antes de la invasión estadounidense a Puerto Rico, el 17 de enero de 1898, nacía en Hormigueros, María Antonia Romagú Pellot. Cuando Antonia tenía 2 años de edad, nació su hermana Alfonsa y a la edad de 4 años murió su madre. Ricarda Pellot, falleció en Las Marías a los 21 años, víctima de una infección puerperal, lo que supone que Antonia pudo haber tenido un tercer hermano. El acta de defunción de su madre indica que tuvo tres hijos: Juan, Antonia y Alfonsa.

Nada sabemos sobre quién se hizo cargo de los niños. El censo de población de 1910, cuando tenía 12 años, ubica a Antonia viviendo alojada en la casa de Angela Bernard, en la carretera de Mayagüez a San Germán. Allí asistía a la escuela pública, donde apenas aprendió a leer y escribir.

Mientras tanto, su padre Isidoro, quien era zapatero, vivía en el barrio Naranjales de Las Marías junto a su nueva esposa, una modista llamada María A. Padilla. Al año siguiente, moriría en el hospital San Antonio de Mayagüez, a consecuencia de una hernia estrangulada.

En 1918, Antonia emigra a La Romana, República Dominicana con el propósito de reunirse con su madrina, Catalina Souffront de Muñoz, de quien era su empleada doméstica. Zarpa desde el puerto de Mayagüez el 6 de febrero de 1918 en el vapor Marina. Tenía 20 años, medía 5 pies y era de complexión negra.

Al cabo de dos años, en enero de 1920, desembarca del vapor Cricket en el puerto de Guánica, y es alojada en la casa de la familia Muñoz Castro, en la calle San Silvestre, del barrio Cárcel de Mayagüez. Allí vive también su madrina con su familia.

El 29 de marzo de 1925 en el mismo barrio, Antonia da a luz una “hija natural” a quien puso por nombre Felícita. Acude a registrarla Carlos Vélez en calidad de amigo de la madre. La niña falleció el 11 de noviembre de 1926, a los dieciocho meses de edad, a consecuencia de un cólico infantil. Para esa época ella y su madre vivían en el barrio Dulces Labios.

Dos años después, víctima de la malaria, muere Antonia a los 29 años de edad, un 25 de noviembre de 1928.