Cuando Jesús confronta nuestros “embelecos”: el divorcio y la niñez

Un repaso para contextualizar el matrimonio, el divorcio y el valor de los niños en la cultura judeocristiana.

Por Samuel Caraballo-López

Hay dos temas en el texto para este domingo 4 de octubre, Día de Comunión Mundial, que deben ser considerados con mucha sensibilidad por cada creyente. Estos temas que se encuentran en Marcos 10: 2-16, y  que tienen muchas pertinencia para nuestra realidad,  son el divorcio, y el trato a los niños. Esto relatos fueron puestos juntos para ayudar al predicador, que no quiera lidiar con el tema del divorcio, a que pueda optar por la bendición de los niños, que “parece” ser mucho más placentero y fácil de  manejar.  Sin embargo, no debemos evadir esta oportunidad para tratar tanto  los asuntos de matrimonio  como de familia que emanan del pasaje mismo.

El divorcio era un tema candente en el tiempo de Jesús, y es posible que muchos de mis lectores sean divorciados, y les interese esta lectura de hoy.   Es importante decir que el divorcio fue y sigue siendo un asunto complicado, tanto en el primer siglo, como hoy en día. Había diversas perspectivas tanto entre los judíos como entre los romanos sobre este asunto, y específicamente dentro del judaísmo. Permíteme hacer una breve explicación sobre la visión del mundo antiguo sobre el matrimonio y la familia.

  1. El mundo era patriarcal, y las esposas eran consideradas una propiedad del marido. Entre los judíos, técnicamente, solo el esposo podía divorciarse, y no la mujer, salvo en casos especiales (algunos casos de lepra).  En la sociedad romana, una esposa podía divorciarse de su esposo.
  2. Los matrimonios no eran basado entre dos personas que se amaban, sino que era manejado como un asunto de estatus y consideraciones de honor entre dos familias. El divorcio, por lo tanto, podría ser complicado. El mejor ejemplo que tenemos de esto es la dinastía  de Herodes, que utilizaba el matrimonio y el divorcio para manipulaciones políticas y obtener ventajas a nivel internacional, y aún dentro de los círculos judíos.[1]
  3. Los textos bíblicos sobre la postura judía con relación al divorcio se encuentran en Deuteronomio 24: 1-4. Este es el texto que los fariseos utilizan como referencia para probar a Jesús sobre los fundamentos para el divorcio.
  4. En la cultura judía en el tiempo de Jesús, el honor y la vergüenza eran factores que determinaban la conducta. Las personas siempre estaban muy dispuestas para recibir personas que su compañía les incrementara su propio honor.   Para dicha sociedad los niños tenían un bajo estatus, por lo tanto no se percibía valor alguno en su compañía.  Nunca los niños eran homenajeados o exaltados, ni se les celebraba el cumpleaños, porque carecían de honra en dicha cultura.

En el texto bíblico de hoy, unos fariseos se acercan a Jesús, con la intención de probarlo, sobre el mandamiento que Moisés había establecido sobre el divorcio (Deuteronomio 24: 1). El cuestionamiento de los fariseos a Jesús no tenía que ver con la legalidad del divorcio, sino con lo que constituía un fundamento apropiado para justificar el divorcio.

Existían dos (2) escuelas rabínicas que se habían expresado y asumían posturas sobre este texto: La escuela rabínica liberal de Hillel, y la escuela rabínica conservadora de Shammai.  Para Hillel cualquier cosa objetable era motivo para dar carta de divorcio, esto incluía hasta quemar la comida.  Sin embargo para Shammai, solo el causal de fornicación era motivo para dar carta de divorcio.

Jesús asume, en el texto de hoy, una postura independiente a estas dos escuelas rabínicas. La realidad, dice Jesús a los fariseos, es que el mandamiento de Moisés de dar carta de divorcio, fue motivado por la “dureza del corazón” de ustedes, y no porque fuese la voluntad de Dios.

