¿Cómo pudiste, Dios, cómo pudiste, estos atardeceres,
cómo se te ocurrieron las manos de los niños
y los ríos del alba,
las miradas de amor, los arrozales,
la flor en la ventana?
¿Cómo pudiste esas constelaciones,
el caminar de tantos peregrinos,
cómo pudiste el canto del labriego,
la semilla de sol, tanta esperanza?
¿Por qué la vid, la uva, el vino, el tulipán,
la fiesta, los amigos, los senos de la amada?
¿Por qué los barcos, el pañuelo al viento,
por qué esta muchedumbre de regresos y ausencias?
¿Cómo pudiste ser manos de Miguelángel,
la sonata de Liszt, los cuadros de Dalí,
la danza de Isadora,
la lluvia en la amapola enamorada?
¿Por qué Neruda austral, Miguel Hernández
o Pablo Milanés, Nelson Mandela
y Gandhi que renace en la alborada?
Por este corazón lo dejo todo,
te entrego mis brazos, mis sudores de pobre…
Hazme arcilla en tus manos,
fórmame como un cántaro,
haz de mí hombre nuevo
a esta hora del alba….

(c) José Manuel Solá  /  12 de junio de 2015