Unas voces y otras / Martín

Esas voces en la cabeza no se callan, ya me dijeron que no es locura, que no soy loco, no estoy loco, no me comporto como loco, pero esas voces ahí están, dale y dale y dale. Esas voces son siempre la misma voz repetida y multiplicada en varias voces que me dicen que esto es aquello y que lo otro es lo que está detrás. Bien, pero no estoy loco, camino como los demás, me siento como los demás incluso cruzo la calle como los demás, mirando los semáforos, adelantándome esos pasos impacientes antes de que la luz se ponga verde, soy como ellos que caminan rápido y se esquivan, se pasan de un lado a otro, esquivamos a las viejas con sus bastones y a los gordos acalorados y lentos, esquivamos a los muertos que piden, a los muertos que tosen, que se emborrachan en cueros, esquivamos a los muertos que nos cantan en el subte y nos piden que le llenemos la gorra con miserias, muertos ellos y nosotros, los sanos, los pasamos por arriba. Tengo voces en mi cabeza, una voz que es muchas y me dice que no hay que correr, que no hay que esquivar, que no hay que reír, que no hay que indignarse, que hay que indignarse, que hay que correrse, me dice que no tenga miedo y me dice que no huya, tengo una voz que me dice que no hace falta sonreír en voz alta, que no es necesario llenarme de aparatos, no hace falta tener luces en los bolsillos, me dice la voz, no sirve de nada las pequeñas esperanzas digitales, me dice la voz, el mundo es solo una interpretación digital de lo que supo ser, me dice pero como no estoy loco la callo, la silencio y camino rápido, me compro remeras y zapatos, me peino y sonrío, cocino y escribo, la voz me dice que mire para afuera que es de día o de noche (no importa, es igual) pero que es de verdad pero no le creo a la voz porque no estoy loco, la silencio y escribo mensajes, escribo palabras a través de teclas, tomo el ascensor y compro comida en lata, la voz me dice que esto es una representación estereotipada de lo que supo ser y sin oírla pido préstamos y abro cajas de ahorro. No estoy loco, ya me he hecho revisar y otras voces más terrenales, más tangibles me dijeron que no estoy loco, me dijeron señor y me dijeron quédese tranquilo. No estoy loco y por eso sé que puedo manejar y tocar bocina, sé que puedo insultar y levantar la mano, no estoy loco y por lo tanto puedo hablar de moral y de justicia, del miedo y de libertad, porque no estoy loco, ya me lo han dicho otras voces. Pero siguen las voces en mí, la voz que es todas, la voz que me dice que camine hacia el otro lado aunque esté más oscuro y nadie me acompañe, yo prefiero no escucharla y llevar a hijos al colegio, yo prefiero omitirla y comprarme libros enormes con la cara del autor gigante en la tapa, la cara seria y pensante siempre, el ceño fruncido y quiero leerlo y enterarme de como soy, quiero llenar cupones de descuentos y quiero que mi nombre salga elegido entre miles de nombres en un sorteo, quiero palmadas en el hombro y quiero hectáreas de adulación, yo soy el hombre como todos los demás sin importar lo que digan esas voces que son una voz y que vienen desde arriba y se escuchan fuerte.

Es una sola voz, no hay que hacerle caso.

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