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Reflexión del Día de Acción de Gracias / por Samuel Caraballo-López

Este escrito de Samuel Caraballo López, invita a reflexionar sobre la actitud de la persona frente al acto de acción de gracias.  Usualmente la acción de gracia expresada destaca el agradecimiento por aquellas cosas que reportan un beneficio espiritual y material personal.  Pocas veces la afirmación de agradecimiento está centrado, no en lo que se recibe, sino en lo que se da.  El amor excesivo al propio interés lleva consigo el germen de la ingratitud.  Vale más ante uno mismo y la divinidad, agradecer que nos esforzamos en crecer espiritualmente dejando atrás egoísmos, fanatismos y prejuicios y preocupándonos por el bienestar colectivo y del prójimo.

Generosidad de Espíritu: Un regalo que provoca acción de gracias

Fragmento

La generosidad de Espíritu es una virtud dada por la gracia de Dios para crear espacios de balance y justicia en el mundo.  Es la generosidad la que permite superar la brecha entre ricos y pobres que permita la convivencia en paz en un mundo que es de todos.  En la medida que la brecha entre los polos de riqueza y pobreza se extinga, la justicia como bien de todos, aflora para que la vida se haga más humana conforme al propósito divino (Isaías 58: 7-12).  Frente a esta utopía, es largo el camino que nos falta por recorrer.

Lamentablemente a pesar de estas verdades de las Sagradas Escrituras, que son predicadas continuamente en nuestras comunidades, la realidad nos muestra que nuestro mundo está marcado por la estrechez y por una generosidad fracasada.  Cada día los ricos se enriquecen más y los pobres son más pobres.  Estudios demuestran que para el 2016, el 1% de los ricos tendrán el 50% de las riquezas del mundo.

Dos (2) cosas parecen impedir la generosidad en nuestras comunidades cristianas hoy: la presunción y la desesperanza.  La primera es una actitud o conducta en la que la arrogancia se impone sobre la humildad. El querer vivir de apariencias y de falsas expectativas nos lleva al limbo de la vanidad.  La segunda es un estado de ánimo que es provocado por una falta  un entendimiento sobre lo que es la Providencia divina.  Ambas, sean juntas o separadas representan el mayor obstáculo para la manifestación de la generosidad de Espíritu en la iglesia cristiana del siglo XXI.

La presunción se convierte en un serio obstáculo para la generosidad, porque busca la seguridad contra la vulnerabilidad, a través de la astucia y control.  Esto representa un grave peligro para la Iglesia cristiana y sus instituciones, muy especialmente en tiempo de crisis económica.  Al querer poseer cosas y ejercer poder a través de estas, puede surgir la pretensión de que la ausencia de generosidad es la forma de protegernos de pérdidas y mantener nuestro capital.  De hecho, la presunción fomenta un tipo de competitividad que opaca la interdependencia cooperativa entre aquellos que nos llamamos pueblo de Dios.

La presunción construye paredes para asegurar los propios intereses, pensando muy poco en tender puentes de generosidad y hospitalidad a través de los cuales los que están  en necesidad podrían ser bienvenidos.   En ocasiones, la presunción parece iniciar proyectos de generosidad para los más vulnerables, inclusive trayéndoles a sus “trincheras”, pero no vacila en cerrar las puertas, si el crecimiento  de los recursos escasea.  De hecho la presunción tiende a crear ilusiones y ambiciosos proyectos que pretenden construir “cielos falsos” de bienestar social, en lugar de abrir su corazón para recibir con gratitud las promesas y abundancia de la Providencia divina.

La desesperanza, por otro lado, al perder el sentido de la Providencia de Dios para todos, tiende a caer en un espíritu de cinismo y resentimiento.  De hecho esta situación los lleva a actuar de forma igual a la presunción,  intentan controlarlo todo. El desesperado, contrario al presuntuoso, experimenta miseria, porque se siente fuera de un mundo que te acepta “solamente si” cumples con tal o cual requerimiento. La desesperanza y la presunción distorsionan el regalo de la gracia ofrecido por la economía divina del Dios Trinitario a quien servimos.

La generosidad de Espíritu es la oferta divina ante la situación humana que hemos descritos.  En esa generosidad de Espíritu existe, de forma inherente, los recursos para resistir las tentaciones de la envidia y miseria, que la presunción y desesperanza, respectivamente producen en sus seguidores.  Los cristianos llenos de la esperanza que produce la generosidad de Espíritu, no están preocupados por poseer cosas, sino ocupados en alcanzar la plenitud que la gracia divina trae, para capacitarlos como agentes de liberación de un mundo cuyos recursos y productos se han convertido en sus propios ídolos. ¡Feliz día de Acción de Gracias!

 

© Samuel Caraballo López

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2 pensamientos en “Reflexión del Día de Acción de Gracias / por Samuel Caraballo-López

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