Jesús reconoce que el divorcio dado por Moisés era una provisión remedial a la condición caída en que el ser humano se encontraba.  Un corazón endurecido guarda resentimiento, miedo, intolerancia, aspereza, desconfianza, venganza, intransigencia, violencia e inseguridad, lo cual lleva a las personas que integran una pareja o familia a repudiarse, a convertirse en enemigos/rivales, a buscar la manera de lastimar al otro. El propósito de este remedio era  para que de alguna manera se pudiese prevenir, paliar o detener el daño que los componentes de un matrimonio pudieran infringirse.

Ahora bien, aunque existía una motivación remedial en la concesión de Moisés, también ésta generaba situaciones que afectaba a la parte más vulnerable de la relación, sea a la mujer o a la pareja fiel (sea el hombre o la mujer).    La mujer en la sociedad judía era la parte más vulnerable porque era la repudiada en una cultura en que solo los hombres técnicamente se podían divorciar. Por otro lado en la sociedad romana se permitía también el divorcio a la mujer, lo que también podía ocasionar daños al hombre. El comentario privado que Jesús hace a sus discípulos plantea que cuando una de las partes repudia a la otra (hombre o mujer), motivado principalmente por iniciar una nueva relación con otra persona, comete adulterio (versos 11 y 12) .  (vea el caso de Antipas y Herodías)[2].

Es importante considerar el argumento de Jesús, que se remonta a la Creación misma. Cuando Dios creo al hombre  y la mujer, los formó para que existiese complementariedad  y pudiesen entrar en una relación permanente de pareja, donde ambos, aunque diferentes, dependían el uno del otro (Génesis 2: 18-24).En ese matrimonio que Dios estableció,  la complementariedad se configura como conyugalidad, y así llamamos cónyuges al varón y la mujer que viven su complementariedad en el matrimonio. Jesús expresa este concepto claramente:

 “y los dos vendrán a ser una sola carne.  De manera que ya no son dos, sino una sola carne.  Por tanto, no separe el hombre lo que Dios unció en un mismo yugo” (Marcos 10: 8-9).

En este ámbito, Jesús establece que  la complementariedad adquiere un relieve especial, pues da lugar a un vínculo que es, de suyo, indisoluble, exclusivo y fecundo. Jesús en su interpretación establece que la voluntad y propósito de Dios fue desde el principio que un hombre y una mujer entablaran una relación sostenida en el amor, el respeto y la complementariedad, que les enriqueciera a ambos, fomentando la felicidad.  Esa siempre ha sido la voluntad de Dios para el matrimonio!

Por otro lado, y vínculado a lo anterior, en los textos de Marcos 10: 13-16, se describe el momento en que algunos padres traían sus niños/as a Jesús para que les diera su bendición. Se esperaba que los discípulos después de haber oído los discursos anteriores de Jesús con relación a los niños (Marcos 9:37), su actitud hacia los vulnerables fuese otra. Sin embargo, ahora los encontramos reprendiendo a los adultos que acercaban a sus pequeños para que Jesús los bendijera. ¡Observen como el conocimiento previo, producto de la cultura y la tradición puede  bloquear el nuevo conocimiento, aunque venga de Dios!

La sociedad de aquella época, tal como suele suceder también en la actualidad, no miraba a los niños como dadores de honra y honor, por lo tanto los minimizaba. Hay personas, inclusive, que creen que los niños y las niñas no necesitan de Jesús. Jesús ciertamente se indigna y les dice:

“Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis, porque de los tales es el reino de Dios’”  (Marcos 10: 14).

Este pasaje bíblico revela que para Jesús, la recepción que debemos tener hacia los  niños y niñas, que son símbolos de la vulnerabilidad (al igual que las repudiadas de la perícopa anterior), es la misma que debemos manifestar hacia el Reino de Dios. El Reino de Dios no se debe buscar porque nos da honra, honor y privilegios, sino que con desprendimiento, sin buscar ningún interés de nuestra parte, nos acerquémonos a este sin esperar nada, solo agradecidos. Solo así comprenderemos lo que significa el Reino de Dios y experimentaremos la gracia transformadora del Espíritu que es quien produce el gozo que nos trae fortaleza.  Muchas bendiciones.

[1]  Vea, La Danza de Salomé: Cuando la verdad es decapitada, en samcaraballo.me/2015/07/11/la-danza-de-salome-cuando-la-verdad-es-decapitada.

[2] Ibid.

Rebloguedo de Sin Miedo a Pensar

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