La crisis del agua en Salinas: Crónicas de un racionamiento anunciado / Víctor Alvarado Guzmán

Por: Víctor Alvarado Guzmán
Portavoz Comité Diálogo Ambiental, Salinas

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Al leer el anuncio de que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA) ampliaría el histórico racionamiento de agua a más sectores en Salinas y Guayama, no pude dejar de pensar en que hace cerca de 20 años organizaciones ambientales habían advertido que la falta del preciado líquido podría ocurrir si seguíamos maltratando nuestro acuífero.

En 1996 se fundó el Comité Diálogo Ambiental de Salinas y una de sus primeras luchas comunitarias fue contra la pretensión de establecer un vertedero multi-regional en terreno salinense. Esa lucha duró 6 años. Pero en poco tiempo nos dimos cuenta que el problema principal con ese proyecto era su efecto en el acuífero. El mega vertedero quería establecerse sobre una recarga importante del acuífero del sur, lo que hubiera afectado los abastos de agua. De hecho, el proyecto se detuvo cuando se descubrió que la Browning Ferris-Industries (BFI) había mentido en su Declaración de Impacto Ambiental (DIA) sobre la conexión del subsuelo donde se pretendía depositar la basura y el acuífero.

El 12 de junio de 1999, Diálogo Ambiental convocó a la “Marcha por el agua”, recalcando la importancia de proteger la única fuente de agua de Salinas. En agosto de ese mismo año publicó un boletín llamado “AguaCero”, donde se hablaba sobre la importancia de proteger el acuífero y las amenazas constantes de contaminación. Bajo la campaña “No te tomes el riesgo” y “Porque el agua se contamina, cero vertedero en Salinas”, se logró detener el proyecto en el 2002 y se comenzó a levantar conciencia en la ciudadanía de la importancia del acuífero.

En el 2003, la ahora senadora María de Lourdes Santiago, escribió un artículo titulado “En donde brota el cactus”, donde describía algunos de los proyectos entre el Río Guamaní en Guayama y el Río Nigua de Salinas que dependían de inmensas cantidades de agua subterránea para funcionar. Desde la procesadora de pollos Canto Alegre (cerrada en el 2008), el campo de golf “El Legado” de Chi Chí Rodríguez (en quiebra en el 2011) y la planta de carbón AES (que ha regado sus tóxicas cenizas sobre terrenos y vertederos), todos son proyectos que utilizan o utilizaban cientos de miles de galones de agua diarios, lo que contribuyó a secar el acuífero. Sin olvidarnos los millones de galones diarios que utiliza la planta termoeléctrica de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE). María de Lourdes terminaba su artículo diciendo que no se podía permitir “que mientras los golfistas, los constructores y hasta los pollos se lo beben todo, queden, rotos de sed, miles de puertorriqueños”. Palabras proféticas que nos lleva al asunto de la sobre construcción de casas.

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Entre los años 2000 y 2010, en Salinas llegó a proponerse la construcción de entre 3,000 a 4,000 nuevas casas, a pesar que en esa misma década la población salinense disminuyó, según el censo poblacional del 2010. En el 2005 el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) estableció una moratoria en la construcción de nuevos pozos, pero agencias como ARPE, AAA y la Oficina de Gerencia de Permisos (OGPe), continuaron dando permisos para construcción de nuevos proyectos de urbanización y centros comerciales. No se llegó a construir todos los proyectos propuestos, pero los que sí se hicieron aportan negativamente a la sobre extracción de agua y la impermeabilización de los terrenos: se saca más agua del acuífero pero entra menos.

A principios del 2011, mientras advertíamos que la crisis del agua en Salinas seguiría agudizándose por la sobre construcción de urbanizaciones y que el riesgo de quedarnos sin agua era real y el gobierno lo agudizaba por dar permisos indiscriminadamente, el ex alcalde de Salinas, Carlos Rodríguez Mateo, decía que ni 20 centros comerciales afectarían el acuífero, y junto a la Legislatura Municipal daban su endoso a la apertura del Pozo Buono en la comunidad de Godreau para llevar agua a las nuevas urbanizaciones. Esto a pesar de la evidencia científica presentada por los hidrólogos José Rodríguez del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) y Vicente Quiñones, asesor de la comunidad, sobre la situación crítica del acuífero y de las más de 400 firmas que se habían entregado en el 2010 en contra de la apertura del Pozo Buono.

Actualmente, según el DRNA, el acuífero de Salinas presenta un caso de sobreexplotación muy preocupante. En el caso de este acuífero, el mismo sirve como fuente de abasto para todo el municipio de Salinas. Al igual que el acuífero de Santa Isabel, la sobreexplotación del mismo ha causado un descenso de hasta 26 pies bajo el nivel del mar en los niveles freáticos. La intrusión salina se ha movido tierra adentro, limitando la potabilidad del agua en estas zonas lo que ha llevado a comerciantes y residentes a tener que cerrar sus pozos. En medio de una sequía que ha empeorado la crisis del acuífero, en Salinas y Santa Isabel se siguen construyendo urbanizaciones y proponiendo nuevos centros comerciales. Mientras el DRNA toma pasos para proteger y recuperar el acuífero, los municipios y las otras agencias siguen poniendo en peligro nuestros abastos de agua. Las administraciones municipales parecen no tener ningún plan sobre cómo manejar la realidad que nos impondrá el cambio climático, donde cada año la temporada de sequía podría extenderse.

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Recuerdo cuando algunas personas decían que los ambientalistas estaban en contra del progreso. Sin embargo, los ambientalistas tenían razón. El “progreso” al cual nos empujaron muchos desarrolladores, gobernantes y personas con poder económico, nos han traído a un mundo que imaginábamos sólo podía suceder en otros países o en la memoria de la historia pasada: cargar con cubitos de agua para bañarnos. Hace falta una planificación concertada, donde se le de participación activa a las comunidades, para tomar acciones dirigidas a proteger y renovar nuestro acuífero. No podemos vivir de sequía en sequía, esperando que un huracán nos salve, mientras las agencias siguen llenando los acuíferos con cemento. A ver si ahora le hacen caso a los ambientalistas.

Recibido vía correo-E

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